Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Sab
29
Ago '09

Insectos

Tengo un amigo al que le están pasando cosas raras; incluso me atrevería a decir que inquietantes. Será por el calor, supongo. Juzgad por vosotros mismos. Día 1, le encargan un proyecto, bastante urgente, le pasan el material, le cuentan la metodología por encima y le dicen que el material que falta (incluido el calendario de entrega) se lo darán en cuanto lo puedan cerrar con fechas reales. De momento, lo que está claro es que debe hacer la primera entrega el día 5. Mientras le dice esto, la persona que se lo dice cae en la cuenta de que el día 5 lo tiene libre, así que tendrá que entregar antes, el 4, aunque la versión no sea definitiva.

Así lo hace mi amigo: entrega el día 4 una versión incompleta que permita al menos a su jefe ver qué cosas encajan y cuáles hay que cambiar para ir perfilando una metodología que sirva para sucesivas entregas (habrá unas 5, más las rondas de revisiones). No hay respuesta hasta 3 días después, y la respuesta es: lo he recibido, cuando lo miré te diré. 3 días esperando para que te digan “ya le informaremos”.

Y esto ha sido hace 3 días, me cuenta mi amigo con una cara extraña, de rasgos pequeños y reconcentrados como de insecto, con las cejas y las pestañas más negras de lo normal y con los ojos algo febriles de un escarabajo (o una cucaracha, quizá; dentro de tres días quizá nos lo confirmen o quizá acusen recibo de nuestra pregunta) y añade que lo que más teme es que a partir de ahora los plazos de contestación no sean de 3 días sino de 9, que no puede dormir pensando en que las no contestaciones con textos vacíos tipo “Estas cosas se toman su tiempo. Entiéndalo. Ya le informaremos” adoptan una progresión geométrica diabólica y en fin, es claro que ciertos insectos afloran con el calor, basta caminar de noche por las calles de las ciudades para observar en ciertos puntos a esos seres oscuros arrastrándose por el suelo, ejércitos de ellos, y es evidente que este amigo mío es un simple freelance en medio de un ejército de trabajadores freelance y de gente en paro en medio de este mes de agosto agobiante y que los textos incomprensibles siempre fueron del agrado de Joseph Kafka, pero es que además este amigo jura y perjura que el otro día recibió un correo de un remitente desconocido cuyo Asunto era “Cursos de metamorfosis” y que por tanto -concluye lleno de pavor- es evidente que nada obedece a la casualidad y que algún ser, divino, humano o responsable de marketing la ha tomado con él y que está acabado.

Yo me digo a mí misma que será el calor, mezclado con la depresión post-vacacional y que en cierta forma, mi amigo se lo ha buscado por ir de freelance por la vida. Si fuera un funcionario como el resto de nosotros sería él quien mandase los correos insípidos cada tres días y no tendría queja alguna, salvo quizá contra algún insecto molesto, empeñado en obtener su atención más a menudo de lo que le corresponde.

Vie
28
Ago '09

La frontera entre lo sublime y lo ridículo

Veo en El País la noticia de una modelo que fue arrestada por posar desnuda en la sala de armas del Met (el muy respetable Museo Metropolitan de Nueva York) para el fotógrafo Zach Hyman y al empezar a leer la noticia pienso que hay algo refrescante en la propuesta.

Al parecer, Hyman ya había fotografiado a modelos desnudos en otros espacios representativos de la Gran Manzana neoryorquina como el Metro o Times Square para su exposición titulada Decent Exposure en la que reflexionaba sobre el desnudo en el espacio público y trataba de reflejar las reacciones de los espectadores. La cosa es que fotógrafo y modelo entraron en el museo acompañados por un cámara de la cadena NBC, de forma que la escena quedó inmortalizada y se puede ver en una entrega del programa Just Enough (en inglés), pero bastante distorsionada por aquello de la prohibición de mostrar desnudos en los medios norteamericanos.


