Archivo de la Categoría “Media & IT”


La Red y la gente nunca dejarán de sorprenderme. Un@ escribe sobre lo que le interesa y le intenta dar un enfoque que resulte ameno e interesante para los demás, pero al ver las palabras clave que han traído a los nuevos visitantes a este blog, me surgen todas las dudas del mundo sobre si estaré transmitiendo bien mi mensaje. He aquí­ algunas de las palabras por las que la gente ha llegado hasta este blog de nuevas:

el castellano viejo entero,
irlandeses morenos,
piscina escuelas pias aquagym,
bragas colgadas,
el castellano viejo articulo completo
humor sueco.

De lo más “Te paece que”, ¿no crees ;-)? En fin…

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Ya se sabe que el marketing busca formas cada vez más personalizadas de acercarse a uno, pero esas aproximaciones a veces producen monstruos.
Veamos un ejemplo. El otro día, al abrir el correo, me topé con un mensaje de mi banco que decía así: ELSINORA, tus hijos merecen lo mejor.
Hay que ser muy mala gente o muy retorcido para disentir de la lógica de esta afirmación: mis hijos potencialmente se merecen lo mejor… o se lo merecerían si existieran. Pero no existen (por ahora), así que detendré toda tentación de poner en marcha una supuesta vena neurótica en plan “¿acaso no estoy ocupándome de mis hijos como debo?” “¿les falta algo?” (lo más importante, les falta la vida), “¿debería cambiarles de colegio?”.
En fin, menudos sustos me dan las mentes preclaras de marketing o publicidad de algunos bancos…

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¿Os habéis fijado en la nueva cabecera del blog? Los que tengáis buena memoria recordaréis que los tonos anteriores eran tirando a azul y no de este tono de fuego. He aplicado este cambio por dos motivos, porque la cosa está que arde ;-) y porque al ir a actualizar esta mañana la barra lateral ya no presentaba un rectángulo en blanco donde debería aparecer el archivo de post anteriores y las categorías como me ocurrió hace un par de días sino un recuadro lleno de anuncios de Google.

Después de arder en indignación contra Google y sus métodos “criminalísticos” he pedido ayuda y lo he solucionado (al parecer no es culpa suya, sino de algún hacker dedicado a hacer unos euros con la publicidad en sitios ajenos o quizá del diseñador de la plantilla que uso, que es gratuita), pero ya de paso he cambiado un poco la apariencia. Con la modificación hemos recuperado los acentos en los títulos de sección (ahora dice Páginas y no el exabrupto de antes) pero seguimos teniendo problemas para que se muestren las fotos de post antiguos (tendremos que solucionarlo).

En fin, creo que se impone actualizar el post sobre Cómo reconocer a un bloguero, añadiendo los sustos que nos llevamos a la hora de querer publicar o de gestionar el blog además de lo que he aprendido en estos seis años sobre las “egorías” de los autores de bitácoras.

