Me las prometía muy felices yo con mi arsenal químico-tecnológico, pero el espejismo iba a durar poco: poner en marcha el ritual de humidificador, ionizador, pastillas de propólis con vitamina C, jarabe de plantas, lavados nasales etc se demostró muy útil para cambiar de postura y ejercitar diversos músculos del cuerpo pero no fue definitivo para alejar este catarro pelma. Así que el finde ha consistido básicamente en seguir leyendo a Bill Bryson y su “Breve historia de casi todo”, jugar algo a la Consola y pasar muchas horas en la cama, entre toses y pañuelos de papel. (Lo de haber visto parte de esos espantosos programas “Dónde estás corazón” y “La Noria” prefiero considerarlo un delirio).
A todo esto, el sábado mi fisio de cabecera me dió el visto bueno, lo que significa que estoy autorizada a empezar con Pilates, en plan preventivo de futuras contracturas y para mejorar mi tono general y mi control corporal. Ahora sólo me queda esperar a que me dé el visto bueno el catarro y hacer frente a una disyuntiva que se me ha presentado. La cosa es que precisamente ahora y no hace dos meses o dentro de dos meses ha cuajado por fin un grupo para un curso de Técnica Alexander, sí esa técnica de reeducación postural que tan de moda está en La Pérfida, y que tanto entusiasmo despierta en actores, bailarines y Elsinoras de este mundo.
Lo paradójico de que por fin tras un año de falta de quorum para organizar este curso en el centro donde voy a Yoga se haya podido formar ahora es que me pilla con el colmillo un poco retorcido. Según mi fisio de cabecera (tengo uno de repuesto, chino por más señas; pero le he mandado al rinchi porque detecté sus oscuras intenciones de dejarme coja), la Técnica Alexander (TA) está obsoleta y hay cosas mucho más al día como la RPG, reeducación postural de las escuelas francesas de Souchard etc. La TA, además, es cara (195 euros tres sesiones de grupo más cinco individuales), de manera que mi lado sensato (lo tengo aunque no lo parezca) dice o Pilates o TA.
Pero a mi lado iluminado le parece mezquino que cuestiones presupuestarias le cierren la puerta a algo tan fantástico como las posibilidades que encierra la Técnica Alexander en cuanto a armonizar tus movimientos, adquirir mayor sensibilidad corporal y aprender a gestionar el estrés. Pero en realidad el Pilates bien hecho debería producir efectos parecidos. En fin, el famoso y esperado curso de Técnica Alexander empieza el sábado que viene así que todavía hay tiempo para que el lado iluminado se salga con la suya. Ya os contaré. ¿Alguien que haya probado ambos y quiera inclinar la balanza a un lado u otro?

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