Mi no entender/ Crónicas perplejas desde La Pérfida y España: weblog sobre una española en Londres y su regreso a España

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Mie
19
Nov '08

Gente abierta al monólogo

El cuadernillo “Mafalda 10″ de Quino que acompañaba a Público el domingo pasado (nº 10; realizada por gentileza de Random House Mondadori según los créditos) contenía algunas tiras muy buenas. Una de las que más me gustaron muestra a la sin par Susanita sentada en un banco con Mafalda. Susanita la emprende con una de sus parrafadas interminables sobre la mar y los peces en clave de cotilleo ante la perplejidad de Mafalda, que le dura dos viñetas. En la tercera viñeta la perpleja es Susanita al ver que Mafalda se ha esfumado y en la cuarta y última, la reacción de Susanita es la que dibujé en mi pizarra blanca el lunes para que me ilumine durante la semana.

Aquí podéis ver la tira entera.

En principio la idea es seleccionar una tira por semana y dibujar una sola viñeta que la resuma y traer la foto al blog. Los personajes de Quino son bastante fáciles de dibujar, así que os animo a probar.

Sab
15
Nov '08

Mi selección

Al final, después de revisar cuidadosamente los cientos de propuestas recibidas de los lectores en forma de comentarios :-) he seleccionado los siguientes post:

1. However, said Blair.
2. Blackheath: césped con gomina.
3. El pánico voluptuoso de ser otro según Carsten Höller.
4. Somos lo que comemos o el cura que comía demasiado (1, 2 y 3).
5. Crowded house.

Han quedado fuera los post sobre las aventuras en la pizzería regentada por tipos de Oriente Medio (1,2, 3, 4, 5, 6, 7), las célebres Bragas católicas, mis contactos con el sector polaco, (El minifundio según los paisanos de Copérnico, Aventuras y capitulaciones de los Pavlowski), además de los consejos sobre Cómo hacerse pasar por británico o el revelador Cómo saber si un español vive en Inglaterra o también en clave británica Filosofía del inglés para principiantes.

Eso sí, he tenido en cuenta vuestros votos de la vez anterior.
Seguiremos informando y entre tanto, no olviden vitaminarse y mineralizarse.

Jue
13
Nov '08

Miss Veronica quiere ser mi amorcito

Qué acertada estuve llamando al blog “Mi no entender”. Y si no, echad un vistazo al mensaje que he encontrado en la bandeja de entrada del correo elsinora_londonarrobayahoo.co.uk (en el que también son bienvenidos los email normales y entendibles).

“My dear, I am miss Veronica from Asmara, Eritrea, single and 19 years old girl. After going through your information i copied out only your email address and i made up my mind to contact you for long term relationship and for you to be my financial and investment manager because you are my choice of trust.
After you reply this letter and agree for long term relationship and to be my financial and investment manager, I will email you all information concerning me and all the reason why i have chosen you to be my investment and financial manager. Reply me through my private email address: Veronicaadams777@hotmail.com
Only I am waiting for your reply,
Miss Veronica”

En plan rápido y libre y haciendo un esfuerzo por ignorar las patadas al diccionario de esta “moza” resumiré que una tal Veronica de Asmara, en Eritrea, de diecinueve años y soltera, un buen día ha tropezado con cierta información que al parecer yo le he mandado sin saberlo y ha sentido un irresistible deseo de contactar conmigo para establecer una larga relación (sentimental, se sobreentiende) y para pedirme, a mí que me llamo Elsinora y que tengo como sobrenombre Mi no entender, que me convierta en su gestora financiera y de inversiones ya que soy persona de su confianza.
Añade que en cuanto conteste a su carta y dé el OK a nuestra larga relación (sentimental, se sobreentiende), me mandará un email con toda la información sobre ella y los motivos por los que ha elegido que alguien que no sabe qué es una stock option y que apenas maneja Excel y, más aún, que alguien a quien no conoce ni puede conocer porque es simplemente un seudónimo literario, sea su asesora de finanzas e inversiones (aunque visto cómo va la Bolsa, a lo mejor no es tan mala idea que una blogger de letras se ocupe de gestionar tus acciones). Me pide que responda a su mail dirigiéndome a su dirección privada, ésa que se usa para establecer largas relaciones, sentimentales se entiende, con desconocidas heterosexuales y para buscar gestores financieros y concluye diciendo más o menos que se le hace el culo pepsicola esperando mi respuesta. Vaya con la tal Veronica: qué diecinueve años más bien llevados y qué claridad de ideas (y qué dominio de la gramática inglesa y del uso de artículos).

Más allá de las risas que me haya podido echar a cuenta de esto (risas que espero os hayáis echado también vosotros) me pregunto si habrá gente capaz de picar y creer posible que una desconocida de repente te pida ser tu amorcito y que le gestiones su pasta. Ni en los anuncios más delirantes de desodorante para hombres (ni siquiera en ese del hombre hecho de chocolate… menuda grima) ocurre nada parecido.

Mie
12
Nov '08

No se apelotonen, por favor y Los libros del futuro

Procedan por orden, no vaya a ser que el chorreo de votos de sus post favoritos me inunde :-)
Yo ya tengo mi lista provisional, pero como no desisto de que algún lector informado y sin embargo rezagado me haga llegar su top ten de artículos del blog, no la voy a publicar todavía.

Entre tanto, a la espera de esa avalancha de opiniones sobre vuestros diez artículos favoritos, os dejo con un video alucinante sobre el futuro del libro realizado por el grupo editorial Editis en clave francesa, que me ha remitido una amiga (gracias mil, Antonia Manuela) y al que se puede acceder desde Youtube. No hace falta saber francés para disfrutarlo. Voici le lien vers le court-métrage. Bon appétit!
______
Nota o confesión: escribir este simple apunte en francés me ha llevado un rato. ¿Debía poner “cassette vidéo” o bien “document vidéo” -que es como se referían a los videos en mis clases de francés, creo recordar-? ¿Cómo se dice “link” o “enlace” en francés? ¿Por qué el Wordreference tiene tan poca información en francés? ¿Por qué el Youtube no te deja ver la interfaz francesa por más que elijas País-Francia? Y más importante aún, ¿cuánto arroz puede comer un chino? Tras curiosear un rato por aquí y allá pude contestar todas las preguntas, menos la última, por más inquietante que fuera. Y a la pregunta del arroz de los chinos se sumó la de “¿dónde estará todo el francés que sabía o que creía saber?” Un verdadero Expediente X.

Sab
8
Nov '08

Dos años en seis post

Existe la posibilidad de que se publique una selección de artículos del blog en una antología, así que me gustaría que me ayudaráis a elegir los textos a incluir. La extensión total debe ser unos 14 folios, lo que grosso modo se traduce en que hay que seleccionar unos 10 post. Recupero la propuesta de este post, pero también podéis elegir textos que no aparecen. El único requisito es que en los artículos aparezca Inglaterra o los ingleses de alguna forma.

Los que ya votaron pueden reafirmarse o cambiar de idea.
Quienes no hayan votado… ¡es el momento!

Vie
31
Oct '08

Sobre la realidad y su sentido

Ando enfrascada en una traducción de una narración del inglés al español. Mi trabajo consiste en primer lugar en entender qué hace el texto original y cómo lo hace y después en construir o crear un texto equivalente en español. Descifrar sentido y expresarlo de nuevo. En esta doble tarea es muy importante reparar en los detalles, las formas, los contextos. Obviar los matices puede suponer hacer una traducción nefasta. Mi carapantallismo actual consiste en habitar una ficción regida por el sentido.

En otras palabras, jugar a que esto en lo que estamos inmersos tiene sentido.

