Es curioso esto de que te pongan la etiqueta de ansiosa. Es como si de repente todo lo que hago estuviera marcado por esto. Por ejemplo, mi trabajo con la bicicleta elíptica. ¿Elipti qué? para saber más sobre la elíptica echa un vistazo a este post.
Cuanto más me observo a mí misma y a mis compañeras de Pilates y de otras actividades físicas más me convenzo de que cada uno debería enfocar su entrenamiento o su deporte en función de su forma de ser y no de manera genérica como se suele hacer. Habría que aplicar pequeñas adaptaciones. A la gente rápida habría que darle tareas rápidas y enseñarle a ser constante y planificar. A la gente lenta pero constante habría que encargarle tareas de larga duración pero retarles también con pequeñas actividades rápidas y trabajar su velocidad de reacción.
Volviendo al tema, la elíptica es parecida a la bici estática, pero en ella vas de pie y trabajas también los brazos. Pones los pies en unas plataformas grandes que hacen un recorrido elíptico (de ahí el nombre). Puedes elegir mayor o menor resistencia. Y por supuesto puedes enfocar el ejercicio como quieras, de resistencia, más o menos anaeróbico o aeróbico. Incluso puedes pedalear al revés (poco recomendable si la coordinación no es lo tuyo).
En mi caso, aunque llevo bastante tiempo con la elíptica y he usado distintos enfoques, últimamente parece que lo único que no me aburre (ansiosa como soy) y que no me abruma (deportista más bien dominguera, reconozcámoslo) es el de intervalos.
Y es que es lógico. Si eres impaciente, es lógico que plantearte diez minutos a ritmo moderado-alto se te haga un mundo, pero en cambio pensar en 3 minutos a ritmo moderado-alto y un minuto a máxima potencia es mucho más llevadero. Ese minuto es precisamente el intervalo, y en teoría es bueno para adelgazar y para progresar en el entrenamiento porque fuerza al corazón a adaptarse. Como son series de 4 minutos puedes hacer unas cuantas por sesión. Yo normalmente suelo hacer sesiones de unos 45 minutos o más porque, si no, al descontar el calentamiento y la vuelta a la calma el ejercicio efectivo se queda en nada.
A efectos prácticos, con el entrenamiento por intervalos lo que notas es que los minutos a más de 21 km/hora son durillos pero llevaderos y que te dan un subidón de hormonas euforizantes que te dejan estupendo y con ganas de repetir. Tienes que estar bastante concentrado en el ejercicio para ir calculando siempre la proporción 3 minutos a ritmo moderado - 1 minuto a máxima potencia (saberte los múltiplos de tres bien, o ir contando con los dedos de alguna mano libre).
Pues en resumen así es la cosa. Primero estiras la musculatura anterior y posterior de las piernas, calientas durante 5 u 8 minutos en la propia elíptica a ritmo suave, luego 3 minutos a ritmo medio, 1 min al máximo y tantas series de 3+1 como quieras. Te guardas unos 8 minutos para la vuelta a la calma sobre el propio aparato, preferiblemente bajando la resistencia (para no eternizarte en recuperar las pulsaciones normales) y luego estiras bien gemelos, gastronemio, isquiotibiales y cuádriceps, los típicos estiramientos que se hacen después de correr, vamos y si tienes los brazos cargados también los sueltas un poco.
Y por hoy se ha acabado el capítulo de “El libro gordo de Petete”. Seguiremos informando en cuanto superemos el empacho de torrijas ;-)…
Archivo de la Categoría “Vida cotidiana”
Mar
23
2013
Ansia viva para DummiesEscrito por Elsinora en Filosofando, Filosofías orientales, Humor, Vida cotidiana“Ansia viva para Dummies”, o, mucho mejor, “Ansia viva para lagartijas bilingües”. El enfoque mindfulness y meditación considera menos hostil la ansiedad, recomienda escucharla y aceptarla y centrarte en el presente y desarrollar un hábito de meditación continuada . La meditación se ha comprobado que activa zonas del cerebro relacionadas con la serenidad, la compasión y el control de las emociones. De hecho, un estudio de la Universidad de Winconsin realizado en 2004 con 8 monjes tibetanos descubrió que generaban ondas cerebrales un 800% más potentes y sincronizadas que las de las personas del grupo de comparación; entre los monjes estaba el famoso Mathieu Ricard. Según otro estudio, la meditación de los monjes tibetanos da lugar a cambios plásticos en el cerebro y fortalece la habilidad de inhibir procesos mentales como la preocupación continua (Moreno, p 200). Mi cuerpo tiene cierto espíritu de contradicción que hace que cuanto más me cuido peor estoy.
Ene
27
2013
El Ansiosus IbericusEscrito por Elsinora en Antropología cultural, Humor, Percepción, Vida cotidianaEl Ansiosus Ibericus (división también conocida como Lagartijus Mediterraneus) es una especie protegida. No porque esté en peligro de extinción (esta especie abunda), sino porque los ejemplares de esta especie necesitan cierto nivel de protección para no lanzarse a quemar o romper cosas (bastante tenemos con lo que tenemos). En otras palabras, el Ansiosus integrado y aparentemente normal va a todas partes con una especie de navaja suiza con utilidades que le permiten sobrevivir al estado de alerta en el que vive… permanentemente.
