El vuelo -parte III Barbie Pantallitas y los Paramedics

No fue un vuelo especialmente malo, pero sí­ pesado. Nos contaron como cinco veces. Dos aquel azafato rubio de la cara quemada y gestos amanerados. Y tres la rubia resolutiva, una especie de Spice Girl reciclada y con poco maquillaje que era la encargada de manejar el cotarro: ella accionaba luces y pilotos luminosos presionando en la pantalla táctil, como si estuviera sacando pasta de un cajero o jugando a los marcianitos, ahora saco 300 euros, ahora te mato, ahora apago las luces del pasillo.

El recuento del pasaje lo hací­an con un cacharro brillante: una cajita de metal del tamaño de una cinta métrica, con una especie de pestaña que presionaban tantas como cabezas contabilizaban. O bien contaban mal o bien faltaba alguien. El caso es que después de los cinco recuentos, numerosas comunicaciones por el walky y treinta minutos, despegamos.

En un momento dado, creo que entre el carrito de la comida y el Duty free, un azafato dijo por megafoní­a que si habí­a algún doctor o paramédico se presentara en no sé qué del amarillo. Luego trató de decirlo en español, pero lo dijo muy raro, así­ que no salgo del no sé qué del amarillo; mi inglés tras tres semanas hablando español habí­a menguado peligrosamente. No me pareció que nadie se movilizara, salvo las habituales cabezas curiosas escrutando a lo largo del pasillo, entre las que me encontraba. En todo caso, mi curiosidad no obtuvo resultado positivo: no vi nada que se pareciera a una urgencia médica.

A mitad de camino se presentaron turbulencias, que duraron poco y que no me marearon aunque no habí­a tomado Biodramina ni nada, lo de ir delante siempre ayuda; lo peor, las alas porque se mueven más. El aterrizaje fue bien, suavecito, aunque mi vecina de asiento, que se habí­a dedicado todo el camino alternativamente a leer un libro de Italo Calvino o a dormir -quizá ambas cosas a la vez también pero no podrí­a asegurarlo ;-))- cerró los ojos; uno de más adelante llevaba un rato con los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia delante, pero una vez parados nos quedamos quietos como diez minutos, con los motores en marcha.

La Spice-azafata también conocida como Barbie Pantallitas recordó que no se podí­an encender los móviles hasta que el avión estuviera completamente detenido y las puertas abiertas. Después, los motores se apagaron y la gente empezó a levantarse y a coger bultos y a estorbarse entre sí­ -eso tan español: las prisas que sólo conducen a aguardar o a estorbar en un cruce – y a esperar tontamente. La Spice pidió en inglés que volviéramos a nuestros asientos, y algunas personas empezaron a sentarse. Yo también me senté y aclaré a las de delante (dos pijas de treinta y tantos con el mismo peinado, misma ropa y mismo todo pero bastante tratables, básicamente porque hablaban bajo y no decí­an tantas tonterí­as o quizá porque mi pijerí­a se parece a la suya y estoy inmunizada, que todo puede ser) que sí­, que nos habí­an pedido que nos sentáramos.

No sabí­amos por qué, pero alguna razón habrí­a y como he dicho, en condiciones normales de presión y temperatura, tiendo a la obediencia. Al poco entraron dos tipos con equipo médico y ropa color naranja: los famosos Paramedics de las pelí­culas y las series anglosajonas.

Algo harí­an allá atrás, pero no pude ver bien a quién ni qué porque estaba bastante lejos. La gente se volvió a poner de pie y yo, muy cí­vica y muy lógica a mi manera me quedé sentada pensando que tendrí­an que sacar al enfermo y que necesitarí­an espacio. “Esta gente no prevé las cosas”, me decí­a sintiéndome muy perspicaz. Pero, en fin, lo debieron sacar por detrás porque al rato estábamos desfilando todos sin mayores interrupciones. Yo, algo menos perspicaz que un rato antes pero igual de cí­vica.

3 respuestas a «El vuelo -parte III Barbie Pantallitas y los Paramedics»

  1. Un punto lo que te comenta JC Suñén. Creo que tiene toda la razón. Ocasión perdida para alguien aficionado a la farmacia para haber asistido al Beckham y que le hubiera sacado de pobre.:-)
    Me ha gustado mucho lo de “barbie pantallitas”

  2. Quita, quita, Begoya que si con el rollo de los primeros auxilios despeinas un poco a Beckam, las fans te pegan o su asesor de imagen te denuncia por daños morales ;-))) Eso sí, Suñén, estaré más atenta la próxima vez, por aquello de las exclusivas: descubrir a Beckam volando a Londres con Easyjet serí­a un notición, jajaja. Ya veo el titular: Beckam con la working class, el futbolista multimillonario, de origen humilde, prefiere las incomodidades de los vuelos baratos… Y las habladurías, ¿se estará arruinando? ¿deudas de juego? ¿los caprichos de la Picante se han pasado de la raya?
    En fin, el que no especula es porque no quiere.

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