Un trabajo semejante te pone en una situación curiosa. Por un lado es una tarea solitaria y casi invisible (si trabajas en casa la gente termina creyendo que no trabajas), aunque con un cierto prestigio entre la gente que lee, y por otra parte te convierte en una especie de ornitólogo freaky que anda persiguiendo sonidos de pájaros que nadie oye y que nadie distingue. Sospecho incluso que esos sonidos de pájaros no le importan a casi nadie, a juzgar por el mimo que se pone en la televisión y en la radio en el uso de la lengua castellana, en hablar de forma inteligible y correcta. Alguna vez me he propuesto registrar los gazapos de la televisión, pero siempre desisto, convencida de que no daría abasto. En la radio ocurre también. (Por cierto, ¿alguien podría explicarles a los locutores de Kiss Fm que el “Mercy” de Daffy no significa gracias sino clemencia, misericordia o piedad; “you got me begging you for mercy, mercy, mercy”).

Así salgo de la realidad paralela en la que habito para meterme en una realidad subterránea poblada con gente llena de paraguas y abrigos de piel de oso y carritos de niño, y carritos de la compra y personas que parecen normales pero creen firmemente en que pueden atravesar tu cuerpo, que desconocen aquello tan básico de “antes de entrar dejen salir” o las contrastadas ventajas de una buena higiene corporal. Un mundo en el que lo normal es que las embarazadas y los ancianos del vagón sobrevivan colgados de la barra y en el que lo suyo es andar sorteando goteras, montones de serrín y periódicos destripados por el suelo. El detalle más curioso de este mundo –y lo que hace que todo lo demás merezca la pena- es, sin duda, la gotera que cae imperturbable día tras días sobre un cubo en el que se lee: “Comida Perro Prosegur”. Es conocido que el agua de Madrid es muy buena, pero no sabía yo que esos perrazos pudieran subsistir con agua de lluvia con residuo de pared y techo, con retrogusto terroso.

El otro día, de regreso de la piscina, iba yo sumida en estas ideas, en lo grato que es viajar en un suburbano tan abarrotado, sucio y lleno de gente incívica y en cómo me gusta ser la ayudante 24 horas del polideportivo, especialista en sortear nadadores ciegos de mi calle y las colindantes, capear compañeras de vestuario con especial querencia por tu espacio físico y necesidad de hacer apostolado todo el tiempo sobre cosas que ni interesan ni tienen ningún fundamento y asistir aquí y allá a gente que no tiene ninguna deficiencia importante pero va por la vida sin mirar a su alrededor, cuando tuve la dicha de encontrar asiento (no había embarazadas ni ancianos a la vista, tranquilos).

Con mucha propiedad, como estaba en el metro, me senté a leer mi Metro, y cuando andaba enfrascada en una curiosa/morbosa noticia sobre las funerarias que al parecer proyectan abrir un departamento CSI, es decir, conservar muestras de ADN de los difuntos para rastrear enfermadades genéticas, un tipo grande y que desprendía un olor desagradable pero dificil de identificar se sentó a mi lado. Vi que leía descaradamente mi periódico, cosa que me molesta, más incluso si es gratuito. La cosa es que al rato, como cotillear mi periódico ya no suponía un reto para él, pasó a la siguiente pantalla y se vio con ganas de pedirme que le hiciera un comentario de texto o una crítica del artículo que ambos estábamos leyendo. No sabía él que me gano la vida haciendo este tipo de cosas y que mi madre me dijo de pequeña “no hables de textos con desconocidos”.

En el periódico venía una infografía bastante cutre para ilustrar la noticia de las funerarias que mostraba entre otras cosas dos copas de cerveza y junto a ellas un móvil en cuya pantalla se leía “Descanse en paz”. El tipo me preguntó “¿así que la cerveza es mala?”. “Hombre, depende de cuántas se tome uno”.

“Pues a ver -me contestó- yo me tomo unas seis cervezas al día. Y también cuatro cubatas y tres gintonics. Me alimento de lo que bebo y de salchichón. Soy vegetariano. No tomo ni leche, ni carne, ni huevos. No tomo pan porque engorda. Me alimento de tomates y pimientos. Y ya ves. Estoy como un toro. Ochenta años. Como un toro”. La enumeración de bebidas alcohólicas incrementaba la inquietud del viajero que había a mi izquierda, que le lanzaba miradas alarmadas, pero no decía nada. “Hoy mismo”, dijo, “ya me he tomado dos gin-tonics. Me los tomo dobles, así que me he tomado seis. En ayunas”. No estaba mal para ser sólo las 10 y media de la mañana de un miércoles laborable.

Algún mecanismo de seguridad se había desplegado en mí, afortunadamente, y así ni las contradicciones ni las aberraciones dietéticas ni las dosis mencionadas cortocircuitaron mi cerebro. De hecho ni siquiera le contesté, temiendo incrementar su sed de relato (nunca mejor dicho), y por miedo a que la conversación con este ser mítico se pusiera peligrosa. El tipo parecía un ex boxeador, grandote, hinchado y con cara atontada pero desde luego no aparentaba ochenta años. Tenía bastante pelo, negro.

Cuando me levanté para bajarme, con la impedimenta de natación a la espalda y mis propósitos de ponerme a traducir cuanto antes, oí que me decía, “ahora puedes ir a tomarte un cubata tú” y luego una risa. El comentario me arrancó una media sonrisa. La frase tenía la virtud de ilustrar perfectamente la distancia entre su lógica y la mía y por otra parte, era un intento a la desesperada de que le siguiera el rollo.

Cuánta razón tenía este hombre, entre los largos en la piscina y las horas de cuidadosa traducción lo que yo necesitaba era un par de cubatitas para abrir boca.

Mar
28
Oct '08

Mensaje en una esfera

He recibido el siguiente mensaje, de lo más enigmático:

No te engañes a ti mismo fingiendo que no estás interesado en esta esfera. ¿qué esfera?, ¿el globo terráqueo?, ¿la burbuja inmobiliaria?, ¿la blogosfera?, ¿la esfera política? Hoy en día puedes encontrar lo que quieras en internet ¿un club de fans de Elsinora? ¿un trabajo bien pagado? ¿el truco para cancelar mi hipoteca? ¿un novio divino de la muerte? La primera experiencia negativa provocó inhibiciones ya lo veo, se refiere al carnet de conducir; o a aquella tortilla de patatas que se me quemó y puso trabas al desarrollo de la esfera sexual ¡acabáramos!; o sea que la primera experiencia impidió que se desarrollara bien la esfera… o sea que el globo de latex, se pinchó en algunos individuos mala suerte para ellos, cuánto lo sentimos. Entiende que no estás solo en este mundo ¿el mundo mundial? porque en el mundo de los freakies sexuales no estoy ni sola ni acompañada, simplemente no estoy. Todas las normas han sido prohibidas no sabía yo esto; de lo que se entera una con esto de los blogs y muchas cosas ahora son socialmente aceptables pozí, así es. Rechaza todos los principios mojigatos y reglas de conducta ¿todas las reglas? ¿y entonces qué hago? Hoy en día la situación es bastante diferente. Puedes desarrollar tu esfera íntima y dale y disfrutar cada una de sus manifestaciones.

A continuación el mensaje original, recibido en inglés, la lengua del imperio ¿esférico?

Don’t deceive yourself and pretend that you are not interested in this sphere . Today you can find everything you like in the internet . . First negative experience provoked inhibitions and hag-ups and hampered the development of sexual sphere in many individuals . You understand that you are not alone in this world . All norms are banned and many things are now socially acceptable . Refuse all sanctimonious principles and rules of conduct Nowadays the situation is quite different . You can develop your intimate sphere and enjoy every its manifestation.
*****

Y por cierto, al final del bonito mensaje había un link a una página de videos porno, de lo más esféricos todos, supongo, porque no me he atrevido a pinchar en el enlace, porque al quedarme sin reglas de conducta a seguir ya no sé cómo conducirme por la blogosfera, yo que me inhibí con el carné de conducir, pero eso sí, ya he dejado de engañarme a mí misma fingiendo que las esferas, cualquier esfera, no me interesan. Me interesan mucho, de hecho. Las esferas, así, tan… ¿cómo decirlo? redonditas.

