Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Mar
31
Jul '07

Si quieres que te vean, desaparece

A veces parece que para que los demás reparen en uno es necesario que desaparezca por un tiempo. Ya lo decía el narrador de aquella novela titulada “La noche de Gulliver” (Murcia, 2000, IES Castillo-Puche) de esa buena amiga mía, Elena Alemany.

Después de casi dos años yendo a la misma tienda casi a diario ayer por la noche el dependiente/dueño, de origen presumiblemente pakistaní, decidió darme palique. ¿Has estado de vacaciones?, me preguntó mientras le alargaba un bote de leche. Le dije que sí, que había estado dos semanas en mi tierra. ¿Tú eras de Yugoslavia, no?, me quedé bastante sorprendida con su pregunta (me molestó, de hecho; será la falta de costumbre…), y le saqué de su error explicándole que soy española. Asintió y me preguntó, en español “¿hacía calor?”. Le dije que sí. Charlamos brevemente y me explicó que sabe un poco de español, que no lo habla pero lo entiende. Me despedí con un “hasta luego” en español para él y un “bye” para el resto de la concurrencia. Un día de estos le preguntaré cómo aprendió español.

Mientras me dirigía hacia casa entre las sombras de la noche, con mi botella de leche en su típica bolsa azul y la mochila en la espalda (¿me confundiría con alguien de la ex Yugoslavia por eso?, me decía- grandota, deportiva y con mi mochila que podría llevar los trastos del baloncesto… ¿o simplemente me ha confundido con otra chavala que sí es de la antigua Yugoslavia?), bajo el sauce llorón del parquecito que hay al principio de mi calle, surgió una forma rubia con un perro que me saludó a lo lejos, como deseosa de hacerlo. Reconocí a mi vecina Theresa, que vive justo encima de nosotros y a cuyo jardín da mi cuarto, en su versión Theresa con gafas. En cuanto estuve más o menos cerca se apresuró a pronunciar la frase mágica: “Have you been away?” (¿has estado fuera?). Le repetí la cantinela dos-semanas-fuera-en-Madrid-hacía-muy-buen-tiempo-mientras-Inglaterra-se-inundaba y luego intercambiamos tópicos sobre que las inundaciones eran una lástima, que este tiempo arruinaba las barbacoas de verano (”los productos de este tipo están rebajados al cincuenta por ciento en las tiendas”, me explicó) y las cenas rápidas pero saludables que nos íbamos a preparar a toda prisa y cosas parecidas. Evité mencionar la barbacoa de Helen del sábado anterior, porque no sé si se conocen y se llevan bien y si por tanto Theresa había sido invitada o no: aparentemente los únicos vecinos invitados fuimos F. y yo, pero también es posible que el resto no pudiera acudir. En situaciones así es cuando uno/a se da cuenta de hasta qué punto está integrado/a en un determinado entorno o vecindario y se congratula de haberse quedado largo tiempo en un mismo lugar, teniendo así ocasión de observar el ambiente con detalle y desde dentro.

Lun
30
Jul '07

Parecidos razonables: La British Library y un aeropuerto

¿En qué se parece un aeropuerto a la British Library? En que los dos te controlan el equipaje de mano y te obligan a meter determinados artículos en una bolsa transparente. En ambos lugares están completamente prohibidos los objetos punzantes y los líquidos, mientras que el uso del móvil y del portátil se autoriza de manera controlada (sin sonido, básicamente). En ambos lugares es fácil encontrarse con famosos: en la British Library de Londres se dice que pasa mucho tiempo Vargas Llosa (yo no lo he visto por ahora) y en el aeropuerto de Gatwick te puedes encontrar con la ex del príncipe Felipe. Hay unas cuantas diferencias, sin embargo: lo más prohibido en la British es meter bolígrafos y sacar (robar) libros o documentos mientras que las líneas aéreas consideran sus enemigos número 1 los objetos punzantes, líquidos y determinados dispositivos eléctricos. Otra diferencia es que la British tiene Reading rooms, mientras que si uno vuela con Easjyjet es fácil que el avión se convierta en una Shopping room (primero el kiosco de comida/bebida, luego el “duty free” con colonias, luego los billetes de tren con descuento, luego el rasca y gana por una libra) con alas y niños chillones.

Había estado en la British un par de veces, pero no había entrado en las salas de lectura porque no tenía el preceptivo carné. El viernes me lo saqué, así que soy ya una flamante Researcher, de aquí a julio del año que viene. El lugar es muy agradable y bastante distinto de su equivalente español. Hay más mezcla de usuarios y además hay cafés y zonas de descanso. Es un lugar menos solemne que la Biblioteca Nacional de Madrid, por ejemplo. Impresiona pensar las figuras que estudiaron ahí décadas atrás…

Dom
29
Jul '07

La estatua de sal cumple cuarenta años

Ayer acudí a una barbacoa “next door”, organizada para celebrar los cuarenta años de Helen, vecina de F. y por tanto mía, que mi casera y flatmate suele invitar a casa a tomar el té día sí y día no cuando toca. Aparece con su niño, un bebé mulato de un año, tranquilo y grandón, con unas pestañas rizadas muy monas y cara de no ser muy inteligente, aunque quizá se trate sólo de que al parecer mayor que su edad uno espera que esté más espabilado de lo que le corresponde. Yo suelo hacerle carantoñas al nene y me contengo las ganas de hacérselas a la madre a ver si se espabila…

Bauticé a Helen “estatua de sal” porque habitualmente llega, entrega su hijo a F., se sienta en una silla de la cocina y no se mueve (ni siquiera para dejarme acceder a los armarios para coger una taza). Sé que vive porque contesta a las preguntas de F. con una voz dulce y bien articulada (y un acento estupendo) pero más allá de eso es difícil localizar signos de vitalidad o de estados de ánimo en esta esta inglesa pelirroja y entrada en carnes. A pesar de su composición, la estatua de sal es una mujer bastante sosa. Que sea sosa no significa que no tenga iniciativa. Resulta que a su actual marido o pareja (ignoro si están casados o no) lo conoció por Internet. El se llama Michael y es un británico originario de las Indias Occidentales, de raza negra y amante de las motos. Un tipo cordial y “decent” según F. (tiene toda la pinta: yo no lo conozco lo suficiente).

Helen cumplió cuarenta el pasado viernes y organizó una barbacoa para celebrarlo el sábado. Citó a la gente a partir de las 3 de la tarde pero yo me presenté a las 6 en su jardín trasero, que está a pocos metros del nuestro, pero es más grande y más “mono”.

La primera parte estaba tomada por parejas treintaañeras con niños y en la parte del fondo vi a F. Llevábamos dulces variados, una botella de vino espumoso y una bonita tarjeta de felicitación. F. le había comprado también un espejo “vintage” que al parecer le gustó. Había como dos grupos de invitados fundamentales: la familia de Michael (él tiene cuatro hermanos, que vinieron con su familia y su prole) y los compañeros de trabajo de Helen. Los primeros eran matrimonios mixtos (West Indies + blanco británico) salvo un caso y entre los segundos lo más habitual era británico blanco salvo el caso de Angela, que parecía ser hija de progenitor árabe, pero era inglesa y hablaba muy bajo. Los compañeros de trabajo de Helen eran informáticos en su mayoría, diseñadores de software, asesores de pequeñas y medianas empresas y cosas por el estilo. También había compañeros de Helen de su trabajo previo, estos más jóvenes. En total seríamos unos treinta.

Había una chavala rubia a la que no tenía muy localizada. Supe quién era cuando F. me la presentó al final de la noche como subterfugio para conseguir que ella repitiera su nombre, que F. había olvidado. Resultó que Carole, galesa del norte, vivía en el piso de Helen. Había compartido piso con ella desde hace un par de años y cuando Helen conoció a Michael a través de Internet y la cosa fraguó, Carole decidió quedarse en su habitación, a pesar de que Michael se mudara a vivir con Helen. Después llegaría el planeadísimo embarazo y el nacimiento de Gabriel y creo que la que se quedó de piedra con todo este proceso fue Carole (o al menos así me habría quedado yo).

Lo pasamos bien. Estuvimos hablando de cosas diversas, idiomas, nacionalismo, viajes, ambiente vecinal en distintas zonas de Londres (todos estaban de acuerdo en que mi zona es especialmente cordial y amigable), los diseños web de F. para el Stock Exchange de Londres (la Bolsa) y tomando pollo, mazorcas y hamburguesas.

A última hora se puso a llover y tuvimos que emigrar al interior. Estuvimos charlando en la cocina hasta cerca de las 12 de la noche. Como vecinas que somos, nos retiramos las últimas. Qué cómodo es tener la fiesta a veinte metros de tu casa…

Vie
27
Jul '07

HP 7: La “Harry Potter” manía continúa

Este post va dedicado a Ucha Mier.

Aunque no soy fan de las historias de J. K. Rowlins, como escritora, lectora, editora y traductora en ciernes el fenómeno Harry Potter me interesa. El lanzamiento del último volumen de la saga el pasado 21 de julio fue seguido con fervor por miles de lectores en todo el mundo. Ese día yo estaba en Madrid, así que me limité a ver lo que se comentaba en la televisión sobre las colas en las librerías de Reino Unido, la gente disfrazada de personajes de la Escuela de magos y también las escenas sobre la Casa del Libro de Madrid, así como lo que comentaba un portavoz de Scholastic, la editora norteamericana, en medio de una librería de la cadena Borders que estaba hasta el ídem de aficionados de todas las edades.

Después he leído que una lectora cincuentona norteamericana ostenta el record de lectura rápida (600 páginas en menos de una hora; la noticia de la agencia tenía una errata, decía 47 segundos en lugar de minutos, errata que se reproducía en un montón de webs que se habían limitado a reproducir la noticia tal cual; a lo mejor es que se creen que los lectores son tan magos como el protagonista), aunque supongo que la tal señora lo que hizo fue practicar una lectura en diagonal, técnica completamente fuera de lugar para algo así, ya que le quita todo el placer al proceso de lectura, pero en fin.

La cuestión es que volviendo a Londres el día 25, tanto en el avión como en el tren coincidí con personas que iban leyendo la última entrega de Harry Potter en inglés. La primera era un ejecutivo cuarentón español, que viajaba con un compañero de trabajo inglés al que ignoró durante la mayor parte del trayecto. Y la segunda una veinteañera inglesa con un aire a Paulina Rubio, instalada en la mesita del tren que cogí en Gatwick.

