Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

Choose a Topic:

Lun
31
Mar '08

Verdades literales

Me remite una amiga (¡gracias, Bego!) un email con una supuesta carta de un oyente norteamericano contestando a una periodista que descalificó la homosexualidad, basándose en la Biblia. No sé si la carta es real, pero en todo caso me parece interesante leerla y reparar en el trasfondo, que se puede aplicar a muchas otras cosas en la vida.

****************
Laura Schlessinger, una conocida locutora de radio de los Estados Unidos, tuvo la ocasión de decir en su emisora que la homosexualidad es una abominación, ya que así lo indica la Biblia, en el Levítico,versículos 18:22, y por tanto no puede ser consentida bajo ninguna circunstancia. Lo que a continuación se transcribe es una carta abierta dirigida a la Dra. Laura Schlessinger escrita por un residente en los Estados Unidos.

“Querida Dra. Laura:

Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios. Yo mismo he aprendido muchísimo de su programa de radio e intento compartir mis conocimientos con todas
las personas con las que me es posible. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan solo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18:22, establece claramente, que la homosexualidad es una abominación. De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo cumplirlas:

a) Me gustaría vender a mi hija como esclava, tal y como menciona el
Exodo, 21:7. En los tiempos que vivimos, ¿que precio piensa que seria el mas
adecuado?

b) El Levítico, 25:44, establece que puedo poseer esclavos, tanto
varones | como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas.
Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mejicanos, pero no a
los canadienses. ¿Me podría aclarar este punto? ¿Por que no puedo
poseer canadienses?

c) Se que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer
mientras esté en su periodo de impureza menstrual (Lev 20:18). El
problema que se me plantea es el siguiente: ¿como puedo saber si lo
están o no? He intentado preguntarlo, pero muchas mujeres se sienten
ofendidas.

d) Tengo un vecino que insiste en trabajar en el Sábado. El Exodo
33:2, claramente establece que ha de recibir la pena de muerte.
¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar
usted este tema de alguna manera? |

e) En el Levítico 21:20, se establece que uno no puede acercarse al
altar de Dios si tiene un defecto en la vista. ¿He de confesar que
ecesito gafas para leer?. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100?
¿Se puede relajar un poco esta condición?

f) La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien
cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que esto esta
expresamente prohibido por el Levítico, 19:27. ¿Cómo han de morir?

g) Sé, gracias al Levítico 11:6-8, que tocar la piel de un cerdo
muerto me convierte en impuro. Aun así, ¿puedo continuar jugando al
fútbol si me pongo guantes?

h) Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico 19:19,
ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo
incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de
tejido diferentes (algodón y poliéster). El, además, se pasa el día
maldiciendo y blasfemando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el
engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo
para lapidarlos? (Lev 24:10-16). ¿No podríamos sencillamente
quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la
gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20:14).

Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda. Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable.”

Mie
26
Mar '08

Libertad, fraternidad y perplejidad

Definitivamente, mi no entender. La reina de Inglaterra ha invitado a Sarkozy a su casita de Windsor para hablar de la fraternité, aunque una de las cosas que ha trascendido sobre esta visita es que el francés está decidido a mandar mil soldados a Afganistán y a que ambas potencias potencien -como su nombre indica- su apuesta por la energía nuclear. No sabemos si la monarca cursó su fraternal invitación vía email o por SMS, aunque nos consta que la reina sabe mandar correos porque alguno ha mandado a sus nietos y también hemos oído que Sarkozy mandó a su ex un mail bastante ofensivo para su actual mujer. El príncipe Carlos se ha mostrado poco fraterno respecto al medio ambiente en sus viajes, pese a su declarada vocación ecologista. Ignoramos el grado de fraternidad alcanzado por la pareja Reina-Sarkozy en la “intimidad” de su carroza real y el de la pareja Carla Bruni- duque de Edimburgo en la penumbra de la suya, aunque hemos tomado nota del look película de James Bond que luce la Bruni en estas primeras horas de la visita y podemos imaginar el efecto de la subasta de la foto de la Bruni desnuda en Sotheby´s en las mentes de muchos británicos. A mí que me va la cosa de la literatura comparada y demás se me ocurren muchos comentarios sobre los mitos ingleses del francés galante o de la italiana fogosa, pero los omito por poco fraternales. Por otra parte, mañana Francia e Inglaterra disputan un partido de fútbol que probablemente no ayude mucho a esos deseos de fraternidad expresados por Sarkozy.