La idea del fotógrafo, que desde un punto de vista metafórico o literario resulta sugerente (la piel desnuda delante de esas armaduras medievales brillantes, protegidas bajo sus vitrinas o junto a los desnudos de las esculturas clásicas), me parece que termina quedando convertida en una provocación tonta, de niño que enseña el culo a las niñas de un colegio de monjas, pero encima hace todo un montaje para no tener problemas y para darle un barniz de experimento sociológico. Basta con ver el vídeo: fotógrafo y modelo entrando en el museo de la mano como si fueran una pareja… y luego en la Sala de Armas del museo el tipo de rodillas sacando fotos y una especie de gota borrosa gigante bajo la que se adivina el cuerpo desnudo de la modelo.

Aunque la noticia se daba en una sección llamada “Just Enough” que vendría ser algo como “¡Demasiado!” (el reportaje del tal Kent Jones está muy bien hecho, por cierto; los elementos y el orden elegidos son los idóneos; habrá que seguirle la pista al The Rachel Maddow Show de la NBC) yo creo que debería llamarse “Hardly Enough” o “Apenas suficiente” o en plan ya un poco más castizo, “La hora del quiero y no puedo”.

Por supuesto, cabe decir que esas limitaciones tienen que ver con la normativa de los medios de comunicación de un país tan puritano como los Estados Unidos, pero eso ya lo sabía Hyman, consciente de la que se montó con el “incidente” del pecho de Janet Jackson en la Superbowl de 2004.

Mie
26
Ago '09

Más pinceladas berlinesas

Sigo con mi empeño de dar cuenta de una sensación compleja (mi impresión de Berlín) mediante unas cuantas pinceladas bien elegidas.

Un buen termómetro de lo que le pasa a uno por la cabeza o por la piel en un viaje es el de los libros que se compra, así que aquí van los títulos que compré o me dieron allí:

-“Les Dessous des Cartes/Atlas Géopolitique”: Jean-Christophe Victor, Virginia Raisson y Frank Tétart. Editions Tallandier/Arte Éditions, 2006, París. 252 pag. 96 pag.18 euros.

-“J´ai vécu le mur de Berlin 1961-1989”; Philippe Demenet (colección Les Dossiers Okapi). 12,25 euros. Bayard Editions, 2007, París (impreso en España, curiosamente).

-”El muro de Berlín”. Jaron Verlag. Berlín. Traducción de Santos – Erazo. 3,95 euros.

-“Datos: El Bundestag de un vistazo” y “Perspectivas/ Panorama de Berlín desde la cúpula”, ambos folletos editados por el propio Bundestag. Textos de Marianne Wollenweber y traducción del Servicio de Idiomas del Bundestag Alemán en colaboración con Roberto Revuelta Nohl. Berlín 2006. “Datos…” consta de 52 páginas y ambos son gratuitos. Se pueden solicitar a través de esta web.

Como refleja mi lista de libros (más algunos en inglés cuyos datos anoté con idea de encargarlos por Amazon, llegado el caso) en Berlín tuve la sensación de que se me escapaban muchas cosas de su historia y del contexto político. La política es un ámbito que me da bastante pereza, pero a veces uno se encuentra en una tesitura en la que o sabe de qué va la historia o no se entera de nada. Con Berlín pasa eso.

Los títulos en francés fueron un hallazgo de la librería de las Galerías Lafayette, bastante bien surtida (el edificio de las Galeries es una pasada, por cierto). Las librerías berlinesas en general estaban bien, pero como no hablo alemán, tenía que conformarme con los títulos en inglés, que los había pero tampoco eran demasiado amplios, o bien con los libros de arte llenos de ilustraciones… Por otra parte, quise aprovechar la oportunidad para forzarme a ponerme las pilas con el francés, que tengo muy abandonado.