La traducción al español de “Harry Potter and the Deathly Hallows” saldrá a finales de año o principios del 2008, porque la autora se ha negado a que los traductores tengan el original antes de su publicación para evitar filtraciones (en el volumen anterior se filtró la portada a la prensa: apareció en el periódico gratuito “20 minutos”; en otros países ha habido filtraciones diversas) y muchos fans españoles e hispanos han puesto el grito en el cielo, porque les parece injusto e incomprensible enterarse de si Harry Potter muere o no al final después de que millones de personas que hablan inglés lo sepan. Hay varias soluciones. La primera, leérselo en inglés, como van a hacer 220.000 alemanes. La segunda, respirar hondo con el diafragma varias veces seguidas y seguir viviendo como si tal cosa. Y la tercera, aprovechar la corriente DIY (hágalo usted mismo, en sus iniciales en inglés) de algunos aficionados y las ventajas de las nuevas tecnologías y pinchar aquí, donde un grupo de lectores españoles ha colgado a toda prisa sus traducciones “caseras” (la página web tiene un error gramatical en la misma cabecera: se dice “traducir al español” no “en español”; la web es útil y bienintencionada pero haría bien en revisar estos detalles). No es la primera vez que las traducciones piratas se adelantan a las oficiales, ya que en un volumen anterior una web argentina publicó también una traducción gratuita. Lo mismo ocurrió en China, donde se colgaron varias versiones (la noticia no especificaba si cada una era para una variedad del chino). Al parecer ni el agente literario Little ni la propia Rowlings quisieron emprender medida ninguna contra estas versiones piratas.

La valoración de Salamandra, la editorial española que tiene los derechos para el área hispana, es que las traducciones no autorizadas no les iban a quitar lectores, ya que se trata de versiones de baja calidad, hechas por personas sin conocimientos de traducción y poco cuidado por el detalle, mientras que las traductoras oficiales (en entregas anteriores se recurrió a tres traductoras: Gemma Rovira para España; María José Rodríguez Murguiondo para el Cono sur y Myriam Rudoy para México y EEUU) hacen un trabajo muy cuidado y conocen la saga hasta el mínimo detalle. Los responsables de la editorial (Pedro del Carril, concretamente) aseguran que no inician gestiones legales porque las traducciones piratas las hacen fans de Harry Potter con buena intención y sin ánimo de lucro, pero que esta moda de las traducciones apócrifas en la Red no les pone contentos exactamente.

La iniciativa de traducir colectivamente un libro de 600 páginas me ha dejado bastante sorprendida. Se inscribe en un fenómeno creciente que se ha dado en llamar “crowdsourcing” (según leo en el blog de Enrique Dans) y me parece interesante, siquiera sólo por el contraste que ofrece respecto a la traducción y la edición tradicionales.

Dicho brevemente, consiste en que un grupo de traductores aficionados (en realidad lectores con un cierto nivel de inglés) se ventilan en tres días lo que a la traductora profesional le llevará unos seis u ocho meses. (En entregas anteriores de la saga, Salamandra, la editorial con los derechos para el área hispana, ha contratado a tres traductoras, todas mujeres: una para España, una para América del Sur y otra para la versión de México y EEUU). Estos traductores amateur no firman con su nombre, no cobran, no son responsables de las inexactitudes en las que puedan incurrir. Y por supuesto nadie revisa que las transiciones entre el estilo de un capítulo y otro sean suaves o que haya incongruencias entre ellas. Lo fundamental es que el lector pueda seguir la trama y eso parece cumplirse. Yo me he limitado a ojear el principio y la traducción tiene el nivel que se puede esperar en estas circunstancias: además de contener erratas varias conserva en inglés frases que el traductor amateur no sabía cómo traducir, de manera que la lectura acaba siendo una experiencia cercana a la vida de un chicano en EEUU (o de una española en Inglaterra, si a eso vamos), con saltos de idioma aquí y allá. La literatura de “autoservicio” (help yourself) es más barata y rápida que la de “restaurante”, pero tiene estos inconvenientes (además de ser ilegal). Seguro que la traducción profesional es mucho mejor, porque traducir no es pasar única de una lengua a otra sino de una cultura a otra y además ser capaz de reproducir el efecto que el original produce en el lector de la cultura fuente en la cultura de destino no es fácil.

A todo esto, Ediciones Salamandra se limita a explicar en su web que llegado el momento informará de cuándo está disponible la traducción (lo del final de año o principios de 2008 se menciona en notas de prensa). De hecho ni siquiera cuenta que el 21 de julio se comercializó la versión inglesa, sino que publica la noticia previa de que J. K. Rowlings está escribiendo el último volumen de la saga H.P. Eso sí, la editorial barcelonesa ha construido una web sobre Harry Potter y su mundo, enfocada al público infantil, muy vistosa.

El interés por la ecología de la autora y el carácter masivo de sus libros ha hecho que desde hace un par de entregas muchos grupos ecologistas hayan presionado a las editoriales para que utilicen papel reciclado o respetuoso con el medio ambiente (especialmente con los bosques primarios). De hecho, el último libro incluye un gráfico/ilustración sobre los recursos naturales que se han ahorrado al publicar el libro en formato ecológico (más información sobre la ecoauditoríaaquí; y aquíGreenpeace. Parece que Harry James Potter tiene poderes mágicos, al menos en el terreno de la magia verde.

-Para analizar las raíces del fenómeno Harry Potter pincha aquí.
-Información sobre el lanzamiento de “Harry Potter y la Orden del Fénix” aquí.
-Información sobre las dudas iniciales de la editora de Salamandra para aceptar el primer manuscrito de Harry Potter aquí.
-Otra web para fans de Harry Potter aquí.

Jue
26
Jul '07

El Londres que no sale en las noticias

En mi Londres no diluvia: llueve y sopla el viento. En cuanto abandonamos el espacio aéreo francés se hizo de noche, aunque eran menos de las seis de la tarde. El cielo, gris, la luz, huída y nosotros flotando en medio de aquella nada.

Al llegar, mi casa olía a cerrado y a humedad, pero el suelo estaba seco y no había muebles flotando. F. no estaba, ni la monstruita, ni A. Estábamos yo y los esqueletos de las flores que me regaló Junko (y que yo dejé en la cocina: será que F. no se ha atrevido a inhumarlas) y un libro que pedí a Amazon hace un mes cuando planeaba unos treinta y cinco planificados.

He deshecho la minimaleta (no es cuestión de tentar a la contractura), forrado los cubos (los miércoles son días de recogida de basura en mi “council”; F. sacó la basura, pero forrar los cubos le pareció demasiado, se ve) y enterrado la flor-obsequio. He sacado del congelador pan de sándwich y unos tortellini para mañana. He llamado a casa, instalado el portátil según las reglas ergonómicas y me propongo ahora cenar fruta (he comprado un 2x1 en Marks & Spencer: casi un kilo de fruta variada pelada y troceada por 5 libras). Después, me embutiré en un traje antilluvia (la lluvia ha arreciado) y saldré a caminar. Apetecer no apetece, pero es bueno.

El fresco y la humedad en un primer contacto me han rejuvenecido. Veremos el efecto a medio plazo…

Mie
25
Jul '07

Un mundo extraño

Este es un mundo extraño como los que canta Chavela Vargas.

Esta tarde regreso a Londres. Ayer salí a dar una vuelta y a comprar algún detalle de última hora. En Madrid hace calor, pero la máxima no supera los 35 grados. Al pasar por una tienda de productos de caza y pesca y de deportes, no lejos de la peluquería de Esperanza Aguirre, Ana Botella y la duquesa de Alba, y en frente del conflictivo Parque de Santander (donde Espe puso campos de golf a pesar de la oposición de los vecinos) vi en el escaparate unos escarpines de natación, una especie de manoletina con agujeros que te protege de los hongos de las piscinas. Decidí comprármelos, porque las piscinas públicas de la Pérfida no se caracterizan por su higiene esmerada y porque he decidido recuperar la natación en cuanto las contracturas desaparezcan del todo. También tenían esos zuecos ligeros con agujeros y suela de masaje que se han puesto tan de moda. Los encontré poco adecuados a las inundaciones. La cosa es que en aquel momento la tienda estaba cerrada, de manera que me propuse volver por la tarde a probarme los escarpines.

Las noticias de las inundaciones volvían a copar SKY News y también ocuparon un fragmento largo de la CNN. Al parecer, la cosa en Oxfordshire no había sido tan grave como se pronosticaba, pero importante “all the same”. Volvían a aparecer helicópteros de la RAF (Royal Air Forces) rescatando gente, camiones cisterna con agua y camiones con miles de botellas de agua mineral, ancianas de piernas famélicas mojadas hasta el corvejón y críticas a una infraestructura que en muchos casos data del siglo XIX. En casa llevan días insistiéndome en que me quede más tiempo hasta que la cosa amaine y convencidos de que en Londres la situación debe ser muy semejante a la del Centro y Oeste de Inglaterra.

Para mí estaba claro que en la capital la cosa estaba mucho más controlada. Había escrito a F. mi casera y compañera de piso, preguntándole cómo estaban las cosas por allí y me contestó que bien, que acababa de regresar de su camping en medio de las inundaciones y que a partir del miércoles se iría a acampar a Oxford si el tiempo lo permitía (??). La verdad es que a esta chica a veces parece que le falta un verano (seco) o un hervor (¿en agua de lluvia?). Me recordó que estoy invitada a la barbacoa de una vecina el sábado (la estatua de sal cumplió años hace poco) y añadió que nuestra zona por ahora está bien, pero que convenía que me asegurase de que los trenes desde Gatwick funcionan con normalidad. Ni las páginas de Easyjet ni la de los Transportes de Londres señalaban ningún problema respecto al aeropuerto o la conexión en tren pero la previsión meteorológica de la web de transportes indicaba para hoy un 81% por ciento de probabilidades de lluvia. Lo que no indicaba era la intensidad de dicha lluvia.

Me sentí aliviada, aunque me di cuenta de que internamente toda la historia de las inundaciones en Inglaterra me tenía bastante preocupada, a pesar de que hasta entonces mi enfoque había sido bastante “racional”. Pregunté en casa si necesitaban algo de la calle. Mi hermano pequeño se marchaba esa noche a Grecia, donde andaban por los 45 ºC, pero al parecer tenía de todo, salvo un dispositivo de sombra portátil.

De camino hacia la tienda de caza y pesca y deportes pensé que a lo mejor en lugar de escarpines de natación debería comprarme botas de lluvia (¡qué ironía, en pleno julio!) pero deseché la idea porque en Londres tengo unas estupendas botas de Goretex.

De camino a la tienda me fui cruzando con los bañistas que daban por terminado su día de piscina y que salían perezosamente y con aire relajado del Polideportivo de El Canal o del Vallermoso, un poco más abajo.

La tienda en cuestión es una Babel de cebos, gafas de sol, lanchas, bolsos, cinturones y calzados varios. Dos chicos de veintitantos, en pantalones cortos y chanclas revisaban los estantes de los cebos (los que venían en bolsas parecían directamente gusanitos, cheetos, y doritos; el estante de los dulces mostraba lo que parecían gominolas de sabor fresa). Mientras ellos observaban las “chuches” yo trataba de localizar en medio de aquel maremagnum de lanchas, cañas de pescar y peces de resina de mirada inmóvil mis escarpines. Uno de los chavales de las chanclas se detuvo delante de una especie de Cheetos con forma de dados. “¿Qué es esto?”, preguntó al dependiente, señalando los cubitos de color naranja. “Es un flotante de maíz con sabor a mejillón” fue su sorprendente contestación. Tal grado de sofisticación y tal despiegue de pasta para engañar a un pez me produjo por un lado un rechazo muy evidente: estos echan productos que saben a mejillón mientras la gente en algunos países se muere de hambre y por otra parte me pareció todo tan surrealista (la tienda, los domingueros de compras allí, Inglaterra inundada, mi hermano viajando hacia un lugar con 45ºC) que la idea de proporción y de ética parecía estar fuera de lugar.

