Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Mie
29
Nov '06

De flatmates y periodos artísticos . (Dedicado a Jesús Mendirichaga. In memoriam).

Vaya esta serie de post sobre los compañeros de piso como periodos artísticos en recuerdo de un buen amigo que ya no está. Creo que el enfoque le habría gustado. He desestimado la posibilidad de escribir un post sobre él porque no me parece el momento ni la vía. Pero sí quería que lo sucedido tuviera un reflejo en la bitácora, sobre todo dado que muchos de quienes la leeis lo conocísteis. Para mí, la diferencia entre los amigos y los compañeros (de piso, de facultad, del trabajo) es precisamente que los primeros llegan para quedarse, mientras que los otros nos acompañan sólo temporalmente (pueden acabar convirtiéndose en amigos y permanecer o desaparecer del horizonte). Un amigo no es tanto un corto periodo artístico como una influencia que atraviesa tu obra. No es una foto finish que retrata un estado instantáneo, sino una vértebra que te articula y sostiene.

Para Jesús Mendirichaga. In memoriam.

De flatmates y periodos artísticos

Los flatmates pueden ser como las épocas de los pintores. Lo impregnan todo con su particular tonalidad. Dan nuevos perfiles a la realidad, pero de una manera temporal. Empecé sumergiéndome en el mundo rojo de S. Un mundo lleno de diagonales y colores cálidos. Pintura fauve. Inquieta, activa, impaciente y cariñosa. Supongo que lo que me gustaba (y lo que me gusta) de un carácter así era su humanidad y su energía y su tendencia a intentar llegar al fondo de las cosas: aunque con frecuencia llegue a conclusiones equivocadas (intelectualmente y culturalmente le falta un hervor, aunque no tiene un pelo de tonta), el intento es lo que cuenta (es una Sagitario bastante pura; los signos de fuego casan bien con el rojo, lo fauve y demás; el signo lo he descubierto después de pensar la metáfora; lo de la sinceridad a veces brutal parece que se ha suavizado en el ámbito anglosajón). Me gusta asimismo la imagen de persona sensata y equilibrada que me devolvía de mí misma por contraste (a pesar de que para ello tuviera que echar mano de kilos y kilos de paciencia a veces: es de las que se olvidan la llave, se deja el fuego encendido y todo tipo de incidencias que te obligan a hacer trabajo extra a ti y vivir en estado de alerta). Se marchó unos meses a su país (es sueca pero hija de egipcio), en teoría para ayudar a su padre con sus negocios en caída libre y con problemas de salud y al mismo tiempo reflexionar sobre su vida, pero en realidad parece que sólo le sirvió para airearse en el campo, nadar en el mar los meses de verano y volver un poco más confusa pero más morena y saludable (aunque sigue fumando). Durante su ausencia he tenido unos meses de técnica mixta o de tricromía…
Continuará.

Vie
24
Nov '06

Londres en la blogosfera

Hoy me gustaría recomendar algunos blogs sobre Londres. Hay un montón, en varios idiomas y desde distintas perspectivas. Más o menos profesionales o amateur, muy locales, más abiertos. El periódico Guardian, por ejemplo, tiene varios sobre cultura, viajes, y política. Muy profesionales (bien informados, buenas fotos, “to the point”, al grano) pero sin personalidad, en mi opinión.
Mi selección contiene un blog en inglés, uno en español y uno en francés, como en los chistes multiculturales.
El británico London Daily Photo contiene fotos de rincones de Londres, interesantes por ser peculiares, representativos, o poco conocidos. Publica una foto al día, y las fotos suelen ser muy buenas. Está integrado en una red internacional de Photoblogs. Pincha aquí
El blog en español se llama Un mundo perplejo. Comparte perplejidad con esta bitácora pero pone la extrañeza en el mundo y no en el cronista. Le interesa la vida cotidiana en UK, la alimentación, la televisión, el mundo del trabajo. Para verlo pincha aquí .
Finalmente, pero no por ello menos importante, está el blog de la profe canadiense. Caroline à Londres recoge post (billets, se llaman, no sé si en quebecois o en francés también; se entiende bastante bien aunque tu francés no sea maravilloso) sobre política, historia y medios de comunicación de Gran Bretaña y sobre sus escapaditas a otros lugares de Europa. Véase aquí
¿Conoces algún blog interesante sobre Londres? ¡Ponlo en un comentario!

