Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Sab
29
Abr '06

Todos somos raros

En aquella universidad había gente de todo tipo, altos, bajos, negros, blancos, esquimales, pakistaníes, vestidos de saldo de mercadillo, vestidos de mercadillo por su peor enemigo, por un daltónico, por el dueño del armario de los Roper, por alguien con problemas para distinguir las tallas o para saber que la ropa en invierno debe abrigar… Personas peinadas por un jardinero, con sus plantas trepadoras cayendo de la frente, derramándose por la barbilla, adultas que parecían niñas (pitufas, en realidad), niñas que parecían niñas tratando de parecer adultas. Chicos que parecían chicas, asiáticos que parecían seres a punto de disolverse según caminaban y -esto sólo lo supongo- una tipa alta y grande, algo sosa en colorido, textura y actitud corporal y bastante impertinente, mirándolo todo sin parar. Pero en fin, en medio de aquella gente tan extraña, yo, persona también extraña, empecé a tomar conciencia de que estamos en la era de Acuario. Es decir: ¡es precisamente eso! Todos somos raros. No hay algo que esté bien: vestir blusa y pantalón combinando los colores y en una talla razonablemente parecida a tu tamaño, zapatos de la estación, bien hechos, y de tu talla, con la forma del puente bien hecha y sus tacones. Estudiar en la universidad con veintialgo o treinta y algo. Todos somos raros, sólo que algunos tenemos una rareza, ¿cómo decirlo?, más estándar, lo que significa más extendida en el lugar del que provenimos, ni más ni menos.

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Este post va a la salud de Maica, con todo el cariño y las buenas vibraciones.

Lun
3
Abr '06

La segunda vez

La segunda vez fue completamente distinta a la primera. Disfruté más la experiencia. El lugar no era cutre –y no penséis mal, que os veo venir- sino chispeante: había mucha gente y se notaba una cierta efervescencia. He visto paredes más limpias y lámparas menos rotas, pero tampoco importa demasiado.
Pero empecemos por el principio. Cómo llegar a la universidad. Pues de eso estoy hablando, ¿de qué si no? Había estado en verano y aquello me había parecido tan roto y costroso como el edificio de la serie “Fama”, pero sin alumnos talentosos. Sin alumnos de ningún tipo, en realidad.
Lo peor de ir por la vida como el guiri despistado es cuando no lo eres: te sorprende haberlo hecho bien a la primera, y no te fías. Miras los carteles y el plano y todo está bien. No sales de tu asombro. Pero el espejismo dura poco: en el siguiente cambio te equivocas, o tardas en entender el mensaje de megafonía que te insta a bajar del tren porque no sé que incidencia se ha desatado de repente, a pesar de que los carteles juran y perjuran que “this line is operating a good service this morning”. Una de las veces juro que dijeron o creí entender que perdonáramos las molestias pero que un desaprensivo se había tirado a la vía, que no era culpa del personal del metropolitano sino de ese “selfish act”, insistía mucho en lo del egoísmo. Le faltó decir que se lo dejaba todo perdido de sangre, el “pedaso” de guarro egoísta. Si va a resultar que los de megafonía del metro de Londres son todos fans de Gila. O que están locos, estos britannos.

Salvada la espera y demás, en el trasbordo a la East London me toca esperar un buen rato junto a un pakistaní con un maletín (llevo aquí ya unos días: las maletas y las mochilas no me impresionan demasiado ya) del que saca una bolsa de patatas o algo semejante con un insoportable olor a vinagre revenido (y juraría que también a ajo); es algo muy común aquí, comen a todas horas, en todas partes, mayormente cosas malolientes. No es culpa suya, quiero decir, es comprensible: la comida buena es muy cara y difícil de encontrar. Pero, en fin, revuelve un poco el estómago.

Dom
2
Abr '06

Londres, supongo

Si es domingo veintitantos de septiembre esto será… Londres, I guess. Supongo que estoy en ese momento intermedio en el que aún no estoy realmente aquí pero en el que sin embargo ya he traspasado irremediablemente la frontera del turista. Los turistas sí llevan dos maletas (algunos) como yo el miércoles tarde, maletas que los hacen muy visibles (sobre todo si una es roja y si ambas llevan ruedas y su conductora no tiene carnet pero es experta en poner cara de velocidad y lleva unos carteles de Materia peligrosa tatuados en la frente… es lógico que los agentes de la ley camuflados de lugareños amables intervengan), y mueven a los ingleses a la compasión, te ayudan, te dan conversación (¿) pero no alquilan pisos como haré cuando mis pesquisas me permitan hacerlo, probablemente en un lugar indeterminado entre New Cross Gate y London Bridge, sin olvidarse de Canary Wharf o Greenwich (léase Grínich o Grénich), a pesar de las miles de trampas que me tienden, siglas demoniacas PPW (pounds per week), PCM (pounds calendar month), zonas 2 que se convierten en zonas 3 (lagarto lagarto, que al abono pasa de costarme un riñón –veintemil pelas del ala, no bromeo- a costarme los dos), cerca del DLR o del BR (respectivamente Docklands Light Railway, tren ligero de los muelles y British Rail, el tren) por no hablar del desfase de la conversión a euros, abstenerse los DSS o DDS, que acabó siendo algo sobre Disable People or whatever y yo disable no estoy aunque tampoco me siento muy entera, semiskimmed quizá, no muy entera pero mejorando, marejadilla a fuerte marejada, tendiendo a algo que no sé qué es pero que espero que sea mejor, más completo, más adaptado. De momento sólo se puede garantizar un cierto nivel en el dominio del Spanglish as you can see. Un horror lingüístico, pero es lo que hay por ahora. Y que está haciendo buen tiempo por aquí. Solecito estupendo.