Donde tampoco andan sobrados de fraternité es al otro lado del charco: a juzgar por la cobertura de la CNN, para estar al día sobre la campaña electoral en Estados Unidos basta con seguir el rastro de los trastos que se tiran a la cabeza Hillary y Obama. Hillary sacó a relucir su experiencia en gestiones diplomáticas, lo malo es que su memoria deformaba bastante lo ocurrido: de repente todos sus viajes a zonas de conflicto habían tenido lugar entre fuego cruzado, cuando las grabaciones de la CBS (que yo vi en “Larry King Live”) muestran cómo una Hillary aparentemente relajada, baja del avión tranquilamente en Tuzla, Bosnia y camina tranquilamente hasta un grupo de personas que la esperan sonrientes, la saludan y la besan (más info aquí) . No se ve ni se oye fuego alguno, pero si nos queda claro que el estilista de Hillary de ahora es mejor: la media melena lacia de entonces le hacía más cara de pan, el pelo más ceñido a la cara de ahora le da mayor carácter, así como el flequillo con mechas color sorbete de limón. Hillary tiene ahora la cara “más hecha”, aunque lo que el periodista Miguel Angel Bastenier llama su cara lunar (cara de luna llena, diría yo) tenga poco remedio, parece que los años le están sentando bien a la senadora.

Pero está claro que el mejor estilismo no garantiza fraternidad a ningún nivel (salvo quizá del sujeto “estilizado” con el espejo, pero no tengo forma de comprobarlo: no sé leer posos de café ni tampoco me comunico con espejos ajenos). Otro desliz de Hillary que Obama se ha decidido a lanzarle a la cara es que presumió mucho de haber ayudado a la pacificación del Ulster, cuando en realidad tuvo un papel muy secundario. A Obama por su parte se le ha acusado de plagio, de ser un seguidor fiel de un pastor negro radical Jeremiah Wright, de recibir prebendas de un corrupto, de ser musulmán y un largo etc (artículo en español aquí ).

Todo esto no hace sino darle alas a ese anciano articulado llamado McCain y a sus ganas de mantener las tropas norteamericanas en Irak cien, mil, o cien mil años. El veterano con costurones es el principal beneficiario de la fratenidad a lo demócrata, como se cuenta aquí). Debo decir que McCain ha pasado de repatearme (por razones en gran medida frívolas; mi fraternidad va por el sector peluqueril) a despertar últimamente cierta simpatía: si fuera cierto que va a cerrar Guantánamo y a instaurar políticas ecológicas y a buscar el consenso con Europa, entonces sabríamos que algún nivel de fraternidad aún es posible. De hecho, ese ha sido el mensaje que el candidato de plastilina y titanio ha traído a Europa y Oriente Medio. Sin embargo, a su paso por París le faltó del tiempo para pedirle a Sarkozy que mande más efectivos a Afganistán.

Visto lo visto, la fraternidad quizá deberíamos planteárnosla en plan Francisco de Asís: es decir con nuestros hermanos los animales. Yo entre estos que se dedican a tirarse trastos a la cabeza y un loro que resuelve puzzles en 30 segundos, me quedo con el loro. Japonés , por más señas. Mi no entender, mi no entender, mi no entender. Aligató gosaimas.

Mar
18
Mar '08

Cómo saber si alguien ha vivido en La Pérfida

¿Cómo saber que alguien ha regresado de Inglaterra tras una larga estancia? El o ella tiene una absurda manía de confiar en la compra por internet. Luego, cuando los productos tardan en llegar, se cabrea. El o ella celebra con muchas fiestas cada día de sol. El o ella dice o escribe “el o ella” cuando se refiere a un sujeto hipotético para evitar que su lenguaje sea sexista. Se empeña en explicarte de qué va la canción incidental de la serie de misterio o policiaca que estás viendo: en medio de la acción interrumpe y dice “la canción habla del desamor y bla bla bla”. También es fácil que él o ella la canturree: se la sabe porque en el país donde él o ella vivían estaba de moda, pero en España apenas es conocida aún.

