Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Sab
26
Jul '08

El movimiento se demuestra andando

Quiero creer que aún no hay comentarios con vuestros textos porque estamos en medio de un puente en Julio y todo el mundo ha huido a la playa o la montaña o dormita en un lugar con aire acondicionado y sin ordenador… No me sean tímidos, que es muy divertido.

He aquí el producto de mi tentativa con los diecisiete títulos.

Yo no soy Camus, aunque tengo algo de turista de mí mismo, lo reconozco y así lo diría incluso ante el juez, pero cuando en medio de aquel ritual de aniversario llego al “Obrador de los pintores” y veo que Lola baila sola en medio de aquella sala llena de espejos y de hilos rojos, confieso que mi círculo de confianza se vino abajo y me quedé sin recursos humanos ni divinos a los que aferrarme en este mundo salvaje en el que los maridos evitan sus propios aniversarios.

Trastorno creo que llaman al estado en el que entré en ese momento, trastorno mental transitorio, usted podrá especificarlo mejor, pero yo entonces no lo sabía y no hacía más que ver danzar a la tal Lola, ajena a la evidencia de su abandono y ajena al hecho de la música que ella bailaba no era en realidad el famoso tema L´oiseau, incluido en el célebre Klavierkonzert vienés del siglo XIX sino en realidad un Réquiem por la canción quebrada, un réquiem que su compositor quiso dedicar a los desastres asociados a la mirada del caballo, una mirada rota como la canción y como las alas del tal pájaro comeniños y como los espejos y los hilos rojos de la sala. En realidad creo que los espejos no estaban rotos hasta que empezó aquello, mi trastorno, pero de lo que estoy seguro es de que la mirada del caballo era una mirada sin ojos, una mirada de turistas de sí mismos que no lo saben pero terminan matando a alguien sólo porque en Marruecos hace mucho calor y van con jersey negro de cuello alto porque creen que están en París o en pleno invierno en los bajos de Moncloa con unos litros y porque alguien, un desconocido, se les pone a tiro, a ellos que no han sabido triunfar en el amor de los adultos y que están bañados en sudor.

Por otra parte, un amigo mío que me conoce bien sostiene que todo esto deriva de unos pinchazos y sus consecuencias y que en realidad ni hubo ritual de aniversario, ni Lola danzante entre espejos, ni espejos, ni hilos rojos, ni pájaros africanos o velazqueños, ni réquiem de canción quebrada ni de canción entera y sostiene también que lo que había allí con toda seguridad era caballo, caballo sin mirada ninguna, caballo del bueno y que en fin, con aquel mono no tuve más remedio que aferrarme a ello, un recurso muy humano ese de refugiarse en la química en tiempo de trastorno, así se lo contaremos al tipo de la toga, el juez. Creo que esto es todo. He conseguido mencionar las diecisiete historias que me obsesionan, algunas incluso han aparecido varias veces. A ver si así me libro de ellas, como usted sugería, doctor.

Mie
23
Jul '08

Mecano literario (Todos juegan)

O “Modelo para armar”, que diría Cortázar.

Recojo aquí un juego literario que ya he propuesto en otro ámbito pero esta vez abierto a todos. Se trata de escribir un texto que contenga los siguientes 17 títulos, que corresponden a los relatos presentados a la edición de este año del concurso Javier de Mier. Es muy sencillo, vale cualquier texto de ficción que recoja los diecisiete títulos al menos una vez, en el orden que se quiera. En lo posible, los títulos se citarán textualmente (es decir, sin cambiar los tiempos verbales, artículos y demás). El enfoque puede ser realista, humorístico, dramático, surrealista o como se quiera. Además de ser divertido, no lleva más de media hora y tiene un punto de Sudoku o tetris (por aquello de encajar piezas) que casa muy bien con esta época estival.

He aquí la lista, por orden alfabético. Afilen sus lápices, señores, y su imaginación. Y manden el resultado en un comentario.

1. De unos pinchazos y sus consecuencias.
2. El círculo de confianza.
3. El juez.
4. El obrador de los pintores.
5. El turista.
6. Espejos.
7. Este mundo salvaje.
8. Klavierkonzert.
9. La mirada del caballo.
10. L´oiseau.
11. Lola baila sola.
12. Mis hilos rojos.
13. Recursos humanos.
14. Réquiem por la canción quebrada.
15. Ritual de aniversario.
16. Trastorno.
17. Yo no soy Camus.