Mar
21
Nov '06

No intentes hacer esto o El teclado postizo

Escribo desde una prótesis made in China. El original puede que también fuera made in China, pero al menos era el teclado original de mi portátil. Lo gracioso es que el nuevo “keybord” hace duelo por el antiguo, no dispone de eñe visible pero detecta una eñe donde el antiguo la tenía y envía el impulso a la pantalla. Es como si el miembro amputado continuara con una vida fantasma.
Y os preguntaréis ¿a qué viene la prótesis? Es un poco embarazoso, incluso para la prima de Mister Bean, ya que en asuntos como no poner líquidos cerca del ordenador Elsinora suele ser bastante prudente. Por algún motivo el sábado pasado no lo fui: puse un vaso de Cocacola light cerca del teclado y no contenta con ello, obediente al imperativo de la ley de Murphy, le di un codazo. En mi defensa puedo decir que he pasado varios días en cama, con faringitis y que probablemente aún estoy algo atontada. Reaccioné rápido, lo sequé, lo puse bocabajo y demás y el cacharro aparentemente funcionaba bien a pesar de todo (la mayor parte del líquido cayó fuera del portátil, afortunadamente). Se encendía y apagaba con normalidad, todos los iconos aparecían y los programas se abrían bien. Incluso estuve viendo en él el DVD de School of Rock (Escuela de Rock), de Linklater, un director que me gusta bastante (esta peli en concreto es un poco chorras, pero tiene su punto), después del “accidente”. Pero al abrir el ordenador el domingo por la mañana y tratar de actualizar el blog vi que algunas teclas no respondían. O peor, respondían a su manera, como si tuvieran vida propia, una “e” por ejemplo incluía varias admiraciones y una “u” de regalo. Se había vuelto imposible escribir con normalidad, ahora todo tenían que ser exclamaciones, onomatopeyas, exabruptos varios, salvo algunas letras que escaparon al accidente. La cocacola había liberado a las teclas de la tiranía del controlador-censura y ahora se expresaban con libertad, con grititos entrecortados.
No hace falta que diga que me entró un cierto pánico y una obsesión con pasar el secador sobre las teclas. Había leído que era aconsejable para secar en lo posible las conexiones, siempre que no estuviera muy caliente. No sirvió para mucho, a pesar de que por algún motivo yo estaba convencida de que se iba a acabar arreglando. Que las teclas volverían a su ser en cuanto se secaran, cosa que iba a suceder pronto, muy pronto. Y entonces encendía y veía con incredulidad que las teclas seguían sin responder. Y lo apagaba y esperaba un rato. Y abría la ventana para que se ventilara (!!!) y lo volvía a encender convencida de que si no todas al menos algunas teclas se habrían secado ya y todo volvería a funcionar poco a poco. Se ve que he visto demasiadas películas de Disney de pequeña o que sigo con décimas de fiebre por la faringitis.
Como un error conduce a otro habitualmente, y arrastrada por las ganas de B de ayudarme, y por el impulso de hacer algo, asentí a su propuesta de abrir el ordenador para ver si el teclado estaba visiblemente mojado y lo podíamos secar y arreglar. Empezamos a quitar tornillos despacio y con cautela, pero nos detuvimos al descubrir que el teclado va pegado a la zona de los circuitos: ni su locura copernicana ni mi visión lunática misterbeaniana son tan grandes como para internarnos ahí.
En todo caso, todo parecía estar normal en esa parte, salvo que la rejilla del ventilador tenía polvo. Decidimos cerrarlo. Y por supuesto eso supuso entrar en el maravilloso mundo de los tornillos que aparentemente son iguales pero en realidad son de cuatro tipos distintos (B distinguía tres, pero en realidad había cuatro). Parecía que lo estábamos haciendo bien (habíamos ido recopilando tornillos cuidadosamente) pero al final el tornillo último no casaba con el último agujero. Probamos distintas opciones, pero ninguna terminó de funcionar. El agujero sin completar no era uno comprometido, porque justo al lado había otro que estaba bien ajustado, pero aún así quedó claro que habíamos hecho una tontería, yo especialmente como propietaria del objeto “a arreglar”. Además de no arreglar nada, no habíamos sido capaces de restituirlo a su estado anterior. Pese a todo, afortunadamente el portátil seguía funcionando como antes: todo normal salvo la mayor parte de las letras del teclado -no habíamos tocado nada, en realidad-, pero el conjunto estaba menos compacto que antes y supe que tendría que moverlo con cuidado en lo sucesivo. Nada más absurdo que un portátil que no puedes mover. Bueno sí, un portátil que no puedes usar ni mover.
Al final me he comprado el teclado prótesis (6 libras; es USB, se puede instalar sin necesidad de usar tu teclado antiguo para configurarlo o aceptar las opciones; es con cable porque no quiero tener que preocuparme de las pilas), propuesto firmemente no poner líquidos cerca del ordenador y hacer copias de seguridad con mucha frecuencia: no quiero ni pensar qué habría pasado si la Cocacola hubiera afectado al arranque o dañado los archivos.
En fin, si cuento este vergonzoso capítulo y lo hago con tanto detalle no es por un masoquismo exhibicionista sino con un propósito preventivo, como en los anuncios de coches que vuelan sobre otros: no intentes hacer esto. También me lo digo a mí misma: no intentes hacer esto again.

Lun
20
Nov '06

Las edades del hombre de libros (III)

Además de admirar los fuegos de artificio literarios, el lector hecho a sí mismo actúa como si la literatura no fuera un fenómeno social sino bipersonal formado por él y los grandes autores (que para él son tres o cuatro y no necesariamente del canon o del mundo clásico). El papel de las editoriales, los traductores y los críticos es bastante difuso para él, si es que sabe que existen. De este grupo suele reparar más en los críticos y sobre todo en los premios y normalmente les concede mucho valor, porque aunque es un águila para los negocios ignora el peso de los factores extraliterarios en los premios. No es sólo que crea que los concursos son limpios, sino que además los considera oraculares: son los heraldos del bien indiscutible que se oculta en esos textos “sublimes” (la subjetividad para él no es sino debilidad de carácter). También puede darse la opción apocalíptica: quienes reniegan absolutamente de todos los premios y jurados y consideran que hay una conspiración contra sus autores admirados y/o contra sí mismos.