Ha perdido cualidades con el “Cifras y letras”: antes pillaba las palabras muy rápido pero ahora tarda mucho en localizar palabras de más de cuatro letras. Se consuela pensando que en Londres localizaba las palabras en inglés antes que su casera bilingüe. Le encanta bajar a la calle y tener un montón de tiendas de barrio a su alcance: esas ferreterías, hornos de pan, tiendas de complementos, mercerías, esos supermercados de barrio. Aunque su español no tiene acento y en general sus modales se parecen a los locales, de vez en cuando se empeña en asentir diciendo “sí, por favor” para desconcierto del tendero o del camarero que por falta de costumbre sólo oye el “por favor” y no el “sí” y tarda un segundo en entender que sí, que quieres un café con leche con una tostada o determinado periódico o whatever. Cuando utiliza el metro o pasa por lugares con aglomeración siempre acaba despotricando contra la falta de civismo de la gente en España, que si empujan, que si no ceden el paso.

Siempre está dispuesto/a a cenar en un indio y no puede evitar corregirte cuando llamas papadum (que son las tortas finas y crujientes) al nan (que son las dobles, y esponjosas) y le sorprende que no vayas a pedir una Cobra o una Tiger para acompañar a tu curry. De hecho le cuesta darse cuenta de que no sabes de qué te está hablando: ¿una cobra es un licor que se hace con una cobra dentro, en plan sake o tequila?, ¿qué es exactamente una Tiger? Son cervezas… Paga con alegría el bono metro, sonríe incluso cuando se da cuenta de que se ha dejado el billete en la otra cazadora: abre la cartera para pagar el billete nuevo mientras musita, “total, para lo que cuesta…”.

Ha dejado de comprar el periódico por dos razones: ninguno le convence, por una parte, y por otra, se ha acostumbrado a seguir la actualidad española desde su portátil, así que además de algún telediario básicamente sigue lo que pasa en la Piel de Toro por Internet. Cuando por algún motivo tiene un periódico nacional en las manos no tiene medida y se pasa el día entero leyéndolo hasta que cubre el 80% del contenido impreso.

Despierta en quienes le rodean cierta inquietud sobre su salud mental porque con frecuencia contesta en voz alta a los locutores de la CNN, en inglés, o cuando ve los programas de Aprende Inglés TV. Otras veces, sin la excusa de la televisión en inglés también suelta frases en este idioma a la persona con la que está hablando.

Evita discutir sobre política en sentido amplio, porque sabe que sus ideas se han vuelto demasiado heterodoxas para según qué gente. Se hace el sordo o la sorda cuando alguien hace mofa de la corrección política o de cualquier medida relacionada con lo multicultural, porque se ha dado cuenta de que a nadie convencen sus razones teóricas ni tampoco su propia experiencia rellenando formularios en Inglaterra buscando como una idiota en el apartado de origen racial la casilla “europeo” o “mediterráneo” y teniéndose que conformar con la penúltima e inexpresiva casilla de “other white background”.

El que ha regresado de la Pérfida se ha acostumbrado a poner una cierta distancia entre sus impresiones a flor de piel y sus propias reacciones, de manera que cuando el español “librepensador” de turno suelta el chascarrillo anticorrección política creyéndose muy rompedor, el chascarrillo supuestamente audaz le suena como el “caca, pedo, culo pis” de un niño pequeño que quisiera escandalizar a una beata cuando en realidad el supuesto rebelde está recitando el catecismo español de lo cool .

