Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Vie
27
Feb '09

Falta de distancia o ¿qué me pasa, doctor?

Es posible que me esté excediendo en mi afán por ponerme en forma y por armonizar cuerpo y mente y que me haya sumergido en una realidad paralela. Y si no juzgad vosotros mismos. Cuando me enteré del amago de infarto de Garzón, la primera idea que me vino a la cabeza fue que le habían amenazado o que había “pinchado en hueso” (léase descubierto que alguien muy “gordo” estaba inculpado) pero en seguida me dio por pensar que fuera como fuese, los problemas de Garzón se resolvían con un poco de dieta, ejercicio y Chi-Kung. No hay más que ver su torso orondo, su cuello grueso, su cara regordeta de monaguillo crecido para darse cuenta de que su circulación y su corazón no van demasiado bien. Tiene el yin y el yang de lo más revuelto, la parte femenina y masculina desequilibrada y la parte activa y pasiva amontonada y los canales o meridianos nada fluidos ni armonizados.

De hecho un poco de vida sana y Chi-Kung o Taichí le habría evitado hasta el asunto de la cacería. Con tanto ejercicio y meditación, ¿quién tiene tiempo y ganas de ir conspirando y matando bichos por esas fincas de Dios? Y de esta forma tampoco se hubiera comido después los jabalíes protegidos y no le hubiera subido el colesterol ni la bilirrubina, ni a él ni a los del PP.

Touriño también se podría beneficiar de un poco de sabiduría oriental, centrándose más en la esencia y menos en el precio de las cosas, o viajando en bicicleta o “rickshaw” en lugar de en su coche de precio millonario. Y a Ibarretxe-Mister Spock un poco de respiración profunda y de enraizamiento con la realidad no le vendría nada mal.

Vie
20
Feb '09

Rosa Díaz, esa gran política

—Hoy toca estiramientos y relajación, dice el monitor mientras enciende una barra de incienso y pulsa el “play” en el aparato de música.

Nos tumbamos boca arriba sobre las colchonetas y seguimos las indicaciones del profe.

En un momento determinado, decide que se aburre y que no es importante mantener un cierto silencio para centrarnos en el estiramiento y la respiración y sobre todo que la cosa de la propiocepción que tanto le interesaba el otro día y a la que le dedicamos una clase entera (“a ver: moved la punta del pie muy despacio a un lado y a otro; ¿qué sentís?”; y nosotros: “pues sentimos que movemos la punta del pie hacia un lado y hacia otro muy despacio”) es una cuestión baladí y trasnochada y que lo que mola es introducir ruido y disfunción en el sistema hablando de lo primero que se le pase a uno por la cabeza, por ejemplo de ese tema tan relajante que es la política.

Sé poco o nada sobre las tendencias políticas de mis compañeros, pero sí sé que dos de ellas trabajan en el Ayuntamiento.

—Ya os he dicho que, visto lo visto, os tenéis que volver todos zen, porque con la que están montando… Es que es increíble, lo están haciendo tan mal los políticos que al final va a terminar gobernando Rosa Díaz (sic).

A estas alturas hemos terminado con las torsiones de tronco y estamos estirando los brazos de forma bastante salvaje. Sentad@ en el suelo con las piernas flexionadas y el trasero hacia delante apoyas las palmas de las manos en el suelo detrás de ti y estiras todo lo que puedas los brazos, echando el peso del tronco sobre ellos. Salvo que seas muy flexible y no estés nada contracturado lo normal es que te duelan a morir o bien los brazos, las dorsales o la zona de las escápulas. A mí me tiran mucho los bíceps, pero es una tensión soportable, por ahora, gracias a que suelo estirar.

—Qué, ¿os duele? Si estirarais todos los días como os he mandado no os dolería nada. Pues ánimo, porque vamos a estar así quince minutos.

La noticia provoca algunos resoplidos en algunos alumnos doloridos. A mí, sin embargo, me ha pillado la vena tranquila y estoy concentrada en el ahora, estirando bien los brazos y respirando hondo para relajarme y haciendo oídos sordos al sadismo de mi profesor, a su dislexia y a su falta de oportunidad sacando la política en una clase de estiramientos. De propiocepción no sé cómo iré, pero de autocontrol, soy un crack.

—Ya digo, lo de la política en este país es una vergüenza, así que como no nos espabilemos terminará ganando Rosa Díaz –insiste el profesor con un tono apocalíptico, como si la tal “Rosa Díaz” fuera el mismísimo anticristo.

