Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

Choose a Topic:

Vie
30
May '08

Repetimos

Después de una semana en cama con gripe, volver estos días a la vida activa me está resultando difícil. Imagino que he sido víctima de este tiempo londinense que lleva con nosotros un par de semanas: bueno para los embalses, bueno para hidratar la piel y hacer fotos de nubes esponjosas… y bueno, para deprimirte cuarto y mitad por la falta de sol.

No es sólo que haya estado una semana sin hacer ejercicio –y sin entrar en contacto con esa fauna y esa flora propia de los polideportivos; ¡quién me iba a decir que los iba a echar de menos!-, sino que como freelance el trabajo se acumula literalmente sobre mi mesa de trabajo. Así que veo que Elsinora Contracturas está deseando sustituir a la mínima a la Elsinora Fitness de los últimos tiempos, merced al carapantallismo a contrarreloj en el que vivo.

Hay herramientas para evitar la tensión y las contracturas, Pilates, Técnica Alexander y Stretching mediante o incluso técnicas de relajación. Básicamente, hay que vigilar la postura, hacer paradas y estirar, separar claramente los momentos de trabajo de los de ocio y obligarse a salir a pasear un rato cada día aunque tenga que ser a última hora del día. He observado que este tipo de cosas ya me preocupaban hace un par de años y me resulta curioso ver cómo les hacía frente entonces cuando vivía en La Pérfida. Pego aquí aquel artículo del año pasado. Qué vueltas da la vida, por cierto.

No soy la única proclive al estrés, a juzgar por esto.

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Dom
25
May '08

Eurovisión

Ha ganado Rusia. Chikilicuatre lo hizo bien (entendiendo el bien en los términos del registro de parodia en el que se movía la propuesta) ya que una gamberrada como aquella es lógico que no dé más que para la zona templada de la tabla.

He seguido Eurovisión muy cerca este año. Me ha llamado la atención el fenómeno Chikilicuatre y además Rafaella Carrá me hace mucha gracia. Este tipo de cosas sacan a flote mi lado “marujo” o pop, o baja cultura. La gala en sí da para muchos comentarios, pero no me quiero extender demasiado. Para un comentario sobre parte lingüística/cultural del concurso os pego aquí un enlace a un artículo que ha publicado una amiga mía escritora sobre Eurovisión 2008 en su nuevo e interesante blog.

Lo único que añadiría a lo que ella comenta es que es una pena que la canción británica “Even if” de Andy Abraham no obtuviera más votos. Musicalmente era de las mejores, en mi opinión. Y también me llama la atención que tantos grupos cantaran en inglés, y la coincidencia de que estos grupos hayan quedado entre los primeros puestos (Rusia, Ucrania y Grecia).

No quiero terminar sin incluir algunas observaciones “malosas”, y que me perdonen mis amigas griegas. Para empezar, me siento tentada a jugar con el título de la canción griega “My secret combination” dado que la tal cantante es una combinación nada secreta de Britney Spears, Shakira y Mariah Carey (y probablemente alguna sustancia no autorizada, en la línea de los ingredientes artísticos de los que se nutre) y para continuar el cantante ruso de “Believe”, de Dima Bilan (Dimas el Villano, en traducción libérrima) que ciertamente se lo tenía creído mostraba cierto parecido a un actor porno español (Nacho Vidal, me dicen fuentes más informadas que yo :-) , o eso me pareció.

Por otra parte, además de la grima que me dio ver a este “cachas” bailando descalzo a pocos palmos de las cuchillas metálicas del patinador, al hacer el bis, la escenografía y la composición se parecía tantísimo a los carteles soviéticos (el tipo de rodillas con la bandera de su país, la camisa blanca, lo épico de la escena) que me dio un cierto repelús, sobre todo pensando que la mayor parte de los votos los recibió de países que antes pertenecían a la confederación rusa y que según la prensa internacional dedican gran parte de sus esfuerzos diplomáticos a convencer a Rusia de que debe respetar su autonomía (algunas malas lenguas se imaginan que este resultado está basado en el trasvase de barriles de petróleo a determinadas delegaciones participantes. Yo no llegaría a tanto).

Seguramente soy la única freakie que se fija en estos pequeños detalles de Eurovisión, pero en fin…

Enlace a artículo sobre la edición de Eurovisión de 2006, con sede en Grecia.

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Vie
23
May '08

Y digo yo (sobre Eurovisión y otros carnavales)

Pues que digo yo que si uno da un vistazo al panorama internacional y se centra en el área latina de Europa se topa con un país en forma de bota en el que en lo político prima lo posmoderno en su sentido más hueco: votan al fistro jefe de mafiosos, porque no tienen concepto de Estado y les da todo igual: en el reino de “qué hay de lo mío” es normal que se declare un delito ser inmigrante ilegal y que se muevan las basuras de Nápoles de un lado para otro en lugar de encontrar una solución definitiva para el procesado.

En cambio, en España, una gamberrada lanzada en el momento oportuno y la complicidad de gente con ganas de divertirse vía SMS han creado un fenómeno muy curioso. Hablo de Chikilicuatre, por supuesto, también un fenómeno posmoderno que deconstruye el concepto Eurovisión y lo reinventa en sus propios términos y le enseña a un país con tendencia a mirarse a sí mismo con solemnidad a reirse de sí mismo. Qué saludable es y qué poco lo están entendiendo algunos como el club de fans de Eurovisión oficial (más les valdría llamarlo Eurorrisión).
Aquí pego un link a un artículo sobre el tema de El País. El artículo no hace justicia a la que se ha montado en España con este asunto, pero recoge parte de ello.

