“Mi no entender” cumple un año

Parece que fue ayer, pero ha pasado ya un año desde el primer post y casi año y medio desde que llegué a La Pérfida.

Estoy preparando una selección de las cosas que más me gustan de Londres, pero también querí­a aprovechar el cumpleaños para hacer una pequeña recapitulación de los mejores artí­culos. Ahí­ va mi top ten, mis diez favoritos (el orden es más cronológico que cualitativo).

1. De Palomas y Londres
2. Todos somos raros
3. Bragas católicas
4. Un marciano en la casa de los comunes
5. El kebab y los parroquianos
6. El verdadero esperanto
7. Patatas para doce
8. Blackheath: césped con gomina
9. No intentes hacer esto
10. Erika Ortiz y la distancia de las preguntas

¿Cuáles son tus favoritos? ¿Por qué?
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Carapantalla echa a andar

Aclarado el malentendido, dediquémonos a disfrutar del sol y la playa… bueno, quiero decir de los 8 ó 10 graditos que estamos teniendo estos días, lo sé de primera mano y no por Radio Magic (una especie de Kiss FM, pero con temas más actuales y concursos tan difíciles que nadie los gana) como habitualmente, porque ayer salí. Hasta estuve caminando un buen rato. Tengo piernas aunque no las use. El carapantallismo se sentía desplazado mientras yo que ya no era un busto tecleante avanzaba hacia la clase de mi alumna de español adolescente (ella, no el español que le enseño, aunque también podría ser), los zorros se hacían a un lado… has leído bien, zorros. La verdad es que vi uno, y desde luego no se hizo a un lado, ya me hubiera gustado a mí, pero quedaba más mono así.
Llevábamos mucho sin tener clase mi alumna y yo así que resultaba difícil coger el hilo de por dónde íbamos con la gramática y decidí que una vez le corrigiera la preceptiva redacción sobre su Navidad (la despachó en 4 líneas… qué lástima, pero al menos contaba que le habían dado muchos regalos, no mencionaba cuáles…) practicaríamos conversación en español. Esta alumna, como buena adolescente, es bastante reacia a hablar en una lengua que no es la suya y además se pone nerviosa cuando le hablo en español, pero he conseguido que se vaya relajando, pronuncio muy despacio, repito, digo las cosas de varias maneras. Me estuvo contando sobre sus asignaturas, su colegio, y sus aficiones.

Espontaneidad

Mi portátil y yo hemos perdido espontaneidad. Como lo oyes. Antes, yo más o menos decía cuanto se me ocurría y mi portátil por su parte sabía que sus teclas eran sus teclas. Que había una correlación entre el sitio que ocupa una tecla, digamos RePág, y su función. Y que era improbable que se le malinterpretara. Desde la invasión de las ultracocacolas (light, pero invasión al fin y al cabo) en lugar de retroceder página como se espera de ella, la tecla RePág lanza exabruptos inconexos +1d++1d+5ç+35ç+3 y en cuanto a mí, tanto permanecer “lost in translation”, y especialmente ahora que vivo entre dos lenguas, el inglés y el español, a todos los efectos, de estudio y de trabajo y de “flatmates”, estoy atrapada en el retardo de la traducción simultánea que no acaba de llegar. En la espera se me olvida lo que había dicho, incluso lo que había pensado. ¿Qué está pasando realmente en mi vida en Londres? What´s going on? ¿Estoy aprendiendo? Am I learning? ¿Estoy haciendo el canelo? Or I´m rather loosing my time as a fool, messing around? ¿Me estoy convirtiendo en una workholic más pero con la agravante de no tener claro si valgo para ese trabajo ni si querría valer para él?
En lo que al portátil se refiere, ocurre que ya no es portátil: para usarlo, debo trasladar también un teclado externo que es más grande que el portátil, con lo cual ya no me lo llevo a la cocina, ni de paseo. Su libertad de movimientos ya no es tal. Su autonomía está reñida con su precisión. Para poder decir lo que quiere, precisa de otros. Puede ser independiente, pero entonces sólo puede usar monosílabos. Y en mi caso, la forma de garantizar mi estancia en la Pérfida está pasando por desconectarme de la Pérfida: recluirme en un cubículo frente a una pantalla y decirle a la pantalla cosas en inglés y su equivalente en español, y enseñar a un alumno que está lejos, que en realidad aún no está ni es, cómo se hacen sugerencias formales en la lengua de la Pérfida. ¿Hay alguien que lo entienda? Porque mi no entender, so far.

Elsinora Cara Pantalla ataca de nuevo

Pues sí, sigo a una pantalla pegada (mi nariz sigue con su longitud habitual, eso sí). Os podéis imaginar el tinglado que tengo montado: el portátil, sobre una caja (para que el borde superior de la pantalla esté a la altura de mis ojos, que parece ser lo fetén), el teclado adicional, y el ratón adicional ocupando sus bonitas entradas de USB, el disco duro de 250 megas -que me compré tras el episodio de la Coca cola- ocupando el único puerto vacío y muchas horas y horas leyendo, editando, revisando… en inglés sobre todo pero las indicaciones las pongo en español, con lo cual tengo que saltar de una configuración de teclado a otra para meter los acentos y las eñes y se me descolocan los guiones bajos y menudo lío. Hay que añadir a la escena el frío helador que me entra por un lado, por la parte de la ventana, que me deja la mano derecha como un témpano. Y es que el temporal que hay en UK, en la capital de la Pérfida se traduce básicamente en un viento helador.
Estoy un poco dispersa, me vais a tener que perdonar, porque toda mi concentración la absorbe el fenómeno llamado carapantallismo (o sea, curro freelance y cosas del Master de Literatura) y esto que leen vuestros ojos aunque también se procese vía pantalla es un amor distinto, como decía Gila. O sea que aquí me permito la dispersión, incluso le doy la bienvenida.
Anoche tuve un pequeño revival. Decidí comprarme la cena en un Take away turco que han abierto cerca de casa y que S. me había recomendado mucho. Especialmente algo llamado lammacun, que probé y estaba muy bueno y que curiosamente costaba una libra y pico. La cosa es que cuando fui a eso de las diez de la noche, ya habían apagado el horno de leña y estaban recogiendo: la disposición del local, el horno de leña, el olor a lejía del suelo (estaban pasando la fregona; fregona y no mopa, cosa rara aquí) me recordaban mucho a Pizza Pianeta

Al otro lado de la línea (II) y Feliz Año

Estas eran mis reflexiones hasta que de repente me vi en el otro lado del agobio. Ahora soy yo la agobiada. Se juntan varios factores para que así sea: pluriempleo más un master part-time y uno de los trabajos complicado (e interesante) con sus dosis de reto. Imagino que un cierto grado de agobio permanecerá e incluso aumentará según se acerquen las fechas de entrega y empiecen a coincidir unas con otras, pero en buena lógica debería ocurrir también que llegue un momento en el que tenga claro cuánto voy a tardar en cada cosa y que pueda encontrar huecos para otras actividades. Ya estoy oyendo algunas voces airadas diciendo que eso es imposible (uno de mis compañeros de piso entre ellas) pero quiero pensar que así va a ser o que al menos mi cabeza será capaz de respirar más allá de la atmósfera viciada de la obligación.
Me quedan cosas en el tintero. El tema no se agota aquí. Y además ocurre que últimamente no tengo tiempo de escribir porque estoy muy liada. Porque no sé si lo he dicho, pero estoy taaaan liada que apenas puedo sentarme a escribir para el blog.

  • ¡Feliz Año Nuevo! Paz y bien para todos.