Como se ve, otra forma de reconocer a la persona que ha vuelto recientemente de Inglaterra (o de un país anglosajón) es reparando en cómo ella o él con frecuencia no son capaces de cumplir su propósito de no meterse en estos temas de la corrección política y la integración multicultural, por más que sepan que tienen las de perder. Y es que el que o la que nace con la sangre caliente se vuelve flemático/a sólo hasta cierto punto…

Lun
17
Mar '08

Especialista en limbos

He decidido sacarme el título de especialista en limbos. Yo pensaba que no iba a tener vacaciones de Semana Santa, porque iba a estar en plena recta final de un proyecto, así que desactivé la función vacaciones. De repente entraron en escena los vendedores de humo, cambiaron las reglas y me expulsaron del tablero por no saber leer los posos de café. Fuera del tablero lo que hay es un rinchi de vacaciones “forzosas”, tiempo libre y muchos libros que comprar y leer y cuarto y mitad de confusión sobre mi futuro (¿debo abandonar el sector ultramarinos que tan mal me trata con sus vendedores de humo, sus expertos en lectura de posos del café etc etc?). Afortunadamente tengo un nuevo proyecto a la vista, interesante y bien pagado (¡gracias, Y.!), pero que aún no ha terminado de arrancar. Así que poco puedo ir avanzando ahora, aunque sé que el tiempo luego volará y que estos días muertos me pesarán.

Mie
12
Mar '08

Vendedores de humo y posos de café

El sector cafetero últimamente me trata muy mal, como os contaba. O quizá se trate del sector de los ahumados, no sé. La cosa es que llevo unos meses metida en un proyecto con diseñadores y publicistas. La apariencia de esos seres era bastante normal. Se les notaba que eran creativos básicamente porque mezclaban unos temas con otros, te daban muchos besos cada vez que te veían y eran bastante alternativos en muchas cosas. Otro rasgo marcado era su capacidad para cambiar de opinión y su propensión a lo metafórico y al dibujo.

Su manía de explicar el proyecto con metáforas y dibujos al principio me divertía bastante porque yo también tengo mi lado creativo, pero llegó un punto en el que me di cuenta de que lo que dibujaba la mano derecha, lo desdibujaba la izquierda: los rasgos esenciales de nuestro proyecto cambiaban sustancialmente de un día para otro. Ahí me empecé a inquietar, pero atribuí esa indefinición a que estábamos en la fase inicial. La cosa es que a tres semanas de la fecha de entrega, el jefe del proyecto me convoca para hablar frente a un café. A estas alturas yo le había pasado cuatro capítulos, que él había leído y comentado y que aparentemente le habían gustado y que ya había empezado a mandar al cliente.

Frente a la taza de café humeante me entero de que no le gustan, que el tono no le convence. Le pido que especifique un poco más. No es capaz, no tiene tiempo para analizar los textos detenidamente. Le digo que me busque un ejemplo de un texto, del tema que sea, con un tono que le parezca apropiado. Eso no existe, me dice. Yo estoy dispuesta a reescribirlos, le digo, siempre que me dés alguna indicación sobre qué es lo que estás buscando o qué es lo que falla. “La cosa no funciona así -me dice-. Nosotros estamos acostumbrados a gestionar la ambigüedad, estamos cómodos en ella”.

A pocos centímetros de la boca que dice “ambigüedad” está el café humeante. Pienso en que el tipo es un vendedor de humo y no lo sabe. El sigue con su retahíla: “Este proyecto –todos los proyectos- es necesariamente ambigüo. No tenemos tiempo para ver si tú eres capaz de aprender a manejarte con esa ambigüedad, la fecha de entrega se nos echa encima”.

En cualquier otro trabajo, la lectura de la presión del tiempo se hubiera hecho al revés: como no hay tiempo, maximicemos lo que tenemos. Si una persona tiene en la cabeza el contenido, lo más fácil es que el que no está contento con el tono eche un par de horas en detectar y especificar lo que no funciona y que después la persona encargada de escribir –o sea, yo- eche las horas que haga falta para acercarse lo más posible a eso que le piden. Pero aquí de lo que se trata es de vender humo a un cliente que no sabe exactamente qué quiere y entonces la indefinición (llámese ambigüedad) va pasando de mano hasta que me llega a mí. Entonces, meses después, me llaman para verme y llega uno y me dice que me aparta del proyecto porque no sé leer los posos del café. Y es cierto, yo sólo veo unas partículas oscuras arremolinadas en los bordes de la taza formando una silueta tipo boomerang o quizá tipo interrogación.