—¿Quién es Rosalía?

La pregunta me la ha hecho una compañera bastante despistada que lleva sin venir desde navidades y que debe de leer poco los periódicos. En ese momento mi tranquilidad zen se sobresalta con lo que podría ser un amago de carcajada, pero tiro de autocontrol y consigo que mi sonrisa interior no aflore al exterior.

—Rosa Díez, que antes estaba en el PSOE… Es que el profesor lo dice mal. –aquí he bajado el tono, por miedo a que me oiga el susodicho, que una cosa es tener autocontrol y templanza y otra muy distinta tener ganas de morir en el intento.

Jue
19
Feb '09

Spam y disfraces nacionales

Tranquilos, mi silencio de estos días no obedece a que haya sido abducida por la secta de los Amigos de los Abrazos, ni por un bucle en el Ahora, ni tampoco por los practicantes de Falun Gong. Lo más parecido a una abducción es lo que experimento al abrir la carpeta de Spam del blog: por alguna razón los dos últimos post se han revelado brutalmente atractivos para las “arañas” de la Red y cada vez que trato de poner orden, la avalancha de centenares de comentarios basura en diversos idiomas me bloquean tanto el sitio como el navegador completo, de manera que tengo que cerrarlo entero y volver a entrar. Si no fuera tan racional pensaría que el hiperespacio me quiere mandar alguna señal tipo “deja de postear”, pero…

Ahora que es época de carnavales hay muchos que andan pensando en disfrazarse y dándole vueltas a un posible disfraz. A mí se me ha ocurrido imaginarme cómo sería un disfraz de inglesa: bastaría con ponerse un escote hasta el ombligo, el pelo alisado en plan “brunette” de rompe y rasga (la que sea morena; las rubias y castañas claras según el canon deberían optar por las mechas), ponerte ocho kilos de maquillaje, taconazos, joyas grandes y minifalda. Luego habría que llevar adosada una pinta de cerveza y una bolsa de chips sabor salt & vinegar, o varios Kit Kat y unos vasitos pequeños de una bebida de color azulado y olor alcohólico (los combinados con alcohol en UK te los sirven con el alcohol dosificado, de ahí el vaso pequeño).

Por otra parte, desde mi punto de vista, el disfraz de española presenta más dificultades porque me resulta más difícil vernos a nosotras mismas como un cliché y en realidad casi todo lo que se me ocurre son rasgos por contraste con los británicos.
¿Cómo crees tú que sería el disfraz de española? ¿y el de español?

Lun
16
Feb '09

El poder del ahora

Andaba yo enfrascada en un libro sobre lo importante que es centrarse en el momento presente cuando me llamó una amiga para retrasar el futuro encuentro de esa misma tarde. Dijo que iban con retraso, pero que me avisaría cuando salieran de casa. Así lo hizo al poco rato:

Ahora salimos —dijo y su “ahora” brilló como una estrella—; calcula media hora.

Seguí leyendo con avidez y premura aquellas reflexiones de Eckhart Tolle sobre lo esencial que es vivir “el ahora” y lo mucho que le centra a un@, hasta que un sexto sentido intemporal me dijo que era hora de marcharme.

Ajena al pasado reciente en el que había sacado la cartera del bolso, cogí a toda prisa el bolso y me fui. Una vez en el metro, extrañada por lo poco que pesaba, descubrí que en “el ahora” mi bolso no tenía ni dinero, ni tarjetas de crédito ni el DNI. Suelo llevar el bono de transporte aparte, de manera que él y yo coincidimos en el presente sin problemas.

Llegaba tarde (qué pensamiento más poco apropiado si uno está centrado en el ahora, me dije, y qué poco respetuoso con “el ahora” de los demás es llegar tarde a una cita, añadí; desde aquí mis disculpas a los afectados, pero es que estaba enfrascada en el Ahora impreso en papel) así que, aunque me pone muy nerviosa ir sin documentación y sin dinero (o mejor dicho, a la Elsinora del ayer le pone muy nerviosa), pensé que mis amigos podrían invitarme a un café sin mucho problema y acepté mi “ahora” tal cual venía: un bolso que contenía sólo un paquete de pañuelos de papel, un cacao para los labios y un móvil y ni siquiera un triste boli y una libreta.

En fin, quizá sea momento de empezar a tomarme mis lecturas de un modo menos literal. Empezaré desde ahora.

