Quince páginas de tí­tulos y una extraña foto

Llevo un par de dí­as revisando los artículos del blog y me he dado cuenta de que los casi quinientos post que hay publicados han dado para mucho (sólo los títulos llenan quince páginas), tanto en lo que se refiere a los temas como respecto a los enfoques. Al releer he recordado lo mucho que he disfrutado haciendo la bitácora y lo mucho que me acompañó en La Pérfida.

Para cualquier persona a la que le guste escribir llevar un blog es un plan estupendo, aunque es cierto que para un escritor de ficción es un entretenimiento “peligroso”, porque la energí­a que le dedicas a uno y las satisfacciones que te da le restan energías y motivación al otro. En cualquier caso, estoy barajando fórmulas para abrir un nuevo blog, compartido quizá, de forma que no me lleve tanto tiempo. El tema esta vez será o la actualidad o los secretos de Madrid. Quizá un fotoblog.

Se admiten sugerencias, of course.

También estoy dándole vueltas a la parte del gestor web, el formato y la plantilla. No entiendo mucho de la parte técnica, pero algo sé sobre composición y maquetación. WordPress (el software con el que está construido y gestionado este sitio web) es uno de los editores web de mayor difusión, pero a mí últimamente se me está atragantando, básicamente porque no consigo modificar los formatos (o temas) como quisiera, por una cuestión de permisos del hosting y porque desconozco los procedimientos.

Consultar los numerosos foros y ayudas sólo consiguió sepultarme bajo un aluvión de más dudas. Overwhelming. En estos casos lo que uno necesita es un libro, que empiece en una página y termine en otra, que tenga una concepción unitaria y progresiva, pensada por un autor o autora o un editor que se hace responsable de lo que pone ahí­, y que se pueda tocar, subrayar o incluso tirar al suelo en caso de desesperación (tirar el portátil relaja igualmente, pero tiene consecuencias peores).

Así que me puse a investigar en la Red y vi que no había libros especializados en WordPress en español. Todo lo que pude encontrar fue un libro en inglés escrito por una bloguera norteamericana, ensalzado por su claridad y su contenido completo. La autora es Lisa Sabin-Wilson; una chavala rubia que a juzgar por la foto de su blog es un cruce entre un alien y un personaje femenino de los Mosqueperros. ¿No te parece? Miedito. ¿Lo habrá hecho aposta, como reclamo para su web, en plan “¿has visto este blog con esta foto tan espantosa?”.Y los tipos reenviando como locos el link para reirse de ella y ella mientras gozándola al ver cómo sube enteros en el Technorati.

Aunque también es posible que la foto sea normal y la rara sea yo. Sea como fuere, el libro que deberí­a sacarme de mi analfabetismo perplejidad tecnológica se llama “Wordpress for Dummies” y vuela ya hacia mi casa por cortesía de Amazon (lástima que el dólar haya subido) y de un puñado de euros.

Pues nada, si alguien tiene alguna sugerencia respecto a gestores web que hable ahora o calle para siempre 🙂 También es un buen momento para que los amigos de Lisa Sabin-Wilson que disientan de mi interpretación de su background genético me comuniquen sus impresiones o bien le aconsejen como gente que quiere lo mejor para ella que cambie la foto.

“Introspectémonos” III

3. Cuatro programas de TV que me gusta ver.

Aquí me sera difícil seleccionar, así que pongo más (this is a taylor-made meme):

-“Super Nanny”.
-“60 Minutes Recovering”.
-“Never Mind the Buzzcocks”.
-“You Are What You Eat” (equivalente al “Somos lo que comemos” español; hablé ya de este programa en El cura que comía demasiado).
-“The Apprentice”. “The Chef ” (el de Jamie Oliver que consiste en elegir a alguien para que lleve un gastropub en un pueblo perdido). Competiciones de habilidad para conseguir algo.
-La veterana serie “East Enders” de la BBC tiene su gracia, pero sólo la veo si da la casualidad. Tiene un punto de honestidad a lo Dickens que está bien y los actores son buenos. Refleja muy bien el aspecto físico de muchas inglesas…

