Pero que sepas que ser, eres

Ahí estáis tú y la cámara. Horror. Te viene a la memoria brevemente la imagen de un viejo sketch humorístico en un fotomatón. Un tipo calvo entrado en carnes y con un mechón de pelo ridículo. Cuatro flashazos que le pillan en posturas a cual más absurda. La desesperación del retratado in crescendo hasta el final apoteósico en el que se agacha y no sale en la instantánea. Las fotos carnet son un género aparte, con sus propias leyes, te dices, y respiras hondo, como quien trata de engullir un vaso de calma.

Con los años y la autobservación has mejorado tu relación con tus fotos. El abismo entre cómo te percibes y cómo te muestran (a veces) las fotos ha perdido profundidad. Aun así, esta vez el suplicio implica sonreírle a una webcam en el mostrador de una piscina municipal, ante varias personas que llevan media hora esperando en una cola. En absoluto tu idea del set de fotografía ideal para un retrato (aunque agradeces que la foto no sea en bañador, al menos).

-Muévete un poco -dice la chica que sostiene la webcam con expresión bobalicona-. Estás a contraluz.
Mientras te preguntas a qué mente brillante se le habrá ocurrido poner la webcam a contraluz en plena campaña de matriculación, das un par de pasos tratando de no perder la sonrisa natural que te ha costado años desarrollar y tratando de olvidarte de las diez personas que te están observando desde la cola. La empleada mira la pantalla de ordenador, hace una mueca de desaprobación y vuelve a levantar la webcam. Se escucha un chasquido de impaciencia en la cola, o eso te parece. La tortura no ha terminado. Vuelves a sonreír con toda la naturalidad que puedes fingir en una situación así y cruzas los dedos metafóricamente para que ni el contraluz ni la falta de pericia de la empleada te vuelvan a retener.
-Ya está, has terminado -dice la empleada mientras te entrega una tarjeta de plástico con tu nombre y un número, pero ninguna foto.
-¿Y la foto? -preguntas, pensando que con lo que te han hecho pasar al menos mereces conocer el resultado.
-Es para nuestros archivos nada más.
-Gracias -le dices, sintiendo aún la sonrisa “natural” en tu rostro y después musitas para ti: “pero que sepas que ser, eres” y te das media vuelta.