Todo esto se refiere a lectores/autores autodidactas -remarco lo de autodidacta. Y la siguiente pregunta entonces será ¿sirve de algo que un lector sea ingeniero o licenciado en Derecho? En mi opinión, sí. Pasar por la universidad garantiza pocas cosas pero entre ellas hay algunas muy valiosas para el lector y el escritor. En primer lugar, el saludable hábito de acudir a las fuentes, la importancia de la tradición del campo del que se trate, de la lectura, del análisis. El licenciado sabe que la verdad no es una, sino que hay escuelas, que los hechos presentes se derivan de otros, que la historia la escriben los vencedores y que la convivencia es un pacto social… La persona hecha a sí misma, por contra, tiende a visualizarse como un individuo contra la corriente. Su propia experiencia tiende a resaltar sus logros y a enfatizar lo que puede hacer el individuo y este hecho con frecuencia le lleva a despreciar la tradición, el conocimiento acumulado por la humanidad hasta entonces, con excepción de algún pensador, escritor, o personaje histórico (con mucha frecuencia, Napoleón) que haya caído casualmente en su área de interés. Entonces sólo habrá existido dicho autor, personaje o pensador (por más que los haya mucho más interesantes dentro de esa especialidad: al autodidacta le da igual ya que desprecia lo que ignora). Un autodidacta es alguien acostumbrado a ir a la contra en la vida y que paradójicamente no ha tenido límite ni contraste, otros pensantes a su nivel, ni la tradición ni el conocimiento de las corrientes y escuelas para actuar como valla o muro de sus envites. De ahí que tienda a la prepotencia.
Tras esta descripción creo que queda claro que alguien puede ser al mismo tiempo autodidacta de currículum y no de espíritu: quien se haya esforzado en leer cuidadosamente, documentarse y escuchar y analizar con un espíritu medianamente abierto y autocrítico. Pero en todo caso, cabe preguntarse ¿qué opción le queda a aquel que no ha tenido oportunidad de estudiar literatura o arte o historia en el grado requerido? Leer, preguntar, consultar, buscar referentes. Revisar continuamente lo que piensa. No considerarse maravilloso sólo por el hecho de que en su ambiente es el que más sabe de eso: en un entorno de entendidos, probablemente sería el menos preparado. Creo que lo fundamental es separar tu conocimiento de tu autoestima (tus lagunas o tu escasa formación no son ataques a tu ego) y relativizar, dar dos o tres pasos hacia atrás para ver con más perspectiva lo que tiene delante. Estas acciones son recomendables para todos, universitarios o no.
A la altura del siglo XXI, pues, la ingenuidad es algo que el hombre de letras no se puede permitir.

Vie
17
Nov '06

Las edades del hombre de libros (II)

Procedo de un medio universitario y pese a que mi relación con el mundo de la cultura es básicamente académica (aunque no filológica) o precisamente por ello, siempre he valorado mucho la parte vital del fenómeno literatura o escritura. Me gusta la gente entusiasta, los lectores que hablan de algunos textos con los ojos brillantes y sobre todo me gusta salirme de mi círculo y oír opiniones distintas, emitidas por personas que vienen de otros ámbitos. Si hay que elegir entre la escritura o la vida, prefiero la vida. Y la erudición y la intertextualidad acaban cansando. La pregunta a la que llego tras combinar de distintas maneras el par literatura/vida es ¿puede un buen lector ser autodidacta? ¿y un escritor? ¿Hay algo llamado inteligencia natural? ¿hasta dónde le puede llevar a un@ semejante carga genética?
Me parece que no muy lejos, a no ser que se tengan muchas ayudas y ecuanimidad de serie. Me explico. A la altura del año 2006, con siglos de tradición a la espalda, una persona que desconozca a los clásicos de ayer y de hoy y a gran parte de los contemporáneos se arriesga a reproducir sin saberlo estilos largamente superados, admirar parcelas claramente caducadas, ser un integrista de los cuatro autores más o menos peregrinos o más o menos mainstream que han caído en sus manos, considerar que el idioma materno y el poquito de inglés o de francés que sabe le dan la autoridad suficiente para hablar de la literatura universal con conocimiento de causa y declarar de forma triunfante cosas tan peregrinas como la superioridad incontestable de los poetas que escriben en español, por ejemplo, sin reparar en cuanto de lingüístico y de cultural hay en tal afirmación (un poema escrito en tu lengua materna estimula zonas de tu cerebro que uno escrito en otro idioma, por familiar que te sea, no podrá estimular nunca; lo cual no quiere decir que no lo puedas disfrutar, pero serán siempre amores distintos, como decía Gila). Primera nota: el lector “buen salvaje” desconoce sutilezas como los factores de la recepción. Es incapaz de visualizarse desde fuera: para él el mundo es lo que él ve. No se pregunta hasta dónde le limita (o le perfila) su lugar de nacimiento, su idioma, su formación, su género, su edad. Tampoco es consciente de lo que los espejos culturales dejan fuera: con leer tres suplementos de libros de USA considera que está al tanto de la poesía mundial escrita en inglés. De la escrita en otros idiomas se olvida, pero luego la incluye en sus juicios. Lógicamente, un@ no puede exigir que todos los escritores y todos los lectores que quieran emitir juicios hablen ocho idiomas y lean veinticinco publicaciones semanalmente (aún así muchos autores valiosos seguirían quedando fuera), pero sería muy saludable que fueran conscientes de sus limitaciones y matizaran sus juicios en función de ello.
El lector/autor hecho a sí mismo alucinará con poetas y con poemas que reflejen sus emociones “igualitas a cómo las siente él” y en el terreno de la ficción magnificará la importancia de una prosa cuidada o bella en detrimento de otros elementos o funciones del texto, como la trama, la visión del mundo, y especialmente el tema. No importa que el lenguaje no ilumine zonas de sentido, con tal de que los colores sean bonitos. Viva el Rococó, Antonio Gala for President, Umbral es sublime.

