Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Dom
30
Dic '07

Tiempo de descuento

El que avisa no es traidor. Este blog tiene los días contados, porque algo llamado “Crónicas perplejas desde La Pérfida Albión” no debería prolongarse más allá de la readaptación a España tras el regreso.
Estoy barajando otros proyectos bitacoriles de los que os informaré (textos breves, un fotoblog; post en inglés), pero tampoco es seguro que los vaya a haber: mantener un blog exige mucha dedicación y constancia y para ello hay que estar muy motivado y tener la idea de lo que se quiere hacer muy clara. Vivir en Londres proporcionaba tanto la motivación como el foco, pero la cosa cambia con el regreso.
En fin, amigos, Feliz año. Seguiremos informando.

Vie
28
Dic '07

Ocurrencias

Tengo una amiga a la que le pasan cosas muy curiosas. La primera ha sido su particular reinterpretación de lo psicosomático: en uno de los puentes de diciembre, estaba a punto de terminar un encargo muy pesado de tipo carapantallil y decidió que era buen momento para cambiar la contraseña del administrador de Windows, añadiéndole un caracter más para que fuera más seguro, siguiendo los consejos de su antivirus metomentodo (así lo llamó ella). Hizo el cambio de password pero no anotó la nueva contraseña porque era casi como la antigua, de manera que cuando quiso volver a abrir el ordenador no recordaba la nueva clave y no pudo entrar. La nueva contraseña era tan segura, pero tan segura, que no podía entrar ni ella.

Seguidora de CSI y demás programas en los que se investigan cosas o se deducen contraseñas, esta amiga estuvo haciendo sus pruebas para ver si daba con la contraseña, pero no lo conseguía. Lo que tan fácil resultó a Michael J. Fox allá por los ochenta (Juegos de guerra, cree mi amiga que se llamaba la peli), aún sin Parkinson eso sí, a ella le resultaba imposible. Había tenido desengaños parecidos con Photoshop y otros programas de edición de imágenes: por qué si en CSI la imagen de un cajero automático por la noche permitía visualizar hasta los empastes y la etiqueta de la ropa del sospechoso o si me apuras el minitatuaje personalizado de la nalga derecha, por más que el sospechoso estuviera de frente a la cámara y completamente vestido, ella no era capaz de deducir un solo carácter que le faltaba.

Justo o injusto, la cuestión es que ella no era capaz de solucionarlo, así que además de desconfiar de todas las series de investigación del mundo mundial, de que el hombre haya llegado nunca a la Luna y de otras cosas que no citaré para no desilusionar a los niños que puedan leernos, empezó a ponerse de los nervios y a pensar que en realidad ella había hecho algo tan tonto como cambiar la contraseña y no apuntar la nueva al principio del puente “aposta”: era la única excusa razonable para no seguir currando. La cosa es que con ayuda de un amigo esta amiga consiguió solventar el problema: abriendo el Windows XP en modo prueba (pulsando F8 antes de abrir) el sistema te permite cambiar la contraseña del administrador sin pedirte la antigua. Así que buenas noticias para mi amiga y malas para las personas a las que les roban los portátiles: es muy fácil cambiar la contraseña del administrador de Windows.

Jue
27
Dic '07

De conspiraciones varias: el sabotaje madrileño y La Pérfida convertida en Lepe. Parte II

En la Pérfida tampoco se quedan atrás con esto de las conspiraciones y los complots. Las filtraciones de datos personales están llegando ya a un nivel tal, que hay que sospechar que o bien es el país con más inútiles por metro cuadrado o bien hay una mano negra detrás: primero se filtran los datos fiscales de 25 millones de británicos, luego los de nosecuantos alumnos de autoescuela, después el Post Office (el servicio de correos) se confunde y manda los comprobantes de los ingresos a los pensionistas equivocados, después el NHS (servicio público de salud) se equivoca también y filtra los datos de no sé cuantas personas.

En fin, yo no sé si se quieren cargar a Brown o si el ataque va contra la implantación de un carnet de identidad (ID card; si sin carnet se filtra todo esto, imagina lo que pasaría si hubiera archivos que centralizaran toda la información en un país en el que los registros personales informáticos parecen gritar “piérdeme”), pero la cosa es que están convirtiendo La Pérfida en un inmenso Lepe angloparlante.

