Archivo de la Categoría “Televisión”


El otro día os contaba sobre el superpoder de mi madre para dar nombres alternativos a fenómenos como Twitter. La cosa no queda ahí porque tiene en su haber otros bautismos más claros en su intención: el “Gran Hermano” de Mercedes Milá se llamaba muy oportunamente “La casita de la bruja”; el programa de cine de José Luis Garci (llamado “¡Qué grande es el cine!”) recibía el nombre de “Los magistrales”, dado que el 90% del tiempo lo dedicaban los contertulios a declarar que tal escena era “magistral, magistral” o lo magistrales que eran las piernas de Cyd Charisse y Tómbola era por supuesto “Los maleducados”. Lamentablemente ahora creo que pocos programas se libran de pertenecer a la categoría “maleducados”, cuando no ingresan directamente en la categoría “juzgado de guardia”.
Pero en fin…

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Se acaban ya las vacaciones de Semana Santa para muchos españoles (aunque otros tienen también el lunes) y yo no sé vosotros, pero para mí estos cuatro días de tormentas, cielos encapotados y redes encapotadas, más que unas verdaderas vacaciones han sido un malentendido.

Me explico. Un@ tenía entendido que Semana Santa casaba bien con playa, procesiones o con los viajes al extranjero. Pero la lluvia ha borrado el plan de playa y de procesión para miles de personas. Las nubes grises nos han acompañado desde el miércoles hasta hoy, en diverso grado de grisura y carácter plomizo. Y hablando de plomo se me viene a la memoria la imagen de la copa del Rey cayendo a plomo de las manos de Ramos desde lo alto del autobús camino de la Cibeles para ir a para justo a las ruedas del autobús.

La Copa del Rey “en manos” de Sergio Ramos.

Debió de ser un malentendido general (o trampantojo en este caso) porque según explicó el propio Ramos en su Twitter no es que él soltara la copa, sino que al ver tanto madridista junto la copa saltó de júbilo (cita exacta: “Buenos Días a todos amigos…!!!Lo de la copa fue un mal entendido, no se cayó…salto ella cuando llegó a Cibeles y vio tantos madridistas…”; aquí la reacción de usuarios de Twitter ).

Por otra parte, si en Semana Santa te quedas en tu ciudad y llueve, un@ tiende a pensar que una alternativa apetecible es quedarte leyendo libros o en Internet. Pero aquí el malentendido continúa y adquiere incluso tintes surrealistas.

Resulta que according to Twitter (y concretamente a Enrique Dans),  “la nube”, esa super puntera red de superservidores mundiales  estratégicamente deslocalizados que dan soporte a Amazon y demás han sucumbido a un evento no previsto de back-up masivos que ha hecho caer la Red. Así que quienes hemos aprovechado estos días para bucear en la Red a través del Iphone o de la WiFi nos hemos topado con una conexión a pedales en el mejor de los casos (y con ninguna conexión en absoluto a ratos). Pensábamos que era cosa del tiempo, pero era cosa de “la nube”.

Al parecer todo podría deberse a una explosión solar, pero en esta época de malentendidos lo más seguro es que no se sabe.

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El nuevo año ha encontrado crítica a Elsinora Bonasera, por lo que se ve.
Inicio una informal sección de desenmascaramiento de figuras españolas de solvencia intelectual que parece indiscutible pero en realidad sólo es indiscutida. ¡Elsinora al ataque! (No sé si esta serie se quedará en un solo capítulo…).

A continuación reproduzco y analizo un post del blog de Eduardo Punset titulado Mis deseos para 2011. Sus programas de Redes me encantan (ahora ni siquiera siento escalofríos al ver cómo al doblarse a sí mismo traduce sus muletillas), siempre trae a gente interesante y plantea preguntas pertinentes, aunque sus libros son flojos y en mi opinión no tienen otro interés que el de la recopilación de entrevistas o artículos ya vistos. Ni una sola idea personal, ni tampoco una idea global reposada e  integradora  de todo lo que cuenta. Punset, según esto, vendría a ser un gran editor, un gran portavoz, un buen entrevistador pero un pensador bastante pobre. Una especie de juke box o de newsletter, en definitiva.

En una entrevista que le hicieron en Esquire (fue portada incluso, “Ciudadano Punset” se titulaba) venían a decir que el tipo en sí, visto de cerca, es bastante anodino. Pero en fin lo que nos interesa ahora es el personaje “pensante”. El texto que reproduzco a continuación  está lleno de buenas intenciones, y de algunas ideas interesantes, pero tiene  una redacción, una sintaxis y sobre todo una argumentación de parvulitos. Parte de los errores de redacción parecen deberse a la influencia  del inglés y a la tendencia de Punset a creer que su discurso verbal tiene un encanto especial (por eso traduce sus muletillas y su castellano arrastrado cuando se dobla a sí mismo). En todo caso, un crack mediático como él debería cuidar más el cómo de lo que dice (y de lo que piensa), porque al final el cómo termina siendo el qué dice (qué piensa).

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No sé quién todavía  ¿no sé quien todavía?; en castellano esta estructura es un disparate; debe ser un mero calco de algo como ” I don´t know yet”, “I can´t tell yet”, “I can´t recall yet” o algo semejante me hizo llegar el siguiente anónimo que figura en la cripta de Westminster de un obispo de 1100 d.C. La cripta reza así las criptas no rezan que yo sepa; rezan los carteles, las inscripciones, pero las criptas no tienen esa costumbre: “Cuando era muy joven quise cambiar el mundo hasta que me di cuenta que no cambiaría darse cuenta de algo, querido; no darse cuenta algo. En mi madurez me resigné en cambiar (¿me resigné en cambiar? ¿hein?) únicamente a mi familia y seres más próximos. Tampoco ellos quisieron saber nada. Ahora, ya viejo, me doy cuenta que (otra vez: se dice darse cuenta de) si hubiera empezado por cambiarme a mí mismo, la familia habría seguido mi ejemplo y, tal vez, el mundo”.

Si hubiera podido hablar con aquel obispo le habría intentado convencer de que estaba equivocado; de que tenía toda la razón al comienzo y que hubiera debido insistir en cambiar el mundo de afuera, en lugar de mirarse a los intestinos como quiso hacer al final elegir los intestinos como metáfora de uno es bastante tendencioso; uno también es su cerebro, su corazón, su dedo meñique del pie o una nube de electrones. Atención porque aquí ya a Punset se le va completamente la pinza con la argumentación.

Los neurocientíficos nos están enseñando este presente continuo en español hace rarísimo; es como si esos seres en bata no hicieran otra cosa que enseñarnos todo el tiempo, como muñecos autómatas que es muy difícil distinguir entre las decisiones conscientes e inconscientes -las más-, de nuestro propio cerebro. Salto de argumentación entre la frase de los neurocientíficos y la siguiente. Salto en el vacío. Lo importante es la manada de la que formamos parte y no tanto uno mismo. El autor da a entender que la relación entre la sutil diferencia entre consciente e inconsciente es un precedente lógico de la afirmación de que lo importante es la manada y no el individuo, como si manada e individuo no tuvieran al mismo tiempo rasgos conscientes e inconscientes en su comportamiento (las manadas humanas, claro). La yuxtaposición con la siguiente frase ya es el delirio retórico y sintáctico. Sugerirle a la manada nuevas maneras de reducir los índices de violencia, de incrementar los de altruismo, ¿cómo casa el predominio de lo insconsciente y la manada con la “sugerencia” a la manada de nuevas maneras de reducir los índices de violencia, de incrementar los de altruismo etc? ¿Se puede sugerir de forma inconsciente? ¿Cómo se hace, en plan chiste de Gila como cuando acusa de asesinato con indirectas tipo “creo que alguien ha matado a alguien”? ¿Se planta uno delante de la manada y le menea un poco las caderas en plan sugerente? gestionar sus emociones en lugar de dejarse arrebatar por ellas, de trabajar cooperativamente en equipo, de solucionar conflictos en lugar de crearlos, de constatar que hay vida antes de la muerte, de aprovechar el hecho de que la felicidad está en la sala de espera de la felicidad, de que en el mundo globalizado de hoy es imposible liderar sin conocer los ritos de la manada y practicar la democracia. De que por primera vez en la evolución la gente tiene futuro.
Veámoslo juntos en el 2011.
Toda la enumeración de acciones a sugerir a la manada -además de sobrarle “de” por todas partes, por un calco del catalán- está compuesta por conceptos bastante abstractos, muy ligados a la cultura occidental contemporánea (liderar, gestionar, etc) que pertenecen sobre todo al ámbito de lo consciente y racional. Lo de constatar que hay vida antes de la muerte es una chorrada monumental y luego aparece un “de que” que no sabemos a qué viene, porque no hay ningún verbo que necesite un “de”: estabamos sugiriendo cosas (maneras de reducir tal y cual). Si atendemos a la sintaxis y le echamos imaginación debemos entender que hay que sugerirle a la manada “(de) que en el mundo de hoy es imposible liderar sin conocer los ritos de la manada y practicar la democracia“. Cómo le sugerimos eso a la manada inconsciente con nuestra mente mayoritariamente inconsciente y ¿por qué íbamos a sugerirle eso que no nos han argumentado sino simplemente enunciado? Lo de la gestión de las emociones en lugar de dejarse arrebatar por ellas es muy propio de seres inconscientes, por supuesto y desde luego eso de “aprovechar el hecho de que la felicidad está en la sala de espera de la felicidad” me suena muy pero que muy intuitivo e inconsciente. La expresión “practicar la democracia” suena a practicar el alpinismo o practicar el Kamasutra. La conclusión del texto es absolutamente propia de un teléfono estropeado: Por primera vez en la evolución la gente tiene futuro. ¿Por qué es así? ¿Porque todos han leído muchos libros de autoayuda que les enseñan a reducir los índices de violencia, a gestionar sus emociones sin dejarse arrebatar por ellas? Y claro esos libros los han leído llevados por su inconsciencia…
La despedida de Punset, que pretende resultar festiva e ilusionadora, da un poco de miedo: Veámoslo juntos en el 2011. ¿Ver exactamente qué, criptas que hablan, seres inconscientes que leen libros de autoyuda sobre gestión de las emociones y liderazgo, libros de gramática castellana nunca abiertos?

Yo lo que veo al iniciarse el 2011 es que el obispo tenía razón:  si el pensador Punset hubiera empezado por intentar cambiar su sintaxis, su prosa y sus dotes retóricas, sus textos serían vibrantes, brillantes, esclarecedores y persuasivos en lugar  de ser el discurso balbuceante de un especie de Reader Digest con patas, de acento curioso y pelo peculiar.

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Veo en El País la noticia de una modelo que fue arrestada por posar desnuda en la sala de armas del Met (el muy respetable Museo Metropolitan de Nueva York) para el fotógrafo Zach Hyman y al empezar a leer la noticia pienso que hay algo refrescante en la propuesta.

Al parecer, Hyman ya había fotografiado a modelos desnudos en otros espacios representativos de la Gran Manzana neoryorquina como el Metro o Times Square para su exposición titulada Decent Exposure en la que reflexionaba sobre el desnudo en el espacio público y trataba de reflejar las reacciones de los espectadores. La cosa es que fotógrafo y modelo entraron en el museo acompañados por un cámara de la cadena NBC, de forma que la escena quedó inmortalizada y se puede ver en una entrega del programa Just Enough (en inglés), pero bastante distorsionada por aquello de la prohibición de mostrar desnudos en los medios norteamericanos.

La idea del fotógrafo, que desde un punto de vista metafórico o literario resulta sugerente (la piel desnuda delante de esas armaduras medievales brillantes, protegidas bajo sus vitrinas o junto a los desnudos de las esculturas clásicas), me parece que termina quedando convertida en una provocación tonta, de niño que enseña el culo a las niñas de un colegio de monjas, pero encima hace todo un montaje para no tener problemas y para darle un barniz de experimento sociológico. Basta con ver el vídeo: fotógrafo y modelo entrando en el museo de la mano como si fueran una pareja… y luego en la Sala de Armas del museo el tipo de rodillas sacando fotos y una especie de gota borrosa gigante bajo la que se adivina el cuerpo desnudo de la modelo.

Aunque la noticia se daba en una sección llamada “Just Enough” que vendría ser algo como “¡Demasiado!” (el reportaje del tal Kent Jones está muy bien hecho, por cierto; los elementos y el orden elegidos son los idóneos; habrá que seguirle la pista al The Rachel Maddow Show de la NBC) yo creo que debería llamarse “Hardly Enough” o “Apenas suficiente” o en plan ya un poco más castizo, “La hora del quiero y no puedo”.

Por supuesto, cabe decir que esas limitaciones tienen que ver con la normativa de los medios de comunicación de un país tan puritano como los Estados Unidos, pero eso ya lo sabía Hyman, consciente de la que se montó con el “incidente” del pecho de Janet Jackson en la Superbowl de 2004.

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O Las patas de la niña, las piernas de la mesa.

Mi queridísima Esperancita sigue con su empeño de que en Madrid las generaciones futuras hablen inglés por los codos, empeño loable, pero que tiene problemas de ejecución importantes, de los que se podría hablar largo y tendido, pero hoy sólo quiero tocar un aspecto.

