Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Vie
31
Oct '08

Sobre la realidad y su sentido

Ando enfrascada en una traducción de una narración del inglés al español. Mi trabajo consiste en primer lugar en entender qué hace el texto original y cómo lo hace y después en construir o crear un texto equivalente en español. Descifrar sentido y expresarlo de nuevo. En esta doble tarea es muy importante reparar en los detalles, las formas, los contextos. Obviar los matices puede suponer hacer una traducción nefasta. Mi carapantallismo actual consiste en habitar una ficción regida por el sentido.

En otras palabras, jugar a que esto en lo que estamos inmersos tiene sentido.

Un trabajo semejante te pone en una situación curiosa. Por un lado es una tarea solitaria y casi invisible (si trabajas en casa la gente termina creyendo que no trabajas), aunque con un cierto prestigio entre la gente que lee, y por otra parte te convierte en una especie de ornitólogo freaky que anda persiguiendo sonidos de pájaros que nadie oye y que nadie distingue. Sospecho incluso que esos sonidos de pájaros no le importan a casi nadie, a juzgar por el mimo que se pone en la televisión y en la radio en el uso de la lengua castellana, en hablar de forma inteligible y correcta. Alguna vez me he propuesto registrar los gazapos de la televisión, pero siempre desisto, convencida de que no daría abasto. En la radio ocurre también. (Por cierto, ¿alguien podría explicarles a los locutores de Kiss Fm que el “Mercy” de Daffy no significa gracias sino clemencia, misericordia o piedad; “you got me begging you for mercy, mercy, mercy”).

Así salgo de la realidad paralela en la que habito para meterme en una realidad subterránea poblada con gente llena de paraguas y abrigos de piel de oso y carritos de niño, y carritos de la compra y personas que parecen normales pero creen firmemente en que pueden atravesar tu cuerpo, que desconocen aquello tan básico de “antes de entrar dejen salir” o las contrastadas ventajas de una buena higiene corporal. Un mundo en el que lo normal es que las embarazadas y los ancianos del vagón sobrevivan colgados de la barra y en el que lo suyo es andar sorteando goteras, montones de serrín y periódicos destripados por el suelo. El detalle más curioso de este mundo –y lo que hace que todo lo demás merezca la pena- es, sin duda, la gotera que cae imperturbable día tras días sobre un cubo en el que se lee: “Comida Perro Prosegur”. Es conocido que el agua de Madrid es muy buena, pero no sabía yo que esos perrazos pudieran subsistir con agua de lluvia con residuo de pared y techo, con retrogusto terroso.

El otro día, de regreso de la piscina, iba yo sumida en estas ideas, en lo grato que es viajar en un suburbano tan abarrotado, sucio y lleno de gente incívica y en cómo me gusta ser la ayudante 24 horas del polideportivo, especialista en sortear nadadores ciegos de mi calle y las colindantes, capear compañeras de vestuario con especial querencia por tu espacio físico y necesidad de hacer apostolado todo el tiempo sobre cosas que ni interesan ni tienen ningún fundamento y asistir aquí y allá a gente que no tiene ninguna deficiencia importante pero va por la vida sin mirar a su alrededor, cuando tuve la dicha de encontrar asiento (no había embarazadas ni ancianos a la vista, tranquilos).

Con mucha propiedad, como estaba en el metro, me senté a leer mi Metro, y cuando andaba enfrascada en una curiosa/morbosa noticia sobre las funerarias que al parecer proyectan abrir un departamento CSI, es decir, conservar muestras de ADN de los difuntos para rastrear enfermadades genéticas, un tipo grande y que desprendía un olor desagradable pero dificil de identificar se sentó a mi lado. Vi que leía descaradamente mi periódico, cosa que me molesta, más incluso si es gratuito. La cosa es que al rato, como cotillear mi periódico ya no suponía un reto para él, pasó a la siguiente pantalla y se vio con ganas de pedirme que le hiciera un comentario de texto o una crítica del artículo que ambos estábamos leyendo. No sabía él que me gano la vida haciendo este tipo de cosas y que mi madre me dijo de pequeña “no hables de textos con desconocidos”.