Lun
27
Oct '08

Cuánto deporte… (III)

Las estaciones se sucedían y los chavales de enfrente, que no debían ser de Madrid, hacían bromas sobre sus nombres e incluso les tiraban besos con esa inmunidad al sentido del ridículo que sólo la edad, el grupo o el alcohol otorgan. Su entusiasmo por los pequeños detalles me recordó mi propia sorpresa en los primeros tiempos de Londres, si bien quise creer que yo era mucho más discreta y mis observaciones más sutiles. La estación favorita de la chavalería era con diferencia Lago.

Después de celebrarla conveniente dos de ellos se enzarzaron en una pequeña discusión sobre si era correcto o no llamar “arcada” al soportal cubierto de arcos que alojaba la estación al aire libre. El chaval del grupo sostenía que “arcada” sólo significa lo que precede al vómito. En todo caso, a estos chavales les faltaba vocabulario por todas partes y les sobraban prendas estridentes (¿o soy yo que estoy desfasada?).

Observando la sucesión de arcos de piedra pensé que hacía años que no iba a la Casa de Campo y me acordé de cuando fui para hacer la prueba del First con el Instituto Británico y de cuando de pequeños íbamos a remar en el lago. Cualquiera diría que me había embarcado en un viaje nostálgico-temático, en el que sólo tendría cabida lo relacionado con Periodismo, el Inglés y el deporte. Diríase que los caminos de la línea blanca son insondables.

En Lago precisamente habían subido unos cuantos chavales con el mismo chandal y la misma bolsa de deportes, que indudablemente formaban parte del mismo equipo, de un deporte que no pude determinar. Una de las chavalas, pintada como una puerta y con una delirante combinación de estilos de ropa, dijo mientras les miraba: “eso sí que mola, poder hacer deporte así”. Y ahí directamente pensé que no entendía nada. Poco después otra de las futuras masterizadas en Periodismo Deportivo y Comunicación Nosecuantitos decidió ofrecerle su asiento a un señor mayor pero en lugar de comunicárselo como la comunicóloga que supuestamente era se levantó con la carpeta aún en el regazo y el bolso medio colgando y se acercó hasta el señor.

El señor no quería sentarse y además tenía a su disposición un asiento libre (razón por la que yo no le había cedido el mío), de manera que la chavala volvió a su sitio, con la carpeta todavía sobre las piernas. Lo dicho, que eran buenos chavales, pero pelín desinformados estos periodistas deportivos.

Un poco como yo hace unos cuantos años, supongo.

Dom
26
Oct '08

Cuánto deporte y cuán lejos de casa (II)

La vuelta a casa no resultó demasiado épica, pero tampoco demasiado tortuosa. Aunque tenía que hacer dos trasbordos y usar dos billetes distintos, durante la mayor parte del trayecto era posible depositar aquellas bonitas mancuernas de PVC en el suelo y en los cambios de línea el secreto estaba en aguantar lo suficiente hasta las escaleras mecánicas.

Me había propuesto aprovechar el largo viaje para avanzar trabajo (como cazadragones part-time no me queda otra), cosa que pude hacer a la ida, pero a la vuelta estaba demasiado cansada para ir leyendo mi manuscrito en inglés, así que lo volví a meter en el bolso lamentando el peso extra y me puse a observar a mi alrededor. Cuatro chavales con cuatro carpetas idénticas soltaban risotadas enfrente de mí. El lomo de la carpeta decía: “VI Master de Periodismo Deportivo”.

Los observé con mayor detenimiento (tres chicas y un chico) para concluir que rara vez había visto a gente con un aspecto más alejado del deporte. No era sólo un asunto de la forma de vestir y la complexión, sino también de la postura y la actitud corporal.

Me acordé también de mis compañeros de Periodismo, especialmente de unas chavalas que venían a clase todos los días con el Marca retorcido y que al parecer sabían todas las alineaciones y las estadísticas. Llevaban unas uñas largas pintadas de oscuro y un look semiheavy que siempre me había desagradado. La cosa es que estas chavalas ignoraban cualquier cosa que no fuera fútbol y por supuesto no practicaban ningún deporte.

Volviendo al presente, leí en la carpeta de los chavales “Universidad Juan Carlos I” y me acordé de un amigo mío que es profe allí, precisamente en Periodismo y me pregunté si estos cuatro serían alumnos suyos. Parecían buenos chicos, y a efectos académicos su mal gusto para vestir y su exceso de ingenuidad no creo que fueran relevantes.

A mi derecha había otros tres tipos curiosos. El del extremo, muy moreno y con rasgos de origen árabe pero claramente español y nariz de boxeador hablaba animadamente con el que tenía a su lado, un chaval de pelo castaño y cara vagamente inglesa, repanchingado sobre el asiento y con su pie enfundado en una zapatilla de marca pisando el asidero metálico del vagón con esa dejadez física tan anglosajona.

El del pelo oscuro le hablaba en español y el otro le contestaba en inglés, con un marcado acento del centro de Inglaterra. El que estaba junto a mí, rubio y de formas redondas, tenía un libro de baloncesto sobre el regazo, y sobre él un paquete de tabaco y un cuaderno. Parecía norteamericano y vestía con un look de hace diez años. A éste sólo le oí hablar en español con acento vagamente inglés. Estaba bastante estresado por cuestiones de trabajo y los otros dos trataban de tranquilizarle sin esforzarse demasiado en el empeño, me pareció.

El del medio, el del acento no londinense, se puso a hablar en un español perfecto y entonces ya no supe si realmente tenía cara de inglés o había sido una suposición hecha después de haberle oído hablar con tanta fluidez.

Por la conversación y el aspecto deduje que eran periodistas deportivos y bilingües y de alguna forma me sentí muy cerca y muy lejos de ellos al mismo tiempo. Ninguno de ellos parecía demasiado deportista, por otra parte.

Las estaciones se sucedían y los chavales de enfrente…

Continuará.

(Como los más observadores habrán notado, he vuelto a la plantilla original. He pensado que un post tan largo con un cuerpo 8 podía ser matador, y como de momento no puedo modificar el tamaño de letra me ha parecido mejor volver a esta plantilla).

Sab
25
Oct '08

Cuánto deporte y tan lejos de casa

Cuando yo era ¿pequeña?, ¿más joven?, hace unos años, vamos, era famoso un sketch de televisión de Emilio Aragón en el que él aparecía persiguiendo interminablemente una línea blanca pintada en el suelo por las calles de la ciudad. Al mismo tiempo sonaba una melodía muy familiar.

El otro día juraría que a mí me pasó lo mismo. O bien yo seguía una línea blanca o bien una línea blanca me seguía a mí. Sea como fuere, mi línea y yo llegamos nada menos que hasta Alcorcón, desde Chamberí. Y en metro, además.

Perseguíamos un par de pesas o mancuernas, que son una cosa rara para perseguir, pero así era. No es que fuera presa de un brote de “Teletienditis” (ya sabes, ese mal que consiste en invertir miles de euros en aparatos de gimnasia más o menos estrambóticos vistos en la tele), sino que mi profe de Pilates está empeñado en hacer de nosotras (sólo hay un par de hombres en clase y uno casi nunca viene) unas atletas y para ser atleta parece imprescindible poder hacer fondos impecablemente y para hacer fondos parece imprescindible no tener muñecas de pitiminí, al menos si tus caderas no son igualmente de pitiminí. El profe nos tuvo un rato practicando con las picas (ver este post) y luego nos dio instrucciones para que siguiéramos practicando en casa con el palo de la fregona para tener muñecas de acero cuando en noviembre nos pongamos a hacer fondos. Puso a Dios por testigo de que si no practicábamos todos los días, llegado ese momento nuestras muñecas se abrirían. Mi experiencia con los fondos hasta ahora ha dejado mi casilla en 0 y la de los fondos en 1, pero ya se sabe que el que ríe último ríe mejor.

La cosa es que el palo de la fregona -rígido como es- no termina de plegarse a mis deseos: a mi madre no le hace demasiada gracia ver los flecos del mocho subiendo y bajando en medio del salón (me gusta hacer ejercicio mientras veo la televisión), por más que la fregona esté completamente seca y sea una flamante Vileda-palo-largo de 140 cm bastante nueva, y a mí no me complace que sea tan larga y tan hueca y a las paredes colindantes y a las macetas no les hace demasiada gracia ser avasalladas treinta veces con cada mano.

