Perdonen que no me levante

Perdonen que no me levante, pero es que he dormido poco y arrastrado mucho peso, y esperado pacientemente a que los controladores aéreos franceses le dieran el sí­ quiero a los controladores de Barajas y estos a su vez a mi comandante de vuelo (más de cuarenta minutos de petición de mano, por Dios) y luego esperado menos pacientemente a que le dieran cinta-anillo en Gatwick a mi equipaje (20 minutos o así­ para conseguir el anillo) y luego menos pacientemente todaví­a a que un alma caritativa me echara una mano con las dos maletas en el “momento escaleras” (compuesta y sin novio/mozo servicial) y esperado por fin bastante menos pacientemente a que arrancara el segundo tren, que no hacía más que encender y apagar motores (y dejarme a media salida) y recibir la visita de terceros (el personal que recoge el contenido de las papeleras) mientras la voz de megafoní­a juraba y perjuraba imperturbable la inminente salida de mi tren hacia su destino y obviaba el evidente retraso y todos los detalles chocantes de la escena.

El hecho de que en mi vagón no hubiera un alma, además, me tení­a muy mosqueada: del asiento a la puerta, asomarse, el andén medio vací­o, al asiento, más retraso, del asiento a la puerta, asomarse… “Mi no entender” una y otra vez.

En fin, que he llegado a un Londres con nubes pero caluroso. De Madrid he traído cosas nuevas y antiguas y variopintas. Por ahora, sólo he colocado convenientemente una parte de ese equipaje y comenzado a entender parte de su funcionamiento. Las estancias largas en Madrid me descolocan un poco al principio del regreso, pero también le dan ese punto de frescura y de buenas intenciones a la rutina londinense del año que empieza o del curso después del verano. Cosas nuevas, cosas viejas. El fuet junto a la ensalada Thai del Marks & Spencer sobre mi cama. Nostalgias nuevas y antiguas. Planes. Amueblar el tiempo que vendrá.

Así­ que, como dice el tí­tulo y la frase del hermano Marx, perdonen que no me levante. Como ustedes se podrán figurar, esto de planear y arrastrar pertenencias y expectativas por el mundo cansa mucho.

Pero mañana empiezo un dí­a nuevecito, como si fuera todo un año. Ya les contaré.

3 respuestas a «Perdonen que no me levante»

  1. Happy to be here… o al menos no unhappy, Teresa.
    Javincho: Ya les contaré, y al que no esté presente le pongo falta… Que les noto a ustedes dispersos a causa del calor y demás.

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