Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Sab
31
Ene '09

Las flores del mal

Tengo un par de polis apostados en la puerta de mi casa. Algo habrá hecho nuestra Elsinora, pensarán algunos. Y otros pensarán que me he convertido por fin en la celebricity que merezco ser (porque yo lo valgo, que diría Eva Longoria) y que las autoridades han decidido protegerme de las hordas salvajes…

Pero ni lo uno ni lo otro. La cosa es que el otro día, de repente, vimos que la casa de enfrente se llenaba de coches de bomberos, de policías, que cortaban un carril, que precintaban la casa y que vecinos en ropa ligera y cara de susto iban poblando la acera.

Los expertos consultados por este blog sostienen que las obras de reforma de un local comercial del bajo afectaron a los cimientos porque a algún espabilado se le ocurrió hacer una especie de abrazaderas rodeando el acero de los elementos de sustentación. La desviación de un milímetro en la base se convierte por geometría en unos buenos centímetros de desviación en pisos sucesivos y así es fácil que el edificio se vuelva inestable. En conclusión, docenas de vecinos desalojados y una esquina entera con aspecto de ser una trinchera en medio de una guerra cruenta y circulación regular de curiosos en la esquina de mi casa para observar lo que ocurre, amén del coche de policía apostado en medio de la acera.

Radio Macuto por su parte informa que el enorme local que se está reformando va a ser una floristería (de lujo tendrá que ser, a juzgar por el tamaño) y yo, que ni soy una experta ni pertenezco a la redacción de Radio Macuto sostengo que esas flores tenían que ser las flores del mal, o que si no les pregunten a los vecinos que tuvieron que salir con lo puesto y ahora andan de peregrinación de hotel en hotel.

Vie
30
Ene '09

Otros que tampoco entender

La confusión no es patrimonio de nadie en especial, sino más bien un estado muy extendido, por lo que se ve.

El otro día en una librería de lance localicé un libro titulado “Confesiones de una norteamericana en apuros“, firmado por Kim Bradley y editado por Planeta. El texto da cuenta de las peripecias de una norteamericana en España (Madrid y Barcelona, sobre todo) en clave perplejo-humorística, por medio de una estructura de emails intercambiados entre el personaje, su familia y algunos amigos. No me lo he terminado aún, razón por la que no me puedo pronunciar sobre su calidad literaria o global, pero lo que he visto por ahora me anima a seguir leyendo, pese a que parece un texto irregular.

Entre los momentos más graciosos está el primer capítulo, que recoge la experiencia en una farmacia madrileña donde Naomi pide “algo líquido para contactos muy duros“, ante el estupor de la boticaria, una señora mayor de rostro severo. Lo que en realidad quería Naomi era simplemente líquido/solución humectante para las lentillas, pero como sus lentillas son semipermeables quiere asegurarse de que no le den líquido para lentillas blandas. (En inglés, para quien le interese saberlo sería “wetting solution for contact lenses”; según recoge el propio libro).

Tiene otros capítulos dedicados a la academia de español a la que acude en la Puerta del Sol, a sus profesores más o menos inútiles, sus compañeros de diversa procedencia y las disquisiciones del grupo de estudiantes en la taberna de turno sobre cuál es el verbo correcto a utilizar a la hora de pedir y la base filológica para ello (¿Será elijo? No, es escojo. No, será “tomaré”) y el camarero mientras esperando a que los plastas de los guiris se decidan de una vez.

En todo caso, independientemente del sabor que me quede del libro una vez leído entero, es un ejercicio saludable éste de verse a través de la óptica de un extranjero y sobre todo con el filtro del humor. A quienes les tiente la idea, el libro clásico del género es “La tesis de Nancy” de Ramón J. Sender, obra que en su momento me encantó y cuyo espíritu impregna muchos de los post de este blog.