Habrá quien piense que en realidad lo que sucede es que el británico es un sistema más transparente, en el que ni las instituciones ni los periódicos tienen miedo a publicar las meteduras de pata del sistema público, mientras que en otros países han sucedido cosas semejantes sin que trascienda. Es posible que sea así –no tengo forma de averiguar lo que pasa en otros países-, pero en todo caso, transparentes o no, ya van unas cuantas meteduras de gamba muy sonadas.

Mie
26
Dic '07

De conspiraciones varias: el sabotaje madrileño y La Pérfida convertida en Lepe. Parte I

En estas fechas tan señaladas, me llena de (no) orgullo y (no) satisfacción, como dice el otro darme cuenta de que el centro de Madrid está imposible. No sólo porque todo el mundo decida ir a comprar y pasear por los mismos sitios al mismo tiempo, sino también porque el metro está siendo doblemente saboteado: no sólo hay huelga del servicio de limpieza sino que también hay huelga de conductores encubierta. Casualmente, desde principios de diciembre, el metro sufre incidencias “ajenas” a Metro en estaciones y líneas clave. Al parecer, es algo que sucede mucho en vísperas de elecciones, sean locales, regionales o nacionales. También al parecer, el sindicato de conductores (de izquierdas, es decir pro PSOE o pro Izquierda Unida) considera que fastidiar a los usuarios de metro con retrasos erosiona no sólo sus nervios, ya de por sí bastante erosionados por las fechas, las colas, las compras y las montañas de basura que tapizan los andenes, sino que influye en el voto para los comicios generales. Parece absurdo, pero hay una gran proporción de gente que confunde las cosas. La limpieza del Metro de Madrid la realiza una empresa concesionaria (opción más barata) que ha decidido hacer presión para elevar los salarios de sus empleados.

El resultado no sólo desvela lo cerdos que son los habitantes y los visitantes de Madrid (que lo son -o lo somos- y un rato) sino que muestra también un panorama más horrendo de lo normal gracias a las prácticas de los propios limpiadores en huelga: “casualmente” se ven periódicos troceados metódicamente en estaciones clave o palos de escoba tirados entre las vías… Aquí artículo de El País.

En la Pérfida tampoco se quedan atrás con esto de las conspiraciones y los complots…
Continuará.

Sab
22
Dic '07

Sin título

Navidades, 22 de diciembre.

maniqui madera con precio

¿Qué pie de foto te sugiere?

Jue
20
Dic '07

Una ventana a La Pérfida desde España

Han pasado muchos meses y muchos kilómetros desde que me fui a Londres en septiembre de 2005. Comenzar una etapa distinta supone darle a la manivela de los buenos propósitos con los que uno quiere reinventarse o mejorar sustancialmente. La sensación es difícil de explicar, porque es muy compleja, pero básicamente, la tendencia es por una parte la de querer exprimir lo que se echaba de menos de tu país de origen (o lo que simplemente se valoraba más a raíz de no tenerlo tan a mano) y por otra aplicar todo lo que has aprendido/probado y esmerarte para no perderlo. Si además un@ viene de Londres, la Tierra de la Posibilidad (real o no, es una percepción muy extendida), la presión para conservar esa “llama” se incrementa.

Para mi vuelta a Madrid, yo quería una Elsinora nuevecita como una moneda nueva y brillante. Acuñar esa moneda implicaba un despliegue de planes y recursos, encaminados tanto a conservar algunos aspectos como a crear cosas nuevas.

Como decía antes, la cuestión es muy compleja, ya que todos tenemos muchas facetas: la profesional, la familiar, la personal, la física, la social etc y analizarlas todas ni viene al caso ni es factible. Pero en fin, hoy me gustaría contar el asunto del idioma, porque entre los muchos planes que tenía para mantener mi inglés se encontraba el de ver la televisión en inglés a diario. Y lo estoy cumpliendo.

