Con birrete y a lo loco (IV)

Mientras atravesaba aquel maremágnum de gente variopinta, desconocida y excitada para reunirme con mi hermano pensé que precisamente una ceremonia como ésta hubiera perdido gran parte de su sentido de acudir sola. Creo que hubiera venido en todo caso -me habrí­a acoplado a mi classmate Louisa, por ejemplo-, pero lo cierto es que estaba feliz de compartir un momento así­ con mi hermano, quien por cierto tendrá su graduación por el doctorado en unos meses, en Madrid.

Habí­a quedado después de la historia con mi alumna de japonés, que andaba muy liada escribiendo su dissertation, como el año anterior lo habí­a estado yo. Esperaba que la proverbial paciencia oriental tuviera una base real, porque la mareé un poco con sucesivos cambios de planes: nos vemos el viernes en el campus después de la ceremonia; no, que al final es el miércoles, nos vemos hacia la 1 ya que el acto empieza a las 11:30, ah no, me olvidaba que el lunch empieza como a la 1, nos vemos a las 2. Le mandé la última versión diciendo que nos verí­amos a las 2 en el Loafers, la cafeterí­a de la facultad en la que alguna vez tuvimos nuestras clases de español, entre cafés latte y muffins de blueberries (mi favorito de entre los más saludables). Por supuesto, me disculpaba copiosamente al estilo oriental (o según creo yo que es el estilo oriental, que cualquiera sabe) y me consolaba saber que ella vive a 5 minutos del college, con lo que no le robarí­a demasiado tiempo a esa dissertation pendiente.

Una vez dejé los trastos en la cloakroom bajo el cuidado de Whoopie Golberg II, nos dedicamos a hacer un poco el moñas hasta la hora de la ceremonia. Fotos aquí­ y allá. Me entró de repente la vena de alumna aplicada y me puse a leer la información sobre la ceremonia que acompañaba a la entrada. En el momento en el que trataba de memorizar cuándo tení­a que ir con gorro y cuándo sin gorro y qué habí­a que hacer frente a las autoridades y si la salida era por el pasillo de la derecha y la entrada por el de la izquierda o justamente al revés, mi hermano, que ignoraba lo delicado de la información que yo estaba procesando tan esforzadamente, decidió sacarme una foto de esas “espontáneas”. En la foto aparezco reclinada sobre un papel y armada con un boli en una postura que todo monitor de Pilates o de Técnica Alexander censurarí­a pero sorprendentemente no me sale humo por las orejas. Menos sorprendentemente aparezco casi bizca. Se ve que como Españ­a no me ganarí­a la vida, poniéndome bizca cada vez que tuviera que memorizar una clave secreta antes de comerme el papel en pedacitos o de quemarlo y luego además seguramente me entrarí­an las dudas, ¿la primera parte era 23Z o Z23?

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