Vegetales y peces

El caso es que las manos pequeñas aquel día, la segunda semana, sostenían unas fotos de pescados y vegetales. Un sobre repleto de fotos de un mercado. Acabábamos de empezar la clase y había sacado aquel sobre típico de fotos químicas (de las de laboratorio) y se puso a enseñármelas con mucho interés. Yo no sabía qué hacer. No podía ignorarlas, porque podría ofenderse. Ignoro el protocolo nipón para las fotos, pero incluso para un español –especialmente para un artista- sería grosero decir algo en plan, “ahora es la clase, luego lo vemos”. Tampoco podía perder mucho tiempo con ellas y cobrárselo como una lección. Y sinceramente tampoco me apetecía dar la clase y luego eternizarme viendo unas fotos de dudoso interés (y además era difícil proponerlo sin arriesgarse a ofenderla, me pareció). En alguna ocasión anterior le había pedido vagamente que me contara cosas sobre su trabajo artístico y probablemente era su forma de contestar. La cuestión era que se trataba de fotos de un pollo, las escamas de un pescado, cebollas… Fotos de un mercado del sur de Londres y de otro de Chicago en el que tenían productos de Latinoamérica. No eran muy buenas, en mi opinión, y no parecían para nada “obra”: yo tengo fotos semejantes de mis viajes y probablemente con mejor técnica (fotos macro con estudio de texturas distintas) y un punto de vista más definido, me pareció. Qué hacer. Al rato… (Continuará)