Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Vie
31
Jul '09

Vidas paralelas

Hay otras vidas, pero están en ésta…

Esta mañana a las nueve en punto ha sonado la alarma de mi móvil, pero en realidad no era el despertador (estoy más o menos de vacaciones) sino una nota de aviso, programada meses atrás. Decía: “Ojo entrega traducción completa”. Hoy 31 de julio tenía que entregar una historia que al final se ha pospuesto. Desde entonces, han ocurrido otras cosas, y surgido nuevos proyectos y obligaciones, así que la persistencia del móvil en los planes antiguos y su llamada desde el subterráneo mundo de la posibilidad que no llegó a ser me ha arrancado un escalofrío.

Y es que hay otras vidas para cada uno de nosotros pero esas vidas, de algún modo, están en ésta.

Mie
29
Jul '09

Cambio de planes

La Vera y mi semana de chikung tendrán que esperar. Resulta que este año no ha habido quorum suficiente para el taller de Chikung en la Vera extremeña al que quería ir, así que esas cosas tan bonitas de aprender a separar el cielo de la tierra contra un fondo de montaña verde cubierta de frutales se quedan en compás de espera hasta mejor ocasión. Coincidiréis conmigo en que aprender a hacer esas lindezas en las condiciones descritas no es comparable a hacerlas con un libro en la mano y en el Retiro (o en el parque de El Canal, el polémico complejo con campo de golf que montó la Esperancita en Avda de Filipinas, y al que le he cogido el gusto últimamente; al parque, no al golf) y con el bolso bien agarrado para que no te lo mangue el primer chorizo sudoroso que pase… Aunque creo que la zona a la que iba a ir está cerca de las Hurdes quemadas, así que no sé realmente qué lugar es menos infernal hoy por hoy.

Pero en fin, como estoy en plan filosófico he encajado este revés del destino (o de la crisis económica; me comentaba el organizador del taller que los grupos hasta este año siempre se han llenado) con espíritu deportivo y después de patearme la Red en busca de alternativas parecidas a mi curso y tras haber encontrado cosas tipo “Yoga y bricolaje en el Pirineo”, o “Taichí, milagros y tuttifruti de disciplinas cuerpo-mente en el Ampurdán” y además en fechas que no me terminaban de cuadrar, he decidido que puedo pasar un verano más sin conocer la tabla de los cinco animales y que una semanita de cultura por Europa no me vendría mal. No concreto más por ahora, no vaya a ser que el destino se interponga de nuevo.

Y eso es todo por el momento. Me quedo con ganas de comentar sobre el equipo de natación sincronizada “abonado” a la plata, sobre nuestro velocista cordobés de mariposa que estaba destinado a fulminar los cronos y quedó tercero y sobre los nuevos bañadores de poliuretano, pero la verdad es que lo que se me ocurren son comentarios inconexos de aficionado “enteradillo”, tipo mesa de tertulianos de la tele, y para eso ya está la tele…

Lun
27
Jul '09

Aurora La Iluminada o No juzgues al libro por la portada

Este mes de julio mi clase intensiva de natación venía con sorpresa como los huevos Kinder. En lugar de “mi” guapo y competente Iker Casillas, al que esperaba tener, he tenido como profesora a una tipa muy peculiar, de unos cuarenta y muchos años o cincuenta, coja, estrábica y con escaso interés por los beneficios estético-higiénicos de la depilación de piernas y axilas llamada Aurora. A las características anteriores hay que añadir también un peculiar estilo pedagógico consistente en hacer las correcciones a voces cuando estás en medio de la piscina, con lo cual no sabes si las voces van contra ti, o bien en el borde de la piscina sin fijar la mirada en nadie en especial (por aquello del estrabismo).

La cosa es que esta misma Aurora fue la que me hizo la prueba de nivel al matricularme, hace ¿un par de años? (cómo pasa el tiempo), ¿cómo olvidar sus axilas peludas asomando bajo los tirantes de la camiseta?, así que de alguna forma tengo una cierta sensación de estar cerrando un ciclo.

Aunque la estampa y las maneras de Aurora apabullan, al mismo tiempo es una de las mejores profesoras que he tenido: tiene un ojo clínico y dedica el tiempo a machacar los fundamentos, que es lo que casi todo el mundo sigue haciendo mal, por mucho que estés en el nivel 2 de natación y que nades muy rápido. De hecho sus clases parecían una adaptación hispana de las carísimas y sofisticadísimas clases de natación-técnica Alexander de Steven Shaw, un nadador profesional inglés y profesor acreditado de Técnica Alexander. El tal Shaw, con su pulcritud extrema y su cabeza rapada, y sus indicaciones detalladas en un inglés impecable y cortes, está en las antípodas de Aurora en el aspecto y en la gama económica de los cursos, pero en realidad el enfoque es muy parecido, más allá de las formas castizas de nuestra peluda profe.

Sea como fuere, Aurora nos ha tenido el mes aprendiendo a flotar boca arriba y boca abajo (increíble lo mal que flotamos) y a deslizarnos, ha insistido mucho en la importancia de estar relajados para nadar, mantener el cuello suelto (como si fuera una experta en Técnica Alexander) y en respirar con soltura. Casi todos los alumnos tienden a nadar de forma acelerada por la creencia errónea de que si no lo hacen, se hundirán; más concretamente, que las piernas se hundirán. La cosa es que en una piscina es realmente difícil no flotar, sobre todo si eres mujer (el tejido adiposo es menos denso que el músculo y por tanto flota más) pero con frecuencia parece que lo olvidamos.