El programa de Telecinco “Aquí hay tomate“, nefasto donde los haya (no sólo por su mal gusto evidente, sino por la ideología subyacente), ya me había puesto en guardia respecto a la falta de sentido de tantas cosas y a lo contagioso de ciertas ideas si uno no toma precauciones. Necesitamos escarpines antihongos para prevenir contagios de todo tipo. En verano es más fácil contagiarse, porque uno se relaja y baja la guardia.

Pues sí, éste es un mundo extraño.

Lun
23
Jul '07

Las cosas van a empeorar antes de que puedan mejorar

-Las cosas van a empeorar antes de que puedan mejorar.
-¿Ein? ¿Cómo dice, joven? Mi no entender.

Una lectura superficial de la frase suscita un cierto mal rollo, pero en realidad es una frase de trasfondo optimista, al más puro estilo cristiano. Las cosas van a mejorar, pero hay que tener paciencia. La tierra es un valle de lágrimas, pero con constancia y buena conducta uno se gana el cielo. Dios premia a los que esperan. La frase implica una fe ciega en el futuro y una alta dosis de paciencia y confianza en un supraorden: las cosas obedecen a algo y tienen solución. El sujeto que ha pronunciado la frase de marras ha de ser alguien optimista, integrado en el sistema, y de educación judeocristiana. Las palabras utilizadas hacen pensar en un anglosajón (la frase suena raro en español pues es un calco del inglés; cito la traducción que publica El País de hoy).
El autor de la frase no es otro que Simon Belcher, el buen Simón. Se trata del portavoz de la brigada de bomberos del condado inglés de Oxford, que comentaba las inundaciones de esta zona del sureste de Inglaterra. Sacada de contexto la frase de Simon tiene un punto abstracto y paradójico, y un cierto regusto budista o de eterno retorno que se podría aplicar a muy distintas situaciones.

La cuestión es que Inglaterra está bajo las aguas. En algunos lugares en una hora cayó el agua que en otras ocasiones cae durante un mes. Las zonas más afectadas son el centro (condados de Gloucester y Worcester) y el oeste (condado de Warwick ), con carreteras cortadas, sin agua y sin electricidad en muchos casos. Las previsiones recogen alertas para zonas más al sur como Oxfordshire, no lejos de Londres. De hecho la enorme borrasca que hay sobre las islas británicas sólo deja libre la zona de Dover, pero a esa borrasca que va a virar a la derecha, hacia el mar del Norte la va a sustituir una ligeramente más potente. Lo siento por la gente de las zonas afectadas y me alegro de estar en seco y soleado hasta el miércoles.

En Madrid hace sol pero no demasiado calor, así que es ideal para hacer cosas.

He tenido un fin de semana muy agradable y muy “a la española”, con cenas, comidas y parques, y cafés, y calamares y chopitos, y flan casero, pollo en pepitoria (¡estaban estupendos, Teresa!) y charlas (de chicas, culturetas, sobre el pasado) y limoncellos y vermú y patatas bravas. Y largos paseos a buen paso. Ahora toca ponerse en modo trabajo e ir adelantando cosas sin comprometer la elasticidad relativa de mis músculos (cada vez me parezco menos a una muñeca de Famosa, afortunadamente).

Vie
20
Jul '07

Okupa en mi propia tierra

Es viernes 20 de julio y sigo en Madrid. El Javier de Mier ya fue y estuve dando clases lunes, martes y miércoles, como profe, en un Máster para diseñadores. La experiencia ha sido interesante, aunque lógicamente no ha hecho mucho por mis contracturas (bueno, por ellas ha hecho mucho; por quién no ha hecho demasiado es por mi relax ;-) )) pero sí por mi cuenta corriente (y ésta debería relajar la tensión de las otras, supongo). La cuestión es que justo al terminar aquello me surgió otra historia para agosto, a la que he tenido que decir que no porque sospecho que la tesis no se va a escribir sola, ni tampoco mi miniproyecto carapantallil. Y porque me niego a convertirme en una muñeca de Famosa para siempre.

No sé exactamente cuándo me vuelvo a Londres, pero imagino que el miércoles, que es la fecha del billete de vuelta original. Mi intención era adelantarlo pero he pensado que me gustaría irme completamente recuperada de mis contracturas (”cervialgia” es el nombre genérico de lo mío; yo que nunca he sido muy circense tengo inflamado el trapecio, que al parecer va desde el cuello hasta los hombros y la parte media de la espalda), porque la maleta y el avión suelen agravar la cosa y porque parece que mi fisio de aquí me va cogiendo el tranquillo (o yo a él). Pero en cualquier caso necesito ponerme a trabajar ya y a organizar la tesis… y hacerlo sin contracturarme de nuevo. Me he comprado unos cuantos libros sobre posturas correctas de espalda, formas de disminuir el dolor y técnicas de relajación. A ver qué sale de todo esto… De momento mi fisio me ha recomendado dos ejercicios y que cuando esté sentada me ponga un libro sobre la cabeza. Ya lo que me faltaba para parecer una loca/letraherida total.

Veo en Sky News que en Inglaterra está diluviando. Que han vuelto las inundaciones y que se prevén dos meses de lluvias copiosas, mientras en España nos achicharramos. También veo que Gordon Brown y Sarkozy se han reunido, mientras en Londres no cesan de salir a la luz escándalos de corrupción (fondos a cambio de honores) del gobierno de Blair, no tan distinto al de Gordon Brown. El miércoles vi en directo parte de la sesión de los Comunes y me pareció que Brown no lo acababa de hacer bien, que le faltaba “pegada” o rotundidad a la hora de contestar a las críticas de Cameron sobre los presos liberados para descongestionar las cárceles. En todo caso, me pareció muy entretenido y vibrante y me gustó comprobar que lo entendía todo o prácticamente todo y no sólo partes como al principio de llegar a Londres. Está claro que no es sólo una cuestión de idioma o de oído, sino también de referentes: si conoces la actualidad es mucho más fácil entender de qué hablan.

¿Y qué cosas “madrileñas” he hecho estos días? El último día de clase, volviendo a casa se me antojó un bocata de calamares. La idea era tomármelo por el camino, pero como tardaban en hacerlo, me senté en la barra y para hacer tiempo me pedí un vermú. Debían ser las once de la noche o así. Y así, esperando, viendo una película con un tal Nemo en una pantalla gigante, tomando notas en mi nueva Moleskine, observando la interacción entre el camarero español y el latinoamericano (¿peruano? ¿colombiano?), los carteles descoloridos con las fotos de los platos (pensando que los diseñadores a los que había dado clase pensarían que menudo horror de fotos, y que a pesar de todo el sitio estaba bastante lleno) y uno especialmente de “Patatas chulas” (pregunté qué era y me dijeron que llevaban una salsa especial, secreta) y escuchando los rumores de la gente de las mesas de fuera y los pedidos del camarero que los atendía en realidad lo que hacía era un escaneado total de lo que es una noche de verano en Madrid, un bar cualquiera. La temperatura era ideal y aunque estaba cansada y seguramente se puede tardar menos en freir unos calamares resultó muy agradable. La semana pasada estuve en la piscina un par de horas. Casi no puedo nadar por las contracturas y tomar el sol pasada media hora me aburre, así que fue agradable pero breve.

Mie
18
Jul '07

Aeropuertos IV

Además de la noticia de que la leche buena se caracteriza porque no sabe a vaca y de la obligación moral de permanecer debajo de la pantalla que anuncia la puerta de embarque (debajo, pero no en frente, no vaya a ser que la puedas ver desde una postura cómoda y te evites la tortícolis posterior) estas adolescentes tenían otras revelaciones en cartera que desplegaron durante el vuelo. Después de preguntarme cuándo llegaríamos a Madrid y de que yo les explicara que habitualmente suelen recuperar el retraso pisando el acelerador para llegar a la hora prevista, de repente una de ellas le dice a la otra: “No sé si quitarme el segundo vaquero“. Mi no entender, pensé. Les pregunté a qué venía lo del doble pantalón y una me contestó que a la ida había pagado 64 libras de sobrepeso de equipaje y que a Dios había puesto por testigo de que nunca más. Calculo que un vaquero como aquel puede pesar unos cuatrocientos gramos, pero en fin… Lo genial es que en Londres hacía unos doce o quince grados, pero en Madrid, a las ocho de la tarde el termómetro marcaba más de treinta. Les pregunté que si no era incomodísimo eso de llevar doble pantalón, me contestaron que no, que el de abajo era uno ceñido y el de arriba uno suelto y que iban tan panchas (la idea brillante había sido aplicada por las dos; una de ellas, finalmente, tenía dos kilos de margen en la maleta, pero en fin). Recordé que a una de ellas la cachearon en Gatwick y que después me preguntó que por qué a mí no me habían cacheado… También me acordé de lo mucho que protestaban contra la espera de la cola del control policial y cuánto se quejaban de calor… claro, con dos pantalones…

Pues nada, les fui resumiendo lo que contaba el piloto, jugué al rasca y gana para ver cómo era eso, no gané por supuesto, curioseé la revista de Easyjet, analicé el estilo retórico de la sobrecargo española y su pronunciación (el discursito de bienvenida y la forma de anunciar las diversas ventas varían, y me hace gracia ver cómo lo enfocan e imaginarme las charlas de los de marketing diciéndoles cómo deben dosificar el humor, ser comerciales pero no descaradamente etc etc; a ésta se le notaba que no se creía los “excelentes” y los “un placer”) disfruté de unas vistas espectaculares a mi izquierda, sobre todo en la desembocadura del Támesis en el mar y luego fui despidiéndome del verde relajante y saludando las cuadrículas marronáceas de la soleada Madrid.

Por más oracular y omnisciente que yo les pareciera a las dos chavalas, llegamos antes de lo que yo había previsto, y me tocó esperar a mi madre, de manera que no gané nada de tiempo por llevar sólo equipaje de mano. Los que sí estaban puntuales eran los familiares de las dos chavalas, que habían ido a buscarlas para llevarlas a la ciudad en la que vivieran (seguramente ni les habían avisado del retraso). No sé si habría tortilla de patatas para una esperándola en su casa soñada, pero yo me decidí a tomar un café con leche de la “buena”, de la que no sabe a pasto. Al poco, llegó mi madre y anunció que había llevado a casa embutido y Bitter Kas y me dije que en realidad esas chavalas y yo no éramos tan distintas, salvo que yo trataba de tomar lo mejor de cada sitio en lugar de aplicar siempre el patrón al que estás acostumbrado. Eso es algo que se aprende con el tiempo (salvo los casos perdidos de la gente anquilosada).