Seguiremos informando…

Lun
26
Ene '09

Qué cosas inventa el hombre blanco… (final)

o Santa Elsinora del Buen Retiro, la santa nerviosa

(Esta es la tercera y última entrega de la serie. Artículo 1 aquí y artículo 2 aquí)

Me entregué a la apertura de canales con energía, acción y frase redundantes, ya que los canales precisamente están destinados a canalizar la energía, pero en fin, concentrémonos en la cosa. La posición no era muy díficil en sí, sobre todo para alguien acostumbrado a cosas como controlar la posición de los isquiones, el sacro, llevar el ombligo a la columna, practicar la respiración lateral mientras una tacita imaginaria reposa sobre las abdominales, o nadar con camiseta, paletas en la manos o las piernas cruzadas en una piscina de 25 metros y no morir en el empeño, pero me estaba resultando díficil mantener las piernas y la cadera ligeramente flexionadas, como nos pedía a cada rato el instructor, argumentando que así era más fácil tener una posición relajada.

Por más alumna aplicada que soy la asignatura de la relajación siempre me cuesta y de hecho la obligación de tener que adoptar esa postura “relajante” no me relajaba nada y notaba las piernas cada vez más cargadas. Imagino que las dos niñas de unos ocho años que había a mi izquierda, en la zona de practicantes avanzados, que no paraban de hablar, reir y moverse tuvieron parte de responsabilidad en mi nivel de tensión. Iban con alguno de los adultos que había junto a ellas, pero no pude descubrir con cuál ni por tanto decirle unas palabritas sobre su educación. Y por otra parte, el paso continuo de domingueros con o sin perros y con o sin niños que se nos quedaban mirando como si fuéramos las fieras de la (antigua) casa de fieras, tampoco ayudaban a mi relajación, ni tampoco el frío pelón. Pero ya se sabe que estas cosas de la cultivación espiritual no son fáciles, como nos enseñó ese pozo de sabiduría que es Karate Kid o las historias de “el pequeño saltamontes”. Así que ahí estaba yo, tratando de hacer las posturas de Falun Gong como quien se enfrenta a unas oposiciones, voluntariosa pero nada relajada.

En honor de un mejor transporte del chi y por un cierto arrojo torero propio de la gente castiza, me había puesto a practicar sin los guantes, pero al rato, con dos grados sobre cero, y con “ambos brazos superiores” levantados y casi inmóviles decidí que terminar con las manos congeladas no sería bueno ni para mi chi ni para mi futuro taurino (como editora Freelander 4X4 no ando tan lejos de ser bombera torera), así que me los puse. Justo en ese momento el instructor explicaba que en el caso de las mujeres la mano derecha debía ir por debajo de la izquierda y al revés en los hombres, cosa que ya había leído en otros sitios y que se basa en que las mujeres según la cultura tradicional china somos yin y los hombres yang y tal y pascual, pero a mí esto me molesta un poco, porque no creo que todas las mujeres sean comparables ni tampoco todos los hombres (y porque no me gusta el papel sumiso, secundario y pasivo que nos asigna la tradición china) y por eso no termino de asimilarlo, pero en fin, pensé que no era momento de sacar la vena feminista y obsequiar al pobre chino de escaso dominio del español con una encendida charla sobre la igualdad de géneros (aunque seguro que me habría hecho entrar en calor :-) . De forma que fui progresando adecuadamente, con esporádicas correcciones del profe, pero siendo tan consciente de que necesitaba relajar la postura como incapaz de lograrlo. Fuimos avanzando en los movimientos y en sus repeticiones y llegamos al momento de la meditación.

He aquí la parte más complicada, pese a ser la más simple, porque tenías que quitarte los zapatos (pese a los dos grados sobre cero) y sentarte sobre una esterilla en la posición del loto o del semiloto y permanecer cuarto de hora con los brazos extendidos a la altura de los hombros y después media hora con las manos en el regazo. Otra vez el arrojo torero me la jugó, porque quise hacer el loto completo ya que mi flexibilidad me lo permitía.

Para quienes no lo sepan, el loto completo es la típica posición sentado en el suelo con las piernas cruzadas y los pies sobre los muslos contrarios. Los pequeños problemas que tenía eran que mi flexibilidad me permite hacer el loto completo algo así como cinco minutos en una habitación climatizada y no por supuesto cuarenta y cinco minutos, inmóvil sobre una fina esterilla dispuesta sobre un suelo congelado y desigual y a merced del aire gélido. El profe nos pedía que permaneciéramos en aquella postura y con expresión bondadosa y serena, dejando la mente en blanco, pero al mismo tiempo siendo conscientes de que estábamos meditando.