En el periódico venía una infografía bastante cutre para ilustrar la noticia de las funerarias que mostraba entre otras cosas dos copas de cerveza y junto a ellas un móvil en cuya pantalla se leía “Descanse en paz”. El tipo me preguntó “¿así que la cerveza es mala?”. “Hombre, depende de cuántas se tome uno”.

“Pues a ver -me contestó- yo me tomo unas seis cervezas al día. Y también cuatro cubatas y tres gintonics. Me alimento de lo que bebo y de salchichón. Soy vegetariano. No tomo ni leche, ni carne, ni huevos. No tomo pan porque engorda. Me alimento de tomates y pimientos. Y ya ves. Estoy como un toro. Ochenta años. Como un toro”. La enumeración de bebidas alcohólicas incrementaba la inquietud del viajero que había a mi izquierda, que le lanzaba miradas alarmadas, pero no decía nada. “Hoy mismo”, dijo, “ya me he tomado dos gin-tonics. Me los tomo dobles, así que me he tomado seis. En ayunas”. No estaba mal para ser sólo las 10 y media de la mañana de un miércoles laborable.

Algún mecanismo de seguridad se había desplegado en mí, afortunadamente, y así ni las contradicciones ni las aberraciones dietéticas ni las dosis mencionadas cortocircuitaron mi cerebro. De hecho ni siquiera le contesté, temiendo incrementar su sed de relato (nunca mejor dicho), y por miedo a que la conversación con este ser mítico se pusiera peligrosa. El tipo parecía un ex boxeador, grandote, hinchado y con cara atontada pero desde luego no aparentaba ochenta años. Tenía bastante pelo, negro.

Cuando me levanté para bajarme, con la impedimenta de natación a la espalda y mis propósitos de ponerme a traducir cuanto antes, oí que me decía, “ahora puedes ir a tomarte un cubata tú” y luego una risa. El comentario me arrancó una media sonrisa. La frase tenía la virtud de ilustrar perfectamente la distancia entre su lógica y la mía y por otra parte, era un intento a la desesperada de que le siguiera el rollo.

Cuánta razón tenía este hombre, entre los largos en la piscina y las horas de cuidadosa traducción lo que yo necesitaba era un par de cubatitas para abrir boca.

Mar
28
Oct '08

Mensaje en una esfera

He recibido el siguiente mensaje, de lo más enigmático:

No te engañes a ti mismo fingiendo que no estás interesado en esta esfera. ¿qué esfera?, ¿el globo terráqueo?, ¿la burbuja inmobiliaria?, ¿la blogosfera?, ¿la esfera política? Hoy en día puedes encontrar lo que quieras en internet ¿un club de fans de Elsinora? ¿un trabajo bien pagado? ¿el truco para cancelar mi hipoteca? ¿un novio divino de la muerte? La primera experiencia negativa provocó inhibiciones ya lo veo, se refiere al carnet de conducir; o a aquella tortilla de patatas que se me quemó y puso trabas al desarrollo de la esfera sexual ¡acabáramos!; o sea que la primera experiencia impidió que se desarrollara bien la esfera… o sea que el globo de latex, se pinchó en algunos individuos mala suerte para ellos, cuánto lo sentimos. Entiende que no estás solo en este mundo ¿el mundo mundial? porque en el mundo de los freakies sexuales no estoy ni sola ni acompañada, simplemente no estoy. Todas las normas han sido prohibidas no sabía yo esto; de lo que se entera una con esto de los blogs y muchas cosas ahora son socialmente aceptables pozí, así es. Rechaza todos los principios mojigatos y reglas de conducta ¿todas las reglas? ¿y entonces qué hago? Hoy en día la situación es bastante diferente. Puedes desarrollar tu esfera íntima y dale y disfrutar cada una de sus manifestaciones.

A continuación el mensaje original, recibido en inglés, la lengua del imperio ¿esférico?