Desde que tenemos televisión digital terrestre puedo ver Sky News, pero antes tenía que limitarme a la CNN. Son amores distintos: la Sky es inglesa, y el canal News se dedica precisamente a eso, a dar noticias. La CNN tiene muchas noticias, pero además emite programas más o menos peregrinos sobre la economía asiática, camisas que repelen las manchas y no se arrugan y demás gatgets para ejecutivos. Lo más gracioso son algunos productos cosméticos destinados al mercado africano.

El acento de los locutores de Sky News es puramente británico, así que me teletrasporta mucho más a Londres. La CNN me recuerda más a los tiempos de Periodismo e incluso a mi preparación para irme a Londres. La cosa es que religiosamente todas las mañanas escucho un rato de Sky News para que el oído no pierda. Lo que no estoy haciendo estos días es leer prensa inglesa ni norteamericana, de manera que lo único que me llega es la imagen “peculiar” que transmite Sky News. Estos últimos días la cosa va de las cartas de Lady Di (si estaba embarazada o no, si se despedía de Dodi en sus cartas con un “fondestly yours” o un “deeply yours”; si su amiga y confidant oyó o dejó de oir tal confidencia, como confidant que era), de la designación de Capello como entrenador de la selección nacional inglesa (los primeros días se veía como algo positivo, ahora un comentarista dijo que era como traerse al circo de Estrómboli), de las secuelas de los 25 millones de datos personales que se le escaparon al departamento del Tesoro (how embarrasing!), de un informe que ha publicado un Sir sobre las inundaciones de julio (de las que supe también por Sky News) y sobre la gira de las Spice Girls y sobre las tropas en Irak y los problemas con la coca de muchos soldados, así como de las infecciones endémicas de los hospitales ingleses.

El caso de Darwin, el tipo que desapareció misteriosamente y cuya mujer estuvo cobrando el seguro de vida como si hubiera muerto es uno de los casos comunes a las dos televisiones. (Sí, ya sé, todos pensamos en la coincidencia de apellidos, pero este Darwin era “canoista” vamos que remaba en canoa y no científico, que se sepa).

Una de las cosas graciosas es la previsión metereológica: en Madrid siempre ponen 13 grados, por más que aquí nos estemos congelando. Imagino que se refieren a la máxima en zona de sol, pero no hay ninguna indicación de que se trate de la temperatura máxima. Y, luego, al describir el tiempo que hace o va a hacer en La Pérfida empiezan los “miserable” y los “glorious” que siempre me suenan tan exagerados, pero que in situ parecían tan lógicos.

La CNN por su parte anda muy centrada en las próximas elecciones USA. He visto alguno de los debates entre candidatos republicanos y muchos de ellos me han parecido bastante escalofriantes.

Mar
18
Dic '07

Cosas veredes, Sancho (si las buscares) Parte II

Otro de los descubrimientos que he hecho es que en una academia de baile cerca de mi casa además de sevillanas y gimjazz imparten clases de Yoga y Taichí y dan unos masajes muy extraños. Entro porque leo un cartel con las artes marciales y los masajes marcianos. Hay unos cuatro tramos de escaleras de bajada o una rampa muy larga, así que parece que uno descendiera a los infiernos. Las recepcionistas no son Belcebú sino Pili y Mili: le pregunto a una y me contesta la otra, se pelean para darse bolígrafos y señalarme en la hoja de clases lo que me interesa, entre la maraña de sevillanas, clases de castañuelas, ballet contemporáneo y Pilates suelo. Les pregunto por los masajes que he visto anunciados. Me dicen que son estupendos y cuestan 40 euros. Los masajes los recibes vestido y consisten en que te aplican un bolígrafo. “Ya te digo”, me explican “es mano de santo y completamente indoloro”.

La escena merece un “Mi no entender” en tecnicolor, o incluso un “¿Me has visto cara de idiota?” en toda regla, pero tras dos años en Londres, la perplejidad y yo hemos llegado a una entente cordiale, así que en lugar de tachar de viejas locas a estas dos tipas del sótano/academia y sus explicaciones del boli sanador, dejo atrás las primeras impresiones e intento atar cabos basándome en mi experiencia, mientras Pili y Mili explican que debo ir con ropa amplia y con zapato de talón cerrado para que el masaje sea efectivo. Lo que comentan estas mujeres del masaje con ropa y boli mágico, me digo, se parece al masaje de shiatsu que me dieron en una peluquería japonesa de Londres, con mi jersey y todo así que pregunto si es un tipo de shiatsu. Dicen que no, pero tampoco me dan un nombre alternativo. No están ayudando mucho Pili y Mili y éstas ni siquiera tienen la excusa de ser chinas y saber poco inglés.