Me gustan los programas que cuentan una historia (de una familia cuyos niños son imposibles, de una casa que necesita urgentemente una remodelación), que incluyen un cambio a mejor (los niños al final vuelven al redil gracias al consejo de la super niñera) y un cierto grado de reto intelectual/activo: hay algo que está mal y hay que arreglarlo. Para ello hay que combinar conocimiento y acción y observación. En el caso de la Super Nanny todos observan, la niñera es la que aporta el conocimiento y quienes actúan son básicamente los padres en aplicación de lo sugerido por la nanny, mientras que los niños reaccionan.
En el caso de las casas, un miembro de la familia llama al programa y mientras el familiar al que se quiere sorprender está fuera, se cambia la casa de arriba abajo, pintando, trayendo nuevos muebles y demás. Previamente el familiar “gancho” ha dicho qué elementos quiere conservar y ha mencionado algunos rasgos del gusto de su familiar. Los cambios los decide un decorador y luego hay un equipo gigante de pintores, carpinteros y demás que lo ponen en marcha. Ver cómo es la casa te permite imaginarte cómo son sus habitantes. Y después es muy chulo ver cómo la casa es de-construida y luego como paulatinamente va tomando forma y una cosa encaja con la otra. Y luego es muy emocionante ver la cara de la persona “a sorprender”. Normalmente les encanta y se emocionan un montón. “The Apprentice” mola por lo que tiene de dinámica de grupo, reto intelectual/personal, competitividad, pero me revuelve un poco ver lo rastrero que puede ser el género humano… El concurso de State Agent de Anne Maurice también es curioso y de paso aprendes sobre decoración de interiores… y los grupos también se llevan su dosis de comportamiento rastrero a veces.

El “Never mind…” es un programa de humor muy dinámico, con bastante mala leche y guiones muy currados (mucho trabajo de documentación, también). Tiene formato de concurso, con canciones, preguntas sobre actualidad en clave humorística y cosas así. Al principio cuesta seguirlo porque te falta inglés o te faltan los referentes culturales para entenderlo, pero últimamente me estaba gustando mucho. Tiene mucha gracia. Pero se acaba de terminar la temporada.

That´s all folks!! Esto es tó, esto es tó, esto es todo amigos.

La siguiente entrega cierra el “meme” y contiene lo siguiente:

-Cuatro lugares donde he estado de vacaciones.
-Cuatro de mis platos favoritos.
-Cuatro “sitios” que visito a diario.
-Cuatro lugares donde preferiría estar ahora.
-Cuatro personas o personajes que quiero que contesten al cuestionario.

Saludos desde la Luna

Aprovecho ahora que los de los monolitos negros se han despistado (se han ido a conquistar civilizaciones inferiores, creo, o a celebrar el triunfo del Atleti; ellos son así) para mandar un breve saludo desde la Luna, literalmente.

La vena lunática me viene de lejos, pero es que ahora estoy investigando sobre 2001: Una odisea en el espacio, la peli de Kubrick y su relación con el texto de Homero para un trabajo del master y me temo que por más que me he concentrado para seguir siendo yo misma, habitante del sureste de la capital de la Pérfida y de origen español and so on, los abismos de lo interestelar y lo inexplicable me han abducido y estoy un poco “amarcianada” (o alunizada/alucinada).
La peli de Kubrick nunca me habí­a apasionado. Aún a riesgo de que algunos me manden al infierno diré que de hecho era de las que se dormía viéndola hasta que me tocó analizarla para una clase del Máster. Ahora, sin haberme vuelto una fan acérrima, reconozco que tiene un montón de cosas interesantes y que es una mina sobre narración, montaje, referencias, uso de elipses y silencios, interacción de imagen y música. Pero, claro, tiene una gran tendencia a centrifugarte el cerebro y el resto del cuerpo buscando claves ocultas, coincidencias significativas y demás resonancias. En el casi silencio de esta peli (80 minutos de diálogo en una pelicula de 2 horas 20 minutos), cualquier gesto se vuelve hipersignificativo. El eco de una voz en un espacio vacío te sobrecoge.

Os dejo, que se ha empezado a oí­r un chirrido horrible que anuncia que han vuelto los ET estos de sus cañas interestelares, no sea que me manden a la habitación de suelo reflectante esa que tienen y me toque repetir el número de la vejez, y la copa que se rompe mientras que el vino permanece y demás; la escena tiene su gracia en plan metafórico pero en su versión eterno retorno la verdad es que cansa.