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Jue
22
May '08

Entre un pub de Londres y la calle donde nací

Se suele considerar que seis meses es el tiempo necesario para adaptarte a un nuevo país. Llevo ya algo más de seis meses en Madrid tras vivir dos años en Londres, así que imagino que estoy integrada de nuevo en la vida española. Todo lo integrado que uno pueda estar, I mean.

Definir el término integración es una tarea escurridiza que no tengo intención de abordar en este momento. En todo caso, estar integrado no significa que un@ no eche de menos cosas de su anterior vida, ni tampoco que le siga costando aceptar que las cosas por aquí sigan como siempre. Se puede decir que hay integración siempre que esos parámetros de nostalgia y rechazo a costumbres concretas se mantengan en niveles aceptables. Eso suscita la pregunta de quién define la magnitud de lo aceptable, para quién y en qué circunstancias, pero en fin, la cosa es que estoy razonablemente cómoda en mi nueva ubicación, aunque eche de menos algunas cosas de mi vida en La Pérfida.

El tiempo en Madrid últimamente se parece mucho al de Londres: tenemos esponjosas nubes, lluvias intermitentes, asomos de sol, árboles muy verdes, florecitas en el campo etc etc.

Más fotos aquí

Eso sí, ni rastro de ardillas o zorros en los jardines que veo desde mi ventana ni en las inmediaciones de mi casa. Por el mismo precio me ahorro los caracoles y las babosas que forraban mi calle del SouthEast London, pero también las rosas y las plantas aromáticas. Quedamos en tablas, supongo.

Como se ve, tengo episodios de flashback a mi vida inglesa, alimentados en ocasiones por la lectura de la prensa o de las bitácoras de amigos que aún viven en la capital de La Pérfida (blog de Ignacio y blog de Sirventés). Intento no dejarme llevar mucho por esa nostalgia, porque sé que vale para poco y en cambio tomo notas mentales sobre viajes relámpago a Londres para volver a ver tal o cual cosa y sobre propósitos de sacarle el jugo a Madrid, porque la clave del disfrute y de la intensidad no está tanto en el qué o el dónde sino en el cómo.

Ayer experimenté un intenso viaje virtual a Londres. No era para menos, ya que dos equipos ingleses se jugaban la final de la Champions League en Moscú. No soy muy futbolera, pero tenía cierta curiosidad por el fenómeno, porque tanto Manchester como Chelsea son equipos que me resultan familiares. A pesar de ser (o haber sido) una Londoner, me cae mejor el Manchester, porque el Chelsea tiene un tufillo pijo y prepotente que no me va (y porque además ganó al Valencia en un partido que presencié en un pub con mi ex flatmate Patrick).

En la CNN hicieron una cobertura bastante extensa de los previos al partido, la atmósfera en Moscú, las predicciones de resultados y yo tenía muchas ganas de conocer el desarrollo de aquello, pero no tanto por el partido en sí, sino por el seguimiento de los hinchas. En la televisión norteamericana conectaron con el ambientillo de un pub irlandés del centro y al parecer el público estaba dividido mitad y mitad a favor de uno y otro equipo. Gran parte de la gente estaba fuera del pub, en camiseta y las caras eran las de siempre.

Estuve imaginando cómo sería esa noche en Londres, porque seguramente yo hubiera visto el partido en algún pub o en casa y habría tomado notas para este blog. Visualizaba fácilmente la media pinta de Stella y las vinegar chips en un fondo de mesa de madera. Eso hubiera significado que yo seguía viviendo en Londres tras terminar el master y que habría encontrado un trabajo.

En función del tipo de trabajo y de su ubicación seguiría viviendo en mi antigua casa o no, y también en función del curro probablemente habría ampliado mi círculo de amigos. A su vez, eso habría borrado del mapa estos seis últimos meses, mi Pilates, mis clases de natación, los proyectos que iban a ser y no fueron, los encuentros con mis amigos que sí fueron y están siendo, la vida familiar, los post que he escrito desde entonces etc, etc.

En fin, lo dejo aquí, porque imaginar estas cosas te sume en una espiral de conjeturas que tiende a producir vértigo.

La cosa es que al final –como muchos de vosotros ya sabreis- ganó el Manchester. No vi el partido, porque no tenía sentido, dado que a mí lo que me interesaba era el contexto y no el partido en sí. Lo habría visto si pudiera conectar el Sky News o alguna otra emisora británica. Lo que sí vi a cambio fue el Europasión, el programa de TVE1 sobre cómo unos cantantes españoles de Eurovisión reinterpretaban temas de otros.

Más allá de la irregular calidad de canciones e intérpretes y de los paralelismos que pude establecer entre cantar y escribir, me resultó curioso conocer y recordar cosas sobre los representantes hispanos de aquellos años, de la relación de la España de entonces con la Europa de entonces y reencontrarme con aquel “mítico” concurso llamado “Hola Rafaella” de hace un puñado de años (la cantante italiana Rafaella Carrá presentaba un programa…).