****
Eckhart Tolle ha publicado varios best seller de literatura espiritual o autoayuda en los que señala la importancia de centrarse en el momento presente. El primero y más conocido es “El poder del ahora”, que fuera record en ventas en las listas del New York Times y uno de los libros favoritos de Oprah Winfrey, by the way. El que yo estaba leyendo era una de las obras en las que profundiza en el tema: “Un nuevo mundo, ahora” (ya que la obra “inaugural” de 1999, ahora está agotada).

(Este post va dedicado a mis compañeros de “fechorías” en el ahora de ayer; que sigue siendo el ahora de hoy, pese a lo que Tolle pueda opinar…).

Jue
12
Feb '09

Aire

(Soñé por un momento que era aaaaire, oxígeno, nitrógeno y argón, sin forma definidaaaa; aquí la letra y el video de la canción de Mecano)

Atravieso un momento dulce en mi relación con el mundo del fitness. Por fin he ganado una cierta fluidez en la cosa de la natación (cosa lógica, por aquello del agua) y ahora puedo afirmar sin temor a equivocarme que los monitores de natación no se proponen acabar con nosotros cuando nos piden que hagamos tropecientos largos en cinco minutos con el “pull-buoy” entre las piernas o que nademos crol con un solo brazo mientras el otro va unido al de un compañero mucho más alto o mucho más bajo que tú y que nunca lo mueve al mismo ritmo que tú y consecuentemente te pasas varios largos tragando agua y sintiéndote un poco discapacitado.

Al final todas estas penalidades consiguen que desaprendas para que desenseñes cómo se deshacen las cosas, como decían en la deconstructivista “Bola de Cristal”. O en cristiano, si uno sobrevive a la descomposición de los movimientos en sus partes descubre que había una razón para ello: dominar la técnica en todas sus partes y además desarrollar fuerza y coordinación también por partes, la parte contratante de la segunda parte o, en términos más claros, pedagogía analítica. Eso sí, mis compañeros de piscina, al parecer poco dados a los análisis, siguen convencidos de que las tablas que nos aplican, lo del pull-buoy, las tablas de espuma, lo de nadar con camiseta, las manoplas y demás tienen el único objetivo de que no nos aburramos.

En Pilates pasa algo parecido: el saber dónde están los isquiones o cómo se bascula la pelvis (incluso cómo se pone la pelvis en retroversión, menudo palabro) o entender de qué hablamos cuando hablamos de hacer fondos de escápula supone una diferencia abismal respecto a los pobres mortales que acuden a clase a “verlas venir”. Tampoco es que me haya convertido en una atleta de la noche a la mañana (mi misterbeanismo impide milagros de ese tipo) pero al menos ahora tengo claro lo que se me pide en cada momento y me quedo más cerca de conseguirlo.

Una cosa que me llama mucho la atención del deporte en España y de las relaciones sociales en este país es la proximidad física. En mi piscina es muy habitual que los monitores estén dándose palmetazos, o agarrándose unos a otros y también es muy habitual que en un momento dado tu profe te apoye la mano en el hombro desnudo sólo para pedirte que cojas aletas y cosas parecidas. Recién venida de Inglaterra me sorprendía más, pero poco a poco me voy haciendo a la idea y por otra parte me parece lógico que la gente que trabaja con el cuerpo tenga una relación más directa con él.

La cosa es que hoy en Pilates el profe ha dicho que al final de la clase nos iba a proponer un ejercicio zen y que quien quisiera se quedara y quien no, se fuera sin ningún compromiso.

Llegado el momento ha empezado a decir que la cosa consistía en irnos a la zona de sombras y desprendernos de los tabúes de Occidente, y caminar libres de ellos. A mí la combinación de “caminar” con “los tabúes de Occidente” me sugirió algo en plan andar en pelotas por la sala, no sé si habré visto últimamente demasiadas pelis del destape en “Cine de barrio” o si será producto de mi educación católica. La idea, además de poco apetecible así de repente, me pareció un mal apaño porque el aula tiene un cristal que da a las escaleras de acceso al polideportivo y la cosa podía complicarse, pero me pareció poco probable que fueran por ahí los tiros y además decidí que esperaría a tener todos los datos para formarme una idea (dos años de perplejidad en la Pérfida me han enseñado a ser paciente antes de pronunciarme).