Al final, evidentemente, me toca a mí pagar los cafés.

Vie
7
Mar '08

Dos años de “Crónicas perplejas”

Como los más observadores habrán podido comprobar, el 2 de marzo el blog cumplió 2 años.

En este tiempo ha habido de todo y ahí están los post de la sección Páginas y los del apartado Archives (barra izquierda) para demostrarlo.

La cuestión es que ya he regresado a España y quizá sea buena cosa aprovechar el aniversario para cerrar el blog de Londres y eventualmente abrir otro de temática más apropiada a mi situación actual. Les informaremos puntualmente. Sean buenos y disfruten del fin de semana.

Jue
6
Mar '08

Deme un café, no me lo dé

Odio a cierto tipo de gente indecisa. Creo que uno tiene derecho a un cierto grado de indecisión (en realidad en la vida hay pocas certezas salvo la muerte y los impuestos), siempre que no maree a los demás. Pero al parecer en el mundo de la publicidad la indecisión es moneda de cambio, aunque ellos lo llamen ambigüedad, que suena más fino. “Nosotros estamos acostumbrados a gestionar la ambigüedad”, dicen cuando te cambian por tercera vez los criterios para hacer algo o al ver el resultado de la tercera prueba y desecharlo en favor de una cuarta.

La cosa es que tras participar en un proyecto interesante desde el momento 0 hasta casi el día D, cuando quedan un par de semanas, y tras unos cuantos cambios de ideas, de concepto, de perfil y de gestión, el formato y el estilo que habíamos consensuado, de repente ya no mola y el detector de “mala gestión de la ambigüedad” me señala a mí.

O sea, que mis técnicas de zahorí no han conseguido localizar el manantial oculto, pero es que yo nunca dije que fuera zahorí y aunque lo fuera lo tendría muy difícil porque los que me han llamado no saben qué están buscando. Quizá agua, petróleo, las llaves del apartamento en Torrevieja Alicante, una nueva fuente de energía fósil o la llave para gobernar en la Moncloa.

De todo lo anterior se deduce que me falta mucho que aprender para ser capaz de vender aire en condiciones. Primero tendré que repasarme las características de los gases nobles y a partir de ahí adaptar mi oferta a cada cliente en plan: “tengo un argón estupendo. Es exactamente lo que necesitas”. En fin, creo que casi mejor me vuelvo a mi carapantallismo, que es esclavo, pero al menos tu cliente y tu jefe saben lo que quieren y no tienes que tirarte al monte con un ridículo palo o un colgante de metal a hacer el paripé de que localizas un tesoro oculto bajo el subsuelo.

Mie
5
Mar '08

Conciliación de la vida familiar… (final)

Pero la situación iba a cambiar. De repente sonó la puerta y se escuchó un taconeo resuelto y tirando a impertinente. Yo, que ya estaba tumbada boca abajo, con la cabeza incrustada en el agujero a tal efecto y mirando muy seria el suelo y las pelusas que se habían formado en torno a las patas de la camilla pensando en la levedad del ser y en la persistencia del polvo, estaba a punto de sumergirme en una situación bastante surrealista que iba a poner a prueba mis habilidades de autocontrol, mi conciencia zen y todo el yoga que haya podido leer y practicar.

Por abreviar, la que había entrado era la hija del fisio, una chavala de veintitantos, casada y algo irascible. Venía diciendo de un tirón que se había mareado en el autobús, que necesitaba que su padre le manipulara las cervicales, porque de agarrar a hijo y dormir con él se le habían… que iba a venir no sé quién que era el hijo pequeño de nosequién para que mi fisio de cabecera lo viera y que después vendría su propio hijo, ése a quien le debía el regalo de ese dolor de cervicales, porque claro duerme mal y la única forma es traérmelo a mi cama y en una cama de 90 como tú comprenderás…

Esta hija, a la que llamaremos Susana, también es fisio así que yo, positiva como siempre, andaba rumiando qué parte de lo que había dicho podría ser asumido por ella misma en lugar de por quien en teoría me tenía que tratar a mí, en cuanto la “señora María” no requiriera demasiada atención por su parte. Mi fisio de cabecera se mostró reacio a alguna parte de la retahíla, pero en general no pareció demasiado afectado por la que se nos venía encima.

