Elsinora Cara Pantalla ataca de nuevo

Pues sí, sigo a una pantalla pegada (mi nariz sigue con su longitud habitual, eso sí). Os podéis imaginar el tinglado que tengo montado: el portátil, sobre una caja (para que el borde superior de la pantalla esté a la altura de mis ojos, que parece ser lo fetén), el teclado adicional, y el ratón adicional ocupando sus bonitas entradas de USB, el disco duro de 250 megas -que me compré tras el episodio de la Coca cola- ocupando el único puerto vacío y muchas horas y horas leyendo, editando, revisando… en inglés sobre todo pero las indicaciones las pongo en español, con lo cual tengo que saltar de una configuración de teclado a otra para meter los acentos y las eñes y se me descolocan los guiones bajos y menudo lío. Hay que añadir a la escena el frío helador que me entra por un lado, por la parte de la ventana, que me deja la mano derecha como un témpano. Y es que el temporal que hay en UK, en la capital de la Pérfida se traduce básicamente en un viento helador.
Estoy un poco dispersa, me vais a tener que perdonar, porque toda mi concentración la absorbe el fenómeno llamado carapantallismo (o sea, curro freelance y cosas del Master de Literatura) y esto que leen vuestros ojos aunque también se procese vía pantalla es un amor distinto, como decía Gila. O sea que aquí me permito la dispersión, incluso le doy la bienvenida.
Anoche tuve un pequeño revival. Decidí comprarme la cena en un Take away turco que han abierto cerca de casa y que S. me había recomendado mucho. Especialmente algo llamado lammacun, que probé y estaba muy bueno y que curiosamente costaba una libra y pico. La cosa es que cuando fui a eso de las diez de la noche, ya habían apagado el horno de leña y estaban recogiendo: la disposición del local, el horno de leña, el olor a lejía del suelo (estaban pasando la fregona; fregona y no mopa, cosa rara aquí) me recordaban mucho a Pizza Pianeta CategoríasHumor, Sobre Elsinora, Vida cotidiana