La cuestión es que para extender el uso del inglés ha puesto en marcha su iniciativa de colegios bilingües concertados, en los que la mayor parte de las clases (salvo Lengua y Matemáticas) se imparten en inglés. De forma complementaria, también ha fomentado un acuerdo de La Otra, el segundo canal digital de la Comunidad con algunas productoras audiovisuales, para que emitan dibujos animados en inglés en horario infantil.

Nada que objetar sobre eso, pero la cosa es que recientemente la campaña de los colegios bilingües ha arreciado y nos han empapelado el metro y otros lugares con un cartel muy mono, de una niña muy mona, morena y con ojos almendrados que nos comunica lo siguiente en un texto de cuerpo 60: “I learn English because I study in English” y debajo, y aquí viene lo sangrante: “Yo aprendo inglés porque estudio en inglés”. Acabáramos, ahora va a resultar que en español el pronombre siempre acompaña a los verbos en forma personal.

Yo me llamo Elsinora, ¿cómo te llamas tú? Yo venía por lo del anuncio. ¿Tú tienes cambio para la máquina? ¿Cuántas hijas tienes tú? Si estas frases no te suenan marcianas, entonces es que TÚ tienes un problema. Te lo digo YO. Sólo espero que a los niños que se eduquen en esos centros nunca dejen de parecerles de otra galaxia.

La versión audiovisual del anuncio (que no he podido localizar en Internet para enlazarla, sorry), está más lograda: salen diversos niños pronunciando frases a medias que el siguiente completa. Hay variedad visual, racial, de edades y de acentos. Los hay con un inglés perfecto y otros con uno “apañado”, y claro a estas alturas de la película, con lo que hemos oído y leído, un@ puede preguntarse cuántos de estos niños realmente estudian en un colegio bilingüe concertado madrileño. No me extrañaría nada que pasara como con la campaña aquella para promocionar el turismo en la Costa Brava que usaba una fotografía de una playa espectacular ¡del Caribe!

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Cuando Esperanza Aguirre leyó en aquel periódico el titular “Aguirre destituido” se sobresaltó sobremanera, momentáneamente incapaz de recordar dos hechos importantes.

El primero, que en español, contrariamente a lo que ocurre en el inglés que aprendiera de pequeña, los adjetivos tienen género. Y el segundo, que a una presidenta de Comunidad no se la puede destituir. Puede perder en unas elecciones, perder en una asamblea interna y no ser presentada, ser inhabilitada como consecuencia de una sentencia o toparse en la Casa de Campo con una trampa en el suelo realizada por espías del ayuntamiento asesorados por técnicos de efectos especiales de películas de Tarzán y aparecer en un submarino de una vieja película de 007, de esas que tiene en sus archivos Telemadrid, o en medio de un saloon de una película del oeste de esas con las que nos obsequia a diario al mediodía la cadena regional.

Un descuido llamativo el de no recordar tales hechos y sobresaltarse pensando que la destitución de un entrenador mexicano es en realidad la suya, pero en fin en este tiempo de escuchas secretas, declaraciones contradictorias y puñaladas traperas es fácil ponerse a la defensiva y ver peligros donde no los hay.

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Del fin de semana me quedo con la final del Open de tenis de Australia: el reñido partido entre los dos gigantes y la curiosa reacción de Rafa Nadal ante las lágrimas de Federer al verse relegado al segundo lugar.

Entiendo que perder tras una lucha larga e intensa resulta algo muy difícil de encajar tanto a nivel físico, como emocional y mental, pero semejantes manifestaciones en deportistas de nivel tan alto me parecen poco profesionales y lamentables. Tiendo a considerar que la gente que se dedica a competir debería ser capaz de mantener el núcleo de su autoestima a salvo de la derrota. En las olimpiadas de Pekín hubo algún caso parecido, en atletismo creo recordar, y me pareció bastante penoso el espectáculo del deportista con lágrimas en los ojos y el puño cerrado. También fue penoso ver perder los papeles emocionales a Gallardón cuando le relegaron frente a Esperanza Aguirre o, en medio de un debate televisivo, cuando Miguel Sebastián (penosa actuación la suya también) le sacudió la portada de una revista en la que aparecía su supuesta amante a la que supuestamente había beneficiado de forma ilegítima. Todo profesional de la competición o del debate político debería haber aprendido a mantener su cerebro reptiliano (ése que procesa las emociones primarias de cada uno) menos a flor de piel.

Sea como fuere, ahí estaba Federer llorando en medio de la media noche de Melbourne y debajo de los focos y el calor pegajoso del verano de las antípodas. Nadal acercó su boca a la cabeza del otro para susurrarle palabras de consuelo al oído. Un poco más tarde, mientras alzaba la copa y escuchaba los aplausos, el manacorí con su torpe inglés decía: “Roger, siento lo de hoy…” (”Roger, sorry for today. I really know how you feel right now. It’s really tough (but) remember you are a great champion, one of the best in history and you have proved that”). La escena era propia de un chiste de Gila: el campeón pidiendo perdón por haber ganado delante de miles de espectadores. Pero está claro que lo decía de corazón.

Este Rafa Nadal nunca deja de sorprenderme y no por el sentimiento de empatía en sí sino por el gesto de enunciarlo con tanta claridad.

Y otra cosa que me llama la atención es lo fácil que es predecir la derrota de un deportista o un equipo en una final a toro pasado. Es un curioso experimento el de comparar los comentarios en directo de los locutores deportivos con los análisis que se publican al día siguiente. En el partido de ayer Federer estuvo a punto de ganar y además firmó algunas jugadas muy buenas pero ahora resulta que todos tenían clarísimo que estaba herido de muerte y que vencería el manacorí. Lo más curioso de este mecanismo psicológico de negar las dudas a posteriori es que en el fondo tiene como consecuencia negarle a la contienda deportiva uno de los resortes de su sustrato épico: cuanto más igualadas las opciones, más interesante la competición. Cuanto mayor es el nivel de ambos contendientes mayor altura tiene el choque y más apasionante resulta ver cómo evoluciona. Pero en fin, se ve que a la mayor parte de los comentaristas les (nos) tira más tener razón que ser veraces a nivel expresivo o perceptivo.

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Aquí sigo, procesando la experiencia china y procesando la vuelta al calor ocioso en Madrid y la preparación de mi nueva etapa laboral a partir de septiembre.
Además de mucho líquido y comida española con tenedor, estoy ingiriendo altas dosis de deporte olímpico televisado, disfrutando con el incombustible Nadal y las muy resolutivas Vivi Ruano y Medina y llevándome un poco las manos a la cabeza con el partido de la primera fase de España contra USA. Ya sé que no era un partido importante, que pasamos a cuartos en cualquier caso y también sé que USA es sede de la mejor liga de basket del mundo, pero me fastidió ver a los nuestros lanzando melonazos desde la línea de 6,25 como si no pasara nada y fallando y volviendo a lanzar a bulto y con ningún acierto. Por otra parte, el arbitraje estuvo claramente a favor de los norteamericanos, pero en cualquier caso fueron claramente superiores.
Me hace raro ver los partidos desde aquí y oir los comentarios de los locutores sobre el calor de Pekín/Beijín. Los insectos que tanto mencionan como invasores de las pistas deportivas son básicamente libélulas o “dragonflies”, como las llamaban mis compañeros de viaje ingleses; muy apropiado eso de que un país que reverencia a los dragones esté plagado de moscas-dragón; en la antigüedad las figuras en forma de dragón eran privativas del emperador. La cosa es que en Pekín/Beijín se ve por todas partes volando a distintas alturas a esas libélulas, grandes y molestas, pero que no pican. Hay también multitud de chicharras y grillos (“cricket”, las llaman ellos y también “cicada”) pero esos suelen estar en los árboles, como pude comprobar en la Muralla China, al ver un ejemplar gigantesco que estuve a punto de fotografiar.

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Ha ganado Rusia. Chikilicuatre lo hizo bien (entendiendo el bien en los términos del registro de parodia en el que se movía la propuesta) ya que una gamberrada como aquella es lógico que no dé más que para la zona templada de la tabla.

He seguido Eurovisión muy cerca este año. Me ha llamado la atención el fenómeno Chikilicuatre y además Rafaella Carrá me hace mucha gracia. Este tipo de cosas sacan a flote mi lado “marujo” o pop, o baja cultura. La gala en sí da para muchos comentarios, pero no me quiero extender demasiado. Para un comentario sobre parte lingüística/cultural del concurso os pego aquí un enlace a un artículo que ha publicado una amiga mía escritora sobre Eurovisión 2008 en su nuevo e interesante blog.

Lo único que añadiría a lo que ella comenta es que es una pena que la canción británica “Even if” de Andy Abraham no obtuviera más votos. Musicalmente era de las mejores, en mi opinión. Y también me llama la atención que tantos grupos cantaran en inglés, y la coincidencia de que estos grupos hayan quedado entre los primeros puestos (Rusia, Ucrania y Grecia).

No quiero terminar sin incluir algunas observaciones “malosas”, y que me perdonen mis amigas griegas. Para empezar, me siento tentada a jugar con el título de la canción griega “My secret combination” dado que la tal cantante es una combinación nada secreta de Britney Spears, Shakira y Mariah Carey (y probablemente alguna sustancia no autorizada, en la línea de los ingredientes artísticos de los que se nutre) y para continuar el cantante ruso de “Believe”, de Dima Bilan (Dimas el Villano, en traducción libérrima) que ciertamente se lo tenía creído mostraba cierto parecido a un actor porno español (Nacho Vidal, me dicen fuentes más informadas que yo :-), o eso me pareció.

Por otra parte, además de la grima que me dio ver a este “cachas” bailando descalzo a pocos palmos de las cuchillas metálicas del patinador, al hacer el bis, la escenografía y la composición se parecía tantísimo a los carteles soviéticos (el tipo de rodillas con la bandera de su país, la camisa blanca, lo épico de la escena) que me dio un cierto repelús, sobre todo pensando que la mayor parte de los votos los recibió de países que antes pertenecían a la confederación rusa y que según la prensa internacional dedican gran parte de sus esfuerzos diplomáticos a convencer a Rusia de que debe respetar su autonomía (algunas malas lenguas se imaginan que este resultado está basado en el trasvase de barriles de petróleo a determinadas delegaciones participantes. Yo no llegaría a tanto).

Seguramente soy la única freakie que se fija en estos pequeños detalles de Eurovisión, pero en fin…

Enlace a artículo sobre la edición de Eurovisión de 2006, con sede en Grecia.

© 2008-2005; Elsinora Bonasera.
Puede usar este artículo para actividades sin ánimo de lucro, siempre que cite la procedencia y se incluya link al lugar de origen.

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Ando estos días “cabizbunda” y “meditabaja” respecto al futuro del blog. Por un lado me parece que no tiene sentido mantener la bitácora con la misma cabecera (Crónicas perplejas desde la Pérfida Albión), una vez que he regresado a España y que estoy medianamente readaptada a la vida aquí. Por otro lado, me da cierta pena cerrar un canal que ha fluido muy bien en algunos momentos, por no mencionar que hay voces que reclaman su dosis de Crónicas Perplejas siquiera desde España. Y por último pero no por ello menos importante, sigo sin tener contador de visitas y los comentarios cada vez son más escasos. Atrás quedan las temporadas de grandes charlas con Parianea, Teresa, las intervenciones de Miniluci, Angelina Jolín, Metrolando, las intervenciones de los londinenses Sirventés, Ignacio; el entusiasmo pro Londres de Alex, los comentarios de Paola, Stacy Malibú, Barracuda y los momentos Simoneta, por mencionar a los más habituales, así que el escaso feedback que recibo no me motiva precisamente a continuar con Mi no entender, snif, snif.

Así que me gustaría saber qué opinas tú, como lector habitual o esporádico de esta bitácora. ¿Te gustaría que se mantuviera más o menos en la misma línea, pero cambiando el foco a España o al mundo como lugar dado a la perplejidad? ¿Crees, por el contrario que habría que dar por cerrado el proyecto? ¿Te gustaría encontrar algún tipo concreto de artículos o columnas?

Finalmente, creo que la perplejidad está al cabo de la calle estos días. La noticia sobre Josef Fritzl, el electricista austriaco que tenía una doble vida en el sótano de su casa de tortura e incesto es un motivo para reconocer que no sabemos nada sobre nadie. Enlazo este artículo de Franciso Perejil en El País que me ha parecido muy interesante, por su esfuerzo en acceder y comprender todas las implicaciones del caso, los factores sociales, históricos y culturales. El reportaje de Informe Semanal sobre este tema también me gustó, aunque no diera respuestas concluyentes (aquí enlace a la reseña del reportaje en la web de Informe Semanal; la reseña no incluye las entrevistas con pensadores, psicólogos y demás que le daban perspectiva al reportaje). Porque esa es la cuestion esencial respecto a todo prójimo, ¿qué sabe nadie? como cantaba aquel.

Hacía mucho que no veía el mítico Informe Semanal -que ha perdido profundidad e independencia los últimos años, me parece- y me sorprendió agradablemente el sábado pasado. Habrá que volver a mirar la televisión española con ojos frescos, a ver qué nos depara la experiencia.