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anoche, cuando dormía; dónde estará mi dashboard, dónde estará mi dashboard, dónde estará mi dashboard… Donde quiera que esté mi dashboard é´ mío.
Tranquilos, no es que me haya sentado mal mi tarta de cumpleaños a base de esponjosos biscotes Wasa Delikatess hecha con el más selecto centeno integral sueco y un poco de yeso ni que me haya picado la mosca Manolo Escobar.
La cosa es que estaba yo toda decidida a actualizar el blog escribiendo un post titulado “Hoy no, mañana” dado que mañana precisamente me toca ver a mi experto en intolerancias alimentarias, cuando he sufrido un verdadero momento Expediente X.
¡No aparecía el acceso al cuadro de gestión de contenidos del blog! No tenía forma de acceder a la trastienda de este blog para actualizar. De hecho, apenas podía consultar los últimos artículos, porque el navegador de la derecha aparecía en blanco… Eso te pasa por no actualizar en semanas, me he dicho a mí misma. Pero luego he respirado hondo, he dejado atrás el saber mítico y mi tradición católica culpabilizadora y he decidido darle un enfoque racional al asunto. Este enfoque me ha hecho desechar la idea de llamar a Iker el de los fenómenos paranormales y además, como últimamente me siento osada y audaz, he decidido investigar por mi cuenta esta extraña desaparición.
Los antecedentes son que me he cambiado de ordenador y también a un sistema operativo superior. La cosa es que en Mozilla no aparecía la parte de acceso a Admin, tampoco en Explorer 9. Mucho html5 y muchas narices de diseño líquido pero al final te dejan sin acceso al cuadro de mandos de tu bitácora y se quedan tan panchos. Pensando que era algo de los nuevos navegadores me he descargado Google Chrome, hecho clic en Aceptar sin detenerme mucho y rezando para que no guarden demasiados datos de mi historial (ando un poco paranoica con el tema). Cuál no sería mi decepción al ver que la única ventaja de Google Chrome era que veía más grande la estrella de la caja que debería contener el navegador de la izquierda; una estrella más grande, pero la misma caja vacía. Me estrellé con todo el equipo (nunca mejor dicho).
Empiezo a pensar que la culpa es de Windows 7, tan intuitivo como es ha decidido que no hace falta poner un enlace a la parte de gestión de contenidos.
Pero en fin, lo he logrado solucionar: este post es prueba de ello. Me he valido del viejo truco de investigar en qué terminan los dashboard de Wordpress y añadir esa extensión al nombre del blog. Un pequeño paso para cualquiera que sepa programar o trastear en html pero un gran paso para alguien como yo, con una gran tendencia a emular a Míster Bean.
En fin, acceder al dashboard ha sido tan agotador que lo voy a dejar aquí. Me voy a Pilates a ver si esos aparatos se me dan mejor y los cuadros de mando del Reformer, la Wunda, o las torres me lo ponen más sencillo.
Pero eso sí, qué maravilla saber que puedo acceder a la gestión de contenidos aunque no aparezca el acceso por ninguna parte pinchable. Eso del “what you get is what you see” (lo que ves es lo que hay) es una falacia como otra cualquiera… afortunadamente en este caso.
No olviden vitaminarse y mineralizarse y manténganse lejos de Explorer 9, que se come la mitad de los contenidos…

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Se acaban ya las vacaciones de Semana Santa para muchos españoles (aunque otros tienen también el lunes) y yo no sé vosotros, pero para mí estos cuatro días de tormentas, cielos encapotados y redes encapotadas, más que unas verdaderas vacaciones han sido un malentendido.

Me explico. Un@ tenía entendido que Semana Santa casaba bien con playa, procesiones o con los viajes al extranjero. Pero la lluvia ha borrado el plan de playa y de procesión para miles de personas. Las nubes grises nos han acompañado desde el miércoles hasta hoy, en diverso grado de grisura y carácter plomizo. Y hablando de plomo se me viene a la memoria la imagen de la copa del Rey cayendo a plomo de las manos de Ramos desde lo alto del autobús camino de la Cibeles para ir a para justo a las ruedas del autobús.

La Copa del Rey “en manos” de Sergio Ramos.

Debió de ser un malentendido general (o trampantojo en este caso) porque según explicó el propio Ramos en su Twitter no es que él soltara la copa, sino que al ver tanto madridista junto la copa saltó de júbilo (cita exacta: “Buenos Días a todos amigos…!!!Lo de la copa fue un mal entendido, no se cayó…salto ella cuando llegó a Cibeles y vio tantos madridistas…”; aquí la reacción de usuarios de Twitter ).

Por otra parte, si en Semana Santa te quedas en tu ciudad y llueve, un@ tiende a pensar que una alternativa apetecible es quedarte leyendo libros o en Internet. Pero aquí el malentendido continúa y adquiere incluso tintes surrealistas.

Resulta que according to Twitter (y concretamente a Enrique Dans),  “la nube”, esa super puntera red de superservidores mundiales  estratégicamente deslocalizados que dan soporte a Amazon y demás han sucumbido a un evento no previsto de back-up masivos que ha hecho caer la Red. Así que quienes hemos aprovechado estos días para bucear en la Red a través del Iphone o de la WiFi nos hemos topado con una conexión a pedales en el mejor de los casos (y con ninguna conexión en absoluto a ratos). Pensábamos que era cosa del tiempo, pero era cosa de “la nube”.