Además, el lector hecho a sí mismo actúa como si… (Continuará)

Jue
16
Nov '06

Las edades del hombre de libros

El impulso de buscar ideas frescas o personas con enfoques no contaminados por un entorno “cultureta” o académico es más o menos común: el cliché del buen salvaje revisitado. De manera que no soy original ahora ni lo he sido en el pasado al preguntarme cómo se verán los libros y ciertos aspectos de la cultura desde fuera de mi círculo. Original o no, es una pregunta recurrente. Supongo que en parte por eso he venido a UK. No fue sólo una cuestión de que los años hubieran empezado a parecerse demasiado unos a otros ni de que siempre me hubiera atraído la idea de estudiar y vivir fuera. También había un deseo de abrir la ventana, más aún de salir al exterior y contemplar no sólo qué pasaba allí sino cómo se veía el interior desde fuera. El aire se acaba enrareciendo cuando uno pasa demasiado tiempo en un lugar cerrado. Por otra parte, irme fuera me convertía en un buen salvaje, alguien que ve con ojos limpios algo que no conoce. Alguien sin demasiadas credenciales desde el punto de vista del nuevo entorno (cosa relativamente inexacta: gran parte de tu pasado es igualmente reconocible fuera: tendrías que ver el éxito que tenía yo en determinadas fiestas desde el momento en que decía que soy escritora) pero con curiosidad a raudales.
Creo que los objetivos de aire fresco y el mojón en la memoria los he conseguido. Sé que tras mi experiencia en Londres, más allá de que regrese con “asignaturas” pendientes (algunas de las cuales puedo aprobar en el tiempo que me queda aquí) me resultará mucho más fácil datar las experiencias y los recuerdos: eso fue antes de Londres, eso fue nada más volver de Londres… y por otra parte la aventura me permitirá saber más fácilmente qué quiero hacer, con quién quiero estar, hacia dónde me gustaría caminar. O al menos sus contrarios: qué no quiero hacer, con quién no quiero estar… etc.
Y respecto al elogio del buen salvaje, a la posibilidad de una inteligencia natural no contaminada por la sociedad, he llegado a la conclusión de que es un mito. Pero vayamos por partes. Procedo de…
(Continuará)