Dic
28
2012
Y sin embargo sigo vivaEscrito por Elsinora en Humor, Surrealismo, Vida cotidiana, tags: agua caliente, calefacción, horror, obras, ruidoPor si alguno se lo preguntaba, puedo declarar y declaro que estoy viva, aunque algunas fuerzas del mal hayan intentado neutralizarme de diversas maneras a lo largo del último mes. Lo de “tonto l´haba” es porque uno de ellos con cierta voz de pito se empeña en insultar a otro que está unos pisos más abajo con este calificativo como del siglo XIX, gritando muy alto y de forma muy repetida. Al parecer, según me contó mi hermano, hace unas semanas tuvieron una discusión muy interesante sobre la definición exacta de un ladrillo doble o algo semejante y el de “tonto l´haba” consideraba que el otro tenía muy poco futuro en la construcción si no distinguía un ladrillo doble de un no sé qué. Yo no sé si tienen futuro o no en la construcción, pero espero que ese futuro sea lo más lejos posible de mí y así poder dormir siesta sin estar en medio de un festival de golpes, dormir hasta después de las ocho de la mañana en vacaciones, y cosas exóticas como tomar un baño caliente.
Nov
22
2012
Palillos despiadadosEscrito por Elsinora en Deporte, Humor, Vida cotidiana, tags: aquagym, cardiobox, Deporte, Humor, piscina, Vida cotidianaA partir de ahora podéis llamarme “Palillos despiadados”.
Nov
09
2012
Experimento sociológico en la piscinaEscrito por Elsinora en Deporte, Everyday life, Vida cotidianaLa piscina a la que voy es un espacio inquietante. Parece un campo de pruebas. Yo creo que es una especie de reality show tipo Gran Hermano destinada a analizar la capacidad de adaptación del hombre a un medio cambiante. Algo tipo “¿quién se ha llevado mi queso?”, pero con variaciones y repeticiones. -Es que está muy duro. Tira con fuerza -me dice una compañera de clase-. A mí me pasó lo mismo el otro día. Ahí estoy yo tirando con fuerza asida al borde, dejándome las yemas de los dedos, pero eso no se había movido ni un milímetro. Sí que es seguro este sistema -me digo a mí misma-, está claro que mi ropa no se la va a llevar un ladrón, y a este paso tampoco yo misma. En ese momento alguien comenta que se han llevado los secadores de pelo y al rato, la compañera de clase que me dijo que tirara fuerte de la taquilla me presta su secador, por generosidad o mala conciencia…
Oct
18
2012
¿Recuperación milagrosa o ansia viva?Escrito por Elsinora en Deporte, Filosofando, Humor, Vida cotidiana, tags: ansia viva, Deporte, Humor, lesiónTras día y medio de tratamiento de choque a base de hielo, antiinflamatorio y reposo relativo (además de un protector de estómago, no vaya a ser) me empiezo a encontrar mejor. Ansiosa o no, todavía me queda una cierta reserva de sentido común y hasta que mis dedos lesionados no recuperen un “pantone” más tirando a color carne (han pasado de morado-verdoso a una especie de granate), una resistencia estándar al contacto con el zapato y al movimiento en general no recuperaré mis actividades extraescolares. Pero en fin, ahora mismo entrar y salir libremente o poder subir y bajar escaleras me parecen lujos maravillosos. Qué contenta voy a estar en un par de días cuando pueda caminar sin problemas. Hay que ver lo relativo que es todo, quién me iba a decir a mí hace unos días que me parecería maravilloso poder caminar…
Oct
17
2012
La lagartija se lesionaEscrito por Elsinora en Deporte, Humor, Vida cotidiana, tags: aquagym, Deporte, ejercicio, Humor, Massiel, percebesPiscina de pitufos 1, Elsinora 0.