Así que en lugar de ver el final de la Champions en un pub de Londres me quedé con los La, la, la, los Eres tú y los Vivo cantando interpretados por Rosa, Sergio Dalma and company. Un@ puede tener la impresión de que salí perdiendo, pero también puede recordar lo que decía Chesterton sobre que el auténtico aventurero no es quien da la vuelta al mundo, sino el que es capaz de saltar por encima del muro del jardín de su vecino o aquello que dijo sobre que el hombre moderno viaja a lugares exóticos para huir de la calle donde nació.

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Lun
19
May '08

Animales de piscina V

El tema de la rapidez relativa de los nadadores nos lleva a otra especie frecuente en las piscinas: la de los “yo primero”: quieren tirarse los primeros, salir los primeros, aunque sean más lentos que nadie y es que no hay nada más relativo que la idea del nadador de su propia velocidad.

Hay otra especie, llamada “me he dejado los ojos en casa”. Estos nunca te ven, aunque vayan nadando de frente y tú de espaldas y lleves un bañador fosforescente y siempre te toca detectarlos para evitar una colisión. No hace falta decir que los “yo primero” y los “sin ojos” de tu calle son la principal razón de que no consigas mejorar tu rendimiento, más allá de que anoche durmieras 4 horas, que tengas el día vago o que lleves apenas una semana nadando.

Por mi parte, reconozco que pertenezco a la especie de los “casi no oigo”: con los tapones de goma inscrustados en los oídos no entra agua ni apenas sonido. Eso sí, yo pongo voluntad: me quito las gafas para leer mejor los labios de la profe o de mis compañeros si me preguntan cuando estamos agarrados al bordillo.

Como os contaba ayer, en mi lista de parches de adaptación cultural adquiridos en La Pérfida faltaba el de “consejitis aguditis española” y el destinado a tratar con idiosincrasias como la de la Srta Apoca Por Cierto, inasequible al desaliento, porque ignoro cuánta gente coincidirá con ella en considerar estúpido beber agua después de hacer deporte pero seguro que la proporción de quienes lo verbalizan es muy baja.

De manera que Apoca no me deja hacer estiramientos después de nadar ni tampoco beber agua, pero a cambio sí me deja echarme crema hidratante en la cara. Bueno, más que dejarme casi me la echa ella de su bote de Vichy y también me permite ir vestida con mi viejo chandal de baloncesto de Adidas porque encuentra muy gracioso el muñeco dibujado a la altura del tobillo e incluso un día tuvo el gesto heroico de evitarme un coscorrón cuando calculé mal la distancia al bordillo nadando de espalda con aletas. Así que parece que su apocalipsis de momento no me está arrastrando.

Pero eso sí, me ha hecho participar de sus peregrinas ideas sobre las dietas de adelgazamiento (su dieta le permite comer churros), sobre que la culpa del machismo es de las mujeres, de cómo se las apañó para comer durante todo un verano de gorra cuando era joven y no tenía dinero, del dueño del bazar chino de su barrio que según ella primero le rompió los brazos a su mujer y luego la mató y ahora vive con otra china nueva enviada por la mafia pero que aún así sigue teniendo a un montón de mujeres como clientas –ella no, por supuesto- a pesar de saber lo ocurrido, de una escena de acoso laboral que tuvo oportunidad de ver el otro día cuando fue a comprarse “una tanga” por un euro a una corsetería y una sinfín de cosas más sobre si las amas de casa de antes eran reinas en su casa mientras que las mujeres de mi generación somos chachas y otras lindezas.

Escuchando cómo este ejemplar de Apocalípticus Piscinílibus (que desgraciadamente no está en peligro de extinción) se enrocaba en sus críticas, me vino a la memoria esa canción de Dani Martín (de El canto del loco; aquí entrada de la Wikipedia sobre el grupo y aquí su página oficial ) que dice aquello de “sabes que eres un poquito insoportableee“. Porque, claro, un@ es o está insoportable, pero no un poquito, sino insoportable a secas, de ahí la gracia de la expresión. (En la letra de la canción “Insoportable”, del álbum “Estados de ánimo”, el “un poquito insoportable” de la primera voz se utiliza para establecer un contraste con el “tan insoportable” de la segunda voz; por cierto, me ha sido imposible encontrar una web con la letra de la canción correctamente reproducida: aparentemente ningún fan de este grupo ha visto escrita en toda su vida la expresión “en balde” y como no deben disponer de diccionarios, alguna secreta fuerza interior les mueve a escribirlo con v…; si alguien quiere la letra, me la puede pedir).

En fin, los apocalípticos parecen más proclives a sudar cuando comentan la jugada que durante el juego en sí. Recuerdan al chiste de la isla desierta y Claudia Schiffer. Qué gente. ¡Donde esté un@ “casi no oigo” con grandes dotes de observación y un cuaderno lleno de notas sobre estos especímenes de piscina…!

Apocalípticos, “yo primero”, “sin ojos”, “casi no oigo”… ¿Has reconocido a alguno de estos especímenes en tu entorno deportivo o laboral? ¿Conoces algún otro ejemplar curioso que no haya mencionado? Más aún, ¿te reconoces en alguno de ellos? :-) Estoy deseando conocer tu punto de vista.

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Dom
18
May '08

Animales de piscina IV

Desde aquella bonita revelación no solicitada sobre la maldad intrínseca de todos los monitores de mi polideportivo y de la indiscutible naturaleza somnífera de Pilates, Apoca decidió amenizar mis momentos “vestirme y peinarme” (en la ducha, el ruidoso fluir del agua diluía sus oportunidades de pegar la hebra) con perlas sobre lo divino y lo humano, cuanto más erróneas mejor.