Unas pesas ligeras parecían una opción segura para mí y para el mobiliario. Hay una pequeña tienda de deportes cerca de casa, pero a quién le seduce cazar una mosca pudiendo cazar un dragón. Como además también quería echar un ojo a algunas cosas de natación y nunca había estado en un Decathlon (básicamente porque antes de mi fiebre deportista era más bien alérgica a este tipo de sitios) puse en marcha la operación de busca y captura. Hete aquí que todos los establecimientos de la cadena francesa están en el extrarradio y como yo no conduzco y no podía esperar a que nadie me llevara (valiente cazadragones dominguera estaría hecha entonces), tenía que analizar cuidadosamente las comunicaciones de cada sede para descubrir la de mejor acceso mediante transporte público.

Porque claro, con mi sentido de la orientación tampoco podía arriesgarme a andar buscando por las calles de Alcobendas o San Sebastián de los Reyes el bonito edificio de Decathlon. Fui comprobando los planos de cada sede y descubrí que efectivamente la mejor opción era Parque Oeste en Alcorcón, porque la parada del Metrosur dejaba bastante cerca, como me había comentado una amiga tiempo atrás. El plan era ir a echar un vistazo a la oferta en pesas, cintas elásticas de fitness y cachivaches de natación y sólo comprar cosas ligeras a la espera de volver otro día con refuerzos (una cosa es querer cazar dragones y otra ser masoca). Pero al final de algún modo regresé con dos pesas de dos kilos, dos cintas elásticas Reebok (Fitness Rings) y tres pelotas de diversos tamaños y colores vivos.

La vuelta a casa…

Continuará

Vie
24
Oct '08

Yoguilates para todos (solucionario)

Tendréis que disculpar mi baja tasa de actualización de estos días, pero mi carapantallismo profesional me inclina a rehuir la pantalla en cuanto me es posible.

A continuación van las respuestas correctas al test del último post, para aquellos que tengan curiosidad por conocerlas.

-Estampación: 1-c; visualizar las partes, la colocación y la presión que soporta cada zona ayuda a mantener el equilibrio y mejorar la coordinación. El término también se utiliza en las escuelas de danza, por lo que he leído.

-Picas: 2-f; al menos en mi gimnasio llaman picas a unos palos gruesos que se usan para hacer torsiones y para desarrollar determinados músculos. Valen también para darse masajes en la planta del pie: pones el palo en el suelo, en horizontal y pones el pie encima, y presionas, primero en el talón y luego vas avanzando hacia delante. Al final desplazas toda la planta sobre él. Relaja bastante y favorece la circulación.

-Fondos de brazos: 3-a. No comment :-)

-Periné: 4-b. El suelo pélvico suele perder tonicidad con la edad y con los partos. Hay ejercicios específicos para mejorarlo, pero a veces las explicaciones suenan un poco surrealistas…

-La sonrisa interior: 5-d. Lo mejor de todo es que funciona… creo :-) Hay que imaginar que algo parecido a la barra verdosa de la fotocopiadora te va recorriendo por dentro y te llena de luz.

Dom
19
Oct '08

Yogilatando que es gerundio

Aquí sigo. Sumergida en el tiempo londinense que nos invade, tan preocupada como saturada por el bombardeo de información sobre la crisis económica (la CNN es una verdadera pesadilla) y buscando trabajo carapantallil por cuenta ajena. La cosa va bien, por cierto.

Como no todo va a ser currar ni ver la tele, me he sumergido en mi última nueva pasión, es decir, el Chi-Kung, una disciplina china prima hermana del Tai-Chi. En realidad la palabra Chi-Kung es un término paraguas bajo el cual cabe una serie de disciplinas médicas y de lucha (véase el Kung Fu, por ejemplo).

También sigo estando muy interesada por el Pilates, incluso por algo llamado Yogilates que es una combinación mediopensionista entre el Yoga y el Pilates, como los más avispados de vosotros habréis deducido. El aluvión de información, ingerido a toda prisa entre mis lecturas de manuscritos y mis tareas de traducción me han sumido en un estado de perplejidad que le casa bien al blog. Tengo unas cuantas dudas, a ver si me las podéis despejar.

1. La estampación es:
a) Eso que le gusta tanto a tu suegra y que en mala hora aprendió gracias a unos fascículos de RBA editores.
b) Esa técnica tan imaginativa a la que se entregan tus hijos con las paredes de la casa a poco que te distraigas.
c) La huella de las partes de tu cuerpo que están en contacto con el suelo y el peso que soportan en cada postura.
d) Una cosa misteriosa a la que se aferran los profesores de Pilates para echarte la culpa de tu propia torpeza cuando te estampas contra el suelo.

2. Una pica es:
a) Eso que otros ponen en Flandes, pedazo de chulitos.
b) Eso que tú pones en Flandes, menudo eres tú.
c) Eso que indefectiblemente los torpes de tus compañeros del gimnasio acaban dejando caer sobre tus pies descalzos.
d) Eso que indefectiblemente pero sin saber muy bien cómo terminas dejando caer sobre los pies descalzos de tus compañeros del gimnasio.
e) Un tipo de carta del póquer.
f) Unos palos que se usan en los gimnasios para hacer torsiones, o fortalecer algún músculo concreto.

3. Los fondos son:
a) La vía que ha encontrado tu profesor para torturarte y hacerte notar que bueno, quizás no estés tan en forma como pensabas.
b) Eso que se ha hundido porque las hipotecarias norteamericanas concedieron muchas subprime a un altísimo interés que nadie pagó y luego nadie quería comprar los pisos embargados, y luego nadie confiaba en las hipotecarias.
c) El plural del lugar donde ese tío tan pesado o esa tía tan pesada tiene oculto su encanto, su gracia o lo que les hace interesantes.
d) La imagen más o menos hortera que aparece en la pantalla de tu ordenador y que no sabes como cambiar.

4. Periné:
a) Es como llaman los franceses a los Pirineos.
b) Es un conjunto de músculos también llamado suelo pélvico que se potencia mucho en Pilates.
c) Es el hueso que vulgarmente se conoce como espinilla.

5. La sonrisa interior:
a) Es la que se te queda cuando sabes que tienes razón pero no lo puedes demostrar.
b) Es el escalofrío mezclado con cierto alivio que sientes cuando terminas de hacer tu declaración de la renta (positiva) y te dispones a pagarla.
c) Es semejante a la sonrisa clavicular de Pilates e implica poner en postura horizontal determinados órganos internos.
d) Es una actitud interna preconizada en las artes marciales orientales que consiste en imaginar una sonrisa amplia en tu interior que lo llena todo de luz blanca y que en teoría te predispone a hacer mejor un ejercicio o a afrontar mejor una situación.

Dom
12
Oct '08

Probando nuevas plantillas

No te asustes. No hay ningún error en tu navegador. Este sitio sigue siendo el “Mi no entender” de siempre a pesar del cambio de look. Estoy probando nuevos “temas” en la bitácora. ¿Qué te parece éste? Es limpito y agradable, ¿no? Quizá la letra sea un poco pequeña.

Vie
3
Oct '08

Conversación en una librería del centro de Madrid

Estoy en una librería del centro de Madrid, ojeando libros un jueves por la mañana. Se trata de una librería vinculada a los tiempos en los que estudié Escritura Creativa en la cercana Escuela de Letras. Hacía años que no venía, porque en las escalas técnicas en Madrid de la etapa londinense solía visitar La Casa del libro y/o la Fnac y ahora que estoy de vuelta suelo evitar el centro. El local tiene algo de muy conocido y al mismo tiempo de extraño, porque han transcurrido muchos años desde la época en que lo frecuentaba. Conozco al dependiente, pero decido saludarle más tarde y echar un ojo a los libros.

-Qué lata están dando con el pijamita. La dichosa novela del niño del pijamita.

