Noche de cuentos (¿bis?)

Me he quedado un poco perpleja.

El sábado posteé con urgencia un artí­culo cortito titulado “Noche de cuentos” con motivo del inminente fallo del Javier de Mier. Decía algo así­ como que era la gran noche de nuestro concurso de relatos y que sentí­a la tentación de hacer el gamberro y decir eso de que pasara lo que pasara con las votaciones estaba segura de que ganarí­a la democracia, esa frase que se usa tanto tras las elecciones, especialmente si el que gana no es nuestro partido. Añadía después que en nuestro caso la palabra “democracia” debí­a ser sustituida por “literatura” y remataba contando que estaba segura de que en mi caso iba a ganar la literatura porque me habí­a hecho el propósito firme de escribir con regularidad desde ahora al Javier de Mier del año que viene, para beneficio de la calidad de mi cuento a concurso y para beneficio de mi proyecto de novela sobre Londres y mi propia salud mental.

Concluía suponiendo que a medio plazo escribir ficción con regularidad y mantener el blog iban a ser tareas incompatibles por falta de tiempo, por lo que advertía que probablemente tuviera que cerrar el blog en breve. Para rematar prometía informar puntualmente de los siguientes pasos.

Había sentido la necesidad de hacer pública mi decisión porque me parecí­a que así ésta serí­a más firme, además de que esta decisión tenía consecuencias para el blog y me parecí­a bien informar. La cosa es que al ir a ver el post titulado “Noche de cuentos”, el post no aparece por ninguna parte, y ya no sé qué ha podido pasar con él y no quiero ni pensar que esa misteriosa desaparición sea una maldad de los duendes del hiperespacio para minar mi voluntad de escritora responsable, o que en realidad todo se deba a que mi medicación para el riego cerebral necesita un reajuste 🙂

En fin, amigos, pulso el botón Publicar sin demasiada fe en que este artículo siga estando mañana donde yo lo puse. Pero esta vez tengo testimonio por escrito por si el hiperespacio me la jugara de nuevo. Cuidaos de las apariencias, y las nuevas tecnologías, que las carga el diablo burlón.