Oct
15
2012
Señores inventoresEscrito por Elsinora en Deporte, Humor, Salud, Vida cotidiana, tags: Deporte, Humor, inventos, piscinaSeñores inventores:
Sep
22
2012
El volante top secret: capítulo cienEscrito por Elsinora en Antropología cultural, Humor, Vida cotidiana, tags: ambulatorio, cita, ecografía, Humor, pruebas, sanidad pública, Vida cotidianaComo os comentaba hace días, traspapelar mi volante para una ecografía de hombro me devolvió a la casilla número 1 del tablero y me deparó varias miradas de esta-mujer-se-chuta por el camino y me hizo “perder” una tarde de viernes. Las comillas son porque en realidad no perdí esa tarde, sólo la reinventé, como se dice ahora. Implementé cambios de última hora, como también se dice. La rediseñé, en definitiva, como en plan “redecora tu vida” de Ikea pero en tarde de viernes. En el ambulatorio me tocó esperar casi una hora entre la habitual parroquia de estos sitios hasta ser atendida. Esperar a entrar a ver al médico en medio de conversaciones en chino, bebés que lloran, ancianos con aspecto de estar idos, niños que se estampan contra el suelo con gran estrépito, toses sospechosas, compañeros de asiento que no entienden qué hay de malo en sentarse encima del vecino y gente que te pregunta con aire inquisitivo a qué hora tienes cita con afán de colarse son situaciones que me ponen nerviosa por más que me esfuerce en respirar hondo y estar tranquila. Sea como fuere finalmente me tocó el turno. Mi doctora fue muy comprensiva, me estuvo palpando el brazo y observando mis movimientos, escribió en el volante el hombro correcto y me pidió que esta vez no traspapelara el documento. Al parecer, los del centro diagnóstico cuelgan la prueba (en lugar de dártela impresa) y la ves con tu médico en la consulta. Esta doctora es la típica persona que parece haber nacido para médico, una persona tranquila y sensata que te da buen rollo… A lo mejor es que es una médico-veterinaria especializada en tratar a mujeres-lagartija. Bajé a Atención al paciente (impaciente en mi caso) y cuál no sería mi sorpresa cuando me toca el turno, le paso los papeles a la empleada, mira la pantalla y me dice: -No le puedo dar cita porque la web del Clínico no funciona. Yo esperaba algo del tipo: “pasa a menudo y suele tardar tanto o tanto” o “no pasa nunca y por eso no tengo ni idea de cuánto puede tardar” o “llevamos toda la tarde con problemas con la red”, o “inténtelo en veinte minutos” o “este es el teléfono del Clínico, pregúnteles a ellos”. Pero por supuesto esto es España y no Reino Unido (donde los políticos dimiten por llamar plebeyos a los empleados de Downing Street o piden disculpas por incumplir el programa electoral en algún punto…) y además con los recortes de sueldo el personal está especialmente irritable. Todo se zanja con un “Vuelva usted mañana” (como en el artículo de Larra) o si uno se pone insistente, con un “Multiplíquese por cero“. Con la misma simpatía me indica además que este tipo de citas no se puede obtener por teléfono. Al día siguiente ya tengo mi cita para la ecografía y por una vez mi optimismo se ve confirmado por la realidad (querida Simoneta Hago una fotocopia del volante y de la cita y la guardo en lugar seguro, no vaya a ser…
Sep
16
2012
Vacaciones en el mar para pitufosEscrito por Elsinora en Antropología cultural, Deporte, Humor, Salud, Vida cotidiana, tags: aquagym, Deporte, Humor, piscina, polideportivoTener como ascendiente a Mister Bean en tu carta astrológica puede tener su gracia, pero a veces resulta un poco cargante. La cosa es que aunque llevo años yendo a piscinas públicas en España y en La Pérfida sigo teniendo algunos comportamientos de dominguera. Hace unos días sin ir más lejos empezaba mi aquagym en un polideportivo nuevecito que han abierto en pleno barrio de Malasaña-Chueca, del que ya os hablaba aquí, y que es muy de diseño, pero de diseño marca ACME en algunos aspectos (Escuelas Pías, en la calle Farmacia 13). La cosa es que ya tenía mi mochila preparada con mi neceser con botes herméticos y pequeños con todos los productos que necesitaba, monedero con monedas distintas para el secador (¿será de 5 céntimos o de más? cojo de 5, 10 y 20 por si acaso?), y para las taquillas (¿será de 0,50 o de 1 euro; cojo de ambos). Me encaminé al lugar de autos con la hora un poco justa (justo lo que no se debe hacer el primer día que vas a ningún sitio con hora fija) y hete aquí que una vez que subo los tres pisos (¿una piscina en el 3º piso del complejo?), atravieso el torniquete sin necesidad de preguntarle a nadie cómo se aplica la tarjeta de contacto (una será Mister Bean, pero tiene un poco de mundo Me hago un hueco como puedo, me desvisto, embuto la ropa en la mochila y la meto en una taquilla. Previamente he visto que nadie tiene perchas. Saco una moneda de 1 euro, la introduzco en la ranura, giro la llave y tachán, la llave no se cierra pero la máquina se ha tragado mi moneda tan tranquila. Me cae un chorro de sudor, y eso que ya estoy en bañador. Saco la mochila y las zapatillas, abro el monedero y hago un par de intentos infructuosos más en otras taquillas que van acabando con mis reservas de monedas y consumiendo los primeros minutos de la clase. Al final localizo con ayuda de una compañera una taquilla que funciona y la moneda que alguien se ha dejado en una taquilla que no funciona y dejo allí mis bártulos sanos y salvos. Para entonces, tras tanto experimento infructuoso con las taquillas, mi imaginación