Al parecer todo podría deberse a una explosión solar, pero en esta época de malentendidos lo más seguro es que no se sabe.

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Por fin Eurovisión ha acusado recibo del siglo en el que estamos y los organizadores han montado un escenario contemporáneo, los grupos participantes se han currado sus actuaciones como si se tratara de conciertos contemporáneos vistos por millones de personas y la gala en sí se ha concebido y realizado teniendo en cuenta a un espectador euroasiático con bastante cultura audiovisual y musical a las espaldas y cierta sensibilidad. Cierto que se trata de un público de lo más heterogéneo, pero hay ciertas claves universales que tienden a funcionar, como la mezcla de recursos del Cirque du soleil, por ejemplo, o la versatilidad de un escenario que permite recrear espacios y ambientes tan distintos. Y también está bien mandar al concurso a buenos cantantes y músicos de cada “casa”, tu Noa (Israel), tu Andrew Loyd Webber al piano para acompañar a tu Jade Ewen de preciosa voz (Reino Unido), tu Patricia Kaas (Francia) etc etc.

Que el concurso de este año lo haya ganado un dibujo animado de nombre Alexander Rybak no debería extrañar dado el contexto de contemporaneidad y nuevas tecnologías en el que se ha producido esta última edición. Rybak, de origen bielorruso pero representando a Noruega, es compositor, cantante y autor y dibujo animado japonés por los cuatro costados, nariz respingona pero lo bastante ancha para que le dé un toque de bondad.

La canción contaba que este muñeco tipo Marco estaba enamorado de una chica que es un cuento de hadas: se peleaban todo el día, pero por las noches se volvían a enamorar; estar con ella era como la montaña rusa, le subía a lo más alto a veces y otras le ponía muy triste. (Aquí video con la letra). Cantó algo desafinado en algún momento y su inglés era tirando a flojo, pero miraba mucho a la cámara, y gesticulaba con la convicción del dibujo animado-compositor que sabe lo que se trae entre manos. Y en algún momento de la canción también decía que esa chica se parecía a ti/a mí/a Candy Candy, a Heidi y a quien se tercie. Por otra parte hay que señalar que Alexander es hijo de una pianista y un violinista y que ambos le han educado en la música clásica y el folclore. Y por otra parte, al parecer, la canción de marras tiene un punto autobiográfico.

Si Vladimir Propp levantara la cabeza no sé que pensaría de esta reivención de los cuentos de hadas.

La sirena “panorámica” de Islandia, Yohanna, con su piel blanquísima y sus rasgos enormes también estuvo bien posicionada en las votaciones gracias a su parecido a otros dibujos animados y leyendas más o menos universales, aparte de que los méritos de la canción y de la propia interpretación.

Otro de los rasgos destacados de anoche, además de la tecnología y la iconografía de dibujos fue el toque local/folclórico: más leve en el caso del ganador (la ropa era vagamente de campo, más en plan tirolés que otra cosa; pero bastante parecido a otras ropas de otros países), muy evidente en el caso de las turcas, los portugueses, las armenias, los moldavos, etc.

La otra tendencia evidente fue el lado operístico: presente en la concursante de Islandia, el rubio tenor de Croacia o la intérprete sueca.

En mi opinión, Soraya lo hizo bien, pero tuvo la poca fortuna de presentar un producto eurovisivo impecable justo cuando las tornas de Eurovisión habían cambiado hacia una mayor exigencia musical en general y hacia un afán de marcar diferencias o personalizarse (vía folclórica, vía puesta en escena) y en la línea de una mayor heterodoxia (este año había muchas canciones que escapaban al género Eurovisión y que al mismo tiempo estaban muy bien). Además, Soraya ocupó un puesto poco lucido, porque efectivamente uno tiende a acordarse del último participante salvo que esté tratando de mandar su voto por SMS… y salvo que el nivel haya sido bueno y haya elegido a un par de favoritos bastante pronto.

