Las flores del mal

Tengo un par de polis apostados en la puerta de mi casa. Algo habrá hecho nuestra Elsinora, pensarán algunos. Y otros pensarán que me he convertido por fin en la celebrity que merezco ser (porque yo lo valgo, que diría Eva Longoria) y que las autoridades han decidido protegerme de las hordas salvajes…

Pero ni lo uno ni lo otro. La cosa es que el otro dí­a, de repente, vimos que la casa de enfrente se llenaba de coches de bomberos, de policías, que cortaban un carril, que precintaban la casa y que vecinos en ropa ligera y cara de susto iban poblando la acera.

Los expertos consultados por este blog sostienen que las obras de reforma de un local comercial del bajo afectaron a los cimientos porque a algún espabilado se le ocurrió hacer una especie de abrazaderas rodeando el acero de los elementos de sustentación. La desviación de un milímetro en la base se convierte por geometría en unos buenos centí­metros de desviación en pisos sucesivos y así es fácil que el edificio se vuelva inestable.

En conclusión, docenas de vecinos desalojados y una esquina entera con aspecto de ser una trinchera en medio de una guerra cruenta y circulación regular de curiosos en la esquina de mi casa para observar lo que ocurre, amén del coche de policí­a apostado en medio de la acera.

Radio Macuto por su parte informa que el enorme local que se está reformando va a ser una floristería (de lujo tendrá que ser, a juzgar por el tamaño) y yo, que ni soy una experta ni pertenezco a la redacción de Radio Macuto sostengo que esas flores tení­an que ser las flores del mal, o que si no les pregunten a los vecinos que tuvieron que salir con lo puesto y ahora andan de peregrinación de hotel en hotel.