No intentes hacer esto o El teclado postizo

Escribo desde una prótesis made in China. El original puede que también fuera made in China, pero al menos era el teclado original de mi portátil. Lo gracioso es que el nuevo “keybord” hace duelo por el antiguo, no dispone de eñe visible pero detecta una eñe donde el antiguo la tenía y envía el impulso a la pantalla. Es como si el miembro amputado continuara con una vida fantasma.
Y os preguntaréis ¿a qué viene la prótesis? Es un poco embarazoso, incluso para la prima de Mister Bean, ya que en asuntos como no poner líquidos cerca del ordenador Elsinora suele ser bastante prudente. Por algún motivo el sábado pasado no lo fui: puse un vaso de Cocacola light cerca del teclado y no contenta con ello, obediente al imperativo de la ley de Murphy, le di un codazo. En mi defensa puedo decir que he pasado varios días en cama, con faringitis y que probablemente aún estoy algo atontada. Reaccioné rápido, lo sequé, lo puse bocabajo y demás y el cacharro aparentemente funcionaba bien a pesar de todo (la mayor parte del líquido cayó fuera del portátil, afortunadamente). Se encendía y apagaba con normalidad, todos los iconos aparecían y los programas se abrían bien. Incluso estuve viendo en él el DVD de School of Rock (Escuela de Rock), de Linklater, un director que me gusta bastante (esta peli en concreto es un poco chorras, pero tiene su punto), después del “accidente”. Pero al abrir el ordenador el domingo por la mañana y tratar de actualizar el blog vi que algunas teclas no respondían. O peor, respondían a su manera, como si tuvieran vida propia, una “e” por ejemplo incluía varias admiraciones y una “u” de regalo. Se había vuelto imposible escribir con normalidad, ahora todo tenían que ser exclamaciones, onomatopeyas, exabruptos varios, salvo algunas letras que escaparon al accidente. La cocacola había liberado a las teclas de la tiranía del controlador-censura y ahora se expresaban con libertad, con grititos entrecortados.
No hace falta que diga que me entró un cierto pánico y una obsesión con pasar el secador sobre las teclas. Había leído que era aconsejable para secar en lo posible las conexiones, siempre que no estuviera muy caliente. No sirvió para mucho, a pesar de que por algún motivo yo estaba convencida de que se iba a acabar arreglando. Que las teclas volverían a su ser en cuanto se secaran, cosa que iba a suceder pronto, muy pronto. Y entonces encendía y veía con incredulidad que las teclas seguían sin responder. Y lo apagaba y esperaba un rato. Y abría la ventana para que se ventilara (!!!) y lo volvía a encender convencida de que si no todas al menos algunas teclas se habrían secado ya y todo volvería a funcionar poco a poco. Se ve que he visto demasiadas películas de Disney de pequeña o que sigo con décimas de fiebre por la faringitis.
Como un error conduce a otro habitualmente, y arrastrada por las ganas de B de ayudarme, y por el impulso de hacer algo, asentí a su propuesta de abrir el ordenador para ver si el teclado estaba visiblemente mojado y lo podíamos secar y arreglar. Empezamos a quitar tornillos despacio y con cautela, pero nos detuvimos al descubrir que el teclado va pegado a la zona de los circuitos: ni su locura copernicana ni mi visión lunática misterbeaniana son tan grandes como para internarnos ahí.
En todo caso, todo parecía estar normal en esa parte, salvo que la rejilla del ventilador tenía polvo. Decidimos cerrarlo. Y por supuesto eso supuso entrar en el maravilloso mundo de los tornillos que aparentemente son iguales pero en realidad son de cuatro tipos distintos (B distinguía tres, pero en realidad había cuatro). Parecía que lo estábamos haciendo bien (habíamos ido recopilando tornillos cuidadosamente) pero al final el tornillo último no casaba con el último agujero. Probamos distintas opciones, pero ninguna terminó de funcionar. El agujero sin completar no era uno comprometido, porque justo al lado había otro que estaba bien ajustado, pero aún así quedó claro que habíamos hecho una tontería, yo especialmente como propietaria del objeto “a arreglar”. Además de no arreglar nada, no habíamos sido capaces de restituirlo a su estado anterior. Pese a todo, afortunadamente el portátil seguía funcionando como antes: todo normal salvo la mayor parte de las letras del teclado -no habíamos tocado nada, en realidad-, pero el conjunto estaba menos compacto que antes y supe que tendría que moverlo con cuidado en lo sucesivo. Nada más absurdo que un portátil que no puedes mover. Bueno sí, un portátil que no puedes usar ni mover.
Al final me he comprado el teclado prótesis (6 libras; es USB, se puede instalar sin necesidad de usar tu teclado antiguo para configurarlo o aceptar las opciones; es con cable porque no quiero tener que preocuparme de las pilas), propuesto firmemente no poner líquidos cerca del ordenador y hacer copias de seguridad con mucha frecuencia: no quiero ni pensar qué habría pasado si la Cocacola hubiera afectado al arranque o dañado los archivos.
En fin, si cuento este vergonzoso capítulo y lo hago con tanto detalle no es por un masoquismo exhibicionista sino con un propósito preventivo, como en los anuncios de coches que vuelan sobre otros: no intentes hacer esto. También me lo digo a mí misma: no intentes hacer esto again.