Mi canción favorita fue “Believe again” de Dinamarca, porque me pareció bien hecha, pegadiza y profesional; en su momento pensé que esta canción podría ser cualquiera de las canciones que uno oye en la radio, cantada por un anglosajón; ahora me doy cuenta de que eso en realidad es un handicap, especialmente si quien la canta no es el representante de Reino Unido. Juzgad vosotros, en cualquier caso.

Y también me hizo mucha gracia la propuesta alemana “Miss Kiss Kiss Bang” de Alex Swings Oscar Sings, musicalmente fresca y con un puntito rompedor y gamberro (Dita Von Teese incluida). Me pareció menos redonda o menos “vendible” que la danesa, pero visto ahora, me parece que tenía mucha más personalidad y que al fin y al cabo también tenía su punto alemán (pese a su mucha influencia norteamericana) por aquello del cabaret germano y su intérprete con aspecto de dibujo animado.

Y bueno, la canción portuguesa también me pareció una buena opción para oírla, tenía un punto agradable, punto que la parte visual estropeaba.

Para terminar el post, comentar que la cantante de Albania era talmente la hermana pequeña de Mónica Naranjo. La “Anti-crisis girl” de Ukrania (la de la parafernalia extraña de los aros metálicos y demás) me pareció la única que no daba el nivel, con su rollo de prostituta chillona de parque de atracciones.

Pero en general me gustó mucho todo, la gala en sí, las actuaciones… hasta los presentadores tenían su punto (más él que ella, pero…).

Eso sí muchos de los portavoces de los jurados siguen con problemas de gramática en inglés. Señores míos, se dice “8 points go to” y no “8 points goes to”. La “s” es para la tercera persona del singular y que yo sepa 8, 10 o 12 puntos son más bien plurales… Otra cosa es si la frase se hubiera construido en plan “mi voto de 8 puntos va para…”, pero no ha sido el caso.

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El despliegue tecnológico ruso al parecer costó 40 millones de dólares.
Más información aquí

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Esto no es una crítica (ni tampoco una pipa), sino más bien una reflexión personal en voz alta, de manera que el texto que viene a continuación no es ni lo sistemático ni lo completo que se debe esperar de una crítica de cine bien hecha. Además, como no quiero estropearle la película a quien no la haya visto, no entro mucho en detalles respecto a la trama, razón por la que algunas explicaciones pueden parecer poco explícitas.

Las pelis de Almodóvar -ya se sabe- tienen un punto de culebrón y los culebrones, como género descansan sobre dos bases fundamentales: la intriga, es decir, las ganas de conocer el siguiente giro argumental y la implicación emotiva del espectador respecto a la muy emotiva trama y situaciones descritas (un huérfano, una mujer violada o que recibe maltrato, alguien que oculta un pasado oscuro, etc etc, una mujer infiel).

La última cinta de Pedro Almodóvar no termina de funcionar en lo que se refiere al argumento, no sé si porque tiene un regate de más (como decía Juan Carlos Suñén) y no ha rematado a tiempo y su oportunidad se le ha pasado, o porque tiene uno de menos y el tiro no ha llegado a puerta.

En lo que se refiere al argumento, llega un momento en el que tienes claro de quién es hijo el chaval (aunque no se haya visto aún) y que en realidad no te importa demasiado cómo se fraguara la “traición” respecto a la suerte de la película. Quizá el fallo esté en la mezcla de contenidos/estilos. La peli tiene algo de Lolita (la historia entre Penélope y Jose Luis Gómez; destruir lo que amas etc), una vertiente más poética/intimista (la escena de la foto del beso en pantalla grande, la exploración del mundo de un invidente) y mucho del desparrame y el aire socarrón de otras pelis de Almodóvar (el estilista gay brasileño, la asistente cheli), pero la mezcla (el gazpacho, por usar una imagen de Almodóvar) no termina de cuajar, al menos para mí como espectadora.

Creo que el problema está en que el director se ha metido en un tono/enfoque demasiado contenido (cosas de la edad, supongo) que combina mal con el lado esperpéntico/gamberro/barroco/excesivo que siempre ha tenido. Es como si se hubiera vuelto de repente maduro, clase media y elegante y no hubiera sido capaz de integrar su lado movida madrileña, gamberrismo, bajos fondos, gente sin pasta. Ejemplo de esa madurez es que por primera vez hay un personaje masculino importante que es positivo (el director de cine ciego).