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Il Cavalliere ha vuelto a ganar. Se ve que Italia no consigue bajarse de esa conciencia colectiva posmoderna a la que su historia y su talante la han conducido irremisiblemente. Así que el “flamboyant” empresario (la CNN dixit) es ya oficialmente un (aficionado) profesional a la cosa de la corrupción de altos vuelos, con el beneplácito de la afición/electorado. No es Silvio el único aficionado profesional, por más que se quiera hacer el especial a golpe de apreciaciones “cromáticas” sobre los ministros y las ministras de Zapatero o por más que pierda el tiempo en comparar su estatura (física) con la de Sarkozy y otras figuras. Aqui va un enlace a alguna de sus propuestas tipo “pata de banco”. y aquí a otra. Aquí, un link a una web que vincula a Berlusconi con La Mafia.

En un ámbito más cotidiano, todos conocemos a alguien que se considera un profesional de algo, aunque carezca de acreditación en la materia y no perciba sueldo alguno. ¿Quién no conoce a alguien que sabe más de fútbol que todos los entrenadores y jugadores de la historia, o de medicina más que todos los médicos, o de leyes más que todos los abogados?

Conocedores de este hecho, los asesores de Fernando Alonso –que parece ir recuperando posibilidades con las mejoras técnicas recientes; llamadme chorras, pero me ha dado un punto de optimismo- han lanzado una campaña para elegir a un aficionado profesional que le siga a todas las carreras y sirva de puente entre él y la afición (seguro que si yo entendiera algo de Fórmula 1 habría usado esto del “puente” para hacer algún bonito juego de palabras, pero sólo se me ocurre lo de “el puente hacia su jubilación” y creo que no viene al caso).

La idea de los asesores respecto a qué es un/a aficionado/a profesional sin embargo es ligeramente distinta al esterotipo del enteradillo “brasas”: debe ser alguien con capacidad de comunicación de forma bidireccional: alguien que sepa transmitir el día a día de la temporada con entusiasmo, pero que a la vez informe al piloto de lo que se comenta entre la afición. De la imagen del candidato/a no se dice nada en la convocatoria, pero estoy segura de que tendrá mucho peso, al igual que la edad. A cambio, el aficionado profesional cobrará 3000 euros brutos al mes durante la temporada, incluidas dietas.

La propuesta, que no sé si procede del representante de Alonso –que será también el de Iker Casillas en breve; el portero del Madrid es clavadito a un monitor de natación de mi piscina, por cierto-, de ING o del propio piloto, me parece una estupenda manera de relanzar la popularidad del asturiano. Además, me llama la atención el uso de las nuevas tecnologías en el proceso de selección del candidato. Para participar en la selección hay que enviar una serie de cosas, entre ellas un videocurrículum, que será colgado en Youtube. El video no es obligatorio, pero será considerado, así que almas cándidas, no seáis tímidas y mandad vuestros bonitos video-CV, a ser posible con look de Chikilicuatre, que es lo que más se lleva ahora en el ámbito de los aficionados profesionales.

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También fui una de los 13 millones de personas que vio el primer debate entre Rajoy y Zapatero. Se ha escrito bastante sobre esto, así que no me extenderé, pero sí me gustaría destacar un par de cosas. Primero, hasta qué punto todos vamos por la vida con orejeras: muy poca gente vio realmente el debate, más allá de las cosas sujetas a interpretación subjetiva, mucha gente se lo imaginó y por eso atribuye a los candidatos cosas que no dijeron. Segundo, y relacionado con el primer punto, lo poco que pareció importar la teoría sobre una buena presentación o un buen discurso en este caso: la falta de soltura, el dedicarse a leer todo el tiempo, el equivocarse de gráfico son detalles que apenas registraron los simpatizantes del PP.

En definitiva, parece que al final estamos simplemente ante el choque de dos sensibilidades o dos formas de ver el mundo que tienen mucho de generacionales (y algo de geográficas). Así, poco pueden hacer uno y otro para convencer al sector contrario ya que los valores son antitéticos: todo esfuerzo por mostrarse dialogante por parte de Zapatero será interpretado como blandura y falta de definición “no tiene usted una idea de España”) por el seguidor tipo de Rajoy y todo intento por demostrar firmeza y convicción por parte del gallego se interpretará como agresividad, malas formas y dogmatismo por parte del simpatizante del PSOE (“usted mintió”, “poco me importa que le ofenda lo que le digo”, “usted agredió a las víctimas del terrorismo”).

Para terminar, me sorprendió mucho que en un partido tan obsesionado con las clasificaciones y en demostrar la diferencia entre peras y manzanas al barbudo Rajoy le resultara tan fácil y natural convertirse en “la niña” y me pareció que Zapatero y su equipo de asesores habían visto demasiadas películas y tenían un cierto baile de géneros, que les llevaba a confundir a la gente de la cultura con científicos e investigadores y también a considerar que una cita de cinéfilo (“buenas noches y buena suerte”, la peli dirigida por Georges Clooney) sería un broche perfecto para su intervención. Aunque quizá ambos cierres hubieran podido funcionar por escrito, en un formato audiovisual en directo y de forma masiva la alegoría de “la niña” resultó únicamente cursi y la mención al título de la película pareció la despedida biendeseante de alguien con tendencia a convertir el talante en buenrollismo hueco.

Aquí la versión de The Guardian sobre el debate

Aquí los puntos esenciales de las elecciones generales según el periódico laborista inglés.

Justo aquí lo que dice Financial Times sobre este tema.

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Vi el debate entre Hillary Clinton y Obama en Austin, Texas el pasado jueves. En esencia, lo que me llamó la atención fue la mayor agilidad del formato y los candidatos, la mayor espectacularidad y el mayor grado de intervención del público (en mi barrio los habrían llamado “cantosos”, pero con la flema que me he traído de La Pérfida se convierten en “personas altamente motivadas y muy dotadas para la reacción sonora y gestual”).

Hillary entra mal por el ojo, porque tiene un cierto aire de maestrilla burguesa estomagante que sus intervenciones no son capaces de mitigar, pero a cambio tiene mayor experiencia y hasta ahora mayor apoyo por parte del establishment demócrata. Por el contrario, Obama es lo que los anglosajones llaman “a natural” del escenario: suelto, flexible, se encuentra a gusto en su piel y recuerda mucho a esos gimnastas que enlazan una pirueta con otra sin aparente dificultad. Estoy segura de que Mathias F. Alexander lo pondría como ejemplo de cuerpo que se mueve con armonía y que a Joseph Pilates le encantaría tenerlo como alumno. (Por otra parte, hace unos meses, en el show de Ellen, se arrancó a bailar con bastante gracia y elegancia unos bailecillos con mucho movimiento de pelvis).

Dejando lo frívolo y lo gimnástico aparte, el calificativo que más se le aplica es “inspiring” y creo que es ajustado: Obama tiene algo que te lleva a creer que las cosas se pueden mejorar, aunque si uno analiza no aporta ninguna prueba de que realmente sepa qué hay que hacer. Para eso ya están los técnicos, dirán algunos.

Ninguno de los candidatos demócratas fue capaz de detallar en qué consisten sus planes para la cobertura sanitaria que propugnan, y parece que en realidad ninguno tiene claro la magnitud de una medida de ese tipo, pero Obama insistía en que el modelo de Clinton implica que los ciudadanos compren ese derecho (“purchase”, decía él), mientras que su propio modelo es menos universal pero a cambio no requiere esa compra, sino que se basa vagamente en reducir el costo de materiales y procedimientos aplicando criterios de mayor eficacia y probablemente una política de genéricos.

También salió a colación lo del supuesto plagio de los discursos de Obama. El candidato afroamericano lo gestionó bien, ayudado por el arrebato de maestrilla de Hillary.

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El inglés es un idioma muy curioso. Casi siempre económico y muy gráfico. En otras ocasiones, por el contrario, el equivalente español es más directo y más corto, pero en general la lengua de Shakespeare va más al grano.

Algunas expresiones tienen una gracia especial, por ejemplo: “peace of mind”, que significa “tranquilidad” o “seguridad” pero cuya traducción literal sería “paz mental”. No sé si lo que me gusta es el sonido (como de canción de los Pet Shop Boys) o el punto místico del concepto de paz mental. La expresión aparece en lugares insospechados, por ejemplo en un mensajito de la biblioteca virtual de la facultad: acabas de devolver un libro y te dice que por tu “paz mental” vayas a tu archivo personal a comprobar que el libro se haya descontado de tus deudas: “for your peace of mind check if…”.

Otro término curioso es el adjetivo “misrepresented” una forma fina de decir que algo ha sido tergiversado, que los datos se han manipulado. Y claro, la “misrepresentation” y la “peace of mind” no se llevan bien. Las que sí son aliadas naturales son la “misrepresentation” y la “misleading information” o información engañosa. Lo que me gusta de la expresión “misleading information” es que es muy visual: te imaginas a la información metiéndose por una calle prohibida o a un guardia de tráfico dirigiendo a los conductores hacia un atasco monumental (acordaos de canciones como “follow the leader, leader…”: el líder es el que marca el camino, el que dirige, tanto en sentido literal como metafórico).

En la Pérfida, por lo que se ve, está muy mal visto ir “maldirigiendo” al público. Hace unos meses hubo un gran problema en Inglaterra porque algunas cadenas de televisión daban “misleading information” sobre el coste de las llamadas de los espectadores (y cargaban más de lo anunciado) e incluso seguía admitiendo llamadas aunque la participación del concurso estuviera cerrada.

Que salga a la luz esa “misleading information” es muy malo para la “peace of mind” de los espectadores, los responsables de las cadenas y las empresas telefónicas. Ver la enorme repercusión que tuvo la noticia (recuerdo que en un telediario de la BBC un presentador destrozaba un televisor para ilustrar la enorme pérdida sufrida) me hizo darme cuenta de la enorme credibilidad de la caja tonta en Inglaterra, seguramente mayor que el de la prensa escrita: según una exposición sobre la prensa británica que vi en la British Library, Gran Bretaña es el país que más periódicos lee y el que menor credibilidad les da; hay que tener en cuenta las enormes cifras de tirada de la prensa amarilla allí.

Y también ocurre que la BBC ha actuado como un estándar de lo que una buena televisión podía hacer, de manera que el medio tiene más prestigio y credibilidad allí que en países como España. La cosa es que los recortes económicos de la BBC de los últimos años, algunos escándalos de gestión interna y la “misleading information” de otras cadenas tienen a los espectadores ingleses un poco “puzzled”, perplejos como a la autora de este blog, y con poca o ninguna “peace of mind”.

Otra expresión que me gusta mucho por su punto eufemístico es “disinclined to listen to” y después la cosa que se va a ignorar olímpicamente y sin cargo de conciencia. En los últimos meses del gobierno de Blair era frecuente leer o escuchar que él se mostraba “disinclined to listen to the petitions” de la oposición, del pueblo y de su propio partido, vamos que pasaba de informar de lo que ocurría en Irak, del escándalo de los títulos a cambio de financiación y de otras cuantas fruslerías.

En un plano más reciente y más español, diremos que Rajoy se mostró “disinclined to listen to Gallardon´s petition” y entonces Gallardón se mostró “disinclined” a seguir siendo alcalde de Madrid. Dejo aquí la clase de inglés antes de que os sintáis “disinclined” a seguir leyendo. Para vuestra “peace of mind”, huid de las “misrepresentations” y de la “misleading information” y sobre todo, no olviden vitaminarse, y mineralisarse, como decía Superratón con su acento mexicano.

¿Se te ocurre algún caso curioso de alguien “disinclined” o de algo “misrepresented”? Deja tus sugerencias en la sección de comentarios (pinchando en “leave a passing comment”).

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Han pasado muchos meses y muchos kilómetros desde que me fui a Londres en septiembre de 2005. Comenzar una etapa distinta supone darle a la manivela de los buenos propósitos con los que uno quiere reinventarse o mejorar sustancialmente. La sensación es difícil de explicar, porque es muy compleja, pero básicamente, la tendencia es por una parte la de querer exprimir lo que se echaba de menos de tu país de origen (o lo que simplemente se valoraba más a raíz de no tenerlo tan a mano) y por otra aplicar todo lo que has aprendido/probado y esmerarte para no perderlo. Si además un@ viene de Londres, la Tierra de la Posibilidad (real o no, es una percepción muy extendida), la presión para conservar esa “llama” se incrementa.

Para mi vuelta a Madrid, yo quería una Elsinora nuevecita como una moneda nueva y brillante. Acuñar esa moneda implicaba un despliegue de planes y recursos, encaminados tanto a conservar algunos aspectos como a crear cosas nuevas.

Como decía antes, la cuestión es muy compleja, ya que todos tenemos muchas facetas: la profesional, la familiar, la personal, la física, la social etc y analizarlas todas ni viene al caso ni es factible. Pero en fin, hoy me gustaría contar el asunto del idioma, porque entre los muchos planes que tenía para mantener mi inglés se encontraba el de ver la televisión en inglés a diario. Y lo estoy cumpliendo.

Desde que tenemos televisión digital terrestre puedo ver Sky News, pero antes tenía que limitarme a la CNN. Son amores distintos: la Sky es inglesa, y el canal News se dedica precisamente a eso, a dar noticias. La CNN tiene muchas noticias, pero además emite programas más o menos peregrinos sobre la economía asiática, camisas que repelen las manchas y no se arrugan y demás gatgets para ejecutivos. Lo más gracioso son algunos productos cosméticos destinados al mercado africano.

