Clases entrevista

Las clases con Yoko tienen siempre un punto de entrevista en la que yo soy el personaje, sensación que en general no me molesta (una cosa buena del temperamento artista versión extrovertida, supongo), pero que a veces te lleva a lugares resbaladizos, cosas de las que no te apetece hablar, o que no sabes cómo explicar o que realmente no vienen al caso, pero es que este personajillo tiene su peculiar forma de hacer las cosas y con su extraño estilo errático pero insistente te acaba llevando al huerto.
Burla burlando de repente se me presentó un dí­a con su portátil (la funda de neopreno naranja; yo tengo una parecida roja) y me obsequió con la exposición que va a hacer y por la que va a ser calificada o sea que estuvimos repasando el examen juntas, sort of. Parte de la “exhibition” consistía en una grabación en la que la madre de su novio mexicano contaba cómo cocina, que significa la cocina como actividad y como espacio para ella. La “suegra” debía tener sesenta y tantos, mujer gruesa y arrugada que debió de ser muy guapa de joven pero ahora básicamente parecí­a cansada aunque básicamente feliz.

¿Entiendes lo que dice? Me preguntaba Yoko con los ojos muy brillantes. Continuará.