Las recepcionistas diabólicas se limitan a decirme que no duele, y que es mano de santo para episodios agudos como ciática y demás, pero que al día siguiente del masaje tienes que tomarte un gelocatil porque la sesión ha movilizado tal y pascual. Tienen un hueco el martes que viene, si quiero me apuntan ya mismo. Declino amablemente la sesión de caligrafía vertebral y me voy, con una cierta sensación de ambigüedad.

Una vez en casa, investigo un poco sobre el tema en la Red. El “terapeuta” tiene una web, y decido echar un vistazo a ver qué cuenta y si su técnica tiene algún sentido. El “bolígrafo” al parecer se llama bioactivadorResulta que además de licenciado en Químicas es osteópata titulado. Por lo que veo, esta técnica está más indicada en casos de subluxaciones, es decir, en pinzamientos (un hueso se desplaza y presiona un nervio produciendo un dolor muy agudo): los golpecitos del bolígrafo, que en realidad es un pequeño martillo, aplicados correctamente pueden recolocar de forma rápida e indolora el hueso desplazado. Poca utilidad tiene este sistema para una contractura. Me alegro de que esté tan claro que no me vale, porque así no tengo que darle más vueltas a este tema y a mis reflexiones sobre por qué rechazamos visceralmente algunas cosas y tal y pascual.

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Nota: “Cosas veredes, Sancho”, como muchos de vosotros sabréis, es una cita de El Quijote. Lo indico para quienes no estén muy familiarizados con la cultura en español, que ya se sabe que la Red llega casi a todas partes.

Dom
16
Dic '07

Cosas veredes, Sancho (si las buscares) Parte I

Mis investigaciones sobre medicinas alternativas y artes marciales orientales me tienen perpleja. He descubierto que mi barrio está alicatado de quiroprácticos, osteópatas, fisioterapeutas y demás terapias más o menos crípticas. También hay unos cuantos sitios de Yoga, Taichi, Chi kung, Pilates. (Se diría que la amoralidad de las series de televisión se está viendo compensada por un interés en las filosofías orientales). Esta proliferación de clases y servicios no se debe sólo a que se trate de terapias y cursos de moda, sino a que hasta ahora no me había fijado. Al volver de Londres me he reafirmado en algo que ya sabía: la cuestión no es tanto que los sitios sean per se interesantes, sino que se trata más bien de la actitud del observador.

En clave más cómica, os diré que de repente el barrio se me ha llenado de clínicas de cirujía estética. A raíz de una de ellas, he tenido mis más y mis menos con un repartidor de folletos que me metía por las narices dos veces al día folletos con títulos como “pechos a la carta” y al lado la lista de precios. La respiración diafragmática que he aprendido a hacer en una sesión bastante cómica que todavía no he contado, distendió mi pecho “a la Elsinora” y me permitió tomarme esta insistencia con cierta calma y descubrir que no era nada personal: el mismo folleto de “pechos a la carta” iba a parar a las manos de cuanto anciano pasaba por allí (el repartidor sabía poco de target y demás sutilezas). Mis intentos de relajación oriental han servido sólo para abrir mis ojos occidentales a la verdad profunda de que su insistencia en hacerme comer el folleto de marras no presuponía indirecta alguna, pero no hay mantra que logre que su insistencia en medio de una calle llena de gente y con prisa deje de irritarme.

La cuestión es que cuando el otro día vi que el repartidor de folletos pretendía endosarme el mismo folleto por tercera vez, le esquivé con un movimiento que pensaba ágil y elegante, pero que no debió ser tal, ya que él me dijo de muy mal talante “no hace falta que corras, que yo no acoso”. No estaba yo muy de acuerdo con esa aseveración y además podría haberle hablado de mi experiencia como repartidora en la capital de La Pérfida, pero llegaba tarde a yoga terapéutico y no tenía ganas de desorganizar mi tercer chacra con una discusión ni revolver mi pasado tranquilo y armonizado hablando de Londres.

