Federer ya no llora

Federer ha recuperado la risa y el color, al contrario que la princesa de boca de fresa del poema, al derrotar a Nadal en Madrid.

Si fuera tendenciosa diría que su victoria se debe al plus de energí­a que le han brindado las partículas en suspensión de la atmósfera de la capital de España (que no son polen, sino coca, según explicábamos aquí), pero como no lo soy (o no tanto 🙂 y además no tuve oportunidad de ver el partido (andaba actualizando el blog, por cierto) simplemente me limitaré a felicitarle desde aquí y a reflexionar sobre lo efímero de las victorias y las derrotas, de las emociones en definitiva.

Sí­ pude ver el partido de Djokovich y Nadal en el Abierto de Madrid. El de Manacor, como muchos sabréis, consiguió remontar y ganar, pero lo cierto es que se le notaba cansado y espeso (el tic de ajustarse el elástico del slip en los saques empeoraba por momentos :-), qué tic más poco elegante, por cierto) y se ve que el largo partido le pasó factura en la final del dí­a siguiente. Quizá los antiinflamatorios que tuvo que tomar durante el encuentro por el dolor de cuádriceps interaccionaron con cierto polvo blanco suspendido en el aire de Madrid, justo encima de la Caja Mágica. Los caretos del serbio puede que también tuvieran que ver con esa magia en suspensión del firmamento del Foro.

Pues nada, eso, que todo es efímero y más nos vale disfrutarlo (o sobrellevarlo) mientras dure.

Animales de piscina V

El tema de la rapidez relativa de los nadadores nos lleva a otra especie frecuente en las piscinas: la de los “yo primero“: quieren tirarse los primeros, salir los primeros, aunque sean más lentos que nadie y es que no hay nada más relativo que la idea del nadador de su propia velocidad.

Hay otra especie, llamada “me he dejado los ojos en casa”. Estos nunca te ven, aunque vayan nadando de frente y tú de espaldas y lleves un bañador fosforescente y siempre te toca detectarlos para evitar una colisión. No hace falta decir que los “yo primero” y los “sin ojos” de tu calle son la principal razón de que no consigas mejorar tu rendimiento, más allá de que anoche durmieras 4 horas, que tengas el dí­a vago o que lleves apenas una semana nadando.

Por mi parte, reconozco que pertenezco a la especie de los “casi no oigo”: con los tapones de goma inscrustados en los oí­dos no entra agua ni apenas sonido. Eso sí­, yo pongo voluntad: me quito las gafas para leer mejor los labios de la profe o de mis compañeros si me preguntan cuando estamos agarrados al bordillo.

Como os contaba ayer, en mi lista de parches de adaptación cultural adquiridos en La Pérfida faltaba el de “consejitis aguditis española” y el destinado a tratar con idiosincrasias como la de la Srta Apoca Por Cierto, inasequible al desaliento, porque ignoro cuánta gente coincidirá con ella en considerar estúpido beber agua después de hacer deporte pero seguro que la proporción de quienes lo verbalizan es muy baja.

De manera que Apoca no me deja hacer estiramientos después de nadar ni tampoco beber agua, pero a cambio sí­ me deja echarme crema hidratante en la cara. Bueno, más que dejarme casi me la echa ella de su bote de Vichy y también me permite ir vestida con mi viejo chandal de baloncesto de Adidas porque encuentra muy gracioso el muñeco dibujado a la altura del tobillo e incluso un día tuvo el gesto heroico de evitarme un coscorrón cuando calculé mal la distancia al bordillo nadando de espalda con aletas. Así­ que parece que su apocalipsis de momento no me está arrastrando.

Pero eso sí­, me ha hecho participar de sus peregrinas ideas sobre las dietas de adelgazamiento (su dieta le permite comer churros), sobre que la culpa del machismo es de las mujeres, de cómo se las apañaba para comer durante todo un verano de gorra cuando era joven y no tenía dinero, del dueño del bazar chino de su barrio que según ella primero le rompió los brazos a su mujer y luego la mató y ahora vive con otra china nueva enviada por la mafia pero que aún así­ sigue teniendo a un montón de mujeres como clientas -ella no, por supuesto- a pesar de saber lo ocurrido, de una escena de acoso laboral que tuvo oportunidad de ver el otro día cuando fue a comprarse “una tanga” por un euro a una corsetería y una sinfín de cosas más sobre si las amas de casa de antes eran reinas en su casa mientras que las mujeres de mi generación somos chachas y otras lindezas.

Escuchando cómo este ejemplar de Apocalí­pticus Piscinílibus (que desgraciadamente no está en peligro de extinción) se enrocaba en sus crí­ticas, me vino a la memoria esa canción de Dani Martín (de El canto del loco; aquí entrada de la Wikipedia sobre el grupo y aquí su página oficial ) que dice aquello de “sabes que eres un poquito insoportableee“. Porque, claro, un@ es o está insoportable, pero no un poquito, sino insoportable a secas, de ahí la gracia de la expresión. (En la letra de la canción “Insoportable”, del álbum “Estados de ánimo”, el “un poquito insoportable” de la primera voz se utiliza para establecer un contraste con el “tan insoportable” de la segunda voz; por cierto, me ha sido imposible encontrar una web con la letra de la canción correctamente reproducida: aparentemente ningún fan de este grupo ha visto escrita en toda su vida la expresión “en balde” y como no deben disponer de diccionarios, alguna secreta fuerza interior les mueve a escribirlo con v…; si alguien quiere la letra, me la puede pedir).

