Tentativa de Angelina Jolí­n con los títulos del JdM

Hace unos dí­as (aquí­ exactamente) os proponí­a un juego literario. Consistí­a en hacer un texto coherente utilizando los diecisiete tí­tulos de cuentos de esta edición del concurso Javier de Mier.

No tuvo mucho éxito la propuesta y creo que en parte fue por problemas técnicos. El antispam del blog anda un poco escacharrado, y la propuesta de Angelina se quedó perdida en el éter. Es posible que haya más propuestas en la misma situación.

Por eso ahora recupero el texto y lo difundo. Ha salido muy distinto al mí­o y a otros que he tenido oportunidad de leer, prueba tanto de la imaginación de la autora, como de la plasticidad de la propuesta. ¿Alguien más se anima?

Por cierto, pido disculpas si a alguien más se le ha perdido algún comentario. Favor de comunicármelo a la dirección elsinora_london@yahoo.co.uk, o a la habitual.

Gwen_30 – Pixabay

 

Tetris

Yo no soy Camus”, gritó el turista detenido ante los espejos de la galerí­a comercial, enfrentado a su propio dedo acusador. – “Yo no soy Camus”- , volvió a repetir elevando aún más la voz, -Soy Klavierkonzert y no es el mí­o este mundo salvaje. Sus sandalias de esparto, su mochila a la espalda y una barba larguí­sima y roja como el resto de su cabellera le delataban como foráneo, ¿quizás accidental? Una cámara colgada de su cuello le dejó con el simple tí­tulo de “turista”.

Lola paseaba por esas frí­as galerí­as comerciales y presenciar el trastorno de Klavierkonzert fue preludio de su nueva suerte. Las facciones de él, desencajadas y sus ojos tan separados, mirando perdidamente a un lado cada uno, le recordaron la mirada del caballo. Se acercó a él, bajó su dedo y lentamente le llevó consigo. Tomó rumbo hacia su lugar de siempre, un antro oscuro donde Lola baila sola todas y cada una de las noches de todas y cada una de las semanas. “L’ oiseau”, así­ se llama, tanta finura francesa en el nombre para dar cabida a lo más grotesco de la ciudad. A su dueño le conocen por “el juez”, quizás porque es el último que sentencia en las peleas, o simplemente por un pasado que ni él mismo recuerda o quiere recordar. Otros cuentan que su conciencia como responsable de un departamento de recursos humanos le llevó a escapar lejos de Madrid y de sí­ mismo.

Silueta de pareja de bailarines
Gerd Altmann – Pixabay

Una vez dentro de “L’ oiseau”, Lola puso su canción, la misma canción que siempre y condujo a Klavierkonzert hacia la pista. Él se dejaba hacer, con su mirada de caballo perdida hacia ninguna parte. Ella lo colocó en lo que llamaba el cí­rculo de confianza, el centro de la pista donde, Lola, al sonar su canción , bailaba, y al bailar, el mundo no existí­a, sólo ella y la música y mil hilos rojos rodeándola – luces, entonces la vida era perfecta.

Klavierkonzert también se puso a bailar con Lola, ambos parecí­an compenetrados, como si siempre se hubieran dedicado a ello, a bailar. De pronto, se detuvo la música, quedaron suspendidas algunas voces que intentaban oí­rse mientras la música sonaba alta. Kalvierkonzert y Lola también dejaron de bailar, se miraron y Klavierkonzert empezó a tararear una canción triste al tiempo que empezó a llorar lágrimas guardadas por mucho tiempo. Su melodí­a tarareada parecí­a un réquiem por la canción quebrada y su trastorno se habí­a esfumado con ella.

Lola y él salieron de la pista y del “L’ oiseau” y empezaron a hablar de sus vidas, de ellos, durante horas y dí­as y sus noches. Y en las noches también los besos y un amor intenso mojado de tristezas. Una mañana Klavierkonzert le dijo a Lola que era el momento de volver a su ciudad, Kastarika, era el obrador de los pintores de la futura catedral de la ciudad y tení­a que acabar un proyecto que ahora volví­a a sentir con fuerza. Lola se fue con él y cada ocho de agosto, por muchos años, tantos que nadie puede decir cuántos, celebraron un ritual de aniversario con la canción de Lola, su canción por siempre y bailando como sólo ellos sabí­an hacerlo.

Klaviekonzert nunca le contó a Lola cómo y de dónde vino esa locura que les hizo conocerse un ocho de agosto, porque eso era parte de las tristezas del pasado y cuando ambos se referí­an a ellas, hablaban de los pinchazos del corazón, pero no daban cuenta de ningún detalle. Así­ fue como de unos pinchazos y sus consecuencias surgió una historia donde todo y todos acaban en su lugar, como un tetris donde todas las piezas encajan y desaparecen.

Tentativa de Elsinora
Propuesta de Peter Panzeta