Mie
15
Nov '06

Cambio camisetas del Real Madrid por cuentos de hadas en español

¿He contado ya que tengo una alumna de español de catorce años? Pues el caso es que la tengo. Se llama A. Es inglesa pero sus padres son de Barbados (pronunciado “Barbéiros”, me hace mucha gracia como suena). Es una familia muy simpática, con tres hijos: A, la mayor, y dos hermanos de 10 y 8 años, delgados e inquietos y bastante salados. Viven en una council state, cerca de mi zona, pero también muy cerca de los zorros: tienen un parque enorme en frente y es muy frecuente que los zorros anden cerca del bloque a eso de las 6 de la tarde que es cuando voy a dar clase. La cosa es que cuando les comenté que tenía que cambiar una de las clases porque me iba a Madrid se les encendió una lucecita a los chavales. Madrid, Real Madrid, camiseta del Madrid. En teoría me iban a dar el dinero y las tallas y los jugadores apetecidos y yo iba a comprarles un par de camisetas, pero al final no quieren camisetas (los chavales supongo que sí, pero los padres habrán pensado que son caras o que son poco formativas o algo semejante; la madre quiere ser maestra o educadora) sino un libro o dos de cuentos de hadas (fairy tales) en español para que A. mejore su vocabulario. La madre me preguntó que cuánto me podía costar. Yo, curándome en salud y teniendo en mente un libro bonito de tapa dura y con ilustraciones (“thing big” que decía el otro) contesté que 10 libras, unos 15 euros. Ella se echó a reir de forma estrepitosa mientras decía que eso era imposible. Durante una décima de segundo pensé que le parecía barato. Según mi experiencia, en UK los libros son caros, salvo que te compres un 3 por 2 o alguna oferta. En comparación con el sueldo medio probablemente sean menos caros que en España, pero en todo caso si el salario mínimo interprofesional es de 5, 05 libras la hora, un libro barato cuesta una hora de ese trabajo (aunque hay librerías de restos en lo que compras por 2 libras, pero títulos muy específicos; y otras tiendas con libros rebajados). Anoto aquí precios a nivel orientativo para los interesados en el tema: Guía de Londres a todo color, fotos, ilustraciones, buen papel (The AA Explorer Guide London) 12,99 libras; Literary Terms & Literary Theory, de Penguin, papel muy fino y casi mil páginas (12, 99 libras); novelas contemporáneas de bolsillo editadas por Vintage (Angela Carter- Wise Children; Salman Rushdie- Shame; papel aceptable, tamaño de letra cómodo el de Carter pero no el de Rushdie) 6,99 cada una, es decir, unos 10 euros; la colección de Clásicos modernos de Penguin, en bolsillo, letra enana, papel más blanco que el de Vintage 8,99-13 euros aprox (Walter Abish- How German is it?; 252 pg); cuaderno de actividades de español (Activity book; Pasos 2) finito, 7,99 libras. Los anteriores libros son todos recomendables en su género así que si quieres una buena guía de Londres, o novelas actuales de bolsillo, go ahead… Sabiendo que 1 libra equivale a 1,5 euros aproximadamente, la conclusión es que los libros aquí son más caros que en España. Pero se ve que J. y yo habitamos una Inglaterra distinta. Ella sostiene que con 3 ó 4 euros hay de sobra, porque suele comprar por catálogo. Tuvimos una escena de total Mi no entender o más bien “no me lo puedo creer”: ella flipaba con mis comentarios sobre los precios de los libros en UK (le enseñaba el libro que uso para las clases de español, comprado en Londres: 10 libras, ¿ves?) y yo perpleja ante sus ideas: toda esta colección de libros sobre naturaleza (me enseñaba el catálogo) cuesta 10 libras (hablando de libros como si fueran patatas que se compran por kilos).
“Pero no puedes salirte del catálogo”, le decía yo, “y no lo tienen todo (pensando más bien que no tienen casi nada). A ver ¿tienen “Waiting for Godot”? ¿Tienen a T. S. Elliot?”.
La hija me secundaba, pero con escaso efecto en la posición de su madre. Ésta contestaba: “Seguro, tienen de todo” y se ponía a pasar páginas con brío y con una sonrisita. Por mucho que pasara páginas y sonriera, Beckett no aparecía por ninguna parte pero curiosamente “Waste land”, el poemario de T.S. Elliot que leímos hace poco en el master sí estaba y aparentemente lo podías comprar por separado y a un precio bastante más barato (la portada era un poco penosa, eso sí). Por supuesto ni flores de Sartre o de Aimé Césaire, pero bastante Shakespeare (versiones no anotadas) y probablemente rebuscando habría aparecido alguna versión más o menos peregrina de la Odisea (una mala traducción te puede cambiar completamente el texto). Me decía la madre, “¿por qué crees que tengo tantos libros yo?” -tiene todo el pasillo lleno de libros-, “pues porque en Inglaterra son muy baratos”. Supongo que alguien suscrito a libros por catálogo en España puede decir lo mismo, aunque intuyo que aquí los catálogos son algo más amplios ya que hay más lectores (más demanda que deriva en más variedad). Pero también entendí cómo era posible que alguien que se declara muy aficionado a la literatura y cuya vocación es la Filología Inglesa (“my first love was English”, dijo el primer día) no supiera quién es Samuel Beckett (irlandés), o que le suene vagamente Sartre (a pesar de que habla francés).Gajes de comprar los libros por catálogo. Sobre Joyce no sé qué me dijo, pero me parece que no lo ubicaba demasiado bien tampoco. Limitarte a los libros por catálogo es como leer un solo periódico toda tu vida o ver el informativo de un solo canal: al final acabas creyendo que ese trocito tan pequeño que vislumbras es el mundo. Pero es que además este observador del agujero/periódico sostiene que le interesa mucho la actualidad y que la sigue muy de cerca. Las editoriales tradicionales tienen muchos defectos (pueden ser comerciales, tener poco fondo, ser caras, invertir demasiado en adelantos para autores best seller y no apostar por nuevos valores, etc etc) pero ofrecen una panorámica más amplia. Ojear sus catálogos hace que las grandes obras de la literatura universal te acaben siendo familiares. ¿Sirve esto para algo? Probablemente no mucho, pero es más probable que te dé por leer a tal o cual autor tipo Sartre o Beckett si te suena el nombre que si no lo has visto en tu vida. A lo mejor sólo se trata de que las editoriales al uso (y las librerías al uso) reproducen el canon literario mientras que los libros de venta por catálogo son una combinación entre el libro práctico, ensayo muy divulgativo, el libro por metros de estantería, cuentos infantiles de bellos dibujos, algún clásico cuyos derechos de autor ya han cumplido y algún tesorillo por ahí, que probablemente lo haya. Se ve que además ser más católica de lo que pensaba (véase Bragas católicas pinchando aquí) soy bastante canónica también. Jesus Christ!
Me gustó que la cosa en realidad no fuera una discusión y no ponerme vehemente como suele sucederme (los que me conocen saben que me gusta discutir ;-) )) o solía: se ve que me estoy “flematizando”). Y sobre todo me gustó no sentir la necesidad de sacar a relucir mi Máster en Edición como argumento de autoridad. Creo que le falta información y perspectiva, pero no es asunto mío. Al final llegamos a una especie de punto intermedio: me dio 10 libras con idea de que le comprara dos o tres libros. Iré al Book Center de Raimundo Fdez. Villaverde a ver qué títulos peregrinos tienen dentro del género cuentos de hadas universales y vendré con cuarto y mitad.

