Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Dom
29
Oct '06

Tensión superficial

La cuestión curiosa fue que estos meses de búsqueda de trabajo estaban siendo bastante infructuosos hasta que una tarde tropecé con el cartel de “Se necesita personal” en Pizza Pianeta. Fue como si entrando en aquel lugar rompiera el velo que me había separado del mundo laboral inglés hasta entonces, como un insecto que recibe el impulso necesario para romper la tensión superficial del agua y sumergirse en ella. Pero en este caso, es como si el insecto hubiera tenido la posibilidad de hacerlo pero en el fondo no se lo hubiera creído o no lo hubiera intentado del todo. La mosca Elsinora no batía las alas a plena potencia. El caso es que una vez me interesé por lo de las pizzas empecé a recibir respuestas favorables de posibles trabajos. De un colegio de Notting Hill donde necesitaban una hablante nativa de español (el anuncio lo vi en Gumtree), de una madre cuya hija aprendía español y estaba interesada en mis clases particulares (puse un cartel en mi facultad, esta era la 5 ó 6 tanda y sólo entonces alguien empezó a llamar) y también de una cadena de librerías llamada Borders (mandé CV tras ver vacante en su website; comento las circunstancias por si sirve de ayuda).
La de Borders precisamente fue mi primera entrevista de trabajo en Inglaterra. Digo la primera entrevista porque las conversaciones y contactos con la gente de Pizza Pianeta aunque funcionalmente se parezcan mucho a una entrevista no los considero tales. En fin, el caso es que me presenté en Kingston (un distrito de Londres que es un pueblo fundado en el siglo XV, cerca de Wimbledon) para mi entrevista. Era un día de mucho calor, pero yo llevaba mi chaqueta de ejecutiva, mi camisa de manga larga y mis zapatos de ante, los únicos que tengo de vestir. Estos meses de buscar trabajo y leer consejos sobre entrevistas y demás me habían hecho tener claro que la presencia era muy importante, así que yo cumplía los requisitos, pero estaba asada. El caso es que la entrevista fue muy bien. Contesté lo que se esperaba de mí y sólo le hice repetir al Manager una pregunta (lo cierto es el tipo vocalizaba muy poco y hablaba muy bajo). Mi acento no era perfecto. Pero yo contestaba rápido, el tipo me entendía y la conversación era fluida. Como la vida es como es, este trabajo era de 30 horas, en un lugar a hora y pico de mi casa, contrato temporal hasta Navidad y teniendo que rotar turnos. No pregunté cuántas libras la hora, pero será en torno a las 5 ó 6, así que en realidad podemos decir que la buena noticia es más bien que me llamaran y que me manejara bien en la entrevista, aunque la vacante concretamente no me conviene demasiado (tres horas de trayecto diario, correturnos, y largas jornadas difíciles de compatibilizar con el Master). El ambiente me gustó, la gente era muy agradable. El cuarto común estaba forrado de fotos de los empleados en fiestas, sonriendo en bares y demás. Lo comparaba mentalmente con las mochilas tiradas en el suelo de Pianeta o con las cosas colgadas de clavos de la pared y no había color. Lo que pasa que una cosa está a 20 minutos de mi casa y otra a hora y media. En fin, veremos qué pasa. Me dicen algo el miércoles.

Vie
27
Oct '06

Se busca personaje de Sherlock Holmes

En Gumtree precisamente vi un anuncio para hacer de personaje femenino de las novelas de Sherlock Holmes en el museo del mismo nombre. Me apresuré a mandar lo que pedían y a escribir una covering letter imaginativa, dinámica y entusiasta que era lo que ellos sugerían que hicieras, una foto y demás (en UK rara vez te piden foto, para evitar demandas por discriminación y tampoco es costumbre que el CV recoja tu edad, por lo mismo). Tu misión sería conducir a un grupo de visitantes por ciertas salas y hablarles de algunos aspectos. No contestaron. Hay varias teorías para esta falta de respuesta: algunos amigos que viven en España consideran que es porque no soy nativa (mi inglés no es lo bastante bueno; sería cantoso un personaje de Sherlock Holmes con acento cheli, dicen); los amigos españoles que viven en UK consideran más bien que seguramente contratarían a una actriz con experiencia en algo semejante: era un trabajo por horas y alguien de arte dramático lo haría mejor que un escritor. En Londres hay un montón de gente no inglesa y muchos de ellos trabajan en puestos de cara al público en museos y demás: aquí en teoría que tu inglés no sea perfecto no es un “issue” (un problema). Esta cuestión de que fuera tan esquivo un mero trabajo de figurante/guía intensificó un malestar y una conclusión que todo el proceso de búsqueda de trabajo había generado. Por un lado, que toda tu experiencia laboral y tu conocimiento del medio en tu país parecía haberse esfumado: mis diez años de curros diversos en España y mi licenciatura y mi Master en Edición parecían no valer de mucho. Y por otro, me di cuenta de lo difícil que lo tienen los extranjeros en España: una vez abandonas tu país te conviertes en alguien sospechoso de ser un inútil hasta que se demuestre lo contrario. Sensación que en algunos anuncios se verbaliza: imprescindible experiencia laboral en un puesto semejante en UK.

Jue
26
Oct '06

Retórica publicitaria

El estilo de los anuncios ingleses aplicado a Pizza Pianeta sería algo así: ¿Te gusta la auténtica cocina italiana? ¿Odias la comida basura y crees que deberías hacer algo al respecto? ¿Vives en el Sureste de Londres y te preocupa la dieta de tus vecinos? ¿Te gustaría saber más sobre Oriente Medio? Empresa comprometida con la nutrición saludable del sureste de Londres a base de cocina italiana tradicional y productos naturales ofrece oportunidad de aprender diversas tareas (cocina, recepción de pedidos, distribución de pizzas y distribución de folletos) y conocer las costumbres de Medio Oriente en un ambiente muy “friendly”, con flexibilidad de horarios. En Pizza Pianeta podrás adquirir experiencia en todos los aspectos de una empresa de Take away de calidad, desde el marketing hasta la conservación de alimentos, pasando por un cursillo acelerado de cómo proteger tu integridad física en entornos multiculturales. No es preciso tener experiencia ya que se proporciona training de duración incierta pero se valorará especialmente a las candidatas solteras. No se necesita foto: preferimos hacerte el escaneado en persona. Estamos deseando conocerte e invitarte a cenar. No es broma”.