Como contrapunto a este post tan cultureta viene genial la descripción de la cara de mis compañeros de trabajo, mucho más prosaicos que yo, cuando el día de la reincorporación (ayer mismo), después de comentar en qué playa habían estado ellos y el mucho calor que habían pasado, y al ver que yo no soltaba prenda, me preguntaron directamente “¿dónde has estado tú?”, con mucha inquietud, como si este dato les resultara imprescindible para su paz mental. “En Berlín” contesté alegremente, sin saber el silencio que se iba a hacer después de ese comentario. Se quedaron completamente mudos, como si hubiera nombrado una realidad equidistante entre lo cotidiano y lo marciano y que por tanto no se pudiera considerar ni exótico (“tiene que ser un sitio muy curioso”) ni tampoco familiar/agradable/práctico (“lo bien que se come en los pueblos”, “lo bonitos que son algunos rincones de España”; “no conocemos nuestro propio país, con lo cerca que lo tenemos”).

Me ha pasado también con más gente: al principio no entienden qué interés puede tener un lugar como Berlín, luego les hablas de museos y lo aceptan a medias, y luego les hablas de historia y ya directamente te ponen la etiqueta de cultureta intelectualoide, como si la historia de la Segunda Guerra Mundial y de Guerra Fría no siguiera configurando el presente de nuestro entorno europeo u occidental.

Y en seguida sacan la comparación con otras capitales europeas, más monumentales y más bonitas, como si visitar Berlín fuera un pecado existiendo ciudades como París o Roma, en las que tú has estado varias veces, pero en las que con mucha probabilidad esos que cantan sus excelencias ¡no han estado! (pero tienen tantas, tantas ganas de ir que acaban yendo a la playa todos los veranos) o estuvieron hace muchos años. Qué fácil es hablar de oídas y qué poco abunda la gente simplemente curiosa y simplemente receptiva. ¿O acaso que te interese observar y aprender te convierte automáticamente en un bicho raro, tipo rata de biblioteca?

En fin, Pilarín, me vine de Berlín pensando en lo desconocida que nos es Alemania a los españoles en general (¿cuántos autores contemporáneos conoces? ¿cuántas ciudades puedes nombrar? ¿conoces sus instituciones políticas?; es evidente que el referente cultural de los europeos es el anglosajón, por más que Alemania sea el motor económico de la UE y por más que tenga muchas cosas admirables) y las reacciones que voy cosechando me confirman esta idea. Aunque por otro lado la mayor parte de mis amigos consideran Berlín un lugar muy interesante y un destino muy apetecible (sobre todo en verano), pero claro, ellos también son culturetas intelectualoides :-) . Y en fin, si hubiera salido la opción semana de chi kung en la Vera extremeña, las caras de perplejidad hubieran sido aún más rotundas, aunque yo ya estaba preparada para explicar que a mí esas cosas me relajan mucho, que la zona es una preciosidad y que viene bien desconectar… qué sería de la comunicación entre humanos sin los socorridos tópicos…

Lun
24
Ago '09

Vacancia abierta

A continuación reproduzco un mail que he recibido y que intuyo que incluye una oferta de trabajo… No corrijo los errores ortográficos para mayor fidelidad al original. Intercalo mis comentarios entre paréntesis y en cursiva.

Soy manager de seleccion de cuadros de una compania internacional grande (¿qué selecciona, lienzos?; ¿para qué?). Nuestra compania se desarolla en diferentes sentidos, (en algunos sentidos se desarrolla y en otros mengua; o bien, se desarrolla a lo ancho, pero no a lo alto, como nos ocurre a casi todos a partir de cierta edad…) incluyendo:

- Inmuebles
- Creacion y liquidacion de las companias ( tambien en el extranjero)
- Apertura y acompanamiento de las cuentas bancarias
- Logistica
- Servicios de negocio privado.

bla bla bla

En estos momentos estamos formando un equipo de los manageres en Espana.
El salario es de 2,400 euros mas primas.
Ocupacion parcial
Horario de trabajo flexible

Esto hay que reconocer que no está mal.

* Seria deseable se indicara el telefono, porque en este caso nuestro manager podria comunicarse con Ud. por telefono para efectuar una entrevista.