calenturienta había creado varias escenas en las que yo volvía de la piscina y encontraba mi mochila vacía o desaparecida y tenía que volver a casa en bañador y chanclas a las diez de la noche. Ya se sabe que la prisa, el calor y las máquinas defectuosas son una combinación explosiva, pero es que además alguna vez he vivido una experiencia así, que terminó en una comisaría de esa guisa, pero en fin, esa es otra historia. La compañera-salvadora me guía hasta la piscina. Me dice que ella viene a natación, no a aquagym y que me prepare porque las clases son muy cañeras. En ese momento no sé si por la adrenalina, por el alivio de tener mi mochila segura o porque últimamente estoy bastante en forma me parece la mejor noticia del mundo. En el recinto de la piscina hay dos piletas. Una olímpica y otra liliputiense. Adivinad cuál les toca a los de aquagym. La liliputiense, of course, y yo que venía con ganas de caña. Vaso de enseñanza creo que es el nombre oficial (¿no, Simoneta?). La piscina de los pitufos es pequeña, peluda, suave… Bueno, no, en realidad es pequeña, poco profunda y está llena de adultos haciendo cosas raras. Por una décima de segundo pienso que estoy en “Vacaciones en el mar” versión personas con problemas de riego cerebral, pero no he llegado hasta aquí peleando contra los elementos para hacerme la quisquillosa ahora… En los siguientes minutos participamos en otras actividades con enunciados sesudos como “las que tengáis nombres con “a” aquí y las que no allí y salpicaos unas a otras”, o los del Atleti a un lado y los del Madrid al otro. Como casi todo somos mujeres y nos da bastante igual el fútbol hay cierto momento de impasse, pero según transcurre la clase se hace evidente que la profesora sabe lo que hace y que estas chorradas han conseguido que a lo tonto a lo tonto hagamos un buen calentamiento. El resto de ejercicios son bastante más normales y de hecho hemos trabajado bastante. Consigo ducharme, peinarme y demás en estos vestuarios mínimos sin incidentes, pero como no hay secadores de pelo (sólo de manos; otra genialidad de este polideportivo de diseño) voy con el pelo medio mojado. No me importa porque hace una noche magnífica y porque el ejercicio me ha dejado espídica y me siento capaz de enfrentarme a taquillas traicioneras y a lo que se ponga por delante. Por el camino me encuentro con la profesora, a la que le ha llamado la atención mi apellido (Bonasera), y que resulta que es un encanto, sabe mucho de educación física y se toma con mucho interés los problemas físicos de sus alumnos. Le hablo de mi contractura de hombro, pero desestimo hablarle de mi lado Míster Bean. Eso ya lo descubrirá por sí misma a lo largo del curso, supongo…
Sep
14
2012
El pato borrachoEscrito por Elsinora en Humor, Vida cotidiana, tags: Humor, insalud, seguridad social, tecnología-Un descafeinado de sobre, por favor. Estoy en la terraza de un pub llamado The Drunken Duck (El pato borracho, you know), aunque a estas horas debería estar haciéndome una ecografía. Resulta que en el momento de salir de casa no encontraba el volante que me dieron hace unas semanas. La recepcionista pone cara de esta-tía-se-chuta o de preguntarse dónde está la cámara oculta.
Sep
11
2012
Las muñecas de FamosaEscrito por Elsinora en Deporte, Humor, Vida cotidiana, tags: Deporte, Humor, PilatesSoy una muñeca de Famosa. Momentáneamente. Es un efecto colateral de mi última clase de Pilates. Aunque dada la ubicación de las agujetas principales sería mejor decir que es un efecto posterior o trasero, más que colateral.
Sep
08
2012
Pero que sepas que ser, eresEscrito por Elsinora en Antropología cultural, Vida cotidianaAhí estais tú y la cámara. Horror. Te viene a la memoria brevemente la imagen de un viejo skech humorístico en un fotomatón. Un tipo calvo entrado en carnes y con un mechón de pelo ridículo. Cuatro flashazos que le pillan en posturas a cual más absurda. La desesperación del retratatado in crescendo hasta el final apoteósico en el que se agacha y no sale en la instantánea. Las fotos carnet son un género aparte, con sus propias leyes, te dices, y respiras hondo, como quien trata de engullir un vaso de calma. Con los años y la autobservación has mejorado tu relación con tus fotos. El abismo entre cómo te percibes y cómo te muestran (a veces) las fotos ha perdido profundidad. Aún así, esta vez el suplicio implica sonreirle a una webcam en el mostrador de una piscina municipal, ante varias personas que llevan media hora esperando en una cola. En absoluto tu idea del set de fotografía ideal para un retrato (aunque agradeces que la foto no sea en bañador, al menos). -Muévete un poco -dice la chica que sostiene la webcam con expresión bobalicona-. Estás a contraluz.
Jun
17
2012
Voces en el pasilloEscrito por Elsinora en Humor, Vida cotidiana, tags: colegio, educación, infancia, recuerdosCuando se despertó los ecos de risas y susurros y gritos y las voces femeninas todavía estaban ahí. Mencionaban a una tal Mère L, recia y dada al castigo, y algo sobre el privilegio de tocar una campana y acerca de los peligros de traspasar los límites del colegio de arriba y adentrarse en el de abajo.
May
27
2012
Susto en la bandeja de entradaEscrito por Elsinora en Humor, Media & IT, Medios de comunicación y blogs, Vida cotidiana, tags: Humor, marketing, publicidadYa se sabe que el marketing busca formas cada vez más personalizadas de acercarse a uno, pero esas aproximaciones a veces producen monstruos.