Lógicamente, no todas las empresas se pueden permitir un anuncio en The Guardian ni en el resto de periódicos nacionales, así que hay que comprar periódicos locales o publicaciones como el Loot donde los anuncios son gratis o más baratos. E investigar los sectores que te interesen, como en mi caso librerías, buscar el apartado de Careers en sus website, o buscar cadenas de cines, por ejemplo. Y por supuesto fijarte mucho en los carteles de los escaparates cuando vayas por la calle. Otro aspecto importante son las recruiting agencies, agencias de colocación. En Inglaterra hay muchísimas y tienen un volumen de contratación grande. Pero una recruiting no es necesariamente lo mismo que una ETT (empresa de trabajo temporal) española ya que sobre todo se dedican a trabajos cualificados y están muy especializadas. Las agencias grandes suelen tener una oferta amplia de trabajo e incluir una sección de “temporary job” (trabajo temporal) pero incluso éstas tienden a ponértelo difícil: en Adecco, por ejemplo, si quieres buscar trabajo de camarera o en un ramo concreto de retail (comercio minorista) sólo te aceptarán el CV si tienes experiencia en esos trabajos. Y Gumtree, el sitio australiano, también es una fuente de ofertas de trabajo pero un poco en el rango contrario a The Guardian: el diseño de la web es bastante malo, es bastante rígido para las búsquedas pero es un site muy útil, básicamente porque como poner anuncios es gratis tiene mucha demanda: yo encontré mi casa gracias a él y en él figuran un montón de anuncios de trabajos, intercambios y demás. Y también en Gumtree puse un par de anuncios de clases particulares de español. Un par de curiosidades, a pesar de su sencillez de diseño, los anuncios también tienden a que los empleadores se vendan un poco. La segunda curiosidad es que en la sección de part time jobs la mayoría de los anuncios, bajo distintos enunciados (algunos en plan “gana dinero jugando a la play station”), en realidad recogen ofertas de laboratorios farmacéuticos para probar nuevos productos. Hace unos meses hubo un gran escándalo porque determinadas pruebas con un medicamento (un nuevo inhibidor de la respuesta inmune, creo recordar) produjeron efectos secundarios severos e incluso la muerte de un par de voluntarios. El laboratorio en cuestión era americano, si no recuerdo mal, pero se suscitó el tema de si la normativa en UK es demasiado permisiva en estos ámbitos.
En Gumtree precisamente vi… (Continuará)

Mar
24
Oct '06

Empleado modelo

Hay una contrapartida a tal despliegue de seducción/persuasión: tú también tienes que venderte. Parecer tan maravilloso como se esfuerzan ellos en parecer. Lo que se valora mucho es ser “self starter”, tener un buen drive, que te gusten los retos, trabajar bien bajo presión y en equipo, saber priorizar y ser muy organizado, ser una persona que consigue sus objetivos y con frecuencia tener buen humor (mi compañero de piso boliviano, que viene de un contexto laboral alemán, comenta que los ingleses se parten de risa cuando algo de la empresa no funciona; a él eso le sorprende mucho). Por no mencionar ser PC literate (conocer o dominar determinados programas informáticos), multitarea, a people person (sociable), reliable (fiable) y con capacidad de adaptación. Ni que decir tiene que para entender los anuncios se necesita un inglés bastante bueno y dominar las siglas, cuestiones que le recuerdan al extranjero no anglófono su condición de intruso y añaden una valla más a su recorrido ya de por sí accidentado. En mi caso, alterné fases de desesperación (salpicada con diversos insultos hacia los habitantes de la Pérfida y sus costumbres; y reproches a mi propia formación) con periodos de consulta frenética de diccionario (abreviaturas y siglas, sobre todo) y con momentos de éxtasis imaginando el proceso mental de los publicistas que habían ideado anuncios tan sugerentes y visualizando una empresa que en lugar de ser una oficina aburrida fuera como un centro de alto rendimiento para atletas: la mejor comida, las mejores instalaciones, los mejores entrenadores, el mejor equipo, yo corriendo en cámara lenta en medio de una escena llena de luz (¿y la música de Carros de fuego? No, demasiado típico) hacia el ¿éxito? ¿Y eso qué es lo que es? ¿Vender kleenex a los que no tienen nariz? ¿Compresas a los hombres? ¿Pañales a las parejas sin hijos?

Cierto, la parte del éxtasis fue muy breve y quizá se produjera sólo a altas horas de la noche, cuando mi cerebro estaba poco oxigenado. Mi concepto de las cosas no va por ese lado. Pero en fin, reconozco que más allá del tufo ultracapitalista y calvinista (sólo el trabajo y el salario dan sentido a tu vida y te convierten en persona) de todo el enfoque de los trabajos en UK, ver cómo re-escriben aquí los trabajos y el despliegue de recursos retóricos que realizan para ello me resultó muy curioso.

Lo que sigue es cómo se anunciaría Pizza Pianeta al estilo inglés. (Continuará)

Lun
23
Oct '06

Empleo: la panacea moderna

Las empresas que buscan empleados en UK siempre dicen ser muy dinámicas, te proporcionan una oportunidad única para aprender y progresar en un entorno estimulante, son receptivas a tus aportaciones personales, te permiten intervenir activamente en el progreso de la sociedad y con frecuencia los salarios son negociables en función de la experiencia y del rendimiento. (En España la tendencia va también hacia ese lado, pero aún determinadas cosas se ven como exageradas, absurdas o ridículas, tanto desde el punto de vista del que emplea como del empleado. Ni uno ni otro se venden tanto, por ejemplo, y los puestos son más rígidos). Esta visión de los trabajos como la panacea contemporánea es particularmente visible en los anuncios de The Guardian: la tipografía, el diseño y la redacción de los anuncios son especialmente buenos y audaces, sobre todo en los sectores de Comunicación y Tecnologías de la Información. El cliente del anuncio es el candidato y las empresas se quieren vender bien, no tanto al mayor número de candidatos sino a los mejores. No reparan en gastos. Si uno tuviera tendencia a ser carne de secta pensaría haber encontrado su billete para el paraíso al ver que hay vacantes en una maravillosa multinacional que aparentemente fabrica productos de celulosa pero cuya misión en realidad consiste en “enjugar las lágrimas de los que sufren, pero también las lágrimas de alegría. Te acompañamos desde la cuna, con los pañales, en tu día a día con el papel higiénico y en la pubertad si eres mujer con tal y pascual”. Pero hay una contrapartida… (Continuará)

Dom
22
Oct '06

Recepcionista con idiomas

La segunda tanda fue más humilde: recepcionista con idiomas. Pensaba que alguien con experiencia en trabajos face to face y en entornos internacionales y que habla tres idiomas lo tendría fácil para conseguir trabajo en un hotel. No fue así: muchos de los anuncios pedían alguien con al menos un año de experiencia en el sector y dominio de programas informáticos ocultos en misteriosas siglas. O a lo mejor sencillamente la oferta se estaba haciendo esperar: en Londres hay bastante trabajo pero también bastantes candidatos, así que a veces es cuestión de paciencia y suerte (pero el ritmo de caída libre de los ahorros no incrementa tu paciencia precisamente). Intenté también la opción secretaria con español. Había concretamente un puesto para el que me consideraba muy cualificada: una empresa internacional especializada en temas de farmacia y salud en el ámbito europeo, que necesitaba un PA (Personal Assistant) con español. Mis largos años de botica y mi experiencia en entornos laborales internacionales tendrían que servirme para aquello. Me contestaron que estudiarían mi perfil, pero creo que están agotando convocatorias y que al final los tendré que suspender ;-)