Direis que no es cosa demasiado preocupante, porque a alguien así se le puede mantener más o menos a raya evitando cuidadosamente darle pie, pero es que Doña Apoca Por Cierto se estimulaba con poco. Y no echeis a volar vuestra imaginación: el hecho de que fuera un vestuario y la mayor parte de la gente estuviera desnuda no es lo que le ponía a esta mujer.

Mi experiencia en la Pérfida, haber coincidido con gente muy distinta e imprevisible, me ha vuelto bastante prudente, pero se ve que no lo bastante. Mis conocimientos sobre choque cultural no eran de mucha utilidad aquí. Así que de poco me servía haber aprendido a escuchar sin alterarme los tópicos sobre España habituales (juerga, cenar tarde, familias con niños por la calle de madrugada, toros etc), respetar el extenso espacio vital de los británicos y derrochar thank yous y pleases por doquier, mirar a la izquierda antes de cruzar, ser políticamente correcta, no mirar demasiado a los ojos, hacer la conversión libra-euro en un tiempo razonable y sinfín de cosas más.

Saber todo esto sirve de poco si uno ignora que beber agua después de nadar demuestra que uno es raro, y sobre todo si uno olvida que en España la densidad de metomentodos por metro cuadrado es muy elevada.

La cuestión es que uno de los primeros días, en el vestuario, tras nadar, decidí estirar un poco los brazos. Craso error. A Apoca no le parece una acción justificada ni conveniente y por supuesto tiene la necesidad de hacérmelo saber. Pensé que le parecía mal que no lo hiciera nada más salir del agua y me molesté en explicarle que mojada sentía frío y que sólo me apetecía ducharme y vestirme y estirar cuando estuviera seca. De ahí la conversación derivó hacia que yo nadaba porque tenía problemas de espalda y a partir de ahí entramos directamente en una espiral delirante en la que este ser echaba por tierra todas las teorías de ergonomía y anatomía posibles y defendía con uñas y dientes las bondades de las sillas de cocina para oficios sedentarios y otras excentricidades.

Fue fácil pasar de ahí a los masajes y en breve me vi con una tarjeta en la mano de un osteópata más caro que el mío –y con el que estoy contenta-, en una aplicación del famoso refrán más vale malo por conocer que bueno conocido, mientras este ser extraño me explicaba que su masajista era bueno pero se lo tenía muy creído: todo eran ventajas, pensé: caro, desconocido y engreído. Para demostrarme lo perspicaz que es ella, me dijo que siempre iba a primera hora para pillar a los masajistas frescos, porque alguna vez que ha ido tarde los ha encontrado tan cansados (lo suyo es complicado: le metieron un tajo en el hombro) que se han dedicado a masajearla con el codo.

Aquí pude demostrarme a mí misma mi grado de flema británica adquirida porque no esbocé ni una mínima sonrisa por más que en mi mente se representaran varias disciplinas orientales y occidentales que usan los codos como instrumento de manipulación habitual. La cuestión era clara: ella era especial y necesitaba algo especial. Mis razonamientos no iban a valer para nada, por más que fueran ciertos, así que dejé que esta mujer viviera en su mundo de fantasía.

La otra cosa que no me deja hacer Apoca después de nadar es beber agua. Que uno después de pasarse cuarenta y cinco minutos rodeado de agua necesite beber más agua es algo que no concibe, así que cuando aduzco que nadando se suda ella lo niega. Aquí casi se me escapa una carcajada porque hay que estar ciega o ser provocadora para decirle algo así a alguien que sale siempre del agua con más coloretes que Heidi. Pues ahí estaba Apoca tan pancha jurando y perjurando ante una Elsinora visiblemente acalorada que nadando no se suda. Añadió que un acupuntor le había dicho que eso de que había que beber no se cuánta agua era mentira, que menuda manía.

Escuché todo esto en sordina mientras vaciaba en mi garganta una botella de medio litro de agua que me supo a gloria. Es posible que Apoca no sude, porque nada a dos por hora, cosa que me parece fantástica, dado que a diferencia de otros compañeros, no se empeña en salir antes que tú que eres más rápido.

Esto nos lleva a otra especie frecuente en las piscinas: el “yo primero”…

Continuará

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Vie
16
May '08

Animales de piscina III

Hablábamos hace unos días sobre una de las especies fáciles de encontrar en el ecosistema de una piscina o un gimnasio, los domingueros (aquí y aquí). Continuamos hoy la serie de zoología humana hablando de otra especie muy frecuente en centros deportivos, los apocalípticos. Los ejemplares de esta categoría se caracterizan porque todo les parece mal: las instalaciones, los profesores, el precio. Todo menos ellos mismos, claro.

Esta especie abunda mucho en otros ecosistemas, por ejemplo, en el de la oficina. Seguro que unas cuantas veces te has hecho el loco/la loca al coincidir con un ejemplar de la especie apocalíptica en la máquina del café o en el ascensor para evitar que su malrrollismo te salpicara de buena mañana.