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Dom
20
Jul '08

Cumpleaños mestizo y prejubilación de Elsinora

Ayer celebré mi primer cumpleaños de regreso en Madrid, junto con mi hermano, en una Chueca sin aglomeraciones, pero en medio de un calor que se podía cortar.

La cosa resultó bien: la gente se divirtió y se mezcló razonablemente. Por mi parte, yo también me divertí con y sin delantal, mezclando ingredientes, influencias y grupos de amigos y comprobando la salud de algunos de los lazos de siempre. Aparentemente, mi Chiken Tikka Massala (con el permiso de Sharwood´s) ha mejorado: dejar el pollo en salsa varias horas antes de consumirlo ayuda a que el pollo coja el sabor del curry, está claro; pero también puede ser que los paladares se hayan ido adaptando más al sabor (además de que la salsa de Sharwood´s es menos picante que la Patak´s).

No hubo grandes cambios que reseñar salvo que la mayor parte de las caras que estaban allí no estaban en los tiempos de Londres (algunas estuvieron en algún momento), que la rúcula se llama rúcula y no rocket, que las cervezas Stella son más difíciles de conseguir y se pagan en euros (y por tanto más baratas), y que faltaban algunas caras que poblaron mi paisaje durante dos años.

La que sí estaba era la dinámica Mayeútica, habitante por tres años del South East londinense y aficionada también a estas cosas de la literatura y lo multicultural. Brindamos con nuestras Stellas, como quien brinda con la magdalena de Proust tratando de palpar la textura del tiempo “perdido”. Ignoro lo que pasaría por la cabeza de Mayeútica en ese momento; de hecho ignoro muchos detalles de lo que pasaba por la mía, pero intuyo que debo buscarlo y que probablemente esa búsqueda la haré con lápiz y papel y en clave no bloguera.

Algunos amigos que siguen mi blog protestan ante mis comentarios sobre su anunciado cierre. Lo que puedo decir es que hoy por hoy, “Mi no entender” no me aporta en términos de resultados ni en feedback (sólo siete comentarios en un mes) un estímulo proporcional al tiempo y energía que le dedico, sobre todo teniendo en cuenta que el tiempo que le dedico al blog no se lo puedo dedicar a escribir ficción. Esto puede cambiar y se pueden encontrar sistemas de hacer compatible el blog con otros proyectos si los alicientes se incrementaran (por efecto de mayor número/frecuencia de comentarios, por ejemplo :-) ), pero en principio, visto lo visto, me parece que lo más probable es que los últimos post salgan en agosto, comentando la estancia en China (Las clónicas pelplejas desde China, como sugería Parianea).

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Vie
18
Jul '08

Teléfono rojo

Teléfono rojo, volamos hacia Pekín

Bueno, todavía no. Volaremos en agosto para la inauguración de los Juegos olímpicos.

Seguiremos informando, creo.

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Lun
14
Jul '08

Noche de cuentos (¿bis?)

Me he quedado un poco perpleja.

El sábado posteé con urgencia un artículo cortito titulado “Noche de cuentos” con motivo del inminente fallo del Javier de Mier. Decía algo así como que era la gran noche de nuestro concurso de relatos y que sentía la tentación de hacer el gamberro y decir eso de que pasara lo que pasara con las votaciones estaba segura de que ganaría la democracia, esa frase que se usa tanto tras las elecciones, especialmente si el que gana no es nuestro partido. Añadía después que en nuestro caso la palabra “democracia” debía ser sustituida por “literatura” y remataba contando que estaba segura de que en mi caso iba a ganar la literatura porque me había hecho el propósito firme de escribir con regularidad desde ahora al Javier de Mier del año que viene, para beneficio de la calidad de mi cuento a concurso y para beneficio de mi proyecto de novela sobre Londres y mi propia salud mental.

Concluía suponiendo que a medio plazo escribir ficción con regularidad y mantener el blog iban a ser tareas incompatibles por falta de tiempo, por lo que advertía que probablemente tuviera que cerrar el blog en breve. Para rematar prometía informar puntualmente de los siguientes pasos.