Por otra parte, creo que si uno analiza las pelis de Almodóvar en plan muy mental, casi ninguna sobrevive. El suyo es un cine más de vísceras, que te llega o no te llega a nivel emocional (otra cosa es que uno pueda analizar qué tipo de resortes tienen más probabilidades de llegar a cierto tipo de espectador). Por eso a mí en Inglaterra me gustaban mucho más sus pelis que cuando las veía aquí.

Eso sí, la fotografía y el trabajo visual están muy bien. Y los actores, en líneas generales. Me chirrió la parte en la que Blanca Portillo se confesaba a golpe de gin tonic, porque era demasiado “de libro”, demasiado exagerado (frase-trago; frase-trago; frase-me he quedado sin trago y voy a por más).

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Es posible que publique otra “no-crítica” de Los abrazos rotos, esta vez positiva, si El roto de todos los descosidos se anima a escribirla. Seguiremos informando.

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A juzgar por el aluvión de contestaciones, veo que las adivinanzas no son el punto débil de mi querido público lector. Qué otra cosa se puede esperar de una bitacóra que canta las excelencias de la apertura al monólogo vía viñeta de Quino, diréis algunos.

En fin, el personaje misterioso del post anterior es un determinado jugador del juego “Eyes Training” de la Nintendo DS. El juego tiene dos apartados principales, prácticas básicas y prácticas deportivas. Entre las primeras están el recordar cifras, contar letras que pasan fugazmente, recordar los tipos de c que has visto y en qué orden, localizar donde está la bolita en plan trilero, o cazar cajas que aparecen y desaparecen rápidamente. En el apartado de prácticas deportivas -más entretenidas, para mi gusto- puedes practicar el bateo de beisbol, hacer de sparring de boxeo, tirar a puerta en fútbol y hacer pases o localizar a tus compañeros de equipo en basket. Por algún motivo, tu equipo siempre es el que va de blanco. La forma de calificar tu resultado es principiante, aficionado, semiprofesional, profesional y élite. Y además el test de edad cerebral te asigna una edad en función de tu desempeño, de ahí que cada día “tengas” una edad difernte, normalmente mayor que la tuya.

Y en la adivinanza no lo mencionaba, pero el juego contiene también un apartado para hacer relajación ocular. Es bastante sencillo: tras rotar un poco el cuello, debes mirar arriba, abajo y a los lados, alternando descansos y luego mover los ojos en círculos y cerrar los párpados y luego parpadear durante diez segundos.

Para los que pasamos mucho tiempo leyendo en pantalla o sobre el papel, viene bien esto de la relajación ocular.

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Llevo un par de días revisando los artículos del blog y me he dado cuenta de que los casi quinientos post que hay publicados han dado para mucho (sólo los títulos llenan quince páginas), tanto en lo que se refiere a los temas como respecto a los enfoques. Al releer he recordado lo mucho que he disfrutado haciendo la bitácora y lo mucho que me acompañó en La Pérfida.

Para cualquier persona a la que le guste escribir llevar un blog es un plan estupendo, aunque es cierto que para un escritor de ficción es un entretenimiento “peligroso”, porque la energía que le dedicas a uno y las satisfacciones que te da le restan energías y motivación al otro. En cualquier caso, estoy barajando fórmulas para abrir un nuevo blog, compartido quizá, de forma que no me lleve tanto tiempo. El tema esta vez sería o la actualidad o los secretos de Madrid. Quizá un fotoblog.

Se admiten sugerencias, of course.

También estoy dándole vueltas a la parte del gestor web, el formato y la plantilla. No entiendo mucho de la parte técnica, pero algo sé sobre composición y maquetación. Wordpress (el software con el que está construido y gestionado este sitio web) es uno de los editores web de mayor difusión, pero a mí últimamente se me está atragantando, básicamente porque no consigo modificar los formatos (o temas) como quisiera, por una cuestión de permisos del hosting y porque desconozco los procedimientos.

