El vuelo (parte primera)

Enero 2006, llamando al lunes 9, pasajeros para Londres que hayan estado en Madrid tres semanas, a lo calentito, con guarnición de familia y amigos y pasado en común que se presenten inmediatamente en la puerta B18, repito puerta B18, preséntense ellos solos y con la tarjeta de embarque y el pasaporte. Repetimos, viajeros matriculados “part time” en el Master de Literatura Comparada de G. dejen de comparar las indicaciones en distintos idiomas y dirí­janse a la puerta de embarque que ya es hora. Les recordamos que el billete ya lo han pagado y van a quedar como unos niños malcriados si ahora se vuelven a casa corriendo. Además, piensen que las dos maletas hasta un total de 40 kilos ya están facturadas y pagado el sobrepeso (150€ del ala; nunca mejor dicho lo del ala, más caro el sobrepeso que el billete; ¿cuántos libros bilingües has metido ahí­ y cuánto embutido, hija mí­a?”). última llamada para los viajeros con destino al Master londinense los hemos visto más rápidos. Así­ que, obediente que es una, y recordando vagamente a una profesora de gimnasia del colegio que decí­a mucho eso de las he visto más rápidas abandono lo que podrí­a ser una fuente jugosa de datos para la sociologí­a comparada (¿) y me apresuro a cambiar los euros a libras en la oficina de cambio de Barajas para tener “cash” con el que pagar el alquiler del mes en el que apenas he estado en casa, ya que aún no tengo cuenta de banco inglés. Y me dirijo a la puerta de embarque que tan empalagosamente me han anunciado (¿no sabe esta azafata que mi español es de “Good user”se que te ponen en el IELTS?; vamos que en español en los dí­as buenos y con el viento a favor lo entiendo casi todo). Pues ahí­ llego, y como soy viajero tipo D, o sea que no necesito asistencia, ni soy un niño ni he llegado de los primeros a la ventanilla de Easyjet, me toca esperar. Me congratulo de las dos primeras cosas (aunque la gente que se ha puesto a la cola no parece pertenecer ni a una ni a otra categorí­a, pero en fin) y obvio la tercera y me pongo a esperar observando al personal discretamente en lugar de sacar mi libro sobre las traducciones de Borges, porque lo de leer a salto de mata no va conmigo. El personal de las letras B, C y D, por su parte, o incluso algún despistado de clase A, me observa a mí­ menos discretamente: una décima de segundo después de ser pillados desví­an la mirada. Me extraña este reflejo, porque en los primeros dí­as en Madrid, me parecí­a que la gente me miraba con mucho descaro por la calle y que no me dejaban de mirar a pesar de que les mirara a ellos. Supongo que la calle no es una sala de espera y además ésta que me mira ahora era una chica de unos veinte y a esa edad uno es más consciente de las reacciones que provoca, precisamente porque es más sensible respecto a lo que piensen los demás de uno. La de mi izquierda, otra veinteañera española sin ningún rasgo que sobresalga observa con mucho interés mi DNI, que sostengo en la mano con la tarjeta de embarque. Considerando que ya ha tenido tiempo de memorizar todos los datos que necesite para lo que quiera que los necesite, le doy la vuelta.

2 respuestas a «El vuelo (parte primera)»

  1. me ha encantado esa llamada a embarque. ¿Te imaginas un mundo así? En plan 1984 de Orwell, pero en guay. “Por favor, el caballero elegante, bien vestido, con camisa estampada recien comprada en las tiendas Duty, y que no tení­a más dinero suelto y la ha pagado con tarjeta, embarque en la puerta 16. Recuerde que tiene un cajero disponible en el pasillo central y que debe ir al baño, hace tres horas que no ha ido. Gracias.
    Je, je.

  2. Jurarí­a que había contestado a este estupendo comentario tuyo, pero es posible que me haya cepillado mi respuesta al limpiar el spam.
    Esa era mi intención, pero no sabía si iba a funcionar. Ya veo que sí… y ¡¡me gusta!!

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