++++++++
Hombre, yo casi que no les indico el teléfono, porque si me llama alguien y me empieza a hablar de repente de vacancias abiertas y gente que se dedica a la selección de cuadros me puedo quedar bastante perpleja. De hecho seguro que habla como los robots telefónicos: cada número tiene una inflexión distinta y cada palabra también. (Léase con voz de grabación: Vacancia abierta (que suena como a que tienes un ataque de vagancia en plena supuración). Soy manager de selección de cuadros… (¡¿ein?!). Si le interesa conocer en qué sentidos se desarrolla nuestra empresa pulse 1 (no estoy yo para pensamientos tan filosóficos sobre empresas que no conozco; qué es desarrollarse; ¿importa más la calidad que la cantidad?) si quiere formar parte de un equipo de los manageres en España con un salario de 2400 euros más primas, en ocupación parcial (qué significa eso ¿trabajar sólo con la mano derecha? ¿o que mientras trabajas tienes la mitad de tu mente puesta en otra cosa, como casi todo el mundo?) y horario de trabajo flexible (espero que eso no incluya trabajar los fines de semana) marque el 3.

Dom
23
Ago '09

Geografías y ciclos

Estoy en la cama, bajo una sábana, muerta de calor. Suena un timbre con insistencia. Son las 10 de la mañana de un sábado de agosto. Una voz masculina pregunta en español y con voz alta “¿quién es?” No hay respuesta, al parecer. ¿Quién demonios puede llamar a estas horas? Sé que estoy en Madrid porque lo que veo desde la cama, medio dormida, es mi cuarto de Madrid y porque el que se pelea con el telefonillo es mi hermano, pero hay algo en este despertar intempestivo por un timbrazo que me recuerda a Londres. Mi hermano recorre la casa tratando de saber si falta alguien de la familia y si por tanto el que llama es alguien que no ha podido entrar por algún problema con la puerta del portal o porque se ha dejado la llave o simplemente algún gracioso con ganas de molestar. El telefonillo vuelve a sonar, él vuelve a preguntar quién es, de nuevo sin resultado. Me visto y salgo al pasillo. Mi hermano me cuenta que estamos todos salvo mi madre, así que bajo rápidamente, mientras oigo el ruido del telefonillo sonando con histerismo y me esfuerzo por no seguir mis instintos y gritarle que se tranquilice y que a ver si la próxima vez tiene más cuidado y tal y tal.

Mi madre no es mi madre, sino un tipo de treinta años, bajito y delgado y de cara colorada que lleva un carrito que no es amarillo. Le abro y me fijo en el nombre que figura escrito en el paquete que lleva en la mano. Ahí pone claramente Elsinora Bonasera y mis señas, así que le digo que soy Elsinora Bonasera y que si le hace falta mi DNI podemos subir (pensando que si ha montado un número como éste será porque necesita confirmación de llegada). Dice que no, anota no sé qué cosa en su dispositivo electrónico y me entrega un sobre. La caligrafía me hace pensar en alguien a la intemperie, no sé por qué, quizá porque tiene un cierto temblor y me recuerda un poco a la de mi antigua casera de Londres, y no es sólo porque la última palabra de la dirección sea “Spain”. Pero en realidad el paquete lo ha enviado Yoko, mi ex alumna japonesa, y contiene un oso graduado: un bonito peluche vestido de graduado inglés, con su capita y su gorro y debajo su chaleco con el nombre de mi facultad bordado. Se me antojó el año pasado, cuando fui a Londres para mi graduación, al verlo en la tienda del college, pero resultó que se había agotado. Como estaba tomando algo con Yoko en la cafetería de la facultad ella se ofreció a comprarlo cuando lo recibieran de nuevo y mandármelo. Y bueno, se ve que han tardado justo un año en reponer, con vistas a la graduación de este año. La letra a la intemperie es simplemente la impresión que transmite la caligrafía de muchos asiáticos cuya escritura normal no es alfabética y creo que visualmente se parece a la de S. mi antigua casera porque las dos cogen el boli de una forma bastante parecida, con una torpeza muy característica, como si en realidad fueran zurdas y alguien se hubiera empeñado en que escribieran con la derecha… y claro, la letra resultante deja traslucir cierta vacilación, la sensación de estar escrita a tirones.