Uno de los días, como si fuera persona del circo, y nosotras sus aprendices, Aurora nos hizo ilustrar un antes y un después de la relajación: nuestros “muertos” más o menos dubitativos y renqueantes cambiaban radicalmente en cuanto relajábamos realmente el cuerpo: muy pronto emergía la tripa y después los pies. En algunos casos tuvo que sostenernos por los hombros y el cuello hasta lograr que la aspirante a “flotarina” relajase del todo cabeza y cuello. Y en lo que a mí respecta me resultó curioso ver que floto mucho mejor boca abajo que boca arriba, simplemente porque yendo boca abajo tengo sensación de controlar la situación porque veo lo que tengo delante, mientras que al flotar de espaldas me inquieta lo que pueda haber unos metros más allá. Siempre había pensado que era mucho más fácil flotar boca arriba por aquello de la respiración y porque la espalda es lo más parecido a una tabla que tenemos… En todo caso, en el momento en que te das cuenta de lo que ocurre te resulta mucho más fácil corregir lo que hacías mal. La cuestión es recordarlo todo el tiempo.

Y respecto a la propia Aurora, supongo que su cojera le ha supuesto la obligación de aprender a nadar y a coordinar sus movimientos de forma mucho más consciente y razonada que los atletas naturales como Iker Casillas, y que se ha acostumbrado a ser más analítica y a fijarse mucho más en los fundamentos de la natación que otros monitores más dados a la sonrisa y a la mera aplicación de tablas.

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El título de este post no emplea un español demasiado ortodoxo. Una opción más normal hubiera sido “Aurora La Iluminada o Las apariencias engañan”, pero me apetecía meter la expresión inglesa “Don´t judge a book by its cover” (cuya traducción literal sería “no juzgues un libro por su portada”) porque me hace gracia disponer de una frase hecha o idiom basada en el mundo editorial.

Para que os hagáis una idea del margen de presupuesto en el que se maneja Steven Shaw, el profe sofisticado de natación basada en la Técnica Alexander del que hablaba, un taller de un día para aprender a nadar a braza (unas 8 horas, que incluyen los descansos) cuesta 150 libras cuando a mí todo el mes de julio, nadando 3 días 45 minutos me ha costado unos 35 euros…

Si andáis acalorad@s daos una vuelta por este link o por éste a ver si os refrescais un poco. El segundo enlace tiene una animación gusanil de un nadador haciendo mariposa que a mí me hipnotiza…

Dom
26
Jul '09

Vacaciones Santillana, vacaciones Santillaanaaa, vacaciones Santillana

Pues eso, que estoy de vacaciones desde el día 25, de momento por Madrid, pero pronto haré una incursión en la zona de La Vera extremeña, para participar en un taller de Chikung, una bonita disciplina china que mezcla el arte marcial con la medicina tradicional parecida al Taichi. Teniendo en cuenta el programa del taller y que mi experiencia en el tema se reduce a una sola clase de dos horas y media con el mismo profesor y algunas lecturas a salto de mata de libros que contienen posturas llamadas Separar el cielo y la tierra, Empujar la montaña con las manos o Saludar para recibir a los inmortales, creo que la perplejidad y el enfoque Mi no entender durante esa semana de taller están asegurados. No sé si en ese bonito valle habrá conexión a internet o si tendré que actualizar a la vuelta…

El Chikung mejora la respiración, el equilibrio físico y mental, la postura e incluso mejora el funcionamiento de órganos concretos (mediante el trabajo con los meridianos y puntos energéticos). Y por último, pero no por ello menos importante, es BONITO. Aunque a algunos les pueda parecer trivial, una de las cosas que me atraen del Chikung (o Qigong que es la misma cosa expresada con otro método de transliteración) es que transmite una sensación de armonía y elegancia al que lo ve y supongo que al que lo practica y bueno, también me interesa la interacción cuerpo-mente y el papel de la energía (precisamente la sensación de armonía y elegancia parte de esa interacción cuerpo-mente, así que el hecho de que el Chikung sea “bonito” al final resulta que no tiene nada de trivial).

Por lo que he leído, el Taichí es parecido pero incide menos en la energía y además al ser más dinámico requiere mayor dominio de la coreografía de movimientos de cada tabla y tiene lo que los pedagogos llaman una curva de aprendizaje más pronunciada, es decir, que tardas más en dejar de ser un pato mareado y hacer algo que recuerde medianamente a lo que hace el profesor (caso semejante al Pilates; en el caso de la Técnica Alexander, me atrevería a decir que lo que es pronunciado es la curva de desaprendizaje: primero tienes que aprender a parar/inhibir los hábitos incorrectos para permitir paulatinamente que lo correcto suceda).