La cosa es que con Taichí o sin Taichí el repartidor, que se había hecho fuerte en Cuatro Caminos, me tenía superfichada, y por más que cambiara de abrigo y de gorro siempre que me veía me dedicaba alguna lindeza para castigar mi osadía de no coger su ilustrativo e interesante folleto de cirugía estética. Pensé pasar un día cabeza abajo, en alguna postura invertida de yoga, sólo por ver si de esa guisa me reconocía y me soltaba algún exabrupto. Afortunadamente, el simpático repartidor ha cambiado su lugar de operaciones, o simplemente se le han acabado los folletos.

(Continuará)

Jue
13
Dic '07

Esta no es mi España que me la han cambiado (III)

¿La reserva espiritual de Occidente?

Una de las cosas que más impacta tras dos años fuera de España es el estado de los medios de comunicación. La televisión ya era para llorar en el 2005, pero ahora es para hacerse el harakiri. Cuando yo me fui a Londres no existía Cuatro ni La Sexta, pero su aparición no ha mejorado en absoluto la calidad de las emisiones televisivas hispanas. Respecto a los informativos no he notado demasiados cambios: flojos eran y flojos son, a años luz de los de la BBC. Quizá el enfoque Reader Digest/Record Guiness/cara humana de la noticia se haya intensificado, pero no ha habido cambios sustanciales.

Lo que me llama poderosamente la atención es la proliferación de series españolas con una fuerte carga de amoralidad (naturalidad ante la falta de ética generalizada): véase un “Escenas de matrimonio” de Telecinco donde no hay ni un solo personaje principal positivo: las tres o cuatro parejas son a cual más despreciable a nivel humano y la única que se libra es Desislava, la empleada del hogar húngara.

Si lo que me han enseñado la carrera de Periodismo, los estudios de retórica clásica y el sentido común es cierto, una serie repleta de “pathos” y sin personajes “admirables” debería tener los días contados. Las cifras de audiencia de momento dicen exactamente lo contrario: el “hijo” desalmado de Jose Luis Moreno es líder en su franja horaria y además se ha convertido en el programa que la competencia debe boicotear, por ejemplo “robándole” la pareja Pepa/Avelino, como ha sido el caso de Antena 3.

Sospecho que el éxito actual se debe a que lo emiten casi a diario (de martes a viernes), de forma que la gente adquiere un hábito de periodicidad menor a las series semanales y también a que casi nadie lo ve entero y menos personas aún reflexionan demasiado sobre lo que ven.

La razón que se aduce más a menudo como explicación del éxito es que al espectador le gusta ver que alguien dice a su pareja las burradas que él mismo no se atreve a decir pero está pensando. A mí esto me parece una exageración. El “Escenas de matrimonio” es una caricatura non-stop que acaba convirtiéndose en una pesadilla. Por otra parte, está clara la habilidad comercial de la idea que subyace a esta serie: al incluir tres parejas de edades estratégicas (veintimuchos, cuarenta y setenta) se asegura audiencias en las tres principales franjas con poder adquisitivo, con lo que el abanico de publicidad se vuelve amplio y jugoso.

Mis objeciones a “Escenas de matrimonio” no es extensiva a los actores ni a los dialoguistas: los actores son buenos, incluso brillantes a veces, y los diálogos picados, en plan esticomitias (réplicas muy breves) sobre todo entre Marina y Roberto, el matrimonio de mediana edad, brindan momentos muy divertidos. Y además, el enfoque costumbrista y las pinceladas de actualidad crean una atmósfera muy española y muy familiar que facilita la identificación del público con la serie. El amigo cachas del escritor joven es quizá el único actor que necesita un hervor, pero en realidad cumple su papel: dejarse ver e interesar de igual manera al público homosexual como a las mujeres admiradoras de hombres metrosexuales.