Así que me quedo pensando en lo diferente que está siendo este final de verano respecto al del año pasado, pero al mismo tiempo pienso en lo mucho que he notado en mi viaje a Berlín haber vivido dos años fuera, en un lugar en el que se habla inglés, y haberme acostumbrado a manejarme en una ciudad y en un sistema de transportes públicos que no conozco, en el sexto sentido que uno desarrolla para encariñarse con algunos rincones en poco tiempo. Dejo el oso sobre la mesa, con el sobrecito blanco que venía dentro aún sin abrir, y me meto en la cama un rato más.

Al taparme con la sábana (un gesto que resulta poco práctico con este calor, pero que me resisto a no hacer) flotando entre mi piel y la suave sábana de algodón quedan suspendidas una capa de experiencias de dos años, un montón de amigos y palabras y clases básicamente en inglés, pero también algunas en alemán e incluso algunas en chino en medio de un grupo de ingleses particularmente cordiales, en medio del calor y las colas para entrar a los estadios de Pekín.

Mie
19
Ago '09

Aguas defectuosas, bikinis rebeldes y caos

Una piscina pública de verano en una ciudad del interior es la máxima entropía. Una playa muy concurrida también lo es aunque en menor grado, porque al fin y al cabo la parte que tiene de naturaleza impone un cierto orden (natural): es natural que haya arena, es natural que haya olas, es natural que haya peces… y esta naturalidad (contaminada, si se quiere, asfixiada por la urbanización salvaje en las zonas costeras incluso) compensa en cierta manera por todo lo demás, mientras que en una piscina pública en pleno agosto y en pleno Madrid todo es accidental o artificial o entrópico.

Estas cosas pensaba yo mientras trataba de encontrar un hueco para mi toalla y mi mochila bajo un sol de justicia en la piscina de El Canal un día cualquiera de la semana pasada. Me habían dado el número 13 a cambio de mi percha con ropa, pero como no soy supersticiosa no lo tomé como un presagio de nada. Extendí la toalla sobre el suelo, la crema sobre la piel y mi cuerpo sobre la toalla (la teoría lingüística comparativa dice que en español las partes del cuerpo o el cuerpo en sí no precisan de adjetivo posesivo, me habrá poseído el espíritu del espanglish). En seguida el bikini se puso a tono con la entropía del lugar y decidió descolocarse cada pocos segundos y hacer surgir de la nada unos michelines que yo nunca había tenido y que por supuesto no se correspondían con cierta fijación con los gusanitos y los helados. Por más que estirara y recolocara aquella cosa no había manera de disimular esas extrañas incorporaciones, así que aplicando mis conocimientos anatómicos sobre medicina china, meridianos y demás, decidí que lo mejor era permanecer tumbada. Vuelta y vuelta, mano a mano con el bikini y surge en escena el humo de la tipa de al lado. Huyendo del humo me tiro al agua sin gafas y sin gorro y sin tapones sintiéndome rara o poco preparada porque durante nueve meses al año no entro a la piscina sin ninguno de esos elementos. El agua no escuece demasiado los ojos pero al pelo le va la entropía y me ciega. La parte de arriba del bikini no combina bien con un estilo de natación vigoroso, por más que sea un bikini Speedo (de los que la FINA nunca prohibirá), o quizá es que me lo he atado mal y tengo que reprimirme las ganas de recolocarlo cada tres segundos porque así no hay quién nade y menos en medio de los adolescentes chillones, los niños tirándose a bomba y las parejitas besuconas que surcan el agua. Menudo estrés, así no hay quien se relaje para flotar bien.

Descubro que han aislado dos calles mediante corcheras supuestamente para nadar. Ilusa de mí, o gobernada por una nube de neuronas entrópicas, intento nadar por una de ellas, hasta que me rindo a la evidencia de que no puede ser no puede ser y además es imposible: la gente ha interpretado que las corcheras son para jugar, saltar sobre ellas, bucear bajo ellas o para hacer vida social.