Mar
7
Nov '06

Si vuelas no madrugues

Pues sí, creo que el apartado de ideas de bombero ya lo he cubierto para una temporada. Aunque odio madrugar, me dio la vena práctica y decidí comprar un billete de avión tempranero London-Madrid porque era más barato y para aprovechar mejor la estancia en España, (esta vez voy poco tiempo) pero tras mirar distintas posibles combinaciones desde mi casa a Gatwick creo que ha sido una “misterbeanada” más. Cuando Super Coco explicó la diferencia entre antes y después, horario de trenes de madrugada versus horario normal, dormir o no dormir, alerta amarilla, control de equipaje de mano exhaustivo y llegar a tiempo o perder el avión se ve que yo estaba en otra cosa, leyendo a Schopenhauer o algo. Así que ahora me va a tocar levantarme a las 3 y media de la mañana y hacer una especie de gimkana, andar con las maletas, más bus nocturno, más andar otra vez con las mismas maletas, más otro bus nocturno, más tren. Y luego coooolas y coooolas y desconcierto en el aeropuerto porque hay nuevas normas europeas sobre equipajes de mano y mucha gente aún no lo tiene claro. Al menos espero que después del madrugón y la odisea no haya retrasos.
Lo que sí tenía claro es la diferencia entre la hora de llegada a Londres prevista y la real de Easyjet, de manera que la vuelta no será con hora prevista 22:30 pero aterrizaje probable a las 24:00, cosa que te deja sin tren a casa y te obliga a hacer un rodeo larguísimo, sino a horas más prudentes, aún a costa de no aprovechar tanto el tiempo.
En fin, amigos, ahora que ya sabemos la diferencia entre idea de bombero e idea brillante, damos paso al Conde Draco que nos enseñará a contar murciélagos (dígase con la voz aguda y desmayada de Super Coco).

Lun
6
Nov '06

David Smith: metal, genio y verbosidad

El sábado vi varias exposiciones. Una de foto en blanco y negro en la Oxo Tower, cerca del río, del británico George Nicholson titulada “Una celebración de la fotografía en blanco y negro”. Flojita, aunque el tipo llevaba décadas cargado con una cámara. Tenía fotos técnicamente muy buenas, perfectas de luz y de contraste, sobre cielos, mercados asiáticos y carreteras, pero no parecía haber hilo conductor. No había punto de vista. ¿Por qué me cuenta lo que me cuenta? ¿Por qué ha cogido la cámara? Véase una muestra pinchando aquí .
Y otra de ellas de escultura en la Tate, del norteamericano David Smith (1906-1965). Una exposición temporal por cuyo ticket pagué 5 libras y media como estudiante. Smith estudió pintura y escultura en París junto a los cubistas (Picasso, Julio González, Giacometti), después de formarse en Nueva York. De padre ingeniero, sus esculturas tienen mucho de industrial, de forja, de fundición y además trabajó en una fábrica de coches (irónicamente moriría en un accidente de coches en 1965, en pleno momento de madurez creativa). La muestra de la Tate contiene un considerable número de sus obras, de varias de sus épocas y de pequeño y gran formato. Yo decidí ir a verla básicamente atraída por la foto de un cochecito gigante y alguna obra más de inspiración calderiana y porque hace mucho que no veo escultura, rama artística por la que tengo especial interés desde los tiempos en los que dibujaba. Una vez en la sala del piso 4º la masa de metal acumulada allí me cayó encima como un plomo. La sensación era lo menos parecido a la ligereza de los que se deslizaban por los toboganes de Höller y nos obsequiaban con gritos cada dos por tres. Cada vez que empezaba a poner seriamente en duda la calidad de este tipo y una punta de irritación me empezaba a picar, aparecía alguna pieza interesante. Dos razones había para ello, creo. La primera es el punto surrealista, que tiende al juego que impregna muchas de sus obras, sobre todo de las primeras, y la segunda una cierta verbosidad artística. Y es que este David Smith, hombre ancho fumador de puros, nacido en Indiana (USA) 1906, el mismo año que Sartre y Beckett debía ser de los que no se callan ni debajo del agua, léase artista compulsivo. No recuerdo quién lo dijo pero se suele decir que lo que hace grande a un artista o a un escritor no es tanto lo que publica como lo que no publica. En artistas prolíficos como el caso de Smith a veces el bosque no deja ver los árboles: en medio de obras repetitivas, meras masas de metal común, a veces el espectador está demasiado cansado para valorar las pepitas de oro. Pensaba también en el fenómeno blog: hasta qué punto buenos escritores o buenos columnistas acaban publicando cosas francamente malas por efecto de la presión de la periodicidad o por razones editoriales o porque su propia verbosidad acaba por aturdirles. A pesar de lo flojo de muchas piezas de Smith, otras me parecieron muy talentosas. Anoté hasta diez en el apartado de recomendables, pero la cumbre la ocupan Wagon II (1964), Star cage (1950) y Song of the landscape (1950), curiosamente dos de ellas de la década de los cincuenta, momento en que recibió la beca Guggenheim que le permitiría no tener que dedicar tiempo a otros trabajos alimenticios y costearse materiales para formatos grandes. En 1962 le invitaron a un festival en Spoleto, Italia, para el que debía crear dos esculturas. Una compañía de acero italiana le dio acceso a una antigua fundición en el pueblo de Voltri, y le proporcionó operarios. El artista quedó fascinado por el lugar y estableció allí su estudio en medio de los trabajos a medio hacer y el polvo y las piezas medio rotas (“Smith described ‘the beauties of the forge shop, parts dropped partly forged, cooled now but stopped in progress-as if the human factor had disolved and the great dust settled.’”, según recoge el catálogo). En 30 días completó 27 esculturas. De dudosa calidad bastantes, en mi opinión, y muchas de ellas claramente influidas por el arte griego y romano. Las citadas esculturas fueron expuestas en el Anfiteatro Romano de Spoleto en una particular manera de fijar la idea de historia y modernidad (la foto que recoge el catálogo parece una escena propia de Odisea 2001) y también a lo largo de las calles de la población italiana. De este detalle de que se expusiera en el anfiteatro me enteré al ver el video de la entrevista que un poeta y crítico norteamericano le hizo en una cadena de la televisión norteamericana. Al presentador –un tipo bastante peculiar- se le caía la baba. En cada kilo de metal y en cada tuerca yacía el sentido de la vida para él, incluso cuando las respuestas del artista contradecían su punto de vista (“¿Por qué le dio ese acabado brillante a los cubos plateados?” Utilizo una lima industrial para quitarle las barbas y el resultado es ese. “Pero al mismo tiempo parece usted querer jugar con el efecto de X en una suerte de Y” la traducción es mía, y de memoria). Además de las tres obras destacadas mencionadas arriba también me parecieron muy interesantes “Hudson river landscape” (1951; con su mezcla entre Calder y estética de tebeo; una escultura de una peculiar y muy lograda narratividad), “The Catedral” (1950; bastante conceptual, con su barra espiral y su hombre colgado), “Agricola Head” (con un punto de arte africano, amén de lo industrial), “Voltri VII” (carro gigante con algo que parecen hombres-gusanos u hombres-pene; es la número 7 de la serie de 27 realizadas en la antigua fundición italiana), Pillar of Sunday (1945; sobre su madre, que tiene un punto curioso de cosa truncada a pesar de lo positiva que era la relación con su madre según la nota). Y finalmente Australia (1951) una pieza de extraña belleza inspirada en el arte aborigen.
La imagen elegida como portada de la muestra, la titulada Wagon II, subvierte la relación entre los conceptos de grande/ pequeño, pesado/ ligero, quieto/móvil, juguete/máquina eficaz o como dice el catálogo: “demonstrates Smith´s ability to bend and draw in steel with apparent effortlessness, combining a sense of weight and repose with an underlying suggestion of powerful latent energy.”. Y es un objeto bello al mismo tiempo. Para verlo pincha aquí .

