España según se mire

O los Estudios Postcoloniales bien entendidos empiezan por uno mismo.
Cuando mi amiga M. y yo nos juntamos, en lugar de arreglar el mundo, lo comparamos. Y lo hacemos a la luz de lo que vamos aprendiendo en nuestros respectivos Master de Literatura Comparada sobre Postcolonialismo, Multiculturalidad y Estudios Culturales y de las cosas que nos pasan en el día a día o que leemos en el periódico. Que si en España esto, que si en UK, lo otro. Que si la “otherness” (lo otro, lo diferente, lo opuesto a la mayoría, la raza oprimida, por ejemplo), la “whiteness” (lo que implica el concepto de raza blanca) o la “blackness” (la negritud o concepto de raza negra; el corrector español de Word, por cierto, me cambia “blackness” por “blanquees”, o sea que se empeña en volver blanco lo negro, con la excusa de la corrección ortográfica o “spelling”). Que si el Imperio británico en su momento hizo pero también el Imperio Español en Latinoamérica cometió.
Hemos comentado numerosas cosas que probablemente vierta al blog en su momento pero hoy me centraré en un par de ellas. La primera, que España va por detrás en integración de lo diverso. Allí nadie sabe qué es multiculturalismo, aunque existe, pese a ello, una cierta diversidad cultural, limitada e insuficiente, que se trata de magnificar con eso tan manido de “España, crisol de culturas”. Llevamos un par de décadas de retraso respecto a Inglaterra en estos temas de políticas de integración y demás, y eso que en la Pérfida Albión (nombre que el imperio caído daba al nuevo imperio) van también por detrás de las demandas de su sociedad. En España nos han comido el tarro sobre que fuimos unos conquistadores humanos, que nos mezclamos con los nativos, a lo largo del famoso mestizaje.

Pero en gran medida lo que hicimos los españoles fue matar o someter a los indígenas y violar a las indígenas, robar todo lo que pudimos y arrasar lo que no pudimos robar. A los colombianos o los mexicanos que al conocernos se apresuran a reclamarnos una disculpa por nuestro pasado imperialista como españoles, les decimos que sus apellidos delatan que fueron sus antepasados los que torturaron o forzaron a los nativos, y no nuestros antepasados, sólo porque es improbable que el que tengas enfrente se apellide exactamente como tú.

Esa contestación es una falacia como otra cualquiera: históricamente nos hemos beneficiado de lo que se les expolió y explotó. Hemos crecido en una cultura que se creó sobre esos cimientos de imperialismo y desprecio por la vida de otros. Nuestra acomodada situación dentro de la “civilizada” Europa y el pujante “primer mundo” deriva en parte de aquellas tropelías. Debemos pedir perdón y lo pedimos aquí y ahora.
Además de lo anterior, nos hemos tragado con patatitas (con papas) la indefendible teoría de que los españoles fueron unos conquistadores humanos, respetuosos, amantes de la mezcla y dados a incluir a los nativos en sus diversiones y no a divertirse a su costa. Todos nos sabemos la historieta de cómo gracias a nuestra tolerancia y respeto por lo otro, sólo en Hispanoamérica los ritos indígenas se mezclaron con las prácticas del cristianismo “no así en Norteamérica- y cómo, sólo en zonas bajo dominio hispano pervivieron determinadas manifestaciones musicales, especialmente en la zona del Caribe, gracias a nuestra amplitud de miras y a una religión católica más abierta que la puritana, mientras que los anglosajones cercenaban cualquier manifestación de ese tipo en sus colonias. Que a los africanos forzados a trabajar en las plantaciones del imperio británico no se les permitía ni cantar ni tocar instrumentos (o barriles, por ejemplo, que fueron la base de ciertos tambores) y que por eso los ritmos afrocubanos y determinados instrumentos de percusión sólo pudieron recuperarse en EEUU a través de la influencia de las personas que procedían del Caribe español.

En resumen, que los españoles comparativamente fueron unos colonizadores buena onda y tolerantes. Difícil de creer, pero muchos de nosotros nos lo habíamos creído, seguramente porque es más agradable y porque la presión social es grande: hace falta irse fuera para pensar sobre ello con normalidad y sacar conclusiones normales. Ningún colonizador ha sido un santo. La Leyenda Negra no fue tan legendaria sino bastante histórica. Como comentaba mi amiga, también sería interesante ver quiénes gobiernan hoy en muchos países latinoamericanos y quiénes poseen las mayores empresas y ocupan los puestos relevantes en la cultura y la ciencia: salvo las excepciones de Venezuela y Bolivia son las elites de origen europeo.