Abandono la zona de nado y nado un poco por la zona de no nado. Esta agua es defectuosa, algo le pasa, me digo, porque no termino de sentir que floto bien, porque en cuanto doy cuatro brazadas deja de cubrir o aparece alguien o me tropiezo con objetos flotantes no identificados de tacto inquietante.

Salgo de la piscina y me tiendo junto a la tipa fumadora. De nuevo inicio las negociaciones con la rebelde braga del bikini que va por libre y cuando consigo una tregua me relajo. Empieza a hacer demasiado calor, así que es hora de otro chapuzón. Esta vez pienso ir preparada: me hago una coleta y me pongo las gafas. He ajustado mejor la cuerda del bikini, de hecho creo que el nudo me va a perforar una vértebra cervical, pero me digo que no se puede tener todo en la vida. Una vez en el agua, descubro que las gafas no eran tan buena idea: con una visibilidad casi perfecta bajo la intensa luz del sol no puedo evitar ir haciendo inventario de las sustancias flotantes que habitan el agua: la cantidad y la variedad de esta fauna acuática me da vértigo o quizá el vértigo lo produce el chaval que se tira en bomba a escasos centímetros de mi cabeza o la chavala que ha decidido bucear debajo de mí y de las sustancias en suspensión o el anciano que hace largos nadando de espaldas pasando por encima de lo que se le ponga por delante (y por supuesto no flotando en absoluto y haciendo mal el barrido de los brazos).

En cuanto decido dejar de hacerme mala sangre por las cosas que no me permite hacer este extraño entorno piscinil y ponerme a explorar las que sí me deja, como bucear un poco o mejorar la patada de braza, surge una voz por megafonía que nos informa de que son las 8 menos veinte y que esa voz del más allá nos agradecería que nos fuéramos para evitar aglomeraciones y bla, bla, bla. Obedezco al rato porque total, quién querría luchar para defender su derecho a estar un rato más en este charco superpoblado y caótico.

La versión supuestamente inglesa del aviso me hiela la sangre: una especie de pitufa de voz nasal y acento tirando a marciano masculla que please nos vayamos en el established time y otras cosas. El acento es extraño pero lo que más me extraña es que diga “Attention please” en lugar de “Your attention, please” que es como yo creo que debería empezar su anuncio, pero con tanta confusión como la que reina en este lugar ya no estoy segura de nada. Miro el reloj grande de la fachada y veo que en él son las 6 y media. No entiendo nada, porque recuerdo que compré la entrada poco antes de las siete con el temor de que a esas horas no me dejaran entrar, pero en fin, se ve que no tienen problema en venderte una entrada a las siete menos diez y luego echarte del agua a las ocho menos veinte. Y que tampoco tienen problema en tener un reloj con la hora equivocada.

Mi bikini rebelde y yo nos quedamos secándonos al sol hasta las ocho menos cinco y después regresamos a un mundo donde reina un cierto orden, las zonas dedicadas a una función se respetan y los relojes, a veces, marcan la hora real y uno puede desplazarse sin miedo a que le caiga alguien sobre la chepa o a que alguien le aparezca por debajo.

Lun
17
Ago '09

Pinceladas berlinesas

Berlín es una ciudad muy grande, y compleja, en cambio constante y sobre la que se podrían decir muchas cosas, así que por el momento, mientras digiero el viaje (y descargo las pocas fotos que he hecho), sólo reproduciré algunas reflexiones, en plan impresionista.

“Bajaremos del tren cuando haya suelo”, frase pronunciada por la misma Elsinora que viste y calza, volviendo la primera noche al hotel en Savignyplatz, en medio del entramado de S-Bahn (ferrocarril por superficie) y U-Bahn (subterráneo) mientras miraba muy seria por las ventanas de los dos lados del vagón hacia la noche sin farolas, sin conseguir ver nada.

Bicicletas asesinas apareciendo a toda velocidad por la espalda o de frente, dentro y fuera de los carriles correspondientes.