Mar
17
Jul '07

Aeropuertos III

Anunciaron mi grupo, entré, y seleccioné un sitio de ventana que no estuviera cerca de las alas. Aunque yo era grupo A (por haber hecho el check-in on line), la parte delantera del avión había sido ocupada en gran medida por los SB así que me tocó la zona trasera. Elegí una ventana centradita y me dispuse a dormir en cuanto pudiera porque con las contracturas había dormido fatal. No hace falta que diga que dos intrépidas dieciochoañeras españolas irrumpieron a toda prisa en el avión para elegir un asiento determinado, con ventana, y para tener sitio para sus maletas y sus múltiples chaquetas y chalecos. Efectivamente, es una gilipollez pagar más por elegir sitio si eres lo bastante joven y maleducada para correr y dejar atrás al resto de pasajeros y avalanzarte sobre un asiento. La casualidad quiso que se sentaran justo delante de mí, en un asiento que yo había desechado porque tenía la mitad de dos ventanas y no una ventana centrada. Las saludé y les dije que menuda casualidad y una dijo, sí, es que a mí me gusta ventana. Evité hacer ningún comentario sobre la gilipollez de pagar dos simples libras por elegir sitio y esperar menos (al fin y al cabo, quién no ha dicho tonterías con dieciocho años, y con treinta…) e intenté dormir, cosa que no conseguí. Mi viaje fue amenizado por las “sabrosas” anécdotas de las adolescentes de delante y las dificultades para que los nativos en cuya casa se alojaba una de ellas pronunciaran su nombre de forma inteligible (por supuesto ellas tampoco harían lo mismo con los nombres ingleses: no había más que ver cómo leían en voz alta el inglés) además de la visualización de Isabel Sartorius (la ex del príncipe Felipe) que viajaba unos cuantos asientos más adelante y que se acabó mudando a otro sitio con su hija, un hombre de mediana edad y aspecto pijo (que anduvo manipulando una bolsa con muñequitos que asocié primero con Harrods y luego con Hamley´s, pero a esa distancia cualquiera sabe) y otra chica que podía ser amiga de su hija u otra hija.
Continuará.

Lun
16
Jul '07

Aeropuertos II

Española y adulta = guía de viaje freelance y gratis, debieron pensar, porque fue contestarles a su pequeña duda y decidir que yo tenía que cogerles de la mano hasta la puerta del avión, cosa que por supuesto no hice.

A cambio, les expliqué eso tan complicado de las misteriosas pantallitas en las que se indican la puerta de embarque y que las puertas de embarque de la 1 a la 10 están donde el cartel de la 1 a la 10 dice que están y que de la 11 a la X están dónde el letrero amarillo gigante dice que están. Que lo único que tienen que hacer es estar pendientes de la pantallita para ver cuándo anuncian la puerta, pero que se lo tomaran con calma porque suele haber retraso. Que yo de momento me iba a dar una vuelta. Mirada de espanto e incredulidad “¿cómo, no te quedas con nosotras aquí, Cruella de Ville? ¿pero cómo puede alguien no plantarse debajo de la pantalla? ¿qué se le habrá perdido a ésta por el “duty free”? Tía más rara. Como si en España no hubiera tiendas, o como si mirar la pantalla fuera compatible con algo más. Les dije que tranquilas, que aún faltaba tiempo y que toda la información la tenían en esa pantalla o cualquier pantalla de toda la sala. Estuve dando una vuelta, fui al baño, curioseé, volví a donde estaban ellas y aún no estaba anunciada la puerta. Más paseos, compré unos chocolates para la familia en WH Smith, un zumo para mí, despotriqué contra los precios ingleses y deseché echar un ojo a las cámaras compactas del Dixons porque la hora teórica de embarque estaba cerca. Volví a la zona donde estaban las tiernas adolescentes para comprobar que aún estábamos en espera. Esquivé varios coches para personas con movilidad reducida y busqué un sitio para sentarme desde el que pudiera comprobar la pantalla. Fue tarea difícil.

Una vez traspasada la hora de embarque teórico, haciendo gala de mi visión oracular les anuncié que eso es que había retraso y me abrí mi sandwich de atún. Al rato apareció el cartelito de “Delayed until…” y media hora más tarde. Aquello las desconcertó y siguieron mirando cada dos minutos a la pantalla, aunque la hora estaba bien clara.

Avisé del retraso a mi casa desde el móvil, para entretenimiento de un hombre con aspecto de mexicano o así, que me obsequió con varias sonrisas y grandes dosis de indisimulada curiosidad por el contenido de mi conversación. Terminé el sandwich y una mandarina sudafricana sin pepitas comprada el sábado después de mi primera visita a un osteópata y me fui a dar otra vuelta, pero antes les expliqué que una vez que pusieran la puerta, debían ir hacia ella y una vez allí como los billetes no son numerados se embarca por grupos empezando por los SB, luego los del grupo A, luego el B… ¿a ver, cuál tenéis vosotras? El B ¿y tú (ojos muy ansiosos)? Pues yo soy del A. Vosotras embarcáis después de mí. No tiene ninguna dificultad, la azafata dirá group A (pronunciado grup Ei) y luego group B (pronunciado grup Bi, lo repetí con paciencia acordándome de mis propios viajes en plan novata y de lo mal que se pasa cuando no se entiende) y entonces vais para allá. Los de Easyjet se han sacado una cosa de la manga que es que si pagas dos libras y media eres el primero en embarcar y por eso está el grupo SB. Menuda gilipollez, terció una de ellas. ¿Y para qué sirve eso? Pues mujer, expliqué yo, así esperas menos y eliges sitio, como los billetes no están numerados… Pues menuda gilipollez, qué más dará. Bueno, hay gente a la que le gusta ventana o pasillo y además si entras de los últimos suele haber poco espacio para las maletas en la parte de arriba y te toca ponerlas en la otra punta. Si llevas cosas de valor no mola dejar la maleta lejos, por lo que pueda pasar. Pues no lo veo yo tan necesario, la verdad, insistió.

Anunciaron…

Continuará

Dom
15
Jul '07

Javier de Mier: la final

Interrumpo la serie sobre aeropuertos para hacerme eco de la actualidad. Ayer tuvieron lugar las votaciones del concurso de cuentos Javier de Mier. El relato ganador fue Cuaderno C, escrito por Carmen Mier y el finalista Designios para Cora-Loca, de Chuck Kroeker.

Tuvimos barbacoa en la terraza, interesante charla hasta las tantas e incluso refrescó y algunos necesitamos una rebequita (el fresco duró bien poco, desgraciadamente).

Volví a casa andando atravesando una Malasaña pegajosa y maloliente, poblada por seres descoloridos (eran las seis de mañana), dos personas que me pidieron dinero, dos coches de policía, una ambulancia al principio de Santa Engracia y un conductor kamikaze cuya trayectoria seguían los polis.

Las contracturas me están dando mucha guerra pero en algún momento me libraré de ellas.

Vie
13
Jul '07

Aeropuertos I

“No sabes las ganas que tengo de llegar a casa y tomarme un Colacao con leche, pero con leche buena y no con la inglesa, que sabe a pasto”. Esta lógica aplastante gastaban dos adolescentes españolas (andaluzas) que regresaban en avión a España tras pasar una temporada en Inglaterra con EF, aparentemente aprendiendo (poco) inglés (a juzgar por el horrible acento con el que leían un texto en inglés en el avión y por lo poco que entendían al piloto y a las azafatas). Por supuesto una de ellas había dicho un poco antes en la sala de embarque que como su madre no le hubiera hecho una tortilla de patatas se iba a enterar. No comentó si la citada tortilla debía ser elaborada con patatas que supieran lo menos posible a campo y con huevos liofilizados y con aceite de oliva “desolivado” o si se había criado entre los fogones de Ferrán Adriá o a base de comida de astronauta.

Muchas cosas les habían ocurrido a estas chavalas antes de llegar a la puerta de embarque número 13 de Gatwick y en cierta proporción, la hazaña heróica de llevarlas hasta allí fue cosa mía ya que mi futuro inmediato estaba ligado a ellas, aunque yo no lo supiera. La cosa empezó como sigue. La entrada a la cola del control policial había sido obturada por un grupo de mexicanas que habían decidido desprogramar su cerebro y utilizar sólo el procesador externo ubicado en la cabeza de dos asistentes de aduanas que te cuentan lo de los líquidos y te proporcionan bolsas transparentes para que metas tus cosméticos, geles y demás. La comunicación con el procesador externo no era fluida (no sé si por un problema de versiones distintas o de lenguajes, quizá unos fueran Apple y otros PC, quizá unos Windows y otros Linux). Entiendo que un@ tenga dudas y sé que lo de entenderte en un idioma extranjero te puede producir tensión. Lo que no entiendo es que un grupo de seis personas tenga que obturar el paso de otros viajeros que tienen prisa y saben lo que tienen que hacer.

Andaba mal de tiempo, así que las sorteé como puede forzando mi cuello y mi espalda contracturadas y me interné en la cola. Detrás de mí se situaron dos chavalas de unos dieciocho (o menos) morenas, y españolas. No hacían más que despotricar, además de dar golpazos a mi maleta al desplazar la suya a patadas (ya he descubierto el equivalente al “sorry” inglés, en España lo normal es mirarte, te empujan y te miran, en lugar de pedirte perdón), de manera que decidí desconectar, porque bastante tenía con gestionar mi propia impaciencia y cansancio para dejarlos en “standby” (no pude facturar on line por culpa de mi navegador o de la página de Easyjet; en realidad facturé pero no me dejó imprimir el documento) para además gestionar el suyo y tratar de informarles de los protocolos internacionales de equipajes de mano y de imbuirles cuarto y mitad de sentido común a estas cabezas huecas.

A pesar de haber tenido que pasar por una situación parecida para venir a Inglaterra desde España, estas chavalas parecían desconocerlo todo sobre las normas de líquidos, metales y dispositivos electrónicos. Ambas parecían ignorar la prohibición de llevar líquido en el equipaje de mano (salvo las cantidades autorizadas que quepan en la bolsa transparente) y para ellas la vaselina era una sustancia sólida (cosa discutible y dependiente sobre todo del calor y de la mala leche del policía) y las cámaras de fotos no eran realmente aparatos electrónicos.

La mayor parte de estos errores fueron subsanados en la cola, porque al menos tenían una cierta capacidad de observación e imitación. La más alta y más guapa iba alicatada hasta el techo de joyas metálicas y le parecía flipante que le hicieran quitárselas. Yo oía sus quejas contra estos imbéciles de los ingleses y estas normas policiales absurdas y este calor y esta espera, y cómo vamos de tiempo tú, como quien oye llover para mantener mi estado en un nivel de flema operativo, pero en un momento dado no sé qué duda absurda pero importante formularon en voz alta y no me quedó más remedio que contestársela delatando que era española y cayendo por tanto en su círculo de reproches en abstracto, dudas y confusión. Española y adulta = guía de viaje freelance y gratis, debieron pensar, porque fue contestarles a su pequeña duda y decidir que yo tenía que cogerles de la mano hasta la puerta del avión, cosa que por supuesto no hice.

Continuará.

Jue
12
Jul '07

“Britishness” para extranjeros (II)

Continuamos hoy nuestro delirante cuestionario sobre cuestiones británicas.

13. ASBO significa
a) Astral Surveillance Boyfriend Operating, algo así como novios raritos abstenerse que el padre tiene un satélite espía en el tejado.
b) Asking Sober British Overseas, encuestas realizadas a británicos sobrios fuera del territorio del Reino Unido (el universo de la muestra analizada es muy reducido, como se puede imaginar).
c) Anti-Social Behaviour Order, orden que se da contra chavales violentos.