Pero la cosa no queda ahí, porque en seguida llega “Gominolas”, una parida tan grande, tan mal escrita, y tan mal interpretada que da vergüenza ajena. El guión es absurdo, para empezar, pero es que además todo parece una excusa para sacar a la rubia de turno haciéndoselo entre bastidores con un juez de un concurso. Y luego les toca bastante el pie que dos hermanos que supuestamente han nacido en Madrid, tengan uno acento andaluz y la otra catalán (estoy muy sensible a esto de los acentos desde que he vuelto de Londres, curioso).

Por si no hubiéramos tenido bastante, llega el refuerzo de “Cuestión de sexo” de Guillermo Toledo y compañía, donde se muestra con toda naturalidad y desenfado una escena en la que los padres de la protagonista ofrecen al novio de su hija la mitad del piso si éste consiente casarse con ella, como lo más normal. En fin, dejo el análisis, que me pongo tensa y me contracturo…

Mar
11
Dic '07

Londres: retrato de la vida moderna (II)

(Sobre cómo Elsinora se entregó al periodismo de investigación en la capital de La Pérfida)

La cosa es que después de la cena, tomamos unos small capuccinos en vaso de papel en la estación de tren Charing Cross y hablamos sobre mis expectativas respecto a mi regreso a Madrid. Yo miraba de frente imaginando cómo sería volver, pero lo que tenía a la vista era el panel de las salidas de trenes y en una línea muy destacada el tren de las 22:17 de Caterham que tantas veces yo había tomado para volver a la entonces mi casa y que esta noche cogería sólo mi amiga. Yo por mi parte iba a coger el metro hasta la casa de V. en Putney. Me despedí de esta compañera taiwanesa, que además se había empeñado en invitarme a la cena, y me metí en el metro.

Al llegar a mi destino recibí un SMS (allí lo llaman text message) muy cariñoso de esta amiga que me apresuré a contestar en términos semejantes y en el camino desde la estación a casa decidí que debía aprovechar que tenía la cámara conmigo para retratar las cosas que me llamaban la atención de Putney, en las que siempre me fijaba en mis paseos pero nunca tenía oportunidad de retratar. Una de esas cosas era una lavandería. Las laundrettes de Inglaterra son bastante curiosas para un español, así que decidí que haría una foto de una de ellas que me pillaba de camino. No era una especialmente interesante ni bonita, pero sí bastante típica. Saqué la cámara de la funda, puse el botón en On, enfoqué y disparé. Como era noche cerrada y no tenía trípode, el flashazo sobre el escaparate de cristal era inevitable. Pensé que además del flashazo, esa toma frontal no era la ideal para captar la simetría de los bombos de las lavadoras en decrecendo así que cambié un poco la posición con idea de repetir la operación. De repente se escuchó una voz airada desde algún lugar.

-No hagas fotos, decía alguien desde arriba.

Alcé la cabeza para ver a un afrocaribeño en camiseta interior de tirantes y trencitas mirándome con cara de odio desde la ventana del piso superior.

-No hagas fotos -repitió en tono más alto y más enfadado- Vete de ahí.
Por algún motivo, tras el estupor inicial, me salió el prurito profesional, no en vano he sido reportera gráfica. O quizá tenía el día asertivo.

-Estoy haciendo fotos en la calle. Esto es un espacio público. Tengo todo el derecho del mundo a sacar una foto del escaparate de una tienda iluminada…

-Yo sólo te digo que no hagas fotos. A los dueños no les va a gustar.

-No veo por qué. Esto es un espacio público y bla bla, bla.

Le podía haber dicho que estaba retratando la vida moderna como en la exposición de la Hayward, que las lavanderías son un símbolo de la cultura inglesa, pero algo en su atuendo y en su cara de perro me hizo pensar que no era la mejor estrategia, por más que fuera la verdad.

El tío insistió en un tono cada vez más enfadado. Decidí que esa segunda foto de la lavandería cutre tampoco merecía tanto la pena y me marché. Llevaba, eso sí, una foto de esa lavandería presumiblemente clandestina en la memoria de mi cámara digital. Aquí tenéis el “impresionante documento” que el afrocaribeño tenía tanto empeño en impedirme obtener. Si alguno localiza algo digno de ocultarse e ir amenazando a alguien para que no lo fotografíe, favor de hacérmelo saber, porque para mí es sólo una lavandería de la especie Cutre Vulgaris.