Para ver algunas de las obras de David Smith pincha aquí.

Información sobre el artista en español y más fotos justo aquí .

Foto de la fantástica “Star cage” e información en francés sobre la exposición de Smith en el Pompidou aquí .
Foto de Australia, ese pájaro a punto de echar a volar aquí .

Dom
5
Nov '06

El pánico voluptuoso de ser otro según Carsten Höller

Aquel sábado por la tarde la ciudad había sido tomada por la oscuridad y un frío inhabitable pero aquel lugar al borde del río bullía, alimentado por antiguos motores y nuevos alientos. Cinco mangas atravesaban la sala como restos de un trabajo de cirugía o de un malabarista surreal, bajo la luz roja de un sol remoto. Como antiguo útero daba a su luz su propio público: gente pequeña surgiendo por todas partes, arracimándose en colas que conectaban como sistemas nerviosos las mangas con los alimentos de las mangas. Uno de los censos menciona cuatrocientos treinta y cuatro españoles, doscientos veintidós franceses y ciento once italianos y un número indeterminado de británicos de distinto origen racial, geográfico y cultural y no necesariamente más amplio que el de extranjeros. De uno de los italianos, una persona aparentemente común, se sabe que entró como tal en una de las mangas y salió siendo Berlusconi y exigiendo ipso facto una mesa de juntas para reunirse. Todos los ingleses circunspectos salían gritando y gesticulando como italianos y recitando la receta del mejor pomodoro del mundo. Una alta proporción de los españoles que se internaron en el tubo (la estadística que habla de 444 presentes es largamente corta: era sábado por la tarde y la exposición era gratis; 4444 se acerca más a la cifra real) abandonaban el tobogán con la convicción de haber ganado un piso en Oxford Street con vistas a las principales tiendas. Al constatar que este hecho no traía la felicidad esperada, ni los volvía cool de un plumazo, se desesperaban y se arrastraban alicaídos hasta la manga para un nuevo salto, para comprobar que el piso no les satisfacía del todo aún y que tenía que haber algún error… Algunas fuentes declaran que las existencias de jamón ibérico de Harrods se agotaron esa noche y que hubo varios casos de empacho de jamón, que en realidad eran intentos de suicidio fallido (Easyjet se apresuró a mandar una circular advirtiendo de que cobraría sobrepeso a quienes hubieran engordado de forma desmesurada o a quienes quisieran llenar su maleta con jamón ibérico comprado en Harrods con destino ¿a España?). Las fuentes no son precisas respecto a las cifras francesas, ya que como es sabido en situaciones de fuerte crítica los galos tienden a la “deconstrucción”, pero algunos testigos cuentan que la mayor parte de ellos, especialmente los de París, perdían la “u” francesa y se olvidaban de la correcta pronunciación de la “r”. Al reincorporarse a su grupo se corregían unos a otros incesantemente y a falta de un representante autorizado de la Academie de la Langue Française en la zona (¿algún académico en la sala?) se produjeron algunos enfrentamientos, “peut- êtrrrrre, grrjjaves, ou peut-être pas du/di/dui tout” explicó uno de los presentes, visiblemente turbado al no poder confiar nunca más en que su francés pudiera ser impecable o en toda posibilidad de recuperar una noción de francés puro en el futuro. Los escasos alemanes presentes se ocupaban más de analizar la arquitectura de los tubos que en usarlos, o en todo caso cuando los usaban no acusaban cambio sustancial aparente salvo un flequillo despeinado o unos ojos más brillantes y el pecho hinchado ante la obra bien hecha de un paisano. Eso sí nadie les pudo persuadir de que prescindieran de una buena cerveza o un buen vino blanco después de aquello. Y el vino les salió caro, por supuesto. Pero por Alemania, cualquier cosa.