Una misión imposible: conseguir un simple café con leche que no sea de medio litro… El café latte era una especie de copa gigante con leche cremosa, especie de copa Chamburcy con sabor a café con leche… Lo conseguimos sólo en el Marché del aeropuerto.

Avispas hambrientas revoloteando por todas partes, preferiblemente sobre tu cerveza rubia, tu zumo de manzana o tu vino blanco. (La Paulaner, por cierto, me resultó demasiado fuerte; me gustaron muchas otras rubias como la Jever o la Krombacher y me encantó la negra Köstritzer, con su regusto a café).

Al comprobar las raciones de comida tipo Picapiedra (muy grandes) entendemos por qué hay tantas bicis y por qué conducen con tanta energía. La afición cervecera quizá explique la fijación de los ciclistas por llevarse por delante a los turistas a la menor oportunidad.

Grupo de turcos rezando el domingo en el jardín del Präter en dirección a la Meca, separados de sus mujeres, a unos quinientos metros de otra zona donde algunos berlineses tomaban el sol desnudos.

La última noche, entonando melodías cubanas y latinoamericanas que cantaba un grupito en un restaurante llamado La Batea, en medio de un lugar invadido por los insectos, las velas que se caen y los bichos que se caen en las velas y la cera que se cae en los jerseys. A medida que el diluvio se apropiaba del exterior, la ocupación y la algarabía interiores aumentaban hasta que el lugar parecía cualquiera de los de España.

Y para que no os baje la tensión demasiado con el calor, aquí va un pellizquito de sal gorda, en forma de adivinanza o chiste malo. ¿Qué cantaría María del Monte si en lugar de andaluza fuera alemana del mismo Berlín? “A la sombra de los tilos”. Si no te ha hecho gracia el chiste, a lo mejor es que no sabes que Unter der Linden, el infinito bulevar berlinés que parte de la Puerta de Brandenburgo del lado ex comunista significa en español “Bajo los tilos” o que la ciudad (y otras poblaciones como Potsdam) está cubierta en muchas partes por este frondoso árbol. Los tilos también aparecen en títulos de obras literarias alemanas de autores importantes, como en el caso de Christa Wolf. De la Wolf leí hace mucho tiempo y aún conservo en mi biblioteca “Noticias sobre Christa T”, una novela envolvente, poética y que a ratos corre más que el lector. La publicación en 1967 de este texto hizo que el órgano central del partido comunista de Alemania Oriental la reprobara y también contribuyó mucho a que su reputación literaria se afianzara en Occidente, según explica la contraportada del libro, editado por Seix Barral; en definitiva, un libro recomendable y cortito, con sus 158 pags. Debo confesar que su novela “Casandra” (1983) no la entendí apenas y que me acabó desalentando; creo haber leído “Lo que queda” (1989) y/o “Muestra de infancia” (1972), pero quizá sólo leyera fragmentos para la clase de Literatura de la universidad, tiempo ha, porque mis recuerdos son inconexos.

Aunque también es posible que supieras todo esto del famoso bulevar y el chiste sobre tilos/pinos no te hiciera gracia. Qué le vamos a hacer, la sal gorda es lo que tiene, no es apta para todos los metabolismos… :-)

Por cierto, hablando de metabolismo, la currywurst me gustó, pero no tuve oportunidad de probar el famoso kebab berlinés.

Tratando de recordar los nombres de las cervezas he dado con esta página sobre el idioma y la cultura alemanas…

Mie
5
Ago '09

Con B de Berlín

Tenía pensado escribir un post-acertijo de Wallysinora dando pistas para que tuvierais que andar deduciendo mi destino de vacaciones, mencionando pelis, o canciones, o personajes vinculados a ella, pero visto el calor que hace y que aún no he hecho la maleta prefiero reservar las (pocas) neuronas que me quedan de servicio en este momento para rematar los preparativos en lugar de a andar documentándome y a construir un texto curioso con esa información.

Así que así es. Elsinora se marcha una semana a Berlín, a partir de mañana jueves. Si hay que creer en la estadística de los círculos sociales inmediatos cabe afirmar que medio Madrid está allí y que un tercio de España también, pero bueno, como yo respeto mucho los planes “parejiles” (perejiles dice el corrector de Word; ¿qué narices será un plan perejil?), parte de ese medio Madrid que está allí puede contar con conservar su independencia.