Por si alguno tiene curiosidad por conocer los fundamentos del Chikung (o de la filosofía taoista en la que se basa), o si os han parecido sugerentes los nombres de las posturas y quereis ver una foto de cómo son o conocer otras posturas con nombres más prosaicos (como Sacar un puerro de la tierra seca, por ejemplo) os anoto el título de dos libros sobre el tema. “Conocer el Taoísmo. Historia, filosofía y práctica“. Maestro Tian Cheng Yang. Ed. Kairós, Barcelona 2003. Título original: Xiu Dao Ru Men; no consta el traductor. Este libro tiene un enfoque más general que también abarca el Taichi, feng shui y la meditación y el segundo título es “La raíz del Chi Kung chino. Los secretos del entrenamiento Chi Kung” del Doctor Yang Jwing-Ming. Ed. Mirach Madrid, 1995. (Título original “The Root of Chinese Chi Kung. The Secrets of Chi Kung Training”; traducción de Juan José Alonso Rey).

Dom
19
Jul '09

Todo lo que está en el mundo pasa por el cuerpo (y los post, post son)

(La literatura puede ser todo lo ficticia que se quiera. ¿La vida puede ser todo lo literaria que se quiera?)

Llevo dos semanas proponiéndome buscar un buen momento para ir a la Feria del Libro y sin ser capaz de ello. O hacía mucho calor, o era mal momento, o la Feria iba a estar hasta arriba. Trabajo en el sector de la cultura y de la edición, así que aunque no estoy obligada a acudir, hacerlo es “altamente aconsejable” que diría cualquiera acostumbrado a leer malas traducciones o a hacerlas o a no corregirlas convenientemente, pero también es -añado yo con sorna- “altamente irritante”, porque lo que pueda encontrar en la Feria me afecta mucho y en más de un sentido.

La cosa es que hoy, sábado 13 de junio, a las 12 y pico del mediodía, por alguna razón que mi yo más racional no capta pero que mi yo más emprendedor tiene clara, he decidido que es buen momento para escaparme a la Feria, por más que haga un calor espantoso y que siendo sábado y penúltimo día de la Feria, el Retiro vaya a estar hasta arriba.

Mientras empiezo a caminar calle abajo, veo a dos chavales de unos cinco o seis años correr encantados debajo del andamio de un edificio. Van cantando “andamio, oé; andamio, oé”, como si fuera una especie de sortilegio de felicidad. Tienen las mejillas coloradas y los ojos brillantes.
Quizá contagiada por esos vítores infantiles, o simplemente porque hace buen tiempo, aunque no estoy sobrada de tiempo (los puestos los cierran a las dos y media), opto por tomar el camino más agradable, que también puede ser el que tarde más, según esté el tráfico. Una vez en la Castellana, espero fundida en la parada del bus en medio de una Castellana cuasi desierta. Observo detenidamente la amplia avenida bajo la luz intensa, que pareciera estar ahí sólo para mí, ya que apenas hay gente o autobuses a la vista. Eso son malas noticias por una parte y buenas por otra: tardaré en llegar, pero a cambio tendré un momento de paz. Al fijar la vista en los pies, veo en el suelo un post-it amarillo, doblado por la mitad. La única palabra que aparece completa junto al margen derecho es “Larra”, el resto es “olf”, “dos” y “Chejov”.

Se me ocurre pensar que es una nota de alguien que va a la Feria del Libro como quien va a la compra, con su nota de 3 barras de pan, 1 brick de leche desnatada, 4 Joseph Conrad y 2 Faulkner. Pienso en qué se habrá podido basar esa preferencia o esos encargos e imagino a un profesor, un amigo, una revista o un manual aconsejando, prescribiendo, orientando. Pienso fugazmente en que ese trozo de papel amarillo podría ser también la primera losa amarilla de la senda como en aquella historia clásica.

No suelo coger cosas del suelo, escrupulosa como soy, pero la casualidad de encontrar una lista de autores justo cuando voy a la Feria del Libro me hace pensar en los azares del book crossing (un diálogo silencioso e invisible entre lectores que van dejando libros en sitios determinados para que otros lectores los encuentren y los lean) y me siento curiosa y con un afán empírico. El post-it dice así: “Mariano Jose de Larra, Virginia Woolf, Chejov, Cartier Bresson, Melville, John Berger, Galdos”. La letra es suelta y de buena caligrafía, aunque algo apresurada. Parece de un hombre cultivado, y no muy mayor, aunque también podría ser de mujer (una amiga tiene una letra parecida). Universitario, diría, porque tiene esa soltura del acostumbrado a escribir rápido. Apostaría que usó los cuadernos Rubio de pequeño/a, porque, aunque la letra es suelta, hay como una cierta armonía de tamaños y formas y la prisa no consigue que la letra se vuelva ilegible salvo casi en el último nombre, “Cartier Bresson”. No ha puesto el acento a José ni a Galdós (el de Chejov, que tampoco ha puesto, me parece discutible; he aquí la deformación propia de mi oficio) y eso me irrita un poco, pero trato de olvidarme de ello. Deduzco que el autor de la nota es un hombre de unos cuarenta y tantos, universitario. La gente por debajo de esa edad apenas sabe escribir a mano con esto de los SMS y los chat y las generaciones mayores suelen tener una letra de caligrafía menos de imprenta (las letras de la nota tienen un punto “de molde” que sólo he visto en gente nacida a partir de 1960 y 1970… esa forma de escribir en la que predomina la forma de las letras individuales por encima de los enlaces entre ellas; pero esto es una apreciación mía que no he contrastado en plan sistemático).
Mientras ando en estas disquisiciones llega el autobús.