Para saber más sobre qué inspiró este relato pincha aquí o aquí.
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Jue
2
Nov '06

Halloween y 2001: Una Odisea en el espacio

A estas alturas, porque hoy es hoy, me apetece un cambio de ritmo o enfoque (”approach” dicen por aquí). Quizá porque hoy es fiesta en España, pero no en La Pérfida. Aquí hicieron ayer su particular interpretación de Halloween, lo que quiere decir que muchos ingleses no acaban de estar de acuerdo con importar la costumbre yanki y se resisten a aplicarla. Dicen que no va con la esencia inglesa y que qué es eso de que los niños reclamen su impuesto revolucionario y si no les das chuches te tiren petardos, te rompan el coche o cosas así. Y que cómo puede ser que se rompa el hermetismo típico o la cortés distancia entre vecinos un día y luego todo vuelva a ser igual. Eso dice al menos la web de Caroline à Londres (de una canadiense de la zona francófona; el blog me gusta mucho, para leer “Amèr Halloween” (Amargo Halloween) pincha aquí ). A mí me parece que es un poco exagerado, pero en fin, esto es como todo, según a quién le preguntes Madrid es una ciudad con una inseguridad insoportable o una ciudad bastante segura. Pero a lo que íbamos, en mi caso, la duda hamletiana era “treat- or-trick” or “2001: A Space Odyssey”.

Retrato de un dilema: ” 2001: A Space Odyssey” o Treat or trick; algunos dulces me los comí, en vista de que los chavales no venían…

Mi plan original, antes de reparar en que Halloween era ese día (llevan semanas dando la plasta en el supermercado con productos para esta fecha, así que llega un momento en el que uno no sabe exactamente si ha pasado ya o no) era ver la peli con papel y lápiz ya que la analizamos en el Máster, preferiblemente en la pantalla panorámica y enorme del cuarto de S. porque en esta película de paisajes y de reflexión sobre el tamaño del hombre frente al espacio, el tamaño importa. Pero el susodicho cuarto está al lado de la puerta de la calle, con lo cual me imaginaba perfectamente el timbrazo en medio de la peli. Yo saliendo cabreada a abrir o cabreada resistiendo frente a la pantalla esperando a que se fueran, completamente perdido el hilo de la historia. Cualquiera de las dos opciones me disgustaba, así que decidí posponer 2001, porque al fin y al cabo la peli se puede ver cualquier día y en cualquier país pero un Halloween en Londres es aquí y ahora (el año pasado me lo perdí, estaba por ahí esa noche; pero S. se ocupó de regalarles mis Pringles original, empezadas, porque no tenía otra cosa, según dijo). Compré unas chuches (Fruit salad -tira masticable, sabor tutti fruti pero que arruina los empastes, jaffa cakes -bizcochos con naranja y envueltos en chocolate, Fizz Wiz Pop -como los Peta Zeta, gránulos que saltan en la boca al masticar, pero estos son todos del mismo tamaño y menos saltarines; un acompañamiento muy propio para la peli, por lo marciano, pero no te deja oír bien los diálogos-, Golf Balls -bolas de chicle con forma de pelota de golf y sabor mentolado-, Jamboree -bolitas de chicle de colores y sabores cítricos; el criterio era comprar cosas baratas, fácilmente divisibles y coloristas; véase foto) y esperé. En vista de que nadie llamaba (o habían llamado quizá cuando compré las chuches), me colé en el cuarto de F. (que estaba en Sheffield, en un festival de cine; siempre insiste en que puedo usar su cuarto cuando no está, pero aún así me da no sé qué porque esta vez concretamente no había dicho nada), no sin antes apagar la luz del pasillo para no alentar a los chavales a llamar a la puerta. Mi incursión resultó un fracaso: además de que la tele estaba girada para ser vista desde la cama, el sistema de audio estaba desconectado. Podría haberlo enchufado, pero había que mover muebles y además de darme pereza me pareció demasiada intrusión. Así que me cogí el DVD de Kubrick y me fui a mi cuarto. Por el camino se oyó abrirse la puerta y voces. Podía ser S. que regresaba con compañía. F. que se había encontrado a unos niños con sus disfraces y calabazas y entraba con ellos. O B. con F O ninguna de las anteriores. En realidad era Jakob que venía de recoger a su novia en el aeropuerto. Nos presentó: una chavala despierta y parlanchina, con un inglés más desenvuelto que el de su novio.
Me encerré con mis simios y mis naves, mientras que la parejita estaba en la habitación de B, pared por medio. Ver la peli en el portátil no era lo mismo, pero la disfruté all the same y la entendí un poco, creo… pero el monolito ¿qué es, la tecnología sin límite? ¿la ambición desmedida? ¿Tú qué opinas?