¿Qué me pasa, doctor?

-Mire, doctor, los últimos dí­as me ha dado por comer a las doce y cenar a las seis. Muchas palabras las escribo como suenan porque nunca las he visto escritas. Abuso un poco del té (o de las infusiones en general) y tiendo a ceder el paso a la gente, y a pedirlo todo por favor y a dar mucho las gracias. En cuanto hace más de quince grados me felicito por el buen tiempo y corro hacia el césped o el banco más cercano para tomar el sol. ¿Usted cree que es grave?

-Bueno, al parecer tiene usted el sí­ndrome inglesitis aguditis.

-Ya me parecí­a a mí­, pero ¿por qué justo ahora que me voy a ir dentro de un mes? ¿No es un poco absurdo inglesizarse agudamente antes de desinglesizarse?

-Señorita (¿o deberí­a decir Miss?), su caso es bastante frecuente. La adaptación tiene que ver con el tiempo transcurrido en un sitio, no con el que le queda a uno por estar. Si el inconsciente fuera tan listo como para adaptarse a esas cosas la mayor parte de los psicólogos se quedarí­an sin trabajo.

-Ah, claro. Ya entiendo (sin entender nada). ¿Hay algo que pueda hacer?

-Cómprese unas patatas (crudas, ¿las crisp no valen!) y unos huevos. Pélelas y trocéelas, para después freírlas. A continuación, bata los huevos, añada las patatas fritas, revuelva y a la sartén. Eso sí­, empiece a cocinar sobre la una, así­ se asegura de que el plato no vaya a estar listo antes de las dos.

-La cosa es que tengo bastante trabajo estos dí­as, a causa de otro mal que me aqueja llamado carapantallismo del que ya le hablaré otro dí­a y no puedo perder digo dedicarle demasiado tiempo a la cocina.

-¿Ha dicho usted “perder”? La cosa es más grave de lo que pensaba. Me va a leer diez artí­culos de prensa rosa sobre la Pantoja, su hijo, la novia de su hijo, tres sobre la selección española de baloncesto y las muchas razones por las que esta vez no van a jugar tan bien como en Japón, me sermonea un rato sobre lo saludable que es el jamón ibérico, me sataniza usted un poco a Lewis Hamilton, pone a caer de un burro a los Mc Cann y los ingleses que veranean en la Pení­nsula Ibérica en general y repita conmigo, “como en España, en ninguna parte”.

-Ha sido usted muy amable, pero en fin, me parece un tratamiento un poco demasiado violento. Mire que mis defensas no andan muy altas. Lo dijo mi doctora china. Así­ de golpe, semejante inversión en lo hispano puede dejarme anonadada, ¿no le parece?

-Sin excusas (en voz baja: hay que ver estos ingleses, ¡qué flojos!). Hace usted lo que le he dicho y venga a verme la semana que viene.

-Por supuesto. Muchas gracias. Tenga usted un buen dí­a. (La paciente abandona la consulta. Ninguna frase de su despedida iba más allá de la cortesí­a).

10 respuestas a «¿Qué me pasa, doctor?»

  1. Una auténtica lástima que ahora, que empiezas a cambiar a Joyce por Jardiel, vayas… y te vengas.

  2. Pues sí, una lástima. Y seguramente el siguiente paso serí­a Lina Morgan y su “agradecida y emocionada, solamente puedo decir…”. Quita, casi mejor lo cortamos antes de que me quiten el Master por exceso de casticismo :-))

  3. ¡Ni se te ocurra dejarlo! Yo ya estoy esperando impaciente la próxima entrega, que leer con la sonrisa puesta es un lujo difícil de encontrar. Y Lina Morgan… no sé yo. Pero Jardiel es un dios (algún día alguien se dará cuenta y se vendrá de las gélidas albiones a hacer un master sobre él, ya verás). Eso. Que ni se te ocurra detener esta vena.