Dentro de esa unidad taxonómica existen dos subespecies: los panapocalípticos o generalistas (también conocidos como los “think big” de la queja) y los especializados. A los panapocalípticos se les reconoce rápido porque siempre “envidan a la grande”: todo lo critican, no dejan títere con cabeza. Los especializados centran sus quejas en dos o tres aspectos y permanecen fieles a ellos, erre que erre, con un zumbido que te recuerda al de tu disco duro al hacer la copia de seguridad (y seguramente algo de eso hay: necesitan quejarse reiteradamente para dejar un rastro de sí mismos y no olvidarse de quiénes son).

Soy de la opinión de que los apocalípticos especializados son tan irritantes como los generalistas o incluso más, por aquello de la falta de variedad, pero la bibliografía consultada no es concluyente en este punto.

La cuestión es que comparto piscina con una apocalíptica generalista “de libro” y con una conformista sin motivos para serlo, pero de ella hablaremos más adelante.

Otro de los rasgos más destacados de los apocalípticos es su urgencia por darse a conocer como tales. Son el exhibicionista del parque. Es ver público (víctimas) y acelerárseles el pulso y disponerse a soltar por esa boquita. Así que mi compañera Apoca(líptica) se dio a conocer rápidamente. La secuencia consistió en saludar, llamar inútil a nuestra monitora y poner por los suelos el Pilates y el gimnasio pijísimo donde ella lo había “practicado”, todo de una vez y sin respirar. Le pongo comillas a “practicado” Pilates porque la tipa se dormía: “entre la musiquita que ponían y las horas que eran, imposible no dormirse y encima que éramos sólo dos en clase”.

Andaba yo imaginando cómo sería dormirte en una clase de dos personas por la que encima pagas un pastón y en la que pueden enseñarte un montón de cosas interesantes sobre tu cuerpo (o incluso recordando mis clases de español en Londres e imaginando cómo sería tener dos alumnos y que se te durmiera uno), mientras ella iba añadiendo colorido a la escena y mejorando el resultado “estábamos sólo una vieja y yo; una vieja más estirada… ni me hablaba la tía. Imagino que era porque tenía las tetas operadas -Mi no entender, pienso mientras oigo semejante declaración y me pregunto ¿las de tetas operadas pierden capacidad comunicativa?, ¿o lo que baja es el interés por sus congéneres femeninos?; luego, recupero el hilo de Apoca- “No me cabe duda de que eran operadas porque aquello no se movía nada, y en aquel gimnasio tan pijo todo el mundo era muy estirado y nadie quería interactuar con una, era como si te despreciaran. Así que Pilates es un coñazo y los monitores de natación de aquí son unos vagos redomados, como te venía diciendo”.

En este punto dudé de si debía clasificar a este especimen en la categoría apocalíptica generalista porque en su invectiva contra el Pilates había obviado el tema dinero. ¡Cada hora de siesta de Pilates en ese sitio pijo le había costado el equivalente a dos meses de natación! Esto lo sabía yo porque había ido a preguntar a ese lugar, que me pareció de lo más agradable y lleno de una gente de lo más atenta y respetuosa, pero de precio intratable. Sin embargo, el tiempo me daría una muestra de la versatilidad de Apoca en su faceta crítica, porque ella despreciará profundamente a los profes, pero no falta casi nunca y renueva religiosamente todos los meses su matrícula.

Como decía, los apocalípticos de amplio espectro –como la amoxicilina, arrasan con la mayor parte de lo que encuentran a su paso- son más entretenidos que los especialistas, al menos si tu interés y tu paciencia son de amplio espectro también, como es mi caso cuando no estoy cansada ni tengo prisa, sabiendo como sé que el género humano visto desde cerca no puede sino dejarle a un@ perplej@.

Desde aquella bonita revelación no solicitada sobre la maldad intrínseca de todos los monitores de mi polideportivo y de la indiscutible naturaleza somnífera de Pilates, Apoca decidió amenizar mis momentos “vestirme y peinarme” (en la ducha, con el ruido la cosa se diluía) con perlas sobre lo divino y lo humano, cuanto más erróneas mejor. Direis que…

Continuará

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Jue
15
May '08

Donde está Wallysinora

Veo que la foto no ha suscitado demasiada intriga (salvo la honrosa excepción de Ignacio; thanks a lot) y entiendo por qué. A mí me llamó la atención por una razón concreta, que aún no pienso desvelar, pero que tiene mucho que ver con mis referentes visuales (memoria visual) recientes.

Aquí va una pista, que puede ser al mismo tiempo una (des)pista.

Véanse los parecidos entre una y otra foto.

Imagen de uno de los invernaderos de Kew Gardens, en Londres.

Foto de un lugar por determinar. Y sí, como señala Ignacio tiene ladrillo y eso puede ser una pista, pero te recuerdo que en La Pérfida muchas construcciones de este tipo son de ladrillo.

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Mie
14
May '08

Coge lápiz y papel

(NOTA: Hay cambios de última hora en la fecha de recogida y entrega de ejemplares. Se destacan en mayúsculas).

************
Coge papel y lápiz y haz acopio de creatividad -tú sí que vales, que lo sé yo- e imagina un estupendo cuento para nuestro formidable concurso Javier de Mier. Aquí tienes las bases, con sus fechas y lugares de entrega y todos los detalles. ¡El único concurso en el que los participantes son al mismo tiempo jurados (que yo sepa)! Hay modalidad presencial y a distancia, para que no se diga…

Aquí pego las bases. Anímate a participar y corre la voz.