El acento de los locutores de Sky News es puramente británico, así que me teletrasporta mucho más a Londres. La CNN me recuerda más a los tiempos de Periodismo e incluso a mi preparación para irme a Londres. La cosa es que religiosamente todas las mañanas escucho un rato de Sky News para que el oído no pierda. Lo que no estoy haciendo estos días es leer prensa inglesa ni norteamericana, de manera que lo único que me llega es la imagen “peculiar” que transmite Sky News. Estos últimos días la cosa va de las cartas de Lady Di (si estaba embarazada o no, si se despedía de Dodi en sus cartas con un “fondestly yours” o un “deeply yours”; si su amiga y confidant oyó o dejó de oir tal confidencia, como confidant que era), de la designación de Capello como entrenador de la selección nacional inglesa (los primeros días se veía como algo positivo, ahora un comentarista dijo que era como traerse al circo de Estrómboli), de las secuelas de los 25 millones de datos personales que se le escaparon al departamento del Tesoro (how embarrasing!), de un informe que ha publicado un Sir sobre las inundaciones de julio (de las que supe también por Sky News) y sobre la gira de las Spice Girls y sobre las tropas en Irak y los problemas con la coca de muchos soldados, así como de las infecciones endémicas de los hospitales ingleses.

El caso de Darwin, el tipo que desapareció misteriosamente y cuya mujer estuvo cobrando el seguro de vida como si hubiera muerto es uno de los casos comunes a las dos televisiones. (Sí, ya sé, todos pensamos en la coincidencia de apellidos, pero este Darwin era “canoista” vamos que remaba en canoa y no científico, que se sepa).

Una de las cosas graciosas es la previsión metereológica: en Madrid siempre ponen 13 grados, por más que aquí nos estemos congelando. Imagino que se refieren a la máxima en zona de sol, pero no hay ninguna indicación de que se trate de la temperatura máxima. Y, luego, al describir el tiempo que hace o va a hacer en La Pérfida empiezan los “miserable” y los “glorious” que siempre me suenan tan exagerados, pero que in situ parecían tan lógicos.

La CNN por su parte anda muy centrada en las próximas elecciones USA. He visto alguno de los debates entre candidatos republicanos y muchos de ellos me han parecido bastante escalofriantes.

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¿La reserva espiritual de Occidente?

Una de las cosas que más impacta tras dos años fuera de España es el estado de los medios de comunicación. La televisión ya era para llorar en el 2005, pero ahora es para hacerse el harakiri. Cuando yo me fui a Londres no existía Cuatro ni La Sexta, pero su aparición no ha mejorado en absoluto la calidad de las emisiones televisivas hispanas. Respecto a los informativos no he notado demasiados cambios: flojos eran y flojos son, a años luz de los de la BBC. Quizá el enfoque Reader Digest/Record Guiness/cara humana de la noticia se haya intensificado, pero no ha habido cambios sustanciales.

Lo que me llama poderosamente la atención es la proliferación de series españolas con una fuerte carga de amoralidad (naturalidad ante la falta de ética generalizada): véase un “Escenas de matrimonio” de Telecinco donde no hay ni un solo personaje principal positivo: las tres o cuatro parejas son a cual más despreciable a nivel humano y la única que se libra es Desislava, la empleada del hogar húngara.

Si lo que me han enseñado la carrera de Periodismo, los estudios de retórica clásica y el sentido común es cierto, una serie repleta de “pathos” y sin personajes “admirables” debería tener los días contados. Las cifras de audiencia de momento dicen exactamente lo contrario: el “hijo” desalmado de Jose Luis Moreno es líder en su franja horaria y además se ha convertido en el programa que la competencia debe boicotear, por ejemplo “robándole” la pareja Pepa/Avelino, como ha sido el caso de Antena 3.

Sospecho que el éxito actual se debe a que lo emiten casi a diario (de martes a viernes), de forma que la gente adquiere un hábito de periodicidad menor a las series semanales y también a que casi nadie lo ve entero y menos personas aún reflexionan demasiado sobre lo que ven.

La razón que se aduce más a menudo como explicación del éxito es que al espectador le gusta ver que alguien dice a su pareja las burradas que él mismo no se atreve a decir pero está pensando. A mí esto me parece una exageración. El “Escenas de matrimonio” es una caricatura non-stop que acaba convirtiéndose en una pesadilla. Por otra parte, está clara la habilidad comercial de la idea que subyace a esta serie: al incluir tres parejas de edades estratégicas (veintimuchos, cuarenta y setenta) se asegura audiencias en las tres principales franjas con poder adquisitivo, con lo que el abanico de publicidad se vuelve amplio y jugoso.

Mis objeciones a “Escenas de matrimonio” no es extensiva a los actores ni a los dialoguistas: los actores son buenos, incluso brillantes a veces, y los diálogos picados, en plan esticomitias (réplicas muy breves) sobre todo entre Marina y Roberto, el matrimonio de mediana edad, brindan momentos muy divertidos. Y además, el enfoque costumbrista y las pinceladas de actualidad crean una atmósfera muy española y muy familiar que facilita la identificación del público con la serie. El amigo cachas del escritor joven es quizá el único actor que necesita un hervor, pero en realidad cumple su papel: dejarse ver e interesar de igual manera al público homosexual como a las mujeres admiradoras de hombres metrosexuales.

Pero la cosa no queda ahí, porque en seguida llega “Gominolas”, una parida tan grande, tan mal escrita, y tan mal interpretada que da vergüenza ajena. El guión es absurdo, para empezar, pero es que además todo parece una excusa para sacar a la rubia de turno haciéndoselo entre bastidores con un juez de un concurso. Y luego les toca bastante el pie que dos hermanos que supuestamente han nacido en Madrid, tengan uno acento andaluz y la otra catalán (estoy muy sensible a esto de los acentos desde que he vuelto de Londres, curioso).

Por si no hubiéramos tenido bastante, llega el refuerzo de “Cuestión de sexo” de Guillermo Toledo y compañía, donde se muestra con toda naturalidad y desenfado una escena en la que los padres de la protagonista ofrecen al novio de su hija la mitad del piso si éste consiente casarse con ella, como lo más normal. En fin, dejo el análisis, que me pongo tensa y me contracturo…

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Ya está hecho. España ha llegado a las finales del Eurobasket. La odisea para estar ahí ha sido considerable, pero no sólo para los muchachos de Pepu Hernández, sino también para mí. Si ellos lo han logrado “picando piedra”, yo he tenido que saltar algunas vallas culturales y tecnológicas y tirar de tarjeta.
Como ya he comentado alguna vez, en Reino Unido el baloncesto no interesa. Eso significa que en las televisiones habituales no lo ponen y ni siquiera en los pub con cadenas de cable especializadas en deporte es fácil encontrarlas. Internet tampoco te soluciona, porque la Sexta en versión digital no está disponible fuera de España, ni desde su web ni desde Zatoo.

Existe la opción de cambiar tu IP, pero por lo que he leído con mucha frecuencia no sirve de nada porque después no suele funcionar el P2P (que aunque parece una grosería no lo es, sino un sistema de descargas simétricas o entre “pares”, por decirlo brevemente) porque hay demasiadas peticiones, además de que las Elsinoras no hacemos esas cosas . La retransmisión se puede oir a través de la radio digital (El carrusel de La Ser) pero la verdad es que por radio no me entero: me pierdo la coreografía, los efectos colaterales, además de que los locutores no tienen tiempo de contarlo todo y que están deseando hablar de fútbol a la mínima oportunidad o de hacer chascarrillos sobre los zapatos que anuncian. Sabía de un pub en West Kensignton donde ponían el partido, porque había leído en Forolondres que un puñado de españoles se solían reunir ahí para ver el Eurobasket. Desde mi casa tardo más de una hora en ir a esa zona y otra en volver, unida a las casi seis libras del billete combinado de transportes (la One Day Travel Card, zonas 1-4), así que como además ando currando, me pareció que era demasiado lío y que mejor lo veía en casa tranquilamente.

Al final decidí comprar el partido en el sistema Pay Per View, en una plataforma norteamericana que te permitía comprarlo sólo si estabas fuera de España y de Japón. El sistema es fácil, te registras, das tus datos y eliges el partido o partidos que quieres ver. Todo el Eurobasket salía por 20 dólares, los partidos de la primera fase 3,99 y las semifinales 5,99. Que el sistema sea sencillo no quiere decir que no te desconcierte, porque contrariamente a como solía ver yo los partidos de baloncesto, conectando un poco antes para ver los prolegómenos y demás, aquí hasta que no empieza el partido en sí no ves nada, con el problema añadido de que la conexión estaba fallando y me temía lo peor.

Internet se arregló a los dos minutos de empezado el partido y ahí estaba yo mirando la pantalla pelín pixelada. La calidad no es del todo buena (no sé si por el sistema de streaming o por la conexión) pero bastante aceptable. La emisión tiene un retardo como de diez segundos, con lo que si estás oyendo la radio al mismo tiempo, se produce un efecto raro: mientras oyes que Navarro ha metido el triple estás viendo a Navarro botar en la mitad del campo. También es curioso comparar la forma de retransmitir del locutor norteamericano con la típica de estos partidos en España. Para empezar, no va con España, aunque tampoco decididamente con Grecia. Para continuar, es mucho más informal que los locutores ingleses: no hace más que decir “¿qué te ha parecido eso?” y ese tipo de frases hechas que en La Pérfida no se usan mucho. Estaba en contra de todas las faltas técnicas, porque quería ver juego. Y claro, la pronunciación de nuestros jugadores era muy curiosa Novorro, Jímenes etc. Hablaba más de los jugadores españoles que están en la liga norteamericana, mencionó las operaciones de Garbajosa, por ejemplo y usaba el mote La Bomba para Navarro. Vitoreaba todas las canastas, no sólo las españolas y mostraba más admiración por los griegos, sobre todo por cómo cambiaron el partido la víspera cuando lo tenían todo en contra y el coraje que estaban demostrando sólo 24 horas después de aquello. Sea como fuere, explicaba muy pocas cosas y yo no me apañaba bien para ver las estadísticas, porque había que hacerlo a través de otra sección de la web y era un poco follón andar abriendo ventanitas en una pantalla que usabas como televisión. Los del Carrusel a veces eran muy útiles, pero otras se ponían a hablar de la mar y los peces, así que les quité el volumen.

No voy a desmenuzar aquí el partido, pero sí diré que me alegré de que ganáramos –in extremis, casi-, aunque tuve la sensación de que ellos jugaron mucho mejor. Fueron un rato marrulleros, cierto, pero también nosotros hicimos algo de teatro (Rudy). Y también parece que el arbitraje del último cuarto fue cuanto menos controvertido: a ellos les favorecieron como tres veces seguidas y a nosotros una. Las estadísticas desmienten la sensación de que fuéramos claramente inferiores a los griegos, aunque los resultados por tiempos les daban la delantera a ello. Pero en fin, ganamos, que es de lo que se trata y los nuestros no tiraron la toalla ni se escudaron en los errores arbitrales como otras veces –aunque me parece que estuvieron a punto-.

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Este es un mundo extraño como los que canta Chavela Vargas.

Esta tarde regreso a Londres. Ayer salí a dar una vuelta y a comprar algún detalle de última hora. En Madrid hace calor, pero la máxima no supera los 35 grados. Al pasar por una tienda de productos de caza y pesca y de deportes, no lejos de la peluquería de Esperanza Aguirre, Ana Botella y la duquesa de Alba, y en frente del conflictivo Parque de Santander (donde Espe puso campos de golf a pesar de la oposición de los vecinos) vi en el escaparate unos escarpines de natación, una especie de manoletina con agujeros que te protege de los hongos de las piscinas. Decidí comprármelos, porque las piscinas públicas de la Pérfida no se caracterizan por su higiene esmerada y porque he decidido recuperar la natación en cuanto las contracturas desaparezcan del todo. También tenían esos zuecos ligeros con agujeros y suela de masaje que se han puesto tan de moda. Los encontré poco adecuados a las inundaciones. La cosa es que en aquel momento la tienda estaba cerrada, de manera que me propuse volver por la tarde a probarme los escarpines.

Las noticias de las inundaciones volvían a copar SKY News y también ocuparon un fragmento largo de la CNN. Al parecer, la cosa en Oxfordshire no había sido tan grave como se pronosticaba, pero importante “all the same”. Volvían a aparecer helicópteros de la RAF (Royal Air Forces) rescatando gente, camiones cisterna con agua y camiones con miles de botellas de agua mineral, ancianas de piernas famélicas mojadas hasta el corvejón y críticas a una infraestructura que en muchos casos data del siglo XIX. En casa llevan días insistiéndome en que me quede más tiempo hasta que la cosa amaine y convencidos de que en Londres la situación debe ser muy semejante a la del Centro y Oeste de Inglaterra.