El sector administrativo, secretariado y tal pide con mucha frecuencia dominar ciertos programas, muchas palabras por minuto (lo miden en palabras y no en pulsaciones), inglés perfecto, very good telephone manners, ser muy organizado, trabajar bien bajo presión y una serie de capacidades rimbombantes que probablemente ningún empleado contratado para el mismo puesto tenga o sea consciente de tener (probablemente pedirían más pasta, de saber lo maravillosos que son). Lo cierto es que tras varios meses de búsqueda de trabajo aquí tengo una idea bastante clara del sector laboral y de los negocios en Londres. Es muy curioso cómo también esto es cultural: En UK los empleadores se venden en sus anuncios. Sus empresas siempre son muy… (Continuará)

Sab
21
Oct '06

Al Borde de la expectativa

Es curioso cómo la vida nos revuelve las expectativas y los planes. Desde mayo he estado buscando trabajo en las cosas más variopintas: empecé con el listón alto. Mandé CV y cover letters (cartas de presentación) a diversas ofertas para revistas científicas, universitarias, una editorial infantil que necesitaba alguien que hablara español para asistente del Departamento de Ventas, una editorial de guías de viaje y una glossy revista mensual y local llamada “Living South”, de un papel cuché muy bueno y a cuatro colores (vamos, que de presupuesto iban bien). A los de la revista les mandé una propuesta de reportaje, con fotos y una carta bastante dinámica y bien pensada, creo, llena de sugerencias enfocadas a su público objetivo y plenty of humour. La directora me contestó un par de días después agradeciendo muy polite que hubiera compartido mi interesante trabajo con ellos, pero declarando con desolación que no estaban recibiendo colaboraciones so far. Sabía que mi apuesta por el mundo de las revistas y las editoriales era arriesgada, porque suponía trabajar básicamente con mi inglés, una herramienta que no rinde al 100% (probablemente nunca lo haga ni siquiera al 80%), pero en aquel momento en el que mis ahorros aún gozaban de buena salud quería intentarlo al menos. La segunda tanda… (Continuará)

Mie
18
Oct '06

No tan distintos

Sin embargo, este código no es tan diferente al tuyo, en realidad. La forma de socializar, salvo el acercamiento a las mujeres, es bastante parecida a la española. Charlan, ríen, se miran, se tocan (más que los españoles) y se interesan por la vida del recién llegado mucho más que el inglés medio, incluso demasiado, como hemos visto. Toman té a todas horas, en un vaso largo, con mucha azúcar y mojan pan en todo tipo de salsas y te ofrecen. Comen en el suelo como lo más normal (y el de la cocina de Pizza Pianeta no es de los de tomar sopas, me temo).
Además, has aprendido un par de cosas sobre el código
culinario subsección pizzería: cómo se trocean cuatro kilos de champiñones o cómo se preparan los “mixed pepper”: pimientos rojos, verdes y amarillos fritos en freidora, se abren por la mitad longitudinalmente, se les quita rabo y pepitas y se pelan con un cuchillo tipo Hannibal Lecter (la parte de piel que no sale rascando con el filo se corta, aunque en el empeño te lleves por delante parte de la carne; los pimientos quedan tersos como recién afeitados y es que en realidad no los pelan sino que los afeitan). Después se cortan en tiras estrechas y se almacenan en un tupper. Para cortar, en general, lo más importante –que me corrijan o complementen los que saben de cocina- es preparar el alimento a trocear de forma que tenga la base plana y que el cuchillo actúe en paralelo a las uñas de los dedos que sujetan (yemas hacia abajo, dedos en vertical). La base plana evita que el producto se mueva mientras lo cortas y al tener los dedos en paralelo al cuchillo es menos probable que te cortes, ya que el movimiento del cuchillo es hacia abajo. Con los champiñones lo mejor es cortarlos por la mitad primero y luego en pequeñas rodajitas, ya que son las que se usan en las pizzas. Los que tienen mucha práctica lo hacen muy rápido, taptaptaptaptap. Yo no tuve ocasión de desarrollar semejante destreza ni tampoco de cortarme, afortunadamente.

En un sitio en el que el menú ofrece 50 pizzas, es obligado hablar de ellas, porque son las reinas de la carta, de la pantalla de los pedidos y de la cocina.
Las pizzas de Pianeta son muy buenas. La masa está muy bien hecha, los ingredientes son bastante frescos y el horno es de leña. El supuesto jefe, que en realidad es el más veterano y el que más curra pero se lleva mal con el dueño que es el de la camisa fantasía (con cierto parecido a Almodóvar: cara redonda, pelo abundante y algo fosco, gafas, ojos redondos) que responde al nombre de Val y dice ser persa, que es el antiguo nombre de Irán. El jefe, que se define como iraní y se llama Ashkom y lleva diez años viviendo en Inglaterra y vivió antes en Alemania es marino tiene rango de tercer oficial, según me contó, y hermanos y hermanas por todo el mundo, es el encargado de preparar la masa con una máquina y de amasarla luego y lanzarla al aire. El de las pestañas largas se llama Mosud y también lanza al aire y cocina, y a veces reparte folletos e incluso lleva las pizzas en la moto. A este no le interesa saber si estoy casada o no, porque tiene novia, en la propia pizzería, se llama Alisha y es afrobritánica y debe de tener unos 19 años. No es sólo que no le interese mi estado marital (¿se dice así? I´m forgetting my Spanish; o a lo mejor nunca he sabido cómo se dice eso en español; en España basta con poner una cruz en la casilla de casada/soltera…) sino que parece que le molesto. Va a ser que estos tipos no tienen término medio con las tías.

Mar
17
Oct '06

¿Cómo dice, joven?

Parece que las tornas lingüísticas han cambiado y que ahora el viento sopla a tu favor. Estás frente a la pantalla del ordenador y Ashkom trata de explicarte cómo funciona el proceso de introducción de pedidos en el ordenador. El conoce el software, conoce el menú del restaurante y se supone que debería llevar la voz cantante, pero lo cierto es que habla poco, le sacas las explicaciones con sacacorchos. “Así que una vez que entro en esta pantalla…” estás diciendo para ver si se anima a continuar. Su laconismo no se debe a que su inglés no le dé para más: tras diez años aquí el suyo es un inglés eficaz, a pesar de su acento bastante cerrado y su no muy amplio vocabulario. Pero la cuestión fundamental es que se trata de una persona poco verbal. No es exactamente que hable poco: en las cosas que le motivan se extiende (su pasado como marino, su familia, la forma de hacer negocios en UK). Se explica mal. El tiene la información y el poder en este pequeño local pero yo muevo las cartas/palabras con más habilidad. No soy ni mucho menos la mejor speaker del mundo: simplemente, el lenguaje lleva años siendo algo central para mí y además supongo que como universitario estás predispuesto a creer que toda transmisión de conocimiento pasa por la palabra. A Ashkom le basta con que el lenguaje le permita obtener lo que necesita. El balance lingüístico tampoco queda aquí: pronto se restablece el equilibrio normal en este microclima de Oriente Medio: la mayor parte de las conversaciones tienen lugar en parsi –lo sé porque lo pregunto, no porque lo reconozca- y yo no entiendo ni una palabra. Al principio resulta molesto que tu desconocimiento de las claves te deje fuera, pero pronto aprendes a desconectar. No entender le libera a uno de fingir que escucha o de molestarse en escuchar.
Sin embargo… (Continuará)