XII PREMIO DE RELATO BREVE “JAVIER DE MIER” (2008)

Primera. Podrán presentarse a este premio todos aquellos autores que hayan sido convocados por la organización del mismo. Este premio se caracteriza porque el jurado está formado por todos los participantes. Ninguna otra persona será admitida como jurado, a salvo de lo expresado más adelante.

Segunda. Los relatos deberán tener más de 5 páginas y menos de 12, con treinta líneas por folio en letra Times New Roman cuerpo 12. Los originales se presentarán en hojas DIN A 4 de color blanco, numeradas y sin grapar. Se añadirá una primera hoja en la que constará el título del relato y el seudónimo utilizado por el autor.

Tercera. El original se entregará en sobre cerrado de tamaño folio de color blanco, en cuyo exterior no se escribirá nada. Dentro del sobre, se incluirá otro sobre pequeño de color blanco que contendrá una hoja con el título del relato, el seudónimo y el nombre del autor.

Cuarta. A fin de facilitar la participación en el concurso de autores no residentes en Madrid, los cuentos se entregarán también en diskette o CD formato Word. Los no residentes en Madrid pueden enviar su cuento a esta dirección de e-mail en la fecha indicada a la dirección de correo electrónico del secretario del premio, Javier Gallego: ise.intercambios@gmail.com .

Quinta. Cada participante aportará 20 € en el momento de la entrega del original. Esta cantidad constituirá la dotación del premio.

Sexta. Los originales se entregarán el día VIERNES 20 de junio, en el bar Gastromaquia, C/ Pelayo 8 (barrio y metro de Chueca), a partir de las 9:30 pm.

Séptima. Las copias serán repartidas a los participantes el MARTES 1 de julio en el restaurante Gastromaquia, C/ Pelayo 8 (barrio y metro de Chueca), a partir de las 9:30 pm.

Octava. Cada participante votará dos relatos, entre los que no podrá figurar el suyo, a los que otorgará 2 y 1 puntos respectivamente según el orden de preferencia. La votación deberá ser firmada con el nombre de la persona que vota y el seudónimo utilizado en la presentación de su relato.

Novena. La puntuación se entregará en sobre cerrado el día sábado 12 de julio en el domicilio del secretario del concurso.

Décima. En este día, será proclamado vencedor el cuento que haya recibido más votos según la suma de las puntuaciones obtenidas.

Undécima. Cada participante podrá nombrar a una persona que actuará también como jurado popular, quien emitirá su voto según las mismas normas que las establecidas en la base Octava, y sin poder elegir el cuento de quien le ha designado. Esta votación tendrá valor informativo, y no será vinculante.

Duodécima. La participación en este concurso supone la aceptación de estas normas.

En Madrid a 14 de mayo 2008.

Javier de Mier

Lun
12
May '08

Adivina dónde está Wallysinora

Ayer estuve trasteando con la cámara de fotos y con mis archivos y se me ocurrió una idea. He elegido una foto peculiar que hice no hace mucho y lo que me propongo es poner vuestra mente a pensar un poco en la línea de los comics de “¿Dónde está Wally?”. En la modalidad “¿Dónde está Wallysinora?” (que quizá sea una serie, ya veremos) más que localizar a un personaje hay que localizar un elemento inanimado de la foto.

Aquí os dejo con esta cúpula metálica y estas nubes algodonosas en un lugar rodeado de vegetación. La pista es que pertenece o a Londres o a Madrid y que en este lugar confluyen naturaleza y exposiciones temporales. ¿Será, quizá, un rincón de Kew Gardens? ¿El Retiro?

Hagan sus apuestas, señores.

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Dom
11
May '08

Animales de piscina II

(Esta entrega es la segunda parte de este artículo).

Sea como fuere, tras mayor o menor número de obstáculos, más o menos desagradables, el dominguero localizará los lockers y meterá en ellos la percha con la ropa y la mochila. Al ir a cerrar la puerta, se dará cuenta de que para usar la llave necesita una moneda de 10 p. (10 céntimos de libra) para esta taquilla pequeña (20 p. si fuera la grande, pero esto el dominguero no lo sabe aún) así que torpemente y algo molest@ por perder tanto tiempo cogerá la mochila y buscará el monedero, para descubrir con horror que no tiene ninguna moneda del valor que indica la pegatina.

Pongamos que tiene la suerte de que haya una persona en las inmediaciones que le pueda dar cambio o que este dominguero sea más avispado que la media y se dé cuenta de que hay taquillas de otro precio. Supongámoslo más que nada para que este pobre sujeto no tenga que volver a deshacer sus pasos hasta la taquilla, en bañador, a través de oscuros y fríos pasillos victorianos y para que ya que su dolor de espalda tenga una mínima oportunidad de mejorar.

La cosa es que por mediación divina o del narrador -que en este ámbito vienen siendo intercambiables- nuestro personaje devuelve ropa y mochila a la taquilla y mete la moneda y gira la llave (al revés de cómo se haría en España, por cierto) y oye cómo la moneda cae, justo antes de acordarse de que no ha cogido ni el gorro ni la toalla, ni el resto de cosas. Los domingueros son así, se les escapa lo más elemental.