Había sentido la necesidad de hacer pública mi decisión porque me parecía que así ésta sería más firme, además de que esta decisión tenía consecuencias para el blog y me parecía bien informar. La cosa es que al ir a ver el post titulado “Noche de cuentos”, el post no aparece por ninguna parte, y ya no sé qué ha podido pasar con él y no quiero ni pensar que esa misteriosa desaparición sea una maldad de los duendes del hiperespacio para minar mi voluntad de escritora responsable, o que en realidad todo se deba a que mi medicación para el riego cerebral necesita un reajuste :-)

En fin, amigos, pulso el botón Publicar sin demasiada fe en que este artículo siga estando mañana donde yo lo puse. Pero esta vez tengo testimonio por escrito por si el hiperespacio me la jugara de nuevo. Cuidaos de las apariencias, y las nuevas tecnologías, que las carga el diablo burlón.

Dom
13
Jul '08

And the winner is

Ya tenemos ganador en el Javier de Mier: “La mirada del caballo”, de Javier Arriero Retamar. ¡Enhorabuena! Ya habíamos hablado de él aquí, e incluso su blog está enlazado en la barra de la izquierda. El finalista fue “El juez” de Carlos López Keller, felicidades a él también (aunque no sé si lee el blog :-) .

La velada, que estuvo muy bien, se prolongó hasta las cinco de la mañana e incluyó de todo, análisis literarios, risas, comida, nuevos pares de la escritura, bebidas, reencuentros y la confirmación de que el concurso está muy vivo y se ha abierto a nuevas voces.

El año que viene, más. Y hasta entonces, no olviden vitaminarse y mineralizarse, vamos, leer y escribir, empezando por la que suscribe.

Lun
7
Jul '08

¿Cómo leemos?

Estoy en plena vorágine de lectura (esos bonitos cuentos del Javier de Mier) y edición (pues en eso consiste mi “famoso” carapantallismo) ya que tengo fecha de entrega (muy) a la vista, así que no puedo dedicar mucho tiempo a postear, pero sí me gustaría poner una pequeña reflexión, o más bien, unas preguntas:

¿Cómo leemos? ¿Por qué leemos? ¿Por qué algunos textos nos gustan desde el primer momento y es muy difícil que si el tono y el ritmo nos gusta no le perdonemos este y aquel error? Los textos de este concurso van con seudónimo así que el nombre en principio no debería predisponerle a un@ a favor o a en contra; pero estoy segura de que los seudónimos y los títulos arrastran su color a las primeras líneas.

¿Por qué determinados textos nos irritan irremisiblemente? A mí me pasa con algunas formas de adjetivar: me sacan completamente de quicio. Creo que mi forma de leer ha cambiado un poco después de vivir en Inglaterra: en cierta manera he adquirido un cierto gusto por las frases y los enfoques más directos.

También me chirrían las combinaciones de palabras que juzgo cursis o rebuscadas, pero claro, lo que para mí es cursi para otro no lo es. De hecho, ya no recuerdo cuántas veces ha tildado alguien mis narraciones de “pedantes” y/o “rebuscadas”. Lo mejor, sin embargo fue aquello del “divinismo sin arraigo” o tal vez lo de “ferragoso”, expresiones que sigo sin entender a día de hoy.

Volviendo a lo de textos que te irritan, si uno lo piensa, es un poco injusto para el autor que el lector-jurado se deje llevar por cosas tan epidérmicas, tan de primer contacto con la prosa, ¿no os parece?

Dom
6
Jul '08

My first birthday back in Madrid (part II)

Hace unos días fue mi cumpleaños. Se trata de mi primer cumpleaños en Madrid, tras dos años en Londres. La historia la empecé a contar aquí y prometí publicar una segunda parte en breve. He tardado en hacerlo por falta de tiempo y también porque quería afinar mucho en el enfoque y en los elementos elegidos, por el valor narrativo del evento: un cumpleaños en dos sitios era una oportunidad muy apropiada para comparar etapas y hacer interpretaciones.

