Londres, supongo

Si es domingo veintitantos de septiembre esto será Londres, I guess. Supongo que estoy en ese momento intermedio en el que aún no estoy realmente aquí pero en el que sin embargo ya he traspasado irremediablemente la frontera del turista. Los turistas sí­ llevan dos maletas (algunos) como yo el miércoles tarde, maletas que los hacen muy visibles (sobre todo si una es roja y si ambas llevan ruedas y su conductora no tiene carnet pero es experta en poner cara de velocidad y lleva unos carteles de Materia peligrosa tatuados en la frente es lógico que los agentes de la ley camuflados de lugareños amables intervengan), y mueven a los ingleses a la compasión, te ayudan, te dan conversación (¿) pero no alquilan pisos como haré cuando mis pesquisas me permitan hacerlo, probablemente en un lugar indeterminado entre New Cross Gate y London Bridge, sin olvidarse de Canary Wharf o Greenwich (léase Grí­nich o Grénich), a pesar de las miles de trampas que me tienden, siglas demoniacas PPW (pounds per week), PCM (pounds calendar month), zonas 2 que se convierten en zonas 3 (lagarto lagarto, que al abono pasa de costarme un riñón “veintemil pelas del ala, no bromeo- a costarme los dos), cerca del DLR o del BR (respectivamente Docklands Light Railway, tren ligero de los muelles y British Rail, el tren) por no hablar del desfase de la conversión a euros, abstenerse los DSS o DDS, que acabó siendo algo sobre Disable People or whatever y yo disable no estoy aunque tampoco me siento muy entera, semiskimmed quizá, no muy entera pero mejorando, marejadilla a fuerte marejada, tendiendo a algo que no sé qué es pero que espero que sea mejor, más completo, más adaptado. De momento sólo se puede garantizar un cierto nivel en el dominio del Spanglish as you can see. Un horror lingüí­stico, pero es lo que hay por ahora. Y que está haciendo buen tiempo por aquí­. Solecito estupendo.