Mister Bean goes digital (o algo parecido)

Hay algo mágico en los cambios de hora. De repente a las 3 de la mañana son las 2 de repente, y de repente un blog que llevaba meses encallado se libera y se echa a la mar. En términos más prosaicos, aprovecho que ya funciona bien mi blog (¡¡gracias, Metrolando!!) para actualizar la plantilla y subir un artí­culo que antes tuve que postear como comentario.

Estoy en una fase rara, una fase interfase. El puente de San José andaba yo tan pichi paseando por las calles de Munich, observando el reloj de la torre que marca las horas al revés y de repente mi móvil vibró, después sonó una vez y al descolgarlo empecé a deslizarme cual Alicia espejo madriguera abajo. En el mundo medio lunático en el que ingresé todo el mundo hablaba de la gestión del cambio y la tecnología, la gestión del cambio y las posiciones estratégicas, la gestión del cambio y la puesta en valor, la gestión del cambio y la persuasión, la venta de la gestión del cambio, que es lo que toca en definitiva, disfrazada bajo un envoltorio como de maqueta de residencia de ancianos de lujo con su césped, su laguito, su puente fotogénico y su mucho estudio de marca y su mucho benchmarking. ¡Que les corten la cabeza! (A ver cómo gestionan ese cambio). Así­ que ahí estaba yo, pobre de mí, traductora freelance acostumbrada a hacer mis cosas a mi aire, sin testigos, sin necesidad de persuadir a nadie, lejos de Power points o presentaciones multimedia (ya se sabe que para que te paguen 5€‚ la matriz de 1000 palabras, basta con tener un currí­culum apañado y superar una prueba inicial de traducción). Así­ que me nombraron caballera de este reino de plastilina y kéblar, me dieron una armadura brillante marca Fujitsu de 18 pulgadas (un portátil de lo más impersonal por lo demás) cargada de versiones nuevas e incomprensibles de mis programas habituales, junto con versiones de ayer y de hoy de programas que nunca habí­a usado y me dijeron que me pusiera en marcha. Estuve a punto de preguntar que hacia dónde, pero aquellos seres del comité de recepción se habí­an marchado y el móvil marca Acme que me dieron no tení­a baterí­a ni tampoco contactos metidos en la agenda. Se ve que la gestión del cambio y yo empezábamos mal (for a change). No estaba sola, sin embargo: habí­a otras caballeras en la zona, caballeras y caballeros en realidad, con idéntica armadura Fujitsu e idéntico móvil preconciliar. Sus historias eran diversas, y como siempre, casi nada era lo que parecí­a. Pero eso ya es otra historia.