May
12
2012
La Elsinora de las dos velocidadesEscrito por Elsinora en Filosofando, Humor, Salud, Vida cotidiana, tags: control corporal, Deporte, Humor, Pilates, reeducación postural, técnica alexanderUn amigo concibió hace años un título estupendo para un cuento. Decía así: “Miles de extraños me empujan”. Y aunque mi sensación de las últimas semanas no es exactamente la de estar en medio de una liza multitudinaria, ni ser objeto de múltiples vectores de fuerza en sentidos contradictorios, sí experimento cierta extrañeza semejante a la de la frase. En realidad sería más exacto decir que pocos o ningún extraño me empujan, vamos que casi que no me empuja nadie, ni yo misma… O que puede que me empujen o puede que no, porque según el principio de incertidumbre la observación de cualquier fenómeno modifica la naturaleza del fenómeno observado. O dicho en términos más cotidianos, estoy en la fase “déme un café, no me lo dé”. -Manos a la altura de los hombros, rodillas al suelo y luego las piernas como una flecha hacia atrás y juntas. Estoy en clase de Pilates y la frase anterior la ha pronunciado nuestra eficiente y acelerada monitora. Lo que la profesora acelerada quiere de mí y de mi compañera de los grandes aros en las orejas que está un poco más allá es un típico push-up (un fondo; en inglés se dice empujar para arriba; muy gráfico y muy en la línea del título del cuento). A estas alturas de la vida sé en qué consiste eso y tengo más o menos la fuerza para hacerlo. Pero tengo un problema. Sé que es muy importante poner las manos justo debajo de los hombros, sé que tengo tendencia a no hacerlo y además me tomo muy en serio mis clases de Técnica Alexander que se basan en la máxima de parar antes de hacer (de hacer demasiado, básicamente, “overdo” como decía su creador) para corregir los malos hábitos. Pero en fin, me siento un poco como un dibujo animado que fuera hacia adelante y hacia atrás y luego se para y se ve el típico bocata o globo de pensamiento y luego según se suceden las viñetas se empiezan a ver cosas como brrr !&puff y otros símbolos que no encuentro en mi teclado pero son muy habituales en los cómic.
May
03
2012
Ya no soy Mister BeanEscrito por Elsinora en Filosofando, Humor, Vida cotidiana, tags: Humor, reconocimiento médico, Vida cotidiana, vistaMiro por el visor, parpadeo, y me quedo perpleja.
Abr
05
2012
Desayunos surrealistasEscrito por Elsinora en Humor, Vida cotidiana, tags: comida, Humor, intoleranciaYa dije que estoy bastante aliviada desde que puedo tomar aceite de oliva y tomate, y que la vida me sonríe a nivel gastronómico (o casi).
Mar
31
2012
Ese rico aceite de olivaEscrito por Elsinora en Costumbres inglesas, Everyday life, Humor, Salud, Vida cotidiana, tags: comida, HumorUn pequeño paso para la humanidad y uno muy grande para la calidad de vida de Elsinora: el endocrino me ha reincorporado el aceite de oliva y el tomate y la piña y el melocotón. A un inglés supongo que le daría bastante igual lo del aceite de oliva y que lo terrible para él sería la prohibición de cerveza y tikka massala y el rebozado del fish and chips y las propias chips (la patata es un tubérculo maléfico incompatible con pieles delicadas como la mía, al parecer), pero en un país como España no poder tomar nada con aceite de oliva ni con tomate es una verdadera faena, así que estoy encantada, aunque la reincorporación no es inmediata sino a partir del 15 de abril; se ve que a mi endocrino también le mola el “hoy no, mañana” de “La hora de José Mota”. Sea como fuere el 15 de abril haré una fiesta con esos nuevos ingredientes, aunque no sé qué tal van a combinar… Y además el apartado de celebración lo tenemos un poco perjudicado mientras esté vedada la harina de trigo y la levadura por aquello de las tartas y mientras no pueda tomar alcohol por aquello de los fermentos. Brindaremos con Trinaranjus, pues, y con esas ricas tostadas de centeno integral y con una magnífica ensalada de tomate bien aliñada con aceite de oliva, ummm… Ahí estaba yo, revolviendo en la cocina llena de ansiedad, cual yonqui de los ochenta atracando una farmacia. Y diréis, ¿qué hacías, tenías un mono repentino de sustancias prohibidas por la pitonisa Lola? ¿Ibas a por un chute de aceite de oliva o un buen trozo de pan, con su harina de trigo y su levadura, tras meses de tenerlo prohibido por el nutricionista? No, en realidad buscaba un cuaderno