La cosa es que luego sonó el teléfono, era nosequién, la madre del hijo pequeño que pensaba venir pero que afortunadamente al final no vino. Susana le soltó un par de borderías. Un rato después sonó el timbre de la puerta, los tacones se alejaron y luego se oyó una voz infantil bastante alegre. En este momento, por fin mi fisio de cabecera había decidido empezar conmigo, tras ponerme la lámpara de infrarrojos, de manera que ahí estábamos yo tirada cabeza abajo y con el sujetador desabrochado y sin zapatos y Manolo el fisio-y-sin-embargo-yayo-en-la-vida masajeando mi espalda.

El fisio-y-sin-embargo-yayo-en-la-vida sintió la llamada de la sangre y pronunció un “Pablo” en plan grito hipohuracanado que trajo a nuestra vera al tal chaval de tres años y medio. Y cuando digo a “nuestra vera” me refiero a que de repente contemplé unas zapatillitas Nike en el suelo al otro lado de la cortina y que de repente las zapatillitas entraron en nuestra sala. “Dame un beso y un abrazo”, dijo el fisio-y-sin-embargo-yayo-en-la-vida.

El nieto procedió con bastante alegría, porque yo oí como un roce de ropas y luego el crío reparó en esa cosa pálida que yacía sobre la camilla más conocida como Elsinora. “¿Qué haces, yayo?”, dijo el niño. “Pues estoy tratando a Elsinora, que le duele la espalda”. El chaval, ni corto ni perezoso, decidió que él también quería y podía, y noté unos deditos fríos pero simpáticos justo al lado de donde tenía los dedos el yayo-y-sin-embargo-fisio en la vida.

Hasta entonces yo había aprobado según todas los criterios de autocontrol zen, budista, chi kung, yoguístico y lo que a uno se le pueda ocurrir, porque no sólo había conseguido que mi adrenalina no se disparara sino que además había celebrado en voz alta lo buen masajista que era el tal Pablito sin que la nariz me creciera demasiado en dirección a la pelusa del suelo. Y no sólo eso, sino que además había ignorado con éxito a la de los tacones impertinentes y su verborrea, que no era otra que la madre del niño de casi tres años y medio fíjate, y al mismo tiempo hija del dueño de aquella clínica-zoco árabe, y terapeuta de lunes a viernes, que había estado entrando y saliendo de mi campo visual y mi cortina sin ninguna mesura.

La cosa es que en ese momento la tal Susana decidió irse a otra parte de la clínica a complicarle la vida a alguna persona o cosa disponible con sus ideas de bombero y nos quedamos en la salita, Manolo, el nene y yo “en amor y compañía”. Mientras el fisio seguía manipulando suavemente mi espalda, las zapatillitas del nene desaparecieron de mi campo de visión y oí un cierto correteo. Lo siguiente fue que Pablito descubriera mis pies (ese día necesitaba masaje en las plantas, así que me había quitado los zapatos) y decidiera hacer algo con ellos. Eso no le gustó al yayo-y-sin-embargo-fisio, así que le soltó un categórico “los pies no se tocan” (sin especificar lo más importante, el “ajenos” y lo segundo más importante, “de pacientes”) y Pablito de algún modo que no pude ver desde mi posición salió de nuestra salita y la emprendió con el resto de la clínica.

Le oíamos corretear y un cierto ruido de aparatos golpeados. La así llamada “señora María” seguía postrada en algún lugar de la clínica, pero aparantemente a salvo del interés de Pablito, mientras Susana no se sabe muy bien qué hacía pero evidentemente no se ocupaba de velar ni por la integridad de su hijo ni por la de los aparatos de la clínica.