Para mí estaba claro que en la capital la cosa estaba mucho más controlada. Había escrito a F. mi casera y compañera de piso, preguntándole cómo estaban las cosas por allí y me contestó que bien, que acababa de regresar de su camping en medio de las inundaciones y que a partir del miércoles se iría a acampar a Oxford si el tiempo lo permitía (??). La verdad es que a esta chica a veces parece que le falta un verano (seco) o un hervor (¿en agua de lluvia?). Me recordó que estoy invitada a la barbacoa de una vecina el sábado (la estatua de sal cumplió años hace poco) y añadió que nuestra zona por ahora está bien, pero que convenía que me asegurase de que los trenes desde Gatwick funcionan con normalidad. Ni las páginas de Easyjet ni la de los Transportes de Londres señalaban ningún problema respecto al aeropuerto o la conexión en tren pero la previsión meteorológica de la web de transportes indicaba para hoy un 81% por ciento de probabilidades de lluvia. Lo que no indicaba era la intensidad de dicha lluvia.

Me sentí aliviada, aunque me di cuenta de que internamente toda la historia de las inundaciones en Inglaterra me tenía bastante preocupada, a pesar de que hasta entonces mi enfoque había sido bastante “racional”. Pregunté en casa si necesitaban algo de la calle. Mi hermano pequeño se marchaba esa noche a Grecia, donde andaban por los 45 ºC, pero al parecer tenía de todo, salvo un dispositivo de sombra portátil.

De camino hacia la tienda de caza y pesca y deportes pensé que a lo mejor en lugar de escarpines de natación debería comprarme botas de lluvia (¡qué ironía, en pleno julio!) pero deseché la idea porque en Londres tengo unas estupendas botas de Goretex.

De camino a la tienda me fui cruzando con los bañistas que daban por terminado su día de piscina y que salían perezosamente y con aire relajado del Polideportivo de El Canal o del Vallermoso, un poco más abajo.

La tienda en cuestión es una Babel de cebos, gafas de sol, lanchas, bolsos, cinturones y calzados varios. Dos chicos de veintitantos, en pantalones cortos y chanclas revisaban los estantes de los cebos (los que venían en bolsas parecían directamente gusanitos, cheetos, y doritos; el estante de los dulces mostraba lo que parecían gominolas de sabor fresa). Mientras ellos observaban las “chuches” yo trataba de localizar en medio de aquel maremagnum de lanchas, cañas de pescar y peces de resina de mirada inmóvil mis escarpines. Uno de los chavales de las chanclas se detuvo delante de una especie de Cheetos con forma de dados. “¿Qué es esto?”, preguntó al dependiente, señalando los cubitos de color naranja. “Es un flotante de maíz con sabor a mejillón” fue su sorprendente contestación. Tal grado de sofisticación y tal despiegue de pasta para engañar a un pez me produjo por un lado un rechazo muy evidente: estos echan productos que saben a mejillón mientras la gente en algunos países se muere de hambre y por otra parte me pareció todo tan surrealista (la tienda, los domingueros de compras allí, Inglaterra inundada, mi hermano viajando hacia un lugar con 45ºC) que la idea de proporción y de ética parecía estar fuera de lugar.

El programa de Telecinco “Aquí hay tomate“, nefasto donde los haya (no sólo por su mal gusto evidente, sino por la ideología subyacente), ya me había puesto en guardia respecto a la falta de sentido de tantas cosas y a lo contagioso de ciertas ideas si uno no toma precauciones. Necesitamos escarpines antihongos para prevenir contagios de todo tipo. En verano es más fácil contagiarse, porque uno se relaja y baja la guardia.

Pues sí, éste es un mundo extraño.

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Pequeño salto atrás en el tiempo. Retrotraigámonos a la noche de San Juan. Los corresponsales tonicapertutteros informaban sobre diversas celebraciones de la noche de San Juan en Galicia y Asturias, con quema de fallas, sardinada, incluso conjuros, así que la intrépida Elsinora, que como madrileña que es no tiene muchos datos en el archivo de noches de este tipo salvo la estampa del telediario y el hecho de que va justo antes de su cumpleaños, ávida de nuevas sensaciones, se pone en modo noche de San Juan la noche del sábado al domingo.

Hasta ahí bien, San Juan a lo galaico-levantino desde el sureste de Londres. Viva la fusión. Lo que pasa es que aquí no hay playa (hay un bonito río, eso sí) y por supuesto no hay sol. El fin de semana ha sido muy lluvioso. Así que me dedico a mis abstracciones e introspecciones elsinoriles, al blog (he puesto nuevas categorías de temas y completado algunos artículos), a leer por aquí y por allá, a hacer unas fotillos con mi pedazo cámara nueva, encargo un libro en Amazon y luego me voy a cenar mi pollo Korma con verduras a la cocina (una nueva salsa de curry; está bien, pero prefiero el Tikka Massala), con idea de salir a dar una vuelta después si amaina. Pongo la tele, lo más decente está en la BBC2. Ofrecen el festival de Glastonbury en directo (el festival al aire libre en zona de pasto más grande del mundo que se organiza cada dos años en una granja gigantesca cerca de Bristol; información más detallada, en inglés, aquí), pero antes emiten un reportaje sobre la gestación de REM y Nirvana. El reportaje es estupendo, cuenta lo esencial de la parte musical (de Nirvana, por ejemplo, los primeros pasos dentro del mundo de grupos como Black Flag, rock violento y demás, las giras a lugares “alternativos”, la influencia de los Pixies en el juego entre “quiet” y “loud” -guitarras bajas, voz alta; voz recitando, guitarra cañera- y el momento en que encontraron una fórmula que combinaba la intensidad con una cierta comercialidad), está muy bien montado, la fotografía es estupenda, hay mucha documentación pero no se hace pesada.

Después conectan con Glastonbury y el esquema se repite: van intercalando cosas en directo con la historia del festival, la construcción del escenario en forma de pirámide como símbolo de la sabiduría, la elección del espacio donde ponerla porque era un lugar telúrico que reunía no sé qué fuerzas (eran los sesenta… hay que comprenderlo), el día que se quemó (lógico: una pirámide metálica llena de cables… estos hippies hay que ver), el ambientillo actual, los fuegos artificiales, las banderas, la gente, los precios de las tiendas, un tipo que fabrica autómatas en plan animales o robots. En fin, no os voy a contar toda la historia (más información en inglés aquí), ) pero la verdad es que estuvo muy bien (visto tranquilamente desde casa), en especial la actuación de The Killers (When You Were Young), recién llegados de Las Vegas y los Kooks, a quienes estaba harta de oír sin saber su nombre (She moves in her own way). Y además que el esquema de la BBC ofrecía los conciertos de Glastonbury como una consecuencia o desarrollo de grupos de los ochenta y noventa. Además, si tienes televisión digital puedes ir eligiendo el escenario que ves. La tele pública de pago inglesa te da estas perlas con frecuencia (el programa “Coast”, por ejemplo, sigue el mismo esquema que el español “A vista de pájaro” pero su calidad está a años luz; el secreto está en que el guión es lógico, serio, se documentan muy bien, analizan los asuntos desde diversos puntos de vista y no escatiman en recursos; en el del sábado, por ejemplo, analizaban un recorrido en el noroeste, que incluía sitios como Blackpool, Isla de Mann… y la información que daban iba desde los submarinos gigantescos que fabrican en un sitio, hasta las ballenas que se avistan en otro o los aviones que a diario sobrevuelan la zona para cartografiar los cambios del perfil de la playa; utilizan varios reporteros, casi tantos como lugares recorridos, y cada uno está especializado en un tema; una de ellas por ejemplo bajaba a nadar con los tiburones… Le seguiré la pista al programa y otro día os cuento con más detalle).

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Mi año y medio en La Pérfida me ha dejado una herencia extraña. En primer lugar, se ve que ha emparentado mi cara con la portada de un diccionario inglés-español y español-inglés, porque de no ser así no me explico por qué cada vez que vemos una serie o una película norteamericana o británica mi hermano se pone en modo usuario de Babylon y pulsa el botón secundario de mi cabeza para que le confirme sus más o menos peregrinas teorías sobre cómo se dice algo en inglés. Como si yo no tuviera bastante con las malísimas traducciones y con los con frecuencia malos doblajes. Así es imposible seguir la trama de una película o la de la corrupción urbanística en Marbella.

Luego está el factor tronío y caspa, con su Pantoja y su Rocío Jurado y su familia Flores. Parece que sólo ocurriera eso en el mundo: gentes que chillan y desafinan en el sentido más literal y en el metafórico. Sobres, herencias y tronío. Los hijos ilegítimos de los Flores-González. El marido al que se posterga. La finca que se revaloriza. La modernidad mediopensionista de fotos top-less en Interviú o películas sobre corrupciones de la carne que luego fueron corrupciones a secas. Sobres llenos de dinero en el cajón de los calcetines y cuentas opacas en Suiza.

Mi herencia de la Pérfida incluye algunos tics ingleses: decir “come in” cuando llaman a la puerta de mi cuarto o internarme en el pasillo por las mañanas a golpe de “Morning”. Y también he comprobado que padezco el síndrome “llevar una chaqueta” por lo que pueda pasar, porque en Londres el tiempo varía cada hora y claro, en Madrid, salir con una chaqueta en el brazo cuando hace veinticinco grados hace raro. Lo bueno es que con chaqueta o no, si vuelvo a casa tarde cuando la temperatura ha descendido, aguanto mucho mejor el frío (el fresco) que el resto de la gente, non che male.

Otra de mis herencias es el carapantallismo. Es momento de hacer el último esfuerzo y terminarlo. Va a quedar muy bien, creo. Y al otro lado habrá un sobre, recordémoslo.

En el mundo de los sobres blancos y salmón a mis compañeras de peluquería se ve que les fue muy bien: Espe ganó y el equipo de la Botella (es la segunda del equipo de Ruiz Gallardón) hizo lo propio. Espe-ro que a mí también me vaya bien con una serie de cosas que tengo en marcha a mi vez. Y por cierto, que se me olvidó comentar que a Espe le apuntan el turno en la peluquería como Condesa y que suele ir a primera hora y que le ponen un cafetito en una mesita especial con un agua mineral y la manicura le hace las manos a la vez que la peluquera la peina. Ambas dos (Espe y Ana) llevaban pantalones negros y pelo tirando a rubio. Eso es el tronío Génova style, los oros parece que pasaron a mejor vida.

En cierta manera me alegré de que los sobres con papeletas socialistas no se prodigaran en las urnas madrileñas. Sólo renovando desde dentro la FSM (Federación Socialista Madrileña), convertida ahora en PSM (Partido Socialista Madrileño) saldrá algo provechoso de ahí, nido de tránsfugas y políticos con maneras de mafiosos de la Ley Seca. Tienen que olvidarse de su herencia/rémora y empezar desde el principio. Al final, pese a las dificultades logísticas, pude expresar mi opción política en las urnas. Hasta ahí puedo leer. A este sobre se le acabaron las palabras.

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El ESPEjito mágico de ESPE declara: guapa no sé, pero tonta, un rato

Por petición popular el blog de Elsinora se hace eco de la polémica con la campaña publicitaria encargada por Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, capital de España, en Europa, Planeta Tierra, Sistema Solar.

Tres amigos me han escrito para transmitirme la noticia del traspié de la presi y me han remitido el mismo link al video promocional de marras. Se nota cierta efervescencia y no me extraña: con las elecciones municipales a la puerta y las protestas sobre la manipulación en la televisión controlada por esta mujer, un resbalón así sólo se puede ver como un acto fallido (¿lapsus linguae? ¿Algún freudiano en la sala?), una broma del destino o justicia poética. O simplemente otro hallazgo de quien creyó sacudirse su fama de inculta declarándose una lectora ávida de la célebre escritora portuguesa Sara Mago.

Cada uno de estos tres amigos me explicaba el escándalo del video promocional de la cadena Telemadrid de una manera ligeramente distinta y me ha parecido curioso: para una, poeta, lo importante era la vis cómica, construida sobre un inadvertido calambur, para el segundo lo fundamental era que el propósito había funcionado como un boomerang y se había estrellado contra la cara del que lo lanzara y para la tercera en discordia (respecto al video, no respecto a mí), suponía de un lado la constatación sangrante de que en Madrid se dedica mucho más presupuesto a estas chorradas que a investigación y del otro, el nivel de eficacia del gabinete de comunicación que lleva globalmente la publi de la Comunidad y el Ayuntamiento, que no es otro que el antiguo portavoz del gobierno de Aznar Miguel Angel Rodríguez, el Hombre Comadreja (que ahora que lo pienso se da un aire al ex francés de F… será por eso que nunca me fié de Didier, quien por cierto resultó ser un traficante de poca monta y ponedor de cuernos). La cosa es que este señor que acumula más errores en su historial que el fabricante de Tip-Ex ha sido capaz de bajar la media de ocupación del Teatro Español del 92% al 30% en un mes (a pesar de regalar entradas) y además cobrarle a ESPE (y a todos los madrileños) muchos cientos de miles de euros por abrillantarle un espejo en el que mirarse (la campaña de la discordia la ha llevado Publicis pero Rodríguez no debía de andar muy lejos como responsable de la imagen global) y luego, no ha tenido los reflejos para evitar que en la promo de los espejos, el destino, la mala suerte, o la falta de luces le escupiera bonitamente en la cara- espejo.