Don’t deceive yourself and pretend that you are not interested in this sphere . Today you can find everything you like in the internet . . First negative experience provoked inhibitions and hag-ups and hampered the development of sexual sphere in many individuals . You understand that you are not alone in this world . All norms are banned and many things are now socially acceptable . Refuse all sanctimonious principles and rules of conduct Nowadays the situation is quite different . You can develop your intimate sphere and enjoy every its manifestation.
*****

Y por cierto, al final del bonito mensaje había un link a una página de videos porno, de lo más esféricos todos, supongo, porque no me he atrevido a pinchar en el enlace, porque al quedarme sin reglas de conducta a seguir ya no sé cómo conducirme por la blogosfera, yo que me inhibí con el carné de conducir, pero eso sí, ya he dejado de engañarme a mí misma fingiendo que las esferas, cualquier esfera, no me interesan. Me interesan mucho, de hecho. Las esferas, así, tan… ¿cómo decirlo? redonditas.

Lun
27
Oct '08

Cuánto deporte… (III)

Las estaciones se sucedían y los chavales de enfrente, que no debían ser de Madrid, hacían bromas sobre sus nombres e incluso les tiraban besos con esa inmunidad al sentido del ridículo que sólo la edad, el grupo o el alcohol otorgan. Su entusiasmo por los pequeños detalles me recordó mi propia sorpresa en los primeros tiempos de Londres, si bien quise creer que yo era mucho más discreta y mis observaciones más sutiles. La estación favorita de la chavalería era con diferencia Lago.

Después de celebrarla conveniente dos de ellos se enzarzaron en una pequeña discusión sobre si era correcto o no llamar “arcada” al soportal cubierto de arcos que alojaba la estación al aire libre. El chaval del grupo sostenía que “arcada” sólo significa lo que precede al vómito. En todo caso, a estos chavales les faltaba vocabulario por todas partes y les sobraban prendas estridentes (¿o soy yo que estoy desfasada?).

Observando la sucesión de arcos de piedra pensé que hacía años que no iba a la Casa de Campo y me acordé de cuando fui para hacer la prueba del First con el Instituto Británico y de cuando de pequeños íbamos a remar en el lago. Cualquiera diría que me había embarcado en un viaje nostálgico-temático, en el que sólo tendría cabida lo relacionado con Periodismo, el Inglés y el deporte. Diríase que los caminos de la línea blanca son insondables.

En Lago precisamente habían subido unos cuantos chavales con el mismo chandal y la misma bolsa de deportes, que indudablemente formaban parte del mismo equipo, de un deporte que no pude determinar. Una de las chavalas, pintada como una puerta y con una delirante combinación de estilos de ropa, dijo mientras les miraba: “eso sí que mola, poder hacer deporte así”. Y ahí directamente pensé que no entendía nada. Poco después otra de las futuras masterizadas en Periodismo Deportivo y Comunicación Nosecuantitos decidió ofrecerle su asiento a un señor mayor pero en lugar de comunicárselo como la comunicóloga que supuestamente era se levantó con la carpeta aún en el regazo y el bolso medio colgando y se acercó hasta el señor.

El señor no quería sentarse y además tenía a su disposición un asiento libre (razón por la que yo no le había cedido el mío), de manera que la chavala volvió a su sitio, con la carpeta todavía sobre las piernas. Lo dicho, que eran buenos chavales, pero pelín desinformados estos periodistas deportivos.

Un poco como yo hace unos cuantos años, supongo.

Dom
26
Oct '08

Cuánto deporte y cuán lejos de casa (II)

La vuelta a casa no resultó demasiado épica, pero tampoco demasiado tortuosa. Aunque tenía que hacer dos trasbordos y usar dos billetes distintos, durante la mayor parte del trayecto era posible depositar aquellas bonitas mancuernas de PVC en el suelo y en los cambios de línea el secreto estaba en aguantar lo suficiente hasta las escaleras mecánicas.

Me había propuesto aprovechar el largo viaje para avanzar trabajo (como cazadragones part-time no me queda otra), cosa que pude hacer a la ida, pero a la vuelta estaba demasiado cansada para ir leyendo mi manuscrito en inglés, así que lo volví a meter en el bolso lamentando el peso extra y me puse a observar a mi alrededor. Cuatro chavales con cuatro carpetas idénticas soltaban risotadas enfrente de mí. El lomo de la carpeta decía: “VI Master de Periodismo Deportivo”.