Consultar los numerosos foros y ayudas sólo consiguió sepultarme bajo un aluvión de más dudas. Overwhelming. En estos casos lo que uno necesita es un libro, que empiece en una página y termine en otra, que tenga una concepción unitaria y progresiva, pensada por un autor o autora o un editor que se hace responsable de lo que pone ahí, y que se pueda tocar, subrayar o incluso tirar al suelo en caso de desesperación (tirar el portátil relaja igualmente, pero tiene consecuencias peores).

Así que me puse a investigar en la Red y vi que no había libros especializados en Wordpress en español. Todo lo que pude encontrar fue un libro en inglés escrito por una bloguera norteamericana, ensalzado por su claridad y su contenido completo. La autora es Lisa Sabin-Wilson; una chavala rubia que a juzgar por la foto de su blog es un cruce entre un alien y un personaje femenino de los Mosqueperros. ¿No te parece? Miedito. ¿Lo habrá hecho aposta, como reclamo para su web, en plan ‘¿has visto este blog con esta foto tan espantosa?’ Y los tipos reenviando como locos el link para reirse de ella y ella mientras gozándola al ver cómo sube enteros en el Technorati.

Aunque también es posible que la foto sea normal y la rara sea yo. Sea como fuere, el libro que debería sacarme de mi analfabetismo perplejidad tecnológica se llama “Wordpress for Dummies” y vuela ya hacia mi casa por cortesía de Amazon (lástima que el dólar haya subido…) y de un puñado de euros.

Pues nada, si alguien tiene alguna sugerencia respecto a gestores web que hable ahora o calle para siempre :-) También es un buen momento para que los amigos de Lisa Sabin-Wilson que disientan de mi interpretación de su background genético me comuniquen sus impresiones o bien le aconsejen como gente que quiere lo mejor para ella que cambie la foto.

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3. Cuatro programas de TV que me gusta ver.

Aquí me sera difícil seleccionar, así que pongo más (this is a taylor-made meme):

-”Super Nanny”.
-”60 Minutes Recovering”.
-”Never Mind the Buzzcocks”.
-”You Are What You Eat” (equivalente al “Somos lo que comemos” español; hablé ya de este programa en El cura que comía demasiado).
-”The Apprentice”. “The Chef ” (el de Jamie Oliver que consiste en elegir a alguien para que lleve un gastropub en un pueblo perdido). Competiciones de habilidad para conseguir algo.
-La veterana serie “East Enders” de la BBC tiene su gracia, pero sólo la veo si da la casualidad. Tiene un punto de honestidad a lo Dickens que está bien y los actores son buenos. Refleja muy bien el aspecto físico de muchas inglesas…

Me gustan los programas que cuentan una historia (de una familia cuyos niños son imposibles, de una casa que necesita urgentemente una remodelación), que incluyen un cambio a mejor (los niños al final vuelven al redil gracias al consejo de la super niñera) y un cierto grado de reto intelectual/activo: hay algo que está mal y hay que arreglarlo. Para ello hay que combinar conocimiento y acción y observación. En el caso de la Super Nanny todos observan, la niñera es la que aporta el conocimiento y quienes actúan son básicamente los padres en aplicación de lo sugerido por la nanny, mientras que los niños reaccionan.
En el caso de las casas, un miembro de la familia llama al programa y mientras el familiar al que se quiere sorprender está fuera, se cambia la casa de arriba abajo, pintando, trayendo nuevos muebles y demás. Previamente el familiar “gancho” ha dicho qué elementos quiere conservar y ha mencionado algunos rasgos del gusto de su familiar. Los cambios los decide un decorador y luego hay un equipo gigante de pintores, carpinteros y demás que lo ponen en marcha. Ver cómo es la casa te permite imaginarte cómo son sus habitantes. Y después es muy chulo ver cómo la casa es de-construida y luego como paulatinamente va tomando forma y una cosa encaja con la otra. Y luego es muy emocionante ver la cara de la persona “a sorprender”. Normalmente les encanta y se emocionan un montón. “The Apprentice” mola por lo que tiene de dinámica de grupo, reto intelectual/personal, competitividad, pero me revuelve un poco ver lo rastrero que puede ser el género humano… El concurso de State Agent de Anne Maurice también es curioso y de paso aprendes sobre decoración de interiores… y los grupos también se llevan su dosis de comportamiento rastrero a veces.