14. Mug es
a) El ruido que emiten las vacas inglesas.
b) El nombre de las tazas grandes tan típicas de las series anglosajonas.
c) El acrónimo de My Useless Gadget, este cacharro mío que no vale ni pa ná, pero que me gusta tenerlo aquí junto al ordenador.

15. En Inglaterra los SMS (mensajes de móvil) se llaman.
a) Short Message Service, no en vano el inglés es la lengua del Imperio.
b) Text messages.
c) Las pinches tonterías que los adolescentes se escriben unos a otros frenéticamente y se mandan por el móvil.

16 M-25 es
a) Un grupo del Foreign Office dedicado a temas de inteligencia.
b) Un grupo de reggae compuesto por 25 músicos menores de 25 años.
c) La principal carretera de circunvalación de Londres.

17. The fat tax
a) Es un impuesto que se quiere implantar a los padres y profesores gordos, porque dan mal ejemplo a las nuevas generaciones.
b) Es un impuesto que deberán pagar los británicos que pesen más de cien kilos cuando viajen en transporte público.
c) Es un impuesto que Gordon Brown estudia aplicar a la comida alta en grasa con el fin de incentivar el consumo de productos saludables.

Y me parece que lo dejo aquí (nuestros redactores de preguntas se han ido a Benidorm o a Mallorca).
Mañana, las soluciones y puede que alguna pregunta más de última hora.
¿Alguien tiene alguna sugerencia? ¿Algún tema que le interese especialmente?

Mie
11
Jul '07

“Britishness” para extranjeros (¿Lo pillas o no lo pillas?)

El gobierno británico lleva años buscando fórmulas para medir de forma fiable el grado de integración de un no británico en la cultura de UK y aplicar ese criterio para conceder o denegar la ciudadanía (naturalisation) y el permiso de residencia (settlement).
En 2005 sacaron un examen tipo test de 24 preguntas llamado “Vida en el Reino Unido” que era obligatorio aprobar para obtener la ciudadanía. En abril de 2007 han extendido el test a las solicitudes de permiso de residencia.

Tanto la medida como el test en sí fueron controvertidos, y de hecho, había importantes errores de concepto en el test (supongo que a los autores del test no les revocarían su britanismo porque serían británicos de nacimiento :-) ).

Lo que viene a continuación es la primera parte de un test de britanidad para extranjeros de elaboración propia. Va destinada especialmente a hispanohablantes anglófilos y a los españoles o latinoamericanos que viven en Reino Unido.

Elige la opción que te parezca más cercana a la realidad

1. En Inglaterra la palabra “Tesco” es muy conocida porque
a) rima con grotesco y “alfresco”.
b) corresponde a una cadena de tiendas de pintura y a los ingleses les encanta el bricolaje.
c) corresponde a una de las principales cadenas de supermercados.

2. El “poppy day”…
a) es un día dedicado a las mascotas.
b) es un día en que se conmemora a los caídos de la Primera y Segunda guerras mundiales; la palabra “poppy” se refiere a la amapola que se usa como símbolo.
c) es un día en el que se conmemora la victoria de los ingleses sobre los franceses en la Guerra de los Cien días; la expresión “poppy” es una corrupción de la francesa “pas plus” que en traducción libre sería “hasta aquí”.

3. El Robertsons Fruit Splash
a) es un gel de baño a base de frutas.
b) es una bebida insoportablemente dulce.
c) es una bebida concentrada, que se toma diluida en agua.

4. En Inglaterra…
a) casi nadie tiene contador de agua.
b) es obligatorio tener contador de agua.
c) el ayuntamiento fija un consumo máximo de agua cada trimestre en función de las reservas de agua disponibles.

5. “Challenge Churchill” es
a) El nombre que recibieron los oponentes al estadista inglés.
b) El lema de un perro cursi que vende seguros de automóviles y no para de decir “oh yes” todo el rato.
c) Se pronuncia aproximadamente “chálench Chochi” y es una expresión en cockney que se refiere a cierta parte de la anatomía femenina.

6. La “property ladder” es
a) una cheerleader muy posesiva.
b) es el papeleo necesario para comprarse una casa.
c) se refiere al ámbito de los que poseen un piso en propiedad y a la naturaleza progresiva de la propiedad inmueble (cómo una vez que estás en el primer peldaño es mucho más fácil ir ascendiendo).

7. Respecto a la recogida de basura orgánica, en Inglaterra lo habitual es
a) que se recoja cada semana o cada quince días.
b) que se recoja cada dos días.
c) que se recoja a diario, pero depositando 2 libras en unos parquímetros con el rótulo “Malgestion charge”. Al echar la moneda te dan una pegatina que debes adherir a tu cubo de basura. Para evitar picarescas, se imprime un código de barras con el número de tu calle y piso y tu fecha de nacimiento.

8. Las inglesas van con tirantes, minifalda y sin medias aunque esté nevando o diluvie porque
a) como en los comics de Asterix, se cayeron en una marmita cuando eran pequeñas y son isotermas.
b) son todas de letras y se lían con la conversión de temperaturas en grados Farenheit y Celsius.
c) han decidido que como nunca hace tiempo para vestir de verano y lucir la epidermis, van a vestir de verano todo el año pase lo que pase.

9. Los ingleses y las inglesas beben mucha cerveza
a) porque están deshidratados y hace raro pedir té en un pub.
b) porque la cerveza tiene vitaminas del grupo B, que mejoran el metabolismo del alcohol en el hígado y así pueden seguir bebiendo y bebiendo eternamente.
c) porque sus selecciones nacionales de fútbol y crícket nunca ganan los partidos importantes y hace años que no se comen un colín en Wimbledon.
d) ninguna de las anteriores. Hay que ser inglés para saber la razón de por qué bebe tanto un inglés.

10. “Try something new today”
a) es el lema de David Cameron, líder del partido conservador, en busca de su particular tercera vía.
b) es el lema de Gordon Brown, sucesor de Tony Blair, que alterna con “Try someone new today”, en referencia a su afición por contactar con políticos de la oposición para tráerselos a su equipo de gobierno.
c) es el lema de Sainsbury, que repite Jaime Oliver con su particular pronunciación de persona con problemas para articular los fonemas palatales.

11. “Every little helps”
a) es el lema de un banco inglés con sede en la City que da microcréditos a países en vías de desarrollo.
b) es una campaña destinada a bajar la edad mínima para trabajar.
c) es el lema promocional de Tesco.

12. “DIY” significa:
a) Hágalo usted mismo, es decir, búsquese un seguro privado y no espere que el gobierno le dé una buena cobertura sanitaria.
b) Hágalo usted mismo, coja la Black & decker, los tornillos y las baldas y si usted es tirando a torpe que Dios le pille confesao porque dedos no hay más que diez (en las manos) y por supuesto no espere que el NHS le cure si se corta un dedo.
c) Hágalo usted mismo, monte su propio negocio y no espere subvención de un gobierno que fomenta la libre competencia.
d) Hágalo usted mismo, es decir, opérese del corazón en plan autoservicio si ha sido fumador, porque aquí no estamos para perder el tiempo con ex fumadores y otros enfermos poco rentables.

El resto de las preguntas del test y las respuestas en sucesivos post.
Se admiten tentativas de respuesta, sugerencias, y nuevas preguntas.

Mar
10
Jul '07

Teléfono rojo, volamos hacia Madrid

Mañana cojo un avión para Madrid. No me quería perder las votaciones del concurso de relato breve Javier de Mier (que son el día 14, este sábado) y por otra parte no me apetecía pasar todo el verano en Londres, porque con la tesis entre manos y un nuevo proyecto carapantallil de aquí a septiembre me viene bien cambiar de escenario siquiera brevemente. Estaré en los madriles una semana o así. Hoy me han llamado para hacer una historia en Madrid la semana que viene, de forma que parece que tengo muy buena suerte con mis escalas en España (la historia es apetecible) o todo lo contrario, que no consigo desconectar por más que me empeñe. Mis contracturas están dando el do de pecho estos días así que no voy a poder aprovechar el viaje para llevarme cosas como era mi intención.

Y qué más. Pues que el domingo fue una pena que Nadal no pudiera con Federer (vi la mayor parte del partido, aunque no soy muy aficionada al tenis) y que tuvo su gracia que al final en Silverstone ganara Raikkonen, después de tanto artículo sobre el duelo Alonso/Hamilton.

El fin de semana estuvo cargadito de cosas, visita de amigos de España, paseos por el Southbank, la Tate, osteópata y paseo por Herne Hill y alrededores (parques, galería de arte, Horniman Museum), mercadillo de Lewisham con puestos franceses (esas aceitunas, esas delicias turcas, esos jabones de plantas aromáticas) y fruta variada bien de precio, cumpleaños internacional el sábado noche, el domingo tenis, descanso, sesión fotográfica con mi camarón de la isla (que se portó estupendamente, pero que pesaba bastante), un grupo de música con un excelente percusionista (probablemente cubano), breves incursiones en el Royal Festival Hall donde se celebraba un festival literario y cena por allí en un restaurante/boulangerie con mi amiga Mayéutica, servidas por una camarera española muy servicial.

Lun
9
Jul '07

Desmuñequizándose

Terminar el carapantallismo tras muchos meses de actividad intensa supuso lo que pasa en muchos casos: a un@ le sobreviene de repente un cansancio que es efecto de la bajada de adrenalina. En palabras menos técnicas, la semana pasada yo era un ser doliente que se dormía por los rincones (¿Qué tiene la Elsinora que a todas horas ronca que ronca por los rincones (yo no ronco, que conste, es para que rime ;-) ))? )

Las contracturas que ya estaban siguen ahí, pero el relax general les pone más fácil manifestarse. La cosa es que me daba reparo lanzarme a un fisio desconocido de aquí y aunque hay un montón de centros orientales y occidentales dedicados al masaje, la terapia y demás, me imponía mucho ir a uno de ellos sin saber cómo trabajan y dudando de si me haría entender (los precios tampoco son precisamente populares, además).

Finalmente el viernes una amiga me dio el teléfono de su osteópata y tuve la “suerte” de que me diera cita en seguida. Digo “suerte” porque me citó el sábado a las 9 de la mañana, lo que significaba según la web de transportes de Londres que tenía que coger el primer autobús a las 8:05 de la mañana y levantarme a las 7:20 y por tanto no trasnochar el viernes so pena de contracturar la contractura con el poco sueño. A pesar de todo, el viernes salí con Teresa y su hija y lo pasamos bien. Pensaba unirme a ellas el sábado por la mañana en su subida al London Eye y probablemente en los cruceros por el río (cosas apetecibles que uno no hace porque uno no es un turista), pero teniendo el masaje a las 9 en la otra punta difícilmente podría hacerlo.

