Cómo hacerse pasar por Británico/lecciones de Britishness

Capítulo I: Nuestros amigos los detergentes

El presente artí­culo está llamado a cumplir una función social esencial. Su propósito es hacerte abandonar algunas ideas recibidas sobre la quí­mica en general y los detergentes en particular. En Inglaterra las nuevas generaciones consideran que la química en sentido amplio mola mazo, es really cool, vamos que es fuente de diversión sin fin. Esto es bien sabido respecto a las drogas, de diseño o no, pero el lado lúdico de los detergentes domésticos es menos conocido. Como lo lees: no hay nada más friendly y guay que un bote de Colón, que lo sepas.

En realidad la relación bote de Colón-habitante de La Pérfida es una relación ambivalente: los británicos consideran que los detergentes son sus amigos pero los frecuentan poco, lo suyo es un contigo en la distancia (cambian las sábanas una vez al mes de media, según un estudio, por ejemplo). La cuestión está en que cuando los británicos usan jabón de lavadora, lo hacen sin las restricciones absurdas de los católicos. No te reprimas, barra libre de detergentes. El Papa no está mirando.

Veamos un caso. Empezaremos por Patrick, el productor de televisión inglés. Lava sus cacharros rápidamente con Fairy, de un solo gesto, sin frotar y apenas aclara. Resultado, churretes de espuma blanca que yo aclaro después, porque soy una maniática supersticiosa, cuatro golpes de cilicio por esto, plas plas plas.

Nuestro segundo caso será mi compañera de piso y casera F. Observémosla. Acaba de poner la lavadora. Sostiene el bote de Ariel con el pitorro abierto, medio ladeado, el detergente en polvo rebasa y cae en el suelo, levanta la mano con el bote y entonces riega generosamente las inmediaciones del horno microondas. ¿Es un nuevo deporte llamado riegue la cocina con detergente? Podría ser, porque lo hace a menudo.

Prosigamos con nuestro análisis, este deporte, ¿será de origen sueco o egipcio? Ella nació en Suecia de padre egipcio y madre sueca. No suena muy egipcio. Me da a mí­ que para estas cosas los egipcios son tan supersticiosos como el resto de paí­ses mediterráneos: también ellos creen que el jabón es bueno, pero que conviene manejarlo con cuidado. Así­ que hay muchas papeletas para que el riego de microondas con detergente sea un deporte sueco. Por otra parte, dado que F. lleva nueve años en La Pérfida es posible que esa afición la adquiriera aquí­. Es muy probable. La parte más importante del deporte en cuestión no es tanto el riego de detergente, sino asegurarse de que el polvo tóxico permanece intacto junto al microondas o en la mesa de la cocina, según he podido observar.

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Queridos lectores no anglosajones, asumidlo, si pensáis venir al Reino Unido, tan importante como saberse los verbos irregulares o acostumbrarse a mirar a la derecha en los cruces es desaprender algunas ideas supersticiosas que nos han metido en la cabeza desde pequeños. Los que venimos de países oscurantistas hemos crecido rodeados de prohibiciones y tabús absurdos tales como la desnudez, el sexo y los detergentes. Lo primero que tienes que hacer para parecer inglés es quitarle la calavera a los detergentes. Los detergentes son tus amigos. Son como el gel de baño, pero en textura polvo, vienen en distintos aromas florales y frutales como el gel de baño y distintas texturas como los cosméticos. Si uno se fija, los detergentes son cosméticos multiuso a precio más asequible y a granel.

Las famosas megapearls del jabón de la lavadora, por ejemplo, son como las microesferas exfoliantes de la crema francesa tan cara que usas tú o tu mujer. De hecho, detergentes y cosméticos los suelen fabricar las mismas empresas. Olvida lo que hayas podido leer o escuchar en tu país de origen sobre que son tóxicos, abrasivos o peligrosos. Calumnias. Rubbish. Intereses creados.

Yo, como soy peculiar e idiosincrática, y además vengo de España (de España vengo, de España soy, como dice la canción), paí­s de la Inquisición y otras lindezas semejantes, vivo sumida en un mundo de supercherí­a que atribuye a los detergentes industriales poderes maléficos si se aplican en la piel, o en los ojos o si se ingieren. Menos mal que tengo a la sapientísima F., un ser plenamente integrado en esta cultura del detergente lúdico, para que me abra los ojos.

El choque cultural entre el atrasado sur de Europa y el puntero y moderno norte se produce cuando le comento que habí­a una montañita de Ariel entre el microondas y el frutero y le pido que por favor cierre la boca del bote de detergente cuando lo haya dejado de usar, porque estos productos son muy tóxicos pues tienen lejía y no conviene que están cerca de la comida. Pone cara de extrañeza y me pregunta si estoy segura de que los detergentes tienen lejí­a, ya que en Suecia se la quitaron hace tiempo. Antes de que le conteste, coge el bote en plan triunfante con esa mirada Sagitario-tira-flechas que se le pone a veces y por un segundo creo que esta vez va a tener razón, porque recuerdo haber visto en las cajas de algunos detergentes la palabra “biological” y haber pensado que se refería a que eran biodegradables, es decir, que no contaminan demasiado los rí­os, pero ahora se me ocurre que quizá se refiera a que tienen una composición menos agresiva.