Así que sed buenos, disfrutad todo lo que podáis y nos leemos a la vuelta.
P.S. Si alguien tiene una sugerencia berlinesa, favor de transmitirla ahora o callar para siempre :-)

Mar
4
Ago '09

Gusanos gigantes, supernaranjas y padres que intentan ligar con su hija en el funeral de su ex-mujer

Los investigadores del CSIC han descubierto huellas de gusanos gigantes de hace 4700 años en el Parque Nacional de Cabañeros, debajo de lo que entonces era un fondo marino . Los bichos en sí debían medir un metro de largo y unos quince centímetros de ancho. Un poco más al Este, en la comunidad valenciana un industrioso agricultor ha descubierto una variedad de naranja producto de una mutación espontánea entre naranja y clementina, que produce frutos gigantes, sin pipas y muy dulces y que además florece fuera de temporada. Parece que el hombre quiso certificar su hallazgo por las vías oficiales autonómicas con idea de repartir después las licencias del nuevo cultivo entre pequeños agricultores y que desde entonces le están haciendo la vida imposible, le envenenan el árbol y a sus animales y a él le narcotizan y le meten cosas por un ojo…. Alvaro Sanchis Sisternes -así se llama el sufrido “descubridor”- cree que detrás de la guerra sucia se encuentra alguna gran empresa del sector cítrico, o en otras palabras, algún ácido empresario sin escrúpulos. Visto lo visto (por el ojo bueno), el industrioso agricultor ha decidido cruzar el charco con su “invento” y registrar el invento en el otro extremo del fondo marino atlántico, es decir en Estados Unidos. Y hablando de Estados Unidos, las noticias que vienen de ahí, serpientes o gusanos de verano, o meras noticias sorprendentes son una marea que no cesa. Cuando no nos llega una noticia de Michael Jackson nos obsequian con otra aún más sorprendente como la que refiere una escena en la que el actor Ryan O´Neal (el chico de Love Story) tratando de ligar con su propia hija en el funeral de su ex mujer Farrah Fawcett. Cierto que hacía décadas que la actriz, llamada Tatum (casi como el colutorio verde) y Ryan que tiene casi 70 años no se veían (el actor tiene cuatro hijos, de tres mujeres y sólo se habla con uno), pero de ahí a ir ligando con la primera rubia que se te cruza en el funeral de tu ex mujer… Según el artículo de El País, además, Ryan llamó a esta hija “puta” porque en un libro contaba que sus padres consumían drogas y que su padre la maltrataba física y psicólogicamente. Con una infancia así tampoco extraña mucho que a ella la detuvieran cuando trataba de comprar crack y cocaína en la calle en Nueva York. Pero para dejar las cosas en su sitio hay que decir que Tatum O´Neal ganó en 1974 un Oscar a la mejor actriz de reparto por su interpretación en “Luna de papel”.

Y bueno si alguno vio “El doctor T y las mujeres” , la peli en la que un sonriente Richard Gere hace de ginecólogo adinerado y cortés y Farrah Fawcett de su mujer, víctima de una extraña enfermedad producto de la excesiva paz familiar y de una vida regalada (o “de un amor inmerecido”, como dice Sergi Sánchez en su completa crítica), no podrá dejar de considerar que Robert Altman, director de la peli, o la guionista Anne Rapp conocían al dedillo la trayectoria de Fawcett y O´Neal y que su sentido del humor (o su retranca) era tan larga como los gusanos antediluvianos de Cabañeros, quizá porque el cineasta y la guionista llevan años alimentándose con sus propias supernaranjas cultivadas secretamente en Orange County, la Valencia californiana, gracias al silencioso tráfico de gusanos gigantes bajo el fondo marino del Atlántico portador de semillas y claro esas naranjas recargan tu vitamina C, pero también tu acidez, por muy dulces que las considere su “descubridor”.