La página web se equivocaba en sus cálculos de horas o tuve mucha suerte con los autobuses. La cosa es que llegué media hora antes (grrr) a la zona, que no era otra que Herne Hill, un lugar muy agradable. Estuve buscando el sitio tranquilamente, maldiciendo la costumbre inglesa de no poner números a los edificios y recordando mis tiempos de reparto de folletos (porque era por allí) y finalmente llegué a la clínica germano-india a las nueve menos diez (que por cierto tenía un nombre alemán parecido al de la empresa “rival” en Camera Café). Pensé que aunque el médico no hubiera llegado estaría la secretaria y podría esperar en la salita. Me abrió un indio descalzo de unos cuarenta años, muy sonriente y me explicó algo con medias palabras. Deduje que el médico no había llegado, formulé mi deducción en alto y le dije que volvería en un rato.
Volví a las 9 y dos minutos. Llamé. No ocurrió nada. Pasó otro minuto. Apareció junto a mí una señora rubia de mediana edad y rostro seco. Llamó al telefonillo en lugar de al timbre. No ocurrió nada. Volvió a llamar con resolución y al rato el mismo indio de antes abrió la puerta. Entramos ambas y esta señora tan poco cordial y de rostro tan británico abrió una puerta de madera y me hizo un gesto para que la siguiera. Era la sala de espera, pero tenía toda la pinta de ser una iglesia o algo así. Sillas de madera barnizada, paneles de madera, artesonado peculiar. Las revistas de prensa del corazón apiladas en la mesa baja rompían un poco el efecto, eso sí.
Doña Alegría de la Huerta me hizo algunas preguntas para rellenar mi ficha, respondió a un par de llamadas de teléfono (ese día no puede ser, está comprometido entero, pero hay cancelaciones a veces; llame usted tal día) y al rato me condujo a una habitación donde Habib, el osteópata indio que atiende a mi amiga me estuvo haciendo un historial antes de pasar a la acción. La acción consiste en meterte tras un biombo, quitarte la ropa que te indiquen y luego sentarte en la camilla para que te hagan “perrerías”. Perrerías saludables, eso sí. Habib estuvo localizando exactamente el origen de los problemas (que era como siempre el cuello, los hombros y especialmente el lugar en el que se unen uno con los otros y alguna zona de la espalda; la parte derecha estaba mucho peor que la izquierda). Me hizo tumbar bocarriba y dijo que dejara caer la cabeza y no podía (yo pensaba que lo estaba haciendo, pero parece que no), lo que al parecer demostraba que contraigo el cuello sin saberlo (??) y luego me hizo abrazar un almohadón y se subió encima de mí para colocarme los huesos de la espalda. Se colocaron protestando pero sin doler: al parecer el ruido obedece a que tienen gases, según me explicó Habib. Me agarró la cabeza por la barbilla y la frente y la giró despacio como quien está tratando de localizar el punto en el que una rosca rebelde permite el giro. Una vez localizado el punto, desenroscó con otro click clack. Para ser mi primera vez en un osteópata no estaba mal: varios click clack y un cuello rebelde. En Madrid había ido a un fisio y a una masajista pero nunca a un osteópata y parece que no, pero no dominar el idioma al cien por cien te hace sentir más vulnerable todavía. Me advirtió que después de este tipo de sesiones era posible que notara el cuerpo un poco “tender” que era normal porque se tenía que ajustar. La cosa es que decidió hacerme acupuntura también. Me pidió que me pusiera bocabajo y me puso unos cinco pinchitos en la espalda, que no dolieron (se supone que nunca duelen, pero la primera vez que te hacen estas cosas uno está un poco viéndolas venir), aunque uno de ellos que iba sobre zona inflamada noté claramente cómo entraba. Lo suyo es inspirar mientras te los ponen y espirar una vez dentro y así lo hice. Habib celebraba cada inspira, incisión, espira con un “good” o un “well done” y me pidió que le dijera lo que sentía para usarlo como feedback. Yo sólo noté un cierto hormigueo en un pie y se lo dije (bueno, se lo expliqué; no sabía decir hormigueo), pero tampoco estaba muy claro si eso obedecía a los pinchos, a la postura o a las perrerías previas.

Habíamos terminado. Me hizo incorporar y me pidió que moviera los hombros con movimientos circulares. Sorprendentemente pude hacerlo. Me dijo que mirara hacia un lado y otro girando la cabeza. Lo podía hacer con más libertad que antes pero me seguía doliendo. La cosa es que me alivió bastante, pero las contracturas que se han formado hace tiempo precisan varias sesiones para deshacerse y sobre todo mucho trabajo sobre el músculo (la última vez en Madrid fueron cuatro sesiones, creo recordar). Me dijo que le pidiera cita a Doña Borde para dentro de una semana (aquí le expliqué que me iba a Madrid el miércoles y que estaría allí una semana), que intentara relajarme (¡qué gracioso!) y que me aplicara una bolsa de agua caliente en la zona.

Fui a la iglesia de la borde que me tendió con cierta cara de asco el historial que había rellenado Habib sin cumplimentar la parte de dirección y teléfono. Escribí mi código postal y mi número de móvil. Miró ambos con cierta cara de asco (será que esos números nunca le funcionan en la Bonoloto o algo) y luego me preguntó de qué zona era ese código. Se lo expliqué con toda paciencia, sin llamarla Borde Cara de Perro ni contraer el cuello involuntariamente (ni tampoco le dije que qué poca caridad cristiana para trabajar en una iglesia) y anotó mi distrito con una letra de molde muy recta y autoconsciente de su rectitud. Me dijo que eran 33 libras por ser la primera visita y que las sucesivas serían 28. Le pregunté si aceptaban tarjeta, me dijo que sí y cuando se la tendí me preguntó que si tenía cheques (no sé si hubo cara de asco o me lo imaginé; aquí las tarjetas de bancos españoles no las reciben con los brazos abiertos, porque les resultan extrañas). Mi cuello amenazaba con contraerse, pero lo corté a tiempo. Le dije, no hay problema, tengo metálico (es buena costumbre llevar cash siempre que vas a un sitio de estos por primera vez). Y en fin, fijamos cita para después de mi escapada a Madrid.

Salí a la calle con un cierto alivio general, pero en las horas sucesivas empezaría a entender qué significaba el “tender” que me pronosticara Habib. En fin, en Madrid iré a más sesiones, a ver si me descontraen del todo. Y eso sí, en España espero ahorrarme las caras de asco de doña Fufú y la adversa paridad euro/libra.

Seguiremos informando.

Dom
8
Jul '07

Elogio de la media distancia (III)

Se me fastidiaron las navidades, porque aunque pude ir a Madrid, tuve que estar muy concentrada trabajando y mis cálculos me hicieron alarmarme respecto a la entrega del essay de enero. Pensé que tendría que pedir una nueva convocatoria… Prioricé completamente el trabajo porque el contrato que firmé recogía penalizaciones por cada día de retraso sobre las fechas pactadas y porque me sentía más responsable de entregar a tiempo y correctamente algo que era un proyecto común (y con una empresa con la que quería tener buena relación en lo sucesivo) que algo que en realidad era un asunto entre mí y mis notas. En ese ínterim murió de forma inesperada un amigo mío, hecho que me hizo darme cuenta de que la prioridad máxima no podía ser en ningún caso el trabajo, que lo primero era uno mismo y su vida y que las contracturas que yo venía experimentando tenían mucho que ver con pasar muchas horas trabajando pero también con pasarlo todo por el filtro del trabajo. Así que decidí relajarme un poco, ir a nadar, cuidarme en general, y hacerlo compatible con currar bastantes horas. Mi calidad de vida y mi autoestima mejoró, porque ser un currito en la vida enfrentado a los plazos draconianos no es bueno para nadie, pero seguía siendo complicada la situación ya que las fechas de entrega para la tesina y para el proyecto estaban muy próximas en el tiempo.

En una de mis visitas a la facultad en mi versión Elsinora Cadavérica coincidí con mi tutora. Le pregunté qué pasaría si no entregaba el essay en fecha. Me lo puso muy mal. Me dijo que hiciera lo posible, que pidiera prórroga, que informara de cómo iba avanzando. Que dado que no tenemos exámenes, los essay lo son todo. Este essay en concreto suponía la mitad de la nota de una asignatura que tiene poco peso en la nota final, pero eso era irrelevante, creo, porque tienes que aprobar todo para pasar y porque además en los essay anteriores había tenido notas justitas. La cuestión es que aquel viernes me volví preocupada, cadavérica de rostro y envuelta en las sombras (era de noche) a mi casa y tomé una decisión. Pediría prórroga en el proyecto y le dedicaría hasta cinco días a escribir la tesina y haría lo posible por entregar algo que me permitiera no suspender. Había leído a ratos desde hacía semanas y tenía algunas notas. La tarea consistía en comparar “The Tempest” de William Shakespeare con una reescritura en clave contemporánea, postcolonial y en francés de Aimé Césaire, un autor negro de Trinidad. Facilito, vamos. Fue un palizón, pero lo logré, gracias a dos cosas básicas, un par de días que me dio de margen la profesora y el viejo truco de cambiar de actividad: si alternas dos trabajos intelectuales de contenido muy distinto, en cierta manera uno te descansa del otro. Gracias a eso y gracias a mi determinación. La cosa es que la profesora se quedó muy contenta con el essay, me dedicó un Very good y una serie de comentarios elogiosos que me hicieron pensar que había llegado a la categoría de distinction (a partir de 70 sobre 100; pero lo otorgan mucho menos frecuentemente que el notable en España) de la manera más inesperada y que luego acabaron siendo un pass alto, probablemente por la opinión del segundo examinador, que no se mostró tan entusiasta con mi escritura, tan lively, fresh e idyosincratic ella. Volví al curro con la presión psicológica extra de que me había comido el margen del final en las primeras fases, pero el alivio de haberle dedicado su tiempo al máster.