El “Never mind…” es un programa de humor muy dinámico, con bastante mala leche y guiones muy currados (mucho trabajo de documentación, también). Tiene formato de concurso, con canciones, preguntas sobre actualidad en clave humorística y cosas así. Al principio cuesta seguirlo porque te falta inglés o te faltan los referentes culturales para entenderlo, pero últimamente me estaba gustando mucho. Tiene mucha gracia. Pero se acaba de terminar la temporada.

That´s all folks!! Esto es tó, esto es tó, esto es todo amigos.

La siguiente entrega cierra el “meme” y contiene lo siguiente:

-Cuatro lugares donde he estado de vacaciones.
-Cuatro de mis platos favoritos.
-Cuatro “sitios” que visito a diario.
-Cuatro lugares donde preferiría estar ahora.
-Cuatro personas o personajes que quiero que contesten al cuestionario.

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Aprovecho ahora que los de los monolitos negros se han despistado (se han ido a conquistar civilizaciones inferiores, creo, o a celebrar el triunfo del Atleti; ellos son así) para mandar un breve saludo desde la Luna, literalmente.

La vena lunática me viene de lejos, pero es que ahora estoy investigando sobre 2001: Una odisea en el espacio, la peli de Kubrick y su relación con el texto de Homero para un trabajo del master y me temo que por más que me he concentrado para seguir siendo yo misma, habitante del sureste de la capital de la Pérfida y de origen español and so on, los abismos de lo interestelar y lo inexplicable me han abducido y estoy un poco “amarcianada” (o alunizada/alucinada).
La peli de Kubrick nunca me había apasionado. Aún a riesgo de que algunos me manden al infierno diré que de hecho era de las que se dormía viéndola hasta que me tocó analizarla para una clase del Máster. Ahora, sin haberme vuelto una fan acérrima, reconozco que tiene un montón de cosas interesantes y que es una mina sobre narración, montaje, referencias, uso de elipses y silencios, interacción de imagen y música. Pero, claro, tiene una gran tendencia a centrifugarte el cerebro y el resto del cuerpo buscando claves ocultas, coincidencias significativas y demás resonancias. En el casi silencio de esta peli (80 minutos de diálogo en una pelicula de 2 horas 20 minutos), cualquier gesto se vuelve hipersignificativo. El eco de una voz en un espacio vacío te sobrecoge.

Os dejo, que se ha empezado a oír un chirrido horrible que anuncia que han vuelto los ET estos de sus cañas interestelares, no sea que me manden a la habitación de suelo reflectante esa que tienen y me toque repetir el número de la vejez, y la copa que se rompe mientras que el vino permanece y demás; la escena tiene su gracia en plan metafórico pero en su versión eterno retorno la verdad es que cansa.