La voz, varios decibelios por encima del volumen del estándar de una conversación privada en España, proviene de un señor de unos ochenta años, alto y enjuto, bien vestido. Le acompaña una mujer que podría ser su esposa. Parece sorda o indiferente, porque no reacciona de ninguna forma visible a las voces del marido.

-Y es que hay que ver. Ahora escribe cualquiera. Al final, lo bueno, lo prestigioso, va a ser no escribir.

El tipo recorre la librería ojeando aquí y allá pero sin encontrar nada que borre de su mente la ominosa estela de “El niño del pijama de rayas”.

En un momento determinado decide que ya ha tenido bastante y pregunta a bocajarro al dependiente: ¿Cuánto cuesta el libro de Queipo de Llanos?

El empleado le contesta que no se lo puede decir, porque el libro aún no ha salido. Me parece que lo dice con un asomo de satisfacción, contento de poder dar una negativa a un tipo tan estomagante sin dejar de ser profesional.

-¿Cómo puede ser eso? Pero si el libro ya se ha presentado. Usted debería estar al tanto de…

-Sí, sé que lo va a sacar Esfera de los Libros, pero aún no ha llegado.

Pensé que para retirarse con toda elegancia, al vendedor sólo le había faltado cerrar la conversación con un “ahora, si me disculpa, tengo que colocar unos cuantos ejemplares de “El niño del pijama de rayas” en el escaparate, que se está vendiendo muy bien”. Mientras pasaba las páginas de la sección de Madrid y Castilla del “Manual para viajeros por España y lectores en casa” del británico Richard Ford (”el castellano es rudo pero de afecto sincero…”) me dije que el dependiente era demasiado castellano para usar este tipo de remoquete al estilo de La Pérfida.

Lo mejor del caso es que a mí el libro en cuestión ni me va ni me viene. Es más, lo que he oído es que literariamente no vale mucho, pero estas actitudes prepotentes me despiertan un afán de compensación. A todo esto, yo, muy británica, había esbozado una sonrisita interna y seguía ojeando narrativa extranjera de cejas altas y algunos ensayos. Al final, elegí “Entrevistas breves con hombres repulsivos” (reseñas aquí y aquí) de David Foster Wallace (De Bolsillo; 8,95€; traducción de Javier Calvo) y “Un pistoletazo en medio de un concierto. Acerca de escribir de política en una novela” (Editorial Complutense; 3 €) de Belén Gopegui. Sólo ahora me doy cuenta de la conexión entre los libros y la situación. Y luego habrá gente que necesite consultar el “I Ching” para conocerse a sí misma…

Dom
28
Sep '08

Apueste por una (situación)

Como os contaba hace unos días se acerca el cierre del blog. A partir de ese momento, no habrá actualizaciones pero los contenidos seguirán disponibles (mientras sea posible). Los casi quinientos post que hay permiten andar trasteando y releyendo una buena temporada.

De momento parece que los post favoritos de los basados en personajes son los de los empleados de Oriente Próximo de la pizzería y la sección Elsinora como pincho moruno.

El otro día estuve viendo las estadísticas de visitas y me llevé una agradable sorpresa. En Agosto hubo nada menos que 8000 entradas. Fue un mes muy bueno, supongo que por efecto de las olimpiadas y también porque la gente estaba de vacaciones y se ve que mi perfil de lectores se nutre de gente a la que le gusta leer en vacaciones, y no sólo desde el curro. Los meses “normales” oscilan entre 2000 y 3000 visitas. No está nada mal para una bitácora independiente, ajena a un portal de blogs y que además tiene un dominio tan poco relacionado con su contenido (bdbaloncesto). Y por supuesto está muy bien para un blog escrito por una sola persona.

Había anunciado una selección de post basados en situaciones, para facilitar vuestro voto. Aquí va.

1. Mis primeros contactos con el que sería mi college durante dos años Todos somos raros
2. Cómo conseguir una rebaja en inglés con la boca anestesiada.
3. Bragas católicas.
4. “However” dijo Blair o un marciano en la Casa de los Comunes.
5. Un zorro en South East London.
6. Pliegue ficción-realidad en Brixton a cuenta de una película: Mirando al sur.
7. Vida nocturna de una estudiante universitaria en tres partes: Inglaterra está dormida (Parte I); Inglaterra está dormida (Parte II); Inglaterra está dormida (Parte III)
8. La naturaleza (inglesa) y la cultura (española) echan un pulso: Satán regresa y trae la cordura.
9. Peculiaridades de mis compañeros de piso del sector polaco. El minifundio según los paisanos de Copérnico.
10. Flatmates (compañeros de piso) adoptivos: Aventuras y capitulaciones de los Pavlowski en Londinum.
11. Flatmates de las antípodas: Ovejas estresadas y urracas parlanchinas.
12. Arte, surrealismo y multiculturalismo en una exposición de la Tate: El pánico voluptuoso de ser otro según Carsten Höller.
13. Una Inglaterra que no se ve tanto. Cambio camisetas del Real Madrid por cuentos de hadas en español.
14. Elsinoras sin fronteras Las aventuras de Madame Betadine en Pekín.

¿Cuáles son tus favoritos?

Mie
24
Sep '08

Quince páginas de títulos y una extraña foto

Llevo un par de días revisando los artículos del blog y me he dado cuenta de que los casi quinientos post que hay publicados han dado para mucho (sólo los títulos llenan quince páginas), tanto en lo que se refiere a los temas como respecto a los enfoques. Al releer he recordado lo mucho que he disfrutado haciendo la bitácora y lo mucho que me acompañó en La Pérfida.

Para cualquier persona a la que le guste escribir llevar un blog es un plan estupendo, aunque es cierto que para un escritor de ficción es un entretenimiento “peligroso”, porque la energía que le dedicas a uno y las satisfacciones que te da le restan energías y motivación al otro. En cualquier caso, estoy barajando fórmulas para abrir un nuevo blog, compartido quizá, de forma que no me lleve tanto tiempo. El tema esta vez sería o la actualidad o los secretos de Madrid. Quizá un fotoblog.

Se admiten sugerencias, of course.

También estoy dándole vueltas a la parte del gestor web, el formato y la plantilla. No entiendo mucho de la parte técnica, pero algo sé sobre composición y maquetación. Wordpress (el software con el que está construido y gestionado este sitio web) es uno de los editores web de mayor difusión, pero a mí últimamente se me está atragantando, básicamente porque no consigo modificar los formatos (o temas) como quisiera, por una cuestión de permisos del hosting y porque desconozco los procedimientos.

Consultar los numerosos foros y ayudas sólo consiguió sepultarme bajo un aluvión de más dudas. Overwhelming. En estos casos lo que uno necesita es un libro, que empiece en una página y termine en otra, que tenga una concepción unitaria y progresiva, pensada por un autor o autora o un editor que se hace responsable de lo que pone ahí, y que se pueda tocar, subrayar o incluso tirar al suelo en caso de desesperación (tirar el portátil relaja igualmente, pero tiene consecuencias peores).

Así que me puse a investigar en la Red y vi que no había libros especializados en Wordpress en español. Todo lo que pude encontrar fue un libro en inglés escrito por una bloguera norteamericana, ensalzado por su claridad y su contenido completo. La autora es Lisa Sabin-Wilson; una chavala rubia que a juzgar por la foto de su blog es un cruce entre un alien y un personaje femenino de los Mosqueperros. ¿No te parece? Miedito. ¿Lo habrá hecho aposta, como reclamo para su web, en plan ‘¿has visto este blog con esta foto tan espantosa?’ Y los tipos reenviando como locos el link para reirse de ella y ella mientras gozándola al ver cómo sube enteros en el Technorati.

Aunque también es posible que la foto sea normal y la rara sea yo. Sea como fuere, el libro que debería sacarme de mi analfabetismo perplejidad tecnológica se llama “Wordpress for Dummies” y vuela ya hacia mi casa por cortesía de Amazon (lástima que el dólar haya subido…) y de un puñado de euros.

Pues nada, si alguien tiene alguna sugerencia respecto a gestores web que hable ahora o calle para siempre :-) También es un buen momento para que los amigos de Lisa Sabin-Wilson que disientan de mi interpretación de su background genético me comuniquen sus impresiones o bien le aconsejen como gente que quiere lo mejor para ella que cambie la foto.