Y en fin, aunque pareciera imposible, pasados los meses, el proyecto se terminó y cuando me frotaba las manos pensando en unos días de descanso o de ritmo más suave de lecturas para la tesis, surgió otro proyecto carapantallil que no pude o no quise rechazar porque los precios de Londres son matadores. Y aquí estoy, disfrutando de un fin de semana de relax antes de ponerme con este nuevo tramo de pluriempleo. Esta vez, sin embargo , la tarea carapantallil es mucho más abordable. Menos mal, porque las muñecas de Famosa no nos caracterizamos por nuestra resistencia física. Ya os contaré mi experiencia en el taller de muñecas de Famosa de Habib…

Sab
7
Jul '07

Elogio de la media distancia (II)

La búsqueda de trabajo resultó un poco frustrante, a pesar de unas pequeñas incursiones en el sector de la restauración local y una opción en Borders que no se materializó finalmente. Pero por otra parte fue una enseñanza importante y creo que a partir de entonces empecé a escribir con más regularidad el blog, cosa que no es exactamente lo mismo que escribir ficción, pero se parece y supone una gimnasia estupenda para cuando uno se ponga a “crear”. El trabajo que me ha tenido tanto tiempo bajo su yugo, más conocido como carapantallismo, llegó casi in extremis y cayó como maná. Antes de ello me tuvieron que echar un cable mis padres, porque por más que uno recorte gastos, una ciudad como Londres vampiriza tus recursos a un ritmo del equivalente a 700 euros de alquiler mensuales (habitacion grande, casa mona, ADSL y facturas en general incluidas, cocina amplia compartida, baño compartido con tres personas más; aunque una no está casi nunca…), más la matrícula del master (más de 1500 libras por año… da miedo pensarlo; y eso que me aplican precio de alumno inglés por ser de la Unión Europea), más la alimentación, el transporte (3 libras el billete sencillo de metro, unas 750 ptas; o casi 6 libras el One day travel card zones 1 to 4, que es el mío, o sea 9 euros para moverte por la ciudad durante un día), la ropa, periódicos, o el ocio que te quieras o puedas procurar. Pues nada, ya tenía curro, ya había empezado el segundo año del master. Parecía que la cosa iba bien. Pero claro, ser part time significa que estás colgado siempre entre dos promociones: no te acabas de integrar ni en la primera ni en la segunda, ni a nivel social ni a nivel académico. El segundo año no tienes fresco lo que viste el primero, por más que las asignaturas estén pensadas para complementarse y por más que intentes releer los apuntes o hacer memoria. Efectivamente el segundo año entendía mucho mejor lo que se decía en clase, conocía el funcionamiento, conocía a parte de los profesores y a una de mis compañeras del año anterior, pero en la clase A se seguía hablando de la clase B, en la que yo no había estado, habia estado en una muy parecida el año pasado, pero a saber donde estaba esa clase almacenada. Según avanzaba el tiempo el proyecto carapantallil tomaba forma y se iban concretando las fechas. Era un maxiproyecto, relacionado con el inglés y con la enseñanza, terrenos que me interesan, pero suponía mucho esfuerzo, mucha capacidad intelectual y organizativa y ser lo que aquí llaman “a self starter” una persona autoimpulsada, vamos. La parte técnica en sí también era problemática, porque había que manejar un programa complicado y poco estable y porque la nomenclatura o codificación en principio resultaba liosa. Estaba bien pagado y suponía un paso adelante en mi currículum. Un señor paso, en realidad. Era un trapo rojo y el toro ya le había cogido cariño. Así que allá me fui, derechita, sin saber exactamente cuántas horas de trabajo suponía cada entrega o cuantas fases acabaría teniendo. En noviembre empecé a perfilar aquello y en diciembre ya estaba en pleno agobio. Se me fastidiaron las navidades…
Continuará

Vie
6
Jul '07

Elogio de la media distancia

Ahora que faltan tres meses para que mi aventura londinense toque a su fin, creo que es buen momento para recapitular un poco.

Decidí que mi aventura londinense durase dos años estudiando part-time en lugar de uno full-time por varias razones. La aventura no era sólo el Máster de Literatura, de manera que tener tiempo para otras cosas (vivir, entre ellas) me pareció fundamental. Dilatar el tiempo también parecía buena idea ya que había leído que uno no empieza a habituarse a un nuevo país hasta transcurridos seis meses. Pensé que sería una faena irme al poco tiempo de haberme adaptado al lugar. El caso de algunas compañeras del máster lo confirma: el momento de regresar les llegó en plena luna de miel con la ciudad. Los dos años tenían para mí un problema básico: el dinero. Los ahorros no iban a durar dos años ni en sueños. Pero claro, estudiar part time te permite trabajar part time. Si consigues un trabajo, que es esa es otra. La cosa es que en general hasta el verano pasado estaba muy contenta con mi decisión: me iba adaptando a mis clases, mi inglés mejoraba sensiblemente, tenía mucho tiempo libre para leer… Cuando, al acabar las clases en mayo, me puse a buscar trabajo la cosa cambió. Pasaban los meses y el curro no aparecía. Los ahorros bajaban peligrosamente, yo no tenía clase, pocas cosas me retenían en Londres… Me repetí a mí misma que lo que me había traído a Londres no era sólo el Master (de hecho solicité tres distintos en G., y estuve considerando alguno bastante distinto en Oxford…) sino el paquete completo, que era momento de buscar curro, tomarse en serio la escritura y vivir la experiencia y aprender de ella. Sabía que si la cosa se ponía fea siempre podía volver a Madrid, pero eso hubiera sido el último recurso.

Continuará.

Mie
4
Jul '07

El arca de Noé en el Cutty Sark

Aquí seguimos llueve que te llueve, así que preveo que en breve Gordon Cutre Brown, cristiano y previsor él, saldrá por la tele diciendo que como medida preventiva su “think tank” ha aconsejado seleccionar una pareja fértil de cada especie animal y alojarla en una réplica del Cutty Sark (o en submarino gigante hiperacorazado de los que gastan por aquí) para asegurarse de que la Britishness multicultural y multicolorista no va a perecer anegada por este diluvio universal que se nos ha venido encima. La categoría “médico o sanitario de Medio Oriente” (Irak y aledaños) se la van a saltar, porque aunque muy representativa de la Gran Bretaña de 2007 (especialmente desde junio) les parece que pone en peligro la integridad de todo el experimento, encaminado a la conservación y no a la pirotecnia. Razón no les falta. A mi vena kamikaze no le importaría participar en el experimento siempre que entre mi “counterpart” (el elemento masculino de la pareja fértil, I mean) y yo haya química y me dejen comentar luego sobre el ambiente general en el Arca. Pero en fin, ya veremos.

Por mi parte, ayer pasé un extraño primer día de libertad o de independencia semi-detached (”semiadosada” sería la traducción literal; pero el término también significa “desvinculado”; este juego de palabras no se puede traducir, me temo) si uno quiere ser más preciso. Tenía tutoría con mi supervisora de tesis (tutor y supervisor son figuras distintas). Me presenté allí con poco que contar, ya que el carapantallismo es amor absorbente y celoso y mi ruptura con él databa de la noche anterior, con pequeños episodios por la mañana. La profesora me hizo esperar una media hora, porque la tutoría previa con mi compañera de clase japonesa (no confundir con Yoko, que estudia un Master de Arte y es alumna mía de español) se complicó, al parecer. Las oía a través de la puerta hablar de lo que era razonable esperar de un japonés de cuatro años, cómo sería su percepción de tal y cual y por supuesto Mi no entender. Ni siquiera me quedó claro si hablaban del essay ya entregado en mayo o de la dissertation a entregar en septiembre. No era asunto mío, en cualquier caso, así que cuando después la profesora me dijo que la reunión con la japonesa había sido “tough” no aproveché la ocasión para preguntar si hablaban de la tesina o de la tesis, y de hecho me pareció una indiscreción que me hiciera tal comentario. A mí no me gustaría que se comentara con el alumno siguiente lo ocurrido en mi tutoría, especialmente si ha habido problemas, pero en fin.

La cosa es que mientras esperaba me instalé en la cocina de los profes y estuve releyendo las tres versiones de una misma escena de Ulises, la descripción del contenido de un cajón en el capítulo 17 (pag 830 en la edición de García Tortosa en Cátedra; 725 en J.M. Valverde en Tusquets; pg 848 en la de Penguin en inglés) que presentaban variaciones curiosas, además del delirante y lúdico estilo de Joyce (con profecías cerradas con lacre, fotos porno, preservativos, recortes de periódico sobre cómo abrillantar unas botas, una carta infantil llena de faltas de ortografía, etc, la vida como un continuum de detalles variopintos). Una vez dentro del despacho de la profe (mi favorita de todo el máster; al menos hasta ayer) dedicó la primera media hora a preguntarme por una novela que no he leído (me gusta el autor como cuentista y columnista, pero no el novelista) y comentarme diversas cosas relacionadas con la literatura y la traducción pero no directamente con la asignatura. Esto en sí me parece bien, porque esta profe y yo compartimos intereses y porque habíamos propuesto largo tiempo atrás una charla frente a un café que no había tenido lugar aún y porque yo no tenía prisa por primera vez en mucho tiempo. La cosa es que coincidimos bastante en algunas apreciaciones, me recomendó a una escritora norteamericana (información sobre ella aquí, la autora de la novela “Brokeback Mountain”) y en especial su libro Postcards, me pidió consejo sobre algún buen cuentista en español contemporáneo (le dije que me lo pensaría), le hablé del Javier de Mier y le propuse ser mi jurado popular (ya tengo dos; a Ch. también le apetece; se admiten todavía solicitudes) y me contó brevemente sobre un congreso al que había ido en una ciudad del sur de España en mayo. Después entramos en materia, es decir, nos pusimos a comparar los tres textos sobre el contenido del famoso cajón. Vimos que el fragmento tenía posibilidades, pero que estas se daban básicamente a nivel léxico (registro más o menos formal, términos más o menos precisos, conservación o no de las repeticiones del original o de sus rimas). La situación fue graciosa, porque comparar tres libros de más de ochocientas páginas a cuatro manos es complicado por pura logística, por no mencionar el salto de un idioma a otro, de manera que era imprescindible que sujetáramos los libros en plan hermana siamesa, mientras a ella en un momento dado se le caían las gafas y yo se las cogía para que ella pudiera seguir sujetando los libros por las páginas correspondientes. Yo no quería invadir su espacio, pero no había forma humana de comparar los textos línea por línea manteniendo una distancia británica y además ella es norteamericana y yo española, así que ahí nos pusimos a comparar y comparar. Me di cuenta de que por muy cercano que me resulte el mundo académico (por familia y por mi propia experiencia como profesora o ponente) y por mucho que tienda a ser muy comunicativa y cordial con los profesores de universidad (a veces demasiado, según algún compañero de carrera; pero es que yo frecuentaba las aulas de la Complutense desde antes de levantar una cuarta del suelo) tengo muy interiorizada una máxima según la cual hay que mantener una distancia física con los profesores. En este caso no pudo ser. La profesora me aconsejó que buscara otros dos posibles fragmentos, uno en el que el contenido, las ideas, tuvieran más peso que el léxico y otro con carga narrativa o con un efecto sonoro y los analizara en plan cata y eligiera el que tuviera mayores posibilidades. Vimos varias opciones por encima y me quedó claro que es una buena supervisora y por dónde debo seguir perfilando mi investigación. Le pregunté por mi essay y me dijo que la nota era muy buena (sin precisar en qué se traducía ese “muy buena”; aquí consideran muy bueno un 55 sobre 100; espero que en este caso la muy buena nota esté cerca del 70 sobre 100, que aquí llaman Distinction y dan con cuentagotas, pero no me hago muchas ilusiones) y que había encontrado muy interesante la propuesta del texto (la traducción de una página de Bartleby el escribiente de Melville explicando las estrategias y decisiones adoptadas para hacerlo), pero lo comentaba como quien comenta algo que ha leído en un periódico y le ha gustado, quiero decir que no me parecía que le diera el enfoque de un examinador que en realidad es lo que ella es respecto a mi essay. Se disculpó por no poder ser más precisa dado que mi tesina la leyó hace dos meses o más.

Mar
3
Jul '07

Libre, como el sol cuando amanece yo soy libre

No me acabo de hacer a la idea pero creo que técnicamente se ha terminado el carapantallismo. Digo técnicamente, porque yo no me lo acabo de creer. Por dos razones, porque no he oído las campanas que en buena lógica deben anunciar un acontecimiento feliz como éste, y porque la naturaleza de la historia en la que curro es tal que siempre hay repescas, vueltas extra, flecos no previstos, controles de calidad suplementarios. Pero en todo caso el 98% por ciento se ha terminado y ese factor de corrección (en su doble sentido) que resta es pura anécdota.