Ya se sabe que aquí el Estado trata a los ciudadanos como si fueran un poco idiotas, para todo hay carteles de advertencia, te advierten que las cosas que hierven queman, por ejemplo. Es posible que modificaran la composición para evitar problemas, en lugar de promover un uso racional. Además de esto se me ocurre que como la palabra “bleach”no aparezca en tipo de cuerpo cincuenta F. no la va a localizar (es disléxica, os recuerdo; y más vaga que la chaqueta de un guardia cuando se trata de leer), que por supuesto chlorine (cloro) no le parecerá un sinónimo de lejí­a y que es improbable que caiga en que determinadas terminaciones en la nomenclatura química se refieren a diversos tipos de cloros, de la familia de la lejí­a. Sutilezas que sólo los católicos y adictos a la supercherí­a conocemos.

F. sigue con su gesto triunfante, aunque aún no ha encontrado en qué basarse para considerar que ha ganado. Me fijo brevemente en la prominencia de su frente. Tiene como un pequeño cuerno que sólo se destaca en épocas de cansancio o estrés. Ahora es muy visible. Es como un cíclope palpitante.

Discutir con alguien que tiene un cuerno impone y además tengo algunos factores en contra. Mi seguridad flaquea. Dudo qué hacer durante una décima de segundo, sin que F. ni su cuerno detecten mi flaqueza. ¿Qué contiene el bote de detergente detrás de tanta palabrerí­a? ¿Oculta en su interior la Ruperta o el apartamento en Torrevieja Alicante? La “reserva espiritual de Occidente” fue bautizada así por algo, me digo. Yo sacaba sobresaliente en las clases de catecismo porque me sabía todas las respuestas y algo de quí­mica sé. Vale, seremos muy integristas y muy salvajes, pero ahora somos la octava potencia mundial, ¿no? España crisol de culturas…

Entonces llega la epifaní­a: con lejí­a o sin lejí­a, el detergente en polvo no viene en el catálogo de especias de ningún país (¿o es que alguien lo ha visto citado entre el comino y el estragón?).

Elsinora ha superado el relativismo cultural y ataca de nuevo. “Me parece muy bien que hayan quitado la lejía de los detergentes en Suecia”, le digo, conciliadora, y añado: “pero con lejí­a o sin ella estos productos son tóxicos, son malos para la piel y para los ojos…”. Touchée. A F. le preocupa mucho el cuidado de la piel (a su manera) y además es posible que esté harta de fingir que lee. Deja a un lado el bote de detergente y da su brazo a torcer (se oye la música del apartamento en Torrevieja Alicante, yo levanto virtualmente los brazos extendidos y saludo al público) y dice que en ese caso tiene que lavarse las manos inmediatamente (¿ha cogido el detergente con las manos?).

Sí­, hija, lávate las manos con Fairy para quitarte el Ariel y luego no te aclares mucho, sobre todo no dejes correr el agua no vaya a ser que los detergentes variados se diluyan y abandonen tu piel y vuelvas a tener algún día el PH de los seres humanos.

Qué concurso más duro este del “Un, dos, tres” multicultural, dios mí­o. Y qué duro hacer de Supercoco con disléxicas renuentes y con cuernos. Qué complicado es este curso de Britishness en el que me he embarcado, amigos mí­os.

En fin, estimado lector, si aún sigues pensando que mezclar jabón con la comida o con tu piel no es una buena idea es que no estás preparado para integrarte en La Pérfida. Tus ideas supersticiosas te traerán problemas. Intenta que no se te note o prepárate a luchar a muerte. Si pierdes, siempre puedes venir a recuperarte a mi apartamento de Torrevieja Alicante. O pedirle a F. un trozo de su tarta de calabaza Ruperta, que ésta se guisa cualquier cosa, menuda es.

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Nota para las mentes curiosas o científicas: He analizado minuciosamente el cartonaje del Ariel Biological para ver su composición. Entre otras muchas cosas, contiene lejías con oxígeno o agentes blanqueadores oxigenados (no sé cuál es la traducción correcta de “oxigen-based bleaching agents”; en España hablan mucho del oxiaction, pero esa expresión no existe en castellano que yo sepa; tampoco las célebres megaperls) y está lleno de advertencias de manténgase lejos de los ojos, de los niños; personas con piel sensible o con heridas utilicen guantes, aclárense bien las manos después de su uso y dibujos para disléxicos, iletrados o extranjeros. Indica que se trata de un detergente de efecto biológico, supongo que porque contiene enzimas, pero cualquiera sabe… Contiene también blanqueadores ópticos, por cierto. Lo que aprende uno haciendo estos posts…

7 respuestas a «Cómo hacerse pasar por Británico/lecciones de Britishness»

  1. Recomiéndale a tu amiga F que utilice detergente en pastillas, es mucho más práctico. Evitará dejar las inmediaciones del microondas cual campo nevado y gastará la mitad de producto. Lo digo por experiencia. Ah, y si abre con cuidado el paquetito, no tiene ni que tocarlo; estupendo para la piel. Otra ventaja: la caja ocupa muchísimo menos, cosa muy a tener en cuenta en pisos pequeños.

  2. ¿Seguro que es detergente el polvo blanco que hay junto al microondas? Yo lo haría analizar.

  3. Ya veo por dónde vas, pero si estuvieras en lo cierto no lo iban a dejar por ahí tirado… Además que no era blanco el polvo, sino más bien gris con partes azules y bastante grueso.

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