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Lun
10
Dic '07

Londres: “El retrato de la vida moderna”

Había pasado el día por Central London, cámara al hombro a pesar de la contractura, viendo esto y aquello. Lo penúltimo fue una visita a la Hayward Gallery donde exponían una colectiva bajo el lema “El retrato de la vida moderna” (“The Painting of Modern Life: 1960s to Now”, traduzco “retrato” en lugar de “pintura” porque el objetivo de esta iniciativa es retratar como lo hacía Toulousse Lautrec y no pintar en sentido amplio) con gente como Andy Warhol, Gerhard Richter, David Hockney, Pistoletto, Peter Doig o Richard Hamilton. El marco para la exposición parte del libro de Charles Baudelaire “El pintor de la vida moderna” (1863) en el que el crítico y poeta francés exhortaba a los pintores de la época a abandonar la pintura académica para dedicarse a retratar lo cambiante, contigente, es decir capturar el carácter incipiente de la vida moderna. Algo menos de cien años después, un puñado de artistas artistas de diversos países decidieron romper con el arte abstracto, que para entonces se había convertido en una nueva forma de pintura académica, para crear lienzos que retrataran el paisaje social de los tiempos por medio de la traducción y, en cierto sentido, la reinvención de la imaginería fotográfica. Desde 1963 para acá esta forma de acercarse a la fotografía se ha convertido en una de las más influyentes en la historia de la pintura contemporánea según el director de la Hayward (la explicación anterior, por cierto, es también traducción del catálogo de la exposición).

La muestra tenía cuadros realmente interesantes, unos cinco o seis de unos cuarenta, pero sobre todo me gustó mucho verla porque lo que ahí se discutía era algo que me apelaba también a mí como escritora: la llamada a representar el presente.
Tras la exposición de la Hayward me pasé por la National Gallery y estuve navegando por la red de recursos didácticos multimedia de la galería, tranquilamente aposentada, dado que apenas tenía unos minutos libres y dado que el día anterior había estado allí. La plataforma te permite búsquedas por pintores, por épocas, por títulos, de una manera muy intuitiva, seleccionando opciones en la pantalla táctil. Saqué algunas ideas para aplicarlas en un momento y descubrí una errata, cosa que me devolvió a la mente mi deformación profesional carapantallil. Al rato me encontré con una amiga de Taiwán con la que había quedado para ir a cenar. Terminamos en un restaurante chino muy chino de Leicester Square, el preferido de mi amiga, en el que comimos muy bien pero en el que si nos descuidamos además de colocarnos la servilleta casi nos dan de comer con el tenedor (bueno, con los palillos). La comida era muy buena, el servicio muy servicial pero la sensación de que uno se había vuelto un abuelito no te la quitaba nadie, con esa manía de apresurase a llenarte la taza de té y abrirte la servilleta y demás. Se ve que los buenos restaurantes chinos tienen esa tendencia a la “senilización” del cliente. Mi amiga se comunicaba con los camareros en chino (ignoro si cantonés o no; creo que se lo pregunté, pero no me acuerdo de la respuesta…) y la mayor parte de los clientes eran chinos.

Mie
5
Dic '07

Este no es mi Madrid que me lo han cambiado (II)

Tras consultar a diversos fisios y osteópatas de aquí y allá, andaba yo decidida a apuntarme a yoga para aprender a relajarme un poco y para empezar a fortalecer mis músculos menguados por el efecto “carapantalla”. Tras un cierto trabajo de campo, finalmente me decidí por un lugar cerca de casa, especializado en yoga y bastante grande, y por la modalidad yoga terapéutico (no en vano soy Elsinora Contracturas, de igual manera que había una Davinia Pelu y Maqui). La cosa es que yo me esperaba algo en plan minimalista y ascético: una esterilla, la profesora, y aprender eso del saludo al sol y las extrañas posturas que todos asociamos al yoga.
El centro de yoga de marras tiene una alta proporción de profesores extranjeros y de hecho muchas clases la dan en versión bilingue español/inglés, cosa que me hizo pensar que si se cuadraba con mis intereses (materia y bilinguismo) me serviría para matar dos pájaros de un tiro: mantener el inglés al día al mismo tiempo que me ponía en forma. Se ve que soy optimista por naturaleza y que aún no he quedado escarmentada del desconcierto que te puede producir aprender algo complejo en un idioma que no terminas de dominar. Lo digo sobre todo porque el primer año en Londres me apunté a clases de percusión afrocubana y medio aprendí a tocar las congas y los bongos en unas clases que impartía en inglés un chaval de Barcelona. Me lo pasé muy bien, pero resultaba bastante desconcertante.