Los observé con mayor detenimiento (tres chicas y un chico) para concluir que rara vez había visto a gente con un aspecto más alejado del deporte. No era sólo un asunto de la forma de vestir y la complexión, sino también de la postura y la actitud corporal.

Me acordé también de mis compañeros de Periodismo, especialmente de unas chavalas que venían a clase todos los días con el Marca retorcido y que al parecer sabían todas las alineaciones y las estadísticas. Llevaban unas uñas largas pintadas de oscuro y un look semiheavy que siempre me había desagradado. La cosa es que estas chavalas ignoraban cualquier cosa que no fuera fútbol y por supuesto no practicaban ningún deporte.

Volviendo al presente, leí en la carpeta de los chavales “Universidad Juan Carlos I” y me acordé de un amigo mío que es profe allí, precisamente en Periodismo y me pregunté si estos cuatro serían alumnos suyos. Parecían buenos chicos, y a efectos académicos su mal gusto para vestir y su exceso de ingenuidad no creo que fueran relevantes.

A mi derecha había otros tres tipos curiosos. El del extremo, muy moreno y con rasgos de origen árabe pero claramente español y nariz de boxeador hablaba animadamente con el que tenía a su lado, un chaval de pelo castaño y cara vagamente inglesa, repanchingado sobre el asiento y con su pie enfundado en una zapatilla de marca pisando el asidero metálico del vagón con esa dejadez física tan anglosajona.

El del pelo oscuro le hablaba en español y el otro le contestaba en inglés, con un marcado acento del centro de Inglaterra. El que estaba junto a mí, rubio y de formas redondas, tenía un libro de baloncesto sobre el regazo, y sobre él un paquete de tabaco y un cuaderno. Parecía norteamericano y vestía con un look de hace diez años. A éste sólo le oí hablar en español con acento vagamente inglés. Estaba bastante estresado por cuestiones de trabajo y los otros dos trataban de tranquilizarle sin esforzarse demasiado en el empeño, me pareció.

El del medio, el del acento no londinense, se puso a hablar en un español perfecto y entonces ya no supe si realmente tenía cara de inglés o había sido una suposición hecha después de haberle oído hablar con tanta fluidez.

Por la conversación y el aspecto deduje que eran periodistas deportivos y bilingües y de alguna forma me sentí muy cerca y muy lejos de ellos al mismo tiempo. Ninguno de ellos parecía demasiado deportista, por otra parte.

Las estaciones se sucedían y los chavales de enfrente…

Continuará.

(Como los más observadores habrán notado, he vuelto a la plantilla original. He pensado que un post tan largo con un cuerpo 8 podía ser matador, y como de momento no puedo modificar el tamaño de letra me ha parecido mejor volver a esta plantilla).

Sab
25
Oct '08

Cuánto deporte y tan lejos de casa

Cuando yo era ¿pequeña?, ¿más joven?, hace unos años, vamos, era famoso un sketch de televisión de Emilio Aragón en el que él aparecía persiguiendo interminablemente una línea blanca pintada en el suelo por las calles de la ciudad. Al mismo tiempo sonaba una melodía muy familiar.

El otro día juraría que a mí me pasó lo mismo. O bien yo seguía una línea blanca o bien una línea blanca me seguía a mí. Sea como fuere, mi línea y yo llegamos nada menos que hasta Alcorcón, desde Chamberí. Y en metro, además.

Perseguíamos un par de pesas o mancuernas, que son una cosa rara para perseguir, pero así era. No es que fuera presa de un brote de “Teletienditis” (ya sabes, ese mal que consiste en invertir miles de euros en aparatos de gimnasia más o menos estrambóticos vistos en la tele), sino que mi profe de Pilates está empeñado en hacer de nosotras (sólo hay un par de hombres en clase y uno casi nunca viene) unas atletas y para ser atleta parece imprescindible poder hacer fondos impecablemente y para hacer fondos parece imprescindible no tener muñecas de pitiminí, al menos si tus caderas no son igualmente de pitiminí. El profe nos tuvo un rato practicando con las picas (ver este post) y luego nos dio instrucciones para que siguiéramos practicando en casa con el palo de la fregona para tener muñecas de acero cuando en noviembre nos pongamos a hacer fondos. Puso a Dios por testigo de que si no practicábamos todos los días, llegado ese momento nuestras muñecas se abrirían. Mi experiencia con los fondos hasta ahora ha dejado mi casilla en 0 y la de los fondos en 1, pero ya se sabe que el que ríe último ríe mejor.