Así que tiene que volver a girar la llave en sentido inverso, descubrir que la moneda ha desaparecido y que necesitará otra, abrir la mochila, coger la toalla, el gorro, los tapones de oído y algo que se parezca a una moneda de 10 o 20 p. (se acuerda ahora absurdamente de que en Mortadelo y Filemón siempre había algún personaje que pagaba con un botón en lugar de una moneda; a los domingueros les gustan las digresiones, va con su carácter). Supongamos que es capaz de hacer esto con éxito y en un tiempo inferior a la hora de cierre del recinto. Lo siguiente será coger la llave del locker, con forma de pulsera, y colocarse los artefactos en sus sitios correspondientes, porque hasta el dominguero más tirado sabe que no es bueno ponerse los tapones de los oídos en los ojos, la llave en un oído y las gafas colgando del otro.

Los tapones tienden a ser difíciles de poner y tiene algo de prisa, así que se los mete un poco a la remanguillé (ignorando que de este modo, o bien le entrará agua, o perderá un tapón a la primera de cambio) y tampoco se esmera en que el gorro le cubra completamente el pelo ya que de todas formas allí el únic@ pringad@ con gorro será él o ella. La pulsera resulta un poco ancha para su muñeca, pero cree que la pérdida de hidrodinamismo subsiguiente se la puede permitir ahora que todavía no es un profesional.

Por fin está dispuesto para zambullirse en la piscina. Se ducha y elige una calle que está más tranquila que el resto. Ha visto un cartel que indica por dónde hay que nadar (ida por la derecha, vuelta por la izquierda) y se ha tirado al agua. El contacto con el agua y la ingravidez son agradables, pero como dominguer@ de pro le falta soltura y estos primeros momentos son de una evidente torpeza. Nada chapoteando un poco por el lado preceptivo y cuando empieza a disfrutar del agua surge una cabeza de alguna parte que trata de decirle algo. El dominguero no oye casi nada a causa de los tapones y con las gafas semiempañadas tampoco se puede decir que sea capaz de leerle los labios a esta británica británicamente enfadada.

Termina deduciendo que él (el ser dominguero) no debía estar allí, porque esta “lane” (calle) es para la clase de natación que va a empezar ahora y no para domingueros como él/ella (la británica no le ha llamado dominguer@, entre otras cosas porque no ha leido este post y no sabe que se halla frente a un dominguer@ de pura cepa, pero estaba implícito en el tono con el que ha dicho “you”).

Así que se disculpa mucho, sin demasiada convicción, es decir, al estilo inglés, y por algún procedimiento que afortunadamente no incluye tragar agua ni ir dando patadas a sus semejantes pero tampoco -no nos engañemos- bucear como una sirena, abandona la calle errónea y se dirige al otro extremo, a la zona de nado libre, señalada por la británica de enfado británico y no indicada por ningún cartel, en este país de carteles.

Aprovecha el cambio de escenario para echar un vistazo a la piscina y sus habitantes y comprueba que de los presentes sólo otra persona y el ser dominguero llevan gorro. Localiza también un reloj de pared enorme que le hace darse cuenta de lo tarde que es. Sólo le quedan cinco minutos para nadar. Se zambulle para empezar un largo pensando con optimismo que la próxima vez tardará mucho menos y que vendrá cargadit@ de monedas de 10 p. No sabe que el futuro inmediato viene cargado de personas que obstaculizan la calle y de secadores de pelo que funcionan sólo con monedas de 5p.

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Sab
10
May '08

Animales de piscina I

Una piscina municipal es un ecosistema curioso. Si se encuentra situada en España, lo más probable es que esté bastante limpia y que tenga precios populares, muy lejos de los que tenían los Leisure Centers de Londres, mezcla de piscina, miniparque acuático y centro de recreo. Tanto en España como en Reino Unido es más barato ir a clase de natación que nadar por libre, además de que pueda ser más recomendable si el interés que le mueve a uno/a es aliviar alguna dolencia o mejorar la técnica.

En todo caso, los domingueros de la natación, una curiosa especie que describiremos en breve, suelen preferir ir por libre. O más bien suelen pensar que no tienen otra opción, ya que los domingueros, como todos los arquetipos sociales, están condicionados por un cierto determinismo (biográfico o narrativo, según el caso). “No sé si podré venir martes y jueves a esta hora, no sé qué pasará la semana que viene, hay que ver cuánto trabajo y qué dura es mi vida etc, etc”.

El dominguero habitualmente es alguien que tiene una profesión liberal, tirando a sedentaria. Un oficinista en sentido amplio. Un buen día empieza a tener problemas de espalda o simplemente atraviesa una temporada especialmente estresante o su antigua agilidad le abandona de repente y decide que no puede pasar un día más sin ponerle remedio. Como no es lo bastante dominguero para ponerse a correr así de repente sin encomendarse antes a San Menisco patrón de los deportes de impacto, o simplemente porque le va el agua, decide localizar la impedimenta piscinil que se acumula al fondo del armario e incluso comprar los complementos que le hagan falta y tirarse al agua a la mayor brevedad (esta brevedad en el caso de ser dominguera dependerá en mucha medida del nivel de depilación reinante).

Si esto ocurre en Londres, y el dominguero o la dominguera lleva poco tiempo en el país/ciudad, primero tendrá que hacer unas cuantas investigaciones y sortear o saltar algunos “cultural gap”. Como su estado físico no es el ideal, lo más probable es que su forma de saltar estos “baches culturales” no resulte precisamente elegante (ya se sabe: sólo los grandes bailarines o atletas hacen parecer fácil lo difícil). Pero en fin, pese a sus defectos, cuando se empeñan en algo, los domingueros tienen un considerable grado de tesón en su dominguería (intenso pero poco duradero, porque si su tesón fuera constante pasarían a la condición “habitual”, especie con otros rasgos, de los que quizá podamos ocuparnos después) así que no se van a dejar derrotar por semejantes minucias.

