No te anunciarás en blogs ajenos

¿Os habéis fijado en la nueva cabecera del blog? Los que tengáis buena memoria recordaréis que los tonos anteriores eran tirando a azul y no de este tono de fuego. He aplicado este cambio por dos motivos, porque la cosa está que arde 😉 y porque al ir a actualizar esta mañana la barra lateral ya no presentaba un rectángulo en blanco donde debería aparecer el archivo de post anteriores y las categorías como me ocurrió hace un par de días sino un recuadro lleno de anuncios de Google.

Después de arder en indignación contra Google y sus métodos “criminalísticos” he pedido ayuda y lo he solucionado (al parecer no es culpa suya, sino de algún hacker dedicado a hacer unos euros con la publicidad en sitios ajenos o quizá del diseñador de la plantilla que uso, que es gratuita), pero ya de paso he cambiado un poco la apariencia. Con la modificación hemos recuperado los acentos en los títulos de sección (ahora dice Páginas y no el exabrupto de antes) pero seguimos teniendo problemas para que se muestren las fotos de post antiguos (tendremos que solucionarlo).

En fin, creo que se impone actualizar el post sobre Cómo reconocer a un bloguero, añadiendo los sustos que nos llevamos a la hora de querer publicar o de gestionar el blog además de lo que he aprendido en estos seis años sobre las “egorías” de los autores de bitácoras.

Mi dashboard me lo robaron

…anoche, cuando dormí­a; dónde estará mi dashboard, dónde estará mi dashboard, dónde estará mi dashboard… Donde quiera que esté mi dashboard é’ mí­o.
Tranquilos, no es que me haya sentado mal mi tarta de cumpleaños a base de esponjosos biscotes Wasa Delikatess hecha con el más selecto centeno integral sueco y un poco de yeso ni que me haya picado la mosca Manolo Escobar.
La cosa es que estaba yo toda decidida a actualizar el blog escribiendo un post titulado “Hoy no, mañana” dado que mañana precisamente me toca ver a mi experto en intolerancias alimentarias, cuando he sufrido un verdadero momento Expediente X.
¡No aparecí­a el acceso al cuadro de gestión de contenidos del blog! No tení­a forma de acceder a la trastienda de este blog para actualizar. De hecho, apenas podí­a consultar los últimos artí­culos, porque el navegador de la derecha aparecí­a en blanco… Eso te pasa por no actualizar en semanas, me he dicho a mí­ misma. Pero luego he respirado hondo, he dejado atrás el saber mí­tico y mi tradición católica culpabilizadora y he decidido darle un enfoque racional al asunto. Este enfoque me ha hecho desechar la idea de llamar a Iker el de los fenómenos paranormales y además, como últimamente me siento osada y audaz, he decidido investigar por mi cuenta esta extraña desaparición.
Los antecedentes son que me he cambiado de ordenador y también a un sistema operativo superior. La cosa es que en Mozilla no aparecí­a la parte de acceso a Admin, tampoco en Explorer 9. Mucho html5 y muchas narices de diseño lí­quido pero al final te dejan sin acceso al cuadro de mandos de tu bitácora y se quedan tan panchos. Pensando que era algo de los nuevos navegadores me he descargado Google Chrome, hecho clic en Aceptar sin detenerme mucho y rezando para que no guarden demasiados datos de mi historial (ando un poco paranoica con el tema). Cuál no serí­a mi decepción al ver que la única ventaja de Google Chrome era que veí­a más grande la estrella de la caja que deberí­a contener el navegador de la izquierda; una estrella más grande, pero la misma caja vací­a. Me estrellé con todo el equipo (nunca mejor dicho).
Empiezo a pensar que la culpa es de Windows 7, tan intuitivo como es ha decidido que no hace falta poner un enlace a la parte de gestión de contenidos.
Pero en fin, lo he logrado solucionar: este post es prueba de ello. Me he valido del viejo truco de investigar en qué terminan los dashboard de WordPress y añadir esa extensión al nombre del blog. Un pequeño paso para cualquiera que sepa programar o trastear en html pero un gran paso para alguien como yo, con una gran tendencia a emular a Mí­ster Bean.
En fin, acceder al dashboard ha sido tan agotador que lo voy a dejar aquí­. Me voy a Pilates a ver si esos aparatos se me dan mejor y los cuadros de mando del Reformer, la Wunda, o las torres me lo ponen más sencillo.
Pero eso sí­, qué maravilla saber que puedo acceder a la gestión de contenidos aunque no aparezca el acceso por ninguna parte pinchable. Eso del “what you get is what you see” (lo que ves es lo que hay) es una falacia como otra cualquiera… afortunadamente en este caso.
No olviden vitaminarse y mineralizarse y manténganse lejos de Explorer 9, que se come la mitad de los contenidos…

Cómo reconocer a un bloguero

El bloguero o la bloguera va a todas partes con un cuaderno real o imaginario y va tomando notas de las cosas más tontas. También suele llevar una cámara, o un teléfono con cámara. Intenta estar al dí­a de lo que se publica en la prensa y en otros blogs y sites. El resto de la humanidad cena y ve la tele, él/ella no, él/ella cena, ve la tele y piensa qué parte de lo que está viendo dará para un post con miga o al menos divertido.