Lun
16
Oct '06

La metamorfosis de Elsinora

Pasar del anonimato y el multiculturalismo a la anglosajona de las calles de Londres a un mundo pequeño, masculino y con las claves culturales de Oriente Medio implica cambios en varios aspectos. Tu figura, que resultaba más bien invisible y tirando a asexuada en las calles londinenses se lee aquí como la de una mujer muy rara y muy interesante en todos los sentidos. Rara pero al mismo tiempo familiar: tú también eres mediterránea de pelo negro y también extranjera en La Pérfida. Esa familiaridad te vuelve más rara: qué hace una mediterránea soltera en una pizzería llena de afganos solteros. Y además y por más que trates de moverte con soltura en este medio, algo en tus movimientos denota una cierta diferencia no sé si llamarlo de extracción social o de nivel económico: en tu estampa hay algo de pulpo en un garaje, pero quizá ellos lo interpreten como timidez, cosa que te volverá más femenina y apetecible a sus ojos, supongo.
Eres rara y además no dominas el código que reina aquí, pero quizá por algún mecanismo de compensación natural tu inglés ha mejorado al atravesar la puerta: El idioma que pronunciado cuatro metros más allá –al otro lado del escaparate de la pizzería- pasaría por aceptable o correcto, aquí se celebra como bilingüismo. No es sólo que ellos te lo digan, sino que tú lo sientes al comparar tu fluidez y tu acento con los suyos. Aunque en el año que llevas aquí hayas mejorado mucho desde los tiempos en que creías hablar como Chiquito de la Calzada –cosa que tu examen de inglés desmentía, por otra parte; pero los exámenes y la vida tienen baremos distintos-, tu inglés no se ha afinado ni estirado lo suficiente para convertirte en una intérprete de la ONU que es como ellos parecen verte, con tu aire vagamente internacional y vagamente estudioso. Contribuyen al malentendido las largas parrafadas que te echas con Ashkom: tus frases resultan perfectamente opacas para el oído de Shalim, el afgano de uno cincuenta empeñado en que es tu media naranja (en parte el malentendido es responsabilidad tuya, te dices recordando lo del “Are you married?”) y como esa opacidad va envuelta en algo que recuerda bastante al acento inglés, queda convencido de que hablas como la Reina Isabel.
Parece que las tornas lingüísticas han cambiado y que ahora el viento sopla a tu favor… (Continuará)

Dom
15
Oct '06

Lenguaje en Pizza Pianeta: interacción y poder

Mi paso por Pizza Pianeta se puede leer como una experiencia lingüística, con su parte de diálogo, de monólogo, incluso de Torre de Babel.

-¿Estás casada?- preguntaban aquellos afganos e iraníes cada dos minutos. Yo entendía ¿quién eres?, ¿a quién te pareces? ¿en qué categoría te puedo meter? O simplemente “sé cómo te llamas y de dónde eres. Lo siguiente que se me ocurre es si estás casada”. Y contestaba simplemente “no”, es decir, lo que a mí me parecía la verdad. Su insistencia en la pregunta y el hecho de que para hacerla tuvieran que pelearse con su escaso inglés me llevó pensar en un doble sentido. Cierto: mucho Master de Literatura Comparada y mucha ponencia sobre multiculturalismo pero como no me pongan un cartel no lo capto: “Mujer casada” en el código de Shalim o Ahmed no significa lo mismo que en el mío “alguien que vive en pareja y ha decidido casarse”, sino una mujer controlada y protegida por un hombre y gracias a eso respetable. Cada vez que yo decía “no estoy casada” ellos entendían “estoy sola, disponible y a merced de cualquier cosa”. Los que llevan años viviendo en Occidente como Ashkom contemplaban la conversación desde un punto equidistante: comprendían la dirección del discurso de unos y otra. A mí me costó captarlo y puede resultar extraño, porque no hace tantos años que en España la situación era parecida: pero en las últimas décadas las costumbres han cambiado mucho, sobre todo en las ciudades. La memoria social de la urbe es corta.

Si además de contestar que no estás casada cometes el tremendo error de ser cordial –en tus propios términos- con estos afganos o iraníes, estarás cavando tu propia tumba: el trato entre chico y chica que en España se considera simplemente de amabilidad y buen compañerismo en este contexto se interpreta como luz verde. Te lloverán los “qué guapa estás hoy” como si te hubieran visto alguna otra vez o tu jefe te propondrá que vayas con él a Hyde Park en su mañana libre (tu jefe tiene bastante morro, porque tras diez en años viviendo en Inglaterra sabe que las occidentales tenemos un código distinto; pero dirá que más vale intentarlo por si acaso). Declinas amable pero firmemente y te propones reencauzar el asunto en días sucesivos. Cuando quieras recoger velas ni se te ocurra intentar que te dejen en paz diciendo que estás cansada: en seguida se presentará algún voluntario para hacerte un masaje.
(Continuará)