De esta forma, el dominguero hispánico afincado en La Pérfida se enfrentará progresivamente a los inalcanzables club deportivos privados, que requieren costosas suscripciones anuales y que normalmente están en el centro, lejos de su casa de las afueras, y también a las piscinas victorianas del siglo XIX remodeladas con diversa fortuna y al extraño concepto de higiene de estos recintos en Inglaterra, donde por algún motivo sus semejantes en bañador parecen tener alergia a las chanclas y otros artilugios considerados seguros e incluso higiénicos en su país de origen.

Una vez en la opción menos mala –una piscina local semipública- le costará asumir que los para otras cosas asépticos ingleses consideren una buena idea llenar el agua de sus piscinas de cabelleras sueltas deseosas de poblar nuevos espacios. Pero la evidencia es clara: por más que busca, en este país de carteles y advertencias, el dominguero no encuentra ningún cartel que proponga, sugiera o recomiende (ya se sabe lo peliagudo de los “recommend”, “suggest” y “propose” ingleses a la hora de traducir al castellano) a los bañistas el uso de gorros, preceptivo en las piscinas cubiertas españolas (qué tiempos aquellos, se dice el dominguero, en los que la gente iba a nadar con gorro; qué país más civilizado es España, ahí donde lo ves, pese a las cabezas de gambas en el suelo de los bares).

Así que el dominguero o la dominguera se ponen su bañador en su cabina mientras intentan no tocar ninguna parte del cubículo donde se están cambiando, so pena de infección fulminante. Luego, coge la mochila y la percha con la ropa y se dirige con ingenuidad a buscar los “lockers” (taquillas) en medio de un cierto olor a lejía y humedad añeja, el gota a gota de un grifo roto hace décadas, los churretes de pintura azul aquí y allá tratando de disimular torpemente los desperfectos del muro centenario. Digo que se dirige con ingenuidad hacia las taquillas porque el dominguero no conoce este mamotreto victoriano de estructura extraña y existe una alta probabilidad de que vaya a terminar en el vestuario de los (así llamados) gentlemen. Si es un día de suerte –todo dominguero tiene un día de suerte- quizá evite esa bonita escena en la que tras abrir una puerta o girar por un pasillo se encuentra a un viejo enclenque en pelotas (a una vieja enclenque en pelotas si es dominguero) y puede incluso que no se meta en ningún “baby change room” donde alguien le esté cambiando los pañales a su hijo y le tome por un pederasta.

Sea como fuere…

Continuará

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

Lun
5
May '08

Recetas para la “cocina” de Elsinora

Ando estos días “cabizbunda” y “meditabaja” respecto al futuro del blog. Por un lado me parece que no tiene sentido mantener la bitácora con la misma cabecera (Crónicas perplejas desde la Pérfida Albión), una vez que he regresado a España y que estoy medianamente readaptada a la vida aquí. Por otro lado, me da cierta pena cerrar un canal que ha fluido muy bien en algunos momentos, por no mencionar que hay voces que reclaman su dosis de Crónicas Perplejas siquiera desde España. Y por último pero no por ello menos importante, sigo sin tener contador de visitas y los comentarios cada vez son más escasos. Atrás quedan las temporadas de grandes charlas con Parianea, Teresa, las intervenciones de Miniluci, Angelina Jolín, Metrolando, las intervenciones de los londinenses Sirventés, Ignacio; el entusiasmo pro Londres de Alex, los comentarios de Paola, Stacy Malibú, Barracuda y los momentos Simoneta, por mencionar a los más habituales, así que el escaso feedback que recibo no me motiva precisamente a continuar con Mi no entender, snif, snif.

Así que me gustaría saber qué opinas tú, como lector habitual o esporádico de esta bitácora. ¿Te gustaría que se mantuviera más o menos en la misma línea, pero cambiando el foco a España o al mundo como lugar dado a la perplejidad? ¿Crees, por el contrario que habría que dar por cerrado el proyecto? ¿Te gustaría encontrar algún tipo concreto de artículos o columnas?

Finalmente, creo que la perplejidad está al cabo de la calle estos días. La noticia sobre Josef Fritzl, el electricista austriaco que tenía una doble vida en el sótano de su casa de tortura e incesto es un motivo para reconocer que no sabemos nada sobre nadie. Enlazo este artículo de Franciso Perejil en El País que me ha parecido muy interesante, por su esfuerzo en acceder y comprender todas las implicaciones del caso, los factores sociales, históricos y culturales. El reportaje de Informe Semanal sobre este tema también me gustó, aunque no diera respuestas concluyentes (aquí enlace a la reseña del reportaje en la web de Informe Semanal; la reseña no incluye las entrevistas con pensadores, psicólogos y demás que le daban perspectiva al reportaje). Porque esa es la cuestion esencial respecto a todo prójimo, ¿qué sabe nadie? como cantaba aquel.

Hacía mucho que no veía el mítico Informe Semanal -que ha perdido profundidad e independencia los últimos años, me parece- y me sorprendió agradablemente el sábado pasado. Habrá que volver a mirar la televisión española con ojos frescos, a ver qué nos depara la experiencia.