Mucho más fácil decirlo que hacerlo, porque a ver quién es el guapo que sonríe con cara bondadosa y serena cuando las tibias se te clavan en los muslos, cuando notas que los pies se te están congelando por la inmovilidad y la postura y tienes dos niñas que no paran de reir y parlotear mientras sus padres están demasiado sumidos en la meditación bondadosa y serena como para mandarles callar de forma serena y bondadosa (o de otra forma cualquiera, si a eso vamos).

Aguanté unos diez minutos en posición de martirio ortodoxo modalidad Falun Gong, tratando de centrarme en algo que no fuera mi propio malestar, pero luego decidí que el mundo podía vivir sin una Santa Elsinora del Buen Retiro, y que más valía restablecer la circulación sanguínea en mis piernas antes de que me las tuvieran que amputar. Empecé a mover los dedos de los pies, primero discretamente y luego con cierto vigor y al adoptar la segunda postura de meditación cambié a semiloto (puse uno de los pies debajo del muslo contrario) y traté de dejar la mente en blanco como pedía el profesor pero al mismo tiempo siendo consciente de que estaba meditando. Y diréis que cómo se come eso, en mi caso me limité a sacarle el jugo a la comodidad relativa de la postura nueva, respiré hondo y sonreí de forma semiserena y semibondadosa al notar cómo progresivamente ambas “piernas inferiores” recuperaban cierto calor y cierta sensibilidad y mientras me alegraba de que aquellas niñas tan maleducadas no fueran nada mío y fuera a perderlas de vista en breve.

Al terminar la cosa y ponernos de nuevo los reconfortantes zapatos, el profe nos estuvo contando a la rubia y a mí algunos aspectos de la historia del Falun Gong. Dijo que llevaba ocho años practicando y que desde que lo hacía le bastaba dormir cuatro horas para estar lleno de energía, que nunca cogía catarros o gripes y que por otra parte lo más importante de esta disciplina era la parte espiritual basada en la práctica de la Verdad, Compasión y Tolerancia. Su tolerancia al frío y a las niñas ruidosas y los mirones y los perros explicaba parte de los beneficios físicos y espirituales de la práctica, era evidente, pero viendo sus labios completamente cortados pensé que poco efecto tenía aquella práctica para proteger su piel.

Le di las gracias al instructor, cosa que le sorprendió mucho y me marché a casa deshaciendo el camino hasta las vacas de la Cow Parade (que me parecieron más feas que a la ida). No sabría evaluar el efecto de la práctica, pero al mirarme en el espejo en casa me pareció que tenía la cara tersa y relajada que me dejan los masajes, pero ignoro si fue por la práctica en sí, por el efecto del frío en la cara o por el alivio que representaba regresar a casa, a una temperatura y unas posturas más agradables y sin niños chillones ni perros ladradores en las inmediaciones.

Cuando escribo esto también es domingo, léase día de práctica, pero como llovía y tenía pendiente mi relato, en lugar de plantarme en el Retiro he preferido practicar mi sonrisa serena y bondadosa frente al teclado del ordenador, para relataros esta aventura. Y me he puesto cacao los labios, no sea que se me corten y mi sonrisa pierda efecto.

Dom
25
Ene '09

Qué cosas inventa el hombre blanco (parte II)

O El pequeño saltamontes lo sopesa con sendos dos brazos superiores

Viene de aquí.
La semana siguiente descubriría que aquel grupito que localicé no tenía nada que ver con el Falun Gong, salvo quizá la indumentaria y el origen oriental.

El patinazo virtual del domingo me hizo planear con más cuidado mi siguiente incursión en el apasionante mundo del Falun Gong, disciplina prohibida hoy por hoy en China. Básicamente, le puse un mensaje a “El chino que me achuchó” comentándole quién era y que quería sumarme al grupo de practicantes, y preguntándole en qué parte del Retiro se reunían. Me contestó muy cordial que se reunían en la plaza del General Martínez Campos, muy cerca del metro Ibiza, y cerca del Florida Park, a eso de las 12. Pensé que mi contacto andaba tan despistado como yo respecto al Retiro, porque la única dirección de Madrid que yo conozco que incluye Martínez Campos está en Iglesia y no en Retiro.