En fin, los apocalí­pticos parecen más proclives a sudar cuando comentan la jugada que durante el juego en sí. Recuerdan al chiste de la isla desierta y Claudia Schiffer. Qué gente. ¡Donde esté un@ “casi no oigo” con grandes dotes de observación y un cuaderno lleno de notas sobre estos especímenes de piscina…!

Apocalí­pticos, “yo primero”, “sin ojos”, “casi no oigo”… ¿Has reconocido a alguno de estos especí­menes en tu entorno deportivo o laboral? ¿Conoces algún otro ejemplar curioso que no haya mencionado? Más aún, ¿te reconoces en alguno de ellos? 🙂 Estoy deseando conocer tu punto de vista.

© 2015-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artí­culo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Serie completa de “Animales de piscina”:
Animales I
Animales II
Animales III
Animales IV
Animales V

Animales de piscina IV

(Capí­tulos anteriores: animales I, II y III)
Desde aquella bonita revelación no solicitada sobre la maldad intrínseca de todos los monitores de mi polideportivo y de la indiscutible naturaleza somní­fera de Pilates, Apoca decidió amenizar mis momentos “vestirme y peinarme” (en la ducha, el ruidoso fluir del agua diluí­a sus oportunidades de pegar la hebra) con perlas sobre lo divino y lo humano, cuanto más erróneas mejor.

Diréis que no es cosa demasiado preocupante, porque a alguien así­ se le puede mantener más o menos a raya evitando cuidadosamente darle pie, pero es que Doña Apoca Por Cierto se estimulaba con poco. Y no echéis a volar vuestra imaginación: el hecho de que fuera un vestuario y hubiera mucha gente desnuda no es lo que le poní­a a esta mujer.

Mi experiencia en la Pérfida, haber coincidido con gente muy distinta e imprevisible, me ha vuelto bastante prudente, pero se ve que no lo bastante. Mis conocimientos sobre choque cultural no eran de mucha utilidad aquí­. Así­ que de poco me serví­a haber aprendido a escuchar sin alterarme los tópicos sobre España habituales (juerga, cenar tarde, familias con niños por la calle de madrugada, toros etc), respetar el extenso espacio vital de los británicos y derrochar thank yous y pleases por doquier, mirar a la izquierda antes de cruzar, ser polí­ticamente correcta, no mirar demasiado a los ojos, hacer la conversión libra-euro en un tiempo razonable y sinfí­n de cosas más.

Saber todo esto sirve de poco si uno ignora que beber agua después de nadar demuestra que uno es raro, y sobre todo si uno olvida que en España la densidad de metomentodos por metro cuadrado es muy elevada.

La cuestión es que uno de los primeros dí­as, en el vestuario, tras nadar, decidí estirar un poco los brazos. Craso error. A Apoca no le parece una acción justificada ni conveniente y por supuesto tiene la necesidad de hacérmelo saber. Pensé que le parecí­a mal que no lo hiciera nada más salir del agua y me molesté en explicarle que mojada sentí­a frí­o y que sólo me apetecía ducharme y vestirme y estirar cuando estuviera seca. De ahí­ la conversación derivó hacia que yo nadaba porque tenía problemas de espalda y a partir de ahí entramos directamente en una espiral delirante en la que este ser echaba por tierra todas las teorías de ergonomía y anatomí­a posibles y defendía con uñas y dientes las bondades de las sillas de cocina para oficios sedentarios y otras excentricidades.

Fue fácil pasar de ahí a hablar de masajes y en breve me vi con una tarjeta en la mano de un osteópata más caro que el mío y con el que estoy contenta-, en una aplicación del famoso refrán más vale malo por conocer que bueno conocido, mientras este ser extraño me explicaba que su masajista era bueno pero se lo tenía muy creí­do: todo eran ventajas, pensé: caro, desconocido y engreído. Para demostrarme lo perspicaz que es ella, me dijo que siempre iba a primera hora para pillar a los masajistas frescos, porque alguna vez que ha ido tarde los ha encontrado tan cansados (lo suyo es complicado: le metieron un tajo en el hombro) que se han dedicado a masajearla con el codo.

Aquí­ pude demostrarme a mí­ misma mi grado de flema británica adquirida porque no esbocé ni una mínima sonrisa por más que en mi mente se representaran varias disciplinas orientales y occidentales que usan los codos como instrumento de manipulación habitual. La cuestión era clara: ella era especial y necesitaba algo especial. Mis razonamientos no iban a valer para nada, por más que fueran ciertos, así­ que dejé que esta mujer viviera en su mundo de fantasía.