En ese momento, las más pijas y las más jóvenes de la clase (grupos a los que yo podría pertenecer sociológicamente pero, por lo que se ve, y afortunadamente, no en espíritu) han comenzado a poner caras extrañas en plan “hay un pelo en mi sopa” o “qué mal huele este señor”, que se agudizaban según el profe seguía explicando, como si el grosor del pelo o la intensidad de la esencia sobaquil estuvieran aumentado a toda velocidad. Reacciones todas ellas que venían a demostrar cuánta razón tiene el monitor al hablar de los tabúes occidentales.

Al final el profe nos dijo que la cosa consistía en que teníamos que ponernos a andar por la sala tranquilamente y luego si casualmente nos cruzábamos la mirada con alguien, acercarnos y abrazarnos durante la duración de tres respiraciones, tratando de acompasar tu respiración a la del otro, y después despedirte con una reverencia a lo oriental o simplemente sonriendo y seguir caminando. Esto ha terminado de convencer de lo aberrante de la propuesta a la funcionaria, a la opositora juvenil y a la pija guapita, quien además parecía defraudada porque yo no hubiera secundado sus caras de asco y sus observaciones ante la propuesta heterodoxa del profe y me hubiera limitado a decir, que sí, que aquello era un poco raro. La cosa es que una vez ido el trío La La Lá (en versión No No No o incluso “Preferiría no hacerlo”) el resto de las presentes empezamos a caminar por la sala, un poco inquietas (al menos yo) y con cierta curiosidad.

No es que sea una fan del contacto físico con semiconocidos, pero me pareció bien darle una oportunidad al experimento, porque tengo claro que existe una conexión cuerpo/mente y también una relación yo/prójimo. Además de lo que haya podido leer sobre el tema, hace años tuve oportunidad de comprobar que la respiración del que tienes al lado influye en tu ritmo respiratorio. Fue en un curso de locución: cuando mi compañero al micro empezó a tartamudear y perdió el hilo, el profe, locutor de Radio Nacional durante muchos años, me pidió que siguiera leyendo y aseguró que mi ritmo se le contagiaría a mi compañero y éste conseguiría leer tranquilamente y así fue. Además de esto, parece absurdo negarle un abrazo a un compañero del gimnasio con el que haces estiramientos y ejercicios a dos, al que le masajeas la espalda de vez en cuando con una pelota (antes o después de que él te lo haga a ti), o junto a quien sufres los rigores de una tanda de abdominales toda roja y despeinada. ¿Dónde empieza y dónde termina la intimidad tolerable para un occidental? Parece que todo consistiera en lo pragmático de la acción: si es para hacer un estiramiento o para hacer ejercicio sí, si es para algo menos práctico o de una utilidad menos visible, entonces no.

Y en fin, que un abrazo no hace daño a nadie, salvo que tu compañero sea Schwazeneger y le dé por aplastarte las costillas. Así que ahí estábamos nosotros caminando en chandal y calcetines por la sala con aire pensativo, yo recordando vagamente los lemas del Falun Gong: Verdad, Benevolencia y Tolerancia (artículo 1, 2 y 3) y alguna clase de yoga a la que he asistido.

En un momento determinado, el profe dijo que anduviéramos muy despacio y con los ojos cerrados, y que no temiéramos chocarnos porque al ir tan despacio nos daríamos cuenta y nos desviaríamos o percibiríamos la energía del otro antes de chocarnos.

En honor a la Verdad debo decir que al principio fui obediente y caminé con los ojos cerrados, pero que después, como no notaba ninguna energía circundante y no me fiaba mucho de mi detector de “chi”, abrí los ojos una vez, para comprobar que tenía bastante espacio delante de mí, cerrarlos de nuevo y sentir la tentación de darme virtualmente con el cilicio por ser tan agonías, tentación frustrada por mi voto de Benevolencia. Di un par de pasos más y entonces el profe dijo que abriéramos los ojos y que si nuestra mirada se cruzaba con la de otro y nos surgía le diéramos un abrazo. Cuál no sería mi sorpresa cuando al abrir los ojos me encontré a un par de palmos al mismo profe, el único hombre de la clase ese día. Me puso una cara dubitativa, como temiendo que yo no estuviera en “modo abrazo”, pero le dije que por qué no y allí nos pusimos a la cosa del abrazo de oso y la sincronización de nuestras respiraciones. La suya era tranquila y su espalda acogedora y poderosa…; hasta ahí puedo leer, que diría Mayra Gómez Kemp (se ve que tengo el día retro en lo que se refiere a la tele: “Cine de barrio”, “La bola de cristal” y el “Un, dos, tres” en un único post sobre deporte…; será que el programa sobre el 23-F me ha refrescado la memoria o que una ya va teniendo una edad :-) ).