Ahora toca una semana de vacaciones (o de ritmo más relajado, centrado sólo en la tesis; es decir unas horas de tesis y muuuucho relax, a ver si me quito las contracturas de encima) y luego unos mesecitos de centrarse en el Ulises y sus traducciones. Quiero recuperar el hábito de escritura diaria (más allá del blog: ficción), para que el concurso de cuentos Javier de Mier no me pille oxidada como me ocurre siempre y para que haya segunda novela y volver a nadar en cuanto se me quiten las contracturas. Y seguramente tendré que conseguir otro trabajo, pero éste será part-time.

La historia de Larra sobre “El castellano viejo” continúa en la sección Páginas (he puesto el texto completo para conservar el tempo de la narración). Os recomiendo que la leáis, porque tiene cosas geniales.

Lun
2
Jul '07

Otra forma de celebrar un cumpleaños (”El castellano viejo” de Larra)

Las aguas andan revueltas por la Pérfida en sentido literal y figurado. Llueve mucho muchísimo, se suceden las noticias sobre coches bomba aquí y allá y por mi parte estoy quemando los últimos cartuchos del carapantallismo y preparándome para la tutoría que tengo mañana.

El tema de mi primer cumpleaños de adulta me ha recordado que por fin dispongo de un artículo sobre un cumpleaños de un castellano (viejo, que no adulto) contado por un maestro, Mariano José de Larra, escritor romántico español y periodista. Este texto sobre la comida en casa de Braulio para celebrar “un día de días” siempre me ha encantado. Creo que la primera vez que lo oí fue porque nos lo dictaron en clase (en el colegio… allá por el año no se cuantos antes de Cristo) y me aprendí párrafos enteros por lo mucho que me gustaba. El castellano antiguo siempre me ha gustado, por otra parte. Lo que sobre el papel me parecía estupendo, empezaba a ser inquietante en cuanto se trasladaba a la vida diaria: la desventaja de saberse trozos de memoria y de tener la escena grabada es que con frecuencia me parecía que mi vida era como la comida del castellano viejo. Y aquello no me gustaba nada. Hoy por hoy, tras haber protagonizado muchas escenas en el rol de Míster Bean en La Pérfida, acojo con mayor afán festivo las similitudes (véase Crowded House) e incluso las reinvidico, porque cada cultura tiene su forma especial de montar números según su idiosincrasia. Leído en el 2007 -y con mi cabeza medio inglesa además- el texto de Larra me resulta un poquito lento pero me parece que sigue conservando una gracia y una agudeza impresionantes. Pertenece a una serie de artículos de costumbres que escribió en el primer tercio del siglo XIX con la intención de denunciar y ayudar a renovar una España anquilosada (él se había educado en Francia y la piel de toro le dejó un poco perplejo al principio… él tampoco entendía mucho). La mayor parte de sus dardos se dirigían al Madrid castizo en el que él vivía. Muchas de las cosas que él critica sobre España creo que siguen siendo verdad, pero en fin, ya me diréis. Lo divido en varias entregas porque es bastante largo.
Que lo disfrutéis.

“El castellano viejo”

Mariano José de Larra

11 de diciembre de 1832
Ya en mi edad pocas veces gusto de alterar el orden que en mi manera de vivir tengo hace tiempo establecido, y fundo esta repugnancia en que no he abandonado mis lares ni un solo día para quebrantar mi sistema, sin que haya sucedido el arrepentimiento más sincero al desvanecimiento de mis engañadas esperanzas. Un resto, con todo eso, del antiguo ceremonial que en su trato tenían adoptado nuestros padres, me obliga a aceptar a veces ciertos convites a que parecería el negarse grosería, o por lo menos ridícula afectación de delicadeza.

Andábame días pasados por esas calles a buscar materiales para mis artículos. Embebido en mis pensamientos, me sorprendí varias veces a mí mismo riendo como un pobre hombre de mis propias ideas y moviendo maquinalmente los labios; algún tropezón me recordaba de cuando en cuando que para andar por el empedrado de Madrid no es la mejor circunstancia la de ser poeta ni filósofo; más de una sonrisa maligna, más de un gesto de admiración de los que a mi lado pasaban, me hacía reflexionar que los soliloquios no se deben hacer en público; y no pocos encontrones que al volver las esquinas di con quien tan distraída y rápidamente como yo las doblaba, me hicieron conocer que los distraídos no entran en el número de los cuerpos elásticos, y mucho menos de los seres gloriosos e impasibles. En semejante situación de mi espíritu, ¿qué sensación no debería producirme una horrible palmada que una gran mano, pegada (a lo que por entonces entendí) a un grandísimo brazo, vino a descargar sobre uno de mis hombros, que por desgracia no tienen punto alguno de semejanza con los de Atlante.

[Una de esas interjecciones que una repetina sacudida suele, sin consultar el decoro, arrancar espontáneamente de una boca castellana, se atravesó entre mis dientes, y hubiérale echado redondo a haber estado esto en mis costumbres, y a no haber reflexionado que semejantes maneras de anunciarse, en sí algo exageradas, suelen ser las inocentes muestras de afecto o franqueza de este país de exabruptos.]

No queriendo dar a entender que desconocía este enérgico modo de anunciarse, ni desairar el agasajo de quien sin duda había creído hacérmele más que mediano, dejándome torcido para todo el día, traté sólo de volverme por conocer quien fuese tan mi amigo para tratarme tan mal; pero mi castellano viejo es hombre que cuando está de gracias no se ha de dejar ninguna en el tintero. ¿Cómo dirá el lector que siguió dándome pruebas de confianza y cariño? Echóme las manos a los ojos y sujetándome por detrás: -¿Quién soy?-, gritaba, alborozado con el buen éxito de su delicada travesura. -¿Quién soy?- -Un animal [irracional]-, iba a responderle; pero me acordé de repente de quién podría ser, y sustituyendo cantidades iguales: -Braulio eres-, le dije.

Al oírme, suelta sus manos, ríe, se aprieta los ijares, alborota la calle y pónenos a entrambos en escena. -¡Bien, mi amigo! ¿Pues en qué me has conocido? -¿Quién pudiera sino tú? -¿Has venido ya de tu Vizcaya? -No, Braulio, no he venido. -Siempre el mismo genio. ¿Qué quieres? es la pregunta del español. ¡Cuánto me alegro de que estés aquí! ¿Sabes que mañana son mis días? -Te los deseo muy felices. -Déjate de cumplimientos entre nosotros; ya sabes que yo soy franco y castellano viejo: el pan pan y el vino vino; por consiguiente exijo de ti que no vayas a dármelos; pero estás convidado. -¿A qué? -A comer conmigo. -No es posible. -No hay remedio. -No puedo -insisto ya temblando. -¿No puedes? -Gracias. -¿Gracias? Vete a paseo; amigo, como no soy el duque de F…, ni el conde de P… ¿Quién se resiste a una [alevosa] sorpresa de esta especie? ¿Quién quiere parecer vano? -No es eso, sino que… -Pues si no es eso -me interrumpe-, te espero a las dos; en casa se come a la española; temprano. Tengo mucha gente; tendremos al famoso X. que nos improvisará de lo lindo; T. nos cantará de sobremesa una rondeña con su gracia natural; y por la noche J. cantará y tocará alguna cosilla.
(…)

Fin parte I

Dom
1
Jul '07

Longitud de onda

Anoche celebré mi cumpleaños. Por supuesto fue “indoors” ya que donde hay patrón (bloody English weather) no manda marinero, por más que sea un marinero que entra en la edad adulta, como es mi caso. Vinieron viejos y nuevos amigos, y estuvo también la sin par F. mi “flatmate” y casera, que pertenece al primer grupo, ya que llevamos viviendo juntas año y medio y congeniamos desde el principio.

Hubo mayoría de españoles, una japonesa, una vietnamita y la propia F., que es sueca aunque su padre es egipcio. Lo pasamos bien, creo, porque hubo buena conversación, muchas risas y buena músi… iba a decir buena música pero a lo mejor hay un par de personas que no están de acuerdo (pinchaba yo :-) )) y un par de veces me sacaron el pañuelo verde como en los toros: una con María Jiménez por Sabina (devolvimos al toro al chiquero) y otra con Paulina Rubio (aquí insistí en que le dieran unos pasecitos “for the sake of my birthday”… se ve que mi ascendente Leo se impuso, además de que el asiento crítico (o criticón) lo ocupaba una amiga del instituto de la que os hablé en el primer artículo y ya se sabe que donde hay confianza…; a cambio eligió ella la siguiente canción).

Preparé un chicken tikka massala con papadums (comprados), arroz basmati (no salió demasiado bien por las prisas), ensalada (que hizo F. porque yo estaba agotada) y dos tortillas de patatas, una de ellas con pimiento rojo. Puse también unas rodajitas de fuet que había traído de España. No conseguí encontrar tarta, así que compré helados, que gustaron más que una tarta, a juzgar por los comentarios (otro año a lo mejor me animo a hacerla yo). Tuve mis regalos (libros, un bolso, flores, acompañados de tarjetas; F. me había invitado a cenar el lunes) y sobre todo tuve la sensación de que a pesar de lo diferentes que puedan ser nuestros backgrounds o que en algunos casos nos conozcamos desde hace muy poco (a Ignacio por ejemplo lo conocí in situ… aunque ya le conociera virtualmente: es el bloguero de Crónicas de Londres; andaba por allí también Sirventés) formábamos un cierto núcleo de intereses comunes o de partículas que emitían en la misma longitud de onda y eso es un fenómeno difícil de conseguir cuando uno está fuera de su ambiente (es relativamente fácil encontrar pares, pero lograr que un grupo de pares recíprocos y grupales coincidan en el espacio-tiempo es más complicado).

Hubo algunas ausencias: una amiga regresó agotada de un congreso de literatura pero me hizo prometer que lo celebraría con ella otro día, Jacob mi ex compañero de piso polaco tenía otro cumpleaños (propuso verme hoy “instead”), una amiga griega celebraba la lectura de su tesis y su cumpleaños por anticipado (quedaremos para celebrar nuestras buenas nuevas otro día), dos compañeras inglesas del máster no pudieron venir, Guille no debió de ver mis mensajes a tiempo, mi ex-compañera griega del máster del año pasado finalmente no se presentó, un amigo francés tampoco pudo acudir y Clair, la amiga de F, que ya no vive en Londres, dijo que vendría pero al final no vino. La verdad es que de haber venido todos hubiéramos tenido problemas logísticos y sobre todo yo habría acabado muy estresada supervisando que todo el mundo tuviera de todo (soy así de madre agobiosa, qué le vamos a hacer). La cosa es que lo pasamos bien, y que ya habrá ocasión de ver a los que no pudieron venir, porque mi vida carapantallil termina hoy o todo lo más mañana.

Sé que el final de la tiranía de las teclas no me va a quitar mi condición de muñeca de Famosa inmediatamente, pero estoy segura de que tanto mi calidad de vida como mi ocio se verán beneficiados. Cuidado, mundo exterior, voy despantallada y soy peligrosa ;-) ))