El borrador incompleto de la primera fase (los post más narrativos del blog los escribo por oleadas, pero normalmente las oleadas añaden pero apenas corrigen; quizá “oleada” no es la mejor metáfora para explicarlo, pero no se me ocurre otra) me parecía costumbrista en el mal sentido de la palabra. Pertenezco a un tipo de escritores que funcionan mayoritamente “de oído”: si el tono no suena bien, me resulta muy difícil hacer como otros escritores menos emocionales o más disciplinados y seguir adelante con el propósito de fijar las ideas y retocar al final. Yo necesito que la “sintonía” esté medianamente definida, aunque luego pueda afinar una nota aquí o allá, ampliar una sección, elimininar otra, repetir. De hecho, si aquello no suena, siento que no hay ideas que fijar, porque las ideas surgen al abrigo de la música o al menos ella las muestra con más fuerza.

Así que el comienzo del artículo ha dormido unos días hasta que hoy, a la sombra de los Javier de Mier leídos y por leer, y a la sombra del trabajo que tengo pendiente y que abordaré en breve, por fin he encontrado (he oído) la forma de continuarlo y me he puesto a ello. Es curioso que una vez tienes el tono, lo que más te ayuda a la hora de construir un texto de este tipo es la memoria visual. Pero basta de “cocina de escritor”. Vayamos al texto en sí.

Inicié mi día de cumpleaños en Madrid levantándome a las 7 y media para ir a nadar. Me puse el bañador, una camiseta y unos pantalones cortos y desayuné un té con sacarina (¡hecho con el agua de una kettle!) y un yogur desnatado. A dos minutos de mi casa está el metro, cosa que en Londres ni por asomo (bueno, van a ampliar la East Line así que en breve habrá Tube por allí y los precios de las casas subirán etc etc.) Nadé unos cuantos largos como si aquello de la crisis de los treinta y tanto no fuera conmigo (la edad media de mis compañeros ayuda, qué duda cabe) y no comenté con mis compañeros de piscina también conocidos como la fauna piscinil que era mi aniversario porque nos conocemos poco y todo iba a resultar forzado.

De vuelta a casa, superada la logística post-nadar (aclarar bañador y gorro, etc etc) trabajé un poco hasta la comida, en los ratos en los que no me llamaron para felicitarme. En realidad no me llamó mucha gente, pero con los que lo hicieron estuve hablando largamente (hay por ahí una araña roja, sin ir más lejos) y realmente fue como si no hubiera pasado dos años fuera, ni hubieran transcurrido 13 años (oh cielo santo, 13 años, qué horror) desde que dejamos la facultad. Me acordé también de los que antes siempre llamaban y que nunca podrán volver a hacerlo (soy de las que se ponen trascendentes con los cumpleaños, qué le vamos a hacer :-) y saqué la conclusión de que habrá que evitar posponer nada con los presentes.

A la hora de comer, en lugar de tener frente a mí el careto de S. mi flatmate londinense, o la pantalla de la tele de la cocina (con frecuencia comía con el Cifras y letras británico; a esto me gustaría dedicarle un post en el futuro) o el cherrytree del front garden y un séquito de arañas, moscas, avispas y demás bicherío (con el que solía bailar una danza-batalla en la que solía ganar yo a fuerza de terminar agotada), en el caso de que hubiera sacado mi bandejita al jardín para comer allí aprovechando el buen tiempo; decía que en lugar de lo anterior, frente a mí tenía a mis padres y a mi hermano menor (sí, el que leyó la tesis según conté aquí) y comíamos en una mesa grande de roble en un comedor de un tercer piso de una céntrica zona de Madrid sobre sillas estilo reina Ana restauradas, comida no hecha por mí, y no comprada ni el Sainsbury´s de Stanstead Road (juraría que se llamaba así el Sainsbury´s local al que iba, junto a los bomberos y frente al dentista pakistaní seguidor del Madrid; de camino a casa de mi alumna de español en Sydeham y a la pizzería donde hice mis pinitos) ni en las tiendas de los pakistaníes cercanos, ni en el Welcome de Crofton Park, ni el mercadillo de los sábados de Lewisham (ah, qué frutas y qué quesos, y qué aceitunas francesas; lo pesado era llevarlos a casa en el bus desde allí) frente al Ladywell Leisure Centre donde yo iba a nadar, ni siquiera en el enorme Sainsbury´s de Forest Hill (esa zona que me parecía más agradable y segura que la mía, pero que en realidad era bastante más peligrosa) o en el Price de cerca de mi college (¿se llama así la cadena de congelados baratos que anuncia una madre oronda y sonriente? Cada vez me cuesta más precisar estos detalles; podría mirar en Google, pero la gracia es tratar de acordarse).
Después de comer, mi intención era trabajar un poco…