La gente tiene amigos y vecinos, el blogger tiene personajes o lectores. El blogger está muy interesado en ver cómo otros bloggers enfocan las cosas de las que él habla. El blogger habitualmente es alguien pelí­n compulsivo en general y con la comunicación y las tecnologí­as en particular (incluso aunque su dominio de la informática sea muy limitado, se apañará para aprender lo que necesita). Es de los que saca fotos compulsivamente, o escribe emails igual o se tira horas al teléfono o es adicto a los SMS. Cuando se le ocurre algo no puede esperar, lo tiene que escribir, lo tiene que contar, lo tiene que plasmar en una foto. No cree mucho en el mañana, sino en el ahora mismo. Es impaciente y curioso por naturaleza. Tiene sus propias ideas sobre qué es un buen tí­tulo, qué es un texto divertido y qué es tener algo que contar, ideas que con frecuencia sólo comparte el cuello de su camisa. El blogger habitualmente ha estado enganchado a un blog como lector y tiene su vena voyeur y su vena exhibicionista.

Sherlock Holmes

Por más que sus intereses sean misceláneos, el autor de una bitácora suele tener un estilo definido que le produce un cierto confort pero a la vez le encierra, le encorseta. Dice que no le importan las visitas, pero como tenga acceso a un contador lo mira con frecuencia y por supuesto saca sus conclusiones sobre qué cosas son más leí­das y cuáles menos. Aborrece el spam con toda su alma, por dos motivos, porque le invade su bandeja de entrada y porque le usurpa el sitio a un comentario de verdad, que es lo que él busca (comentarios, mi tesoro).

En el resto de facetas de su vida puede ser más o menos perfeccionista, pero en lo que se refiere al blog ha aparcado este alto estándar de exigencia para sobrevivir: un artí­culo diario difí­cilmente va a ser estupendo. Aunque no quiera, tiende a imaginarse cómo son sus lectores basándose en comentarios esporádicos y aunque no quiera, estos lectores de perfil imaginario y los amigos que sabe que le leen influyen en lo que escribe y en cómo lo escribe, en una reinterpretación muy peculiar del lector implí­cito.

El blogger puede haber sido alguien que siempre ha querido ser escritor o periodista, y que incluso lo ha sido. El blogger no sabe cómo ha podido vivir sin ADSL, wireless y tarifa plana tanto tiempo. Es la reencarnación del tipo del chiste de Claudia Schiffer: ése en que cuando ésta se le ofrece corre a contárselo a sus amigos en lugar de rematar. El blogger hace lo mismo: si le pasa algo muy bueno o muy malo, en lugar de disfrutarlo o buscar la manera de salir de ello se entretiene en imaginar cómo lo va a contar al dí­a siguiente.

El tiempo transcurre de una forma muy peculiar para el blogger. No es sólo que tenga que postear compulsivamente, sino que la mañana en el trabajo se le hace eterna hasta que tiene un hueco para mirar si ha recibido algún comentario. El blogger es un tertuliano nato, un hombre del Renacimiento o al menos se lo cree: le interesa la actualidad, la fotografí­a, el diseño, los viajes…. Moja en todas las salsas en su blog y en los ajenos. Y es curioso porque con frecuencia odia a los tertulianos de la tele que hablan sin saber de lo que hablan. Pero es que él sí sabe de lo que habla (¡su trabajo le cuesta estar al dí­a!).

Más superpoderes de mi madre

El otro día os contaba sobre el superpoder de mi madre para dar nombres alternativos a fenómenos como Twitter. La cosa no queda ahí porque tiene en su haber otros bautismos más claros en su intención: el “Gran Hermano” de Mercedes Milá se llamaba muy oportunamente “La casita de la bruja”; el programa de cine de José Luis Garci (llamado “¡Qué grande es el cine!”) recibí­a el nombre de “Los magistrales”, dado que el 90% del tiempo lo dedicaban los contertulios a declarar que tal escena era “magistral, magistral” o lo magistrales que eran las piernas de Cyd Charisse y Tómbola era por supuesto “Los maleducados”.

Lamentablemente ahora creo que pocos programas se libran de pertenecer a la categorí­a “maleducados”, cuando no ingresan directamente en la categoría “juzgado de guardia”.
Pero en fin…