Mar
23
Sep '08

Con birrete y a lo loco (final)

La ceremonia duró bastante, porque primero salían los undergraduates, es decir los que habían aprobado un Bachelor in Arts, y estos eran ciento y la madre. Se ve que la edad y la mayor frecuencia de las clases habían creado un vínculo más estrecho entre estos alumnos: sus compañeros aplaudían a rabiar, jaleaban e incluso unos cuantos alumnos saludaron desde el estrado a la concurrencia, como un político en campaña.

Yo, siguiendo el espíritu de los juegos de Pekín decidí que aplaudiría a todo el mundo aunque no los conociera y que me dejaría llevar por su alegría. Eso sí, tenía cierto temor a que el público llegara a la fase de los Master bastante cansada y no nos aplaudiera. Como mi facultad es muy multiculti (ha habido alumnos de 204 nacionalidades, ahí es nada) resultaba muy curioso fijarse en los nombres de los graduados. Los había anglosajones, chinos, indios, latinoamericanos, griegos, italianos, árabes, rusos. De hecho, al inscribirte te decían que si por razones culturales no podías estrechar la mano del Chair lo advirtieras de antemano.

Mis problemas por razones culturales no tenían que ver con estrechar manos, sino con mi nombre. Para evitar problemas había dado mi nombre oficial a la hora de registrarme, pensando que era más seguro así. De manera que como tantas españolas de repente me vi con un María delante de mi nombre. Lo que ya no es tan frecuente es tener un segundo apellido kilométrico. Así que esperaba con cierta expectación el momento en que el speaker tuviera que leer mi nombre interminable y entre tanto, además de colocarme cada rato la beca y aplaudir, andaba comparando la extensión de los apellidos más largos (de latinoamericanos con nombres de pila compuestos y largos y que usaban los dos apellidos) para ver si alguno superaba el mío en longitud.

No fue así, así que cuando después de los tropecientos graduados de todos los BA posibles y tras las menciones honoríficas (muy espectaculares, les sacaban una especie de reclinatorio para que se arrodillaran y el Chair del Council pudiera ponerles la distinción, como si les nombrara caballeros) nos llegó el turno a los máster y después al nuestro concretamente, yo era la primera por orden alfabético (Bonasera) y protagonicé un momento gracioso al ver que el speaker se atragantaba con la penúltima palabra de la retahila: María Elsinora Bonasera de todos los… San-tos. Imagino que en el DVD del acto quedará cutre esa parte, y además, de haber sabido que podía dar el nombre no oficial, lo hubiera dado pero por otra parte me parece estupendo que haya que respetar la diferencia también aunque uno sea occidental y también creo que a mi madre le gustará que se oiga su apellido, aunque sea pronunciado a trompicones y con acento de doña Croqueta.

Quizá porque iba pensando en estas cosas de doña Croqueta (cuya forma de hablar me inspiró en parte el título “Mi no entender”), o porque iba rumiando la charla que había dado nuestro Warden (equivalente al decano o al gerente de mi college) la cosa es que mientras atravesaba el estrado hacia el lugar donde tenía que estrecharle la mano al Chair del distrito (podéis verle en este link) se me dibujó una gran sonrisa en los labios, que mantuve mientras el citado Chair me estrechaba la mano con energía y me decía: Congratulations, well done! Aquí me tienta hacer un chiste malo con la expresión “well done”, que también se aplica a los filetes muy hechos; pero después de criticar a mi hermano por sus chistes malos no sería justo que yo hiciera lo mismo sólo porque tengo un blog y los lectores no suelen protestar; y además probablemente la broma se volvería contra mí: de la ternera bien hecha se pasaría fácilmente a la carne añeja; los juegos de palabras los carga el diablo).

La cosa es que me pareció que el tipo tenía toda la razón, que sacar adelante un Master de literatura comparada en un idioma que no es el tuyo –que ni siquiera es tu primera lengua extranjera- y haberlo hecho en parte mientras trabajaba tenía mucho mérito. Gallifante para Elsinora, hombre por Dios.

Para volver a tu asiento había que seguir un camino determinado que no representaba demasiado problema salvo en la parte en la que tenías que atravesar una fila entera por entre las sillas vacías de los que estaban cerca del estrado. El espacio era pequeño, yo llevaba tacones y una ropa bastante aparatosa candidata a engancharse con cualquier cosa, pero finalmente bastó con poner los pies en diagonal, sujetar las faldas de la toga y sacar mi espíritu Pilates para esquivar las patas de las sillas y así llegar sana y salva a mi sitio.

Después de eso: resoplido de alivio y satisfacción al llegar al asiento, mirada a mi compañera de fatigas, sí, sí, la de los emoticones y las onomatopeyas y después cansancio considerable, el típico que se hace dueño de uno en cuanto te baja la adrenalina.

Mi hermano estaba contemplando la ceremonia desde otro lugar, desde el que no veía mi sitio. Según me contaría después, tras ver desfilar decenas y decenas de alumnos y no verme pensó que se había despistado y no me había visto cuando me nombraron. Tuvo entonces un momento de pánico imaginando mi enfado al enterarme. Por supuesto, a mí me faltaba un rato para aparecer en escena y además cómo podría habérsele pasado por alto la entrada triunfal de una tal Magüía Elsinoura Bounasera de Toudous lous (parada para coger aire y para acordarse de la madre del multiculturalismo) San-tous. Un ser elegante, gracil, que irradiaba una luz y una inteligencia proporcionales a la longitud de sus seis nombres, jur jur jur.

Link a las fotos de la ceremonia.
¿De qué siglo son estos personajes? Las personas de los extremos estuvieron en mi presentation. El de la izquierda es el warden de mi facultad y el de la derecha el chair del distrito de Croydon, precisamente quien estrechó mi mano y me felicitó por mi buen trabajo.

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Lun
22
Sep '08

Con birrete y a lo loco (IV)

Mientras atravesaba aquel maremagnum de gente variopinta, desconocida y excitada para reunirme con mi hermano pensé que precisamente una ceremonia como ésta hubiera perdido gran parte de su sentido de acudir sola. Creo que hubiera venido en todo caso –me habría acoplado a mi classmate Louisa, por ejemplo-, pero lo cierto es que estaba feliz de compartir un momento así con mi hermano, quien por cierto tendrá su graduación por el doctorado en unos meses, en Madrid.

Había quedado después de la historia con mi alumna de japonés, que andaba muy liada escribiendo su “dissertation”, como el año anterior lo había estado yo. Esperaba que la proverbial paciencia oriental tuviera una base real, porque la mareé un poco con sucesivos cambios de planes: nos vemos el viernes en el campus después de la ceremonia; no, que al final es el miércoles, nos vemos hacia la 1 ya que el acto empieza a las 11:30, ah no, me olvidaba que el lunch empieza como a la 1, nos vemos a las 2. Le mandé la última versión diciendo que nos veríamos a las 2 en el Loafers, la cafetería de la facultad en la que alguna vez tuvimos nuestras clases de español, entre cafés latte y muffins de blueberries (mi favorito de entre los más saludables). Por supuesto, me disculpaba copiosamente al estilo oriental (o según creo yo que es el estilo oriental, que cualquiera sabe) y me consolaba saber que ella vive a 5 minutos del college, con lo que no le robaría demasiado tiempo a esa “dissertation” pendiente.