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Escribo desde una prótesis made in China. El original puede que también fuera made in China, pero al menos era el teclado original de mi portátil. Lo gracioso es que el nuevo “keybord” hace duelo por el antiguo, no dispone de eñe visible pero detecta una eñe donde el antiguo la tenía y envía el impulso a la pantalla. Es como si el miembro amputado continuara con una vida fantasma.
Y os preguntaréis ¿a qué viene la prótesis? Es un poco embarazoso, incluso para la prima de Mister Bean, ya que en asuntos como no poner líquidos cerca del ordenador Elsinora suele ser bastante prudente. Por algún motivo el sábado pasado no lo fui: puse un vaso de Cocacola light cerca del teclado y no contenta con ello, obediente al imperativo de la ley de Murphy, le di un codazo. En mi defensa puedo decir que he pasado varios días en cama, con faringitis y que probablemente aún estoy algo atontada. Reaccioné rápido, lo sequé, lo puse bocabajo y demás y el cacharro aparentemente funcionaba bien a pesar de todo (la mayor parte del líquido cayó fuera del portátil, afortunadamente). Se encendía y apagaba con normalidad, todos los iconos aparecían y los programas se abrían bien. Incluso estuve viendo en él el DVD de School of Rock (Escuela de Rock), de Linklater, un director que me gusta bastante (esta peli en concreto es un poco chorras, pero tiene su punto), después del “accidente”. Pero al abrir el ordenador el domingo por la mañana y tratar de actualizar el blog vi que algunas teclas no respondían. O peor, respondían a su manera, como si tuvieran vida propia, una “e” por ejemplo incluía varias admiraciones y una “u” de regalo. Se había vuelto imposible escribir con normalidad, ahora todo tenían que ser exclamaciones, onomatopeyas, exabruptos varios, salvo algunas letras que escaparon al accidente. La cocacola había liberado a las teclas de la tiranía del controlador-censura y ahora se expresaban con libertad, con grititos entrecortados.
No hace falta que diga que me entró un cierto pánico y una obsesión con pasar el secador sobre las teclas. Había leído que era aconsejable para secar en lo posible las conexiones, siempre que no estuviera muy caliente. No sirvió para mucho, a pesar de que por algún motivo yo estaba convencida de que se iba a acabar arreglando. Que las teclas volverían a su ser en cuanto se secaran, cosa que iba a suceder pronto, muy pronto. Y entonces encendía y veía con incredulidad que las teclas seguían sin responder. Y lo apagaba y esperaba un rato. Y abría la ventana para que se ventilara (!!!) y lo volvía a encender convencida de que si no todas al menos algunas teclas se habrían secado ya y todo volvería a funcionar poco a poco. Se ve que he visto demasiadas películas de Disney de pequeña o que sigo con décimas de fiebre por la faringitis.
Como un error conduce a otro habitualmente, y arrastrada por las ganas de B de ayudarme, y por el impulso de hacer algo, asentí a su propuesta de abrir el ordenador para ver si el teclado estaba visiblemente mojado y lo podíamos secar y arreglar. Empezamos a quitar tornillos despacio y con cautela, pero nos detuvimos al descubrir que el teclado va pegado a la zona de los circuitos: ni su locura copernicana ni mi visión lunática misterbeaniana son tan grandes como para internarnos ahí.
En todo caso, todo parecía estar normal en esa parte, salvo que la rejilla del ventilador tenía polvo. Decidimos cerrarlo. Y por supuesto eso supuso entrar en el maravilloso mundo de los tornillos que aparentemente son iguales pero en realidad son de cuatro tipos distintos (B distinguía tres, pero en realidad había cuatro). Parecía que lo estábamos haciendo bien (habíamos ido recopilando tornillos cuidadosamente) pero al final el tornillo último no casaba con el último agujero. Probamos distintas opciones, pero ninguna terminó de funcionar. El agujero sin completar no era uno comprometido, porque justo al lado había otro que estaba bien ajustado, pero aún así quedó claro que habíamos hecho una tontería, yo especialmente como propietaria del objeto “a arreglar”. Además de no arreglar nada, no habíamos sido capaces de restituirlo a su estado anterior. Pese a todo, afortunadamente el portátil seguía funcionando como antes: todo normal salvo la mayor parte de las letras del teclado -no habíamos tocado nada, en realidad-, pero el conjunto estaba menos compacto que antes y supe que tendría que moverlo con cuidado en lo sucesivo. Nada más absurdo que un portátil que no puedes mover. Bueno sí, un portátil que no puedes usar ni mover.
Al final me he comprado el teclado prótesis (6 libras; es USB, se puede instalar sin necesidad de usar tu teclado antiguo para configurarlo o aceptar las opciones; es con cable porque no quiero tener que preocuparme de las pilas), propuesto firmemente no poner líquidos cerca del ordenador y hacer copias de seguridad con mucha frecuencia: no quiero ni pensar qué habría pasado si la Cocacola hubiera afectado al arranque o dañado los archivos.
En fin, si cuento este vergonzoso capítulo y lo hago con tanto detalle no es por un masoquismo exhibicionista sino con un propósito preventivo, como en los anuncios de coches que vuelan sobre otros: no intentes hacer esto. También me lo digo a mí misma: no intentes hacer esto again.

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