  4. Jejejeje. Si es que además eres de piel blanca… Te han abducido, me temo. Y me temo que no será la última vez que estés por la Pérfida… En fin, te seguiremos queriendo. Pero ni de coña te vamos a hablar en inglés, I’m sorry 😉

  5. Oye, lo de las patatas encárgaselas a Javincho que es un experto y un beso y además un abrazo patí­ que lo que yo creo que necesitas son achuchones de los nuestros.Vente paspaña!

  6. Teresa: ya veremos lo que depara el mañana en cuanto al humor(haré lo posible por mantenerlo en buena forma, eso sí­).

    Metrolando: No hay que preocuparse, es reversible.

    Caqués: cierto, una tortilla con esas patatas sería de lujo. Y respecto a los achuchones, seguro que me vení­an estupendos, pero de momento lo que toca es currar lo mejor posible en la Pérfida y luego dos semanas de vacaciones por aquí sacándole el jugo a la ciudad… Seguro que en esa fase la cosa cambia. Y por otra parte la semana que viene me vienen a visitar mi hermano menor y una amiga, así que algunos achuchones imagino que caerán :-))

  7. Alex, la cosa es bastante más compleja que todo eso. Londres te da un montón de oportunidades por un lado, a nivel profesional, cultural, de experiencias, porque es una ciudad con mucha vida, mucha actividad, multicultural y demás. Pero por otra parte es un ciudad frí­a, frenética, en la que la gente está estresada y bastante centrada en sí­ misma. Los precios de las cosas y las distancias acaban siendo un obstáculo, también.
    No ver el sol más que un par de semanas al año termina afectándote, y acabarte creando tu grupo de amigos “locales” supone un trabajo como otro cualquiera. Un contraargumento para esto es que en España les ocurre lo mismo a los que vienen de fuera. Y es cierto: no es lo mismo llevar toda la vida en un sitio que empezar de cero (nota mental: ser más abiertos con los de fuera).
    En fin, cada lugar tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y en realidad uno siempre decide en función de variables muy personales: calidad de vida (si te gusta tu casa, cómo comes, con quién estás, la comodidad de tu trabajo o de tu vida), posibilidades profesionales y vida social y de la jerarquí­a que establezcas entre estos factores.
    Por ejemplo hay gente para quien lo fundamental es el sueldo, o la gente que le rodea, o lo interesante que sea el trabajo que pueda encontrar. (A nivel laboral Londres está bien porque habitualmente se basan en tu capacidad real, no en tus tí­tulos o en tu edad; pero por otra parte es muy di­fícil encontrar un primer trabajo medianamente cualificado si eres extranjero; yo de hecho busqué trabajos varios y no conseguí nada sólido).
    Eso sí­, aunque Londres no me parezca un sitio ideal, mi experiencia en la capital de la Pérfida está siendo estupenda.

  8. Yo si fuera tu nunca me iria. Prefiero el “Lo siento” continuo a los empujones constantes xD

    Saludoss!

  9. Yo confieso.
    Llegué a escribir a la empresa Yeo Valley con la esperanza de que me dijeran dónde distribuían sus exquisitos yogures en la Cálida Ibérica.
    Tuvieron la amabilidad de contestarme que eran exclusivos de la Pérfida y la vecina Eire.
    A quien se le cuente que llegué a añorar algún alimento de la Pérfida con lo mal que se come…
    Será por el síndrome de la vuelta. Cuesta un poco ubicarse. ¡Con decirte que yo llegué a llamar al técnico del gas! No era capaz de conseguir encender el calentador. Esta vez fue el tipo quien se quedó ojiplático, le bastó con girar la llave del contador.
    Verídico. Eso sí­, en unos dí­as se te pasa y empiezas a tomarte las cañas que te da la gana acompañadas de jamoncito y todo lo demás y sin que se ponga a llover a mares.
    Además, siempre piensas que la Pérfida y el resto del mundo mundial seguirán allí para cuando quieras volver.

  10. Parianea: más razón que una santa tienes. A ver qué tal mi vuelta. Ya veremos.

Los comentarios están cerrados.