La cosa es que el palo de la fregona -rígido como es- no termina de plegarse a mis deseos: a mi madre no le hace demasiada gracia ver los flecos del mocho subiendo y bajando en medio del salón (me gusta hacer ejercicio mientras veo la televisión), por más que la fregona esté completamente seca y sea una flamante Vileda-palo-largo de 140 cm bastante nueva, y a mí no me complace que sea tan larga y tan hueca y a las paredes colindantes y a las macetas no les hace demasiada gracia ser avasalladas treinta veces con cada mano.

Unas pesas ligeras parecían una opción segura para mí y para el mobiliario. Hay una pequeña tienda de deportes cerca de casa, pero a quién le seduce cazar una mosca pudiendo cazar un dragón. Como además también quería echar un ojo a algunas cosas de natación y nunca había estado en un Decathlon (básicamente porque antes de mi fiebre deportista era más bien alérgica a este tipo de sitios) puse en marcha la operación de busca y captura. Hete aquí que todos los establecimientos de la cadena francesa están en el extrarradio y como yo no conduzco y no podía esperar a que nadie me llevara (valiente cazadragones dominguera estaría hecha entonces), tenía que analizar cuidadosamente las comunicaciones de cada sede para descubrir la de mejor acceso mediante transporte público.

Porque claro, con mi sentido de la orientación tampoco podía arriesgarme a andar buscando por las calles de Alcobendas o San Sebastián de los Reyes el bonito edificio de Decathlon. Fui comprobando los planos de cada sede y descubrí que efectivamente la mejor opción era Parque Oeste en Alcorcón, porque la parada del Metrosur dejaba bastante cerca, como me había comentado una amiga tiempo atrás. El plan era ir a echar un vistazo a la oferta en pesas, cintas elásticas de fitness y cachivaches de natación y sólo comprar cosas ligeras a la espera de volver otro día con refuerzos (una cosa es querer cazar dragones y otra ser masoca). Pero al final de algún modo regresé con dos pesas de dos kilos, dos cintas elásticas Reebok (Fitness Rings) y tres pelotas de diversos tamaños y colores vivos.

La vuelta a casa…

Continuará

Vie
24
Oct '08

Yoguilates para todos (solucionario)

Tendréis que disculpar mi baja tasa de actualización de estos días, pero mi carapantallismo profesional me inclina a rehuir la pantalla en cuanto me es posible.

A continuación van las respuestas correctas al test del último post, para aquellos que tengan curiosidad por conocerlas.

-Estampación: 1-c; visualizar las partes, la colocación y la presión que soporta cada zona ayuda a mantener el equilibrio y mejorar la coordinación. El término también se utiliza en las escuelas de danza, por lo que he leído.

-Picas: 2-f; al menos en mi gimnasio llaman picas a unos palos gruesos que se usan para hacer torsiones y para desarrollar determinados músculos. Valen también para darse masajes en la planta del pie: pones el palo en el suelo, en horizontal y pones el pie encima, y presionas, primero en el talón y luego vas avanzando hacia delante. Al final desplazas toda la planta sobre él. Relaja bastante y favorece la circulación.

-Fondos de brazos: 3-a. No comment :-)

-Periné: 4-b. El suelo pélvico suele perder tonicidad con la edad y con los partos. Hay ejercicios específicos para mejorarlo, pero a veces las explicaciones suenan un poco surrealistas…

-La sonrisa interior: 5-d. Lo mejor de todo es que funciona… creo :-) Hay que imaginar que algo parecido a la barra verdosa de la fotocopiadora te va recorriendo por dentro y te llena de luz.