Imaginé que había cambiado un general por otro (siendo chino no parecía un error improbable) y me puse a tratar de localizar el general correcto en las inmediaciones del parque y cerca de la boca de metro mencionada. Google y el callejero tradicional que tenía en casa tampoco recogían esa supuesta plaza, ni ninguna que incluyera un general, pero a cambio sí pude localizar el Florida Park.

La cosa es que finalmente llegué al lugar correcto, otra vez sin bolso ni nada aparatoso, con mi camiseta térmica y mis leotardos debajo del chandal y eso sí, con gorro, bufanda y guantes y un poco de retraso. Dejando atrás dos vacas de la “Cow Parade”, entré por la puerta que daba a Menéndez Pelayo y encontré pronto el lugar, que efectivamente se llamaba Plaza del General Martínez Campos, pero como ocurre con la mayor parte de calles y plazas del Retiro, no aparece reflejada en los planos. Había un grupito de unas doce o quince personas y junto a ellas, en el suelo, unos cartelitos con información sobre el movimiento del Falun Gong o Falún Dafa (que es su nombre en chino)y las persecuciones de las que ha sido objeto, etc. Además, había un chico que repartía folletos y sonaba una música china extraña en un radiocasete puesto sobre el suelo. Digamos que el ambiente tenía un punto de “hare christna, hare hare”, pero sin pastelitos, sin calvos y sin crótalos o chinchines, que es como se llaman esos platillos que entrechocan de manera tan molesta si mis conocimientos de música de quinto de EGB no me fallan.

Escaneé el grupito en busca de mi contacto, pero no le vi. En la cabeza de la formación había un chino de unos treinta y tantos frente a una señora rubia a la que estaba instruyendo. Al verme escrutando al personal, el chico que repartía los folletos se acercó a mí. Le pregunté si mi conocido había venido, me dijo que no, pero que si venía a practicar por primera vez, me pusiera al lado de la señora rubia. Así lo hice. El chino, que iba vestido con colores oscuros y que era más alto y menos fuerte que “mi contacto”, permanecía de pie, con los ojos cerrados y la señora iba imitando sus movimientos con pericia relativa.

Pensando en que en algún momento el instructor/practicante chino tendría que abrir los ojos me pregunté qué efecto podría tener sobre su flujo de chi (energía) el encontrarse de repente frente a él un pasmarote desconocido vestido de rojo que le miraba muy fijamente. El hecho ocurrió un poco después, y me dio la sensación de que tardó en procesar la información. Un punto negativo, porque al menos en el Chikung los expertos sostienen que la práctica proporciona un estado de atención relajada que permite estar muy consciente de todo pero con tranquilidad, merced a la activación de un tipo de ondas cerebrales, las ondas “theta”.

El par de dos del profe y la rubia estaban haciendo una de las repeticiones del primer movimiento, llamado “Abrir todos los canales”, según me explicaría un poco después el profe. Como alumna aplicada que soy, había leído algo sobre los ejercicios en casa y recordaba el nombre de la primera postura. La página web del movimiento te permite descargarte dos libros fundamentales en pdf gratis (ya que el autor ha cedido los derechos). La cuestión es que la versión en español es un poco extraña, seguramente porque la traducción la han hecho voluntarios, probablemente de habla inglesa, y recuerdo que la víspera a mi madre y a mí nos había hecho mucha gracia la parte en que se explicaba que había que levantar “ambos brazos superiores”.

Yo supuse que el error provendría de que el original inglés dijese “limbs” (miembros, u órganos, según el contexto), pero mi madre, más festiva y multicultural que yo, dijo que quizá los chinos pensaran como los hindúes que ciertas divinidades tienen siete u ocho brazos y que realmente se referían a los brazos superiores. Me acordé vagamente del episodio de “Siete vidas” donde repiten hasta la saciedad eso de “sendas dos rubias” y me quedé “sopesándolo” (coletilla de otro capítulo), pero me dije que con tanto recuerdo nunca conseguiría introducirme en esto del Falun Gong.

