Las edades del hombre de libros (III)

Además de admirar los fuegos de artificio literarios, el lector hecho a sí mismo actúa como si la literatura no fuera un fenómeno social sino bipersonal formado por él y los grandes autores (que para él son tres o cuatro y no necesariamente del canon o del mundo clásico). El papel de las editoriales, los traductores y los críticos es bastante difuso para él, si es que sabe que existen. De este grupo suele reparar más en los críticos y sobre todo en los premios y normalmente les concede mucho valor, porque aunque es un águila para los negocios ignora el peso de los factores extraliterarios en los premios. No es sólo que crea que los concursos son limpios, sino que además los considera oraculares: son los heraldos del bien indiscutible que se oculta en esos textos “sublimes” (la subjetividad para él no es sino debilidad de carácter). También puede darse la opción apocalíptica: quienes reniegan absolutamente de todos los premios y jurados y consideran que hay una conspiración contra sus autores admirados y/o contra sí mismos.

Todo esto se refiere a lectores/autores autodidactas -remarco lo de autodidacta. Y la siguiente pregunta entonces será ¿sirve de algo que un lector sea ingeniero o licenciado en Derecho? En mi opinión, sí. Pasar por la universidad garantiza pocas cosas pero entre ellas hay algunas muy valiosas para el lector y el escritor. En primer lugar, el saludable hábito de acudir a las fuentes, la importancia de la tradición del campo del que se trate, de la lectura, del análisis. El licenciado sabe que la verdad no es una, sino que hay escuelas, que los hechos presentes se derivan de otros, que la historia la escriben los vencedores y que la convivencia es un pacto social… La persona hecha a sí misma, por contra, tiende a visualizarse como un individuo contra la corriente. Su propia experiencia tiende a resaltar sus logros y a enfatizar lo que puede hacer el individuo y este hecho con frecuencia le lleva a despreciar la tradición, el conocimiento acumulado por la humanidad hasta entonces, con excepción de algún pensador, escritor, o personaje histórico (con mucha frecuencia, Napoleón) que haya caído casualmente en su área de interés. Entonces sólo habrá existido dicho autor, personaje o pensador (por más que los haya mucho más interesantes dentro de esa especialidad: al autodidacta le da igual ya que desprecia lo que ignora). Un autodidacta es alguien acostumbrado a ir a la contra en la vida y que paradójicamente no ha tenido límite ni contraste, otros pensantes a su nivel, ni la tradición ni el conocimiento de las corrientes y escuelas para actuar como valla o muro de sus envites. De ahí que tienda a la prepotencia.
Tras esta descripción creo que queda claro que alguien puede ser al mismo tiempo autodidacta de currículum y no de espíritu: quien se haya esforzado en leer cuidadosamente, documentarse y escuchar y analizar con un espíritu medianamente abierto y autocrítico. Pero en todo caso, cabe preguntarse ¿qué opción le queda a aquel que no ha tenido oportunidad de estudiar literatura o arte o historia en el grado requerido? Leer, preguntar, consultar, buscar referentes. Revisar continuamente lo que piensa. No considerarse maravilloso sólo por el hecho de que en su ambiente es el que más sabe de eso: en un entorno de entendidos, probablemente sería el menos preparado. Creo que lo fundamental es separar tu conocimiento de tu autoestima (tus lagunas o tu escasa formación no son ataques a tu ego) y relativizar, dar dos o tres pasos hacia atrás para ver con más perspectiva lo que tiene delante. Estas acciones son recomendables para todos, universitarios o no.
A la altura del siglo XXI, pues, la ingenuidad es algo que el hombre de letras no se puede permitir.

2 respuestas a «Las edades del hombre de libros (III)»

  1. A veces la relación editorial-escritor es un poco difusa.
    Si has leído la última entrada de mi blog entenderás un poco la frustración del “quiero pero no puedo”.

    Y como estudiante de una filología te diré que yo también echo de menos el razonamiento científico…

  2. Sobre las relaciones escritor-editor hay mucho que decir,cierto. No he leído tu blog recientemente, ya te contaré cuando pueda hacerlo.
    Lo bueno o lo malo de la carrera que yo estudié, Periodismo, es que te ponía en contacto con territorios tan distintos como Literatura, el Derecho, la Sociología y la Opinión Pública o la Economía entre otras. La Sociología y la Opinión Pública del modelo anglosajón son ciencias duras, en el sentido de que utilizan mucho la Estadística y las Matemáticas. Y yo tuve buenos profesores que me metieron en ese ámbito y me enseñaron a preocuparme de cosas como la representatividad de una muestra, el margen de confianza y demás. Todo es aplicable en cierta manera a la Literatura, vista desde la perspectiva de la Recepción, no tanto de la Estética.
    Un saludo,
    Elsinora

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