Vie
13
Oct '06

Un poco de feedback

Un blog es algo participativo, así que intentaré introducir aquí algunos de los comentarios que me han llegado sobre él. A L. el blog y sus lectores le recuerda a Friends y Elsinora a la chef, Mónica, (en inglés pronuncian algo así como “Mánico”). No sé si me parezco o no –el tal personaje es un poco odioso por lo listilla, creo, aunque tiene un pelo estupendo- pero en todo caso el comentario me llega justo después de probar unos ‘coctail blinis’ con humus variados. Es todo comprado: calientas los miniblinis en el tostador, la sandwichera, el horno o el grill y luego simplemente mojas en los envases de humus del Sainsburys (con ‘roasted vegetables’ y ‘lemon & coriander’). Por la mañana tomé los enanos crepes a la rusa con margarina (en realidad margarina con aceite de oliva, una guarradita supuestamente medio ‘healthy’ que venden, con marca de resonancia italiana) y mermelada de fresa baja en azúcar (lo que significa que le ponen sorbitol: yo y mi manía de probarlo todo). Aquella mezcla no acababa de funcionar, el regusto salado del blini competía con lo dulzón de la mermelada. Pero estos de la tarde, hechos en la sandwichera y mojados en el humus, estaban muy buenos. Quiero probar espárragos a la plancha con humus, que parece combinación prometedora. Y probablemente el yogur griego (con o sin miel) también case bien con los blinis. Por otra parte, la asociación con Friends me hace gracia también porque últimamente los veo bastante y además ¡¡entiendo los chistes sin recurrir a los subtítulos en inglés!! Bueno, no siempre.
Otro amigo, JAR, me comentó hace días que le parecía que algunos post eran demasiado morosos: se demoraban en detalles no significativos. Necesitaban un ritmo más rápido, según él. Tenía razón, y además creo saber por qué caí en ese error: estás demasiado pegado a la realidad y te parece una especie de traición no trasladarla tal cual ésta fue. En mi caso quizá se agrava porque vengo del Periodismo. He tratado de remediar ese ritmo moroso quitando cosas no esenciales y centrándome en lo más importante. Pero eso me ha llevado a otro problema según Maniacs: ahora afino más, pero no sigo las melodías hasta el final. Detecto zonas significativas (él me señala párrafos que le parecen muy sugerentes, por ejemplo de “Blackheath: césped con gomina” ; la hoja atravesada por los nervios, los coches sobre la gravilla de juguete o incluso cuando digo “vivir una mentira peligrosa”) pero no me detengo lo bastante (¿por qué es peligrosa?). Según él –aunque la metáfora es mía- yo vendría a ser un músico de jazz que por fin empieza a hacer buenas improvisaciones pero que no explora todas las posibilidades de cada riff. Y supongo que puede tener razón, lo que ocurre es que un blog también puede ser una forma de tender redes no exhaustivas. De detectar cosas que quizá desarrolles hasta el final en otro registro o quizá no. En todo caso, agradezco la observación.
Tanto tanteo exploratorio y tanta improvisación preocupa a P.: no está segura de que lo misceláneo satisfaga a un potencial lector de blog (aunque ni P ni yo sabemos muy bien si a un blog se le puede pedir un estilo coherente o qué tipo de expectativas genera). Yo aduzco que la realidad es compleja, que un formato diario debería reflejar las variaciones que se producen a diario, pero como no sé si consigo convencerla, me pongo a pensar en los comentarios de A. que apuesta por el enfoque literario en sentido amplio de los últimos post, en los halagos de Parianea (muchos besos, ahora más que nunca), en las observaciones de la propia L. que me convierte en chef y en otros incondicionales a quienes les gusta mucho el blog tal cual es. No en vano son incondicionales.
¿Y tú qué opinas? Los comentarios son siempre bienvenidos.
(Si prefieres decírmelo por e-mail, anota: elsinora_london@yahoo.co.uk).

Mar
10
Oct '06

Ovejas estresadas y urracas parlanchinas

Decía que la trouppe Piezwsek con el añadido de Mihal-necesito-Internet habló mucho en la cocina, cocinó cosas que olían a comida casera internacional y que incrementaron mi hambre y luego lo dejó todo bastante recogido, pero que eso lo descubriría después cuando ya no pude retrasar más mi cena (quería dejarles cenar a ellos tranquilos porque aparte de que nos íbamos a estorbar unos a otros, me resulta muy incómodo interactuar sin la ayuda de un idioma común). Cuando mi estómago no podía más, entré en la cocina y encontré a Christinne, mi flatmate neozelandesa, hablando muy acaramelada con Gebin (creo que se escribe así), su novio. Hablaban y hablaban. Ese era el problema. Larguísimas conversaciones por parte de los dos. El acento de él es bonito (es de Liverpool; no sé si es por eso o a pesar de eso), pero son unos plastas. “Fui a una grammar school como mi padre y honestamente aquello…” -explicaba él- “y debo añadir que a mí me admitieron básicamente porque mi padre había estudiado allí y considerando que tatatá”. Esto salteado con los hummm de ella –no soporto los hummm ni los ajá; y aquí son muy frecuentes; los de Christinne son muy guturales y supongo que es eso lo que me molesta: acaba teniendo un cierto toque de graznido animal, más que de expresión humana-. Pero cuando las largas charlas procedían de ella, él profería una tasa equivalente de hummms por minuto. Un horror. O será que estoy volviéndome rara por pasar tanto tiempo sola.
El caso es que estas urracas parlanchinas sin chispa hacen buena pareja y parecen tener futuro: él está buscando trabajo en Nueva Zelanda con idea de irse a vivir allí con ella (ella regresa a su país dentro de un mes). Me alegro mucho por los dos, porque salvo lo de los largos speeches son muy majos. Es fácil imaginárselos dentro de unos meses, muy acaramelados y aburriendo a las ovejas de las antípodas. Ella: Huuumm. El: Ajá. Ovejas: Beeee, que se los lleven, beeee, ¡socorro! Y entre tanto los veterinarios locales perplejos ante el aumento inesperado de la tasa de estrés de los óvidos locales. Qué cosa más rara -dirán mirando los gráficos- hummm. Muy raro, ajá. Mi no entender. Mi tampoco. Pues eso. Pues sí. Pues no. El efecto “urracas parlanchinas” es contagioso. ¡Socorro!
Para ver y oir un capítulo de “Las urracas parlanchinas” en español pincha aquí.

Lun
9
Oct '06

Aventuras y capitulaciones de los Pavlowski en Londinum

No contentos con el alto rendimiento de nuestra pequeña finca, que da para desayuno, comida y cena de familia y allegados y charla animada en cocina y pasillo e Internet, y compra de billetes de avión para el hermano a media noche, y Skype para éste y el otro y demás, y Elsinora tú no sabrás cómo ir a tal sitio, ni cuánto cuesta tal abono, y cuando yo no esté en Londres que se quede H en mi cuarto y demás, si no os importa, he aquí que el sector minifundista polaco capituló fugazmente pero así y todo quiso seguir considerándose dueño de la posición. La capitulación consistió en aventurarse a visitar el Londres extramuros por unas horas. Pero pensaron que levantar el campamento de mi cocina un viernes por la tarde no era necesariamente incompatible con las expansiones internáuticas de H. Debe de haber sido recomendación del médico o así: en Londres, pase lo que pase, que H se conecte tres horas al día. Así que cuando yo, que me distraigo con facilidad, estaba empezando a recuperarme por fin de tanta interrupción (mi habitación está pegada a la puerta de la calle, así que: llamadas al timbre, pasos que entran y se van, el tintineo de las llaves del padre que lleva colgadas del cinturón porque, claro, tiene que tener las llaves de su casa polaca a mano, conversaciones de las que no entiendo nada, pero lo bastante audibles para distraerte, etc) y había avanzado algo en mi curso de inglés de los negocios , B -que no Avon- llamó a mi puerta. Quería saber si iba a estar en casa esa tarde, ya que H. necesitaba Internet pero él se iba con sus padres a conocer cómo es Londres al otro lado de nuestra cocina. Me maravilló lo convencido que estaba de que podía tirar indefinidamente de los recursos de nuestra casa por más que eso supusiera tirar al mismo tiempo de la cuerda de mi paciencia. A dicha cuerda le faltaba poco para alcanzar su límite, by the way. Ahora, además de documentarme sobre el inglés para estudiantes españoles, el español para estudiantes ingleses, la influencia de La odisea en El Ulises de Joyce y la mar y los peces, tenía que organizarme para estar en casa cuando al chaval le apeteciera echarse unas parrafaditas gratis desde el portátil de su amigo, en ausencia de éste. Le contesté que tenía que ir al centro a comprar un libro (era el Ulises de Joyce, in English, of course), pero que no sabía exactamente cuándo porque estaba trabajando en otra cosa (omití que esa otra cosa eran sublimaciones en inglés comercial de mis ganas de matarle a él y a su tropa: “you are fired”/ “estais despedidos”; “you are not allowed to stay”/ “prohibido quedarse” ,“go out” y algunas expresiones de inglés coloquial que empiezan por “f” y que omito). B. dijo que OK, aunque no parecía muy convencido, rumiando probablemente que los traumas de H. por no usar Internet durante tres horas hoy caerían sobre mi conciencia.
Lo único que volví a saber de la trouppe de explotación intensiva es que madre, padre, hijo carnal e hijo adoptivo (H-Necesito-Internet) volvieron a esta nuestra comunidad a las 9 de la noche o así. Hablaron mucho en la cocina, cocinaron algo y luego lo dejaron todo bastante recogido, pero eso lo descubriría después…
Continuará