Me entregué a la apertura de canales con energía…

Continuará

_____
Nota: la construcción “sendas dos rubias” es incorrecta en castellano. Tengo la impresión de que la expresión errónea deriva del “both” inglés (amb@s, l@s dos) porque con frecuencia lo veo o lo oigo mal traducido, aunque también podría ser una simple ocurrencia del guionista de “Siete vidas”. Sea como fuere, esta palabra se utiliza mal muy a menudo. Como muchos sabéis, “send@s” significa “un@ a cada un@”, como en “les dió sendas bofetadas a sus hijas, por haber estado molestando a Elsinora durante toda la práctica”, es decir que le dió una bofetada a cada una. La frase siguiente debería señalar que al golpearlas en público el progenitor o la progenitora se compró un pase para la cárcel… como le pasó a esa madre andaluza… pero en fin eso ya es otro tema que nos apartaría de nuestras “sendas” (dos) gramaticales.

Jue
22
Ene '09

¿Espías o trabajas?

-¿Qué le pregunta un funcionario madrileño a otro?
-¿Espías o trabajas?

(Si tuviera un lápiz óptico y mis habilidades de dibujo más al día habría puesto una viñeta)
Todo esto es a raíz del escándalo por supuestos espionajes realizados entre los organismos públicos de la capital y su comunidad.

Mar
20
Ene '09

Qué cosas inventa el hombre blanco (parte I)

(… y también el amarillo)

Al final Madrid es un pañuelo, de forma que accidentalmente (nunca mejor dicho) me entero de que “el chino que me achuchó”, que resulta ser fisioterapeuta y monitor de Pilates amén de chino, está metido en algún arte marcial de oscuro nombre que se practica en el Retiro. Y digo “arte marcial de oscuro nombre” porque mi fuente no está segura de su spelling; bueno ni de su spelling ni de su meaning, si a eso vamos. Se me perdonará que use palabras inglesas pero es que como traductora y lectora en inglés sigo viviendo en pleno “bituinismo” lingüístico (por aquello del “between languages”).

Llevaba algún tiempo intentando localizar a un grupo que hacía Chi-kung (o Qi-gong, que es lo mismo) al aire libre en la zona norte de Madrid capital, en plan periodista intrépida, pero la estela era díficil de seguir, porque algunos testigos sostenían que “la cosa” tenía lugar en la Remonta y otros en el Parque del Oeste y por supuesto la Red sólo recogía iniciativas puntuales y caducadas… Por otra parte, pese a mis lecturas e investigaciones, y una clase de prueba a la que asistí, no conozco más que dos o tres posturas de Chi-kung, y pese a que en Inglaterra me desembaracé de gran parte de mi sentido del ridículo (como prima de Mister Bean no hubiera podido sobrevivir de no hacerlo así y además Inglaterra es un lugar perfecto para afinar tu “autosentido” del humor) y de que un ritmo lento parece que disimula más la ignorancia que el ritmo digamos, de una clase de step (sí, yo era ésa que no se sabía los pasos y siempre iba a la derecha cuando había que ir a la izquierda), el plan me apetecía pero tenía que vencer una cierta resistencia inicial. La cosa es que como la versión 1 y la versión 2 se desarrollaban temprano el fin de semana y como llevamos un otoño-invierno bastante gélido lo fui posponiendo.

La noticia de que “el chino que me achuchó” daba clases de algo marcial chino en el Retiro parecía una indicación de que ya iba siendo hora de que me pusiera a ello. Decidí que era momento de ponerse serio y que de ese domingo no pasaría… aunque hiciera dos grados bajo cero, como así era. Porque claro, una vez decidida, unos palmos de nieve no iban a impedirme poner en práctica mi plan… ¿o sí?