Alguna configuración astral trajo de nuevo la lógica al lugar y Susana decidió que esa retahíla de cosas pendientes la iba a trasladar al día siguiente, domingo, y que se ocuparía ella de hacerlo. Pero eso sí, antes su padre tuvo que manipularle el cuello y el insigne Pablito dio un beso y un abrazo de despedida a su yayo-y-sin-embargo-fisio-en-la-vida y además la señora María tuvo tiempo de terminar su tratamiento, vestirse e irse, dejarnos un rato tranquilos para luego volver a llamar a la puerta porque se había dejado las gafas y así no podía conducir… Cuando se fueron todos apareció un Manolo risueño con su aparato de radio en la mano, porque ya era hora de oír el sorteo de la lotería. No le tocó nada, pero de haberle tocado yo le habría sugerido que se comprara una familia menos ruidosa y una aspiradora más potente.

En fin, ¡qué bueno es esto de la conciliación de la vida laboral y la vida familiar a la española y cómo relaja ir a que te den un masaje! ¿a que sí?

Mar
4
Mar '08

Conciliación de la vida familiar… (II)

Este sábado estábamos sólo alguien a quien llamaban “señora María” y yo. Me imaginé a la tal señora como alguien entrado en años basándome en el tratamiento (verbal) y en la voz con la que se quejaba de la poca eficacia del aparato que le habían puesto. Repetían mucho lo de “señora María” sin que ella protestara, así que me dieron ganas de compartir mis conocimientos con ellos –esto que está tan de moda ahora de que si uno enseña lo que sabe, algo de él pervive en los demás- y explicarles que esta expresión es incorrecta (como sabéis, la forma correcta es “doña más nombre” o “señora más apellido” y lo mismo para los hombres). Se ve que mi fase Misterbean está en retirada, porque algo en mi lado lógico (pobre pie derecho, sobrecargado de trabajo) me dijo que salir en sujetador y descalza por los pasillos de la clínica explicando estas sutilezas lingüísticas en pos de una señora postrada y con aparitos en la espalda no era una buena idea, y que si habían podido vivir en su error todos estos años podían permanecer en ese estado unas cuantas décadas más. Pero la situación iba a cambiar. De repente…
Continuará

Lun
3
Mar '08

Conciliación de la vida familiar a la española o Los pies no se tocan, Pablito

(Esta serie se la brindo a Maica. ¡Salud!)

Los caminos de mis contracturas son insondables. Desde que volví a Madrid he recurrido a fisios y terapeutas diversos. La nómina incluye básicamente a mi insigne fisio de cabecera –protagonista de esta crónica-, un fisio chino que también es monitor de Pilates (más conocido como “el chino que me achuchó”) y una fisio española bastante maja pero que no tiene muy clara la diferencia entre un puente muy marcado y un pie plano (el sueño del relativismo produce monstruos, se ve).

Finalmente, también incluye una reflexóloga empeñada en que mi pasado y mi inconsciente están bien y por eso mi pie izquierdo es receptivo al masaje mientras que mi presente y mi lado lógico están regular y por eso el pie derecho se revuelve cuando le clavan el dedo pulgar en determinadas zonas. Yo sigo sin entender dónde ve esta reflexóloga la falta de lógica.

El terapeuta que mejor parado sale de la comparativa es el fisio de cabecera, un tipo muy experimentado, que además de fisio titulado y rehabilitador y osteópata sabe acupuntura, masaje sacrocraneal, reflexoterapia y un largo etcétera de prácticas occidentales y orientales. La cosa es que el sábado pasado acudí a sus manos tras un par de semanas de molestias en hombros y cuello ya que por circunstancias la semana pasada me fue imposible. Voy los sábados porque hay menos gente y me resulta más agradable. A diario aquello es un constante agitar de cortinas, un pitar de aparatos, un cierto chirrido de los enfermos que están moviendo palancas e historias. En definitiva, el peor contexto para ayudarte a relajar un cuello o un hombro tensos.

Este sábado estábamos sólo alguien a quien llamaban “señora María” y yo. Me imaginé a la tal señora como alguien…
Continuará