Una vez dejé los trastos en la cloakroom bajo el cuidado de Whoopie Golberg II, nos dedicamos a hacer un poco el “moñas” hasta la hora de la ceremonia. Fotos aquí y allá. Me entró de repente la vena de alumna aplicada y me puse a leer la información sobre la ceremonia que acompañaba a la entrada. En el momento en el que trataba de memorizar cuándo tenía que ir con gorro y cuándo sin gorro y qué había que hacer frente a las autoridades y si la salida era por el pasillo de la derecha y la entrada por el de la izquierda o justamente al revés, mi hermano, que ignoraba lo delicado de la información que yo estaba procesando tan esforzadamente, decidió sacarme una foto de esas “espontáneas”. En la foto aparezco reclinada sobre un papel y armada con un boli en una postura que todo monitor de Pilates o de Técnica Alexander censuraría pero sorprendentemente no me sale humo por las orejas. Menos sorprendemente aparezco casi bizca. Se ve que como espía no me ganaría la vida, poniéndome bizca cada vez que tuviera que memorizar una clave secreta antes de comerme el papel en pedacitos o de quemarlo y luego además seguramente me entrarían las dudas, ¿la primera parte era 23Z o Z23?

Continuará.
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Dom
21
Sep '08

Con birrete y a lo loco (parte III)

En la sala siguiente la sensación de formalidad era mayor. Había unos tres o cuatro empleados, cada uno junto a un pupitre. Por lo que pude observar mientras esperaba la cola, el procedimiento una vez era tu turno consistía en ponerte en manos del empleado y dejarte hacer. El rasgo que ponía el toque británico y cómico al mismo tiempo era que tú te tenías que dejar hacer pero los operarios como ingleses que son no se sienten autorizados a tocarte salvo necesidad perentoria. Cuando me tocó –el turno, que no el empleado-, me quité la cazadora, dejé la bolsa con los zapatos, el maquillaje y el pack de la graduación en el suelo y el traje sobre el pupitre y me quedé muy erguida esperando acontecimientos.

La situación me recordó a cuando de pequeña iba a la modista y me tomaba medidas para algún uniforme, o para el traje de la comunión. No soy una persona especialmente dada al contacto físico, pero como española y como habitual de los fisioterapeutas no es una cosa que me suela preocupar.

El tipo de la sastrería académica más antigua del reino me ofreció las mangas en un gesto que me recordó a las peluquerías y me indicó que sacara las manos por la abertura que había a media altura, después cogió lo que nosotros llamamos beca y la colocó en la parte alta de mis hombros y me dio el extremo, que tenía una especie de ojal y me indicó que lo abrochara en el segundo botón de mi camisa, como si yo le fuera a denunciar por acoso si lo hacía él. Conseguí ajustarlo a la segunda.

Esta es la tarjeta que me regaló mi alumna japonesa de español.

Faltaba sólo el gorro. Le extendí el papel con la medida, buscó uno, lo trajo, decidió que no era mi talla y cogió otro, que a mí me parecía pequeño, se lo dije, pero me respondió que no. Los gorros estos tienen su técnica: tienes que levantarlo sobre tu cabeza y cuando puedas leer lo que hay escrito en su interior te lo encajas en la cabeza, de esa manera te quedará uno de los picos en la mitad de la frente y el resto, lógicamente, a noventa grados de éste. Llegados a este punto ya sólo queda colocar el pompón –o como quiera que se llame ese penacho de hilos sedosos- a la izquierda.

Con este aspecto, y una bolsa en una mano y la cazadora y mis botas de goretex en los pies me dirigí al cuarto de baño para cambiarme los zapatos, retocarme el maquillaje y peinarme. La sensación con la toga era buena: para alguien de mi tamaño el traje resultaba favorecedor ya que daba sensación de altura y disimulaba un poco ciertas redondeces. Bajo aquellas ropas amplias, la gente bajita terminaba pareciendo más baja mientras que la delgada perdía parte de su ventaja comparativa. El baño estaba verdaderamente crowded. Había alumnas que se saludaban con entusiasmo, real o fingido, con sus “cuánto tiempo, muá, muá, felicidades, felicidades”, gente que se peinaba y maquillaba, madres de alumnos, ilusionadas pero algo fuera de lugar.

Esperé mi turno con paciencia, a la inglesa, y me metí en un baño. Maniobrar con aquella ropa y tanto trasto en el cubículo pequeño y no muy limpio tenía su complicación. Finalmente me puse las medias cortas y los zapatos de tacón y conseguí hacer pis en plan preventivo sin mayores problemas. Una vez fuera vi que el maquillaje resistía bien pero que el pelo no terminaba de estar bien bajo el birrete. Me lo mojé y me lo peiné y volví a encajar el gorro siguiendo las instrucciones del sastre, borla incluída.

Continuará.

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Vie
19
Sep '08

Con birrete y a lo loco (parte II)

Aquella mañana del miércoles 3 de septiembre la facultad era un hervidero. A estas alturas, el parecido del edificio principal con la Academia de la serie Fama, parecido que saltó cuando vine de exploración a Londres desde las Middlands y me encontré en pleno agosto un lugar que compartía rasgos con algún instituto destartalado poblado de gente talentosa del Bronx, English style, incluso con su Whoopie Goldberg al cargo de la cloakroom, había pasado a segundo plano, desplazado por el cúmulo de recuerdos y sensaciones, en su mayoría positivos, surgidos a lo largo de dos años.

Mi hermano, artista y profesor de Historia del arte, y yo recorrimos el pasillo donde había un montón de obras de los alumnos de Arte de la facultad. Mi college es uno de los más importantes de Reino Unido en Arte; de allí salió el famoso grupo Young British Artists, cuya cabeza más visible es el artista vivo mejor pagado del mundo, Damien Hirst que ahora está de actualidad por haber puesto en venta su obra reciente en Sotheby´s saltándose el paso del agente. Mi universidad es en realidad una confederación de facultades surgida en el siglo XIX como alternativa “laica” a las anglicanas Oxford y Cambridge; fue la primera en admitir mujeres de todo Reino Unido (más datos aquí).

Como siempre, dediqué unos segundos a contemplar un grabado que reproducía una versión de “Untitled (Boy)”, la escultura de Ron Mueck que muestra un chaval gigante en cuclillas que mira al espectador con cara de especimen doliente (ver escenas 8 y 9 de esta presentación) . La obra me había llamado la atención desde siempre, incluso antes de saber de quién era y ahora la cosa volvía a ser significativa, porque este asunto de los tamaños relativos no sólo estaba presente en mi primera novela, sino también en la tesis de mi hermano.

Los pasillos estaban llenos de gente de diversas razas con sus trajes de domingo y de alumnos de todo el mundo siendo retratados con su toga. Era muy difícil no dejarse contagiar por la expectación reinante. Quedé en ir a buscar a mi hermano a la cafetería en cuanto consiguiera los tickets en el Hall cinema, ya que los invitados no estaban autorizados a hacer cola en esa parte, ni tampoco en la parte de recogida de trajes académicos. Conseguí los tickets sin problemas y pagué el importe de la entrada del invitado en metálico, por más que las indicaciones de la documentación hablaran de cheques. Me sorprendió que no hubiera penalización por la tardanza y pensé que lo hacían para disuadir a la gente de retrasarse. Al salir de la sala con el ticket me interceptó un grupo de jóvenes para que rellenara un formulario. Después me encaminé hacia el lugar de las togas.

Había dos salas, una para que te dieran una especie de ficha y otra para la recogida propiamente. Las salas eran clases pequeñas, en las que yo había asistido a diversos seminarios. Por supuesto, entré primero en la que no era y una empleada eficaz pero algo cansada me indicó mi error. Una vez en la correcta, le mostré al tipo –un señor sesentón cordial- mi comprobante de pago y le conté que en principio me iba a graduar el viernes, pero que al final la cosa iba a ser hoy y que se lo había contado a un colega suyo y me había dicho que no había problema. El tipo miró mi comprobante de pago, ignoró los detalles que recogía la hoja y que tanto me había costado obtener, me preguntó si Master o Bachelor le dije que Master y entonces me dirigió una mirada muy profesional a la cabeza para calibrar tanto la altura como el perímetro pectoral (o bien ya había captado durante la conversación que el mío no superaba los 142 cm que abarcaban las togas normales y que por tanto no era necesario precisar más; hay que ser muy pechugona para superar los 142 cm de contorno…). Me extendió una prenda grande de color negro, a la que le había prendido una especie de ficha con grapas. Mientras tanto pude comprobar que algunas personas se habían presentado a las bravas, sin haber reservado su toga y que solucionaban la gestión sin mayor problema y pagando en metálico. Con datos así era difícil abandonar la vía de la procrastinación, me dije.