Quedaba la cuestión del atuendo y de no llevar bolso. Había que llevar cosas calientes pero ligeras y por supuesto no llevar bolso, ¿porque dónde lo ibas a dejar? Quería llevar algo de dinero por si acaso, pero claro, las monedas harían ruido y romperían la atmósfera yin o yang del momento. Varias prendas térmicas después (sí, ya sabes esos tejidos inteligentes que conservan el calor, cortan el viento y permiten traspirar bien, supuestamente), ya estaba lista para partir, pero tenía un pequeño problema: sabía que el Falun Gong (que así se llama la cosa) lo practicaban en el Retiro, pero el parque es muy grande…; así que una vez entré en el helado recinto, pregunté a uno de un puesto de chucherías. Me dijo que “los chinos esos de las cosas raras” practicaban en dos lugares, detrás del Palacio de Cristal y detrás de la Casa de Vacas. Consideré que lo primero sonaba más oriental-chino (y lo segundo más oriental-indio :-) ) y que además sabía llegar sin preguntar (cosa nada baladí; para mí el Retiro más allá del estanque grande y la entrada de la Puerta de Alcalá es como una jungla ignota: hace unos años me perdí en plena Feria del libro; en mi descargo diré que se hizo de noche y era díficil reconocer) y me fui para allí, tratando de no resbalar sobre las capas de hielo que llenaban ciertas partes de los paseos.

Por algún motivo aquel día el Retiro estaba lleno de franceses, familias, grupitos de jóvenes, franceses por todas partes, la mayor parte con cámaras de fotos.

Sea como fuere, en uno de los lados del Palacio de Cristal localicé a cuatro locos con ropas amplias que empezaron a hacer movimientos chinos. Tres de ellos llevaban atuendos coloristas chinos y sólo uno, el más alto, iba en plan occidental. Empezaron a hacer unas posturas con mucho movimiento, lento y armónico, pero bastante amplio. Me los quedé mirando desde mi atalaya resbaladiza, sin saber muy bien qué hacer. Me había imaginado un grupo algo más grande, y en el que hubiera otros principiantes entre los que pasar inadvertida, pero esto parecía más bien como si cuatro amiguetes se hubieran reunido a hacer esto y no como un grupo más o menos organizado. Ahí estaban junto a un árbol, en una zona en la que había menos nieve, en un día en el que hacía un frío punzante. Me quedé mirándoles discretamente un rato y después al estar segura de que el chino que me achuchó no estaba entre ellos, y que por tanto quizá ninguno de ellos fuera el instructor voluntario y las consideraciones del frío y que no tenía ni idea de esos movimientos, decidí darme una vueltecita.

El estanque frente al Palacio de Cristal no estaba helado, pero sí tenía una capa de hielo a la deriva sobre la que unos patos caminaban tranquilamente dando lugar a una escena que nos interesó vivamente y por igual a mí, a varios franceses, y a unos cuantos niños.

El Retiro estaba precioso, había que reconocerlo, lástima que no hubiera traído la cámara de fotos… pero claro necesitaba tener las manos libres para hacer mis movimientos de Falun Gong. Saqué el móvil extraplano de un bolsillo de mi anorak térmico para sacar una foto de los patos y demás, pero no me quedé nada contenta con el resultado, que por la escasa luz parecía un churro y me vino a la cabeza un cierto parentesco entre el andar algo torpe de los patos (se dice “parece un pato mareado”; se “mueve como un pato”… etc) y mi previsible versión de los movimientos de Falun Gong.

La cuestión es que seguí paseando por el Retiro con bastante precaución y una hora después me fui.

La semana siguiente descubriría…

Continuará

Lun
19
Ene '09

La Red reacciona

El último post “Concurso de camisetas mojadas” ha traído un extraño comentario a mi buzón, entre un millar de comentarios de spam. Un lector dice que le gustan mucho mis servicios y productos y que me da las gracias.

Sabía yo que la Red no se quedaría de nodos caídos ante un post que incluía “camisetas mojadas” en el título, pero esto de “mis servicios” me ha dejado un poco descolocada :-) porque yo pensaba que era blogger además de estudiante en paro o en todo caso una Freelander 4x4, pero más allá de eso no sé a qué servicios se puede referir… ¿textiles, quizá?

Jue
15
Ene '09

Concurso de camisetas mojadas

Cómo cambian los tiempos. Quién me iba a decir que tendría mi primer concurso de camisetas mojadas en medio de este invierno gélido que estamos viviendo. Y que además sería a las nueve de la mañana y en un grupo en el que hay varias abuelas… Y en un polideportivo municipal… ¡dónde vamos a ir a parar!