Cruzo a buen paso la Castellana en Cibeles con las gafas de sol que tardé tanto en elegir el verano pasado (¿mejor unas gafas con más personalidad pero que pueden pasar de moda o unas clásicas más neutras que nunca lo harán?; elegí las clásicas) mientras pienso en el día tan bueno que hace para ir al Retiro y también en que mi relación con la Feria del Libro es ambivalente; quizá no es casualidad que mi yo emprendedor haya optado por aprovechar un rato del penúltimo día para pasarme (pasarnos) por allí. La Feria me viene produciendo sentimientos encontrados desde hace tiempo, por razones diversas.

En primer lugar es una cosa masiva, en la que uno no sabe por dónde empezar y en segundo, tiene más de Parque de Atracciones o Juvenalia que de biblioteca o de café con mesas donde uno se sienta a leer. Hay una cierta sensación de falta de orden, los amantes del best seller son los que hacen cola frente a los autores que parecen tener más presencia, cuando en realidad los autores que son verdaderamente interesantes –y que por tanto deberían interesar- no firman, porque no les llaman o porque están muertos, o porque viven a miles de kilómetros. O porque escribir y leer buenos libros no tiene nada que ver con el culto a la personalidad.

Entro al parque por el acceso de la puerta de Alcalá, entre extranjeros de vacaciones, gitanas que venden un romero muy aromático y familias con niños. Llevo años entrando por este acceso, así que inevitablemente me llega el recuerdo difuso de las actividades veraniegas con mis primos cerca del Palacio de Cristal siendo niña, las barcas de remos y muchos domingos siendo adolescente.

El día es verdaderamente espléndido y el parque está espectacular: con verdes intensos y brillantes y flores de todos los tonos conocidos y ese sol tan ancho que nos regala Madrid con frecuencia, así que las esculturas de la exposición temporal de Ripollés, que no son gran cosa desde el punto de vista artístico, tienen el mejor lugar de exposición que pudieran pedir. De las figuras de niños gigantes como monigotes algunas simplemente chirrían, con sus miembros enormes y sus colores chillones como un niño que harto de tratar de conseguir atención por sus propios medios hubiera decidido disfrazarse y berrear, pero hay otras que consiguen entusiasmarme con su combinación de las curvas, el punto naif y lúdico de la figura y la superposición de perfiles o las posturas dinámicas en desequilibrio. No sé cómo lo ha hecho el escultor, pero las figuras tienen el grado exacto de expresividad y de relevancia.

No he traído la cámara porque el plan no era fotográfico pero a falta de alternativas me digo “andamio oé oé” y pruebo con el móvil. Para alguien acostumbrado a una buena cámara, fotografiar con la del móvil es como intentar levantar un chalet de dos plantas a escala humana con piezas de Lego o como tratar de fotografiar con unos prismáticos temblorosos del todo a cien; además, con este sol reflejándose sobre el metal pulido el contraste es muy alto y por supuesto la cámara del móvil no sabe qué es una medición por matrices ni por zonas, ni te permite compensar y además tampoco me apetece andar buscando un emplazamiento mejor, so pena de romper la magia del momento.

Al ver mis operaciones, un par de personas ha decidido sacar fotos también y el clima de fascinación se está rompiendo completamente (demonios, ¿qué le pasa a la gente? ¿acaso no sabe lo que le gusta hasta que ve a alguien apreciarlo?; ¿es acaso la misma ceguera y afán de imitación que acumulan “lectores” en las colas de los autores más vendidos?).

Pese a todo, tras borrar un par de fotos, guardo mi móvil extrafino con la sensación de haber pescado un par de pepitas de oro, amarillas, redondas y brillantes.

No tengo un plan demasiado claro de lo que quiero ver y tampoco sé los números ni la ubicación de las casetas porque a mi yo emprendedor estas cosas le resbalan bastante (de no ser así jamás podría ponerse en marcha) y mi yo planificador no ha tenido tiempo para prepararse. En todo caso, creo que nunca he venido a la Feria con un plano de las casetas a visitar, precisamente porque no sabría por dónde empezar y porque al ver los nombres de los puestos me hubiera puesto a analizar por qué están unos y no otros, cuál es el criterio, quién decide la ubicación, qué hace mejor una ubicación respecto a otra, cuántas librerías y editoriales conozco y cuántas no y por qué, por qué interesan tanto el esoterismo y los libros de tema militar y toda una interminable serie de preguntas más o menos peregrinas y más o menos relevantes que me hubieran impedido poner un pie fuera de casa y mucho más llegar hasta el Retiro.

En lugar de bordear el lateral largo del estanque como solía hacer siempre, como veo que hay menos gente voy por la parte de atrás y me compro un enorme polo de limón, a sabiendas de que puede ser un problema tener una cosa chorreante a la hora de ver libros y a sabiendas de que por el mismo helado de siempre me están cobrando el doble, pero yo quiero el helado aquí y ahora y no donde y cuando me lo cobran a su precio “real”.

