Debates de aquí­ y allá (parte II)

También fui una de los 13 millones de personas que vio el primer debate entre Rajoy y Zapatero. Se ha escrito bastante sobre esto, así­ que no me extenderé, pero sí me gustarí­a destacar un par de cosas. Primero, hasta qué punto todos vamos por la vida con orejeras: muy poca gente vio realmente el debate, más allá de las cosas sujetas a interpretación subjetiva, mucha gente se lo imaginó y por eso atribuye a los candidatos cosas que no dijeron. Segundo, y relacionado con el primer punto, lo poco que pareció importar la teoría sobre una buena presentación o un buen discurso en este caso: la falta de soltura, el dedicarse a leer todo el tiempo, el equivocarse de gráfico son detalles que apenas registraron los simpatizantes del PP.

Siluetas que dialogan
Gerd Altmann – Pixabay

En definitiva, parece que al final estamos simplemente ante el choque de dos sensibilidades o dos formas de ver el mundo que tienen mucho de generacionales (y algo de geográficas). Así­, poco pueden hacer uno y otro para convencer al sector contrario ya que los valores son antitéticos: todo esfuerzo por mostrarse dialogante por parte de Zapatero será interpretado como blandura y falta de definición “no tiene usted una idea de España”) por el seguidor tipo de Rajoy y todo intento por demostrar firmeza y convicción por parte del gallego se interpretará como agresividad, malas formas y dogmatismo por parte del simpatizante del PSOE (“usted mintió, poco me importa que le ofenda lo que le digo, usted agredió a las ví­ctimas del terrorismo”).

Para terminar, me sorprendió mucho que en un partido tan obsesionado con las clasificaciones y en demostrar la diferencia entre peras y manzanas al barbudo Rajoy le resultara tan fácil y natural convertirse en “la niña” y me pareció que Zapatero y su equipo de asesores habí­an visto demasiadas pelí­culas y tení­an un cierto baile de géneros, que les llevaba a confundir a la gente de la cultura con cientí­ficos e investigadores y también a considerar que una cita de cinéfilo (“buenas noches y buena suerte”, la peli dirigida por Georges Clooney) serí­a un broche perfecto para su intervención. Aunque quizá ambos cierres hubieran podido funcionar por escrito, en un formato audiovisual en directo y de forma masiva la alegoría de la niña resultó únicamente cursi y la mención al título de la pelí­cula pareció la despedida biendeseante de alguien con tendencia a convertir el talante en buenrollismo hueco.

-Aquí­ la versión de The Guardian sobre el debate

-Aquí­ los puntos esenciales de las elecciones generales según el periódico laborista inglés.

-Justo aquí­ lo que dice Financial Times sobre este tema.