Continuará.

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Jue
18
Sep '08

Domingo de resaca en Regreso al futuro

La noche en blanco del sábado, incluso con su agujero negro y todo, tuvo su domingo de “resaca”: al encender mi portátil a eso de las dos de la tarde vi con perplejidad que el icono de la red inalámbrica había reaparecido misteriosamente, por más que el día anterior fuera imposible detectar ningún elemento Wifi. El milagro no se limitaba a que de repente detectara el router de casa sino que también era capaz de conectarse. Eso sí, no puedo actualizar el antivirus, so pena de que todo vuelva a empezar. Y tampoco me atrevo a actualizar Windows, por lo que pueda pasar. Al menos he tenido la precaución de Crear un punto de restauración, así que si vuelve la máquina del tiempo me garantizo que uno de los momentos tendrá conexión a internet.

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Mie
17
Sep '08

Con birrete y a lo loco (parte I)

Lo malo de esto de estirar una historia (y una historia real) es que el tiempo va pasando, los detalles se diluyen en la memoria y el ímpetu disminuye. Digo esto porque la serie “Procastineisons…” se ha extendido bastante. Por otra parte, mi viaje a Londres de esta vez ha sido muy especial, por lo que tenía de reencuentro de la Elsinora presente con la del pasado. O, mejor dicho, por lo que tenía de reencuentro y revisión de la persona real que está detrás de ese seudónimo con su pasado.

A estas alturas es un poco difícil distinguir dónde empieza el personaje y dónde termina la persona, pero creo que se entiende lo que quiero decir. Y, claro, la parte de reencuentro del personaje real con su mismidad es algo que necesito terminar de procesar y que no tengo intención de volcar en el blog. Este aspecto seguramente servirá de base para alguna escena de una novela que ando rumiando, una vez transformado en material de ficción.

La cuestión es que llegado el día de marras, el miércoles 3 de septiembre, mi hermano y yo nos levantamos temprano. Teníamos que estar en la facultad a las 9, aunque la ceremonia en sí empezaba a las 11:30. En Inglaterra amanece muy pronto y la habitación de F. como suele ocurrir en La Pérfida, no termina de estar del todo aislada de la luz, así que a eso de las cinco y media o seis de la mañana es fácil que te despiertes bañado en una luz potente que se filtra por los extremos de la cortina roja. Eso generalmente molesta, sobre todo si no tienes que madrugar, pero visto desde ahora, es algo positivo: en Madrid ahora a las 7 y media todavía es de noche y cuesta un esfuerzo considerable ponerse en marcha, al menos es lo que nos ocurre a los helio-dependientes.

En fin, a lo que íbamos, la peculiar cama donde yo dormía se llenó de luz y al poco rato me levanté. Llené la kettle con agua filtrada para preparar unos Earl Grey para mi hermano y para mí y recogí un poco la cocina (las nuevas flatmates son rápidas para fregar pero muy lentas para colocar). Como no tengo mucha costumbre de maquillarme –y menos tan temprano- aquello me estresaba un poco y además no cesaba de imaginarme situaciones en las que manchaba de maquillaje la camisa blanca inmaculada y planchada que iba a llevar ese día o escenas en que vertía sobre la camisa la mermelada de fresa de las tostadas.

En previsión de los líos matinales, mi hermano se duchó por la noche para dejarme expedito el baño. Me puse a maquillarme sin tener muy claro si aquel era el orden correcto y cuando había avanzado bastante descubrí que no me había traído el lápiz de labios. Recordé que le había prestado mi barra de labios a mi madre, meses atrás. Sólo había traído un gloss rosa. En esas circunstancias no me quedaba otra que usar alguno de F, a sabiendas de que a ella no le importaría. Creía recordar dónde los guardaba.Ya sé que no es buen hábito el de compartir los lápices de labios, pero en fin, la necesidad me empujaba a ello.

El estuche de F. no tenía más que una barra de labios, de un color bastante oscuro que quedaba bien con su piel bronceada, pero que cualquiera sabía cómo quedaría con mi cutis claro. Me puse a ello. Esperaba que al menos no fuera de las que te tiñen los dientes a la mínima de cambio. Cuando terminé, intercepté a mi hermano en el pasillo, le conté la historia y le pregunté con cierto nerviosismo si el color le gustaba. Me miró un poco de soslayo desde su traje de chaqueta perfectamente planchado–como tratando de evitar que mi nerviosismo se le contagiase- y me dijo con calma que estaba bien, que era un poco oscuro, pero que eso se debía a la poca iluminación del cuarto de baño y que durante la ceremonia habría más luz. Cualquiera contradiría a un pintor hablando de efectos cromáticos y menos cuando su respuesta era la menos problemática, así que cogí mi bolsito con el maquillaje esencial –incluido el gloss rosa, just in case-, me tomé mi té con tostadas (fríos ambos) y nos dispusimos a irnos.

Eran días lluviosos y tirando a fríos, así que me puse unas botitas de Goretex y metí los zapatos de tacón de Geox con unas medias cortas en una bolsa, junto con el bolso de maquillaje, los móviles y el peine. Como los zapatos estaban nuevos, llevaban aún el palito destinado a que no se tuerzan.

Finalmente había optado por los pantalones negros de lycra, con la ventaja que supone que no se arrugan, que pegan con todo y combinan bien con la toga académica. Siguiendo el consejo de la empresa de alquiler de prendas académicas, había optado por una blusa con botones, concretamente una camisa blanca ceñida a la cintura, de Liz Clairborne, blanca y con rayas rojas, de un algodón muy amoroso y que al ser clara ilumina mucho la cara.

Cogimos el bus de la facultad en la parada en la que lo había cogido decenas de veces para ir al mismo sitio, un poco más allá del Chandos Pub que veía desde una de mis habitaciones y casi en frente de la tiendas de coches y del pequeño dinner en el que nunca estuve porque lo abrían a horas raras y parecía una casa de muñecas más que un establecimiento para humanos. Nos acomodamos en los estrechos asientos del 171 (un bus de dos pisos), sintiendo que desentonábamos un poco del resto, mi hermano con su traje de chaqueta de raya diplomática y yo con mi extraño maquillaje y tan preocupada de no arrugar la camisa recién planchada y con mis zapatos de tacón en una bolsa, con sus palitos incluidos.

Continuará.

Este post va dedicado a Vincenzo Andolini, por razones evidentes (bajo estas condiciones de luz).

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Mar
16
Sep '08

Preparando el mutis

El relato de la graduación está en camino o, como dicen los castizos, “la están peinando”. Y como comentaba días atrás, en cuanto quede cerrado ese capítulo mi intención es clausurar el blog. Por eso me inquieta que el post de la selección de artículos favoritos en plan “sumario antes de cierre” no haya recibido ningún comentario.

No es que esperara un ejército de lectores con lágrimas en los ojos y katanas sobre el vientre amenazando con matarse si cierro el blog, pero hombre/mujer, algún tipo de reacción de un puñado de lectores habituales (visibles o invisibles) no hubiera estado mal. Juro que aquí no se come a nadie por poner un comentario, positivo o negativo.

Pues eso, que aunque éste sea un blog más de lectores que de comentaristas, la falta de respuesta ante determinados post más intensos me deja con la sensación de estar hablando sola. No me parece mala costumbre esa de hablar sola (siempre que sea en privado y no haya loqueros en las cercanías), pero si ése fuera mi propósito no me pelearía con los trescientos comentarios de spam que recibo a diario ni me esforzaría por actualizar con regularidad ni por buscar títulos con chispa (bueno, esto a lo mejor sí lo haría, que soy un público exigente incluso cuando hablo conmigo misma :-) ni de complementar la información con vínculos de actualidad… snif, snif.

En fin, amigos, ya sólo me queda recurrir al soborno: si me contestan les haré llegar unos cuantos gallifantes autografiados por Elsinora Bonasera. Es mi última oferta. :-)

Cuídense.

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