Para quienes no estén al tanto, contaré que la cuestión de fondo es que la televisión autonómica de Madrid, financiada con dinero público regional, ha sido reiteradamente acusada de manipulación y que sus trabajadores además de huelgas y manifiestos han llegado a montar un partido político como medida de fuerza contra dicha manipulación. Esta situación pelín surrealista le lleva a uno a exclamar Mi no entender, y a sumirse en la perplejidad.

Mi reacción personal como madrileña que lleva año y medio fuera de España es también curiosa. Ayer leía la entrevista que le hacían en El Mundo y donde ella estaba más pizpireta que nunca y decía que le gustaría posar desnuda para una foto como la concejala de no se dónde, “pero no se dan las circunstancias” (afortunadamente, me dije yo) y se mostraba más que confiada en un triunfo de Rajoy en las generales y me alteraba bastante, por la sensación que desprendía de que para la tipa todo era un juego y por la constatación de que había venido con los deberes hechos: había memorizado exactamente lo que tenía que decir, y lo iba soltando palabra por palabra, el problema es que el soniquete era demasiado “de memorieta” y tenía la impertinencia del que sabe que sabe y va sobrao: esto para la imigración, esto para el empleo, esto para la M-50 y tiro porque me toca, manifestarse es un derecho constitucional y bueno, Gallardón y yo tenemos nuestros días… España limita al Norte con el Mar Cántabrico, al Sur con el Mar… En fin, que leída en extenso desde el espejo de El Mundo me irritó bastante.

Sin embargo, cuando finalmente he visto el video de marras me ha parecido que el tema del anuncio no era para tanto. Tiene gracia y es una metedura de pata considerable, pero si llegas al video después de todo el revuelo y encima estás en Inglaterra, el “Espe jode lo que somos“/ “Espejo de lo que somos” se te queda en la retina y en el oído una décima de segundo (lo cual no quiere decir que no sea lamentable lo que pasa en Telemadrid) y en cambio las escenas de Madrid, el juego visual con los espejos, las caras de los locutores (alguno que no conoces o reconoces) te impactan mucho más. Te queda la idea de que Madrid es una ciudad estupenda y que el video está bien concebido. Tiene quizá un punto pelín inhumano o artificial: los presentadores como pasmarotes en medio de una ciudad de gente que se mueve, pero en realidad eso es una televisión, un marco rígido que quiere dar cuenta de algo que es dinámico y complejo.
Esto por lo que se refiere a mi percepción del asunto video. En absoluto quiero decir que esa imagen de Madrid como ciudad estupenda sea correcta: hay un montón de cosas por arreglar…

En fin, dejo aquí el famoso link. Pasen y vean, señores. La parte final del video, cuando se dice el lema, es especialmente cómica.

La versión de otra fuente sobre el mismo caso aquí, que no se diga que este blog no es plural.

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Como el lector avispado habrá notado, este es el segundo post del día 21 de abril. La directora de Mi no entender, Elsinora, me ha llamado con urgencia para que escribiera una edición especial con esta historia. Como soy obediente me he puesto a ello inmediatamente y he dicho, a la orden, jefa. Terminado el encargo, yo Elsinora redactora me voy a pedir horas extras a yo Elsinora directora. Y si Elsinora directora no paga las extras a Elsinora redactora me escribo un manifiesto y me lo mando a mí misma. Menuda soy, ¿somos? En fin, alguien es algo. No sigo, que luego me sale un calambur y se monta la de San Quintín. Ya tenía que salir Quintín, hablando de morosos…

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Olvida lo que hayas leído o escuchado sobre el partido del Valencia de ayer. Ayer en la ciudad del Turia ganó el equipo Che. Lo decía bien clarito la pantalla de televisión del pub donde fui a ver el partido. Val 1 Che 2.
No soy nada futbolera pero tenía curiosidad respecto a este partido. Mi padre es valenciano y en mi casa de Madrid somos más o menos seguidores del Valencia (más o menos porque el fútbol no nos pone), salvo mi madre que simpatiza con el Madrid. La cosa es que desde que vivo en La Pérfida los partidos en los que participan equipos españoles tienen un interés añadido, aunque apenas distingo la Champions de la UEFA o de dos huevos duros, y por supuesto no sé qué es un fuera de juego, a pesar de que una vez estuve a punto de entenderlo leyendo un símil que usaba mujeres que compran bolsos o algo así. El baloncesto me interesa bastante, sin embargo.

La cosa es que llevo unos días siguiendo las noticias de fútbol inglés por aquello de los disturbios en Roma y en Sevilla, por ver cómo enfocan los medios de aquí los desmanes de sus hinchas, de manera que cuando me enteré de que había un partido importante entre el Valencia y el londinense Chelsea pensé que podía ser interesante verlo, para ver a los locales en acción. La cosa es que Patrick, mi flatmate productor de televisión, es seguidor del Chelsea y yo más o menos del Valencia (no sé cómo se llama la mitad de los jugadores, por ejemplo), de forma que nos presentamos en el pub de la esquina para ver el partido, cada uno con nuestras expectativas y nuestras cervezas, unas proporcionales a las otras: yo con mi modesta media pinta y Patrick con su enorme y espumosa pinta.
Los que viérais el partido ya sabéis lo que pasó y quienes no lo vistéis ni leistéis el resultado seguramente no tenéis interés en lo que ocurrió. Por mi parte, me pasé el partido tomando notas, sonriendo discretamente con las buenas jugadas y el gol del Valencia y musitando improperios con las ocasiones de gol y los dos goles de mis paisanos de adopción.
Las conclusiones a las que llegué son las siguientes: la mayor parte de lo que se oye en un partido de estos es completamente internacional: los “fucking” vienen y van como sus equivalentes españoles, y normalmente van acompañados de risas como en España. Acción y reacción: frase con fucking en cualquiera de sus variantes, pasan dos segundos y llegan las risotadas. También aquí como en España todo el mundo habla con todo el mundo, aunque si uno se fija, como en nuestro país, en realidad pocos escuchan. Son conversaciones encorsetadas, fáticas. Del tipo de cuando te preguntan “¿Cómo estás?” y sólo puedes contestar “bien, gracias y tú?”. El grito de gol suena exactamente igual y también es costumbre gritarlo como si fuera un conjuro que fuera a conseguir un gol por sí mismo (tan poco eficaz como en España, me temo). Corner suena muy parecido también (salvo los españoles que se ponen creativos y dicen “córnel” y cosas parecidas). Descubrí que mi frío y calculador Patrick es de los que gritan a la pantalla “you are on your own!” (¡que estás solo!), y de los que al final del partido abrazan emocionados al primero que pillan, que en este caso era un total desconocido que había a su lado. Cuando algo no le gusta dice “rubbish” en lugar de “fuck” o “bloody”, no en vano es hijo de escritor. Cuando el portero del Chelsea con su gorrito para un gol Patrick aplaude suavemente, con un gesto de señorita remilgada que me irrita, no se si por el fondo o por la forma o por ambos.
La cuestión es que hemos montado nuestro propio ballet bien coordinado. Cuando ellos se tapan los ojos yo sonrío y cuando ellos aplauden o gritan yo suspiro. Como estoy en minoría y no me fío mucho de la flema inglesa en temas de fútbol, voy de incógnito, lo que significa que no exteriorizo mucho mis reacciones por lo que pueda pasar. Esto le quita al partido la mayor parte de su interés, especialmente para alguien que como yo, no sabe mucho de fútbol y valora por tanto sobre todo la parte emotiva o el cotilleo. Aquí también existe la figura del purista que grita “eso no es fútbol” cada dos por tres. El público del pub es mayoritariamente masculino. Además de mí las únicas mujeres que hay son las camareras y una chica que está sentada en la barra dando cháchara a una de ellas y que probablemente sea su novia.
Vivo en el sur de Londres, pero parece que aquí el Chelsea tiene su publiquito. La diferencia fundamental que encuentro con una situación parecida en España es que aquí en el bar de la esquina hay un tipo con trenzas rastafari coreando a los del equipo local, además de algún pakistaní.
El momento más divertido de toda la velada tuvo como protagonista a un perro y a un seguidor del Chelsea. El perro se ve que tenía interés en ver el partido y ahí estaba, ladrando con cada gol, tanto los del Manchester (que le metió 7 a La Roma: os podéis imaginar el escándalo del perro) como con los del Valencia o el Chelsea. La cosa es que el empate entre el Valencia y el Chelsea duró un montón y los tiros a puerta de los de Mourinho se topaban con el poste o con Cañizares. Tras una parada del portero valencianista el perro ladró por algo o empezó a moverse con nerviosismo y uno de los lugareños le dice “Think positive, man”, “Sé positivo, hombre”. Me hizo muchísima gracia.

En el último minuto, ante mi estupor, uno del Chelsea con apellido centroeuropeo metió el gol del desempate y el pub se vino abajo, o mejor se puso en pie, abrazos, aplausos, Patrick confraternizando con un Chico Raro que estaba a su lado y yo disimulando el mal rollito. Eso sí, como buen caballero inglés, Patrick me dice que lo siente y le explica al Chico Raro que yo voy con el Valencia. “I´m sorry” dicen ambos.
Lo que ellos no saben es que el Equipo Che ha ganado. Lo dice la pantalla: Val 1 Che 2. Pero a mí no me hace ninguna ilusión, porque lo bueno del fútbol es poder exteriorizar las emociones y aquí estoy en minoría. En fin, Pilarín. Otra vez ganaremos de verdad y lo podré celebrar. Amunt lo que sea!

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3. Cuatro programas de TV que me gusta ver.

Aquí me sera difícil seleccionar, así que pongo más (this is a taylor-made meme):

-”Super Nanny”.
-”60 Minutes Recovering”.
-”Never Mind the Buzzcocks”.
-”You Are What You Eat” (equivalente al “Somos lo que comemos” español; hablé ya de este programa en El cura que comía demasiado).
-”The Apprentice”. “The Chef ” (el de Jamie Oliver que consiste en elegir a alguien para que lleve un gastropub en un pueblo perdido). Competiciones de habilidad para conseguir algo.
-La veterana serie “East Enders” de la BBC tiene su gracia, pero sólo la veo si da la casualidad. Tiene un punto de honestidad a lo Dickens que está bien y los actores son buenos. Refleja muy bien el aspecto físico de muchas inglesas…

Me gustan los programas que cuentan una historia (de una familia cuyos niños son imposibles, de una casa que necesita urgentemente una remodelación), que incluyen un cambio a mejor (los niños al final vuelven al redil gracias al consejo de la super niñera) y un cierto grado de reto intelectual/activo: hay algo que está mal y hay que arreglarlo. Para ello hay que combinar conocimiento y acción y observación. En el caso de la Super Nanny todos observan, la niñera es la que aporta el conocimiento y quienes actúan son básicamente los padres en aplicación de lo sugerido por la nanny, mientras que los niños reaccionan.
En el caso de las casas, un miembro de la familia llama al programa y mientras el familiar al que se quiere sorprender está fuera, se cambia la casa de arriba abajo, pintando, trayendo nuevos muebles y demás. Previamente el familiar “gancho” ha dicho qué elementos quiere conservar y ha mencionado algunos rasgos del gusto de su familiar. Los cambios los decide un decorador y luego hay un equipo gigante de pintores, carpinteros y demás que lo ponen en marcha. Ver cómo es la casa te permite imaginarte cómo son sus habitantes. Y después es muy chulo ver cómo la casa es de-construida y luego como paulatinamente va tomando forma y una cosa encaja con la otra. Y luego es muy emocionante ver la cara de la persona “a sorprender”. Normalmente les encanta y se emocionan un montón. “The Apprentice” mola por lo que tiene de dinámica de grupo, reto intelectual/personal, competitividad, pero me revuelve un poco ver lo rastrero que puede ser el género humano… El concurso de State Agent de Anne Maurice también es curioso y de paso aprendes sobre decoración de interiores… y los grupos también se llevan su dosis de comportamiento rastrero a veces.

El “Never mind…” es un programa de humor muy dinámico, con bastante mala leche y guiones muy currados (mucho trabajo de documentación, también). Tiene formato de concurso, con canciones, preguntas sobre actualidad en clave humorística y cosas así. Al principio cuesta seguirlo porque te falta inglés o te faltan los referentes culturales para entenderlo, pero últimamente me estaba gustando mucho. Tiene mucha gracia. Pero se acaba de terminar la temporada.

That´s all folks!! Esto es tó, esto es tó, esto es todo amigos.

La siguiente entrega cierra el “meme” y contiene lo siguiente:

-Cuatro lugares donde he estado de vacaciones.
-Cuatro de mis platos favoritos.
-Cuatro “sitios” que visito a diario.
-Cuatro lugares donde preferiría estar ahora.
-Cuatro personas o personajes que quiero que contesten al cuestionario.

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El título procede de un capítulo de una serie de humor inglesa de hace unos cuantos años, de la década de los noventa (ojo, no he dicho “noventas”: se ve que mi español todavía está saludable ;-))

Aunque en este caso el orden es el contrario, auge y caída.

