De Nueva York a esta esquina

Estar en el parque me hizo desear comer pipas, por alguna asociación de ideas. Me puse a buscar una tienda y conscientemente decidí­ no retroceder hacia la zona que conozco -lo que hubiera sido más práctico- sino bajar hacia Moncloa. No me apetecí­a reencontrarme con mi barrio en ese instante. Era momento para algo más teórico, me pareció, o simplemente sucede que me he acostumbrado a explorar y lo necesito. Vagué un poco tontamente porque no tení­a mucha idea de dónde podía haber una tienda de “chuches”.

Encontré una en Vallehermoso. La atendí­a un cubano con ganas de hablar: simpático, pero poco dado a escuchar. Me contó que llevaba treinta y tantos años en Madrid, “desde antes de que tú nacieras”, que había vivido en Nueva York nueve años, con su mujer gallega y que luego se vinieron a Madrid, “a esta esquina” (la tienda hacía esquina).

“Igualito que Nueva York”, le dije, pero no contestó. Eso sí, me informó de que las pipas que me llevaba eran muy buenas, que llevaba no se cuántos años trayéndolas y tal y tal.