de hojas cuadriculadas y sabía que el cuadernillo de la lista de la compra tenía esas características. Confieso que soy un poco compulsiva con algunas cosas, por ejemplo, la videoconsola. Hace unos cuantos años los Reyes me trajeron una Nintendo DS con el Brain Training del doctor Takashima. Me dediqué a hacer cuentas, tratar de memorizar listas y demás (mi edad mental era bastante desalentadora, por si a alguien le interesa), pero lo que más me enganchó fue con diferencia el Sudoku. No es que se me diera especialmente bien (soy más bien de letras) pero había algo adictivo en la sensación de orden que te proporcionaba conseguir rellenar correctamente aquellos cuadraditos y cierto afán de demostrar tu capacidad ante un ente abstracto que al parecer siempre estaba ahí, mirándome fijamente. Tras agotar las baterías con insistencia (cómo odiaba el momento en que aparecía la luz roja que indicaba que había que correr a por el cargador) entendí la razón de las advertencias que acompañaban a la consola sobre problemas musculares y molestias en la vista por un uso demasiado prolongado. Me terminé cansando de los sudokus y probé otros programas como el de Francés que también resultó muy adictivo, sobre todo el Bloquebulario (una especie de tetris para formar palabras en francés). En este juego eliges un profesor que te va guiando a través de tus progresos, pues bien, el mío indefectiblemente me acababa diciendo que ya estaba bien por hoy, que descansara un poco y que así fijaría mejor lo aprendido… pero es que yo no quería fijar mejor lo aprendido, yo quería seguir jugando y hacer más puntos, completar más palabras… Con el programa de Eye Training (destinado a mejorar tu percepción y memoria visual, visión periférica, concentración etc) me pasó algo semejante, había pruebas que me gustaban más que otras, pero la de descubrir dónde estaba el guisante me enganchaba y también la de bateador de béisbol. Por el contrario, la parte de contabilizar los muñequitos que entraban y salían de una casa me irritaba un poco. La cuestión es que el “Sudoku díficil” del Vips para niños menores de 12 años era fácil para un adulto con una mínima práctica y cuando llegué a casa y me puse a leer El País, contrariamente a lo que hago siempre, no pasé de largo la página de pasatiempos y decidí resolver el Sudoku díficil. Este era difícil de verdad, así que me enzarcé un buen rato y como lo estaba haciendo con bolígrafo y no en la pantalla interactiva de la Nintendo que te permite tomar notas y borrar y te avisa cuando te equivocas al poco rato había organizado un pequeño desastre ilegible. Necesitaba una hoja nueva, a ser posible cuadriculada para que las matrices no fueran un desastre de líneas torcidas, así que me puse a buscarla. La encontré en la cocina y me puse a copiar la matriz del sudoku en plan posesa y a rellenar el pasatiempo. La cosa resultó muy laboriosa (se ve que estaba muy desentrenada y los números no son lo mío) pero finalmente lo conseguí y ardo en deseos de bajar a la calle a comprar el periódico de hoy para comprobar la solución (casi seguro que está bien, porque cumple los requisitos). Si estos días has hecho como la mayoría y te has sumado a las comidas opíparas habrás experimentado la curiosa sensación de ver cómo tu energía merma y andas todo el día arrastrándote un poco como un alma en pena… Pues bien, yo antes de que me diagnosticaran la intolerancia alimentaria iba por la vida con esa sensación casi todo el tiempo, por más normalita que hubiera sido mi comida (el concepto de normal es muy relativo, ya se sabe, y si lo que tu cuerpo no procesa bien es el trigo, el arroz y el aceite de oliva la comida más normal te puede sentar como un tiro). Desde que el Comité Mundial de las Intolerancias Elsinoriles se pronunció en contra del aceite de oliva, el trigo, el arroz y la levadura (entre otras cosas) mis incursiones en restaurantes tienen un punto extra de reto y aventura para mí y para quienes me acompañan. No sé qué tal terminará mi aparato digestivo con esto, y espero que mis amigos no huyan de mí como de la peste, pero desde luego mi agilidad mental va a mejorar mucho, en plan Brain Training de Nintendo, por no mencionar lo que estoy aprendiendo sobre el reino vegetal y animal. La cuestión es que o gano agilidad mental o me van a declarar persona non grata en todos los restaurantes de Madrid …o quizá incluso alarmante.