Dom
8
Oct '06

El minifundio según los paisanos de Copérnico

Torun es una ciudad del norte de Polonia, conocida porque allí nacieron el célebre astrónomo Copérnico y los famosos Piezeswki, la familia de mi flatmate Jakob, pioneros de una nueva aplicación del minifundio al ámbito urbano.

Los padres de Jakob, Magda y Janus, han venido a Inglaterra por unos días. Parte de estos los han pasado con su hijo mayor en Southampton (a unas 2 horas y media de la capital) y el resto con Jakob, en Londres. En nuestra cocina, mejor dicho. Magda y Janus son muy majos, pero quizá por una nostalgia mal entendida o quizá por amor filial de Jakob –o quizá simplemente porque arden en deseos de lanzarse al capitalismo tras tantos años sin acceso a los medios de producción- explotan intensivamente los recursos de nuestra casa. Y no sólo ellos. A esta escuela de pensamiento también pertenecen los dos amigos larguiruchos, el informático y el otro que parece un famélico cantante de rock (piel y rasgos pálidos, coleta de pelo liso castaño, un cierto aire de persona insana o ‘infraalimentada’ a pesar de sus dos metros de altura). Estos dos, gracias a Dios, y gracias a que sólo disfrutan de un puesto intermedio en el ranking del top ten de los okupas de la banda de Jakob (donde esté una madre, que se quiten los amigos larguiruchos ;-) )) se han ido con la música a otra parte estos días, ocupando así un segundo plano en mi paisaje doméstico.
Y también está el inefable Mihal, a quien tengo cariño y a quien trato de ayudar lo más posible porque su vida aquí -Englishless y jobless, por así decir- debe ser muy dura (y de quien he sabido que estuvo trabajando dos semanas y en vista de que no le pagaban se fue), cariño y protección que está poniendo a prueba por su omnipresencia en la casa. La obsesión de Mihal es Internet, navegar y hablar por el Skype. Tiene larguísimas conversaciones, con frecuencia desde la cocina, porque el wireless últimamente no va bien (ponga un informático a solucionar sus problemas y verá qué rápido los problemas ocasionales se vuelven periódicos; véase Polacos de Polonia ), con lo cual me ves a mí tratando de cocinar lo más rápido posible para no molestarle pero también porque él me molesta (en todo movimiento hacia la nevera o hacia los cacharros debo evitarle o rodearle) y el tipo ahí sentado raja que te rajarás, media hora, una hora, una hora y media sin parar, con sus cascos y su micrófono de telefonista (es cierto que hace ademán de apartarse cuando me acerco) y sus eses eternas (sambsonska svonssska piessvonsky esvonsky, por ejemplo). Algo genético empuja a los polacos al largo aliento, porque Jakob cuando se pone también es de temer. Por otra parte, Mihal viene a casa a diario, con o sin Jakob. Si éste no está, te puedes imaginar quién le abre la puerta, aunque en ese momento esté disfrutando de un fantástico baño.
No contentos con… (Continuará)

Sab
7
Oct '06

Satán regresa y trae la cordura

Satán ha vuelto. Él, o uno muy parecido. Juraría que el pelaje de éste era más oscuro, pero quizá sólo sea efecto de la luz. Había sido un día un poco estéril: leyendo para encontrar ideas aplicables para un curso de inglés para Business, esperando una llamada que no llegó, posponiendo pasar la aspiradora por mi cuarto porque eso supondría ordenar previamente los libros y periódicos en inglés y en español que pueblan el suelo de madera. Estaba trasteando en la cocina pero volví al cuarto para algo. Ahí estaba el ratón, repitiendo exactamente el recorrido que había hecho meses atrás: desde la zona del sofá a la base de la cómoda. Ahí se refugiaba. En su escondite, esta vez, en lugar de haber oscuridad y aire como cuando el cuarto era living estaban mis títulos académicos. No me hacía ninguna gracia contemplar la posibilidad de que el ratón se quedara a vivir encima de “El Rector de la Universidad Complutense…”. Ni siquiera que arrastrara por encima de la carpeta de los títulos su asqueroso cuerpecillo una sola vez. Era una situación psicoanalítica: imaginar a un ratón de campo inglés comiéndose mis años de estudio a no sé cuántos kilómetros de casa.

Al rato estoy aquí, descalza, sentada en el sofá escribiendo esto sin ningún miedo al ratón. ¿Qué ha pasado en el ínterim? Ha llegado la cordura, o la razón: además de comprar un repelente a base de ultrasonidos, lo cual además de descargar tu conciencia pensando que has hecho algo por remediar la situación y el alivio extra que proporciona pagar, ha significado inscribirse en la normalidad de todos los que compran repelentes de ratas y ratones -que parece que en esta zona campestre son muchos- y después de limpiar la cocina ‘thoroughly’ y pasar la aspiradora incluso detrás del sofá, he revisado la habitación en vista de posibles huecos, armada con mi lamparilla de lectura de viaje.
He localizado el hueco: detrás de la cómoda ominosa, uno de los listones del suelo no llegaba hasta la pared, sino que dejaba un margen suficiente para que pasara la cabeza de un ratón. La zona parecía despejada de roedores, por lo demás. No entiendo de estas cosas, pero se me ha ocurrido que lo ideal sería tapar el hueco con yeso. No encontré ‘plaster’ por ninguna parte, así que se me ocurrió que temporalmente pondría un listón de madera atravesado, idea que B. celebró mucho (“you are clever!”, dijo con admiración; lo inesperado del “¡qué lista!” le dio mayor relieve al cumplido) y perfeccionó pidiéndome un objeto pesado para poner encima del listón. Le di un sujetalibros con forma de hombre. Y ahí estaba B. estirándose para colocar aquello, cosa complicada porque la cómoda en cuestión tiene la televisión panorámica encima y pesa mucho. Días después vi que mis títulos estaban intactos, protegidos frente a los animales y la humedad por su doble funda transparente. Y es que basta con observar un poco y tomar un par de medidas lógicas para pasar por ‘clever’. Ya lo dijo B. A ver si es que he empezado a entender lo que pasa en la Pérfida y en el mundo mundial (como dice Manolito Gafotas). Quizá deba pensar un nuevo nombre para el blog. ¿Tú qué opinas?

