Conversación en una librerí­a del centro de Madrid

Estoy en una librerí­a del centro de Madrid, ojeando libros un jueves por la mañana. Se trata de una librería vinculada a los tiempos en los que estudié Escritura Creativa en la cercana Escuela de Letras. Hací­a años que no vení­a, porque en las escalas técnicas en Madrid de la etapa londinense solí­a visitar La Casa del libro y/o la Fnac y ahora que estoy de vuelta suelo evitar el centro. El local tiene algo de muy conocido y al mismo tiempo de extraño, porque han transcurrido muchos años desde la época en que lo frecuentaba. Conozco al dependiente, pero decido saludarle más tarde y echar un ojo a los libros.

-Qué lata están dando con el pijamita. La dichosa novela del niño del pijamita.

La voz, varios decibelios por encima del volumen del estándar de una conversación privada en España, proviene de un señor de unos ochenta años, alto y enjuto, bien vestido. Le acompaña una mujer que podría ser su esposa. Parece sorda o indiferente, porque no reacciona de ninguna forma visible a las voces del marido.

-Y es que hay que ver. Ahora escribe cualquiera. Al final, lo bueno, lo prestigioso, va a ser no escribir.

El tipo recorre la librerí­a ojeando aquí­ y allá pero sin encontrar nada que borre de su mente la ominosa estela de “El niño del pijama de rayas”.

En un momento determinado decide que ya ha tenido bastante y pregunta a bocajarro al dependiente: ¿Cuánto cuesta el libro de Queipo de Llanos?

El empleado le contesta que no se lo puede decir, porque el libro aún no ha salido. Me parece que lo dice con un asomo de satisfacción, contento de poder dar una negativa a un tipo tan estomagante sin dejar de ser profesional.

-¿Cómo puede ser eso? Pero si el libro ya se ha presentado. Usted deberí­a estar al tanto de…

-Sí­, sé que lo va a sacar Esfera de los Libros, pero aún no ha llegado.

Pensé que para retirarse con toda elegancia, al vendedor sólo le habí­a faltado cerrar la conversación con un “ahora, si me disculpa, tengo que colocar unos cuantos ejemplares de “El niño del pijama de rayas” en el escaparate, que se está vendiendo muy bien”. Mientras pasaba las páginas de la sección de Madrid y Castilla del “Manual para viajeros por España y lectores en casa” del británico Richard Ford (“el castellano es rudo pero de afecto sincero…”) me dije que el dependiente era demasiado castellano para usar este tipo de remoquete al estilo de La Pérfida.

Lo mejor del caso es que a mí­ el libro en cuestión ni me va ni me viene. Es más, lo que he oí­do es que literariamente no vale mucho, pero estas actitudes prepotentes me despiertan un afán de compensación. A todo esto, yo, muy británica, había esbozado una sonrisita interna y seguía ojeando narrativa extranjera de cejas altas y algunos ensayos. Al final, elegí­ “Entrevistas breves con hombres repulsivos” (reseñas aquí­ y aquí­) de David Foster Wallace (De Bolsillo; 8,95€; traducción de Javier Calvo) y “Un pistoletazo en medio de un concierto. Acerca de escribir de política en una novela” (Editorial Complutense; de Belén Gopegui. Sólo ahora me doy cuenta de la conexión entre los libros y la situación. Y luego habrá gente que necesite consultar el “I Ching” para conocerse a sí­ misma…

2 respuestas a «Conversación en una librerí­a del centro de Madrid»

  1. Pues si, guapa.
    Y cuanto más se cree saber, menos se entiende. Lo digo en referencia a tu último comentario, que he estado liadísima y se me han acumulado los posts.
    Respecto al “Niño con el pijama de rayas”, tampoco lo he leido; pero a mi sobrina que tiene 15 años le ha encantado.
    No tení­a gran interés al respecto, pero bastante más que por un personaje como Queipo de LLano. Grima me da sólo de pensarlo.
    ¿Sigues los jueves con Estrella? ¿Cómo te va? Lo de Irlanda ha ido muy bien. Ya te lo contaré frente a unos vinitos, que tengo ganas de verte y contarte, que una no se enamora todos los días…
    XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

  2. Estrella está haciendo una estrella de mí­. Una estrella de la relajación, quiero decir 🙂 Tenemos a la contractura acorralada y a punto de rendirse.
    Eso que dices de Irlanda suena estupendo 😉 Ya me contarás.

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