Jun
17
2011
Aguas defectuosas, bikinis rebeldes y caosEscrito por Elsinora en Deporte, Humor, Vida cotidianaComo el tiempo es propicio al piscineo (y a ir a la playa para los privilegiados que la tengan cerca), recupero este post de temporada estival que espero que os deje una sonrisa en los labios para empezar el “finde” con buen pie. Una piscina pública de verano en una ciudad del interior es la máxima entropía. Una playa muy concurrida también lo es aunque en menor grado, porque al fin y al cabo la parte que tiene de naturaleza impone un cierto orden (natural): es natural que haya arena, es natural que haya olas, es natural que haya peces… y esta naturalidad (contaminada, si se quiere, asfixiada por la urbanización salvaje en las zonas costeras incluso) compensa en cierta manera por todo lo demás, mientras que en una piscina pública en pleno agosto y en pleno Madrid todo es accidental o artificial o entrópico. Estas cosas pensaba yo mientras trataba de encontrar un hueco para mi toalla y mi mochila bajo un sol de justicia en la piscina de El Canal un día cualquiera de la semana pasada. Me habían dado el número 13 a cambio de mi percha con ropa, pero como no soy supersticiosa no lo tomé como un presagio de nada. Extendí la toalla sobre el suelo, la crema sobre la piel y mi cuerpo sobre la toalla (la teoría lingüística comparativa dice que en español las partes del cuerpo o el cuerpo en sí no precisan de adjetivo posesivo, me habrá poseído el espíritu del espanglish). En seguida el bikini se puso a tono con la entropía del lugar y decidió descolocarse cada pocos segundos y hacer surgir de la nada unos michelines que yo nunca había tenido y que por supuesto no se correspondían con cierta fijación con los gusanitos y los helados. Por más que estirara y recolocara aquella cosa no había manera de disimular esas extrañas incorporaciones, así que aplicando mis conocimientos anatómicos sobre medicina china, meridianos y demás, decidí que lo mejor era permanecer tumbada. Vuelta y vuelta, mano a mano con el bikini y surge en escena el humo de la tipa de al lado. Huyendo del humo me tiro al agua sin gafas y sin gorro y sin tapones sintiéndome rara o poco preparada porque durante nueve meses al año no entro a la piscina sin ninguno de esos elementos. El agua no escuece demasiado los ojos pero al pelo le va la entropía y me ciega. La parte de arriba del bikini no combina bien con un estilo de natación vigoroso, por más que sea un bikini Speedo (de los que la FINA nunca prohibirá), o quizá es que me lo he atado mal y tengo que reprimirme las ganas de recolocarlo cada tres segundos porque así no hay quién nade y menos en medio de los adolescentes chillones, los niños tirándose a bomba y las parejitas besuconas que surcan el agua. Menudo estrés, así no hay quien se relaje para flotar bien. Descubro que han aislado dos calles mediante corcheras supuestamente para nadar. Ilusa de mí, o gobernada por una nube de neuronas entrópicas, intento nadar por una de ellas, hasta que me rindo a la evidencia de que lo no puede ser no puede ser y además es imposible: la gente ha interpretado que las corcheras son para jugar, saltar sobre ellas, bucear bajo ellas o para hacer vida social. Abandono la zona de nado y nado un poco por la zona de no nado. Esta agua es defectuosa, algo le pasa, me digo, porque no termino de sentir que floto bien, porque en cuanto doy cuatro brazadas deja de cubrir o aparece alguien o me tropiezo con objetos flotantes no identificados de tacto inquietante. Salgo de la piscina y me tiendo junto a la tipa fumadora. De nuevo inicio las negociaciones con la rebelde braga del bikini que va por libre y cuando consigo una tregua me relajo. Empieza a hacer demasiado calor, así que es hora de otro chapuzón. Esta vez pienso ir preparada: me hago una coleta y me pongo las gafas. He ajustado mejor la cuerda del bikini, de hecho creo que el nudo me va a perforar una vértebra cervical, pero me digo que no se puede tener todo en la vida. Una vez en el agua, descubro que las gafas no eran tan buena idea: con una visibilidad casi perfecta bajo la intensa luz del sol no puedo evitar ir haciendo inventario de las sustancias flotantes que habitan el agua: la cantidad y la variedad de esta fauna acuática me da vértigo o quizá el vértigo lo produce el chaval que se tira en bomba a escasos centímetros de mi cabeza o la chavala que ha decidido bucear debajo de mí y de las sustancias en suspensión o el anciano que hace largos nadando de espaldas pasando por encima de lo que se le ponga por delante (y por supuesto no flotando en absoluto y haciendo mal el barrido de los brazos). En cuanto decido dejar de hacerme mala sangre por las cosas que no me permite hacer este extraño entorno piscinil y ponerme a explorar las que sí me deja, como bucear un poco o mejorar la patada de braza, surge una voz por megafonía que nos informa de que son las 8 menos veinte y que esa voz del más allá nos agradecería que nos fuéramos para evitar aglomeraciones y bla, bla, bla. Obedezco al rato porque total, quién querría luchar para defender su derecho a estar un rato más en este charco superpoblado y caótico. La versión supuestamente inglesa del aviso me hiela la sangre: una especie de pitufa de voz nasal y acento tirando a marciano masculla que please nos vayamos en el established time y otras cosas. El acento es extraño pero lo que más me extraña es que diga “Attention please” en lugar de “Your attention, please” que es como yo creo que debería empezar su anuncio, pero con tanta confusión como la que reina en este lugar ya no estoy segura de nada. Miro