Dom
19
Oct '08

Yogilatando que es gerundio

Aquí sigo. Sumergida en el tiempo londinense que nos invade, tan preocupada como saturada por el bombardeo de información sobre la crisis económica (la CNN es una verdadera pesadilla) y buscando trabajo carapantallil por cuenta ajena. La cosa va bien, por cierto.

Como no todo va a ser currar ni ver la tele, me he sumergido en mi última nueva pasión, es decir, el Chi-Kung, una disciplina china prima hermana del Tai-Chi. En realidad la palabra Chi-Kung es un término paraguas bajo el cual cabe una serie de disciplinas médicas y de lucha (véase el Kung Fu, por ejemplo).

También sigo estando muy interesada por el Pilates, incluso por algo llamado Yogilates que es una combinación mediopensionista entre el Yoga y el Pilates, como los más avispados de vosotros habréis deducido. El aluvión de información, ingerido a toda prisa entre mis lecturas de manuscritos y mis tareas de traducción me han sumido en un estado de perplejidad que le casa bien al blog. Tengo unas cuantas dudas, a ver si me las podéis despejar.

1. La estampación es:
a) Eso que le gusta tanto a tu suegra y que en mala hora aprendió gracias a unos fascículos de RBA editores.
b) Esa técnica tan imaginativa a la que se entregan tus hijos con las paredes de la casa a poco que te distraigas.
c) La huella de las partes de tu cuerpo que están en contacto con el suelo y el peso que soportan en cada postura.
d) Una cosa misteriosa a la que se aferran los profesores de Pilates para echarte la culpa de tu propia torpeza cuando te estampas contra el suelo.

2. Una pica es:
a) Eso que otros ponen en Flandes, pedazo de chulitos.
b) Eso que tú pones en Flandes, menudo eres tú.
c) Eso que indefectiblemente los torpes de tus compañeros del gimnasio acaban dejando caer sobre tus pies descalzos.
d) Eso que indefectiblemente pero sin saber muy bien cómo terminas dejando caer sobre los pies descalzos de tus compañeros del gimnasio.
e) Un tipo de carta del póquer.
f) Unos palos que se usan en los gimnasios para hacer torsiones, o fortalecer algún músculo concreto.

3. Los fondos son:
a) La vía que ha encontrado tu profesor para torturarte y hacerte notar que bueno, quizás no estés tan en forma como pensabas.
b) Eso que se ha hundido porque las hipotecarias norteamericanas concedieron muchas subprime a un altísimo interés que nadie pagó y luego nadie quería comprar los pisos embargados, y luego nadie confiaba en las hipotecarias.
c) El plural del lugar donde ese tío tan pesado o esa tía tan pesada tiene oculto su encanto, su gracia o lo que les hace interesantes.
d) La imagen más o menos hortera que aparece en la pantalla de tu ordenador y que no sabes como cambiar.

4. Periné:
a) Es como llaman los franceses a los Pirineos.
b) Es un conjunto de músculos también llamado suelo pélvico que se potencia mucho en Pilates.
c) Es el hueso que vulgarmente se conoce como espinilla.

5. La sonrisa interior:
a) Es la que se te queda cuando sabes que tienes razón pero no lo puedes demostrar.
b) Es el escalofrío mezclado con cierto alivio que sientes cuando terminas de hacer tu declaración de la renta (positiva) y te dispones a pagarla.
c) Es semejante a la sonrisa clavicular de Pilates e implica poner en postura horizontal determinados órganos internos.
d) Es una actitud interna preconizada en las artes marciales orientales que consiste en imaginar una sonrisa amplia en tu interior que lo llena todo de luz blanca y que en teoría te predispone a hacer mejor un ejercicio o a afrontar mejor una situación.

Dom
12
Oct '08

Probando nuevas plantillas

No te asustes. No hay ningún error en tu navegador. Este sitio sigue siendo el “Mi no entender” de siempre a pesar del cambio de look. Estoy probando nuevos “temas” en la bitácora. ¿Qué te parece éste? Es limpito y agradable, ¿no? Quizá la letra sea un poco pequeña.