Ando siguiendo mi instinto y termino en medio de la Feria por un camino bastante directo. Me topo con unas fotografías enormes y espectaculares de una editorial sobre los efectos de la climatología en el paisaje y las miro detenidamente mientras chupo mi helado. A mi alrededor la gente zumba de caseta a caseta como en un avispero de seres que se afanan pero no parecen tener un objetivo claro. Me gusta esta sensación de ser yo quien marque mis tiempos y la dirección de mis pasos, aunque en términos de número soy yo quien está en desorden, simplemente por hacer algo que el resto no hace. Las imágenes muestran cómo el viento modifica completamente el perfil de las dunas de un desierto africano y cómo en Australia el mismo viento y la calidad de la roca han formado una especie de dientes de perro. Los pies de foto parecen una traducción apresurada del francés y pienso que cualquier lector cuidadoso como yo misma habría pulido mejor los textos, pero después reparo en que por mucho mejores que fueran seguirían estando aquí.

Cuando termino de ver las fotos he terminado también con el helado y milagrosamente tengo las manos limpias.

La primera caseta con la que doy es un acierto. Es de una librería y que tiene muchas cosas de fotografía, cómic y libros infantiles y que según me entero después está muy cerca de mi casa. Veo un par de libros interesantes para mí (de foto y otro un libro práctico con de todo un poco) pero como no corren prisa me decido por un regalo que me parece muy simpático para el hijo de una amiga. Me apunto un libro de fotografía sobre España en plan Elogiemos ahora a hombres famosos en mi wish list mental.

En medio de este paisaje de casetas y libros, de tanto en tanto descubro que el que creía un librero ocioso y aburrido en realidad es un autor ocioso y aburrido. La que al parecer no se aburre nada es Rosa Montero, charlando con un peruano con cara de emoción en la caseta de Antonio Machado, tras una torre de su última novela, publicada en Alfaguara. Llevaba una camiseta de un niño macarra con piercing que creo haberle visto en alguna entrevista y los ojillos negros como trozos de carbón en combustión constante y el pelo muy negro también liso y apelmazado y así como si fuera un galán de culebrón trasnochado (mi hemisferio lógico traduciría: al pelo de la Montero le sobraban tres centímetros). Pensaba saludarle y preguntarle si se acuerda de mí (hemos charlado un par de veces), pero aquel peruano que decía encontrarla entrañable, como si se conocieran de toda la vida, por más que se acabaran de conocer, no terminaba de irse mientras ella reiteraba cuán generoso era él y que ella estaba encantada y me pareció raro dirigirme a ella sin un libro suyo que darle a firmar (el último que compré me horrorizó), así que me fui.

La escena me dejó un poso de tristeza que no sé si atribuir a la escena o a la espectadora. La Montero tiene un punto de persona accesible y comunicativa y un verdadero talento para hacer entrevistas en profundidad; talento que no encuentro en sus novelas, pero en todo caso me pareció que su intensidad y sus ganas de comunicarse aquel sábado abrasador en la Feria del Libro estaban mal dirigidos, desperdiciados. Había algo de pez fuera del agua en la escena, un pez voluntarioso pero equivocado.

En la caseta de Tres rosas amarillas hacía tanto calor como en el resto, pero allí nadie protestaba. Alguien había decidido que hacía tanto calor como en Cuba y había puesto el disco de Buena Vista Club Social, así que antes de que me pudiera dar cuenta estaba absorta en los libros mientras seguía el ritmo del clave cubano con el pie (ta-tá, ta, ta y tá final más largo) frente a un vendedor sonriente y servicial. A punto estuve de quedarme a vivir en un puesto con tantos tesoros y casi vacío la tarjeta; eso sí, me obsequiaron con una rosa amarilla. Mi botín fue el siguiente:

Cuentos y cuentistas- El canon del cuento, Harold Bloom. Páginas de Espuma.
Llamadas telefónicas, Roberto Bolaño. Anagrama.
El libro de los abrazos, Eduardo Galeano Siglo XXI. ¿Cómo pasar ante un libro con semejante título y no echar una ojeada? ¿y cómo no terminar comprándolo, si en la caseta aceptan tarjeta?
Unos buenos zapatos y un cuaderno de notas. Cómo hacer un reportaje, Anton P. Chejov. Alba.

Me quedo pensando en que por más mastodóntica que sea la Feria del Libro y por más que España sea el cuarto productor mundial, el sector editorial es un pañuelo, ya que conozco personalmente a los editores de los tres primeros libros. Me pregunto si este factor personal habría influido en mi elección. En todo caso, el libro que me ha parecido más sugerente es precisamente el de Chejov, editado por una editorial en la que no conozco a nadie y con una bonita portada color oro viejo.

El penúltimo libro que compro es Vaya País. Cómo nos ven los corresponsales de prensa extranjera (coordinado por Werner Herzog) Punto de lectura. Es una caseta de publicaciones en alemán pero he dado con este libro (que debe ser el único en castellano; hay otros bilingües, a juzgar por las portadas). Me interesa este asunto de la mirada de los otros y del choque cultural. Me atiende una chavala muy agradable con acento alemán. Se ve que está muy sensibilizada con la cosa ecológica porque en lugar de meter automáticamente el libro en una bolsa como ha hecho en el resto me pregunta si necesito bolsa. No sé qué dirán esos 18 corresponsales extranjeros en Madrid sobre España, pero que a los alemanes les preocupa la ecología ha quedado claro en un solo minuto.