Vie
6
Oct '06

Polacos de Polonia

Mi compañero de piso polaco volvió el sábado de Polonia, cosa muy propia. Durante las dos semanas que estuvo fuera, ocupó su cuarto un amigo suyo que habla un inglés peor que del polaco original, Jakob. Nos había pedido permiso para ello a los flatmates y a la casera (para que su amigo usara su cuarto, no para que hablase peor inglés ;-) ))). Al regresar ahora, han venido también dos amigos más, polacos de la misma Polonia, que vienen mucho por casa. Son todos altos, igual que B. y el polaco dos, y misteriosos porque hablan casi todo el rato en polaco (su inglés es pobre) y se ríen ruidosamente y con mucha frecuencia, como corresponde a los veintitantos años que tienen. No sé qué tiene la risa de otros idiomas que asusta. Lo curioso es que al volver, el inglés de B. me pareció muy bueno, por contraste, y que el inglés del polaco 2 (de nombre H.), con eso de que lleva en casa dos semanas, aunque es bastante limitado, ha ganado en eficacia. Los idiomas son básicamente estadística, así que a mayor exposición a posibles mensajes mayor probabilidad de entenderlos y contestar correctamente. Dicho con más claridad: H. se imagina lo que le puedo decir porque ha hablado más veces conmigo y con otras personas en situaciones parecidas en Londres y yo me imagino qué significan sus monosílabos, o sus gestos o su extraña pronunciación porque le voy conociendo y porque me centro en lo que es probable que me diga y no en todo lo que podría decir. Al anticipar lo que es más probable oír, ahorramos a nuestro filtro mental un montón de operaciones (es la misma lógica que en las páginas más visitadas en la red o programas más usados del escritorio, o los teclados predictivos de los móviles, que a su vez se basan en las redes de neuronas que más se usan). De este modo el proceso de reconocimiento gana en eficacia y fiabilidad. O sea que entender es haber entendido en el pasado y para ello lo fundamental es haber oído.
En este momento en que escribo (8 de la noche) acaban de entrar en casa los dos polacos nuevos. Uno se llama Mathias y es ingeniero informático. El nombre del otro no lo recuerdo, aunque B. me los presentó muy formal, con las palabras adecuadas (“Elsinora, I want to introduce…”) y no de forma esquemática y un poco a lo Tarzán de otras veces, forma que yo misma utilizaba al principio con F, mi casera. B, de repente, se arranca con fórmulas complicadas que conoce bien o te deja una nota bastante bien escrita, con sus condicionales bien puestos y un vocabulario variado, aunque otras veces te pone cuarto y mitad de faltas de ortografía. No me extraña, porque ya sólo saltar de su alfabeto al latino debe ser difícil. De todas formas también se nota que estudia inglés y trata de practicar: no es sólo que de vez en cuando le vea con su diccionario sino que su vocabulario aumenta. Su idea es quedarse en Inglaterra unos tres años más. Antes de Londres, estuvo viviendo en Irlanda. La cuestión es que hace un rato llegó el polaco 2, H, con su aire de Wally el de “Encontrar a Wally” y sus ojos despistados tras las gafas. H ha venido a Londres para quedarse, su mujer está aún en Polonia pero vendrá en cuanto él se haya instalado convenientemente, cosa que parece ir para largo, porque está teniendo dificultades para encontrar trabajo.
Por un lado mola tener vidilla y tanto hombretón joven cerca, pero por otro mi compañero de piso y sus tres amigos han okupado la cocina (en la “tiny room” de B, que fue la mía, no caben los cuatro; menos siendo tan altos) y yo tendré que cenar en algún momento.
La inmigración polaca es una de las más numerosas en UK. Para saber más sobre la vida de los compatriotas de B. en la Pérfida pincha aquí.

Jue
5
Oct '06

El jardín inglés, mayormente

El buzoneo no sólo es un deporte de riesgo, sino que, además, cuando encuentra temperamentos proclives acentúa las dotes de observación y análisis del sujeto. Un par de días más en esto y haré una comparativa sobre los jardines más comunes en South East London, con un apartado especial sobre la enorme proporción de estos en la que los árboles, arbustos y plantas crecen libremente en medio del camino hacia la puerta obligando a los visitantes y a los inquilinos a realizar movimientos de contorsionista para poder llegar hasta ella (¡maldito jardín inglés! ¡Donde esté un cartesiano seto francés bien recortado que no molesta nada, nada! O un jardín español vulgaris: rama que crece fuera de sitio, se corta y punto). O si no, sobre la media de escalones de las entradas, porcentaje que no se consideraría apto para minusválidos ni para carteros comerciales, nada ‘postman friendly’, la verdad. (¿Dónde están los médicos del trabajo del Royal Mail? ¿A qué se dedican? ¿Por qué nadie investiga los problemas de menisco de los carteros y su relación con el urbanismo londinense?). O una nueva forma de enfocar las construcciones victorianas y georgianas, llamando a las cosas por su nombre: es desesperante cuando te encuentras que toda la manzana está formada por casas cuya entrada tiene ocho o diez empinadísimos escalones de altura desigual y cimentación dudosa: te chupas los ocho o diez cada vez, arriba y abajo y luego otros ocho o diez arriba y abajo, sorteando los cascotes y tratando de no doblarte el tobillo como consecuencia de la distinta altura ¡Quién pillara un bloque! O una pasarela entre casas para ahorrarte las escaleras cada vez. Pero claro, los inquilinos de la ‘terrace’, con sus casas tan iguales, quieren preservar su escasa individualidad a toda costa, así que se aseguran de que la valla entre las casas idénticas sea infranqueable y hete aquí que el cartero comercial –afgano, iraní, chino o española como en este caso- paga las consecuencias de semejante ego. Supongo que nuestras tonificadas piernas lo agradecerán algún día. De momento sólo duelen.
Las dos viejas molestas se limitaron a rechazar amablemente los folletos y yo muy amablemente me fui. De momento no ha habido que avisar a la embajada, ya que no había amigos de las petunias por la zona.

Mie
4
Oct '06

El peor enemigo de los carteros

Estábamos con la escena ‘cartero comercial versus perro rabioso’. Imaginad: una puerta con su ranura horizontal a media altura. La parte de arriba es de cristal esmerilado, lo que garantiza en un 90% que va a haber una cortina, probablemente con puntillitas, puntillitas que se enredan con el folleto, la carta de amor o del juzgado, o lo que se quiera introducir por semejante orificio. No hace falta que tenga puntillas: la cortina más lisa del mundo también se resistirá al paso de tu folleto, o de tu soneto, por pura física: es una pared vertical que opone resistencia, si bien afortunadamente es un cuerpo elástico. Pero antes de luchar con la cortina tienes que luchar con la famosa pinza. En este caso, además, hay una especie de grapa sobresaliendo del marco metálico del buzón, que tú no ves hasta que es demasiado tarde. Te clavas la grapa, porque no hay forma humana de presionar la pinza sin meter la mano hasta dentro. Metes el folleto, te clavas la grapa, observas con alivio que no está oxidada y justo en ese instante suena un ladrido como a medio centímetro de ti, vibra la cortina con sus puntillitas, vibra el marco de metal, vibras tú como si fueras una campana y te imaginas que estás siendo mordida por el dichoso perro sólo porque todo ha sido casi simultáneo: el folleto, la cortina, la grapa, y el perro. Qué digo perro, la fiera salvaje que sigue ladrando salvajemente aunque tú ya hayas doblado la esquina.