Vie
3
Oct '08

Conversación en una librería del centro de Madrid

Estoy en una librería del centro de Madrid, ojeando libros un jueves por la mañana. Se trata de una librería vinculada a los tiempos en los que estudié Escritura Creativa en la cercana Escuela de Letras. Hacía años que no venía, porque en las escalas técnicas en Madrid de la etapa londinense solía visitar La Casa del libro y/o la Fnac y ahora que estoy de vuelta suelo evitar el centro. El local tiene algo de muy conocido y al mismo tiempo de extraño, porque han transcurrido muchos años desde la época en que lo frecuentaba. Conozco al dependiente, pero decido saludarle más tarde y echar un ojo a los libros.

-Qué lata están dando con el pijamita. La dichosa novela del niño del pijamita.

La voz, varios decibelios por encima del volumen del estándar de una conversación privada en España, proviene de un señor de unos ochenta años, alto y enjuto, bien vestido. Le acompaña una mujer que podría ser su esposa. Parece sorda o indiferente, porque no reacciona de ninguna forma visible a las voces del marido.

-Y es que hay que ver. Ahora escribe cualquiera. Al final, lo bueno, lo prestigioso, va a ser no escribir.

El tipo recorre la librería ojeando aquí y allá pero sin encontrar nada que borre de su mente la ominosa estela de “El niño del pijama de rayas”.

En un momento determinado decide que ya ha tenido bastante y pregunta a bocajarro al dependiente: ¿Cuánto cuesta el libro de Queipo de Llanos?

El empleado le contesta que no se lo puede decir, porque el libro aún no ha salido. Me parece que lo dice con un asomo de satisfacción, contento de poder dar una negativa a un tipo tan estomagante sin dejar de ser profesional.

-¿Cómo puede ser eso? Pero si el libro ya se ha presentado. Usted debería estar al tanto de…

-Sí, sé que lo va a sacar Esfera de los Libros, pero aún no ha llegado.

Pensé que para retirarse con toda elegancia, al vendedor sólo le había faltado cerrar la conversación con un “ahora, si me disculpa, tengo que colocar unos cuantos ejemplares de “El niño del pijama de rayas” en el escaparate, que se está vendiendo muy bien”. Mientras pasaba las páginas de la sección de Madrid y Castilla del “Manual para viajeros por España y lectores en casa” del británico Richard Ford (”el castellano es rudo pero de afecto sincero…”) me dije que el dependiente era demasiado castellano para usar este tipo de remoquete al estilo de La Pérfida.

Lo mejor del caso es que a mí el libro en cuestión ni me va ni me viene. Es más, lo que he oído es que literariamente no vale mucho, pero estas actitudes prepotentes me despiertan un afán de compensación. A todo esto, yo, muy británica, había esbozado una sonrisita interna y seguía ojeando narrativa extranjera de cejas altas y algunos ensayos. Al final, elegí “Entrevistas breves con hombres repulsivos” (reseñas aquí y aquí) de David Foster Wallace (De Bolsillo; 8,95€; traducción de Javier Calvo) y “Un pistoletazo en medio de un concierto. Acerca de escribir de política en una novela” (Editorial Complutense; 3 €) de Belén Gopegui. Sólo ahora me doy cuenta de la conexión entre los libros y la situación. Y luego habrá gente que necesite consultar el “I Ching” para conocerse a sí misma…

'

Entre dummies, crisis globales y botellón a la inglesa

Pues nada, aquí sigo, perpleja ante la que se nos avecina a nivel económico y ante las nuevas tendencias de los homeless británicos. Al parecer, ahora se ha puesto de moda emborracharse bebiendo un desinfectante hospitalario que tiene un 90% de alcohol. Colocar colocará, pero también se lleva por delante el esófago del bebedor. La tendencia se ha detectado en Londres, pero se cree que en el resto de Inglaterra también está de moda colocarse con los desinfectantes hospitalarios que el NHS (el sistema sanitario público inglés) distribuye con diligencia en un intento (fracasado, por ahora) de terminar con las infecciones hospitalarias endémicas.