Mi última parada es curiosamente en De Viajes. Pregunto por el título de una guía turística en inglés que no tienen (Madrid de las Rough Guides; que al parecer no existe); mientras dos jovenzuelos cambian los libros en exposición aplicando criterios que no sé si comparto (La Reina de África está muy vista… y no sé qué más) y que tampoco sé si hubieran compartido mis profesores del Máster de Edición, mientras charlan entre sí sin prestar demasiada atención a los clientes. Se acercan peligrosamente las dos y media de la tarde y los libreros están deseando echar el cierre para tomarse algo fresquito y descansar. Aparece un librero de más edad (quizá el dueño) y por alguna asociación de ideas confunde la guía de Madrid en inglés por la que he preguntado por una guía de Londres en español y me ofrece una. Al final, no sé si por darle la razón en parte, o por cuestión de genealogía literaria y vital, aprovecho los dos minutos que quedan para las 2 y media para que me cobren Londres victoriano de Juan Benet; Editorial Herce, tarjeta en mano.

Vuelvo a leer el post-it con esa relación de siete autores (en realidad seis autores y un fotógrafo) y de nuevo me pregunto en qué se habrá podido basar esa preferencia o esos encargos, y pienso en que hay un fotógrafo, uno que me gusta, obsesionado con plasmar lo instantáneo como también lo estaba la Woolf y dos escritores que practicaron el periodismo y el retrato de la vida cotidiana madrileña (alguno con un punto humorístico admirable), y ese Melville de ojo tan penetrante para los misterios de la vida y para la elipsis y el tandem Berger-Chejov con esa atención al detalle significativo y a los mundos pequeños, y a la sugerencia y sus teorías sobre cómo mirar… Me quedo saboreando estas sensaciones y reparando en que he comprado un libro de Chejov con un título espléndido y antes de empezar a valorar qué significa haber metido a estos y dejado a otros fuera, qué criterio subyace a esta lista, me digo que es bastante absurdo plantear la compra de libros para uno mismo como una obligación y pienso que el profesor, el amigo, la revista o el manual que prescribió, aconsejó, u orientó hacia estos nombres al mismo tiempo y de forma inevitable estaba excluyendo, desaconsejando y desorientando.

Regreso por un camino distinto, saboreando la sensación de haber tenido una mañana de pesca provechosa, reflejada en el peso de la carga de mis brazos, especialmente por el texto Unos buenos zapatos y un cuaderno de notas. Cómo hacer un reportaje de Chejov y también por El libro de los abrazos de Galeano, con su punto de cosa tierna y sabia. Y esas fotos redondas y brillantes de esculturas traviesas en medio del paseo. Y en fin, no tengo muy claro en la contraportada de qué libro lo he leído, pero hay una frase que me ronda: Todo lo que está en el mundo pasa por el cuerpo. ¿Sería en la caseta de Libros para el bienestar? Sea como fuere, no puedo estar más de acuerdo.

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Este texto ha sido mi Javier de Mier de este año; empezó siendo un borrador de post para este blog, de forma que me parece de justicia poética que regrese a él. He esperado a que el concurso se fallara para subirlo, aún a costa de perder actualidad, por respeto a las bases del certamen de relato. Por otra parte, se ve que el intrusismo de género literario está tan mal visto como el profesional, ya que el texto no recibió ningún punto, básicamente porque al jurado oficial del concurso (incluída yo misma) le pareció un “no cuento”. Como post, o como crónica periodística, me parece que funciona bastante bien, sin embargo.

Mar
14
Jul '09

Casualidades

El otro día, después de salir de la peluquería con un nuevo aspecto, decidí desayunar en un bar en el que nunca había entrado pese a haber pasado por delante durante años. El interior del local me pareció raramente acogedor y familiar. Tenían puesto Telemadrid y me quedé pensando que aquella cadena cuadraba con el barrio y me imaginé por un momento que en Chamberí, feudo del PP, en todos los bares se viera Telemadrid, como si en realidad todos los bares fueran manifestaciones de una misma corriente subterránea.

Se trataba de un programa magazine, de los que tienen de todo un poco, y en ese momento aparecía una piscina enorme, de un azul claro incitante, y la locutora decía que era la más grande de Europa o así. Y venga a hablar de lo estupendas que eran las instalaciones y venga a no decir de qué lugar se trataba. Entrevistaron a dos abueletes yeyé en bañador y tripa morena y de algún modo, pese a los esfuerzos constantes de los periodistas e infografistas del programa por evitar nombrar el lugar desde el que estaban transmitiendo y que tan paradisiaco decían que era, me enteré de que se trataba del club Puerta de Hierro.

Cuando andábamos en estas entró en el bar una señora de cincuenta y muchos, simpática y gordota. Los camareros bromearon con ella y luego se puso a ver la tele. Preguntó que dónde estaba esa piscina, y como los camareros contestaron que no sabían, comenté que me parecía que era la Puerta de Hierro, a lo que repuso: “pues a lo mejor vemos a Miguel”. “Mira, sí, Miguel”. Los camareros se pusieron a mirar y efectivamente, ahí estaba su nieto (o bien todos fingían de forma muy convincente). “Ayer lloraba porque era el primer día y no se quería quedar en el campamento de verano”, dice ella. “Pues se ve que ya no llora”, contesta el camarero latinoamericano.

“En este campamento hacen de todo: tiro con arco, golf, baloncesto, natación…”. “Qué bien” contestó el camarero sin demasiado entusiasmo, mientras yo me acordaba de que justo por estas fechas un verano mi madre nos llevó a mis hermanos y a mí a un campamento urbano en Vallermoso, con atletismo, natación y deportes diversos. El Vallermoso está justo en frente de este bar, así que me pareció lógico intervenir en la conversación. “Esos campamentos están muy bien. Yo fui a uno de pequeña, justo aquí en frente, en el Vallermoso, que ahora está de obras”.