La otra cosa que no me deja hacer Apoca después de nadar es beber agua. Que uno después de pasarse cuarenta y cinco minutos rodeado de agua necesite beber más agua es algo que no concibe, así­ que cuando aduzco que nadando se suda ella lo niega. Aquí casi se me escapa una carcajada porque hay que estar ciega o ser provocadora para decirle algo así­ a alguien que sale siempre del agua con más coloretes que Heidi. Pues ahí estaba Apoca tan pancha jurando y perjurando ante una Elsinora visiblemente acalorada que nadando no se suda. Añadió que un acupuntor le habí­a dicho que eso de que habí­a que beber no se cuánta agua era mentira, que menuda maní­a.

Escuché todo esto en sordina mientras vaciaba en mi garganta una botella de medio litro de agua que me supo a gloria. Es posible que Apoca no sude, porque nada a dos por hora, cosa que me parece fantástica, dado que a diferencia de otros compañeros, no se empeña en salir antes que tú que eres más rápido.

Esto nos lleva a otra especie frecuente en las piscinas: el “yo primero”…

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© 2015-2005; Elsinora Bonasera.
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Little Dream Team: el oro no pudo ser

A estas horas ya sabréis que no ha podido ser. Se acabó el idilio. Le devolvemos al ex-candidato de ensueño el rosario de su madre y nos quedamos con la plata, que nos queda muy bien a los morenos.

He visto el partido otra vez gracias al pay per view en modalidad streaming y ya le he cogido el punto al locutor y a eso de ver todo un poco desvaído y retardado (esta vez me he ahorrado El carrusel deportivo, de lo que me alegro porque habría sido sufrimiento extra, supongo). Desconozco el nombre del locutor norteamericano, pero en general me parece un buen profesional, entre otras cosas porque se deshací­a en elogios hacia el Eurobasket, y eso me parece muy loable viniendo de alguien acostumbrado a la NBA.

Me ha entristecido bastante la derrota, aunque creo que los rusos han jugado mucho mejor. No se puede tirar tan mal de dos y jugar con tanta precipitación. Cogemos rebotes, pero parece que no supiéramos defender ni tirar de personal. En fin, hemos estado a punto de ganar, pero ya lo haremos en otra oportunidad. El Eurobasket tiene equipos estupendos y una plata tiene su valor, por más que tengamos ya cinco.
La nota frí­vola, para que no se diga, es la siguiente. El seleccionador ruso y uno de sus jugadores habían debido conseguir un dos por uno en el cirujano estético o al menos haber elegido el mismo modelo de nariz, porque el parecido era llamativo.

Felicidad vicaria

Vivo en una felicidad por figura interpuesta. En eso, como en tantas cosas, soy poco original, ya que es una costumbre extendida. Me explico. Las novedades sobre el caso Mc Claren/Mercedes y los buenos resultados de España en el Eurobasket me han puesto en la parte ascendente de una curva de felicidad prestada. Precaria, pero intensa.

Os va a parecer irónico, pero en Inglaterra ignoran completamente el baloncesto y sus ceremonias, con lo cual no tienen ni idea de qué es eso de los campeonatos europeos. La partí­cula “euro” ya es suficiente para echarles para atrás, sea como prefijo o como moneda.

Coche de carreras
Ahí va ese bólido; OpenClipart-Vectors – Pixabay

Así­ que, aunque estoy entusiasmada ante la idea de que España haya llegado a la final, y que además sea bajo la batuta de un entrenador al que he conocido en persona, no encuentro ningún eco a mi alrededor. Lo que no se publica no existe y aquí ni la BBC, ni los periódicos hablan del tema.

Pero, a lo que íbamos, la FIA (Federación Internacional de Automovilismo) ha decidido que está probado que Mc Claren se benefició de datos filtrados desde Ferrari, pero que el papel de los pilotos no justificaría penalizarles. Esto es un poco peliagudo, porque se han publicado extractos de emails de Alonso en los que habla de utilizar información “privilegiada” de Ferrari sobre reparto de pesos y otros aspectos técnicos. Pero en fin, ellos eran unos mandados en esta historia.

Lo que me llama la atención es cómo, por más analí­tico y ponderado que quiera ser un@, al final lo que pueden son las tripas: el domingo pasado, viendo la carrera desde Monza (bastante pestiño para alguien que como yo no entiende de automovilismo, vueltas y más vueltas y ese ruido ensordecedor) mi atención estaba completamente centrada en Fernando Alonso y de hecho me pasé toda la carrera tensa, como si corriera yo (como se entere la doctora china me va a prohibir ver deportes en la tele).

Alonso ganó, afortunadamente (ya que sufro, al menos sacarle algún tipo de partido a la cosa), pero las caras eran muy largas a su alrededor, por la rivalidad con Hamilton y el escándalo del espionaje. Ahora está a dos puntos del primer clasificado, Hamilton, y sus posibilidades de éxito son altas. Así­ que el domingo veré la carrera que disputarán en Bélgica y hoy sábado espero ver el partido de España de básket desde algún pub. En la tele es imposible verlo, salvo que tengas cable.

En fin, bienvenidas sean estas pequeñas felicidades que me sacan del carapantallismo, que no va mal, pero tampoco avanza demasiado.

Información reciente sobre el culebrón Mc Claren aquí­.