Mar
3
Oct '06

De manías y selvas

Volvamos a la metodología. Estábamos con los buzones verticales no anunciados. Y decía que yo me preparo un par de folletos doblados en previsión de las “letterbox” que se puedan presentar en este formato. Aquí hay que señalar algo importante: si eres diestro, el taco lo debes sostener con la izquierda, para dejarte la derecha libre para lidiar con la pinza del buzón, que esa es otra: muchos buzones tienen una pinza interna o un tope metálico que tienes que presionar para meter el folleto. Como el proceso se va a repetir mucho hay que buscar la máxima eficacia y rapidez: o sea tener libre la derecha para luchar contra los elementos. Si el repartidor es pelín maniático como una servidora y especialmente si reparte de modo ocasional, intentará doblar el folleto con la portada hacia fuera (como mandan los cánones de la prensa escrita) consciente de que de poco serviría que el diseño de portada sea bueno si el folleto doblado muestra la mitad de la parte de atrás. Y si además de esto, al buzoneador le falta un tornillo o frecuenta los mundos de Tarta de Fresa o de dibujos animados de ese tipo, se preguntará por qué tarda más que su compañero en repartir los folletos –y me temo que servidora vuelve a estar incluida en este supuesto ;-) ))-, por más que haya comprobado que su compañero no se molesta en asegurarse de que los folletos atraviesan el buzón, a pesar de haber sido instruído sobre que debe hacerlo para evitar que cuando llegue la competencia saque tu folleto medio metido, lo tire a la calle y meta el suyo. Esto es una selva, por más campestre que sea el entorno. Hasta la fecha, sin embargo, no he tirado nunca al suelo folleto alguno que colgara del buzón para meter los míos: tan empinadas son las escaleras para mí como para los repartidores de la competencia. Supongo que si les viera hacerlo a ellos mi actitud cambiaría.

Lun
2
Oct '06

El club de los amigos de las petunias

El primer día estuve tentada a no hacer ni caso y meter mi folleto, pero pensé que dada la tendencia de los ingleses a reclamar y dado lo visible del teléfono en el folleto, la probabilidad de que un inglés airado llamara a Pizza Pianeta para quejarse era alta: “¿Cómo se atreve él o ella? ¿Ella o él no sabe leer? ¿No vio el cartel? ¡¡Es completamente inadmisible!! Pertenezco al club de amigos de las petunias y le advierto que como ustedes no declinen su insultante actitud respecto a los así llamados ‘folletos’ –le ha temblado un poco la voz al decir “leaflets”, su alma puritana se ha estremecido un poco al concebir semejante aberración de la sociedad moderna, buscar el beneficio a costa de los derechos individuales, esquilmar los árboles de la Amazonia, el agujero de la capa de ozono, la acidez que produce el tomate de las pizzas en estómagos sensibles por no mencionar el repugnante ajo, estos italianos no saben cocinar sin ajo y demás- haré saber a todos los socios lo que ustedes están haciendo en Pizza Pianeta. Por otra parte, le advierto que el número de socios amigos de las petunias asciende a una cifra nada despreciable y que algunos ocupan un puesto elevado en la sociedad. Una vez dicho esto, gracias por escuchar mi reclamación. Ha sido usted muy amable. Que tenga un buen día”. Y que pronto se sabría a quién correspondía esa zona y me echarían la bronca (asesina de las petunias, “how did you dare? How could you possibly have done such a terrible crime!”) porque claro, al que cogió el teléfono su inglés apenas le daría para entender que alguien había echado folletos donde no debía y que la señora en cuestión parecía enfadada. Además del riesgo de la amonestación me movía un ápice de ética profesional o de pura empatía: entiendo que la publicidad satura y que la gente está en su derecho de que no le den la plasta con el tema.
En España la cosa hubiera sido distinta. Nosotros nos cabreamos pero no solemos protestar formalmente: nos gusta más despotricar en caliente frente al compañero de cola del ambulatorio o del Cajamadrid abarrotado, que ni tiene culpa de nada el pobre ni puede hacer nada por ayudarnos, antes que tomarnos la molestia de llamar por teléfono al departamento correspondiente o escribir una carta. Pero a los ingleses les gusta reclamar formalmente. No sé si es por su larga tradición parlamentaria o porque evitan los enfrentamientos directos o porque creen firmemente en la palabra escrita. Sea como fuere, viendo la profusión de carteles prohibiendo la publicidad (algunos de ellos apenas legibles al estar la tinta borrada por el sol) no dejaba de preguntarme qué pensaría Shalim de tanta nota, él que apenas entiende el nombre de las calles. Shalim es un compañero afgano que reparte más rápido que yo sólo porque es un desaprensivo que no introduce los folletos hasta dentro, dejándolos a merced de la malvada competencia. Desaprensivo pero buena gente: como terminó antes que yo e íbamos repartiendo a la par (yo los pares y él los impares, por ejemplo) cogió parte de mis últimos folletos, tres o cuatro y los repartió él. A su poco escrupuloso modo, eso sí. En realidad su compañerismo no era tal sino un paso más dentro de su estrategia de conquista: Shalim es el mayor abonado al “¿Estás casada?”, y también es el que se ofreció a darme un masaje y el que me compró una Fanta Twist en medio del reparto. Es bajito, tiene 25 años y habla muy poco inglés. Pero aún así se considera mi media naranja.
(Continuará)

Dom
1
Oct '06

La prohibición

No hay nada que indique si los siguientes buzones serán horizontales o verticales o, aún peor, si después de encaramarte a las escaleras y alcanzar el codiciado buzón aparecerá de repente la ominosa pegatina de “No junk mail” (un tanto ofensiva e inexacta: mis folletos no son basura ni las pizzas de la pizzería tampoco, pero en fin, capto la idea de “correo no deseado”) o sus múltiples variantes manuscritas: “No circulars”. “No advirtising of any kind”. “No leaflets”. “No pizza menus”. ¡Cuánto inglés se aprende con estas cosas! Tras la prohibición, ciertas notas añaden algún “thank you” o algún “please” o cierto comentario sobre que hay que reciclar el papel o no consumir tanta celulosa, aunque sus cartelitos puntillosos no utilicen papel reciclado. Sea como fuere, la advertencia molesta porque tú tienes que colocar 400 folletos en 2 ó 3 horas en una zona de casas de un piso o dos y amplios jardines, lo que significa ganarte a pulso cada buzón mientras el reloj avanza y cuando llegas y ves que el tal buzón te está vedado se te llevan los demonios. El primer día estuve tentada a … (Continuará)