“Mi hija, la madre de Miguel, también fue a alguno, déjame recordar. Tendrá tu edad…”.

Pagué mi consumición y me fui antes de que saltara a la luz algún oscuro parentesco o relación entre mí, aquella hija suya de mi edad o alguno de los abueletes yeyé, parentesco que años de evitar entrar en un sitio y un cambio de look en la peluquería no serían capaces de ocultar esta vez.

Madrid es un pañuelo y a las televisiones locales de los bares a veces las carga el diablo…

Mie
8
Jul '09

Modificación de la propuesta de relato

Hace unos días os proponía escribir un relato con una serie de requisitos. Varios lectores me han comentado en privado que los elementos eran demasiado numerosos y variados para encajar con facilidad o con naturalidad en un mismo relato. (Se ve que no pensaron en que parte de esos elementos podían incluirse en una noticia que formara parte del relato; o que se podía componer un episodio literario o cinematográfico dentro de otro).

Algunos lectores, además, comentan que les resulta muy complicado partir de una sucesión de hechos para componer un sentido, en lugar de partir de un sentido y luego escoger las escenas, que es el esquema que ellos suelen aplicar cuando escriben. Para estos lectores/autores , un procedimiento más “normal” de escritura consistiría en “escoger un solo suceso llamativo a partir del cual desarrollar, en lugar de un montón de acciones anodinas”.

Mi propuesta era simplemente una forma de ponerse en marcha, en la línea de las múltiples propuestas que se recogen en libros tipo taller literario como el de Felipe Montes “1303 ejercicios de creación literaria” y no la fórmula para el cuento perfecto, pero me ha parecido interesante hacerme eco de estas opiniones, porque ilustran la forma de trabajar de algunos autores. Y también creo que será bueno que reduzca el número de elementos a integrar en el relato, para ver si así no me quedo yo sola escribiendo el cuento/reto, que ya lo estoy viendo :-)

Así que -redoble de tambor- ahí va el enunciado “reducido”: el relato deberá incluir a alguien que sale de casa sin documentación, que observa un despliegue policial importante en un edificio oficial y que se encuentra con un grupo de gente ejerciendo la carrera para la que él estudió y siente la tentación de sustituir a uno de ellos que parece estar teniendo dificultades.

Creo que puesto así, es bastante factible sacar algo de ahí y que además hay posibilidad de diversos enfoques (más centrado en la acción con la cosa policial, más reflexivo sobre el miedo o la identidad, más nostálgico pensando en el pasado, las expectativas no satisfechas; a gusto del autor).

(Ahora vendrá alguien comentando en privado que hay demasiados pocos datos para ponerse a escribir. Que él o ella es de los que se crece con los retos, de las personas a las que les gusta encajar elementos aparentemente dispares…, que encuentra un secreto placer en ello, además de que suele hallar sentidos inesperados; de acuerdo, de ser así, siempre puede intentar ceñirse a la propuesta original).

Lun
6
Jul '09

La mirada del turista

Al regresar de la Pérfida tras dos años intensos y tirando a perplejos me dije a mí misma que sería una pena perder ese ojo curioso y atento a los detalles y libre de prejuicios (o con prejuicios diferentes a los del escenario contemplado, en realidad) y que estaría muy bien conservarlo para Madrid y poder empaparme del día a día. Y en fin, me parece que burla burlando lo he conseguido. Por esta bitácora han pasado las aventuras de los animales de piscina, de una peluquería muy pija a la que iba la Espe antes y demás cosas cotidianas y el proceso de observación cotidiana continúa generando casualidades aquí y allá y situaciones curiosas.

Un espíritu parecido anima el libro “Pájaro a pájaro” de la escritora norteamericana Anne Lamott, en el que da consejos de escritura que, en definitiva, también son consejos para la vida. Pero en fin, ahora que tengo bastante tiempo libre “gracias” a la crisis del sector editorial, me gustaría retomar mi escritura literaria, más allá del blog, así que la asignatura pendiente ahora es dejar reposar esas observaciones y luego desarrollarlas y darles la forma precisa hasta convertirlas en un relato o una novela… Así que no debería sorprenderos que en lo sucesivo actualice con menor frecuencia.

Y en fin, para esa transformación de las notas en una narración también tiene alguna receta Anne Lamott: básicamente tomárselo con calma (pero sin pausa), sentarse todos los días a la misma hora, tener paciencia, desconectar Radio Malaonda (las voces que te dicen que no te va a salir bien, que no tienes ni idea), plantearte tareas breves, dejar hablar a la imagen que va tomando forma en tu cabeza… Si os interesa el tema, podéis echar un vistazo al índice del libro en el blog de Elena Alemany. El libro es realmente interesante y divertido…

Sab
4
Jul '09

Qué malo es el alcohol y qué cosas tiene la Red

Qué malo es el alcohol.

Las piscinas inglesas se van a quedar vacías este verano, según se desprende de una noticia de Yahoo sobre Amy Winehouse. Pero vayamos por partes.