La cosa es que aunque no estaba del todo recuperada de mi contractura, decidí probar el yoga terapéutico bajo la dirección de la profe, de origen italiano. En secretaría al matricularme me dijeron que era una clase estupenda y que le advirtiera a la profe lo de mi dolor de cuello y demás. Así lo hice y la profe era muy receptiva y paciente, o sea que debía tener todos los chacras en su sitio y el pie derecho tan receptivo a la reflexología como el derecho. En fin, fuimos a la sala y yo que esperaba que la cosa consistiera en coger una esterilla y ya está escuché con asombro que teníamos que coger cuatro mantas, un cinturón, y dos bloques/ladrillos de corcho. Pensé que aquella parafernalia iba a resultar demasiado para una primera clase y que los elementos me vencerían y por supuesto me estresarían un montón. Pero la verdad es que me fui apañando –no sin estrés-, sobre todo gracias a que como era puente éramos muy pocos y la profe estuvo muy pendiente de mí. Salí muy relajada de cara (según la profesora) pero con un cierto nivel de agujetas, cuya sensación se parecía peligrosamente a la de las contracturas, pero con la particularidad de que cedía a los dos días, en lugar de quedarse a vivir como las otras.

Mar
4
Dic '07

La vida secreta de las palabras

Una de las oportunidades que te da vivir un cierto tiempo fuera de tu país es descubrir o reconocer la relación privilegiada que tienes con tu lengua materna. No me refiero únicamente a que te des cuenta de que tu relación con el mundo –sobre todo si eres una persona de lenguaje, como es mi caso- pasa por el filtro de la lengua con la que has crecido y en la que te has acostumbrado a pensar, expresarte y aproximarte al mundo (vale, esto de “aproximarte al mundo” es un calco inglés: borrémoslo). Hablo más bien de que cuando vives fuera de tu país, de vez en cuando tienes como ráfagas de felicidad al oír una determinada canción en tu idioma natal. Curiosamente a mí me pasó por primera vez a las pocas semanas de llegar a Londres, hace dos años, oyendo una canción de Los Manolos (¡!) en una fiesta muy internacional (creo que sólo había un inglés: predominaban los indios) y me pasaba también de vez en cuando escuchando música en español en el Mp3: igual valía De Juanes que Miguel Bosé cantando por Garcilaso. No hace falta decir que a veces la ráfaga de felicidad se mezclaba con una intensa nostalgia.

Volver a España de forma definitiva (for good, que dicen en La Pérfida) le quita al español lógicamente esa vibración de bien escaso y añorado. De hecho, de repente te parece que el español se ha convertido en el idioma de lo irrelevante: te resulta tan fácil seguir todas las conversaciones que hay a tu alrededor y las claves culturales y sociales de los que te rodean te resultan tan conocidas/previsibles que se pierde completamente el misterio y el interés: la gente parece abejas zumbando, el small talk va gritando que es small talk con la boca pequeña- pero a cambio has ganado dos cosas. En primer lugar, todo es mucho más fácil, la comunicación funciona con el piloto automático, sin necesidad de recursos extra. Y por otra, tras una larga estancia en un país anglosajón has adquirido una relación privilegiada con el inglés. Poner la radio –incluso la radio fórmula- te supone abrir una vía con un idioma que conoces y que es muy poderoso. Enloqueces con determinadas canciones que antes te daban bastante igual, porque ahora te sabes perfectamente la letra (o no, pero la entiendes sin ningún esfuerzo).