El día anterior el profe había escrito simplemente en la pizarra blanca: “El miércoles traed una camiseta”. Hasta entonces había pensado que se trataba de una pizarra más bien inofensiva. A veces resulta muy cómica, porque los muñequitos que el profe hace para ilustrar los ejercicios díficiles con frecuencia no tienen cuello o tienen unos brazos excesivamente largos y otras veces sencillamente son pizarras agotadoras, porque reproducen pirámides con pautas de nado continuo que suelen requerir mucha resistencia.

Esa misma mañana, de regreso a casa, corrí a meter una camiseta en la mochila antes de que se me olvidara. Anduve dudando entre varias, porque tengo un montón y muchas de ellas muy bonitas, pero al final elegí una sencilla y amplia, de color morado y con un rótulo grande en verde que dice Ciao a la altura del pecho. Imaginaba que la camiseta sería para hacer ejercicios en seco, como hemos hecho otras veces en el grupo anterior, con lo cual lo mejor era elegir algo cómodo.

Llegado el famoso miércoles, me quité todas las capas hasta quedarme en bañador y luego me puse la camiseta encima, intrigada respecto a qué haríamos de esta guisa y al mismo tiempo contenta de tener un poco de variación.

Una vez en el recinto de la piscina, lo primero que vi fue a una de las abuelas con una camiseta mojada semitransparente pegada al cuerpo… pero claro, tenía el bañador debajo. “Me la ha dejado el profe”, me explicó. “¿Mojada?”, le pregunté con extrañeza. “Sí, mojada”; contestó. Un poco más allá vi a otra abuela, más mayor, con otra camiseta mojada pegada al cuerpo y una gran sonrisa. Por más que miré no vi ningún jurado tomando notas ni tampoco la pizarra recogía votaciones sobre las cualidades de los bustos presentes. La perplejidad aumentó al ver que los pocos hombres del grupo también venían con su camiseta, con diverso grado de humedad.

“Al agua, rápido”, dijo el profe con una gran sonrisa. Y en fin, como dicen que donde fueres haz lo que vieres, me fui a la ducha, con mi camiseta morada tan mona, y ahí me puse hasta que terminó bien mojada y bien ceñida y luego me tiré al agua, deseándome suerte a mí misma en aquella competición cuya naturaleza exacta desconocía, pero de la que sabía que implicaba ponerse una camiseta mojada.

No tardé mucho en descubrir que aquello iba de camisetas mojadas y de competir, pero no exactamente en función de tus encantos pectorales. La cosa tenía más que ver con tus habilidades para avanzar rápido a pesar de la esponja móvil que se te iba llenando de agua y entorpeciendo tus movimientos todo el rato. Es como si una especie de medusa textil fuera acompañando tus movimientos.

En fin, deseé que mi camiseta morada no destiñera y me puse a la tarea del crol con respiración bilateral, tarea que, huelga decirlo, me tomé muy a pecho. La modestia no me impide confesar que yo y mi camiseta pronto tomamos la delantera :-) quedamos de las primeras… y que ambas nos pusimos moradas, cada una a su manera… Las abuelas también se lo pasaron muy bien, a juzgar por las apariencias.

Hay que ver lo que ha cambiado la pedagogía deportiva…

Mar
13
Ene '09

¿Nunca segundas partes fueron buenas?

Dice el refrán que nunca segundas partes fueron buenas y supongo que eso se podría aplicar a la segunda nevada en pocos días. Ya no tiene tanta gracia… diríase que la magia se ha perdido. Cuando algo se convierte en costumbre pierde su factor sorpresa y su potencia, como ya señalaron los griegos siglos atrás en sus tratados de retórica al distinguir entre ethos y pathos. O dicho de otro modo más contemporáneo: ¿a quién le fascinaría una magia que funcionara de 8 a 3 de lunes a viernes? Afortunadamente esta vez parece que la nevada va a ser más leve.
Lo curioso de los refranes es que la mayor parte de ellos tienen uno que dice justo lo contrario, así que además de lo de las segundas partes también se podría decir que “Año de nieves, año de bienes”. Nos quedamos con este último refrán, empeñados como estamos en seguir viendo el vaso medio lleno y no gotas que colman vasos.