el reloj grande de la fachada y veo que en él son las 6 y media. No entiendo nada, porque recuerdo que compré la entrada poco antes de las siete con el temor de que a esas horas no me dejaran entrar, pero en fin, se ve que no tienen problema en venderte una entrada a las siete menos diez y luego echarte del agua a las ocho menos veinte. Y que tampoco tienen problema en tener un reloj con la hora equivocada. Mi bikini rebelde y yo nos quedamos secándonos al sol hasta las ocho menos cinco y después regresamos a un mundo donde reina un cierto orden, las zonas dedicadas a una función se respetan y los relojes, a veces, marcan la hora real y uno puede desplazarse sin miedo a que le caiga alguien sobre la chepa o a que alguien le aparezca por debajo. Mis vecinos están de obras. Ayer estuvieron dando unos golpazos terribles pared por medio, justo al otro lado de mi cuarto de baño. No me atreví a ducharme en ese baño por si todo el alicatado se caía sobre mí en un momento porno-ñapa de lo más lamentable, pero sí me lavé los dientes en medio de un frenesí de melodía “bakala”. La cosa era como el anuncio de Oral B de cepillos eléctricos que hacen vibrar las casas de diseño de los vecinos, pero al revés: mi cepillo manual y toda yo vibrábamos al son de los martillazos. Como os contaba hace unos días, llevo un par de semanas tomando dieta blanda y diciendo vade retro a las bebidas con gas, las salsas y los cítricos y la cafeína. Al principio noté una cierta atracción por el tute, el ganchillo y las rebequitas, pero de repente el otro día tomando parte en un juego en el que la comunicación no verbal era muy importante todo el mundo coincidió en considerarme sospechosa habitual. Todo el tiempo me acusaban de ser una loba por más que casi siempre no fuera más que una humilde campesina (información sobre el juego Hombres lobo de Castronegro aquí y aquí). Y yo, aplicando mi lógica de “eres lo que comes” me he quedado pensando que de dónde habrá salido esta faceta y lo único que se me ocurre es que obedezca a la ingesta de mango maduro. Se ve que esta fruta tropical tiene poderes ocultos, de ahí que Paulina Rubio insistiera tanto en lo de “el mango bien madurito”. Así que, ya sabéis, si queréis pasar por loba (o por lobo) tenéis que alimentaros a base de puré de patatas, infusión de manzanilla y mucho, pero que mucho, mango maduro… (en mi caso brasileño). Haced la prueba y me contáis. ¿Cómo fardar en tiempos de crisis? Elsinora ha investigado y hoy te trae un fantástico Briconsejo que hará que tu popularidad en tu entorno suba como la espuma. Si quieres ser la envidia de tu oficina estos días de sol y montañas cubiertas de nieve lo tienes muy fácil y apenas necesitas gastar. Haz como yo: el fin de semana búscate una terraza con sol, con una mesa de acero, pídete algo de beber y ponte tus maxi gafas de sol y charla relajadamente con una amiga o amigo (Simoneta fue la cómplice perfecta en este caso, ¿verdad, S?). Al rato, cuando consigas que la camarera te cobre en ese mar de mesas atestadas de gente y te levantes tendrás cara de perfecto esquiador/a: nariz, frente y mejillas y hasta la barbilla quemadas y un gran blanco en la zona de las gafas. Eso sí, ten la precaución de no exponer los brazos al sol, que el moreno Agromán te echaría por tierra tu bonita historia sobre que has pasado el finde esquiando, o sea. Y en fin, luego es un rollo andar echándote crema todo el día, pero, en fin, o sea, ya se sabe que la fama cuesta.
Mar
16
2011
Si es verdad que eres lo que comes…Escrito por Elsinora en Humor, Medios de comunicación y blogs, Salud, Vida cotidianaSi Elsinora tuviera Facebook y esto fuera mi ventana de “Estado” habría escrito: Creativa y dispersa, de marejadilla a fuerte marejada. (Por cierto, a lo mejor me abro un perfil; me deprime la poca interactividad “visible” de este blog y quizá Facebook lo solucione; ¿alguna opinión a favor o en contra?). Pero no iba a eso, en realidad (como decía, estoy dispersa; será la edad, mi nueva edad). Dice el proverbio que somos lo que comemos, de forma que como llevo unos días con dieta blanda por cortesía de mi estómago volcánico y tomando mis calditos sin grasa, mi puré y mis manzanillas templadas como las abuelitas fetén me pregunto cuánto tardaré en empezar a usar rebequitas de ganchillo, teñirme el pelo de azul y pasar las tardes en el bingo. De momento sólo he notado una cierta moderación en todo mi ser y como un cierto apagamiento (también atribuible al tiempo). Me tranquiliza comprobar que todavía ni el ganchillo ni el punto me llaman demasiado y además no tengo gafas para dejarlas en medio de la nariz y mirar a mis nietos por encima de ellas mientras coso, de hecho ni siquiera tengo nietos… Mejor lo dejo aquí, que me deprimo pensando en todo lo que me falta para ser una abuela feliz e integrada. En fin, por ahora no me atrae el programa de Ana Rosa, ni el de Las mañanas de La 1, pero quizá en cuanto pasen unas semanas de cena de jamón de york con puré de patatas me apetezca ver esos programas y note al mismo tiempo cómo aumenta mi tolerancia hacia los vendedores de La Atalaya y otras publicaciones semejantes. En todo caso tengo claro que en esa transformación “abuelosa” promovida por la dieta blanda tendría que conservar la comunicación por el hiperespacio: iría al centro de día con mi microportátil y departiría largamente en plan virtual con mis alegres comadres de C (¿verdad P. R. y V.?). Pero en fin esperemos que el omeprazol y la dieta blanda obren su milagro y pueda volver a comer con arreglo a mi edad pronto. |



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