La cosa es que anoche, día de san Valentín, fui con S. a casa de sus amigos músicos irlandeses. El plan era ver juntos los Brit Awards (enlace en inglés y aquí en español) , una especie de Grammys pero de la industria discográfica inglesa. El presentador es el peculiar Russell Brand “una” histérica despeinada con un cierto magnetismo y un vocabulario muy superior a la media de locutores (aquímás info, en inglés). La casa de los hermanos en cuestión es peculiar cuando menos, porque la madre sufrió un infarto y está en una silla de ruedas y ellos no se preocupan mucho de menudencias como la limpieza, el orden, o la decoración. Keiran echa mucho la culpa al entorno (su aborrecido Lewisham), pero me doy cuenta de hasta qué punto es una excusa para justificar su falta de “drive”, o eso me parece. La cosa es que ahí estaba mi amigo Frank, el amante de la resonancia joyceana, con una cara extraña que no supe calificar y muy sonriente. Me había traído el libro de Flannel O´Brian (The Third Policeman). Me anotó sus teléfonos y su email y me dijo que le escribiera para decirle qué me había parecido.

Los Brit no nos estaban dando para mucho. Hasta entonces no había pasado nada que me pareciera interesante y ellos tampoco comentaron nada especial. Les gustaba Oasis, que se llevaron el premio a grupo “alucinante” (más info aquí) “aunque son demasiado ricos para ser todo lo malos que pretender ser” (Frank), o “el cantante canta bien” John. “El segundo disco tenía problemas de concepción y el tercero directamente era “pointless” (sin sentido) según comentaba Keiran, una fuente que empieza a no ser tan fiable: el otro día alababa mucho a Amy Winehouse (que a mí me parece que tiene una voz estupenda, pero que se podía asear un poco ;-)) y dijo que una de sus canciones tenía una de las mejores letras de los últimos tiempos, cuando según pude entender su mérito consistía en usar la palabra “fuckerer”. Esta tipa, londinense de Candem (Totenham Court Road), tiene voz de negra y mucho gusto para cantar. John El Listo pasó la mayor parte de la noche liándose porros (yo no sé si es que hizo un montón para almacenarlos o los hacía a velocidad microscópica), haciéndose el remolón cuando su hermano le pedía colaboración con la cena (chile con carne y ensalada) o poniéndonos viejas cintas de programas de humor. Les interesaban sobre todo las de unos tales Vic y Bob , muy típicos de principios de los noventa, con un enfoque dadá (intervención de Frank identificando la palabra dadá erroneamente como española; tuvimos artistas dadá, pero la palabra es francesa), influencia de los Monty Python y el punk y mucho revival (usan escenas de series antiguas y las doblan). Los anglosajones de la sala (un escocés, dos irlandeses y un inglés) se doblaban de risa y yo la verdad sólo entendía un porcentaje pequeño, me reía poco, pero además sospechaba que si hubiera estado en español tampoco me hubiera reído (lo del humor es muy personal, me parece; a mí pocos humoristas me hacen gracia). Lo que sí fue interesante fue conocer de primera mano algo que parece una costumbre muy inglesa: ver juntos viejos programas de humor y comentarlos durante largas horas. O eso me contó S que tampoco parecía demasiado divertida con aquello, pero conocía a algunos actores y lo seguía mejor que yo, al parecer.

¿Es real la realidad?
Mientras estábamos en el momento televisión pasó algo gracioso. Estábamos viendo las cintas de humor con cambios esporádicos a telediarios y fragmentos de los Brit Awards cuando de repente se oyó una noticia de la BBC que decía que en las iglesias católicas de Londres el porcentaje de emigrantes sin papeles superaba el 66 por ciento (2/3 decía exactamente). Se veían escenas de una iglesia por dentro y gente agarrada de las manos y bailando y cantando. A mí me parecía la cosa menos católica del mundo, pero luego sacaban personas con cara levemente cubana o sudamericana diciendo que su parroquia les había dado mucho y cosas semejantes, con un acento que sonaba hispanoamericano. El locutor añadía que cuanto más pobre y más sin papeles era la persona mayor era su fervor católico. Yo al principio pensé que era un cachondeo o al menos una información muy inexacta (aquí es relativamente frecuente que digan cosas inexactas sobre asuntos que tú conoces bien pero que están lejos de Inglaterra) pero en seguida las risotadas de los presentes y los comentarios jocosos derivados de la broma/noticia me empezaron a molestar: cierto o no, no me parecía que uno debiera reirse de unos emigrantes ni de la religión católica (porque unos y otros sí existen fuera de la noticia concreta y es difícil disociar de qué se ríe uno cuando se ríe de estas cosas). Si la noticia era ficticia, al menos los inmigrantes y los católicos merecían respeto. No me enfadé –hubiera sido absurdo, entre otras cosas porque ahí corrían bastante los porros y el vino- pero me pareció que el clima general era poco respetuoso con realidades sensibles. O será que me salió la vena nacionalista “my way” que a veces tengo.

Momento rosa con los Brit Awards
También se rieron mucho de Corinne Bailey Rae , una tipa que sobre el escenario no da muy bien (tiene un rollo naif/feista/sexual que combinado con la mirada astigmática y los movimientos como de niña ñoña le hace perder mucho) pero que tiene una voz muy dulce para mi gusto y que le da una frescura a las canciones que es muy difícil de conseguir, creo. Cierto que llevaba un pelo rizado cortito con una cinta como de colegiala (pelín desaseada), una minifalda y las piernas bañadas en plata y que la forma de mirar asimétrica en lugar de parecer soñadora como otras veces resultaba simplemente rarísima (foto e info en inglés aquí) , pero no creo que el “unnecessary ordinary” de John (que hace pensar en que hubiera un nivel de ordinariez necesario y aceptable, o sea que se puede ser “ordinary and cool at the same time”, en castizo, arreglá pero informal, ¿con chandal y tacones?) decía que no creo que aquel “unnecessary ordinary” fuera merecido. Los Take That –que se llevaron uno de los premios- les parecieron de un cierto patetismo y lo eran, especialmente el del botox y la camisa ceñida para presumir de gimnasio, más conocido como Gary Barlow (la foto no es de ese momento, pero uno se hace una idea yendo aquí ).

No tan ocurrentes
La cosa es que determinadas gracias y temperamentos van perdiendo interés con la repetición. No es exactamente que repitieran los chistes, sino que, por ejemplo, de repente los comentarios de Frank sobre las comedias que veíamos (Elsinora, esto que ves es una disociación, separan completamente los comentarios de los personajes y eso produce risa. Frank, hijo mío, eso ya lo veo yo, lo que necesitaría que me explicaras es el contexto cultural, a qué viene tal y cual comentario, es decir, lo local, que de lo universal ya me ocupo yo, bilingüe no seré, pero humana sí), por más didáctica que fuera su intención terminaban en el sinsentido y me hacían preguntarme por qué me había parecido un tipo tan culto la primera vez (tengo una teoría sobre Frank que ya explicaré otro día).

Personaje en ausencia
A la madre de los hermanos no la vi. La casa tiene dos pisos y la madre debía estar en el de arriba. Pesaba sobre nosotros como una presencia presentida aunque invisible. Me la imaginaba rubia y gruesa, no sé por qué. Había elementos allí para una película de miedo. Zona desconocida, casa extraña como parada en el tiempo, la madre impedida, los hermanos bohemios, corre la bebida… En fin, no sigo. Como cosa curiosa diré que en el baño de la cocina justo en frente de la taza había un cartel de “se está grabando” (o rodaje en curso) y un marco con una foto de un teletubbie con una soga al cuello, además de varios rollos de papel higiénico terminados y demás rarezas/guarradas. Me hizo gracia lo de los carteles, no tanto por los carteles en sí sino porque te hacía pensar en alguien pensando en ponerlos y anticipándose al efecto que podrían causar. Mucha imaginación pensé entonces, y ahora pienso que sobre todo mucho tiempo (que ya podían dedicar a limpiar la casa por ejemplo).

Tres formas de volver a casa (como Odiseo/Ulises)
Volvimos en coche, más tarde de lo que me hubiera gustado ( sigo bastante liada y era entre semana) en medio de un Londres silencioso y acogedor, a pesar de que los cristales estaban muy empañados y hacía un frío helador. Yo iba en la parte de atrás, absorta en la contemplación de casas y calles por las que no había pasado nunca, pensando lo mucho que me gusta ir en coche por la noche y en las ventajas de ser una “adosada” -en mi círculo de siempre desconectar de esa manera se consideraría maleducado-, mientras en los asientos de delante el obeso Tom (a pronunciarse Tam, porque es escocés) se peleaba con sus ciento y pico kilos y su par de cervezas y su torpeza congénita y con la niebla y S. se peleaba con las ganas de sustituir a Tam al volante (al llegar a casa me estuvo diciendo que él conduce de pena… no sé por qué no se ofreció a conducir ella).

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Información general sobre el dúo Vic y Bobaquí
Londres es un pañuelo, ¿adivináis dónde se fraguó esta pareja cómica? La pista está en el link anterior, epígrafe History, pero para un acceso más directo puedes pinchar aquí . Por otra parte, Bob solía vivir a media hora de mi barrio, según leo en la web de la BBC.
La Pérfida también es un pañuelo, Corinne Bailey Rae y Vic (James Roderick) pertenecen a la conexión Leeds, de la que hablaré en otro momento. Corinne, a su vez, pertenece a la conexión West Indies a la que me sumo yo y a la conexión English college de Leeds, porque allí obtuvo su “degree”.
Información sobre sus libros aquí.
Sobre Reginald Perrin, un montón de información en inglés, pero con fotos, aquí

Enlaces sobre humor aquí precisamente.
Se ve que esto de estudiar literatura comparada me hace buscar patrones comunes por todas partes… y el hecho de estar analizando ahora la película 2001: A Space Odyssey de Kubrick también ayuda a buscar trasfondos peregrinos y claves ocultas.

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La cuestión es que sé que una compañera de clase griega está viendo el concurso porque tiene interés en ver cómo se enfoca el festival en Gran Bretaña (“Con las olimpiadas no cesaban de augurar problemas de organización que nunca se produjeron, dando a entender que Grecia es un país desastroso”, me había contado. “Afortunadamente todo salió bien”, concluyó; yo recuerdo que en España había la misma desconfianza sobre la organización griega). Imaginando que mi compañera estará indignada o al menos molesta con el tono de la retransmisión, le mando un text (en UK se ‘textea’, no se mandan SMS) comentando que el locutor es muy poco multicultural. Me contesta que es cierto, pero que el tipo es muy “funny”, vamos que le parece muy divertido.
La respuesta me deja un poco descolocada al principio, pero acabo entendiendo su lógica. Lo que mi amiga viene a decir es que a un tipo con tendencia a ponerlo todo en solfa, a reírse de todo, le tolera que haga mofa de cosas que para ella merecen respeto (o, según el multiculturalismo, que requieren una mirada más desprejuiciada; menos ligada a una normalización o patrón estándar, occidental, blanco etc), porque se trata de una visión general. Es un tipo que se ríe de su sombra, parece querer decir. O también, si me lo paso bien no me importa que me llenen de tópicos y clichés.
Pienso que lo interesante sería analizar el tipo de comentarios que el que se ríe de su sombra hace al hilo de la intervención anglo y compararlos con los que realiza sobre el resto de países. Sospecho que hay diferencias importantes. Probablemente con los propios sea más cruel y más relevante: los conoce mejor, le importa más lo que hagan. Sus bromas sobre los no occidentales u occidentales de otra manera seguramente sean más superficiales y más irrelevantes y completamente antimulticulturales. Pero estas no son más que impresiones basadas en la parte del programa que he visto. Los alumnos e investigadores de Estudios Culturales y los de esa imprecisa disciplina llamada Literatura Comparada en su sentido amplio pueden tener tarea para un tiempo si se animan a analizarlo.

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¿Hasta qué punto es multicultural o diversa la televisión inglesa? Porque está muy bien montar congresos interdisciplinares sobre multiculturalidad y publicar libros sobre el tema firmados por personas de nombres no occidentales, pero luego toca organizar la Eurovisión (Eurovision Song Contest; nada de Eurovision Festival) en Atenas, y el locutor de la BBC se hincha a decir burradas sobre los locutores griegos y sobre la actuación de los turcos y todo lo medianamente diferente que se le pone a tiro.

De acuerdo, “el moreno” y “la guapa” -elegidos para encarnar esos tópicos sobre Grecia y no tanto por sus dotes para la comunicación, me parece- repiten mucho “amazing” (“increíble”), pero a ver cómo se manejaría el super presentador de la BBC hablando en griego.

Reconozco, además, que estos dos parece que se hubieran tomado alguna droga: esas sonrisas de plástico, los ojos muy abiertos-pupilas-dilatadas en medio de los focos, ese segundo de retardo en todo lo que hacen. Gajes del género “espectáculo televisivo masivo destinado a una audiencia internacional y con distintos idiomas” y de la retransmisión a distancia.

Incluso estoy dispuesta a admitir que, comparativamente, por lo que yo he visto, en galas de este tipo los ingleses tienden a ser menos espectaculares en el sentido americano del término y suelen confiar más en el guión y en el sentido del humor para el “entertainment”. Pero en las galas que he visto (la de la British Academy y los Soap Awards, por ejemplo) la audiencia potencial se suponía anglosajona (británicos, australianos, neozelandeses etc).

