Otros que tampoco entender (II) o Una escritora en apuros

Hace unos días os empecé a hablar del libro “Confesiones de una norteamericana en apuros” de Kim Bradley, publicado por Planeta en 2005 y de menos de 200 páginas. El libro reproduce las experiencias más o menos hilarantes y reveladoras de una joven norteamericana durante los dos años que vivió en España, el choque cultural y sus problemas para hacerse entender, las cosas que le llamaron la atención así como aquellas que le gustaron y disgustaron.

Pese a los buenos momentos, el libro es flojo e irregular y tiene problemas importantes de concepción y construcción. Como os comentaba, el libro se estructura en torno a los email que la protagonista, Naomi, intercambia con su familia y amigos, así como las contestaciones de estos, con la excepción del novio español, Antonio, cuyas respuestas no aparecen, cosa que hace deducir al lector que este no contesta, pero entonces ¿por qué el siguiente mail no lo menciona?

Persona escribiendo en un diario
Pexels – Pixabay

Esta estructura ciber-epistolar, que puede parecer sencilla y atractiva, en realidad es muy resbaladiza, porque tiende al impresionismo y a la dispersión, salvo que esté muy bien trabajada y que el diálogo (léase la oposición de lógicas y puntos de vista) sea relevante y mantenga cierta tensión. Y en mi opinión éste no es el caso. Parece más bien que a Bradley se le ocurrió la posibilidad de usarlos como estructura, seguramente leyendo sus propios emails y que no dedicó demasiado tiempo a planificar el contenido, el orden y el tempo de los distintos correos electrónicos. No se preocupó tampoco de ajustar el punto de vista: a veces la protagonista describe la cultura americana a su mejor amiga norteamericana, que lógicamente se la sabe tan bien como ella. A lo anterior se une que tampoco hay verdaderos personajes, ya que no se les otorga la suficiente profundidad, ni se produce una verdadera transformación en el personaje protagonista. Tras dos años en España, la fotógrafa yanqui Naomi Green sigue cometiendo errores gramaticales al expresarse en español, conoce algunos rasgos de los locales y sigue ignorando otros y le gusta que seamos más naturales, expresivos y juerguistas, muy bien, ¿y qué?

Además de la falta de propósito expresivo de la novela y del escaso trabajo con los materiales, me parece que otro de los factores que ha perjudicado al resultado es el hecho de que el humor sea un terreno resbaladizo en literatura, así­ como el origen autobiográfico del material. Cuando un@ trabaja con experiencias “que me han pasado a mí” corre el riesgo de sentirse demasiado apegado a ellas y no ser capaz de verlas con distancia y modificarlas hasta adaptarlas a su proyecto literario. Los árboles no le dejan al autor ver el bosque. Algo parecido les/nos ocurre a los blogueros: estamos tan a caballo del testimonio y la creación, del diario y la literatura, que a veces por querer conciliar tanto una cosa con la otra acabamos estrellándonos contra el suelo.

Turista sacando fotos
SplitShire – Pixabay

Muchos de nosotros recordamos el estupendo músculo tenso de Las amistades peligrosasLes liaisons dangereuses, pues bien, nada que ver con la lasitud de estos emails que buscan el chascarrillo y el malentendido (a veces inverosímil); y lamentablemente tampoco encontramos la gracia de “La tesis de Nancy” de Ramón J. Sender, pese a que tiene momentos logrados, porque el esfuerzo por resultar gracioso termina resultando demasiado visible y forzado.

En realidad mi propósito no era tanto juzgar el libro de la Bradley como reflexionar sobre qué se le pide a un buen libro sobre choque cultural escrito en clave humorí­stica. En mi opinión, los requisitos básicos son los de cualquier buen libro: una buena historia, personajes con tres dimensiones, una escritura y una estructura al servicio de los anteriores, con los matices añadidos de que la atmósfera debe estar contada con detalle, que habrá que dedicar cierto espacio a contar la sorpresa, la perplejidad y el reconocimiento y que habrá que seleccionar los elementos relevantes. Todo esto pasado por el filtro del humor, además y con el signo distintivo de lograr una cierta empatí­a con las peripecias del protagonista, ya que en ello reside la fuerza de un texto de este tipo y lógicamente ofrecer el resultado de un análisis de las dos culturas en contraste.

¿Qué opinas? ¿Para ti qué requisitos debe tener una historia de este tipo?¿Conoces algún libro que los cumpla además de la Tesis de Nancy?

P.S. Parece que “Rosalí­a” no ha tenido demasiado éxito en las elecciones vascas, contrariamente a lo que auguraba mi profe de Pilates.