Mie
4
Feb '09

Aguirre destituido

Cuando Esperanza Aguirre leyó en aquel periódico el titular “Aguirre destituido” se sobresaltó sobremanera, momentáneamente incapaz de recordar dos hechos importantes.

El primero, que en español, contrariamente a lo que ocurre en el inglés que aprendiera de pequeña, los adjetivos tienen género. Y el segundo, que a una presidenta de Comunidad no se la puede destituir. Puede perder en unas elecciones, perder en una asamblea interna y no ser presentada, ser inhabilitada como consecuencia de una sentencia o toparse en la Casa de Campo con una trampa en el suelo realizada por espías del ayuntamiento asesorados por técnicos de efectos especiales de películas de Tarzán y aparecer en un submarino de una vieja película de 007, de esas que tiene en sus archivos Telemadrid, o en medio de un saloon de una película del oeste de esas con las que nos obsequia a diario al mediodía la cadena regional.

Un descuido llamativo el de no recordar tales hechos y sobresaltarse pensando que la destitución de un entrenador mexicano es en realidad la suya, pero en fin en este tiempo de escuchas secretas, declaraciones contradictorias y puñaladas traperas es fácil ponerse a la defensiva y ver peligros donde no los hay.

Lun
2
Feb '09

Lágrimas y cerebros reptilianos en el Open de Australia

Del fin de semana me quedo con la final del Open de tenis de Australia: el reñido partido entre los dos gigantes y la curiosa reacción de Rafa Nadal ante las lágrimas de Federer al verse relegado al segundo lugar.

Entiendo que perder tras una lucha larga e intensa resulta algo muy difícil de encajar tanto a nivel físico, como emocional y mental, pero semejantes manifestaciones en deportistas de nivel tan alto me parecen poco profesionales y lamentables. Tiendo a considerar que la gente que se dedica a competir debería ser capaz de mantener el núcleo de su autoestima a salvo de la derrota. En las olimpiadas de Pekín hubo algún caso parecido, en atletismo creo recordar, y me pareció bastante penoso el espectáculo del deportista con lágrimas en los ojos y el puño cerrado. También fue penoso ver perder los papeles emocionales a Gallardón cuando le relegaron frente a Esperanza Aguirre o, en medio de un debate televisivo, cuando Miguel Sebastián (penosa actuación la suya también) le sacudió la portada de una revista en la que aparecía su supuesta amante a la que supuestamente había beneficiado de forma ilegítima. Todo profesional de la competición o del debate político debería haber aprendido a mantener su cerebro reptiliano (ése que procesa las emociones primarias de cada uno) menos a flor de piel.

Sea como fuere, ahí estaba Federer llorando en medio de la media noche de Melbourne y debajo de los focos y el calor pegajoso del verano de las antípodas. Nadal acercó su boca a la cabeza del otro para susurrarle palabras de consuelo al oído. Un poco más tarde, mientras alzaba la copa y escuchaba los aplausos, el manacorí con su torpe inglés decía: “Roger, siento lo de hoy…” (”Roger, sorry for today. I really know how you feel right now. It’s really tough (but) remember you are a great champion, one of the best in history and you have proved that”). La escena era propia de un chiste de Gila: el campeón pidiendo perdón por haber ganado delante de miles de espectadores. Pero está claro que lo decía de corazón.

Este Rafa Nadal nunca deja de sorprenderme y no por el sentimiento de empatía en sí sino por el gesto de enunciarlo con tanta claridad.

Y otra cosa que me llama la atención es lo fácil que es predecir la derrota de un deportista o un equipo en una final a toro pasado. Es un curioso experimento el de comparar los comentarios en directo de los locutores deportivos con los análisis que se publican al día siguiente. En el partido de ayer Federer estuvo a punto de ganar y además firmó algunas jugadas muy buenas pero ahora resulta que todos tenían clarísimo que estaba herido de muerte y que vencería el manacorí. Lo más curioso de este mecanismo psicológico de negar las dudas a posteriori es que en el fondo tiene como consecuencia negarle a la contienda deportiva uno de los resortes de su sustrato épico: cuanto más igualadas las opciones, más interesante la competición. Cuanto mayor es el nivel de ambos contendientes mayor altura tiene el choque y más apasionante resulta ver cómo evoluciona. Pero en fin, se ve que a la mayor parte de los comentaristas les (nos) tira más tener razón que ser veraces a nivel expresivo o perceptivo.