Eso es una gran ventaja: cuando se comparte idioma y referentes culturales no hace falta recurrir a lo circense barato para entretener. No recuerdo cómo fueron las Eurovisiones organizadas por los británicos (aunque seguro que hay diferencias con un escocés y con un irlandés). De hecho ni siquiera sé si he visto alguna propiamente inglesa. ¿Alguien recuerda cuándo ganaron por última vez?

Sea como fuere, el locutor de la BBC también tiene comentarios socarrones para el montaje, los bailes y canciones muy tradicionales, para Nana Mouskouri envuelta en su “Eau de Naftaline” (esta maldad es mía) y la actuación de los turcos (no sé qué decir sobre esto: a mí tampoco me ha gustado nada). Comenta también que a Francia no le importa el concurso… Los países participantes en el festival, por su parte, tienen aproximaciones muy distintas al hecho multicultural. Por ejemplo, los representantes de Israel son en su mayoría negros. Alguna razón habrá y probablemente no inocente (vender una imagen de sociedad abierta, por ejemplo; esto es una mera especulación porque no conozco el caso).

La cuestión es que sé que una compañera de clase griega está viendo el concurso…

Continúa aquí

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Como decíamos, tanto la exposición pública de sus deposiciones como ser retratado en ropa interior no ha alterado al padre Brian. Pero habrá algo que rompa sus defensas.
Y será algo, aparentemente, más inocuo. La misionera del siglo veintiuno, quien en lugar de llevar el rosario luce en el cuello la tabla calórica, ha arrastrado al pobre hombre a un salón, probablemente el salón parroquial. Vemos una mesa que podría ser para un banquete si su contenido no fuera repulsivo: montañas de donuts, no se cuántas tazas de té con leche, tres pizzas, varios platos de ‘fish & chips’ con mayonesa y ketchup, un plato con una montaña de sal (el tipo tiene la tensión alta), un plato con mermelada, un puñado de galletas de chocolate, tres tartas, amontonadas. La misionera le está confesando pero al revés: es ella la que le dice los pecados alimentarios que el cura comete: esto es lo que comes en una semana, querido padre Brian, demasiado azúcar, demasiada sal, demasiada grasa. Eres hipertenso, tuviste un ataque al corazón, arderás en el infierno de los que pecan contra la salud cardiovascular. Cuando la rubia hipertiroidea acaba de leerle la cartilla (sanitaria), Father Brian vuelve a decir “Oh my Word” mientras mira fijamente el contenido de la mesa, pero esta vez con lágrimas en los ojos. Yo también me emociono. Comer eso siendo enfermo coronario es vivir muy peligrosamente, y el suicidio es un grave pecado para un cura católico (parece católico, con su alzacuellos y tal, pero cualquiera sabe, La Pérfida es un sitio muy raro). La misionera le convierte a la nueva fe y le lee los nuevos mandamientos: comerás fruta y verdura, reducirás la grasa, el azúcar y la sal, y harás ejercicio suave de forma regular.
El ejercicio puede consistir en bailar, caminar o montar en bici, le explica. A lo del baile durante media hora al día el pobre padre Brian dice que va a ser que no y confiesa que la alternativa de caminar otro tanto a diario le da un poquito la muerte (él no lo dice así, pero hay que leer entre líneas: un cura que se deja grabar en calzones ha de tener forzosamente un espíritu muy juvenil o muy ‘underground’). De modo que la parte del ejercicio ha sido muy insatisfactoria, porque el cura, en la duda o ante la falta de alternativas, no ha hecho nada. Pero la rubia sabionda tiene recursos para todo. Le prohíbe usar el coche –le quita las llaves: la gramática de estos programas obliga a que todo sea visible- y le regala al cura una bici verde supermoderna llamada nada menos que Diablo –así, en español-, con la que tendrá que desplazarse. Menuda guasa la de los guionistas ingleses: regalarle al cura una Diablo. Vemos a Father Brian con la ropa antigua, lo grande que le queda y después con ropa nueva muy elegante y varias tallas más pequeña. Hace muy raro ver a un sacerdote vestido como si se fuera a casar, pero ahí está él. Comenta con una gran sonrisa que hacía tiempo que no podía ponerse zapatos de ese tipo, porque tenía los pies muy hinchados.
Un nuevo miembro más para la secta de los bien alimentados. Nos alegramos por él.

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La dietista/misionera, no contenta con las guarradas que le está haciendo al cura que comía demasiado, le explica al bueno de Brian, que tiene la cara contraída pero el semblante aún cordial, que a juzgar por la calidad de sus heces (ejem), su dieta no puede ser más nefasta. A juzgar por esta m., tu dieta es una m., le viene a decir. Estos británicos tienen toda mi admiración porque ahí está el cura, tan correcto, escuchando hablar de su caca y viéndola, delante de millones de personas y sin pestañear. Rompe su impavidez para comentar al menos que en su vida había oído hablar tanto de caca. Insensible a su azoramiento contenido, la dietista continúa explicando al pobre cura comilón que demasiada grasa, demasiada ‘fast food’ y no sé qué más excesos alimentarios se han hecho evidentes en el análisis y que por tanto… Lo siguiente es el cura en calzones. Unos calzones grandes, de algodón. El tipo de calzones que uno se imagina que debe de llevar un cura, si es que uno gasta el tiempo en pensar en semejantes cosas. Sobre los calzones, un tripón que ocupa la mayor parte de la pantalla. Vemos tomas de la anatomía y la lencería del cura desde diferentes ángulos. No creo lo que estoy viendo (I can´t believe it!). Aunque el ver examinada su caca bajo los focos o el posar en calzones a pesar de sus veinte kilos de más parece no haber despeinado al padre Brian, el siguiente giro de los guionistas le arrancará unas lagrimitas. (Continuará)

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Uno de los programas más curiosos es uno de la cadena More 4, llamado “We Are What We Eat”, o sea, “Somos lo que comemos”, frase que se suele atribuir a Karl Marx, pero que en este programa aplican de forma literal. Hoy, que es la primera vez que lo veo y por casualidad, el ‘prota’ es el padre Brian, un cura, escocés, creo, porque he pillado el programa empezado. Father Brian, un sesentón tripón de piel sonrosada y aspecto pacífico no cesa de repetir “Oh my Word” ante los comentarios de la dietista enviada como misionera para salvarle de la corrupción nutricional que le produjera un ataque coronario hace unos meses. La dietista/misionera es una rubia sesentona que aparenta unos diez años menos y que parece el espíritu de la golosina, cabeza grande cuerpo pequeño con melena de jovencita y cara bañada en crema, ojos brillantes y saltones de hipertiroidea, labios finos tipo pico de gallina, y toda ella moviéndose a más fotogramas de lo normal por efecto quizá de su peculiar dieta. Al rato la dietista Rotermeier, con guantes de latex, manipula una sustancia marrón de consistencia espesa y aspecto asqueroso en un ‘tupper’ transparente. Revuelve la cosa con una varilla plástica o algo semejante. El público se niega a creer que está viendo lo que está viendo, sobre todo yo, pero ya medio acostumbrada a cierta brutalidad visual de la televisión inglesa (hay una serie médica de ficción en la que se ve todo tipo de cosas, con el mayor realismo y despliegue de fluidos y demás, pero no es sólo realista sino cruda) o -en términos más multiculturales- habituada a cierta liberalidad inglesa en la representación de lo íntimo, me musito a mi propio oído que lo que ocupa el primer plano son las heces del padre Brian. La dietista/misionera, no contenta con las guarradas que le está haciendo al cura que comía demasiado… (Continuará)

Segunda parte.
Tercera y última parte.

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La oferta televisiva que se puede ver desde Gran Bretaña es muy amplia y peculiar. Incluye también canales norteamericanos. En el artículo de hoy me gustaría hablar de un programa del canal británico por excelencia.
En la BBC Three aparece un cantamañanas que dice que ha dedicado su vida a la filosofía y que viaja a China y Tailandia. En su viaje a China visita Shaolín, donde le explican oscuramente algunas cosas que aplicará después. Escena en otro país. El cantamañanas ha ido a un laboratorio de física con cuatro barras de cemento. Pregunta a un joven rubio con pinta de científico loco cuánta fuerza haría falta para romperlos. Lo calculan con una máquina, hay una especie de bola percutora, y un dispositivo como el peso de un ascensor. La cosa sube, la bola baja, la máquina rompe el cemento. Para eso hace falta un montón de Newtons o de Julios, pienso recordando mis tiempos del instituto. El cantamañanas practica un poco y luego levanta el brazo y lo baja. Su mano toca el cemento y lo rompe. ¡El cantamañanas ha roto cuatro barras de cemento de un golpe! Dice que cualquiera lo puede hacer con el entrenamiento necesario, concentrando toda su energía en ese punto. El cantamañanas (gordito, media barba, piel reactiva) entiende de botánica y de boxeo y se llama Chris Crudelli. Y acabo de recordar a quién me recuerda, a un personaje de CSI Miami, uno que siempre llevaba media barba y caminaba cargado de hombros. Se lo cargan en un episodio. Al del CSI, no a Crudelli.
Advertencia: no intente hacer esto en su casa. ;-))

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Es miércoles. He estado estudiando lo que me parecen bastantes horas y decido hacer una parada. Pongo la televisión y mi errático paseo por las diferentes cadenas me hace caer en la BBC.
Es un programa tipo magazine pero dedicado a la política, llamado “Daily politics”. Se me ocurre que un título semejante en España se consideraría disuasorio para los espectadores y se rechazaría. Conectan en directo con una sesión en el Parlamento. Alguna vez he visto parte de alguna de estas sesiones en España. Por ejemplo, la dimisión de Cook, equivalente al Ministro de Exteriores, con motivo de su disensión respecto a la guerra de Irak me pareció vibrante y conmovedora.

Pero esto que veo ahora sin introducción en español ni notas al pie para explicar qué ocurre es lo más parecido a un concurso de rock por parejas o a un ring de boxeo en el que se enfrentaran dos luchadores vestidos de payasos, por el aire cómico, no por lo ridículo. El de la oposición menciona un hecho ominoso, el gallinero jalea. Se sienta. Blair se levanta (está al lado de su mínima tribuna, una mesa en realidad) con una carpeta llena de tiritas que señalan diferentes asuntos. Gesticula con fuerza. Se ha apoyado en su codo derecho. Su cuerpo ancho y potente llena la pantalla. Ríe. Argumenta. El gallinero contrario jalea. El de la oposición vuelve a decir algo. La risa flexiona sus labios gruesos, la risa asoma por sus gafas. Este jefe de la oposición, Ministro de Trabajo del antiguo gobierno, es un viejo zorro que resulta simpático, por eficiente, por conocedor de su espacio. Ambos demuestran unos reflejos excelentes. Retórica clásica y sentido del humor, rasgos que no sobran en el Congreso español. Los datos los tienen frescos, saben debatir, parecen creer en lo que defienden. “Ya que ambos nos vamos”, le está diciendo el oponente, “me gustaría aconsejarle que…”. A lo que Blair, tranquilo, le dice que no tiene mucho sentido que alguien que no ha ganado ninguna elección le dé consejos a alguien que ha ganado tres.

Ambos proyectan bien la voz, pero Blair es más ducho en esos menesteres. Derrocha energía física. Se toca maquinalmente las gafas como si las recolocara, pero no las mueve en realidad. En un momento dado se quita las gafas (momento importante), “however”, dice, y continúa diciendo. Están en medio de una especie de ‘capoeira’, mitad danza mitad lucha; si bien estilísticamente se parece más a un baile de rock por parejas, el chico subiendo a la chica por las alturas, o haciendo que se incline hacia atrás. Hay algo de chulería física en los ademanes de Blair y en los de su oponente; resulta chocante para una mentalidad española, bastante más formalista; pero resulta muy atractivo.

En lo que llamo el gallinero (porque tiene algo de corral de comedias: las personas apelotonadas, los micrófonos colgando) están los diputados de uno y otro partido, uno a cada lado. Tanto los laboristas como los conservadores interpelan a Blair por turnos. La forma de reclamar turno resulta chocante y confusa, porque se hace casi de manera simultánea a la intervención de otro diputado. Por ejemplo A rompe a hablar y una décima de segundo después distintas personas se ponen de pie brevemente y se vuelven a sentar, como en un ballet mal coordinado o como si alguien tuviera tentaciones de reventar el asunto cada dos minutos y luego se arrepintiera.

El que preside el Parlamento, con peluca blanca típica y su toga negra, o sus secretarios deben tomar nota de quién se levanta una centésima antes que el otro, porque una vez que Blair le haya contestado pronunciará el nombre del siguiente interpelador. Las preguntas pequeñas se mezclan con las grandes (“En mi demarcación, Su Señoría, recientemente cuatro vacas han cruzado la carretera sin mirar… Es inadmisible, ¡vacas irresponsables! La educación vial en vacunos deja mucho que desear” ;-)))) y Su Señoría contesta a la pequeña o la gran cuestión elevada por el escocés o el galés de extraño acento.

La única adversativa que ha utilizado Blair en su larga intervención es “however”. No sigo muy de cerca la actualidad política, pero a juzgar por la lingüística, la cosa pinta mal para él. Se está quedando sin recursos.

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