Hace unos días reflexionaba sobre lo “tricky” (ambiguo; la palabra inglesa tricky es de lo más tricky, pero aquí se podría traducir como ambiguo, engañoso…) de algunos titulares y encabezamientos de noticias. A veces la mala interpretación obedece a una redacción extraña, o incompleta y otras simplemente a que el lector tiene el día imaginativo y el titular no es lo bastante concreto. Esta vez mis hallazgos han tenido lugar en Yahoo. La primera noticia decía:

A Amy Winehouse le han prohibido bañarse en las piscinas por miedo a que se ahogue“… en seguida, ignorando el gancho del redactor “¿no sabe nadar?” he recordado que en La Pérfida a los fumadores se les ha privado de la posibilidad de operarse por el Sistema Nacional de Salud y que se estudia hacer lo mismo con las personas con obesidad, así que en seguida me he imaginado que se ha promulgado una norma prohibiendo a las personas ebrias bañarse en las piscinas. Pero claro, dado el nivel de consumo de alcohol de la Pérfida, eso significaría que casi nadie podría bañarse en ellas, salvo tres o cuatro extranjeros, :-) Así que todos los Lidos y los Leisure Center de la Pérfida terminarían vacíos y se arruinarían.

Ya me imaginaba a los ingleses -tan pragmáticos ellos y tan decididos a seguir bebiendo pese a las medidas contra ello que se les pongan- recogiendo sus pintas en el pub junto con una piscina hinchable para usarla en su jardín, con o sin petunias. O los carteles de “6 latas de Stella + una piscina hinchable de regalo” tapizando todos los off license de Inglaterra regentados por pakistaníes. Porque era de esperar que la norma sólo afectara a piscinas públicas con sus socorristas y tal ¿no? Así que la solución es fácil, piscina hinchable de regalo con las birras y a chapotear.

Pues bien, de esa bonita película que yo me había montado nada era cierto, porque resulta que la Winehouse está en la isla de Santa Lucía (patrona de los ciegos…; no sabe nada esta Amy; aquí más sobre Santa Lucía). La noticia continuaba así: A Amy Winehouse le han prohibido bañarse en las piscinas de la isla de Santa Lucía, donde reside actualmente, por miedo a que debido a su permanente estado de embriaguez, se ahogue. Y en fin, los detalles del artículo (en el que por cierto viene una foto de Amy bebiéndose un copazo) siguen siendo impactantes.

Otra noticia impactante
Sin permiso de conducir
Los Carabinieri no se lo creían: un sacerdote daba positivo tras celebrar 4 misas
“.
Leído así parece que el cura conducía ebrio y además no tenía carnet de conducir (una especie de Farruquito con sotana y sin haber atropellado aún a nadie), pero no, en realidad lo que cuenta la noticia es que los carabinieri le pararon y descubrieron que tenía una alta tasa de alcohol en sangre y por eso le retiraron el carnet. Aquí la ambigüedad es claramente consecuencia de la torpeza del redactor: no se puede poner un antetítulo con la consecuencia de la noticia recogida en el titular y menos cuando es una consecuencia no fundamental (que le quiten el carnet no tiene nada que ver con que sea cura; luego es irrelevante; a cualquier conductor en Italia encontrado en ese estado le hubiera ocurrido igual; la noticia hubiera sido que a pesar de su tasa de alcohol no le hubieran retirado el permiso por ser sacerdote). La noticia completa, que tampoco tiene desperdicio, aquí.

Pues sí, qué malo es el alcohol y qué poco recomendable ponerse a escribir noticias para portales de noticias bajo sus efectos…

Mie
1
Jul '09

El desafío de Elsie

Ayer solté una reflexión sobre las diferencias entre un post y un cuento que seguramente os ha dejado demasiado pensativos como para poder comentar nada (porque supongo que los que cantan las excelencias de Viagra en varios idiomas no sois vosotros comentando un artículo)…

Terminaba el artículo diciendo que habría un desafío. Pues bien, el desafío (o la propuesta, que suena menos “retador”) consiste en escribir un cuento con los elementos fundamentales de la situación descrita en el post, a saber:

Un personaje sale de paseo con unos folios, las llaves, el móvil y 5 euros, y sin cartera y se topa con un despliegue policial impresionante. Observa el follón desde lejos, se cruza con unos chavales que llevan una bolsa de refrescos y tres barras de pan, con un tipo que habla por el móvil. Está un rato leyendo y después regresa, cruzando por la otra acera y se topa con gente de Televisión Española delante de un Ministerio que está repitiendo una toma. Regresa a casa, y horas más tarde, el metro que discurre por debajo de aquel lugar sufre demoras importantes.

El relato resultante debería conservar al menos el 80% de los elementos mencionados y tener sentido. El plazo para escribirlo es de un mes dos meses a partir de hoy, es decir el 1 de agosto, de septiembre por aquello de las vacaciones (he ampliado el plazo, a petición de unos amigos que creen que con las vacaciones por medio un mes es poco).

Cualquiera que acepte el reto puede escribirme un mail adjuntando el texto a: elsinora_londonARROBAyahoo.co.uk (sustituyendo ARROBA por su signo gráfico, eso sí) o simplemente ponerlo como un comentario. Por mi parte, yo me comprometo a escribirlo (no prometo calidad; a ver qué sale).

*****

Los detalles de esta propuesta se han simplificado por petición popular, los datos aquí.