Lun
12
Ene '09

Perplejidad en las pantallas

Se ve que la perplejidad se ha convertido en un fenómeno muy extendido. Por ejemplo, mi amiga Elena Alemany ha recogido un par de frases curiosas de la televisión y el cine en su blog que merecen un gran MI NO ENTENDER, con idea de enriquecerlas con las aportaciones de los lectores. Os remito al post “El estilismo de los linces y vaqueros de vanguardia” para que le echéis un vistazo y sugiráis algo, en el caso de que se os ocurra.

Vie
9
Ene '09

De la gota que colma el vaso al vaso medio lleno

Qué curiosa es la vida. Después de una navidad llena de problemas de salud, sobrecarga doméstica y demás, es decir, tras una época de horror en el supermercado y terror en el ultramarinos etc y en un momento en el que el ascensor de mi casa y el telefonillo han decidido no funcionar, dejando aislada a toda persona mayor de sesenta años (y en mi zona hay mucha densidad de gente en ese caso), hoy amanece nevado, y paso inmediatamente del modo “gota que colma el vaso” (aderezada con respiraciones profundas para evitar hacer nada de lo que luego me arrepienta, eso sí) a modo “vaso medio lleno”.

En este nuevo modo, ser editora freelander 4x4, o estudiante, o parada, según se prefiera, se convierte en una ventaja estratégica fundamental. Vale que me paso la mitad del día haciendo recados para quienes no los pueden hacer por falta de ascensor y por miedo a resbalar en la nieve, pero al mismo tiempo es una gozada hacer cola en el banco mientras ves caer la nieve por el cristal y a dos jóvenes tirándose bolas. O volver a casa sana y salva y ponerme a hacer fotos de árboles nevados, la geometría blanca de las ramas peladas que se abren como una especie de sonrisa abstracta y rítmica.

Como realmente no estoy en paro, me tocará compensar el tiempo de los recados y los esparcimientos fotográfico-líricos durante el fin de semana, pero realmente es estupendo no depender de los medios de transporte ni de los horarios.

Hay algo mágico en la nieve (agua congelada) que le permite a uno/a pasar de la gota que colma el vaso a empezar a describir el vaso medio vacío como vaso medio lleno. Ya lo decía Bruce Lee: sé como el agua.

Jue
8
Ene '09

Exotiza, que algo queda

Ver para creer. Una pensaba que el listón estaba muy alto tras un año de despropósitos y cosas impensables y que sería difícil que 2009 nos sorprendiera, pero ahora llega Aznar y dice que la victoria de Obama, Obama mismo, es un “exotismo histórico“. No quisiera ser yo del gabinete de prensa o del cuerpo de asesores de Aznar, como tampoco le envidio a Urdaci el puesto de director de prensa de Paco “El pocero” (o pocero malo, no confundir con “el pocero bueno“; menudo lío), porque a ver, según la lógica empleada por ese cerebro preclaro, el voto de la mujer o la igualdad racial fueron también exotismos históricos, ¿no? exotismos que -afortunadamente- vencieron su naturaleza efímera, en plan anécdota que da colorido (rosa en un caso, negro en el otro) antes de disolverse en el aire, pero que por alguna extraña conjunción de astros en lugar de evaporarse se instauraron para siempre en Occidente.

No puedo permanecer con los brazos cruzados. Se impone tomar medidas. La próxima vez que tenga cita en la pelu favorita de Esperanza Aguirre, Ana Botella y Ana Aznar, y me encuentre a alguna de las dos Anas tendré que echarles algo en el champú -o en el líquido de las mechas si se trata de la hija-, para inyectar un poco de actividad mental en sus depauperadas meninges y restaurar un nivel saludable de sinapsis neuronal que permita distinguir el exotismo del progreso y las peras y las manzanas de los homosexuales. Quizá haga mis pinitos con la acupuntura, hasta incluso…

Hasta entonces, he decidido abrigarme bien por si estos estos fenómenos de obstrucción mental son contagiosos, y me dedico a oxigenarme bien, hacer estiramientos y tomar mucho fósforo, ya que con la epidemia de alucinaciones que nos rodea, nunca se sabe qué exotismo histórico tiene en la cabeza el vecino y qué derecho va a querer quitarte, por no ser un hombre, blanco y “bienpensante”.

Lo dicho, ver para creer.

Vie
2
Ene '09

Feliz año nuevo

Os deseo lo mejor para esta nueva etapa que se abre, llena de posibilidades.