Continuará

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Al final he tenido que mirar el nombre de la tienda de congelados. Recordaba que el logo era naranja y de tipografía muy sólida (tipo bloque), pero del nombre nada. Metiendo en Google las palabras con las que ellos se venden (good price, frozen products y añadiendo UK) aparece en seguida Iceland, que era el nombre de la cadena de congelados que quería recordar. Una especie de La Sirena, pero más cutre. He encontrado este comentario sobre la tienda (en inglés) con el que coincido bastante. Incluye precios recientes, además. Resulta que la madre regordeta que yo pensaba que era una actriz de una soap opera o una presentadora es en realidad una cantante de un grupo y se llama (según el autor del artículo) Kerry Katona (qué rica tona está la Kerry, apetece decir; aunque esta en realidad ha comido demasiado helado congelado marca Iceland).

Sab
5
Jul '08

Diecisiete cuentos

Como diecisiete soles participan este año en nuestro concurso Javier de Mier. Acabo de recibirlos en versión documento Word y los títulos prometen. Ahora el jurado oficial -los participantes- dispone de una semana para leerlos y votar un ganador y un finalista. El jurado popular (amigos y conocidos del otro jurado) emitirá también su voto. Por cierto, quienes quieran ser mi jurado popular que hablen ahora (que tengo los cuentos calentitos, a pie de attachtment) o callen para siempre.
Qué emoción. Pocas cosas hay tan emocionantes como esto.

Jue
3
Jul '08

Sabiduría oriental para épocas de cambios

Salía de mi sesión de masaje relajante de los jueves, en Lavapiés, con mis chakras recolocados en sus meridianos y demás. Parece ser que vivo una época de cambios (regreso a España, inestabilidad laboral, carapantallismo) y eso me tensa.

Subía la cuesta de la calle Ave María de regreso a casa y al trabajo disfrutando de unos músculos más sueltos y flexibles cuando en un escaparate vi una camisa de lino en tonos frambuesa que me atrajo. El dueño era un indio muy amable de esos que te miran como si supieran de ti más que tú (con el matiz importante de que además lo que supiera de ti le gustara). La camisa de cuello Mao estaba bien de precio. La talla parecía la mía pero ya que tenía tan a mano al vendedor oráculo le pregunté si me sentaría bien. Asintió mientras me miraba fijamente.

De nuevo en casa, me probé la camisa y vi que estaba hecha exactamente a mi medida. Antes de cortar la etiqueta, me dio por leerla. Ésta decía (en inglés): “Modas Bagdad, Made in Nepal. Esta prenda ha sido hecha a mano. Pueden producirse cambios de color. Por favor, considérelo un aliciente. Disfrute este producto de Modas Bagdad”.

Hagamos caso a la sabiduría nepalí, entonces.

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Apuntes sobre la traducción de la etiqueta (para aquellos a quienes les interese el inglés o la traducción).

La versión original en inglés, citada literalmente, es: “This garment is Handmade. Any variation in colour may occur. Please treat this as an attraction. Enjoy this Modas Bagdad product.”.

En este contexto, “attraction” se puede traducir como “atractivo”, “aliciente” o “ventaja”. A mí me ha parecido que “aliciente” era el término más apropiado, por el matiz inmaterial que tiene (un aliciente es algo que motiva, pero habitualmente algo no material). “Ventaja” es una opción apropiada en términos generales pero menos redonda, porque es un término que aparece con mucha frecuencia junto a “económica” y porque aporta un matiz de competición (alguien tiene una ventaja respecto a alguien que carece de ella) que no cuadra con el espíritu del texto general (el artículo en este caso).

Para usar “atractivo” en una frase que no chirriara en español habría que reformular la oración de esta forma: “Por favor, considérelo un atractivo de la prenda”. No me acaba de convencer, en todo caso.

En fin, como se ve, la traducción es algo más que copiar y pegar un texto en un cuadro de un traductor automático :-)